Archivo | octubre, 2014

A las nueve, cada noche

30 Oct

“¿Qué se puede hacer con un niño, si no bebe?”

Humphrey Bogart

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A las nueve, cada noche

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A las nueve, cada noche.

Año: 1967.

Director: Jack Clayton.

Reparto: Margaret Brooks, Pamela Franklyn, Louis Sheldon Williams, John Gugolka, Mark Lester, Phoebe Nicholls, Gustav Henry, Dirk Bogarde, Yootha Joyce, Anette Carell.

Tráiler

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           En el Reino Unido del desmoronamiento imperial, las tribus urbanas, la desestructuración industrial y los Angry Young Men donde se cuestionaba absolutamente todo, de arriba abajo, la intocable inocencia infantil no iba a ser menos. Si no se desmontaba de raíz, al menos sí se pondría en entredicho la influencia benéfica y redentora de su candidez a partir de su tumultuosa convivencia y comparación con el cínico y descreído mundo adulto. Ahí están obras como Cuando el viento silba, aventuras iniciáticas como Sammy, huida hacia el sur y Viento en las velas de Alexander Mackendrick o la trilogía que Jack Clayton desarrollará acerca de este choque despiadado en Suspense, A las nueve, cada noche y El carnaval de las tinieblas.

           Si en Suspense era la institutriz adulta quien resultaba contaminada por una presunta influencia infantil turbadora –aunque en realidad se intuye que esa ascendencia perniciosa procede en gran medida de la propia infancia de la mujer, ejercida por supuesto por otro adulto-, en A las nueve, cada noche Jack Clayton indagará en el decisivo influjo que ejercen los progenitores sobre el devenir psicológico y emocional de sus criaturas.

En este sentido, el filme describe primero el severo sustrato de rectitud religiosa impuesto por la madre fallecida en el comienzo del metraje para, más tarde, confrontarlo con la picaresca y la relajación moral del padre (Dirk Bogarde), recién llegado al hogar con dudosas intenciones, tan bribón y seductor como el tío lejano que abandonaba a los hermanos a su suerte en la citada Suspense.

           Como se verá en esta dicotomía, cada injerencia paterna no representa sino una sucia treta para ocultar finalidades poco legítimas por cada una de las partes. Sin distinción, ambas corrientes venenosas encuentran en los siete hijos de la pareja las víctimas reales de un relato de miseria y maltrato infantil casi heredero de la tradición dickensiana –precisamente, Carol Reed estrenaría al siguiente año su versión de Oliver Twist, protagonizada por el aquí presente Mark Lester-.

En la mitad inicial del relato, en la que los chavales tratan de mantener de manera autónoma la casa familiar, el libreto sacrifica la naturalidad del comportamiento de los críos en aras de individualizar su carácter y ejemplificar los efectos nocivos impresos por las obsesiones expiatorias de la difunta madre, lo que conduce el transcurso de la obra hacia una mezcla entre la futura Nadie sabe –trocando los aires de cuento por el crudo realismo de la japonesa- y El señor de las moscas. Siguiendo esta idea, el cadáver enterrado en su jardín -y sus dictámenes traducidos por una médium- ejerce un similar papel totémico al de la cabeza de jabalí clavada en una estaca de la novela de William Golding, una década anterior y ya adaptada al cine en 1963 por la industria británica.

           Esta cierta artificiosidad penaliza en especial a aquellos chavales más fanatizados por la fundamentalista educación recibida, que a su vez serán luego los más permeables al nuevo horizonte antagónico de diversión y atención -incluso con truculentos destellos de complejo de Electra en el caso de ella-, que ofrecerá el enigmático y atractivo padre, lo que valdría para situar a la cinta como un antecedente lúgubre de la más luminosa y reciente Un mundo perfecto.

           A pesar de que Clayton domina de forma notable las pulsiones siniestras que despierta la narración durante su tormentoso crescendo trágico, A las nueve, cada noche reencuentra ese tono poco natural y ligeramente tremendista en su desenlace.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 6.

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Perdida

28 Oct

“Hay un principio bueno, que ha creado el orden, la luz y el hombre, y un principio malo, que ha creado el caos, las tinieblas y la mujer.”

Pitágoras

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Perdida

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Perdida.

Año: 2014.

Director: David Fincher.

Reparto: Ben Affleck, Rosamund Pike, Carrie Coon, Kim Dickens, Neil Patrick Harris, Tyler Perry, Patrick Fugit, Lisa Banes, David Clennon, Emily Ratajkowsky, Lola Kirke, Missi Pyle, Sela Ward.

Tráiler

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            En ocasiones, los filmes de David Fincher sirven para tomar el pulso de la sociedad de la que manan. Es el caso de El club de la lucha y La red social; películas escenificadas en el contexto de una sociedad enferma, violenta y poliadicta la primera, y de una sociedad egoísta, narcisista y emocionalmente inmadura la segunda. En Perdida, el escenario de fondo contra el que arremete la película es el de la sociedad de las apariencias: la felicidad cosmética y la perfección de postal como uno de los elementos esenciales del estilo de vida americano.

           El “nada es lo que parece” se erige así en piedra angular de la función. Ni el matrimonio –esa institución intocable- era tan envidiable como parecía, ni cada uno de los enamorados tan ejemplar, ni el arquetípico pueblecito del Medio Oeste tan idílico, ni los Estados Unidos -la nación elegida, destrozada por una feroz recesión- tan impecables, en definitiva. La repentina desaparición de Amy Dunne (Rosamund Pike), un personaje novelesco en sí mismo –su alter ego es la protagonista de una serie libros para niños creados por sus padres y basadas en la idealización de su infancia-, desencadena un complejo entramado de intrigas y engaños que cuestionan esta perfección aparente y superficial, fachada desde donde la comunidad mide y juzga a sus miembros. La inserción de inopinados rasgos de humor y la evidente artificiosidad de los diálogos de los flashbacks son la herramienta mediante la cual Fincher comienza a distanciarse de su propio relato y pone sobre alerta al espectador.

           De este modo, de la mano de una figura femenina declarada en guerra abierta contra el poder sexual establecido, emerge también en el argumento una sátira bruta sobre la cosificación de la mujer, sometida a la tiranía de un patriarcado que se impone desde en la estética de la mujer hasta en su comportamiento y sus ambiciones personales. Pero, por desgracia, como se apreciaba en la precedente El club de la lucha, la sutileza no será uno de las virtudes del guion de Perdida, adaptación de una novela superventas de Gyllian Flynn que no he leído y que por tanto soy incapaz de valorar su porción de culpa en el asunto –aunque valga como orientación el dato de que Flynn es también la firmante en exclusiva del libreto-.

La cinta se convierte entonces en una fusión de Sospecha, La guerra de los Rose e Instinto básico que no siempre cuaja todo lo bien que uno desearía. La forma en la que se abordan estos espinosos, polémicos y siempre candentes temas es grosera, desbordada por unos excesos que no solo se limitan a la credibilidad de una trama criminal cuestionable en su verosimilitud, sino que -y esto es bastante más importante- terminan por invalidar cualquier subversión que pueda contener su mensaje dado el cariz psicológico de los personajes, más allá del juego con un estereotipo tradicional ampliamente superado –citar al emblema de los thrillers eróticos de los ochenta y noventa no es casual, y bien cabría la posibilidad de remontarse otras seis décadas atrás, solo en el universo cinematográfico-. No merece la pena abundar en la simpleza que lastra a subtextos como el aberrante papel de los ‘mass media’, principal y preeminente ventana hacia ese universo especular de apariencias ilusorias.

           El negro barnizado sarcástico tampoco convierte a Perdida en una farsa ‘destroyer’, pese a su coqueteo con lo delirante. Al contrario: le falta verdadera rebeldía y posicionamiento moral para escapar de la bastedad y el conservadurismo que la subyuga en el aspecto temático y, en paralelo, en su vertiente de desconcertante ejercicio de intriga, inconsistente, tramposo y desquiciado.

 

Nota IMDB: 8,5.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 4,5.

Relatos salvajes

27 Oct

“Es complicado para los ganadores hacer comedia. La comedia es, de por sí, subversiva, y sus autores representamos a los desvalidos.”

Harold Ramis

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Relatos salvajes

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Relatos salvajes.

Año: 2014.

Director: Damián Szifrón.

Reparto: Darío Grandinetti, María Marull, Julieta Zylberberg, Rita Cortese, César Bordón, Leonardo Sbaraglia, Walter Donado, Ricardo Darín, Nancy Dupláa, Oscar Martínez, Osmar Núñez, Germán de Silva, María Onetto, Érica Rivas, Diego Gentile.

Tráiler

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            Lo reconozco. Siento cierto deleite cuando algo similar al destino ejerce de justiciero defensor de la humanidad y castiga la maldad mediocre (o la simple estupidez) con una crueldad igualmente proporcionada. Además de los premios Darwin y sus parientes televisivos Mil maneras de morir y Vergüenza ajena, así como de películas como La cena de los idiotas, hay un video casero en internet que me hace creer en que, quizás, y solo quizás, sí exista una fuerza superior que, desde el hiperespacio, mueve los hilos y se regocija observando a las criaturas vivientes. La historia es la siguiente: un imbécil de competición saca medio cuerpo del coche en marcha para arrearle una colleja a un pobre ciclista. El imbécil falla. La inercia del movimiento le deja en posición horizontal, paralelo a la carretera. Su cara se estampa contra otro coche aparcado junto a la acera.

            Uno de los denominadores comunes de los cinco episodios -más el prólogo- de Relatos salvajes es, en cierta manera, esa relación kármica de causa-efecto, acción-retribución, provocación-venganza. Una asociación, eso sí, siempre embadurnada con un humor negrísimo, ya sea por su macabra (y desternillante) violenciaEl más fuerte, con Leonardo Sbaraglia, se lleva aquí la palma-, sea por el brutal retrato social que arrojan, caso de los sketches del restaurante de carretera, el del ingeniero acosado por la grúa municipal –ojo al enrabietado mensaje de ambas conclusiones, un pelín forzado en el aspecto familiar del segundo, pero fantasías las dos de jugosísimo debate- y, sobre todo, el titulado La propuesta, un tanto destemplado en su ritmo interno pero agrio y ferocísimo en su lectura.  

Son los tres ejemplos que sobresalen de la anécdota ocurrente e insólita para arremeter sin piedad contra un sistema infecto que condena al individuo a emprender reacciones descabelladas y delirantes para devolver la agresión recibida, habitualmente impune por los mecanismos de autoprotección que prevé el poder oficial y fáctico.

            Como toda película de capítulos –un esquema más adaptado a la escritura de Damián Szifrón, en cuya carrera predominan las series televisivas y los cortometrajes-, la estructura de Relatos salvajes se sostiene cuando el dinamismo y la chispa cómica fluyen sin descanso, apoyada en un casting impecable por el talento de los intérpretes y por la adecuación de su apariencia a sus correspondientes personajes y estereotipos.

La sorprendente causticidad del comienzo, la suculenta originalidad y la agilidad de los tres primeros cuentos atrapa al público en una espiral de tensión nerviosa, a la espera de la hecatombe física o moral de la propuesta y, por tanto, de su corrosivo gag. El arrollador vigor inicial se empieza a resentir a partir del cuarto segmento de un filme que, por desgracia, va de más a menos y finaliza en trayectoria descendente de la mano de una fábula menos inspirada y más estirada en comparación con el resto, al menos para un servidor. Aunque es fácil que se pueda opinar lo contrario: debido al hartazgo y la consecuente necesidad de satisfacción que esconde su trasfondo social y emocional, cada historia puede conectar con el espectador de manera muy particular.

 

Nota IMDB: 8,4.

Nota FilmAffinity: 8.

Nota del blog: 7.

Noé

26 Oct

“Pero sobre todo, Dios tenía un sentido del humor tremendo. Un día habló con Noé y le dijo: «Oye, construye una barca, que voy a inundar todo esto». Y Noé se lo creyó, y se puso a construir un barco en medio del desierto. Que no veas el cachondeo de los vecinos: «Pero Noé, ¿tú estás tonto? ¡Si aquí no hay playa! ¿Quién te crees que eres? ¿Chanquete?» Yo creo que Dios no iba a inundar nada, pero cuando vio a Noé tan ilusionado con su arca, dijo: «¡Venga va, voy a mandar el diluvio! Pero sólo una vez, ¿eh?».”

Enrique San Francisco 

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Noé

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Noé.

Año: 2014.

Director: Darren Aranofsky.

Reparto: Russell Crowe, Jennifer Connelly, Ray Winstone, Anthony Hopkins, Emma Watson, Logan Lerman, Douglas Boothe, Leo McHugh Carroll, Mark Margolis, Nick Nolte.

Tráiler

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            En La fuente de la vida, su acercamiento más directo al cine trascendente, el ambicioso Darren Aranofsky hacía peligrosos equilibrios sobre la cuerda floja que separa lo ridículamente grandilocuente de lo emocionalmente elevado. Por las misteriosas fuerzas del hipnotismo cinematográfico, la película lograba ejercer cierto hechizo al espectador y hacerle partícipe de su propuesta, elemento imprescindible para no naufragar en el sonrojo más absoluto. Noé, en cambio, no lo consigue.

            Ingenua en unas ocasiones, simplemente kitsch en otras, ñoña y afectada siempre, Noé presenta una alegoría ecologista y vegana que bien podría haber firmado Gwyneth Paltrow. El Diluvio universal como instrumento para la limpieza de una sociedad humana que convierte sus impulsos hiperconsumistas, carnívoros y contaminantes en un acto de venganza contra la imposición de Dios del esfuerzo para ganarse la vida.

La cursilería se extiende a una narración visual que, en su intento de crear imágenes sublimadas y sobrecogedoras que conecten al hombre, la naturaleza y lo divino, termina por hundir su estética en un empalagoso amaneramiento y una hortera aparatosidad a golpe de anabolizantes digitales. De este modo, Aranofsky emplea el píxel y el retoque fotográfico para crear planos coloristas y relumbrantes dignos de esos escenarios astrales ‘new age’ que algunos artistas callejeros pintan con spray. Incluso se atreve con un Génesis que solo puede tolerarse a un talento honesto y arrollador como Terrence Malick; ante cuya simple comparación parece de saldo.

            Superficial e infantil en su primer tramo ecologista, pacifista y fideísta, la cinta mejora solo ligeramente en su desarrollo, cuando se atreve a explorar, también de manera muy elemental y roma, los conflictos que propician las variadas interpretaciones de los opacos designios de Dios a través de un Noé incondicional hasta lo obsesivo y de Tubalcaín, rey de los hombres, “hechos a su imagen y semejanza”.

A este terreno intimista, cabe añadir la aparición de turbios dilemas familiares: la colisión entre las responsabilidades personales y las religiosas, la compensación esa inflexibilidad obligada con el perdón voluntario, los desaires de un Cam especialmente salido porque en el relato bíblico sí posee mujer e interpretado con evidente desacierto por Logan Lerman, el peor de un elenco desconcertado. Son enjundiosas tragedias afectivas, destinadas a ahondar en ese análisis de la humanidad, pero que provocan el mismo desinterés que ya generaban esas pacatas aproximaciones al pecado original e intrínseco del hombre y a su imperiosa necesidad de redención como especie.

 

Nota IMDB: 6.

Nota FilmAffinity: 5,4.

Nota del blog: 3,5.

Redada asesina (The Raid)

24 Oct

“Vamos a llevarnos bien, porque si no van a haber hondonadas de hostias aquí ¿eh?”

Pazos (Airbag)

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Redada asesina (The Raid)

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Redada asesina (The Raid).

Año: 2011.

Director: Gareth Evans.

Reparto: Iko Uwais, Donny Alamsyan, Pierre Gruno, Ray Sahetapy, Joe Taslim, Yayan Ruhian, Tegar Satrya, Iang Darmawan.

Tráiler

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            Cuando a al cine de acción de occidente se le suelen agotar las ideas -cosa que ocurre a menudo-, acostumbra a volver la vista al lejano oriente: el Hong Kong de los Shaw Brothers primero y de John Woo después, la furia japonesa del cine de yakuzas, la creatividad y el virtuosismo formal de la corea contemporánea,… Industrias prestigiosas y consolidadas que, al final, en un acto de simbiosis, depredación o parasitismo por parte de Hollywood, terminan por exportar a América sus técnicos y realizadores más cualificados, así como, en forma de remake, la plantilla de sus obras más conocidas.

            Una de las sensaciones en el cine de acción de las últimas temporadas provino también de las costas asiáticas del Pacífico, si bien desde la pequeña factoría indonesia, con escaso predicamento internacional en salas e incluso certámenes especializados –eso sí, el director y guionista es el galés Gareth Evans, no obstante radicado en el país y su cine desde tiempo atrás- . El asunto es que, entre las rendijas del boca a boca, los pases en festivales como Sundance y Toronto y el empuje de las plataformas piratas, Redada asesina (The Raid) se coló como uno de los productos del año en el género. Su secreto: el estilo directo, sin contemplaciones ni excusas innecesarias, amén de unas coreografías espectaculares que no dejan respiro ni a intérpretes ni a espectadores.

            La excusa argumental, que recuerda a precedentes hongkoneses como Peace Hotel y Breaking News, no puede estar más esquematizada: un grupo de policías de élite se adentra en un bloque de edificios donde reside el Mal; es decir, todos los delincuentes, narcotraficantes y asesinos de los bajos fondos, refugiados por un patrón de la mafia yakartesa. Aunque a la trama tampoco le falta la coartada melodramática tradicional en el cine oriental de artes marciales –los hermanos antitéticos, con el héroe inmaculado y la oveja descarriada- ni cierto repaso a la corrupción endémica del estamento policial nativo, el livianísimo peso del libreto, reducido a apenas microgramos, permite que Redada asesina vuele a velocidad supersónica en un torbellino de hostias de todo tipo y calibre.

Un clímax de violencia continuada y rodado en tomas donde el montaje pasa desapercibido en favor de la fluidez del movimiento de los personajes a lo largo, ancho y alto de un escenario de interminables habitaciones y pasillos; imparable aunque en absoluto caótico. No hay más. Como si el séptimo de caballería se hubiera metido, caballos incluidos, en la despedida de soltero de Toro Sentado; como si John McClaine hubiera retornado después de lustros de entrenamiento en Tailandia para reventar a base de bien el Nakatomi Plaza secuestrado por Hans Gruber; como [•Rec] convertido en un ballet brutal de zombis con machetes y ametralladoras.

            Hollywood ya prepara el remake. Indonesia ya ha estrenado su secuela.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 6.

Suspense

22 Oct

“Verás, dicen que la gente siente miedo porque tiene imaginación. Así que no imagines nada y serás valiente como ninguno.”

Señor Park (Oldboy)

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Suspense

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Suspense.

Año: 1961.

Director: Jack Clayton.

Reparto: Deborah Kerr, Martin Stephens, Pamela Franklyn, Megs Jenkins, Peter Wyngarde, Clytie Jessop, Michael Redgrave.

Tráiler

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           Cualquiera que una noche se haya sumergido hasta el fondo en una película de terror, por absurdo que en realidad fuese su argumento, sabrá que atravesar luego el pasillo oscuro de casa en dirección al cuarto de baño es una tarea ardua y problemática, que requiere una gran dosis de cautela, determinación y valor. Lo que quiero decir con esto es que, en sentido estricto, la esencia del miedo procede en la mayoría de casos de asociaciones mentales que desencadena, exclusivamente, la sensibilidad particular, las influencias adquiridas y la imaginación del individuo que lo padece.

           Primera adaptación en la gran pantalla –no así para la televisión- de las numerosas versiones que consta el relato Una vuelta de tuerca, de Henry James, y una de las diez obras de terror predilectas de Martin Scorsese, elogiada asimismo por autores como François Truffaut o Guillermo del Toro, Suspense juega con ese conflicto entre realidad y fantasía que mana de la mirada asustadiza e impresionable de una inexperta institutriz, criada en los severos preceptos del anglicanismo y que ha de hacerse cargo con total responsabilidad de dos huerfanitos abandonados en una aislada mansión de campo por su egoísta y seductor tío, dueños en su interior de un escabroso secreto.

           Sin trampa ni cartón, honesto y habilidosísimo a la hora de alimentar pero nunca justificar plenamente el punto de vista de su protagonista, Jack Clayton, con guion de William Archibald y Truman Capote, desarrolla un intenso ejercicio de terror que mezcla con admirable equilibrio una vertiente gótica, de fantasmas y casas encantadas, con otra faceta psicológica, que exprime el aparente duelo mental entre adulto y niño.

De este modo, desde el estremecedor prólogo -dilatado y sumergido en una negritud insondable como la muerte que se prolonga en unas manos trémulas y suplicantes, subrayadas por un mensaje delirante-, la soberbia composición de atmósfera rompe con el entorno idílico de la campiña iglesia mediante imágenes malsanas y retorcidas, ruidos intimidantes y silencios aún más inquietantes, apariciones en la distancia y actitudes de aberrante ambigüedad por parte de unos personajes infantiles de inmaculada inocencia, todo ello envuelto en el denso blanco y negro de Freddie Francis.

Siguiendo estas premisas, la interpretación de los críos Martin Stephens y Pamela Franklyn resulta fundamental, incluso en la ocasional artificiosidad de sus diálogos, para el propósito de la obra, así como en especial la evolución que una excelente Deborah Kerr, manifestada a través de la mutante expresión sus ojos.

           Elegante y perversa, Suspense -mediocre título para el original The Innocents– propone un estimulante juego macabro para la mente del espectador, también abandonado, al igual que la aprensiva institutriz, en medio de una perturbadora incertidumbre.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,9.

Nota del blog: 8.

Dead Man

20 Oct

*Este artículo ha sido revisado para el especial de Ultramundo sobre la filmografía de Jim Jarmusch hasta el cambio de milenio. Dicha revisión se encuentra a continuación de la primera crítica, pinchando en el enlace situado en el extremo inferior del texto.

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“Los westerns están más próximos al arte que cualquier otra cosa en este negocio.”

John Wayne

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Dead Man

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Dead Man.

Año: 1995.

Director: Jim Jarmusch.

Reparto: Johnny Depp, Gary Farmer, Lance Henriksen, Michael Wincott, John Hurt, Gabriel Byrne, Billy Bob Thornton, Robert Mitchum.

Tráiler

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            Jim Jarmusch es Jim Jarmusch. Con él no van ni los códigos, ni el clasicismo, ni las convenciones.

            Dead Man es la incursión en el western de este peculiar cineasta norteamericano. Sobre el argumento del viaje del héroe -sustrato seminal de prácticamente toda narración-, Jarmusch desarrolla un esquema sublimado, existencialista e introspectivo acerca del periplo vital (y mortuorio) del individuo.

Su acción se eleva hasta un escenario universal, atemporal y aespacial hasta el punto de que sus componentes flotan sueltos en un limbo absurdo, surrealista y alegórico. Pero, al mismo tiempo, como indica su ambientación, Dead Man se encuentra anclado en el western. No obstante, las leyes, tradiciones y arquetipos de ese singular cosmos histórico y cinematográfico del Oeste se abordan desde un cáustico tratamiento irónico que ejerce como agente distanciador respecto del relato mientras que, de forma paralela, Jarmusch destila la cuestionable esencia del país norteamericano desde su punto de vista escéptico, marginal e intransferible –la propensión a la violencia, el desprecio del indio, la noción de conquista y progreso, la explotación económica,…-.

En contrapartida, alguno de los componentes narrativos del filme quedarán definitivamente descolgados a causa del innegociable minimalismo, estilización y simbolismo de la propuesta, tal y como será el caso del estrambótico terceto de asesinos antagonistas, marcados por una particularísima relación que en ocasiones recuerda a la (futura) convivencia y conflicto entre Steve Buscemi y Peter Stormare de Fargo.

            Narcotizado entre suaves encadenados y enclavado en un escenario natural fantasmagórico retratado en sugerente blanco y negro, Dead Man se adentra en el territorio del ‘acid western’ al son de los pasos de William Blake (Johnny Depp, ávido de desafíos): un apocado contable que renace en el infierno sobre la tierra e identificado como reencarnación del poeta homónimo por el indio El Que Habla Alto y No Dice Nada, también conocido como Nadie y aficionado a citar al autor de la aquí referencial El Matrimonio del Cielo y el Infierno (Gary Farmer, que reproducirá un papel similar en la posterior Ghost Dog, el camino del samurái).

            Dead Man posee la creatividad artística, el seductor hipnotismo y el extraño encanto que suelen caracterizar a las obras de Jarmusch –además de la extensa gala de cameos y guiños culturales-. No obstante, el realizador de Akron posee viajes más afinados y redondos en su filmografíaDown by Law (Bajo el peso de la ley), Flores rotas-. En la presente, la narración resulta en ocasiones demasiado deslavazada, endeble en su extremada abstracción, entretanto los fotogramas tienden a ser secuestrados por la invasiva banda sonora del legendario Neil Young. La profusión de símbolos y metáforas argumentales y visuales acaban por restarle profundidad y empaque al tránsito ultramundano del infortunado William Blake, más que agregársela.

            Última película de un titán del séptimo arte, Robert Mitchum.

 

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 6,5*.

*Revisada a continuación

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