Archivo | noviembre, 2015

Paulina

30 Nov

“A las mujeres nos hacen sentir que en el momento en que aceptamos nuestra sexualidad nos convertimos en unas tontas o unas cabezas huecas, así que tenemos que intentar ser más masculinas. ¿Pero por qué deberíamos hacer algo así? Las mujeres somos atractivas, pero también muy inteligentes, y algunas de nosotras somos también increíblemente fuertes.”

Megan Fox

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Paulina

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Paulina (La patota)

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Año: 2015.

Director: Santiago Mitre.

Reparto: Dolores Fonzi, Oscar Martínez, Esteban Lamothe, Cristian Salguero, Laura López Moyano, Ezequiel Díaz, Verónica Llinás.

Tráiler

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             Si algo aprendí durante mis estudios de Historia es que todo hallazgo, todo dato y toda afirmación están ligados indisociablemente a un contexto sin el cual quedan, sino invalidados, como mínimo sí cojos o incompletos. Los números, por ejemplo, no mienten, pero tampoco tienen por qué decir la verdad por sí mismos; y esta idea sirve tanto para poner en tela de juicio los análisis futbolísticos como las interpretaciones sobre modelos económicos. También, yendo más allá, las lecturas aplicadas a conceptos abstractos como la Justicia. La incapacidad de la víctima para despegarse de un delito traumático sufrido en carne propia y, desde esta distancia, observar con objetividad el contexto que rodea a los hechos, es uno de los conceptos que impulsan al sistema jurídico a impedir que, en aras de una buena justicia, la víctima pueda ser juez y parte de un juicio. Esta traba es un proceso natural de la psicología humana, comprensible e inevitable. Hay excepciones, empero.

Recuerdo el caso de una mujer citada por el etarra arrepentido Iñaki Rekarte en su célebre y escalofriante entrevista con Jordi Évole en Salvados. Rekarte aludía conmovido a cómo esta víctima se había apiadado del camino escogido por los asesinos de su marido, a quienes comprendía y compadecía con desarmante honestidad incluso a pesar de que, luego, otros individuos afectos al terrorismo independentista continuaron teniendo la inenarrable crueldad de llenar de pintadas ofensivas el portal de su vivienda. Era el testimonio de una heroicidad. Una heroicidad que no respondía a un acto pusilánime ni ingenuo de poner la otra mejilla, sino esgrimida como declaración de guerra. De guerra contra lo que entendía contexto irracional que, por la fuerza del odio heredado y la ignorancia presente, empujaba a unos “pobres jóvenes” a alienarse hasta el punto de considerar legítimo arrebatarle la vida a una persona en el nombre de un difuso objetivo político nacionalista. Su lucidez, incomprendida en buena medida por ambas partes, era el fragmento más luminoso y por tanto más inspirador de todo el cuestionado programa.

             Esta voluntad de sobreponerse a la emoción en carne viva y mirar por encima de los hechos, tratando de buscar la verdad, discriminando entre ley punitiva y verdadera justicia, es el tema central sobre el que orbita Paulina. Hay quien, exaltado por el maniqueísmo al que invitan con saña contextos afines como las atrocidades del yihadismo islamista y movido asimismo por la dificultad de encontrar certezas sólidas en un mundo de confusión, desprecia esta voluntad de averiguar hasta los posos la siempre compleja y esquiva realidad censurándola con el epíteto simplificador de “buenista”. De ahí la difícil, valiente y reivindicable postura en la que se ancla la película del argentino Santiago Mitre –remake de La patota (Ultraje), de 1961-, donde la víctima de una injustificable violación persigue la verdad de este horrendo delito desde una perspectiva innegociablemente idealista –otro concepto frecuentemente menospreciado por la tendencia materialista, acrítica y acomodada en la cifra presuntamente objetiva e irrefutable que promueve el sistema sociocultural capitalista imperante-, capaz de diferenciar entre causas y consecuencias.

Al idealismo suicida de Paulina (Dolores Fonzi), en ocasiones a punto de pasarse de rosca, se contrapone por tanto el compromiso de su padre (Oscar Martínez), institucionalizado y adocenado en conceptos estancos de Justicia que prevé el sistema pero sin considerar la flexibilidad que, en cualquier caso, estos dejan al marco de la interpretación humana. También se enfrentan a la visión terrena de su amiga oriunda de la zona (Laura López Moyano), que conoce que esa provincia de Misiones a donde ha llegado la chica de la capital armada de nobles intenciones no es tierra de utopías democráticas, sino de impulsos primarios como la supervivencia entre la carestía o la propiedad sexual; coyuntura que expresa por otro lado otra variante de relación elemental de dominio entre el fuerte –el hombre- y el débil –la mujer-. Son, en resumen, reacciones tan primitivas, viscerales y cognoscibles como, cabe decir, el impulso de venganza definido como concepto de justicia.

             El guion de Paulina no convierte por tanto a estas posiciones antagónicas en figuras de atrezzo, puesto que sus perspectivas son razonables y argumentadas. Sin embargo, a diferencia de la testaruda Paulina, les falta esa visión de conjunto. El necesario contexto. Aquel que ya a comienzos del metraje se manifestaba en la supuestamente cándida y probablemente inútil pretensión de la joven de abandonar una carrera prometedora en la judicatura, donde influir éticamente desde el manejo del poder real, para en cambio reconducir su obstinado quijotismo hacia la base de la sociedad, desempeñando un papel profesora de escuela en un programa de educación política en la Argentina recóndita y paupérrima.

El retrato que ofrece el filme tampoco es ingenuo, sino que sabe dibujar con dureza la realidad antirromántica a la que ha de hacer frente, en esta primera instancia, la activista social, factor que se explicita en que ni siquiera hable el mismo idioma que aquellos chavales a los que intenta educar en valores desconocidos en esa tierra dejada de la mano de Dios –y de los Derechos humanos-; como si se tratase de un Semilla de maldad –o sus incontables descendientes- embadurnado de desencantador verismo.

             De este modo, Paulina ofrece una obra madura y necesaria, determinada por su profundo idealismo y convicción moral –que es el de la protagonista que le da nombre-, lo que pesa un tanto en el tono discursivo de su desenlace, sin empañar no obstante la firmeza de su exposición.

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Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 8.

Juan Nadie

27 Nov

La influencia de Barbara Stanwyck traspasa fotogramas y pantallas. Gracias a su presencia, Gary Cooper aceptaría encarnar la sublimación del americano medio e incluso a un mesías redivivo y adaptado a los nuevos y materialistas tiempos en Juan Nadie, cine crítico, social y redentor de Frank Capra. Para la primera parte del especial de Cine Archivo sobre la Stanwyck.

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13 minutos

25 Nov

“Hollywood es un juguete maravilloso donde tienes todos los medios, pero no la libertad artística de hacer la película que tú quieres.”

Alejandro Amenábar

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13 minutos

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13 minutos.

Año: 2015.

Director: Oliver Hirschbiegel.

Reparto: Christian Friedel, Katharina Schüttler, Burghart Klaussner, Johann von Bulow, Felix Eitner, David Zimmerschied, Rüdiger Klink.

Tráiler

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            Plantado ante el muro insalvable de Hollywood y sus cantos de sirena, cimentado por ladrillos literales y figurados como Invasión, Cinco minutos de gloria y Diana, el cineasta alemán Oliver Hirschbiegel ha decidido desandar el camino y buscar refugio en su industria natal y en la temática que había propiciado su proyección internacional.

De hecho, 13 minutos podría conformar un díptico casi especular con El hundimiento, ya que, desde instantes contrapuestos –el ascenso del nacionalsocialismo a finales de los años treinta y la constatación de la debacle bélica germana en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundialambas obras abordan la degradación absoluta que el nazismo infecta sobre Alemania desde la óptica de un individuo representativo –el primero Georg Elser, carpintero que intentó en solitario atentar contra Adolf Hitler en 1939; el segundo nada menos que de un definitivamente enajenado führer-.

            13 minutos es una reconstrucción pulcra y correcta –que no brillante- de la imperativa toma de conciencia de un hombre, la cual Hirschbiegel administra desde una estructura bipartita en la que el auge del nazismo y el despertar de la convicción moral de Elser se alternan con su proceso y tortura en las catacumbas de este monstruo terrible una vez capturado tras el fallido magnicidio, salvado por Hitler por una casualidad medida en esa distancia temporal que da nombre al filme.

De este modo, el realizador recupera y reivindica a una figura interesante, olvidada en medio del horror por venir –a pesar de que contará luego con al menos otros cuatro largometrajes, todos ellos producidos en Alemania y uno de ellos incluso con el rostro de Klaus Maria Brandauer-, y a quien emplea como advertencia sobre la necesaria lucidez crítica del individuo que se planta, en un atronador acto de valentía, frente a la corriente dominante, contra la cual serviría de antídoto –las vacilaciones de la secretaria y el oficial Nebe- y, yendo un paso más allá, como agente capaz de alterar el curso de la Historia gracias a su determinación inquebrantable y la fuerza de sus ideales.

            El discurso es pertinente, insertado en un relato narrado con fluidez, pero le falta potencia en la expresión de esa rabia que, en efecto, haga tonar el heroísmo de Elser. El retrato de la época suena a visto y no aporta novedades reseñables en su condensación del clima prebélico en el corazón de Alemania, donde se incuba el huevo de serpiente, o de los estereotipos sociales que pueblan este infierno en ciernes. En este sentido, por alusiones, se extraña la maloliente asfixia que dominaba el búnker alucinado de El hundimiento; el olor a putridez que emanaban sus densos fotogramas. Quizás sean las secuelas del veneno de Hollywood sobre la confianza en sí mismo de Hirschbiegel.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 6,5.

Mia Madre

24 Nov

“¿Miedo a la muerte? Uno debe temerle a la vida, no a la muerte.”

Marlene Dietrich

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Mi Madre

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Mia Madre

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Año: 2015.

Director: Nanni Moretti.

Reparto: Margherita Buy, Nanni Moretti, Giulia Lazzarini, John Turturro, Beatrice Mancini, Stefano Abbati, Enrico IannielloAna Bellato.

Tráiler

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            La autorreflexión es uno de los ejercicios paradigmáticos en la política del autor, a quien su dimensión artística le posibilita exponer en público una de las cuestiones existenciales que, al menos en algún momento de la vida, le asalta (o deberían asaltarle) al ser humano. Nanni Moretti encuentra este marco reflexivo en el terreno de uno de los grandes temas que, de una u otra manera, acostumbran a aflorar en su obra: la inexorable y trágica consciencia de la muerte, ya sea afrontada de forma directa –su lucha contra el cáncer autofilmada en uno de los episodios de Querido diario-, sea por proximidad –La habitación del hijo-. De hecho, la primera de ellas ya reflejaba cierto proceso felliniano de autoreconocimiento íntimo y búsqueda de respuestas.

            Margherita (Margherita Buy), protagonista de Mia Madre, es, como Moretti, una cineasta que se enfrenta a una abrupta crisis existencial. Mientras rueda una película de rabiosa actualidad –la rebelión contra el poder empresarial de un grupo de trabajadores en defensa de su dignidad-, Margherita observa las imágenes de la cámara, analiza su compromiso social y se pregunta acerca de su relación con el arte, y en ellas no encuentra la realidad, ni el sentido de la vida. Todo palidece en comparación con la agonía de su madre, a días de fallecer, y con la desorientación afectiva que se desnuda ante la pérdida.

            Para confeccionar el guion de Mia Madre, Moretti recurre a las notas que recopiló durante la enfermedad y posterior muerte de su madre Agata, ocurrida en 2010 cuando el realizador se encontraba inmerso en el proyecto de Habemus Papam. Hasta incorpora también, a efectos de ambientación sentimental, el fetiche nostálgico del vestuario y determinados objetos propiedad de su difunta progenitora. De este modo, sabedor de la enorme implicación personal que comporta el proyecto, Moretti modula en gran medida el voltaje emocional de la función.

Como suele indicarle su alter ego femenino a los actores –sin excluir al sorprendente y paródico John Turturro, alivio humorístico de la función- y como asimismo se conduce ella en el plató frente a su propia obra artística, Moretti parece mantener siempre un grado de distancia modesto y pudoroso que, si bien burla el tremendismo lacrimógeno, por otro lado parece incluso pasarse por defecto, porque en ocasiones se echa en falta un poco de rabia en el libreto y de poder en los fotogramas, con una expresividad bastante plana sobre todo en el comienzo del metraje -incluso en las incursiones en un surrealismo tibio-, aunque por fortuna ganan en intensidad a lo largo del desarrollo del filme.

            Con todo, el retrato de esa directora que trata a duras penas de dirigir la película de su vida, desorientada, herida y exhausta en medio de la tempestad, todavía resulta lo suficiente cálido y humano como para despertar una sentida empatía en el espectador.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 6,5.

The Assassin

23 Nov

“El auténtico creador desdeña la técnica entendida como un fin, y no como un medio.”

Charles Chaplin

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The Assassin

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The Assassin

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Año: 2015.

Director: Hou Hsiao-Hsien.

Reparto: Shu Qi, Chen Chang, Satoshi Tsumabuki, Shao-Huai Chang, Nikki Hsin-Ying Hsieh, Fang-yi Sheu, Yun Zhou.

Tráiler

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            Confluyen abruptos contrastes en The Assassin, la incursión en el wuxia del respetado autor taiwanés Hou Hsiao-Hsien, premio al mejor director en el último festival de Cannes. La recreación de las cortes chinas del siglo IX resplandece con esa magnificencia tan fantasiosa y cinematográfica que caracteriza a este género histórico de lucha y batalla. Pero, por otro lado, Hou despoja a sus fotogramas de otra de las características de este particular universo fílmico, como es su exaltado aliento épico, puro movimiento. También estética, desde su apropiación artística por cineastas como Wong Kar WaiEste contraveneno del Oeste (Ashes of Time)-, Ang LeeTigre y dragón– o Zhang YimouHero, La casa de las dagas voladoras-.

En The Assassin, Hou narra las aventuras y desventuras de Yinniang (Shu Qi), asesina entrenada para erradicar a cuchillo las insurgencias políticas dentro del convulso periodo de decadencia de la dinastía Tang, con un estilo pudoroso e íntimo. Huye de los primeros planos y del montaje febril para, en cambio, componer los lances desde cierta lejanía, reduciendo a los combatientes en medio de sobrecogedores parajes, sin apenas cortes y con escaso respaldo de la música –si acaso, más se acercaría a lo tradicional el breve duelo entre alumna y maestra-. La banda sonora, de hecho, es casi testimonial durante toda la función –luctuosos tambores de guerra, puntuales melodías de época-, reemplazada por la preeminencia del sonido ambiente, dominado por el canto de los pájaros y el arrullo de los insectos.

            Siguiendo esta línea, el ritmo al que avanza el metraje parece reproducir el de la vida; dueño de un naturalismo contemplativo que imprime a la cinta un ritmo desafiante. En exceso, si se tiene en cuenta la recompensa que, a la postre, entrega un argumento minimalista dentro de la embrollada y violenta situación política la que se mueven los diferentes caracteres. Y más aún cuando este contexto conspiratorio resulta tremendamente arduo de seguir debido a las numerosas facciones y personajes sin apenas presentación a la que atenernos como guía, aunque principalmente a causa del empleo de las elipsis y el montaje que aquí sí aplica el realizador, que en su extremada delicadeza termina por sembrar una injustificable confusión a la trama.

            En cualquier caso, de fondo prosigue el juego de atracción y separación personalizado en Yinniang y el dirigente de la poderosa provincia de Weibo, su primo Tian Ji’an (Chen Chang), a quien debe ejecutar. Este dilema entre un amor cercenado y el imperativo del magnicidio se prolonga asimismo en el combate entre la letalidad aprendida y la compasión natural que se libra en el interior de la joven, quien se acomoda al subyugante decorado, de gran talento compositivo, como una perenne sombra de muerte. Suya, en muchas ocasiones, es la mirada distante que adopta la cámara, intermediada por velos y sedas suntuosos, atenta a los personajes pero siempre a una dolorosa distancia de ellos.

Sin embargo, inundado de estilo y esteticismo, y en apariencia vacío en lo demás, el relato se ahoga sin remedio pese a la capacidad de fascinación que pueda legar algunas de las imágenes propuestas.

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Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 4.

El cuento de los cuentos

20 Nov

“El cine…Es extraño. La gente compra una entrada. Esa entrada es su puerta a una fantasía que tú creas para ellos. La tierra de la fantasía, eso es todo, y tú das vida a sus fantasías. Fantasías de amor, de odio o de lo que sea.” 

Marlon Brando

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El cuento de los cuentos

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El cuento de los cuentos

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Año: 2015.

Director: Matteo Garrone.

Reparto: Salma Hayek, Vincent Cassel, Toby Jones, John C. Reilly, Christian Lees, Jonah Lees, Shirley Henderson, Hayley Carmichael, Bebe Cave, Stacy Martin, Guillaume Delaunay, Franco Pistoni.

Tráiler

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            Con ciertas similitudes a lo que en su día hizo su compatriota Pier Paolo Pasolini en cierta fase de su por otro lado libérrima carrera, el italiano Matteo Garrone abandona cualquier espacio de confort que pudiera haberse asentado en su obra y ensaya un giro radical en la temática de su filmografía. Desde la lectura rabiosa y actual de la realidad de su país que ofrecía en Gomorra y Reality, Garrone emprende un viaje hacia el universo fabuloso, hechizante y terrible de los cuentos tradicionales en El cuento de los cuentos, en el que además rueda por primera vez en lengua inglesa y respaldado por actores de renombre internacional como Salma Hayek, John C. Reilly, Vincent Cassel o Toby Jones.

            Inspirado por el Pentamerón de Giambattista Basile, poeta campano del siglo XVII, Garrone propone al espectador aventurarse en tres relatos sobre la vida y la muerte, el juego de contrarios y el sentido del equilibrio en el universo y el destino de la existencia humana. Uno, acerca de los celos posesivos de una reina hacia su hijo nacido de grandes sacrificios; otro, sobre la lujuria incontenida de un rey y las ambiciones materiales de dos ancianas tintoreras; un tercero, protagonizado por otro monarca, únicamente interesado en criar a una pulga hasta límites sobrenaturales, y su hija ilusionada por los romances principescos.

            El cineasta romano arropa este tríptico, embebido de arquetipos clásicos y legítimo dueño del sabor de los cuentos, con una deslumbrante puesta en escena de impresionantes escenarios naturales y arquitectónicos, exóticos, mágicos y evocadores –y todos ellos extraídos de la convulsa variedad de la Italia histórica, en realidad-, ensalzados además por la preciosista fotografía, rica en colorido, de Peter Suschitzky. En contraste, destacan las nostálgicas sensaciones que despierta esa fisicidad artesanal, ya olvidada en los tiempos del CGI, que poseen las criaturas fantásticas que aparecen puntualmente en el filme.

Asimismo, en lugar de optar por la exposición lineal de estas tres historias, su constante intercalación en el montaje funciona con acierto en su cometido de mantener viva la expectativa del público y, por otra parte, también para difuminar las posibles carencias de profundización en la construcción narrativa, la simbología y las lecturas argumentales de cada uno de ellos.

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Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 7.

Langosta

18 Nov

“Y recordé aquel viejo chiste, aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: ‘Doctor, mi hermano está loco, cree que es una gallina’. Y el doctor responde: ‘¿Pues por qué no le mete en un manicomio?’ Y el tipo le dice: ‘Lo haría, pero necesito los huevos’. Pues eso más o menos es lo que pienso sobre las relaciones humanas, saben, son totalmente irracionales y locas y absurdas, pero supongo que continuamos manteniéndolas porque la mayoría necesitamos los huevos.”

Alvy Singer (Annie Hall)

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Langosta

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Langosta

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Año: 2015.

Director: Yorgos Lanthimos.

Reparto: Colin Farrel, Rachel Weisz, Léa Seydoux, Ariane Labed, John C. Reilly, Ben Whishaw, Angeliki Papoulia, Michael Smiley, Jessica Barden, EmmaEdel O’Shea, Ashley Jensen, Olivia Colman, Garry Mountaine.

Tráiler 

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            La coexistencia en pareja es uno de los grandes misterios que, dentro de la vida contemporánea en sociedad, ha de –o cuanto menos tiende a- afrontar el ser humano. Y casi siempre por su cuenta y a tientas, con la insuficiente ayuda de los antecedentes familiares, de sus allegados próximos y, desgraciadamente, de la ficción literaria y cinematográfica –dentro de la que se incluye la ficción religiosa y la de los manuales de conducta moral tradicionales, obviamente-.

Este último es el único de entre estos múltiples y frágiles soportes que, sin remedio, resulta por completo contraproducente a la hora de aportar guía y confort íntimo a la persona debido a su falaz síntesis de unos modelos presuntamente ideales que, por costumbre –y aquí nos referimos en especial al género romántico, claro-, dejando de lado la enajenación mental transitoria que constituye el breve periodo de enamoramiento -un estado irracional y alucinado-, poco o nada tiene que ver con la realidad, siempre tan prosaica, complicada, desmitificadora y frustrante ella.

            Pasada por un crudelísimo tamiz de surrealismo, Langosta podría ser considerada como una anticomedia antiromántica, tremendamente satírica y despiadada en su visión de las confusas relaciones humanas, determinadas por las circunstancias privadas y ajenas, la inexorable finitud y, sobre todo, la incertidumbre. La singularidad indómita frente a las estructuras preestablecidas y convencionales, en conclusión. Con ella, Yorgos Lanthimos arroja contra la cara del espectador una brutal y expresiva distopía kafkiana donde el individuo no combate estérilmente contra la alienante maquinaria del Estado omnímodo, sino contra la necesidad de encontrar un compañero sentimental, condición literalmente impuesta por el sistema para vivir en sociedad.

Escogiendo un contradictorio y afortunado tono de fábula humorística para diseñar una narración visceralmente inquietante, dentro de una línea a la que se suma también el empleo paródico de recursos cinematográficos como la banda sonora, el cineasta griego disecciona este conflicto entre la naturaleza humana y este catálogo de relaciones funcionales, tradicionales y artificiales, promovidas mediante un delirante hotel de reeducación para tullidos sentimentales –viudos, separados, solteros, tímidos, acomplejados- en el que, con 45 días de plazo, deben encontrar esta imprescindible media naranja so pena de, en caso contrario, ser transformados en animal. El que desee el huésped, eso sí.

            Langosta expone con fiereza disfrazada de humor negro y absurdo la doble faceta del denominado “amor” –esto es, la pareja-, que puede ser bien castrador y enajenante, bien liberador y realizador, acompañándolas asimismo de una estimulante descripción metafórica y caricaturizante de los respectivos procesos y estadios que atraviesa una relación de semejante calibre. Es cierto que la segunda mitad del filme pierde algo de fuelle y que al conjunto le sobran minutos, pero en cualquier caso no se desvirtúan los valores de esta irreverente y lúcida aproximación al inabarcable universo de las relaciones sentimentales del ser humano, rematada además con un desenlace apropiadamente interrogativo.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8,5.

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