Tag Archives: Accidente

Huida hacia el sol

8 Abr

.

Año: 1956.

Director: Roy Boulting.

Reparto: Richard Widmark, Jane Greer, Trevor Howard, Peter van Eyck, Juan García, Margarito Luna.

Filme

.

          El malvado Zaroff extraía su fuerza del carácter primigenio de su argumento, de las reminiscencias atávicas del relato impresas a fuego en la consciencia colectiva de la especie. Su carácter abstracto, que reducía al héroe a la simple condición de presa a merced de una naturaleza brutal, de la que el propio ser humano es parte ambigua, le otorgaba una potencia sobrecogedora.

          Huida hacia el sol es una variación de la historia original de Richard Connell, esta vez trasladada a las espesuras de México y con unos villanos que, por su parte, cuentan con mayores detalles biográficos, al tratarse de jerifaltes nazis -uno de ellos traidor a su patria, para más inri- que se ocultan en territorio incógnito. Esto también se aplica a la construcción de los protagonistas, un sosias de Ernest Hemingway y una reportera que pretende sacarlo de su exilio autoimpuesto, ambos con sus respectivos remordimientos a rastras y con una relación mutua que estará marcada por la inestabilidad emocional. Para ello, el filme emplea una notable cantidad de metraje y se alarga hasta la hora y media sin ser particularmente concisa.

          Paradójicamente, esta carga dramática más pronunciada -aunque no demasiado compleja a fin de cuentas-, en proporción con la acción pura, le resta expresividad simbólica a la obra.

La búsqueda de realismo en la personalidad de los perseguidores, que quizás podría aportar un matiz reflexivo importante -el peligro del hombre cualquiera para el hombre, tan mortífero como el mal absoluto-, no termina de funcionar y hace que su amenaza resulte menos terrible, menos aterradora psicológicamente por la presumible falibilidad humana de quien la ejerce. De igual manera, en definitiva, que la película es mucho más endeble que su predecesora.

.

Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: 5,8.

Nota del blog: 6.

Todo sobre mi madre

5 Abr

.

Año: 1999.

Director: Pedro Almodóvar.

Reparto: Cecilia Roth, Antonia San Juan, Penélope Cruz, Marisa Paredes, Candela Peña, Eloy Azorín, Rosa María Sardà, Fernando Fernán Gómez, Toni Cantó, Carlos Lozano, Cayetana Guillén Cuervo, Fernando Guillén.

Tráiler

.

          Un tranvía llamado Deseo ejerce como leit motiv espiritual de Todo sobre mi madre. El texto de Tennessee Williams es uno de esos dasaforados dramones sureños, reconcentrados, sudorosos y de psicología opresiva marca de una casa a la que particularmente encuentro ajena y difícil aguantar. Todo sobre mi madre es todo eso y más, con relaciones de pareja tóxicas, paternidades cercenadas, travestidos que se prostituyen, novicias embarazadas y con sida, lesbianas atrapadas en el amor-odio, Alzhéimer y otros desgarros familiares. Un melodrama abiertamente tremendista y a todo color, como si lo firmase un Douglas Sirk que se ha salido del eje.

Además, sus constantes trágicas están marcadas con claridad: la delgada línea que media entre la vida y la muerte; la interrelación de ambas con la maternidad como centro de gravedad trascendental; el renacimiento con el regreso al origen y la enmienda de una historia de constantes idas y vueltas; las teatralizaciones que demanda la vida en sociedad… Y, sin embargo, todo funciona.

          Pedro Almodóvar consigue una de sus películas más celebradas vaciándose, con evidentes notas personales -el escritor que escribe directamente sobre el fotograma-, en un derroche de expresividad narrativa y emocional.

El filme regala una profunda admiración, piedad, simpatía y comprensión hacia los personajes y sus vivencias, en su lucha contra un constante dolor de fondo del que, no obstante, logran arrancar fulgurantes momentos de vitalidad y, por qué no, de felicidad rebelde. Aunque un mérito en absoluto inferior hay que atribuírselo a la labor del manchego como director de actores, puesto que el elenco, capitaneado por la argentina Cecilia Roth, está magnífico.

          Esta combinación de fuerza expositiva e interpretativa logra dar consistencia, autenticidad y capacidad conmovedora a un relato construido con estos mimbres a priori tan exagerados. Gracias a ello uno puede entrar a formar parte de esa pequeña comunidad de mujeres víctimas de los avatares de la existencia; de esa sororidad constituida informalmente, con una mujer con necesidad de rehacerse como hilo de unión, hasta conformar esa tribu imprescindible para sobrevivir con calor humano y dignidad. Frente a ella, los hombres se antojan seres caprichosos, fallidos, infantiles o, en el mejor de los casos, fantasmas involuntarios.

.

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 8.

Amores perros

18 Mar

.

Año: 2000.

Director: Alejandro González Iñárritu.

Reparto: Gael García Bernal, Goya Toledo, Emilio Echevarría, Vanessa Bauche, Marco Pérez, Humberto Busto, Gerardo Campbell, Gustavo Sánchez Parra, Álvaro Guerrero, Rodrigo Murray, Jorge Salinas, José Sefami, Lourdes Echevarría.

Tráiler

.

         Un sentido de la virilidad que se manifiesta en alcoholismo, violencia y crueldad; el dinero que ahoga cualquier moral; religiosidad hipócrita ante asuntos como el embarazo juvenil no deseado; profundas desigualdades socioeconómicas; masificación, peligro, contaminación, ruido. En apenas unos minutos, Amores perros manifiesta los males que aquejan la megalópolis de la entonces todavía México D.F. y que se desarrollarán durante las restantes dos horas y pico de metraje a través de tres historias que se entrecruzan e interrelacionan para recomponer este collage expuesto con rasgos estilísticos cercanos al realismo social, con una cámara inquieta de apariencia inmediata, apegada a la geografía, los ritmos y los sonidos de la calle, atenta a escrutar los rincones que habitualmente ignora el ojo acostumbrado a esta estampa cotidiana.

       En dos de ellas, además, pesa especialmente cierta sensación de destino inapelable -la pobreza apaleada, la soledad que impone una naturaleza destructiva- que hunde a los personajes en una tragedia que se ven incapaces de esquivar, si bien con resoluciones que muestran distintos grados de pesimismo. Sus sueños -prosperar junto a la enamorada, recuperar a la familia perdida- son frágiles porque el sistema, que tiende a perpetuarse, es intransigente hacia aquellos que tratan de desafiar su estatus predeterminado -el enriquecimiento mediante las vías subterráneas a las que han de recurrir los marginales- o que se rebelan contra el estado de las cosas -el guerrillero fracasado en lo político y lo personal-.

Aun imperfectas, irregulares y menos incisivas de lo que pretende su planteamiento crítico, entremezclado e incluso enturbiado por la espectacularidad argumental que le confieren sus pinceladas de relato de género, estas dos historias de apertura y de cierre resultan bastante más atractivas que el moroso episodio central, protagonizado con acento híbrido por la española Goya Toledo y en el que se reflexiona acerca de la ínfima línea que separa el éxito de la debacle. El triunfador es al fin tan humanamente vulnerable como el paria que trata de subir los peldaños de la sociedad con una escalera de cristal. Su imagen, digna de anuncio publicitario, es puro espejismo.

         El tándem conformado por el director Alejandro González Iñárritu y el guionista Guillermo Arriaga debutaba sorprendiendo con una estructura narrativa de la que terminarán abusando hasta la saciedad en los otros dos que completan la denominada Trilogía de la muerte –21 gramos y Babel– y que, después de su agria separación artística, el primero prolongará incluso coasumiendo las labores de escritura en Biutiful, el descalabro definitivo de la fórmula. Dentro de unos excesos en el equilibrio formal y conceptual que son ya evidentes, Iñárritu luce fortaleza para articular y conducir el filme.

.

Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 6,5.

A Ghost Story

24 Ene

.

Año: 2017.

Director: David Lowery.

Reparto: Casey Affleck, Rooney Mara, Kesha, Sonia Acevedo, Will Oldham, Rob Zabrecky.

Tráiler

.

         Desde El fantasma y la señora Muir hasta Ghost: Más allá del amor, pasando por otras obras como Fantasma de amor, La historia de Marie y Julien o Contracorriente, el cine ha revisado la figura del alma en pena, atrapada dolorosamente entre la vida y la muerte, desde una perspectiva romántica, acaso como también ha ocurrido con otros seres tenebrosos como, en el ejemplo más evidente, Drácula -desde la encarnación televisiva de Jack Palance de 1973 hasta el Drácula de Bram Stoker de Francis Ford Coppola, pasando por la saga Crepúsculo y derivados-.

         A Ghost Story acomete una reinterpretación de este paradigma y, en una maniobra loablemente arriesgada, un pelín pretenciosa y no siempre exitosa, se desmarca de premisas y cánones sentados. Por decirlo así, su relato, narrado desde el punto de vista del fantasma, se aproxima más a una inmersión espiritual como la de Enter de Void -inspirada en el Libro tibetano de los muertos– que, desde luego, a la exaltación de la sensiblería de Patrick Swayze y Demi Moore modelando barro, prototipo de fórmula cinematográfica. En paralelo, podría afirmarse que el fantasma atraviesa océanos de tiempo para encontrar a su amada, al igual que la ópera coppoliana sobre el vampiro, si bien su recorrido se aleja asimismo de la épica amorosa.

Siempre extraña y singular -en lo bueno y en lo malo-, A Ghost Story sigue su propio camino, en el que se recurre a la ironía para reflejar sus aspectos potencialmente tétricos -el empleo de una banda sonora propia del cine de terror en situaciones con una atmósfera paradójicamente mundana y sosegada- y en el que los códigos del cine romántico colisionan igualmente con una mirada desconcertante en su falta de complejos -la apariencia tan tradicionalmente naif del fantasma-. Todo ello queda inserto en un conjunto que trasciende la restringida concepción existencial de la vida del individuo, por lo general encadenada a su esencia material y finita.

         Combinado con planos celestes y de la naturaleza, hermosa y neutra, destaca el original empleo de la elipsis para reflejar esta idea temporal y cósmica. David Lowery embotella el filme en una fotografía nebulosa y en sonidos distantes que dotan al relato en una textura de ensoñación. Son recursos con los que el cineasta extrae escenas de maravillosa intimidad, de una delicadeza serena, frágil y misteriosa que se adentra en los sentimientos profundos de los personajes, pero que a la par los pone en distancia al enmarcarlos en un escenario mayor e indiferente a sus vivencias. 

Menos justificación encuentra el ratio del fotograma, que es prácticamente cuadrado y posee las esquinas redondeadas, similar a la de una diapositiva doméstica. Quizás tenga sentido, pero no creo que sea necesariamente adecuado o efectivo. Los experimentos con el formato de la imagen, en cualquier caso, acostumbran a ser los más artificiosos, vanidosamente intrusivos y, en definitiva, difícilmente excusables.

         Porque A Ghost Story también tiene buena parte de ejercicio de estilo. Lowery deja transcurrir algunas secuencias hasta la extenuación un poco gratuitamente y, por otro lado, rellena el argumento romántico -la pérdida, la ausencia, el vacío, la dependencia, el enfrentamiento,  la superación…- con una evolución -la incipiente crónica familiar, las reflexiones acerca de la eternidad y la nada, la despersonalización del futuro- que no termina de funcionar demasiado bien o, al menos, de forma compensada.

.

Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7.

Sully

7 Nov

sully

.

Año: 2016.

Director: Clint Eastwood.

Reparto: Tom Hanks, Aaron Eckhart, Laura Linney, Mike O’Malley, Anna Gunn, Jamey Sheridan, Chris Bauer.

Tráiler

.

           En los créditos finales de Sully, el auténtico comandante Chelsey ‘Sully’ Sullenberg, reunido con el pasaje que salvó de la muerte, le recuerda al espectador que 155 no es un simple número inscrito en la crónica de un accidente aéreo, sino que son personas, cada una dueña de su propia vida, de su propia historia. Gente, como usted o como yo.

           No entiendo Sully tanto como una prolongación de El francotirador en el estudio sobre la naturaleza del héroe americano, sino como una película acerca de la relación entre el individuo y el sistema, que el libertario Clint Eastwood considera deshumanizado. De hecho, prepara su acercamiento al incidente como una cuestión de empatía hacia ese héroe incuestionable que es cuestionado por la Administración, representada por el rostro hostil de Mike O’Malley, líder del comité encargado de juzgar su toma de decisiones. En este sentido, Sully me recuerda bastante más al Gus Lobel de Golpe de efecto, la última interpretación de Eastwood hasta la fecha, que al soldado Chris Kyle.

Al igual que el primero -una antítesis del Billy Beane de Moneyball que se erige por tanto en anacronismo romántico al sobreponer su instinto sobre la estadística para conocer quién es genuinamente bueno jugando al béisbol-, Sully combate contra la frialdad contable de la compañía aérea y la aseguradora que cuestionan sus actos, y contra la artificiosa tecnología que emplean para intentar desacreditarle -contrapuestos además al inmediato y sincero reconocimiento que en cambio le tributan, incluso reiterativamente, los ciudadanos con los que se cruza-. Contra sus cálculos automáticos, Sully “siente”.

           De esta manera, el protagonista se revela durante el desarrollo del filme como, ahora sí, un heredero por derecho de la tradición del héroe capriano: el hombre común que, a título personal aunque con capacidad para inspirar y redimir a toda la sociedad, se alza desde la fuerza de sus convicciones, su compromiso y su honestidad contra ese sistema deformado por su leviatánico tamaño, convertido en opresor de las libertades y la dignidad del individuo al que a priori ha de servir. 

           En una escena concreta, el atormentado Sully corre por Times Square mientras, de fondo, brillan los rótulos de Goldman Sachs. El sistema impunemente trampeado. Muchos de los métodos que Eastwood aplica en su alegato muestran cierta ingenuidad u obviedad, caso de ese énfasis en el aprecio popular, las alusiones a la decadencia de los Estados Unidos -la debacle económica, las guerras sangrientas y absurdas de Afganistán e Irak-, la ligera personalización de varios pasajeros o el uso de los primeros planos para explicitar la postura ideológico-emocional de los personajes secundarios respecto de Sully y los hechos, así como su correspondiente evolución debido al curso del relato

           Con todo y ello, el cineasta californiano cumple con su objetivo de dotar de calor humano su reivindicación y mantiene una solvente firmeza en la pronunciación de su discurso, sólidamente arraigado en su filmografía y en sus creencias particulares.

.

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7. 

Nota del blog: 6,5.

 

Fuerza mayor

2 Ene

“Tengo la sensación de que el género masculino está en decadencia absoluta.”

Jonás Trueba

.

.

Fuerza mayor

.

Fuerza mayor

.

Año: 2014.

Director: Robert Öslund.

Reparto: Johannes Kuhnke, Lisa Loven Kongsli, Vincent Wettergren, Clara Wettergren, Kristofer Hivju, Fanni Metelius, Karin Myrenberg.

Tráiler

.

           “El enemigo son las historias de héroes”, trata de conciliar verborréica y torpemente el amigo del protagonista de Fuerza mayor, un padre de familia quien, ante la amenaza de una avalancha de nieve y esclavo a sus pulsiones instintivas, prefirió salvar su smartphone y huir despavorido antes que proteger a sus dos hijos de una inminente muerte bajo el hielo.

           Fuerza mayor retrata la desacreditación, decadencia y destrucción del macho alfa, víctima de un estereotipo falaz que le señala como presunto líder imperturbable de la manada familiar, bastión rocoso frente a las adversidades del entorno y guardián invulnerable ante los ataques de las gentes malas del exterior. Un John Wayne, un Humphrey Bogart o un Steve McQueen, por ejemplo, si nos circunscribimos a la mitología contemporánea. Las espurias servidumbres socioculturales también existen para ellos.

En efecto, uno de los grandes dramas que acechan a muchos representantes del género masculino es la imperativa necesidad de llenar los zapatos de un héroe de ficción para, en cambio, tropezar patéticamente contra las limitaciones físicas y psicológicas que impone una realidad inmisericorde frente a las eventuales comparativas con constructos fantasiosos. Y el drama que propone el director y guionista Robert Öslund en su filme es un drama sobre la cobardía del individuo común, que reacciona como buenamente puede contra un universo hostil que supera ampliamente sus capacidades. Porque, al fin y al cabo, para desgracia suya, uno termina pareciéndose más a los personajes de los Coen, humorísticos a su pesar, que a Clint Eastwood escupiendo frases lapidarias tras su enorme magnum .44.

           El cineasta sueco plantea así un auténtico tour de force donde un vigoroso ejemplar de varón –guapo, atlético, triunfador- sufrirá, como si de un asedio bélico se tratase –las constantes salvas de cañón-, las consecuencias de sus pecados involuntarios. Un calvario este que, ensamblado en un sarcástico esquema de caída y redención, evoluciona con desarmante mala leche desde la tragedia íntima con notas de Michael Haneke –el empleo de la inquietante y atronadora música clásica en situaciones cotidianas y aparentemente inocuas- y tendencias un tanto discursivas hasta embarrancar en un desenlace de comedia patética.

Con tino y férreo control narrativo, la voluntaria artificiosidad de estas conclusiones devuelve sin piedad al hombre, inmerso en el engaño, a su condición de preso de unos arquetipos inexistentes que solo pueden conducir al desastre más absoluto –o, como poco, más bochornoso-.

.

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7,5.

Las manos sobre la ciudad

13 Abr

“Tal vez no conseguimos entender las decisiones de la política porque no es en el mundo de la política donde se toman las decisiones.”

Toni Servillo

.

.

Las manos sobre la ciudad

.

Las manos sobre la ciudad

.

Año: 1963.

Director: Francesco Rosi.

Reparto: Rod Steiger, Carlo Fermiarello, Angelo D’Alessandro, Guido Alberti, Salvo Randone, Vincenzo Metafora.

Tráiler

.

           Hay obras que perduran inmutables en el tiempo gracias a su capacidad para expresar con hondura y belleza sentimientos y experiencias comunes al ser humano, independientemente de su época y procedencia. Otras, se conservan intactas a través de los años por, en cambio, plasmar con absoluto rigor las prácticas más reprobables e inmorales del hombre supuestamente civilizado, las cuales, por desgracia, permanecen inalteradas y sobreviven a través de las generaciones.

Las manos sobre la ciudad, que es casi un reportaje sobre las corruptelas político-económicas del Nápoles de comienzo de los sesenta, podría estar ambientada, sin afectar lo más mínimo a su argumento, en la Valencia de antes de ayer. Empero, hay que reconocer que sí es material obsoleto en lo que respecta al contexto particular de la metrópoli partenopea: como se puede observar gracias al libro, película y serie Gomorra, la mafia local ha elevado la degradación del entorno a un nivel nunca antes pensado.

           Desde un prisma de innegociable compromiso izquierdista, Francesco Rosi husmea en los bajos fondos de la conformista Italia bajo el dominio de la Democrazia Cristiana y encuentra que el villano no es el gángster ni el mafioso, por lo habitual escudados por el halo de glamour que les concede injustamente el séptimo arte –y que él ya había desmontado en parte en Salvatore Giuliano, filme donde “tutto è política”-. El antagonista de la función será el concejal Edoardo Nottola (Rod Steiger), quien se sirve de su puesto privilegiado en el ayuntamiento para recalificar terrenos rústicos y beneficiar así a sus empresas de la construcción, de las cuales su hijo ejerce de testaferro.

Así las cosas, en Las manos sobre la ciudad el crimen organizado no emplea pistolas ni armas blancas, sino clientelismo, cálculo político y sobornos a espuertas. Su expresión no es el asalto épico a una caja fuerte o el homicidio furibundo, sino el tráfico de influencias, la prevaricación y la inmoralidad, pintarrajeadas con demagogia y populismo para disimular su mezquindad. Su precio, sin embargo, también se paga en sangre, por medio de una violencia indirecta, apenas tangible por la masa simple que se aviene con cualquier migaja que cae de la mesa, sin un rostro que pueda ser identificado in fraganti por una multitud atenta. Pero es una violencia, insistimos, que se cobra vidas humanas de igual manera que un hampón de las cloacas del sistema. Vista desde la actualidad, es difícil criticar el dibujo de los personajes, maniqueo y no demasiado matizado pero en modo alguno exagerado o caricaturesco.

           A pesar de que el tema de la especulación inmobiliaria también puede dar para construir una obra muy cinematográfica –por ejemplo, esa coetánea adaptación de Hamlet que Akira Kurosawa filmaba en Los canallas duermen en paz-, Rosi apuesta por mantenerse en el sucio y pedestre suelo que pisan los personajes: las maquiavélicas camarillas de los grupos municipales, las comisiones de investigación transformadas en desvergonzada pantomima, las redes de vulgares intercambios de favores, la ley convertida en trampa, la política consistorial –y, por extensión, la democracia- reducida con absoluta desfachatez a la pura farsa. El resultado no es menos apasionante, por crudo, veraz, oportuno y vigente.

           Bajo el protagonismo de la urbe –retratada en los créditos con su problemática de edificios horrendos, viviendas precarias y chabolas infrahumanas; luego sometida como maqueta, planos o murales a las garras de los depredadores en traje y corbata-, el ritmo de Las manos sobre la ciudad, sostenido por la sucesión de acciones que destripan el escándalo, se mantiene con solvencia durante todo el metraje.

Enfocada desde ese discurso de izquierdas característico del cineasta -las posturas son intercambiables si así lo desea el espectador, escarmentado por una u otra facción dependiendo de su lugar de residencia-, la denuncia, que no obstante no cede en su minuciosidad y su pertinente didactismo a la rabia indignada, plasmada en unos diálogos demoledores en su agudeza y contundencia, deja tras de sí un rastro de pesimismo ante una situación que advierte recurrente, tolerada y destinada a perpetuarse en el tiempo. Huelga decir que acierta de pleno.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8.

A %d blogueros les gusta esto: