Tag Archives: Sexo

Satyricon

16 Jul

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Año: 1969.

Director: Federico Fellini.

Reparto: Martin Potter, Hiram Keller, Max Born, Salvo Randone, Mario Romagnoli, Magali Noël, Capucine, Alain Cuny, Joseph Wheeler, Lucía Bosé, Hylette Adolphe, Pasquale Baldassarre, Gordon MitchellDonyale Luna, George Eastman, Fanfulla.

Tráiler

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         Para saber si estás en un sueño, trata de averiguar cómo has llegado hasta ahí; si no lo recuerdas, estás soñando, explican en Origen a la arquitecta primeriza. Federico Fellini descubre al escritor romano Petronio y le fascinan no solo las resonancias y evocaciones de lo que lee, sino sobre todo de lo que no lee. Los fragmentos perdidos de El satiricón estimulan su imaginación y su pasión por lo onírico.

         Después de jugarse la posesión de un joven amante, los estudiantes Encolpio y Ascilto recorren las entrañas de la primera Roma imperial, deformadas hasta la pesadilla. La caricatura de una sociedad decadente se transforma en una malsana odisea a través de escenarios teatralizados, con un recorrido que no es, en definitiva, demasiado diferente al que seguía el cronista social de La dolce vita por la Roma contemporánea. Sordidez sexual, sordidez moral. Suciedad y maquillaje. Oscuridad y colores desaforados. Su hipnotismo de traum-film la envuelve a medida que avanza el alucinado y penoso viaje iniciático de los protagonistas.

Satyricon se aleja decididamente de la postal de época, tan artificiosa en su monumentalidad como ésta lo es en su aspecto primario, crudo y fantasmagórico. También con detalles fantásticos e incluso de ciencia ficción, de un planeta extraterrestre llamado Roma. Las termas que se dirían sacadas del expresionismo alemán, las troglodíticas viviendas de la Suburra, los contrastes entre la exposición del museo y la del burdel, la mansión del liberto enriquecido como una catacumba subterránea a las puertas del averno, los santuarios con semidioses decrépitos, las desvirtuadas pruebas heroicas, el babélico caos lingüístico, las humillantes maldiciones escatológicas… Olor a mierda, a enfermedad venérea, a excesos de toda clase. Solo el suicidio de unos nobles de la campiña se reserva un extraño lirismo crepuscular, quizás acorde al fondo crítico del texto original.

       Fellini entrega una obra de narración libre, que flota entre los episodios de esta antiepopeya para constituir una experiencia sensorial y prácticamente subconsciente. Desaforada, asfixiante por momentos, el cineasta se sumerge de lleno en las sugerencias de una Roma antigua en la que quizás pueden entreverse ecos misteriosos con la Roma actual. Sus ruinas siguen presentes.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 6,5.

Terciopelo azul

21 Mar

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Año: 1986.

Director: David Lynch.

Reparto: Kyle MacLachlan, Isabella Rossellini, Dennis Hopper, Laura Dern, Dean Stockwell, George Dickerson, Hope Lange, Brad Dourif, Jack Nance, Priscilla Pointer, Frances Bay, Dick Green.

Tráiler

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          En Lumberton todas las televisiones emiten una película de intriga. Una escena en la que un hombre avanza empuñando una pistola, otra en la que asciende sigiloso por unas escaleras. El joven Jeffrey descubre una oreja cercenada y en su rostro se ilumina el deseo del misterio, la tentación irresistible de una femme fatale en azul y rojo, todo contrastes escarpados, que canta Blue Velvet con voz de terciopelo. Qué director de musicales sería David Lynch. Desde la chica del radiador de Cabeza borradora hasta Rebekah del Río llorando en el Club Silencio de Mulholland Drive, pasando por Julee Cruise en Twin Peaks: fuego camina conmigo. Inmersiones en la última capa del subconsciente, de la alucinación absoluta. El material más puro de los sueños, de las pesadillas, sigue las notas de una canción hipnótica. Dennis Hopper entrando en erupción con el amable falsete de Roy Orbison en In Dreams.

          Lynch se adentra en el corazón de América y muestra que su propio corazón es, a su vez, un nido de insectos ponzoñosos. Prefigurando el universo de Twin Peaks, el autor se adentra en el envés de la postal, en el míster Hyde del ciudadano corriente, en el reverso oscuro del sueño. La cara oculta de América es escabrosa, coprolálica, enfermizamente violenta y sexualizada. “Creo que ya no estamos en Kansas”, dice sin decir esta Dorothy. Los anhelos profundos que se agazapan, al acecho, detrás de la represión de las convenciones sociales de una cultura esencialmente puritana. Pero, por su parte, el pozo de sordidez también tiene su propio dorso desconocido, y este se define por la inocencia, por la noble fidelidad que se encuentra amenazada por un mal sublimado. El mundo tras la cortina de terciopelo azul.

          La intriga a la que se enfrenta el joven Jeffrey es tan exagerada e irónica como el idilismo con el que, previamente, se había caracterizado a este pueblecito cualquiera de los Estados Unidos. La realidad es un elemento difuso, e incluso despreciado, en el cine onírico de Lynch. Siempre hay un elemento discordante en el escenario, sea evidente, velado o atmosférico. La manguera a punto de reventar, el vecino que pasea al perro de noche con gafas de sol, gente que asegura gustarle beber Heineken, las esquinas oscurecidas de los fotogramas, la capa de sonido desapacible que domina el apartamento de la mujer, mostrando su naturaleza inestable e inquietante. Las pulsiones sexuales sufren mil transformaciones, con distinto grado de perturbación, en apenas minutos. El terrible villano le advierte al héroe digno “eres como yo”.

          Terciopelo Azul parece trazar un recorrido circular de regeneración. La ruptura de un denso hechizo, una salida de la pesadilla para recuperar el sueño. La manifestación de ambos, decíamos, está cubierta por un idéntico velo de ficción, de impostura. Como en un cuento moral, como en un anuncio publicitario. Azul o rojo, todo es dual, todo está abruptamente enfrentado con su opuesto. Un muñeco de petirrojo que aprisiona un insecto en su pico.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 9,5.

Los demonios

31 Ene

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Año: 2015.

Director: Philippe Lesage.

Reparto: Édouard Tremblay-Grenier, Vassili Schneider, Sarah Mottet, Laurent Lucas, Pascale Bussières, Victoria Diamond, Yannick Gobeil-Dugas, Alfred Poirier, Bénédicte Décaty, Pier-Luk Funk.

Tráiler

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         El primer amor es una de las fantasías recurrentes de la ficción, por lo general construido desde una psicología adulta embebida de nostalgia que, además, acostumbra a ambientarla en verano, la estación del año que parece destinada a concentrar los ritos iniciáticos de la humanidad. Ahí está Verano del 42 como ejemplo diáfano en el cine, o la reciente Call Me by Your Name como muestra de la pervivencia de su éxito.

Los demonios se adentra en este tópico, pero su visión no es en absoluto idealizada. El primer amor del pequeño Felix es un asunto inconcreto, tremendamente confuso y que se afronta desde una exploración sin referentes aceptables. A tientas, repleta de incógnitas, de dudas e incluso de miedo. Por tanto, ni siquiera sus sentimientos poseen ese romanticismo cristalino que tradicionalmente se le atribuye al tema.

         La honestidad de Philippe Lesage está fuera de todo cuestionamiento. Su filme se asienta sobre la verosimilitud para que el espectador se reencuentre con emociones quizás perdidas en el olvido o que, probablemente, hayan mutado a causa de estos clichés literarios y cinematográficos que influyen en el subconsciente colectivo, así como por la noción de que cualquier tiempo pasado fue mejor, otra falacia más.

El director y guionista canadiense, debutante en el largometraje de ficción, asienta la cámara a la altura de los ojos de Felix y, desde esta perspectiva, observa con él el mundo que le rodea, prácticamente en plano subjetivo. En especial, orienta su mirada hacia las relaciones adultas, a través de las cuales perfila esta aproximación que no es tanto al amor, en un sentido naif e infantilizado, como realmente al despertar sexual.

         Lesage introduce la cuestión desde la aparición en pantalla de un cuerpo desnudo, casi gratuito y por ello igual de sorprendente para el niño y para el público. A partir de ahí, se dibuja la tensión sexual del protagonista y su respuesta a los impulsos que nacen en su interior. El misterio y la inquietud del descubrimiento laten en los fotogramas, a través de esta investigación torpona y en ocasiones humillante o dueña de remordimientos también desnortados, de nuevo producto de una falta de educación -o una mala educación- procedente del entorno -los padres que anticipan el potencial fracaso afectivo de todo enamoramiento, los adolescentes todavía tan despistados como él mismo-.

         Dentro de esta confrontación entre niñez y sexualidad, el cineasta considera oportuno ensayar una desviación hacia los delitos de pederastia, una alusión a los monstruos que habitan la realidad, que son siempre más terribles que los de las películas de terror. Pero Lesage no gestiona adecuadamente ese cambio del punto de vista, hasta entonces y posteriormente tan ligado a los ojos de Felix. Por esta causa, la subtrama encaja en el metraje entre chirridos, como una añadidura un tanto artificiosa y desde luego menos lograda, o menos interesante, que las vivencias y los sentimientos del personaje principal. De su maduración, en definitiva.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 7,5.

Amante por un día

10 Nov

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Año: 2017.

Director: Philippe Garrel.

Reparto: Esther Garrel, Louise Chevillotte, Éric Caravaca, Paul Toucang, Félix Kysyl.

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          Aparte del nostálgico blanco y negro de la fotografía, y de esa voz en off de tono neutro tan inconfundiblemente francesa, que en su omnisciencia hasta se sobrepone a las conversaciones de los personajes, Amante por un día posee evocaciones del cine de Éric Rohmer en las geometrías del romance que dibuja, repletas de triángulos conflictivos, círculos constantes y líneas convergentes, tangenciales y paralelas. Pero, especialmente, recuerda a Rohmer en el aspecto de que los protagonistas son seres inconstantes y contradictorios, ni honestos ni mentirosos, y que no son capaces -o incluso ni siquiera pretenden realmente- de cumplir aquello que afirman con rotundidad acerca de un tema tan complejo, volátil e inabarcable como es el amor.

          Una veinteañera despechada, su padre profesor universitario que ha reencontrado el amor en una de sus estudiantes y ésta última chica, que disfruta de la carta libre de una relación abierta, dan vueltas y vueltas alrededor de los conceptos de enamoramiento, fidelidad y realización romántica. Con elegancia y sin ánimo de desacreditar con crueldad a sus criaturas, ni de ofrecer tampoco categóricas lecciones existenciales, Philippe Garrel contrapone los rectos ensayos de la teoría contra los problemáticos laberintos de la práctica, a la vez que construye con delicadeza los vínculos de complicidad, lealtad y cooperativismo que existen o se crean entre los protagonistas. El cineasta participa en la firma del guion junto a su pareja, Caroline Deruas -treinta años menor que él-; una colaboradora de cabecera como Arlette Langmann, experta en el terreno, y otro clásico como Jean-Claude Carrière. Hay conocimiento de causa.

En su expresión, se trata de una película de aliento lírico pero también generosa en diálogo, y que posee ese aire de distanciamiento un tanto estirado y artificioso que a veces afectaba a la Nouvelle Vague. Teniendo en consideración el cine galo -supongo que sobre todo sus retratos de la burguesía local-, hay quien ironiza con que es que los franceses sienten así.

          Esquiva al tópico, Amante por un día desarrolla un relato en el que las mujeres -las mujeres jóvenes- aspiran a desempeñar un rol activo en sus amoríos y, más aún, en el dominio de su sexualidad, si bien, como es natural, no siempre sepan hacia dónde dirigirla y por qué. Ni falta que hace; la torpeza es una constante en las relaciones sentimentales humanas. En este sentido, su confusión es semejante a la de sus pares masculinos, con la diferencia de que la postura de estos es de un simplismo autoengañoso -los acuerdos, las negociaciones y los ultimátums que establecen para con sus amantes- o es simplemente cínica -el seductor empedernido-. Pero, al menos, ellas parecen adquirir consciencia de que el amor es un estado de imbecilidad transitoria. Aunque todos podamos caer en sus redes, lo queramos o no.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 7.

En realidad, nunca estuviste aquí

9 Nov

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Año: 2017.

Directora: Lynne Ramsay.

Reparto: Joaquin Phoenix, Ekaterina Samsonov, Judith Robers, Alessandro Nivola, Alex Manette, John Doman.

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          Es importante no tomarse demasiado en serio a uno mismo. En lo que respecta al cine, esto significa rehuir las tentaciones de una grandilocuencia inflada a través, por ejemplo, de la apertura a la ironía o el reconocimiento del espíritu de la serie B. Y, con buen tino, En realidad, nunca estuviste aquí se abraza sin tapujos al espíritu de la serie B que domina su naturaleza. Por ello, a pesar de abordar premisas coincidentes como el trauma del veterano de guerra y los sucios callejones de la depravación sexual, su narración no se adentra en el retrato sociológico/psicológico de una comunidad enferma que podría firmar un autor como Paul SchraderTaxi Driver, Hardcore: Un mundo oculto-. Ni tampoco da rienda suelta al sentimentalismo en su aproximación al clásico de la redención del antihéroe dudoso por medio de la salvación del menor inocente –León, el profesionalEl fuego de la venganza, El hombre sin pasado…-.

          En realidad, nunca estuviste aquí mantiene la sórdida trama que afronta el protagonista dentro de los parámetros de un esquematismo tendente a la abstracción, en línea con un dibujo de la ciudad como un caos de movimientos inquietantes, sonidos estridentes y música inarmónica. Son elementos que conforman un escenario inestable, acorde a la volatilidad latente del personaje, mercenario solventador de secuestros a mazazo limpio, hombre con demasiado tiempo al borde del abismo y que pende de él con el tormento de poseer aún rescoldos de humanidad -las escenas cotidianas, introducidas también con equilibrio-.

El relato, pues, no se entrega al regodeo de la exploitation y al mismo tiempo, al renunciar a cualquier pretensión analítica o de denuncia creíble, evita que su evolución se desmonte a causa de una elaboración en exceso pormenorizada o intrincada. Es una historia correosa pero templada, de sencillez sin contemplaciones pero cuidada con atención.

          La directora y guionista escocesa Lynne Ramsay arroja el filme, contenido en 95 minutos, con una concisión de otros tiempos, con un notable uso de la elipsis y el fuera de campo en la plasmación de una violencia que no por ello es menos contundente. Su fisicidad que reside en lo que se escucha, en lo que se sobreentiende. En la presencia de un contundente martillo erigido en icono del pulp posmoderno –Oldboy, Drive-; en el hastío convertido en minimalismo gestual de Joaquin Phoenix, cuyo físico es puro escombro abandonado; basto, cansado y rotundo. Con idénticas armas -la precisión y la potencia-, la cineasta consigue incorporar recursos psicologistas a golpe de flashback, esquivando al límite una cierta inclinación al abuso que es más palpable hacia el desenlace. Menos éxito tienen los contrates con composiciones de ambiciones líricas y detalles de ejercicio de estilo. 

          Premios al mejor libreto y mejor interpretación masculina en el festival de Cannes.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 6.6.

Nota del blog: 7,5.

La dolce vita

18 Oct

Un descenso a los infiernos de fiesta en fiesta, de amanecer en amanecer bailando la conga al son de Pérez Prado. La dolce vita, Los inútiles también pueden camuflarse en la metrópolis, entre ambientes de pretendido glamour.

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El amante doble

11 Sep

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Año: 2017.

Director: François Ozon.

Reparto: Marine Vacth, Jérémie Renier, Myriam Boyer, Jacqueline Bisset, Fanny Sage.

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         Enseguida justifica El amante doble los parentescos que con insistencia se le han trazado con David Cronenberg -en especial- y con Alfred Hitchcock -algo menores y más ‘depalmianos‘- y hasta, por simple alusión, con Luis Buñuel -la mirada literalmente sexualizada de esta apertura-. De inicio, la cámara bucea literalmente en el interior del sujeto -una exploración vaginal filmada en crudo- y asocia un desequilibrio psicológico con una somatización física, en la que se entremezcla la aberración y lo morboso. A continuación, la protagonista asciende unas vertiginosas escaleras de caracol hacia la consulta de un psicólogo en el que se personificará la dualidad -la premisa del gemelo y el doppelgänger también estaban presentes en aquella pesadilla de ambientes ginecológicos que era Inseparables– que, en verdad, porta ella dentro de sí misma -como casi cada uno de nosotros, podría decirse-. 

         Las filiaciones que emplea François Ozon en este thriller psicológico son manifiestas -e incluso excesivas-, y se exponen en claro. La aportación del cineasta galo consiste en sobrepasar esas referencias explícitas y convertir su relato en un potente ejercicio de tensión y angustia que, hay que reconocerlo, avanza con tanta fluidez como densidad de atmósfera. Ozon habla -o hace hablar a la mujer que ofrece el punto de vista del relato- por medio de los escenarios, donde no resta expresividad a las imágenes el recurso a tópicos psicologistas bastante sobados -el reflejo múltiple o fragmentado, la espiral, las simetrías, enfrentamientos y duplicidades, la enredadera…-, los cuales brotan igualmente en la construcción narrativa del argumento -los juegos de dominación, los dilemas entre las convenciones sociales y las necesidades perversas, los complejos familiares…-.

El evidente esfuerzo de composición vertido en ellas tampoco resulta frío o maquinal y, junto con empleo de la iluminación, el color y la geometría, consigue estimular las sensaciones que experimenta la atormentada Chloé (interesante Marine Vacth) en su viaje a través de su psique lacerada; de sus traumas, sus represiones, sus deseos, sus heridas y sus vacíos. De hecho, la capacidad para fascinar y perturbar al espectador, compañero de odisea, procede de esta creación de escenarios opresivos, en lugar de con los golpes del susto, la violencia estridente o la repulsión, más típicos y menos logrados.

         Este trabajo visual es, pues, el que sustenta una obra en la que, en cambio, la pronta introducción del elemento onírico le permite a Ozon jugar tanto con la ambigüedad y la duda entre lo real y lo figurado -sobre lo que va dejando ciertas pistas a lo largo del camino, cabe admitir-, como con la trampa de guion en el desarrollo de una tortuosa trama que, finalmente, encuentra dificultades para resolver de forma satisfactoria.

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Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 5,7.

Nota del blog: 6,5.

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