Tag Archives: Sexo

El Decamerón

3 Ene

Pier Paolo Pasolini contra los cánones artísticos, estéticos y sociales. Incluso contra la muerte. El Decamerón, vitalidad y libertad, alta cultura y cultura popular. Para la sección de estrenos en Blu-ray de Cine Archivo.

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¿Qué habéis hecho con Solange?

26 Oct

Cuchillos y jovencitas descocadas, sexo rampante y asesinatos en serie. ¿Qué habéis hecho con Solange?, pequeño clásico del giallo comentado para la sección de estrenos en Blu-ray/DVD de Cinearchivo.

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Elle

12 Oct

elle

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Año: 2016.

Director: Paul Verhoeven.

Reparto: Isabelle Huppert, Laurent Laffite, Anne Consigny, Charles Berling, Virginie Efira, Judith Magre, Christian Berkel, Jonas Bloquet, Alice Isaaz, Vimala Pons, Raphaël Lenglet, Arthur Mazet, Lucas Prisor.

Tráiler

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           “Lust for life!”, exclama Paul Verhoeven desde la banda sonora de Elle, con la voz prestada de Iggy Pop. ‘Lust’: pasión, pero asimismo lujuria por la vida. Hay una escena clave en Los señores del acero que sintetiza una de las líneas argumentales del filme. En ella, el mercenario Martín tumba en el suelo a la doncella Agnes para, valiéndose de su fuerza brutal, violar su inocencia. Sin embargo, la virginal princesa entrelaza sus piernas entorno a su cintura y dirige con su pelvis los movimientos sexuales del encuentro, ante la mirada atónita de los secuaces del guerrero, que gritan jocosos “¡Es ella la que te folla a ti!”. El monstruo -figura alegórica de marcado contenido lúbrico en los relatos tradicionales- sometido paradójicamente por medio de aquello que lo hacía terrible: el sexo.

           También hay al menos un monstruo en Elle, y es el padre de la protagonista, que acecha como una sombra íntima, enquistada en las entrañas y las emociones de una mujer dominante y fría, acostumbrada a llevar las riendas desde el egoísmo hacia su entorno, con escasa sensibilidad sentimental. Su progenitor, convicto por un crimen atroz, prácticamente no aparece en pantalla, aunque su impronta es manifiesta en las acciones y las decisiones de su descendiente directa.

Y también hay sexo. Aún sin concluir los créditos iniciales, todavía en la oscuridad de la sala, irrumpe ya el escándalo de una violación. Pero Elle no es una película sobre la violencia sexual contra la mujer ni, en sentido estricto, sobre la huella psicológica que esta produce en ella. Siguiendo la estela de gran parte de la obra del cineasta holandés, la película explora la naturaleza del sexo como elemento capital en la vida humana, por más que quede apretujado en el armario, encerrado dentro de una persistente condición de tabú a reprimir. Frente a semejante temática, la mirada de la narración, parece explicar de inicio Verhoeven, será neutra y salvaje, como la del gato negro que observa impasible los hechos.

           Un pilar existencial pues que, a lo largo del relato, conforma una tupida maraña que atrapa, entrecruza y jerarquiza a todos los personajes, desde los principales a los más secundarios, hermanándolos con sus hilos y reduciéndolos a un patetismo primitivo donde no existe la moral, solo unas pulsiones atávicas e irrefrenables o, en el caso de los individuos menos activos –el hijo bobalicón-, unas reacciones inmediatas e irreflexivas que tampoco responden la lógica cotidiana. De este modo, su expresión visual está totalmente desprovista de ecos románticos y hasta eróticos. El sexo en Elle aparece como un impulso primario, una necesidad animal, un arrebato monstruoso en ciertos casos, incluso. Según la modulación de cada cual.

           Elle es un filme despiadado a la par que estimulante, del que se entresaca un contundente sarcasmo, patrimonio del director, a partir del provocador análisis de las relaciones humanas y sociales, fuertemente determinadas por este elefante en la habitación del que todavía, a estas alturas de siglo, tampoco son tantos los que hablan. Por otro lado, dentro de esta hipérbole satírica y tremebunda, queda igualmente la dificultad evidente –o el desafío espinoso- de poder encontrarse a uno mismo en la piel de esta galería de criaturas capitaneadas por una mujer de psicología tan retorcida y excepcional -o no-.

Lust for life.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 7,5.

Los señores del acero

11 Jul

“No concibo una película sin lujuria porque en la vida hay lujuria.”

Ben Wheatley

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Los señores del acero

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Los señores del acero

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Año: 1985.

Director: Paul Verhoeven.

Reparto: Rugter Hauer, Jennifer Jason Leigh, Tom Burlinson, Jack Thompson, Fernando Hilbeck, Susan Tyrrell, Ronald Lacey, Brion James, John Dennis Johnston, Simón Andreu, Bruno Kirby, Kitty Curbois, Marina Saura, Hans Veerman, Jake Wood.

Tráiler

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           El sexo es un elemento crucial de la filmografía de Paul Verhoeven, bien de forma explícita, como en Instinto básico –una de sus obras más exitosas-, Showgirls –una de sus obras más denostadas- o Elle -recientemente alabada en el festival de Cannes-; bien como un componente de fondo que completa un conjunto violento o incluso enfermizo.

El sexo es una de las armas con las que los personajes de Los señores del acero hacen la guerra, parte de una panoplia que abarca asimismo la violencia en sentido estricto, una religión transformada en fanatismo delirante o la inteligencia aplicada tanto al progreso como al engaño. Flesh+Blood, reza el título original: la carne y la sangre, que es la transustanciación de Cristo en la misa con la que se abre el filme y que es el material de lujuria donde se desarrolla el resto del metraje.

           Los señores del acero dibuja un Renacimiento extremado por las señales iluminadas y por las apetencias de la víscera, en el que la misión ominosa de Martín (Rugter Hauer), mercenario que sobrevive en el caos, y la utopía alcanzada mediante el pecado en la que embarca a su pelotón de desheredados, colisiona frontalmente con una princesa de retablo boticceliano, Agnes (Jennifer Jason Leigh).

La doncella representa aquí un contrapunto conflictivo en el que su inocencia es tan solo un disfraz que oculta un elemento perturbador de mucho mayor calibre: el deseo sexual, una tentación tangible por la que pueden arder compañeros, santos, ciudades, ideales y sueños. Más aún, este choque representa también, en cierto modo, el reencuentro perverso, despojado de toda ingenuidad, entre King Kong y la rubia -que no es sino una extrapolación de relatos tradicionales transmitidos desde centurias atrás-. “No fueron los aviones, fue la bella quien mató a la bestia”, decían entonces.

           Verhoeven, a su gusto, recompone un periodo de brutalidad, miseria y enfermedad, en el que conviven degradadas visiones religiosas con un sentido muy físico de la puesta en escena y de la violencia que contiene el relato. En coherencia con las premisas argumentales del libreto, el cineasta no se detiene en contenciones, puesto que, como se decía en párrafos anteriores, esta agresividad se extiende especialmente a partir del conflicto con el sexo y se formula, por ejemplo, en violaciones que son batallas grupales y duelos personales.

Esta combinación, estimulada además por un rodaje especialmente tenso –de hecho, propiciaría la ruptura artística entre Verhoeven y Hauer-, mantiene la aventura-venganza herzogiana de Martín y los suyos apegada a la tierra, al barro corrompido por la suciedad y las plagas. Y barniza todo de una mueca grotesca, que se ríe como se reía, irónica y victoriosa, incontestable en la consciencia de su triunfo, la calavera que centraba la atención en las danzas de la muerte que poblaban el imaginario europeo en tiempos de la peste negra.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7,5.

The Haunted World of El Superbeasto

28 Jun

“Hace seis años compré dos casas separadas de la familiar. Tengo mis casas para mis monstruos y otra casa para vivir. Vivo con mi familia y de vez en cuando voy a ver a mis monstruos, con los que vivo un romance perpetuo. Lo llevamos bien.”

Guillermo del Toro

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The Haunted World of

El Superbeasto

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The Haunted World of el Superbeasto

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Año: 2009.

Director: Rob Zombie.

Reparto: Tom Papa, Sheri Moon Zombie, Paul Giamatti, Tom Kenny, Rosario Dawson, Brian Posehn, Rob Paulsen.

Tráiler

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           Son dibujos animados, sí, pero eso no supone en modo alguno la renuncia de Rob Zombie, una de las figuras más personales y relevantes dentro del cine de terror actual, a su particular sensibilidad cinematográfica -principalmente porque, artista polifacético, estos son la adaptación a la gran pantalla de su incursión en el cómic-. Más aún, esta circunstancia contribuye incluso a exacerbarla gracias a  la esencia gamberra y libérrima del proyecto, donde la animación permite además burlar las limitaciones de la imagen real, de la contención cinéfila y hasta de la lógica.

           The Haunted World of El Superbeasto es un catálogo de filiaciones y fetichismos desplegado en el marco de un universo fantástico: uno de esos mundos paralelos que habitan los fanáticos de la ficción terrorífica en estimulante compañía de sus héroes, sus villanos y, especialmente, sus queridos y adorados monstruos.

Todas las criaturas del género -ya sea en su periodo clásico, de serie B, revisionista, de exploitation o contemporáneo-, están citadas a convivir en esta sociedad paralela, como sumergida en los pinceles de Tex Avery o del primer Ralph Bakshi, y en la que un campeón enmascarado de lucha libre mexicana, El Superbeasto, es la celebridad local que combate el crimen que perturba el escenario, en este caso provocado por el ansia del Doctor Satán -antes Steve Wachowski-, por encontrar a su nueva y blasfema esposa, quien despertará definitivamente sus maléficos poderes.

           La película, tan irreverente como cariñosa hacia su objeto de culto, avanza encadenando gags sin mayores pretensiones, sin ataduras argumentales más allá de un esquema elemental. The Haunted World of el Superbeasto es, en síntesis, una herramienta para el disfrute de Zombie y sus amigos, quienes no obstante permiten participar del juego también al espectador -ya sea igual de aficionado que ellos, o no, a este microcosmos- por la vía del humor escatológico combinado con erotismo despendolado y un frenético festival-homenaje metacinematográfico –que, asimismo, por supuesto, abarca inevitables autorreferencias-.

En ocasiones puede resultan un tanto repetitiva a causa de esta ligereza, entregada con devoción a la ocurrencia puntual y la ofrenda desatada, pero a grandes rasgos divierte por su apasionada incontención idólatra y su sentido del delirio.

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Nota IMDB: 6,1.

Nota FilmAffinity: 5,5.

Nota del blog: 6.

Arrebato

8 Jun

“Los espectadores de cine son vampiros callados.”

Jim Morrison

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Arrebato

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Arrebato

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Año: 1979.

Director: Iván Zulueta.

Reparto: Eusebio Poncela, Will More, Cecilia Roth, Marta Fernández Muro, Carmen Giralt, Helena Fernán-Gómez, Luis Ciges.

Tráiler

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           La supernova de Iván Zulueta, cartelista, fotógrafo, director de cine, heroinómano irreparable, solo podía tener cabida en el contexto de la Movida madrileña. En los estertores del franquismo había estrenado ya la igualmente anómala Un, dos, tres, al escondite inglés, auspiciado por José Luis Borau, a la que seguirían una serie de cortometrajes underground de gran ardor cinematográfico y alucinación parida por el consumo de estupefacientes. Sin embargo, la obra que le encumbraría como una de las enseñas del malditismo cinematográfico español, Arrebato, germina en el caldo de cultivo de este movimiento cultural emanado de la esperanzadora pero dudosa y por momentos desconcertante ruptura con cuarenta años de totalitarismo; libérrimo hasta las últimas consecuencias, hasta contra uno mismo.

           Artefacto heterodoxo, inestable y degradado por naturaleza, Arrebato surge como una película de impulsos, y no tanto narrativa. Una sucesión de ritmos viscerales y existenciales desencadenados por la heroína y la relación obsesiva, esclava y parasitaria que se establece entre el creador y su obra, siempre insatisfactoria e incompleta.

Arrebato es, por tanto, un cúmulo de fetichismos y cuelgues insuflados por la droga, por el celuloide, por la decepción y la melancolía vital. El filme, de hecho, se compone desde los códigos del cine de terror, que son aquellos con los que trata de expresarse -o incluso con los que procesa la vida- el cínico director interpretado por Eusebio Poncela.

           Nacidos y concluidos a partir de un enigma que abarca todo este conjunto de impulsos e inquietudes, los fotogramas desarrollan una poderosa experimentación con la atmósfera que recuerda a los juegos con el color y la percepción de David Lynch; más primarios y espontáneos pero no menos perturbadores, próximos al estilo de los padres próceres del giallo italiano –y que lo mismo intranquilizan que sacan de las casillas, según cada espectador-. Diálogos solapados y entorpecidos, registros sonoros invasivos y estridentes, alargados hasta el desafío; doblajes desconcertantes –la hija de Fernando Fernán-Gómez con la voz de Pedro Almodóvar-, referencias cinéfilas abruptas e incluso irónicas –de nuevo, Fernán-Gómez-, delirios visuales y conceptuales,…

Parida por un experimentador suicida, Arrebato no cierra sus puertas a nada, como tampoco buena parte de las interpretaciones –si procede- que se puedan extraer de ellas acerca de la vida y el séptimo arte.

           No obstante, frente a su potencial hipnótico, enrabietado y doliente, esa vinculación de época, desbocadamente rupturista, también irrumpe hoy inevitablemente envejecida a causa de su insistente, gráfica y epatante –para aquel entonces- plasmación del éxtasis colectivo por la droga y el sexo debocado en mil parafilias, contraste con una sociedad donde la presunta libertad ofrecida desde la política poco o nada ha saciado el apetito largamente ayunado. Obra excesiva y urgente, su mundo permanece muy anclado a un instante concreto, si bien el tiempo y las sucesivas generaciones de cineastas y cinéfilos la han ido encumbrando a un estatus de culto como a tantas otras creaciones de la época, dentro de una tendencia que también tiene mucho de nostalgia y mitificación.

           Después de volcar sus venas Arrebato, que había compuesto con cierta intención testamentaria en mitad de una de sus recurrentes crisis personales, Zulueta nunca volvería a realizar ningún largometraje.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,3. 

Nota del blog: 6,5.

La kermesse heroica

18 May

“Quien nos hace reír es un cómico. Quien nos hace pensar y luego reír es un humorista.”

Edgar Watson Howe

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La kermesse heroica

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La kermesse heroica

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Año: 1935.

Director: Jacques Feyder.

Reparto: Françoise Rosay, André Alerme, Micheline Cheirel, Bernard Lancret, Jean Murat, Louis Jouvet, Lyne Clevers, Ginette Gaubert, Alfred Adam, Pierre Labry, Arthur Devère, Delphin.

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            Ante los horrores de la Primera Guerra Mundial, el cine consideró adecuado cuestionar sin pudor el ardor heroico del combate, tan querido históricamente por la ficción épica. Así, cineastas como Charles Chaplin, King Vidor, George Wilhelm Pabst o Lewis Milestone plantarían la semilla de un fructífero subgénero gracias a obras como Armas al hombro, El gran desfile, Cuatro de infantería (Westfront, 1918) o Sin novedad en el frente; el primero de ellos especialmente atrevido además al abordar el asunto desde una perspectiva que no por satírica resultaba menos demoledora gracias a un puñado de escenas en absoluto inocuas y excepcionalmente precisas y expresivas. También en el periodo de entreguerras podría encontrar acomodo dentro de este cine pacifista La kermesse heroica, otra comedia aunque esta vez punteada asimismo con incursiones en el territorio romántico.

            Bajo la apariencia de entremés clásico y ligero, escenificado en los Países Bajos del siglo XVII bajo dominio del rey Felipe IV y su valido el conde-duque de Olivares –el esfuerzo artístico en la ambientación es notorio, con soberbios decorados y abundantes inspiraciones pictóricas de la época-, La kermesse heroica va perfilando su apreciable y actual discurso a través de un juego de oposiciones en el que, el posicionamiento maniqueo que plantea travieso su comienzo –los apacibles flamencos contra los bárbaros españoles-, se revierte de improviso para poner patas arriba estos conceptos prejuiciosos que se fundan sobre la idea del Nosotros y el Otro.

Una revolución conceptual que no solo se aplican al encuentro traumático entre nativos e invasores españoles, sino que también, y con todavía mayor relevancia, se traza en la relación entre el hombre y la mujer. Y, aparte de ello, la dicotomía se desarrolla en paralelo a la oposición entre la cultura y la ignorancia, la presupuesta pesadilla y el sueño real, la vitalidad y la muerte –no es casual por tanto que el cobardón alcalde de Boom considere que fingir su muerte es la solución para sus males, a diferencia de la antagónica alternativa que escogerá su aguerrida esposa-.

            De este modo, en equilibrada complementariedad, el humor contenido en el argumento experimenta una agradable progresión pareja al desarrollo de la lectura moral de la película, que evita con habilidad recargar las líneas del mensaje sin que quede mermada la pertinencia y el coqueto talante subversivo de esta en su apuesta por la comprensión cultural y genérica. No obstante, fue interpretada por muchos en su momento, con razones justificables en vista de las premisas de la trama, como una invitación al colaboracionismo ante la creciente amenaza de la Alemania nazi, lo que siembra una turbia duda sobre ella –especulaciones que, cabe decir, no evitarían que su director, el belga Jacques Feyder, y su esposa y protagonista del filme, Françoise Rosay, tuvieran que exiliarse en Suiza tras la invasión de París en la Segunda Guerra Mundial-.

            Sea como fuere, la inversión absoluta del status quo –la esencia del carnaval que celebra la ciudad, estimulada además por la presencia perturbadora del extranjero exótico-, y que como decimos afecta aquí al desajuste de poderes entre varones y féminas, ofrece en La kermesse heroica una salida para un torrente de gags basados en la guerra de sexos, el intercambio de papeles y los enredos eróticos que consiguen sobrevivir el siempre ingrato paso del tiempo a pesar de su naturaleza tradicionalLisístrata podría erigirse como un referente válido– y la ligera ingenuidad con la que hoy se percibe alguno de ellos –dejando de lado una carnalidad mucho más generosa de la que se tenía acceso al otro lado del Atlántico-.

Igual ocurre con su retrato costumbrista y con el decidido empleo de estereotipos en su formulación dramática, matizados por las variaciones que experimenta sobre ellos el guion, que termina por desmontarlos definitivamente pese al (de nuevo aparente) retorno a la normalidad que, inevitablemente, implica el término de esta festividad extraordinaria.

            Si bien conserva hoy buena parte de su prestigio, quizás su conocimiento popular se deba por otro lado a su elección por François Truffaut, por entonces aún crítico solamente, como la concatenación de ese cine francés que, afirmaba, convenía superar, complaciente en su carácter agradable, artificial en su corrección formal y caduco por todo ello.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 7,5.

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