Archivo | Ciencia Ficción RSS feed for this section

Renacimiento (Renaissance)

28 Dic

.

Año: 2006.

Director: Christian Volckman.

Reparto (V.O.): Patrick Floersheim, Laura Blanc, Virginie Mery, Gabriel Le Doze, Marc Cassot, Marc Alfos, Bruno Choel, Jerome Causse.

Tráiler

.

            El noir es un mundo de sombras cuya ambigüedad se manifiesta en la lucha entre la luz y las tinieblas que concita su fotografía. De ahí el poder que tiene el blanco y negro para invocar este universo que parece tan característico de las décadas de los cuarenta y cincuenta, turbulentos y dudosos. La animación de Renacimiento (Renaissance) bebe de estas fuentes al transformar una estética propia del cómic, con un entintado que en efecto es todo contraste entre el blanco y el negro, en imágenes en movimiento bajo las que se concita un París futurístico, fechado en el año 2054, donde un detective desengañado y solitario, que se mueve al margen de la sociedad, se convierte en la salvaguarda de los últimos resquicios de la humanidad durante la investigación del secuestro de la joven y eminente científica de una todopoderosa y omnipresente compañía.

            Una megalópolis claustrofóbica, tortuosa y desigual en la que yacen atrapados unos habitantes que viven en dos niveles de realidad -la prosperidad y la miseria absoluta, la superficie y lo subterráneo-; un protagonista de dualidad atormentada -nacido en la casbah de los malhechores, reconvertido en bastión de la justicia-; una trama criminal que recorre la retorcida estructura de una sociedad en la que nada es lo que parece, donde lo que está arriba es en verdad lo más bajo; una dama rubia y otra morena. Es decir, la forma expresa un fondo donde comparecen todos los ingredientes -y todos los clichés- tradicionales del género.

Al mismo tiempo, la convergencia de Renacimiento con la ciencia ficción permite deslizar determinadas reflexiones críticas -la gran corporación como poder sustitutivo del Estado, la decantación de una sociedad a dos velocidades- y existenciales -la pérdida de valor de la vida frente a una inmortalidad que pasaría a ser otra potestad de los privilegiados-, las cuales sin embargo, sobre todo en el caso de esta última, quedan en simple excusas sin especial desarrollo.

            Porque, a fin de cuentas, recargada hasta alcanzar un punto de exceso, la estética termina devorándolo prácticamente todo, en buena medida porque ese cimiento argumental sobre el que se alzan las imágenes es más bien esquemático dentro de su también tradicional enrevesamiento noir. Y es además una estética que entrega alguna composición visualmente poderosa pero cuya ascendencia de papel queda finalmente deslucida por la fealdad de los trazos y la pedestre cinética de la animación digital, pobre en comparación con la de Sin City, estrenada un año antes, o la de otras traslaciones de novela gráfica posteriores como Alois Nebel.

.

Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 4,5.

IKARIE XB 1 (Viaje al fin del universo)

27 Nov

.

Año: 1963:

Director: Jindřich Polák.

Reparto: Zdeněk Štěpánek, Radovan Lukavský, Otto Lackovic, Dana Medřická, Miroslav Macháček, Irena Kacírková, František Smolík, Jiří Vrštála, Rudolf Deyl, Martin Tapák, Marcela Martínková, Jaroslav Rozsíval.

Tráiler

.

          Los astronautas de la Ikarie poseen variadas edades, conversan apaciblemente entre ellos, se ejercitan en el gimnasio, se gastan bromas, observan curiosos las evoluciones de un amor naciente, se entretienen con sus juguetes, celebran bailes… Hasta se ríen de las convenciones fantasiosas de sus antepasados acerca de la exploración cósmica, con ejemplos como un pedestre robot que resulta grotesco en comparación con sus autómatas discretamente integrados en los mecanismos de la nave o la pastilla alimenticia que uno de ellos obtiene, escarmentado, por trastear con el ordenador de a bordo. Los astronautas también comienzan a ponerse nerviosos después de meses de encierro, se hartan de las muletillas de cada uno, añoran a sus seres queridos y su hogar a medida que se alejan de la Tierra, temen por una misión que va creciendo exponencialmente en riesgo según avanza. Son, en definitiva, personas normales. Ikarie XB 1 es, probablemente, una de las películas que exponen con mayor naturalidad y veracidad lo que puede ser la vida en un viaje por el universo adelante.

          En 1963, la realidad empezaba a despojar a los filmes de aventuras en el espacio la coda de “ficción” para dejar su categoría solo en “ciencia”. Dos años atrás, Yuri Gagarin se había convertido en el primer ser humano en abandonar el planeta para salir al espacio exterior. A la par, la serie B de trajes de papel de aluminio, extraterrestres de goma y pistolas de rayos láser comenzaba a perder sentido bajo el empuje de los avances tecnológicos que apuntillaban su de por sí cuestionable sentido de la verosimilitud.

Como suele recordarse con la mención a la influencia que tuvo en obras como 2001: Una odisea del espacio o Solaris -es decir, la consagración de la ciencia ficción como género mayor y trascendente-, Ikarie XB 1 es, en cierta forma, una pionera en dirigir el rumbo de la expedición hacia la condición humana, alejándose del sensacionalista adentramiento en el peligro de descubrir mundos extraños. No por nada, el libreto se inspira en una novela de Stanislaw Lem, un clásico del género que también entregará el texto que sirve de base para la cinta de Andrei Tarkovski, una introspección psicológica concebida como reacción a la frívola espectacularidad hollywoodiense, de acuerdo con sus palabras.

Siguiendo esta idea, Ikarie XB 1 habla del siglo XX de la barbarie. Su visión del presente posee un rotundo sentido crítico, aunque no se deja llevar por el pesimismo, puesto que, en cambio, su mirada hacia el futuro es esperanzada. Ikarie XB 1 apuesta por la vida. El siglo XX generó desastres como el Holocausto, pero también emocionantes muestras del genio humano.

          Paradójicamente, el metraje arranca con el grito desesperado de un hombre que sufre un insólito mal mientras el resto de la tripulación comparece consternada ante la grave situación en la que se encuentran. Es un punto de partida casi in extremis, tras el cual el director, Jindřich Polák, y el guionista, Pavel Jurácek, retrotraen la narración hasta los comienzos del periplo para, a partir de ahí, mantener el orden cronológico natural del viaje de investigación al misterioso Planeta Blanco de Alfa Centauri, potencial granero de vida. Aliado con este equipo pluridisciplinar de científicos, el relato es coral, una diferencia que entra dentro de la confrontación entre esta ficción checoslovaca, de la órbita soviética, frente al tradicional héroe individual estadounidense -un antagonismo que vuelve a encontrarse con la nave a la deriva, repleta de misiles nucleares y vestigios de excesos degradantes-.

          Con la excitación del inicio, las escenas son relativamente cortas, con un montaje que encadena transiciones rápidas en el que se nos presenta la convivencia de este grupo, su adaptación a los llamativos diseños de interiores -acordes a la música de toques electrónicos y atonales que compone la banda sonora- y sus actitudes y pensamientos acerca de estas vivencias particulares. Luego, cuando la tensión vaya in crescendo, el tempo se dilata y la cámara deja incluso algún movimiento más errático, como si fuera uno de los personajes trastornados por el influjo de una inquietante estrella oscura. En consonancia con su espíritu, Ikarie XB 1 no se enfrenta a estas extraordinarias dificultades espoleando las posibilidades de provocar impresiones en el espectador, sino que mantiene -sea por voluntad propia o, como posibilidad en absoluto descartable, por no lograr cambiarlo de manera efectiva- ese tono pausado que, bien pensado, se mantiene próximo a un realismo reflexivo, filosófico si se prefiere.

.

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7,5.

Gattaca

11 Nov

.

Año: 1997.

Director: Andrew Niccol.

Reparto: Ethan Hawke, Uma Thurman, Jude Law, Loren Dean, Alan Arkin, Xander Berkeley, Gore Vidal, Tony Shalhoub, Ernest Borgnine, Jayne Brook, Elias Koteas.

Tráiler

.

           Gattaca arranca haciendo alusión a los renglones torcidos de Dios y a la capacidad del ser humano para enmendarlos. Su protagonista es un hombre perfecto, pero este es tan solo un elaborado disfraz que oculta su naturaleza imperfecta, producto de un pasado lejano que Andrew Niccol representa, en una ambientación con ecos estilísticos de los años cincuenta estadounidenses, mediante el amor -un polvo en el coche ensalzado con música romántica- y la creencia -el crucifijo de la madre-. Lo sentimental, lo instintivo, lo intangible.

Frente a ello, están los encorsetados escenarios del futuro distópico donde todo se mide en función de los genes, acentuando el determinismo social que en tiempos anteriores quedaba condicionado en buena medida por la extracción económica o, en ámbitos más semejantes a los aquí empleados, por la cuestión racial. Reforzando la sensación de irrealidad de una atmósfera que muestra un notable cuidado por la localización de exteriores y el diseño de interiores, los colores están saturados y se juega con los contrastes, desde las tonalidades azules hasta las doradas, los rojos chocando con los verdes.

           Desde el título de la película, Gattaca, compuesto a partir de una secuencia de ADN, Niccol, director y guionista, va sembrando el terreno de referencias y pistas, trabajando a veces a lo bruto. En antítesis al defectuoso Vincent, llama Eugene -“el bien nacido”- al semidiós caído en desgracia que le entrega su cuerpo y separa a ambos, en distintas alturas, por medio de una escalera helicoidal, como las cadenas de ADN.

La de Vincent, en cualquier caso, es otra historia de superación personal, otro sueño americano. Esforzarse por encima de los límites para conseguir conquistarlos, como sugiere su mismo nombre. A ello va aparejado que la crítica social no sea punzante, ya que el relato prefiere focalizar la llamada a rebelarse contra el conformismo, a luchar por los sueños individuales. A compartir el sueño de Vincent, a hacerlo propio. Al fin y al cabo, es uno de nosotros, uno de los seres imperfectos que poblamos la Tierra, aunque a veces nos sintamos de otro planeta viendo los inalcanzables -y tóxicos- modelos de éxito con los que se nos bombardea.

           Podría decirse que, en el fondo, Gattaca es más emocional que reflexiva. El drama queda montado sobre una estructura de cine negro, desencadenada por un asesinato que pone en jaque la identidad del protagonista. La intriga policíaca queda así imbricada con la íntima, a la que espolea en cierta manera hacia el melodrama -en ocasiones un tanto forzado, como la resolución de la relación con el hermano-. A pesar del cuidadoso cálculo de su dispositivo, el filme pretende acercarse más a ese pasado intuitivo que a ese futuro estrictamente medido. Para tal objetivo, le viene bien la química del reparto -es el rodaje en el que se enamoraron Ethan Hawke y Uma Thurman-, un componente precisamente imposible de manejar con exactitud y que hace viables las emociones que se exponen -el romance, la amistad, el anhelo de triunfo-. Es decir, que funcione todo el mecanismo.

.

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7.

Encuentros en la tercera fase

19 Oct

.

Año: 1977.

Director: Steven Spielberg.

Reparto: Richard Dreyfuss, Melinda Dillon, François Truffaut, Cary Guffey, Teri Garr, Bob Balaban, Roberts Blossom, Warren J. Kemmerling, J. Patrick McNamara, Lance Henriksen, Shawn Bishop, Justin Dreyfuss, Adrienne Campbell.

Tráiler

.

         La obsesión del protagonista de Encuentros en la tercera fase tiene algo de experiencia religiosa. No creo que sea casual que, justo antes de ser literalmente iluminado desde el cielo por una nave alienígena, estuviese viendo en su casa Los diez mandamientos, ya que él, al igual que Moisés, deberá adentrarse en la montaña para hallar respuestas a sus inquietudes. Roy Neary se somete a una prueba de fe que desafía las convenciones de los incrédulos, de quienes no han sido ungidos y dotados con el don de la visión. Las escenas en el norte de la India muestran a multitudes entregadas a la plegaria; en México un anciano explica que el Sol, elemento divino desde el nacimiento de la humanidad, salió en plena noche y le cantó en privado. “Simplemente lo sé”, responde este técnico de líneas eléctricas cuando debe argumentar el porqué de lo que condiciona sus actos, aparentemente irracionales. “Esto significa algo, es importante”, cavila obcecado con el misterio.

         Desde este punto de vista, siento curiosidad sobre qué podría haber contenido y cuánto sobrevive del primer libreto de Paul Schrader, experto en tormentos íntimos con la influencia religiosa como clave de la encrucijada. No obstante, Steven Spielberg terminaría cambiando tanto la historia que este renunciaría a firmar cualquier acreditación como guionista. El de los seres de otro planeta era un asunto que a Spielberg le interesaba de siempre, como demuestra esa obra de adolescencia, Firelight, en la que, al igual que aquí, mostraba su presencia a través de unas inquietantes e intensas luces que, en cambio, revelaban unas intenciones amenazadoras. Sin embargo, el relato de Encuentros en la tercera fase ofrece un contrapunto curioso dentro de su corpus, puesto que, en lugar de esa ausencia paterna que marcará muchas de sus obras, en este caso es la familia la que deserta y él quien ha de emprender la aventura en solitario. Una aventura que, en este caso, busca algo que trasciende la simple realidad cotidiana de un operario que vive una vida corriente, con su casa de vallas blancas, su esposa y sus tres hijos que hacen deberes de matemáticas, rompen juguetes, protestan por las verduras y corren hacia adelante tratando de hacerse adultos sin fantasía antes de tiempo.

En el fondo, Spielberg hace que la aparición de naves espaciales no desentone con el mundo que retrata. La furgoneta del protagonista, perdida en mitad de la noche, la niebla y el vastísimo territorio rural de los Estados Unidos -corazón del país en el que también aterrizará E.T. pocos años después-, circulaba como si fuese un platillo volante en las profundidades de un espacio que es cercano y extraño al mismo tiempo. El manejo del paisaje es una de las muestras del soberbio trabajo que se realiza con la iluminación y la fotografía, que entrega imágenes de gran fuerza estética. Lo mismo ocurre con los vehículos que se cruza en el camino hasta que uno de ellos, en efecto, es un ovni. En paralelo, la irrupción de helicópteros y todoterrenos en el desierto de Gobi está planteada también como si se tratase de una aparición extraterrestre, de tan repentina y extraña. No digamos ya los helicópteros militares que, actuando como auténticos invasores, acosan a los acampados a la espera de un nuevo encuentro con lo desconocido.

         Frente a esta hostilidad que puede corresponderse con tiempos de Guerra Fría, y a diferencia de los parámetros generales de la ciencia ficción -que no obstante también se habían deslizado antes, dejando tras de sí una inquietante ambigüedad, en la poderosa escena de abducción-, el contacto definitivo con los alienígenas se revela como una secuencia en la que los puntuales momentos de inquietud dejan paso a una sensación de armonía y concordia. De hecho es, en cierta manera, un reencuentro. Dentro de este trasfondo místico, avanza una noción de entendimiento, de aceptación de lo extraño, de plenitud fraternal. De emoción casi eufórica. La idea la ha ido sembrando un mito, François Truffaut, que aceptó interpretar al ufólogo francés que lidera las investigaciones, llevadas a cabo por un grupo de gente que parecen críos jugando con el entusiasmo desatado. El sistema de luz y sonido con el que tratan de comunicarse con los extraterrestres no deja de asemejarse al xilófono de colores que utilizaba antes un niño pequeño que, precisamente, nos presentaba a los visitantes a través de su sonrisa.

.

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7.

Alien: Resurrección

14 Sep

.

Año: 1997.

Director: Jean-Pierre Jeunet.

Reparto: Sigourney Weaver, Winona Ryder, Ron Perlman, Dominique Pinon, Gary Dourdan, J.E. Freeman, Brad Dourif, Dan Hedaya, Michael Wincott, Kim Flowers, Leland Orser, Raymond Cruz.

Tráiler

.

         Alien³ había sido una producción calamitosa, pero la película que había salido de ella -una buena idea que degeneraba en collage caótico resuelto a trancas y barrancas- dio lo suficiente de sí en taquilla como para arriesgarse a una cuarta entrega que, en cualquier caso, debía apostar por un truco espectacular para romper el círculo que se había cerrado con un plano que regresaba, con lejana voz en off y en una doliente oscuridad, a la sala de estasis donde amanecían las recurrentes pesadillas de Ellen Ripley, enredada en un juego de ataques y contraataques con su antagonista, el monstruo, hasta quedar fundidos ambos -tanto en sentido orgánico como industrial- en un solo ser, en una dualidad.

Así pues, Alien: Resurrección parte de este concepto final para, en un nuevo salto temporal y tecnológico, recuperar a la sufrida teniente por medio de una clonación que, entre otros frutos, deja fusionadas la genética de la mujer con la del xenomorfo. Esa lectura temática acerca de la sexualidad y el parto que rondaba Alien, el octavo pasajero y se prolongaba en Alien³ se encuentra aquí materializada de forma explícita, desde el cordón umbilical de la cría y la placenta que envuelve a la protagonista resurrecta, hasta el alumbramiento intercambiable -el nacimiento vivíparo de la definitiva criatura híbrida, de aspecto y funcionamiento bastante grotesco, a decir verdad-. Del hijo de Kane, como lo llamaba el androide Ash, al hijo de Ripley, integrada ya en el linaje de los monstruos que combate para defender a la humanidad y, de hecho, metamorfizada en el arma definitiva contra ellos. Asimismo, se reedita la maternidad adoptiva que en Aliens: El regreso se enfocaba hacia esa pequeña cuya salvación significaba la salvación de la especie, aquí enfocada, paradójicamente, sobre una joven sintética que, citando a Blade Runner, es “más humana que los humanos”.

         En este sentido, Ripley vuelve a fundirse con el xenomorfo, aunque esta vez no en una cuba de plomo incandescente, sino succionada por una masa palpitante de aliens, donde se deja tragar con los ojos cerrados, relajada, con cierta sensualidad. En un vistazo general, el planteamiento es coherente con el arco total del personaje, si bien mirándolo más de cerca durante el camino, por momentos parece desquiciarlo, sin saber muy bien cómo darlo continuidad de manera natural, más allá de dejándose llevar por el delirio en el que se sume todo.

Aunque lo cierto es que, en cada secuela, Ripley nunca es la Ripley del Nostromo. En Aliens: El regreso despertaba del hipersueño 57 años después del trauma, lejos de su tiempo y de su vida, reservando además cierto margen para el campo de lo onírico que podría renovarse en Alien³ como una nueva pesadilla a la que despierta de golpe, en un nuevo círculo del infierno. En un acto de sinceridad, Alien: Resurrección reconoce verbalmente esta situación: que esta Ellen Ripley ya no es Ellen Ripley, sino otra cosa. No es una oficial de un carguero comercial -es decir, un camión con ínfulas-, sino una entidad sobrehumana que viaja por el tiempo y el espacio. Superheroica, podría decirse, puesto que, al igual que muchos de los superhéroes, es una mutación.

         Con guion de Joss Whedon -que andando el tiempo se convertiría en el gran revisor y actualizador del relato superheroico con su trabajo en la división cinematográfica de Marvel-, Alien: Resurrección marca un abrupto cambio de tono respecto a la degradada y terminal Alien³ y, de paso, frente al resto de la serie. De tan alocada, es festiva. El humor posmoderno y la violencia frívola del dibujo animado -así como un abuso de la permisividad lógica vinculado a esta esencia comiquera medianamente irreverente- vibran en las imágenes que entrega Jean-Pierre Jeunet, quien ya había creado mundos fantasticos tan tétricos como farsescos en Delicatessen y La ciudad de los niños perdidos. En esta, las sombras deforman los rostros no para acentuar su dualidad y su conflicto, sino para volverlas máscaras cómicas, bizcas, ridículas. También induce a ello la selección de actores, en los que el francés recupera rostros tan peculiares como los de Ron Perlman y Dominique Pinon para interpretar personajes más bien estrafalarios.

         Dando la espalda a buena parte de la mitología de la saga -en especial la siniestra compañía Weyland-Yutani-, Alien: Resurrección da de sí el círculo hasta cerrarlo en un punto que ni siquiera aparecía en el original: el regreso a la Tierra. Por ahora, tras dos precuelas para asentar los orígenes del ciclo –Prometheus y Alien: Covenan– y con otra nueva secuela estancada en el rumor, ahí queda la historia.

.

Nota IMDB: 6,2.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 6.

Alien³

13 Sep

.

Año: 1992.

Director: David Fincher.

Reparto: Sigourney Weaver, Charles S. Dutton, Charles Dance, Ralph Brown, Brian Glover, Danny Webb, Paul McGann, Pete Postlethwaite, Niall Buggy, Vincenzo Nicoli, Philip Davis, Paul Brennen, Holt McCallany, Lance Henriksen.

Tráiler

.

          En Aliens: El regreso poner a salvo a una niña equivalía a salvar a la humanidad en su conjunto de las garras del monstruo, fuese este una encarnación literal del mal -el xenomorfo- o más esquinada -la gran corporación, la Weyland-Yutani, que rige los designios de los personajes-. Frente a ello, Alien³ es una continuación que, desde los títulos de crédito, cercena de raíz esta esperanza, humillada salvaje y siniestramente en un grito congelado. También desguazará la dirección a la que James Cameron había encaminado la saga.

          Alien³ regresa al terror gótico de Alien, el octavo pasajero, si bien aterrizando en un ambiente extraño, delirante e infernal. En una cárcel y campo de trabajo donde los presos son, al mismo tiempo, esclavos de la empresa y monjes que buscan lavar sus pecados mediante la entrega a las labores materiales mientras lidian con la carestía y las plagas. Es, en el fondo, otra pesadilla del hipersueño de Ripley donde los seres humanos son material de reemplazo. Hay un pálpito medieval y milenarista, una atmósfera de culpa y redención, que impregna un escenario, construido mediante un encomiable diseño de producción, que no es sino la deformación de la idea original de Vincent Ward, quien había imaginado un planeta-monasterio sobre el que liberar a Ripley y el alien, es decir, la presencia perturbadora de la mujer y del diablo.

Sin embargo, el proyecto del cineasta neozelandés naufragaría en el cruce de intereses comerciales y artísticos de la productora, que la refundiría con otras aportaciones previas y posteriores que terminarían por sembrar un caos que, a la postre, se traduciría en un argumento en el que permanecen deshilachados conceptos, secuencias y esa multitud de personajes a los que se reduce a carne de cañón para el monstruo. A David Fincher, recién llegado de la publicidad -como en su día Ridley Scott- y el videoclip, el encargo le quedaría grande, ya que las imposiciones de arriba frustrarían su trabajo hasta casi hundir su aún inexistente carrera en el cine.

          Pero eran ideas suficientemente potentes para, en buena medida, capear el desastre. Volviendo al relato sobreviviente, el elemento de desasosiego sexual, que en la primera se personificaba en un extraterrestre que invade y revienta los cuerpos, es aquí la viajera errante que ha ido a parar a una prisión de criminales que tratan de reprimir a duras penas su abyección -y que da pie a una excelente selección de secundarios británicos de aspecto patibulario, lo que sumado a la estética de derribo industrial bien podría equivaler a una alucinación apocalíptica de Ken Loach-. Un subtexto que se subrayará definitivamente con el giro en la relación particular que une a Ripley con el alien.

A la vez, en esta tercera entrega Ripley ya ha completado su metamorfosis de víctima a guerrera. Recibe tratamiento de teniente y su percepción está agudizada hasta presentir la amenaza -la inyección- o la muerte -el suceso del ventilador-. Si en Aliens se le recortaba el pelo para endurecer los rasgos angulosos de Sigourney Weaver, en Alien³ la actriz luce rapado.

          El planteamiento y la ambientación suman un gran atractivo a una cinta que, a la postre, quiere regresar al slasher de Alien, el octavo pasajero. Una deriva que deteriora la cinta conduciéndola a un plan confuso que se resuelve a través de confusas carreras entre pasillos, y donde la imagen de la nueva criatura -hibridada con un perro en la versión estrenada en salas y con un buey en la reedición de 2003- hacen lamentar que esa batalla que arrancaba entre los efectos prácticos y los digitales se resolviera en favor de los segundos.

.

Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 5,9.

Nota del blog: 6,5.

Aliens: El regreso

12 Sep

.

Año: 1986.

Director: James Cameron.

Reparto: Sigourney Weaver, Michael Biehn, Carrie Henn, Paul Reiser, Lance Henriksen, Bill Paxton, William Hope, Jenette Goldstein, Al Matthews, Mark Rolston, Ricco Ross, Colette Hiller, Daniel Kash.

Tráiler

.

         La continuación de Alien, el octavo pasajero es el tránsito de una película con espíritu de serie B lustrosa a un blockbuster espectacular. Al frente de esta evolución en la saga se hallaba James Cameron, avalado por otro clásico moderno de la ciencia ficción, Terminator, del cual importaría a los actores Lance Henriksen, Bill Paxton y Michael Biehn. Si en la primera son un puñado de camioneros del espacio los que deben hacer frente a una amenaza sobrehumana, en Aliens: El regreso serán unos marines galácticos los que, con sus músculos definidos por el sudor, sus grandes cañones y sus chascarrillos cuartelarios, tengan la misión de borrar al monstruo de la faz del universo. El terror atmosférico de espacios angustiosos y oscuros, donde el mal acecha escondido, deja su lugar a una sinfonía de explosiones, ametrallamientos y lanzallamas con los que atajar a las hordas enemigas.

         La relativa naturalidad de esos personajes abandonados en un entorno extraño y hostil, que era uno de los principales puntos fuertes de la primera, se pierde en favor de unos caracteres más convencionales pero que se ajustan a las necesidades de esta variación en el tono. Cameron trata de asimilar al espectador a los soldados con una cámara que, en escenas de tensión como la entrada al nido, opera como si fuese un integrante del pelotón, así como con las tomas que proceden de los cascos de los marines, que refuerzan ese punto de vista subjetivo. No obstante, permanece esa noción de que, a la postre, la criatura más peligrosa es el ser humano. “Ellos no se putean los unos a los otros a cambio de un porcentaje”, se llega a sentenciar, en reproche a la personificación de esta multinacional que, en la inauguración, conformaba un abstracto villano de fondo.

En parte, desde ese punto de vista de territorio fronterizo -la colonización espacial- y con la recuperación del tema del asedio que ya establecía conexiones hawksianas en la anterior, Aliens: El regreso conserva lejanas notas de western futurista en una cinta que no trata de reincidir tramposamente en las claves del original, sino en buscar nuevos caminos por los que abrirse paso. Con ellos, se da su forma definitiva a la mitología de la serie, con un desarrollo de la naturaleza del xenomorfo. De hecho, a modo de muestra, es aquí donde se emplea el término por primera vez.

         La acción de corte bélico ochentero, en definitiva, reemplaza a la inquietud constante, a la par que la salvación de una niña ofrece la medida del drama. Sigue manteniendo una espectacularidad visual que evita que se note demasiado la hipertrofia de la narración, rematada con un hiperbólico duelo de reinas, mano a mano, pasado de rosca. El estrépito contradice la posibilidad de lo onírico, puesto que el argumento nace con Ripley como una bella durmiente -las alusiones a los cuentos tradicionales continuarán luego cuando se le llame sarcásticamente “Blancanieves”, aunque no venga precisamente de convivir con siete enanitos en la Nostromo, y con la conversación con su protegida sobre los relatos de monstruos-. Una bella durmiente que, además, se deshace en pesadillas.

La caracterización de Sigourney Weaver, con el cabello más corto, el rostro más duro y empuñando armatostes militares para emprender el contraataque, evidencia también los cambios entre una y otra entrega, con un proceso que hasta anticipa al que Cameron aplicará a la Sarah Connor de Terminator -confianza en los androides incluida, por cierto, en la presente estará interpretado, y con mucho tino, por Lance Henriksen, un experto en papeles de malo-.

         El éxito en la taquilla propiciaría el rodaje de nuevas continuaciones.

.

Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 6,5.

A %d blogueros les gusta esto: