Tag Archives: Amistad

Ema

22 Nov

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Año: 2019.

Director: Pablo Larraín.

Reparto: Mariana Di Girolamo, Gael García Bernal, Paola Giannini, Santiago Cabrera, Giannina Fruttero, Paula Luchsinger, Paula Hofmann, Antonia Giesen, Josefina Fiebelkorn, Mariana Loyola, Susana Hidalgo, Catalina Saavedra.

Tráiler

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          Un semáforo en llamas solo puede significar el fin del orden establecido, la destrucción de los caminos marcados.

          Caderas cimbreantes, lanzallamas en mano, la Ema de Ema se arroja a una triple rebelión: de género, de clase y de cultura. Contra las imposiciones del macho acomplejado, frente al sistema que arrincona a los de su extracción y naturaleza, ante el elitismo ignorante y prejuicioso que mira por encima del hombro las manifestaciones del arte popular.

En una odisea excesiva, delirante y genial, Ema se lanza a corromper las representaciones de estas barreras -la pareja tóxica, el privilegiado, la danza de prestigio- mediante una subversión -la independencia sin cortapisas, la devastación de los códigos tradicionales, el reggaetón descarado- que, a causa de su potencia irrefrenable, se lleva por delante los tabúes y las constricciones de instituciones como la familiar.

          De la mano de estos principios iconoclastas, la insurrección de Ema se alza paralelamente en el plano cinematográfico. Porque revoluciona el tema clásico de la madre coraje. Arranca como una película nocturna y desordenada y se cierra como una película diurna y extrañamente armónica. Entremedias, precipita imágenes hipnóticas y vibrantes, que se fusionan por el magnetismo y el carisma de Mariana di Girolamo. Es una obra fotogénica y audaz, hábil para sumergirse con tanta intrepidez como naturalidad en unos videoclips que tienen tanto sentido estético como discursivo.

          Es verdad que hay veces que Ema parece que impacta por el puro placer de impactar y que, de igual forma, los retratos masculinos -esos varones minimizados por su esterilidad o su sumisión económica e intelectual- bordean la caricatura, quizás en demasía. Pero, en último término, todo ello queda sometido a la fuerza arrolladora de una mujer y su lanzallamas, determinada a hacer que el mundo arda hasta las cenizas para reconstruirlo como pide el cuerpo. Y el alma.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 8.

Flesh Out (Il Corpo della Sposa)

19 Nov

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Año: 2019.

Directora: Michela Occhipinti.

Reparto: Verida Beitta Ahmed Deiche, Amal Saad Bouh Oumar, Sidi Mohamed Chinghaly, Aminetou Souleimane, Aichetou Abdallahi Najim.

Tráiler

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         A Verida la quieren gorda y con estrías, de ahí su obligación de hacer diez comidas al día. Documentalista italiana que estrena con Flesh Out su primer largometraje de ficción, Michela Occhipinti escoge la tradición mauritana del leblouh o gavage -la alimentación forzada de la futura esposa de un matrimonio concertado para que satisfaga los apetitos físicos de su marido- a fin de, por oposición, dar cuerpo a una denuncia de las servidumbres estéticas de la mujer. Es decir, una cuestión de belleza o de prestigio social que en Occidente puede identificarse, entre otros, con la delgadez -como también se le muestra a la protagonista en determinados elementos que aparecen en pantalla, como las muñecas o los reclamos publicitarios-, y que no es más que la manifestación autóctona y actual de un asunto universal, con sus rasgos particulares en cada lugar y cada tiempo -el corsé, los pies de loto, los cuellos de jirafa, el burka, el estrabismo, los lóbulos hiperextendidos…-.

         Flesh Out mira desde el comienzo a los ojos del espectador, a quien acerca literalmente a la cotidianeidad de Verida a través de planos cortos, instalados en sus espacios íntimos, en su expresión emocional. Este mismo recurso se adentra igualmente en las sensaciones que produce la comida que, constantemente, se le sirve a Verida. La insistencia de esos planos tan directos, tan físicos, con idéntica presencia del sonido, son útiles para sentir como propio el empacho de esa joven a la que atiborran sin piedad.

Occhipinti -que también coescribe el guion junto a Simona Coppini– traza un relato costumbrista en el cual, al mismo tiempo, trata de ser rigurosa alejándose de construcciones planas de personajes, juicios a priori y estereotipos propios de una mirada europea o, cuanto menos, condescenciente y paternalista -no por casualidad, la biografía de la directora la acredita como una persona de mundo por pleno derecho-. Dispuestas sobre este texto no excesivamente complejo o sorprendente pero sí solvente y honesto, son decisiones que le otorgan viveza y autenticidad al retrato femenino, logrando obtener una empatía natural sin recurrir a efectismos y manteniendo siempre de fondo, reconocible en su universalidad, ese conflicto entre hacerse aceptar y aceptase a uno mismo.

         Pero Occhipinti, más allá del realismo sobre el que se asienta la narración, cuida igualmente la elaboración de los fotogramas, lo que llega a su culmen en un fantástico plano de clausura donde la demostración de potencial estilístico permite a su vez rebajar el manido melodramatismo del desenlace.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: -.

Nota del blog: 6,5.

La virgen de agosto

18 Sep

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Año: 2019.

Director: Jonás Trueba.

Reparto: Itsaso Arana, Vito Sanz, Joe Manjón, Isabelle Stoffel, Luis Heras, Mikele Urroz, María Herrador, Naiara Carmona, Francesco Carril, Sigfrid Moleón, Simon Pritchard.

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         Recorriendo a lomos de su vespa las abandonadas calles de Roma en Ferragosto, Nanni Moretti demostró que la gran ciudad, vaciada por el verano, puede ser un enclave insospechadamente mágico; romántico, sublime, liberador; trascendente en su desnudez.

En La virgen de agosto, Itsatso Arana, protagonista y guionista de la función -a cuatro manos con su pareja, Jonás Trueba, que por su parte también dirige-, persigue ese locus amoenus por un Madrid en la primera quincena de agosto, el de las fiestas de San Cayetano, San Lorenzo y la Virgen de la Paloma, viviendo de prestado en un hermoso piso y dejándose llevar por la deriva a través de los rincones de la capital, la cual, despoblada de sus moradores por obligación, revela un rostro castizo, sabroso, auténtico. Espiritual, incluso. Como Moretti, escribe un diario sobre sus vivencias.

         La virgen de agosto es una película conformada a partir de encuentros y conversaciones. Encuentros con un pasado que parece perderse y con un futuro que podría llegar. El drama se vertebra por medio de estas microhistorias, puesto que sirven para ir sumando matices al dibujo de la joven, quien al mismo tiempo se topa consigo misma y sus circunstancias presentes y repasa sus principios existenciales, lo que incluye una marcada mirada en femenino -la personalidad de las estrellas de las comedias de los años treinta, el recuerdo de Popea, el guiado del chotis, los cánones de la seducción, el reiki y el asunto menstrual en la sociedad…-. Las posibilidades amorosas o simplemente emocionales en la entrada terminal en la edad adulta. En la encrucijada, una vez más.

         La naturalidad con la que se expone este relato íntimo, en la que influye decisivamente el excelente trabajo del reparto, está bañada además por un profundo sentido lírico en su forma de contemplar el paisaje urbano y humano. En su habilidad para extraer lo revelador y la absoluta relevancia de los pequeños gestos que se producen en la quietud, en lo cotidiano, en todo aquello que, aparentemente, no es para nada excepcional, para nada épico, pero sobre lo que en realidad se construye una vida. Los fugaces instantes de plenitud, las sombras de la sempiterna duda; el camino, en definitiva.

Quizás el empleo de la voz en off no encaje del todo bien con esa sencilla sinceridad, de igual manera que la alusión a lo sobrenatural, aunque sea simple cita, tampoco semeja demasiado necesaria para dar la puntilla al filme.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7,5.

El hotel a orillas del río

8 Sep

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Año: 2018.

Director: Hong Sang-hoo.

Reparto: Gi Ju-bong, Kim Min-hee, Kwon Hae-hyo, Song Seon-mi, Yu Jun-sang.

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         La nieve llega a transformar los fotogramas de El hotel a orillas del río en un lienzo en blanco. Apenas hay escenario tras los personajes. Las estancias de ese no-lugar que es el hotel, la ribera con una difusa ciudad al fondo, un par de calles entrevistas, nocturnas y prácticamente vacías. El autor también desliza sugerencias oníricas durante las vivencias de los protagonistas, concentradas en unas pocas horas y organizadas a través de dos núcleos -el padre que se encuentra con sus dos hijos presintiendo el final del camino; las dos amigas que lidian con el desengaño amoroso de una de ellas; uno masculino y el otro femenino- que se intercalan hasta terminar, inevitablemente, interrelacionándose.

         El minimalismo poético de Hong Sang-soo, que procede también del carácter espartano y libre de proyecto, con ese toque casi de orgullosa instintividad, amateurismo e inmediatez que podría entroncar con la autónoma Nouvelle Vague francesa, escribe con atención caligráfica sobre ese lienzo en blanco sobre el que se reúnen los personajes. Esta austeridad sirve también para convocar una atmósfera de cercanía entre el espectador y los personajes -incluso con recursos propios de la mirada, como el barrido de cámara que se alterna con los planos fijos para filmar las conversaciones-, y eso a pesar de la distancia inicial que parecían marcar unos títulos de crédito atípicamente locutados.

         Así pues, sobre estos fundamentos estéticos, el cineasta surcoreano incide en el retrato de estas criaturas y sus circunstancias emocionales y existenciales por medio del diálogo. Con su estilo habitual, con naturalismo y fina sutileza -quizás demasiada para servidor-, casi como quien no quiere la cosa. Puntuado ocasionalmente con un no menos vaporoso sentido del humor, el melodrama se va desplegando a cuentagotas, con esa desafiante paciencia de Hong, que expone situaciones cotidianas que parecen de baja intensidad, en las que no ocurre nada, pero que en realidad contienen abundantes emociones soterradas -el amor, la distancia, la soledad, la melancolía, el deseo de reconciliación, las pulsiones de muerte, el duelo romántico…-.

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Nota IMDB: 6,8.

Nota FimAffinity: 6,7.

Nota del blog: 6,5.

Érase una vez en… Hollywood

19 Ago

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Año: 2019.

Director: Quentin Tarantino.

Reparto: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Margaret Qualley, Emile Hirsch, Julia Butters, Al Pacino, Bruce Dern, Dakota Fanning, Austin Butler, Mikey Madison, Lena Dunham, Maya Hawke, Damon Herriman, Timothy Olyphant, Luke Perry, Rafal Zawierucha, Mike Moh, Damian Lewis, Lorenza Izzo, Kurt Russell, Zoe Bell, Michael Madsen, Scoot McNairy, Clifton Collins Jr., James Remar, Clu Gulager.

Tráiler

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         Érase una vez en… Hollywood es en efecto, tal y como sugiere el título, un cuento ambientado en la fábrica de sueños, en el lugar donde todo puede ocurrir. Esto es, en la industria del cine, una realidad alternativa, superior en belleza y emociones a la que existe fuera de las salas, y en la que hasta es posible arreglar la Historia y reventar la Segunda Guerra Mundial a golpe de ucronía y metralleta, como demostró el propio Quentin Tarantino en Malditos bastardos.

         Pero Érase una vez en… Hollywood es, principalmente, un viaje fabuloso a una era mitológica, poblada por dioses que celebran bacanales en sus mansiones del olimpo de Los Ángeles y que, incluso, descienden a los bulevares de la ciudad para convivir con los humanos, aparte de su invocación a través de las carteleras y de las pantallas de cine, omnipresentes.

Hay, por supuesto, una atmósfera elegíaca en esta dorada edad de la inocencia a punto de ser destrozada a puñaladas y malos viajes de ácido por la trasnochada Familia liderada por Charles Manson. Un despertar paralelo al del resto de unos Estados Unidos embarrados en una guerra absurda y propensos al magnicidio de figuras de progreso, aunque todo ello apenas se menciona en esta película que es una memoria sentimental, no un registro documental. Porque son cosas que no pertenecen al mundo de Tarantino, el cual se concentra en ese espacio confortable y maravilloso del cine, como parecen indicar asimismo esas escenas donde la realidad a uno y otro lado de la claqueta queda perfectamente fundida. En consonancia con esta noción, el de Érase una vez en… Hollywood es un eco elegíaco que procede de la incurable nostalgia de un creador criado y alimentado por la cultura popular y que, en esta ocasión, rinde tributo fascinado a los maratones de televisión que construyeron su infancia.

         Tarantino manifiesta esta decadencia también a través de los protagonistas: un actor de seriales del Oeste que parece enfilar la cuesta abajo de su carrera y su doble de acción, reducido a chico de los recados; ambos con problemas además para entender a una juventud de rebeldes ácratas, melenudos y sin depilar. Desde luego más tragicomedia que thriller, el relato sigue sus desventuras por los márgenes de este escenario de leyenda, con un tono que parece heredar esa mezcolanza de homenaje y caricatura propio del spaghetti western, abundantemente referenciado en la cinta. Hay patetismo y humor negro marca de la casa para retratar a este par de amigos que tratan de orientarse en medio de este apocalipsis lujoso y soleado. Leonardo DiCaprio y Brad Pitt derrochan carisma y química a expuertas, convirtiéndose en uno de los grandes baluartes de una obra que, narrativamente, se muestra descompensada e irregular.

En determinados momentos, da la sensación de que el montaje de Érase una vez en… Hollywood es bastante pedestre en su intención de enhebrar las historias de los personajes de forma paralela, de igual manera que flashbacks como el de Bruce Lee durante el rodaje de El avispón verde que no funcionan bien y entorpecen la progresión y el ritmo del filme -quizás sea la entrega del cineasta donde más se aprecia la falta de la fallecida Sally Menke-. Algo semejante ocurre con las fugas, fantasías y retales de películas posibles que Tarantino va sembrando a su paso, en especial durante la introducción, si bien es necesario reconocer su soberbio talento para aprender y reproducir lenguas perdidas del cine -estilos propios de la serie B de los que, por otra parte, también podría repescar su concreción y concisión a la hora de contar las cosas, pues es fácil hallar secuencias perfectamente prescindibles entre los 260 minutos de metraje de la cinta-.

         En cualquier caso, Tarantino logra terminar la función en alto, con un desparramante clímax de violencia satírica en la que se podría leer una maniobra de autodefensa contra aquellos que censuran, precisamente, su querencia por una sanguinolenta crueldad de grand gignol. Es la constatación de que, decididamente, Érase una vez en… Hollywood, su filmografía y el cine en general son un juguete con el que disfrutar. Y mejor que la realidad.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 6,5.

La lengua de las mariposas

2 Ago

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Año: 1999.

Director: José Luis Cuerda.

Reparto: Manuel Lozano, Fernando Fernán Gómez, Uxía Blanco, Gonzalo Uriarte, Alexis de los Santos, Jesús Castejón, Guillermo Toledo, Elena Fernández, Tamar Novas, Tatán, Lara López, Celso Bugallo, Xosé Manuel Olveira ‘Pico’, Antonio Lagares, Milagros Jiménez, Eduardo Gómez.

Tráiler

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         Hablando sobre La lengua de las mariposas, se sorprendía su director, José Luis Cuerda, de que escenas como la del pasillo de los presos republicanos despertaban todavía una gran emoción entre los mayores de Allariz, el pueblo ourensano donde rodó esta adaptación de una serie de cuentos del coruñés Manuel Rivas. El cineasta lo interpretaba como una prueba de que la Guerra Civil española no era un conflicto adecuadamente sanado en Galicia. No es, por supuesto, una situación exclusiva de esta comunidad, pero en octubre de 2018 se produjo una nueva evidencia de este cierre en falso de la guerra fratricida y los posteriores cuarenta años de dictadura nacionalcatólica. Fue en la inauguración de la muestra en la que se exhibía por primera vez en España el óleo de Castelao A derradeira leición do mestre, “La última (o definitiva, tal es el sentido del término) lección del maestro”, considerado el Guernika gallego por su simbolismo furibundo y doliente en denuncia de la represión del nacionalismo galleguista y las libertades republicanas promovida por el alzamiento militar de 1936 y el régimen franquista. En su interpretación de la obra durante el discurso de apertura, el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, loó los valores democráticos en oposición a unos fanatismos ideológicos que conduce al totalitarismo, “presentes en el mundo actual bajo diferentes etiquetas”, si bien su advertencia contra la polarización política internacional, que atribuyó a lo que entiende como corrientes políticas populistas -pese a que su partido es capaz de avalar a un alcalde como Senén Pousa en Beade, cerca de Allariz-, también incluyó una invitación a pasar página mientras se contempla un cuadro ante el que “los más viejos sentirán los ecos de aquella barbarie, y los más nuevos se preguntarán asombrados si realmente fue aquí en Galicia donde sucedió”.

Con estas palabras, y tal como le reprocharon posteriormente, entre otros, los grupos de la oposición parlamentaria, el dirigente del PP se cuidó de condenar expresamente a los golpistas que fueron directamente responsables de la ejecución el 17 de agosto de 1936 de Alexandre Bóveda, el intelectual y político galleguista a quien Castelao, que entrega su rostro al del maestro que yace fusilado ante sus alumnos, rinde homenaje en esta pintura creada en el exilio y que amplía una de las estampas de su libro Galicia mártir. Ante estas medias tintas de Feijóo, una constante en el discurso y la acción política de la formación conservadora, fundada por un ministro de Francisco Franco, las declaraciones del resto de partidos incidieron en la necesidad de completar adecuadamente la labor de la memoria histórica para saldar definitivamente las cuentas con un pasado negrísimo y aún reciente y palpable, incluida la exhumación e identificación de los cuerpos de los ajusticiados, la reparación de su recuerdo y su dignidad y la supresión de los privilegios que todavía detentan los herederos del dictador como, sin salir de Galicia, ocurre por ejemplo con el expolio de bienes patrimoniales como el pazo de Meirás o las esculturas de Abraham e Isaac del Pórtico de la Gloria. 

         A derradeira leición do mestre era además la joya de la corona de una exposición en la que se profundizaba en la labor de Castelao como maestro de escuela y en la que se reflejaba el papel de la educación pública para, a pesar de la precariedad rampante, erigirse en una herramienta esencial contra la intolerancia y en favor de la igualdad y de la libertad moral e intelectual del individuo, dentro de un proyecto cercenado a sangre y fuego por una rebelión militar de filiaciones fascistas que tuvo precisamente en los docentes una de sus presas predilectas, como recordaba la abultada lista de ajusticiamientos recogidos por la muestra.

La lengua de las mariposas es una aproximación primero literaria y después cinematográfica a estos hechos, a cómo este aprendizaje humanista queda truncado literalmente a pedradas y espumarajos, símbolo de una generación que ha de vender su alma para sobrevivir en medio de la ignorancia, el clasismo y la brutalidad. Cuerda, encargado tanto de la realización como de ayudar a Rafael Azcona a traducir a libreto los textos de Rivas, establece esta escisión desde la mirada infantil, aterrada en su sensiblidad por la violencia que se adivina en el mundo adulto -“la letra que con sangre entra” y la Guerra del Rif como figuras equivalentes-. Y, en contraposición, sitúa a un mentor luminoso, que a través de las lecciones y de la amistad abre sus ojos a la vida pese a las nubes tormentosas que van oscureciendo el escenario. Las enseñanzas del maestro versan sobre las maravillas que el mundo alberga, pero asimismo sobre el infierno que pueden ser los otros.

         La película consigue manifestar con hermosura, lirismo y crudeza esa colisión entre las miradas soñadoras de dos iguales, el pequeño Gorrión y el veterano don Gregorio, frente a una realidad enferma y enajenada que conspira contra ellos, amenazando los valores que definen las esencias más elevadas del ser humano -el entusiasmo, la solidaridad, la comprensión, la lealtad, la libertad, el amor-. Hay una notable delicadeza y precisión para construir, plasmar y entrecruzar ese retrato de la ilusión del niño que descubre la vida con el espíritu curtido aunque irreductible contra desencantos del anciano profesor. Ayuda el emotivo contraste entre la frescura de Manuel Lozano y la rotundidad -sutil rotundidad- de un tótem viviente como Fernando Fernán Gómez. Al mismo tiempo, no se regodea en subrayar la sinrazón presente y la muerte que se avecina, intermediada por personajes que compone de un par de pinceladas para dar cuerpo con ellas a una atmósfera de fondo inquietante y cada vez más tangible. No se abusa por tanto de personajes monolíticos como el del cacique, que funcionan prácticamente como estereotipos.

         Azcona ensambla con naturalidad los tres relatos cortos de los que se compone el filme, apoyado fundamentalmente en la veracidad y la emoción de ese registro humano e histórico, de lo que obtiene pasajes conmovedores como el clímax final, donde se condensa esta lucha insoportable y eterna entre la libertad y la barbarie, el odio y el amor, entre un hermano y otro.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 8.

Supersalidos

28 Jun

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Año: 2007.

Director: Greg Mottola.

Reparto: Jonah Hill, Michael Cera, Christopher Mintz-Plasse, Seth Rogen, Bill Hader, Emma Stone, Martha MacIsaac, Aviva Baumann, Joe Lo Truglio, Kevin Corrigan, Carla Gallo, Clement Blake.

Tráiler

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         No se dejen engañar por los títulos de crédito de aires setenteros que remiten a la nueva comedia americana, ni por las constantes de perdedores con obsesión sexual, de iniciaciones alcohólicas, de jerarquías de instituto y de coprolalia desatada que parecen confirmar las premisas de esta popular corriente humorística. Supersalidos, estandarte del bromance, es una canción triste de Nino Bravo. Un te quiero, una caricia y un adiós. Es la última ronda antes del lunes. La última mirada atrás al malecón de la playa antes del regreso de las vacaciones. El partido de homenaje del ídolo de tu infancia.

         La subversión de tópicos y paradigmas es evidente en el clímax: sacar al ser amado en brazos; la confesión de amor. La constatación de que siempre estamos fuera de hora, de que aunque por una vez venzamos a nuestra naturaleza desorientada y a nuestros impulsos reprimidos por toneladas y toneladas de códigos sociales, siempre vamos a destiempo. Hay una melancolía casi fordiana en ese desenlace, en esa manera de expresar la constatación de que un triunfo nunca es pleno, de que esconde tras de sí un fracaso del que, por desgracia, nos volvemos a percatar demasiado tarde, cuando es irreparable -aunque la funcional realización de Greg Mottola no exprime las evocaciones líricas y sentimentales del asunto más allá de lo que sucede ante la cámara-.

Por encima de la denuncia de que toda relación dentro de una sociedad estrictamente jerarquizada se construye desde una frustrante injusticia y crueldad -el “¡podemos ser ese error!” como significativa y demoledora declaración de esperanza-, Supersalidos manifiesta una lección existencial sobre que toda evolución, todo cambio personal, toda fase de maduración, implica una renuncia personal. Una despedida inexorable que, en realidad, es una traición a uno mismo. Detrás de las soluciones convencionales que aconseja el manual solo aguardan nuevos y peores problemas.

         La pareja de policías canallas tratan de advertírselo a McLovin durante su gran noche iniciática, en la que ejercen de chamanes chapuceros. Es un diálogo que -también tarde- los integra emocionalmente en una película a la que no parecían pertenecer. Sus herramientas humorísticas eran las mismas -incontención lingüística, escatología, fetichismos de la cultura popular…-, puesto que además uno de ellos está interpretado por Seth Rogen, que junto con Evan Goldberg es una de las almas creadoras de una obra que bebe en buena medida de sus recuerdos de amistad del instituto -y en la que incluso ceden sus nombres a los protagonistas-.

Pasados de extravagancia dentro de este retrato caricaturesco pero delicado, cariñoso y fiel de los profundos terrores y deseos de la adolescencia -esa época tan trágica como bochornosa, según desde el lado que se la mire-, hasta este último tramo habían operado como un cuerpo extraño, encajados entre la condición de subtrama de descanso y apuntalamiento del metraje, y el elemento exterior destinado a impulsar determinados giros de la historia. De la verdadera historia, que son las aventuras de Seth y Evan, desastres ambulantes y aliados contra el caos que conspira en su contra, en su búsqueda de la llave -el alcohol contrabandeado con un carné falso- que a priori les concede el acceso al tesoro final -el sexo con la chica de los sueños-.

         Aunque, como decíamos, esta historia, organizada desde los postulados de la odisea homérica, relato de los relatos, ni siquiera trata de eso. Dentro de su apariencia gamberra, de ritmos ágiles y ocurrencias delirantes, los diálogos y las situaciones van dando forma, poco a poco, a un cuidadoso perfilado de personajes -con el inestimable soporte de Jonah Hill y Michael Cera, amén del carismático Christopher Mintz-Plasse– y a una precisa, sentida e inusual indagación en la sensibilidad juvenil masculina. Un te quiero, una caricia y un adiós. Ligero equipaje para tan largo viaje.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 5,9.

Nota del blog: 8.

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