Archivo | septiembre, 2020

La mafia ya no es lo que era

30 Sep

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Año: 2019.

Director: Franco Maresco.

Tráiler

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         La mafia ya no es lo que era podría calificarse como un manifiesto de la indignación y el pesimismo de Franco Maresco, extravagante antropólogo de su Sicilia natal, que aborda aquí la celebración del veinticinco aniversario del asesinato de los jueces antimafia Giovanni Falcone y Paolo Borsellino.

Narrador prominente, va relatando con irónico engolamiento, musicalizado con un jazz que le acerca en cierta manera a la voz en off de Woody Allen, su recorrido por las calles palermitanas, invadidas por estudiantes festivos o sumidas en una pobreza endémica, acompañado bien de Letizia Battaglia, comprometida fotógrafa de la crónica negra local, bien de Ciccio Mira, dudoso organizador de modestos espectáculos callejeros al mejor postor, quien ya había comparecido en su anterior Belluscone. Una storia siciliana y, testimonialmente, en Lo zio di Brooklyn.

         Maresco no pretende revelar al espectador una verdad oculta. Más bien subrayar la obviedad que aprecia en sus conciudadanos en su posicionamiento respecto de la Cosa Nostra y su persistente influencia. Su posición es agresiva. Volcado en especial sobre el tratante de cantantes neomelódicos, sumido en un perpetuo blanco y negro, invade a sus entrevistados; los arrincona y ridiculiza. Afirma traicionarlos mediante cámaras ocultas y pone el montaje en su contra. Hasta los insulta directamente. Y eso a pesar de que alguno de ellos no está en condiciones de defenderse, lo que podría servir para cuestionar moralmente al director.

La mala baba rezuma, aunque como reacción airada contra el hartazgo y la tristeza. La mafia ya no es lo que era martillea a sus personajes, delirantes y toscos, hasta obtener un retrato grotesco y deforme. Uno llega a preguntarse, de hecho, si no todo esto no es un mockumentary satírico. El público de los conciertos es igualmente feo, hortera, vulgar. Pero, antes, Maresco ya había mostrado a la juventud congregada en el homenaje a los mártires de la lucha contra la mafia como una caterva de pijos preocupados por bailar y grabar la experiencia con sus móviles. Es decir, la síntesis de la frivolización y el vaciado de significado que la posmodernidad acostumbra a aplicar a cualquier cosa que pueda traducirse en consumo.

         ¿Está justificado el cabreo de Maresco? Probablemente. Quién sabe. Servidor, que vivió en Sicilia durante un curso académico, recuerda la ambigua relación, desde el veleidoso orgullo localista hasta el púdico gesto torcido, ante las menciones del tema. Al menos, siendo él palermitano, no se le puede acusar de regodearse en una mirada de obsceno y condescendiente pintoresquismo. En esta línea, no es particularmente explicativo o siquiera demasiado considerado hacia el espectador foráneo en bastantes detalles.

         En cualquier caso, La mafia ya no es lo que era es tan realista como Crónicas marcianas podría serlo en un ensayo sobre España. El emblema de lo que empezaba a tacharse de telebasura también era, a su modo, un retrato de una España. Por cierto, llevándolo al terreno cinematográfico, un puñado de sus frikis y sus colaboradores terminarían apareciendo a lo largo de la saga de Torrente, que por su parte se anclaba en otra excrecencia de otra sociedad mediterránea, esta vez la nostalgia del nacionalcatolicismo franquista en un ambiente tan depauperado como el que captura el cineasta sículo.

Pero, devolviendo los paralelismos a Italia, también podría decirse que La mafia ya no es lo que era es al realismo prácticamente lo que películas como Feos, sucios y malos son al neorrealismo de Ladrón de bicicletas. Un paso divergente, entre furibundo y apesadumbrado, o incluso torcido, dentro de la evolución de ese cine nacional que escarbaba en las crudezas y las falencias del país.

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Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 6.

El truco final (El prestigio)

28 Sep

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Año: 2006.

Director: Christopher Nolan.

Reparto: Hugh Jackman, Christian Bale, Michael Caine, Scarlett Johansson, Rebecca Hall, Piper Perabo, David Bowie, Andy Serkis, Roger Rees, Ricky Jay.

Tráiler

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         Un mago queda reducido a la nada, al olvido, en cuanto revela o se descubre el truco con el que transforma una realidad ordinaria en una fantasía extraordinaria, explican en El truco final (El prestigio). Así pues, precisamente, ¿puede sobrevivir una película como esta una vez conocidos los giros de guion, tan relevantes para conseguir un desenlace espectacular?

         Todas las observaciones y reflexiones que despliegan los hermanos Christopher y Jonathan Nolan en el guion -basado en una novela de Christopher Priestparecen hablar del cine como arte que invita a dejarse llevar por la credulidad para evadirse, por un instante breve y mágico, de una cotidianeidad frustrante y cenicienta, cuando no directamente terrible. Tres actos para atrapar, conducir e impresionar a la audiencia; una artesanía devota para camuflar los trucos del oficio y disfrazar como maravilla asuntos que, vistos desde la tramoya, carecen del esplendor que lucen hacia la platea. Un perfecto resumen, en concreto, de la filmografía del cineasta británico, con Origen como ejemplo más evidente.

         Como El gran Danton que coprotagoniza la obra, Nolan sabe perfectamente cómo vestir esta historia de rivalidad y obsesión determinada por un trauma personal clásico -la pérdida y su reparación, esta vez mediante la venganza-, el cual introduce un componente sentimental que sitúa a la emoción como instintiva fuerza de conocimiento -una idea que se preconiza precisamente en Tenet para afrontar su enrevesamiento cuántico-. El antagonismo queda expuesto además como una manifestación constante de la dualidad de la fortuna -el triunfo y el fracaso, el pájaro que muere y el pájaro que sobrevive-, dentro de un conflicto se refuerza y completa simbólicamente -la magia y la ciencia, lo fabuloso y lo verdadero, la genialidad pura y la competición como sistema- a través del duelo paralelo entre Nikola Tesla y Thomas Alva Edison en su carrera de la electricidad, expresión de unos tiempos de asombros científicos constantes que, sin embargo, lleva a una incursión en el terreno de lo fantástico que ya es rizar el rizo.

Al igual que el show de los ilusionistas, este toma y daca entre ambos permite encadenar -a veces de manera forzada, como la suerte para ser escogido como mano inocente del truco del enemigo o la inclusión de Tesla en la trama- una sucesión de números que mantienen la atención y la intriga con un gran sentido del pulso. El montaje de la narración, con idas y venidas en el tiempo, no embarra el relato, sino que estimula, distribuyendo con cuidado la información, esa trayectoria ‘in crescendo’ hacia el cierre apoteósico del enfrentamiento y de la función.

         Sibilinos, los Nolan se guardan las espaldas frente a potenciales acusaciones de trilerismo. Tras pedir de primeras la completa atención del espectador, diseminan pistas que, una vez apagadas las luces sobre el escenario y repuestos de la experiencia, permiten constatar que la verdad estaba ahí, solo que, como nos habían advertido, estábamos embelesados con la ayudante del mago y no mirábamos en la dirección correcta.

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Nota IMDB: 8,5.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7,5.

El bosque animado

25 Sep

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Año: 1987.

Director: José Luis Cuerda.

Reparto: Alfredo Landa, Tito Valverde, Alejandra Grepi, Miguel Rellán, Fernando Rey, Encarna Paso, Laura Cisneros, José Esteban Alenda, Luma Gómez, Amparo Baró, Alicia Hermida, María Isbert, Paca Gabaldón, Manuel Alexandre, Luis Ciges, Antonio Gamero.

Tráiler

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          Galicia es probablemente una de las regiones españolas que más se presta a la proximidad a cierto realismo mágico, el cual conectaría con unas raíces paganas fuertemente vinculadas a una naturaleza exhuberante y a unos modos de vida rurales vinculados a ella; a una concepción de ‘terra meiga’ apreciada como elemento definidor del “sitio distinto”, como identidad propia en un mundo globalizado; pero también explotada desde el tópico amable e inocuo o incluso paternalista.

Sea como fuere, es una huella que puede apreciarse en la obra literaria de autores como Álvaro Cunqueiro o Wenceslao Fernández Flórez. En El bosque animado, este último plasmaba con sentido lírico, profunda ternura y melancólico humor ese sentimiento de un mundo que se agota, acorralado por el predatorio avance de la sociedad moderna. Las fragas de Cecebre se transformaban así en un microcosmos donde un grupo de personajes ponen en común sus quehaceres, preocupaciones y esperanzas cotidianos, participantes de un ciclo eterno donde la vida y la muerte se encuentran en fluida comunicación, con la naturaleza como hilo conductor.

          La adaptación de José Luis Cuerda y Rafael Azcona de El bosque animado comienza dedicándole varios minuto de metraje, en solemne y recogido tributo, al bosque atlántico que encuentra cerca del Cecebre original, en Sobrado dos Monxes. La localización, que ha de esmerarse en hallar un espacio libre de plantaciones de eucaliptos invasores, es en sí una muestra de estos apesadumbrados temores que, bajo la forma de un poste de la luz, expresaba Fernández Flórez, probablemente compartidos por dos cineastas de opuesto prisma político pero fuerte talante crítico contra los atropellos del mundo contemporáneo, algunos de ellos presentes en este rincón apartado en el que, como ocurre en todas partes, chocan los que se aprovechan contra los que solo les queda soñar -con la chica, con convertirse en un temible bandido capaz de asaltar la casa del cura, con dejar atrás el hambre-.

          Centrado el filme en los pasajes protagonizados por humanos, el cariño con el que el literato juntaba a sus personajes -casi nunca ejemplares- comparece aquí intacto, reforzado por el carisma que les imprimen actores como Alfredo Landa o Miguel Rellán. Y pueblan un escenario donde, dentro de esta atmósfera por momentos bucólica -el sol entre las ramas, el perenne canto de los pájaros- y misteriosa -la bruma que se extiende en las noches donde vagan las ánimas en pena-, las imágenes tampoco se recrean en un pintoresquismo de postal, una poesía de nostálgico sentimentalismo o un artificioso esoterismo folclórico, sino que todo está integrado con modesta, delicada y coherente naturalidad.

La escena del entierro, que es terrible pero a la vez dulce e incluso cómica, resume a la perfección el espíritu de esta obra y el complejo equilibrio que consigue el tono narrativo -cuyo camino, no obstante, es menos oscuro que a donde lo conducía el escritor-. No se comparte, por tanto, la mirada ignorante y espantada de las señoras de Madrid que buscan en la recóndita Galicia un remedio a sus problemas de nervios. Y esa misma naturalidad y coherencia se aprecia en la solidez y fluidez con la que Azcona condensa los relatos dentro de esa canción en la que se cantan las alegrías y las miserias de un rincón que es, a la par, particular y universal.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7,5.

Atrapado por su pasado

23 Sep

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Año: 1993.

Director: Brian de Palma.

Reparto: Al Pacino, Penelope Ann Miller, Sean Penn, James Rebhorn, John Leguizamo, Luis Guzmán, Joseph Siravo, Jorge Porcel, Frank Minucci, Viggo Mortensen, Ingrid Rogers, Jaime Sánchez, John Ortiz, Rick Aviles, Paul Mazursky.

Tráiler

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         Uno de los grandes temas del cine negro es esa noción de fatalismo, muchas veces ligada al influjo de la metrópoli como entorno opresivo y deshumanizador de la que es imposible desligarse, tanto personal -el abandono de la mala vida, la redención- como espacialmente -la huida de la ciudad-. Cinéfilo empedernido que adora hundirse en los códigos genéricos bien para rendirles tributo bien para remozarlos irónicamente, Brian de Palma asume esta idea para Atrapado por su pasado -retitulación española del Carlito’s Way original que lo explicita todavía más-, plasmándola a través de un comienzo in extremis que no solo pone las cartas sobre la mesa, sino que deja resuelta la partida sin posibilidad de enmienda. La gran baza de Atrapado por su pasado es hacer que esto no importe en absoluto. Que se olvide incluso. Que permanezca en trágico vilo la intriga sobre el destino de Carlito Brigante, que solo quiere que lo dejen en paz para alquilar coches en las Bahamas.

         La razón por la que De Palma consigue este objetivo es porque, a pesar de su adscripción en el thriller mafioso, el suspense de Atrapado por su pasado no es tanto criminal -que también, obviamente- como íntimo. Lo contrario, pues, a lo que ocurre en El precio del poder, a quien algunos, por su temática y por el carismático protagonismo de Al Pacino, consideran su antecesora espiritual -afirmación con la que discrepo-. La hiperexcitación de la una es la melancolía de la otra. Mientras que Tony Montana conquista a punta de pistola la cima del mundo, Carlito Brigante comparece arrastrado por una deriva de superviviente falsamente transformada en leyenda, peleando con uñas y dientes contra un entorno que condiciona, coarta y determina en buena medida sus opciones.

Es precisamente este errar mientras se trata de conducir el camino hacia el paraíso caribeño el que acumula una serie de incidentes que hostigan al protagonista, encadenándolo a ese sino funesto. No hay ascensos, Atrapado por su pasado es caída sobre caída. El código con el que Carlito intenta navegar estas turbulentas aguas es un mapa ya inservible después de sus cinco años en prisión, tras los que el barrio, la delincuencia y el país mismo se han tornado irreconocibles, haciendo de él un anacronismo caduco, lo que redobla la amenaza que se cierne en torno suyo y la vulnerabilidad que no logra contrarrestar el historial que le precede.

         En este contexto, la inmoral e inmisericorde violencia imperante en los alrededores de Carlito -que contaminan asimismo profesiones presuntamente respetables como la del abogado que encarna un Sean Penn con inusual cardado- contrasta con la emotividad y el romanticismo de las escenas románticas -la mirada cautiva bajo la lluvia, el encuentro en el apartamento-. Las contradicciones -la vieja escuela y el nuevo mundo; la voluntad de alejamiento de la delincuencia y la dependencia de las únicas vías de negocio que le están permitidos; las deudas y la liberación; Nueva York y las Bahamas; Kleinfeld y Gail- se van agolpando para acorralar y poner en jaque a Brigante.

Una angustia que reventará definitivamente en una persecución a pie por el East Harlem y la estación Grand Central que es un prodigio de habilidad en la dirección y de tensión narrativa. Allí donde había firmado un burdo homenaje en Los intocables de Eliot Ness, De Palma hace una demostración de talento rodando sin estridencias, con gusto clásico, al servicio del relato y de los personajes. Del sueño roto de Carlito, que solo quiere que lo dejen en paz para alquilar coches en las Bahamas.

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Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,9.

Nota del blog: 9.

Lirios de agua

21 Sep

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Año: 2007.

Directora: Céline Sciamma.

Reparto: Pauline Acquart, Adèle Haenel, Louise Blachère, Warren Jacquin.

Tráiler

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         La por ahora escueta carrera de Céline Sciamma, que reparte cuatro largometrajes a lo largo de una docena de años, muestra una coherencia en la exploración de la identidad sexual y de género entre mujeres por lo general jóvenes, es decir, en plena búsqueda de sí mismas. Lirios de agua, el filme con el que debutaba en 2007, traza por tanto las líneas maestras de esta trayectoria a través del relato de iniciación de una tímida preadolescente y su descubrimiento de la atraccion sexual de la mano de la díscola capitana de un equipo de natación sincronizada.

         Aunque la base argumental no es en absoluto novedosa, la cineasta francesa se hace fuerte a través del conocimiento y la sencilla verosimilitud con la que transmite el agitado interior de la apocada muchacha, que bulle en contraste con la hierática expresión de la actriz Pauline Acquart, protagonista de un drama aliviado en parte por el punto de vista que ofrece su mejor amiga, más extravagante pero también perfectamente creíble, más allá de constituir el tradicional recurso humorístico destinado a engrasar la empatía del espectador. Al fin y al cabo, la adolescencia es una comedia bufa, siempre que no nos toque el papel protagonista.

Sciamma confronta a Marie con el fin de la niñez y el comienzo de la juventud a través de su relación con el entorno -los dos equipos que actúan al comienzo, la actitud de su compañera de juegos, la admiración por su objeto de deseo…-, lo que se traduce asimismo en unas líneas de guión que, si bien las dirige hacia una interlocutora, en realidad se pueden aplicar a ella misma, desorientada en esta feria hormonal e identitaria. Dentro de este despiadado ecosistema en el que la directora y guionista suprime casi de raíz a los adultos -solo aparecen dos de forma significativa, y con unas intervenciones lamentables e incluso delictuosas-, y en el que ser medalla de plata también tiene tintes de derrota -tanto en el sentido competitivo como en el amoroso-, Lirios de agua desarrolla esa tensión que se establece entre el desesperado intento de satisfacer los deseos que dicta el interior con la conservación de la dignidad y de la fidelidad tanto hacia esa familia no elegida que son los amigos como hacia uno mismo.

         En este drama universal cuya explosividad natural está sabiamente contenida, Sciamma plasma con sobria autenticidad -lo que está ligado inevitablemente a sensaciones tan antipáticas como la frustración y la humillación- cuestiones íntimas como la desigualdad en las relaciones románticas -sobre todo en aquellas que implican un maestro y un aprendiz; un pretendido y un devoto- o la hiriente represión de los anhelos como mecanismo de autoprotección frente al todavía más trágico desengaño, así como otros asuntos de carácter social, caso de la presión estética y conductual -la depilación, tener pareja, satisfacerla y a la vez mantener la honra- que se agudizan de forma manifiesta en las féminas. Tirana y prisionera al mismo tiempo, la reina del baile siempre cumple con su rol.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 7.

La isla de las mentiras

18 Sep

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Año: 2020.

Directora: Paula Cons.

Reparto: Nerea Barros, Darío Grandinetti, Aitor Luna, Victoria Teijeiro, Ana Oca, María Costas, Milo Taboada, Javier Tolosa, Leyre Berrocal, Celso Bugallo.

Tráiler

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         De formación y orígenes profesionales en el periodismo, la incipiente trayectoria de Paula Cons como guionista, directora o desde el equipo de producción muestra una querencia a explorar la historia reciente -e incluso inmediata- de Galicia como contenido para sus proyectos, sean en formato documental, docudrama o ficción: la biografía de personalidades (Eduardo Barreiros, el Henry Ford español), el papel de la explotación del wolframio en la Segunda Guerra Mundial (Lobos sucios, La batalla desconocida) e incluso la crónica negra (El caso Diana Quer, 500 días). En coherencia con este recorrido, en La isla de las mentiras la coruñesa encuentra inspiración en el naufragio frente a la isla de Sálvora el 2 de enero de 1921 del buque correo de vapor Santa Isabel, en el que perdieron la vida 213 personas de las 268 que viajaban a bordo.

         Articulándolo desde el punto de vista -el de María Fernández Oujo, una de las cuatro mujeres condecoradas por su participación en el salvamento de las víctimas-, Cons encadena la tragedia náutica con la de las protagonistas isleñas hasta conformar una sola -el clasismo y la implacable depredación de los humildes, retrato de todo un país-. Para ello, las entreteje y retroalimenta mediante símbolos visuales -las luces de las antorchas, los apretones de manos, el calzado o la ausencia del mismo- y, en especial, por las contradicciones y turbulencias internas que dibujan el perfil de María -rebelde, testaruda e impetuosa, con unas miradas de una intensidad que roza lo obsesivo-. Está interpretada por una Nerea Barros cuya reconcentración, quizás un punto exagerada, en línea con algunas exigencias del tono que se le da a la historia -ese amor asilvestrado-, tampoco riñe por completo con la naturalidad y la esencia del personaje.

         Así pues, esta insinuada ambigüedad forma parte de la intriga -criminal, social e íntima- que se siembra sobre una isla dura, que recibe al espectador con un portentoso paisaje nublado, encerrado en rocas, barrido por el viento y el oleaje que aturden el oído, con un aura física y fantástica al mismo tiempo. Para dar consistencia a las tensiones que se entrecruzan en este grupo humano literalmente aislado, desconectado del mundo -la represión, la desconfianza, el fatalismo impreso en una existencia que es supervivencia-, La isla de las mentiras recurre a una atinada selección de cásting, con rostros curtidos y expresivos -otro elocuente paisaje-, que lleva a buen puerto el cuidado en la composición de caracteres y que tiene su cumbre en la estampa anacrónica de Victoria Teijeiro, un gran hallazgo.

En este entorno, el faro -con relevancia argumental y metafórica en la trama-, se erige por su estética y tecnología como un elemento tan desubicado como el maestro que lo ocupa mientras enseña a los lugareños conocimientos tan alejados de la realidad de la tierra -la fauna de la sabana africana- como lo está él mismo -su ignorancia y desorientación durante la organización del rescate-.

         Aunque en alguna ocasión el encadenado de planos no es del todo limpio, Cons sabe dosificar este suspense de múltiples aristas y termina resolviendo con relativa solvencia las estrecheces de la producción -la niebla como componente casi sobrenatural durante el socorro y del que surge un coro infernal, posteriormente replicado en otra de las rimas visuales que emplea la directora-, además de ofrecer imágenes de belleza pictórica como el abrazo final.

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Nota IMDB: 5,7.

Nota FilmAffinity: 5,8.

Nota del blog: 7.

El puente sobre el río Kwai

16 Sep

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Año: 1957.

Director: David Lean.

Reparto: William Holden, Alec Guinness, Sessue Hayakawa, Jack Hawkins, Geoffrey Horne, James Donald, André Morell, Ann Sears, Percy Herbert, Harold Goodwin, Keiichirô Katsumoto, M.R.B. Chakrabandhu, Vilaiwan Seeboonreaung, Ngamta Suphaphongs, Kannikar Dowklee, Javanart Punynchoti.

Tráiler

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         Un grupo de prisioneros entra en un campo de concetración japonés, perdido en mitad de una jungla infernal, en perfecta formación y silbando la Marcha del coronel Bogey que, desde su comienzo sin arreglos, termina resonando sinfónica mientras el coronel Nicholson permanece cuadrado frente a sus hombres. Hay un sentido de gloriosa dignidad marcial en un pelotón que se resiste a someterse moralmente al pérfido enemigo. Una batalla psicológica en la que el soldado del Imperio británico, haciendo gala de su estoica flema, debe demostrar al salvaje asiático de qué pasta está hecho. Una arrogancia que lanza su órdago definitivo al reemplazarlo en la construcción de un estratégico puente que comunique Bangkok y Rangún a través del ferrocarril.

El puente sobre el río Kwai no esconde la ironía con la que va deformando este reflejo heroico que, observado desde la suficiente altura -no por nada el filme concluye como se abría, a vuelo de pájaro sobre una selva sobrehumana-, se contempla trasnochado, racista y homicida. El mismo procedimiento se aplicará al mayor Warden, precisamente encargado, al frente de un pequeño destacamento de comandos, de volar toda la infraestructura junto con el convoy que prevé inaugurarla. Y, en su caso, esa desfiguración se produce desde su comportamiento obsesivo, que va adquiriendo tintes más oscuros y violentos a cada paso que da. Podría decirse que los paralelismos y diferencias entre ambos altos mandos son análogos a los que se trazan entre aquellos que, en contraposición, ejercen de brújulas morales del relato: el soldado estadounidense Shears, un buscavidas capaz de anteponer una cita con una muchacha a su deber militar, y el oficial médico que, sobrio y racional, admite no comprender los procederes de Nicholson, lo que se enfatizará con la idéntica réplica que, por su parte, este le dedica en los diálogos.

         El enfrentamiento dialéctico es una herramienta fundamental para establecer las posiciones de los personajes, en especial en ese duelo que libran Nicholson y su par en grado Saito, que concentrará gran parte de la fuerza dramática del filme. Las interpretaciones de Alec Guiness y Sessue Hayakawa aportan los perfectos matices para ir desarrollando la figura del primero como explotador y la del segundo como derrotado. En el clímax, David Lean lo muestra como un hombre cabizbajo que sigue al inglés en silenciosa sumisión, con el peso del harakiri sobre los hombros. Antes, la paz sobre el atardecer en el puente construido ya arrojaba sombras sobre los dos, igualados en esa sensación terminal que embarga el discurso del uno y la posición del otro. Visto el recorrido argumental y la situación histórica del momento, con los procesos de descolonización avanzados, quizás podría considerarse una imagen simbólica tanto de la defección del nacionalismo japonés como de la decadente soberbia imperial. Regresando a las actuaciones, en esta línea también destaca la de Jack Hawkins para dibujar la evolución monomaníaca de un personaje que, de primeras, aparecía afable ante el espectador.

         A diferencia de la novela de Pierre Boulle, adaptada en primera instancia por Carl Foreman y luego, tras las objeciones de Lean y el productor Sam Spiegel, reconducida por otro ‘black listed’, Michael Wilson -aunque ninguno de ellos sería acreditado por un guion que recibiría uno de los siete Óscar conquistados por la película-, la versión cinematográfica, que altera diametralmente el desenlace, redime en última instancia a los personajes -ya sea parcial o totalmente-, dejando hueco a una cierta ambigüedad que ya podía achacarse a esa amable vida del campamento de prisioneros o a algún toque triunfalista en las pequeñas victorias de Nicholson ante su oponente nipón. En cambio, el empleo de la música, a veces a contrapelo de lo que expresa la escena, contradice esta aparentemente honorable rigidez de los militares. Y, en especial, el laconismo con el que resuelve la violencia -bien fuera de plano, bien en un triste silencio- contagia de pesimismo la acción bélica más estricta que rematará en la locura, en el horror.

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Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,9.

Nota del blog: 7,5.

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