Atrapado por su pasado

23 Sep

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Año: 1993.

Director: Brian de Palma.

Reparto: Al Pacino, Penelope Ann Miller, Sean Penn, James Rebhorn, John Leguizamo, Luis Guzmán, Joseph Siravo, Jorge Porcel, Frank Minucci, Viggo Mortensen, Ingrid Rogers, Jaime Sánchez, John Ortiz, Rick Aviles, Paul Mazursky.

Tráiler

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         Uno de los grandes temas del cine negro es esa noción de fatalismo, muchas veces ligada al influjo de la metrópoli como entorno opresivo y deshumanizador de la que es imposible desligarse, tanto personal -el abandono de la mala vida, la redención- como espacialmente -la huida de la ciudad-. Cinéfilo empedernido que adora hundirse en los códigos genéricos bien para rendirles tributo bien para remozarlos irónicamente, Brian de Palma asume esta idea para Atrapado por su pasado -retitulación española del Carlito’s Way original que lo explicita todavía más-, plasmándola a través de un comienzo in extremis que no solo pone las cartas sobre la mesa, sino que deja resuelta la partida sin posibilidad de enmienda. La gran baza de Atrapado por su pasado es hacer que esto no importe en absoluto. Que se olvide incluso. Que permanezca en trágico vilo la intriga sobre el destino de Carlito Brigante, que solo quiere que lo dejen en paz para alquilar coches en las Bahamas.

         La razón por la que De Palma consigue este objetivo es porque, a pesar de su adscripción en el thriller mafioso, el suspense de Atrapado por su pasado no es tanto criminal -que también, obviamente- como íntimo. Lo contrario, pues, a lo que ocurre en El precio del poder, a quien algunos, por su temática y por el carismático protagonismo de Al Pacino, consideran su antecesora espiritual -afirmación con la que discrepo-. La hiperexcitación de la una es la melancolía de la otra. Mientras que Tony Montana conquista a punta de pistola la cima del mundo, Carlito Brigante comparece arrastrado por una deriva de superviviente falsamente transformada en leyenda, peleando con uñas y dientes contra un entorno que condiciona, coarta y determina en buena medida sus opciones.

Es precisamente este errar mientras se trata de conducir el camino hacia el paraíso caribeño el que acumula una serie de incidentes que hostigan al protagonista, encadenándolo a ese sino funesto. No hay ascensos, Atrapado por su pasado es caída sobre caída. El código con el que Carlito intenta navegar estas turbulentas aguas es un mapa ya inservible después de sus cinco años en prisión, tras los que el barrio, la delincuencia y el país mismo se han tornado irreconocibles, haciendo de él un anacronismo caduco, lo que redobla la amenaza que se cierne en torno suyo y la vulnerabilidad que no logra contrarrestar el historial que le precede.

         En este contexto, la inmoral e inmisericorde violencia imperante en los alrededores de Carlito -que contaminan asimismo profesiones presuntamente respetables como la del abogado que encarna un Sean Penn con inusual cardado- contrasta con la emotividad y el romanticismo de las escenas románticas -la mirada cautiva bajo la lluvia, el encuentro en el apartamento-. Las contradicciones -la vieja escuela y el nuevo mundo; la voluntad de alejamiento de la delincuencia y la dependencia de las únicas vías de negocio que le están permitidos; las deudas y la liberación; Nueva York y las Bahamas; Kleinfeld y Gail- se van agolpando para acorralar y poner en jaque a Brigante.

Una angustia que reventará definitivamente en una persecución a pie por el East Harlem y la estación Grand Central que es un prodigio de habilidad en la dirección y de tensión narrativa. Allí donde había firmado un burdo homenaje en Los intocables de Eliot Ness, De Palma hace una demostración de talento rodando sin estridencias, con gusto clásico, al servicio del relato y de los personajes. Del sueño roto de Carlito, que solo quiere que lo dejen en paz para alquilar coches en las Bahamas.

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Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,9.

Nota del blog: 9.

4 comentarios para “Atrapado por su pasado”

  1. Hildy Johnson 23 septiembre, 2020 a 21:02 #

    ¡Mi querido crítico abúlico, Atrapado por su pasado es una película que amo! Cómo me impactó la primera vez que la vi y cómo la disfruto cada vez que vuelvo a verla.
    Así que he disfrutado un montón con tu texto, descubriendo tu mirada.
    Por mi parte, no solo se me han quedado muchísimas imágenes grabadas, sino que es inevitable para mí escuchar: “You are so beautiful” de Joe Cocker y no acordarme de esta película.
    Te diré que siento mucho cariño por el cine de Brian de Palma, y en parte esta película tiene la culpa.

    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 25 septiembre, 2020 a 14:18 #

      Te diré que siempre me ha parecido una peli muy romántica y que precisamente ese es el principal factor de la intriga, que es más dramática que criminal. Y, precisamente por esta película, no le tengo gran cariño al cine de De Palma. En general, el resto se queda muy lejos de esta película.
      ¡Besos, Hildy!

  2. Deckard 30 septiembre, 2020 a 23:20 #

    Efectivamente, la comparación de esta película con “El precio del poder” no se sostiene de ninguna manera. Ambas tan solo coinciden en la presencia de Al Pacino y en el hecho de que ambos títulos hacen retratos de mafias americanas. Y ahí se acaban las similitudes. Dramáticamente no tienen nada que ver. No acabo de entender la fama de esta versión de “Scarface” que a mi me parece de un trazo grueso absolutamente insoportable. Tiene valores a destacar como la presencia de Michelle Pfeiffer, Mary Elizabeth Mastrantonio, Pacino, F. Murray Abraham y Steven Bauer, pero toda ella me parece como un violín que desafina en una orquesta que se supone que está interpretando una gran sinfonía. Sin duda es una obra que es icónica en el cine de los 80, pero más por aspectos coyunturales que esenciales. Por ejemplo, está claro que la vestimenta de todos los personajes y esos grandes colgantes que llevaban todos influyó notablemente en todos los artistas del “rap gangster” de aquella época y de parte de los 90, pero para mi ese es un factor que escapa totalmente a sus valores cinematográficos, que a mi juicio se revelan como escasos y efectistas.

    Muy diferente, en efecto, es “Atrapado por su pasado.” Y lo es porque su sustrato dramático se sustenta en un tema esencial y universal que todos podemos percibir como una inquietud muy reconocible: el afán de redención. Todos hemos experimentado en alguna ocasión la necesidad de reciclarnos, de dejar atrás errores pasados y de tratar de enmendarlos para afrontar de mejor manera el futuro. En el caso de los delincuentes eso no solo es una vaga quimera, sino que se erige en una necesidad vital y urgente para salir adelante, porque siempre hay un antes y un después. Los exconvictos saben lo que hay al otro lado, y están deseosos de redimirse porque piensan que una vida mejor es posible, aunque en el fondo quizás no lo sea ni para ellos ni para casi nadie más, salvo un golpe afortunado del azar. Pero eso es lo que engancha, sin lugar a dudas, a la mayoría de los espectadores: la expresión de un sentimiento claramente reconocible.

    Y De Palma, quizás siguiendo un guión que le ata en corto, en esta ocasión deja de lado sus efectismos habituales y afronta la historia con una sobriedad no siempre típica de él. Por supuesto que siempre hay sitio para su virtuosismo estético, como en esa extraordinaria secuencia final en la estación, pero en este caso, esa planificación técnica tiene un claro interés funcional para ayudar a avanzar a la narración, y está integrada en la historia de una manera nada gratuita. Ese fatalismo shakesperiano en el que se ve envuelto Carlito Brigante enraiza con la mejor tradición de las eternas y ancestrales narraciones tradicionales occidentales desde la tragedia griega. El final (que no desvelaremos aquí) se puede interpretar como una catársis redentora de Carlito y al mismo tiempo en clave judeocristiana: Carlito vendría a pagar por todos sus pecados, pero su esfuerzo habría valido la pena porque en una bella epifanía final, se podría interpretar que habría alcanzado su objetivo, habiendo llegado al paraíso en compañía de su persona amada.

    Por lo general, “Atrapado por su pasado” es una película que me gusta bastante, aunque no la considero redonda. A mi juicio, la manera en la que está enfocado el personaje del abogado interpretado por Sean Penn, con ese pelo cardado demasiado chillón, y con una sobreactuación demasiado histriónica, a mi personalmente me saca un poco de la película. Porque el tono estético y narrativo de casi toda la historia es elegíaco, preñado de una suave tristeza derrotista que nos anima a creer en el proyecto de vida futura de Carlito, aunque en el fondo sepamos que va a ser imposible. Pero cuando sale Sean Penn, todo se vuelve histérico y estridente. En definitiva, parecen escenas salidas de otra película.

    Pero por lo demás, yo también animo a quien no la haya visto a que le eche un vistazo, porque creo que es un drama con todos los ingredientes del clasicismo, que deja un gusto de cine de calidad, solo apto para buenos paladares.

    Nada más.

    Un saludo.

    • elcriticoabulico 2 octubre, 2020 a 12:49 #

      Efectivamente, lo que me irrita de una se contrapone a lo que aprecio de la otra. Ese fatalismo de macarradas, violencia y balaceras queda sustituido por un drama muy emocionante, con mucho sentimiento, en la que esos aprietos mafiosos suponen un aderezo picante y sabroso. Ni siquiera me parece mal que ese exceso criminal lo encarne… un abogado.
      Un saludo, Deckard.

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