Tag Archives: Sátira

Claire’s Camera

17 Nov

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Año: 2017.

Director: Hong Sang-soo.

Reparto: Kim Min-hee, Jun Jin-young, Chang Min-hee, Isabelle Huppert.

Tráiler

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           Hong Sang-soo parece uno de esos cineastas que filma porque vive y vive porque filma. De obra con gran contenido metaficcional e inspiración autobiográfica, en La caméra de Claire el realizador surcoreano aprovecha su paso por la edición de 2016 del festival de Cannes para rodar un coqueto divertimento -apenas 70 minutos de duración, estrenado de manera prácticamente simultánea con The Day After y En la playa sola de noche– en el que aborda, con agradable sencillez e ironía, las vivencias de la empleada de una empresa de distribución de películas, su jefa, el director de cine con el que conforman un triángulo amoroso y, como elemento disruptivo que introduce un simpático toque de misterio en la trama, una profesora parisina de visita en la ciudad, cámara Polaroid en ristre.

           Con estos mimbres, de nuevo ambientados en un universo metacinematográfico, Hong trenza una historia en la que afloran elementos personales como su relación con la joven actriz Kim Min-hee -a la sazón protagonista-, la cual inserta en un retrato satírico de los caprichos románticos, entre inseguros, egoístas e hipócritas, del artista y, por extensión, de la tesitura de la mujer en una sociedad de arraigado componente machista. A ello se unen pequeñas chanzas en el juego entre la realidad exterior y la ficción interna, como esa “primera vez” de Isabelle Huppert en Cannes.

           Son elementos que se conjugan perfectamente con ese estilo entre naif y juguetón que se aprecia en muchas producciones de Hong, en las que la realidad -las situaciones cotidianas, el escenario a pie de calle invadido por la actividad urbana en curso- queda teatralizada desde una aproximación con un aire engañosamente ingenuo -los zooms notorios, la interpretación de los actores, los encuentros de los personajes y la forma en la que se expresan sus sentimientos-.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,3. 

Nota del blog: 7.

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El profesor chiflado

23 Oct

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Año: 1963.

Director: Jerry Lewis.

Reparto: Jerry Lewis, Stella Stevens, Del Moore, Kathleen Freeman, Med Flory, Howard Morris, Elvia Allman, Buddy Lester.

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         El profesor chiflado es la síntesis del deseo del nerd, del inadaptado, del perdedor. Esto es, la realización romántica en un mundo en el que el atractivo físico se encuentre relegado como un factor secundario respecto de otras virtudes y habilidades -a no ser que seas mujer, claro: aquí Stella Stevens, que había sido portada de Playboy-. La fórmula mágica que destila el protagonista ejerce sobre el fracasado común una transformación semejante a la de Clark Kent: no hay más que desprenderse de las gafas, lucir un peinado arrogante, mudar de vestuario y corregir el lenguaje corporal para pasar de ser un don nadie a un, a priori, auténtico superhéroe. Por encima de cualquier consideración, el genio intelectual también busca completar su vida a través de la conquista sexual.

         El profesor chiflado es también la quintaesencia del cine de Jerry Lewis en su papel de niño-hombre y agente involuntario del caos que, milagrosamente, supera sus trabas amorosas innatas para llevarse a la chica tradicionalmente destinada al héroe impecable. El argumento del filme se percibe no tan episódico como en obras precedentes -en las que parecía dirigir una serie de sketches más o menos encadenados- y un tanto más desarrollado y coherente en lo narrativo. A través de una relectura del clásico El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde -máximo exponente de la dualidad que anida el ser humano-, Lewis satiriza los tópicos del cortejo humano y las imposiciones del machismo idealizado que están presentes en la sociedad, encarnadas aquí por el despreciable Buddy Love, el macho alfa absoluto que se esconde detrás del pusilánime -y enamoradizamente salaz, tampoco hay que olvidarlo- profesor Julius Kelp.

La transformación en monstruo puede producirse bajo múltiples formas.

         El contraste entre ambas figuras, mamada entre la asunción de su propio tópico y de la observación de sus contrapartidas artísticas de antaño –Dean Martin, por ejemplo- le sirve a Lewis para desplegar su característico festival de humor físico, que se combina además con otros gags que juegan con el lenguaje cinematográfico y un inesperado, elaborado y surrealista sentido del absurdo, demostración del conocimiento y la creatividad del cómico en sus funciones de director.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7.

El nuevo Nuevo Testamento

22 Sep

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Año: 2015.

Director: Jaco Van Dormael.

Reparto: Pili GroyneBenoît Poelvoorde, Catherine Deneuve, François Damiens, Yolande Moreau, Laura Verlinden, Serge Larivière, Didier De Neck, Marco Lorenzini, Romain Gelin, Anna Tenta, David Murgia.

Tráiler

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         Bajo la rotunda línea de “Dios existe y vive en Bruselas” se presenta al espectador El nuevo Nuevo Testamento, punto de partida que le sirve además para establecer el clásico juego satírico-desmitificador entre un concepto grave y trascendental -la deidad- y otro cotidiano y desmitificador -una Bruselas anodina y de tebeo al mismo tiempo-. En efecto, el filme comienza apostando fuerte por esta baza, mostrando a un Todopoderoso (Benoît Poelvoorde) mezquino e infantil, bellaco hasta consecuencias extremas -el sadismo sanguinolento, los apuntes pederastas-, que rige las circunstancias y el destino de sus criaturas desde una antigualla de ordenador con el que perpetra toda clase de fastidios.

Frente a él se opone su hija pequeña, Ea (Pili Groyne), aspirante a Mesías salvador a imagen y semejanza de su hermano Jesucristo o ‘J.C.’, como un Prometeo que acude al rescate del desvalido ser humano no con el fuego, sino con su sanación emocional, pues estas son las necesidades del hombre postcontemporáneo.

         Facilona aunque resultona en su tendencia paródica inicial -destaca, como durante el resto del metraje, el aspecto y la capacidad de Poelvoorde para cagarse en Dios-, El nuevo Nuevo Testamento se adentra a continuación en la misión redentora de la pequeña Ea, para lo que se ubican a tal efecto seis apóstoles que han de “hablar sobre ellos mismos” en el evangelio por escribir. Es decir, que han de concentrar y exponer los males afectivos que laceran a la humanidad -la soledad, esencialmente-.

A través de ellos, la obra prolonga la reflexión sobre los caminos de la vida y la muerte que Jaco Van Dormael ya había ensayado en Las vidas posibles de Mr. Nobody. La ambición de aquella está más atenuada en la presente, y la irregularidad de los resultados también es un tanto menor, si bien se produce reiteración en las ideas y el tercio final muestra ya cierta fatiga imaginativa.

         Aparte de alusiones a propósito de la religión como emanación directa del miedo y la desesperación -la muerte inexorable pero imprevisible- y de la necesidad de un flexible y cálido toque femenino a la cosmovisión de la existencia, el discurso de El nuevo Nuevo Testamento no es que diga gran cosa al respecto de estas grandes cuestiones o sea demasiado complejo en su reflexión, pero lo que manifiesta lo hace con sentimiento, frescura y creatividad visual.

La mirada inocente que emplea, en la que se combina un tono narrativo con apuntes humorísticos predominantemente naif aunque con desconcertantes insertos de crueldad casi grandgignolesca, sumados al barroquismo visual con el que se plasman las figuraciones mentales de los personajes -incluidas autocitas a su filmografía precedente, como El octavo día o Kiss and Cry-, recuerda al estilo de Jean-Pierre Jeunet, creador de la popularísima Amelie -ora adorada, ora despreciada-, que es otra forma de ‘feel-good movie’ de iluminación dorada, colorismo en tonos pastel y Yolande Moreau en el reparto.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 6,5.

Máquina de guerra

20 Sep

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Año: 2017.

Director: David Michôd.

Reparto: Brad Pitt, Anthony Hayes, John Magaro, Anthony Michael Hall, Emory Cohen, Topher Grace, Daniel Betts, Aymen Handouchi, RJ Cyler, Alan Ruck, Nicholas Jones, Will Poulter, Lakeith Stanfield, Scoot McNairy, Meg Tilly, Ben Kingsley, Griffin Dunne, Tilda Swinton, Russell Crowe.

Tráiler

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         La dualidad del cine. Desde ¡Armas al hombro! del genio Charles Chaplin, el séptimo arte lleva clamando contra el absurdo de la guerra a la vez que otras producciones ensalzan la épica del servicio a la patria, exaltan la emoción del combate en este u otros tiempos, o perpetran propaganda belicista directa o indirecta. Patton, por ejemplo, puede pasar bien como un retrato comprensivo y veladamente satírico de un alto mando anacrónico y pintoresco, o bien por una reconstrucción de la Segunda Guerra Mundial fascinada por la cosmovisión y el punto de vista de ese personaje, un poeta-guerrero homérico. Valga como dato que, al parecer, Richard Nixon encontró inspiración en el biopic para decidir el refuerzo de la ofensiva estadounidense en Vietnam

         Inspirado por el megalómano y lenguaraz general Stanley McChrystal, el general Glen McMahon de Máquina de guerra (Brad Pitt, puro y excesivo cartoon) juega a ser George Patton en una Guerra de Afganistán tan ridícula como insalvable. El filme se basa en el libro The Operators, de Michael Hastings, y su lectura del contexto marcial en suelo afgano, así como de los resortes que accionan la política internacional de los Estados Unidos -especialmente en su faceta bélica-, no es en absoluto ambigua, sino denodadamente crítica. La primera imagen del país norteamericano lo encuadra en la cara oscura del planeta, a lo que le sigue un plano de un váter. Sin embargo, un tanto roma en su expresión visual y entumecida en el tempo cómico, el principal potencial argumentativo de la película proviene del discurso, esencialmente de la extensa voz en off.

         De este modo, Máquina de guerra arroja violentas andanadas contra la misión estadounidense en Afganistán y, por extensión, contra su presunta lucha frente a la amenaza terrorista global, la dicotomía que, desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, sustituye a la caduca polarización global de la ya agotada Guerra Fría en este cuento de nunca acabar. Pero inserta estas interesantes y pertinentes reflexiones dentro de una obra con una poco lograda vis cómica y descompensada en la construcción del hilo argumental, en los tiempos narrativos de la misma y en el empleo de los personajes, con una galería de secundarios bastante difusos en comparación con la presencia invasiva de McMahon.

Las encomiables intenciones del director y guionista, el australiano David Michôd, se ven mermadas por este desequilibrio de base, que ralentiza demasiado el despliegue ofensivo, ralentiza el ataque y rebaja su efectividad corrosiva, aquella que detrás del humor debería dejar vislumbrar el perturbador horror.

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Nota IMDB: 6,1.

Nota FilmAffinity: 5,1.

Nota del blog: 6.

Rufufú

18 Sep

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Año: 1958.

Director: Mario Monicelli.

Reparto: Vittorio Gassman, Carlo Pisacane, Renato Salvatori, Tiberio Murgia, Marcello Mastroianni, Memmo Carotenuto, Rossana Rory, Carla Gravina, Claudia Cardinale, Totó.

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          La gravedad del drama goza de una reverencia que, en cambio, le es esquiva a la comedia. Y, a pesar de alguna crítica que la acusa de rebajar el pundonor moral y combativo del neorrealismo entonces agonizante, la commedia all’italiana también supo, al igual que la anterior, diseccionar el cuerpo de la Italia de posguerra, aparentemente relanzada por el milagro económico o en visos de serlo, y eviscerar todos los tumores sociales que aún escondía bajo la piel. En ocasiones con una ferocidad inusitada, por mucho que contrariase el ruido de las carcajadas.

          Mario Monicelli fue el cirujano jefe de esta corriente en la cual la caricatura costumbrista deformaba, para hacer más visibles, las injusticias subyacentes en un país donde la miseria persistía a pesar de todo signo de recuperación. Como evidencia el carpantesco viejecito Capannelle, siempre con un bocadillo en la mano o en pos de él, Rufufú -infame retitulación paródica del original I soliti ignoti, algo así como “Los desconocidos habituales”- es una comedia sobre el hambre. Sobre gente hambrienta que lucha con las armas de las que dispone -la picaresca mediterránea, como se manifestará en ecos posteriores como la española Atraco a las tres– para tratar de torcer a su favor un sistema corrupto en su desigualdad consustancial.

          El problema es que, además de jugar en inferiores condiciones, los actos de estos “héroes”, como irónicamente los ensalzan los intertítulos -que añaden a la narración una reminiscencia chaplinesca, herencia de otro cómico del hambre-, son tan mezquinos y reprobables como los de la estructura de poder social contra la que combaten. Solo les libra de mayores responsabilidades la pizca de ingenuidad que se entrevé en sus actos y, sobre todo, la constatación de que, contra la delincuencia de Estado, no poseen ni pueden poseer una alternativa a la pequeña delincuencia -las mejores guarderías que se encuentran en los penales, el latrocinio como salida laboral colectiva-, del mismo modo que se tiene la certeza de que su condición de perdedor es insalvable, puesto que los trucos y trampas del status quo -aparte de la crueldad implacable de sus procedimientos- superan en mucho sus capacidades personales.

Su rebeldía desesperada, trabada por las limitaciones de su habilidad natural, solo les alcanza para trabajar deslomándose como burros. De ahí la mirada entrañable con la que se percibe su torpeza coeniana e hilarante, la conciencia de clase que se despierta ante sus padecimientos, los ánimos resignados que suscita su empresa sisífica.

          Monicelli narra directo, conciso y cortante, sin insensibilidad ni sentimentalismos, con el tempo humorístico engrasado como si se tratase del mismo thriller del que se apropia y elevado por la labor de los grandes nombres de la escena italiana: Gassman, Mastroiani, Totò… Solo las imitaciones posteriores, que beben compulsivamente de sus fuentes, mellan las afiladas aristas de su penetrante humor.

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Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,9.

Nota del blog: 8.

Guantanamera

25 Ago

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Año: 1995.

Director: Tomás Gutiérrez Alea, Juan Carlos Tabío.

Reparto: Mirta Ibarra, Jorge Perugorría, Carlos Cruz, Raúl Eguren, Pedro Fernández, Luis Alberto García, Conchita Brando.

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          Considerado uno de los grandes cineastas e intelectuales cubanos, con la realidad de la isla caribeña como innegociable fuente de inspiración de su obra, Tomás Gutiérrez Alea se despedía del séptimo arte, antes de fallecer de cáncer a los 67 años, con una película en la que, precisa y conscientemente, la muerte ejerce como eje gravitacional. 

La muerte como punto a partir del cual construir una punzante sátira acerca de la caducidad inexorable de todo, hasta de los mismos sueños idealistas -de la revolución tornada en gerontocracia inmovilista-, y del ansia de burocratizar asuntos fuera de todo control humano o político -una de las constantes críticas de su filmografía, la corrupción del espíritu revolucionario en kafkiana tiranía funcionarial-. Cuestiones frente a las cuales se contrapone la necesidad humana de satisfacer las emociones y sus anhelos íntimos.

Los paralelismos con una película de su juventud, Muerte de un burócrata, son evidentes y permiten trazar una línea de coherencia en el corpus del director y guionista, así como una crónica desencantada de la evolución política del país -o mejor dicho, no evolución o incluso involución-.

          Como en la precedente Fresa y chocolate, Gutiérrez Alea, postrado por la enfermedad, se verá obligado a acudir a su amigo Juan Carlos Tabío para concluir la producción. Organizada a modo de delirante road movie, en la que un matrimonio y un viejo enamorado de la difunta han de transportar su cadáver desde Guantánamo a La Habana con el caótico y deficitario sistema funerario cubano, Guantanamera juega con la oposición entre Adolfo, funcionario caído en desgracia que pretende recobrar su prestigio conquistando en este macabro terreno uno de esos récords propagandísticos de producción adorados por el régimen; su mujer, Georgina, economista librepensadora, y el anciano músico Cándido, a quien en la vida solo le queda el afecto inmediato y el recuerdo pasado.

Se trata, en definitiva, de un conflicto entre el materialismo cerril y el humanismo que, desde la actualidad, pueden trasladarse también a las premisas del austericidio neoliberal marcado como hoja de ruta por Occidente tras la crisis económica de 2008, lo que consolida la falta de sectarismo de Gutiérrez Alea y redobla el pesimismo de las conclusiones de la cinta.

          La calidez del tono del relato no resta persistencia ni acidez a los ataques paródicos al castrismo decadente, explicitados definitivamente con la relación, voz en off, de una elocuente leyenda yoruba acerca de la planificación envejecida y la renovación imprescindible.

La construcción satírica es rica, exhaustiva y por lo general está concebida con inteligencia y resuelta con elegancia, aunque quizás las situaciones resulten un tanto repetitivas a medida que se avanza en la odisea. Se encuentra acompañada de un agradable costumbrismo como buen complemento cómico y la narración posee un estilo conciso y ágil, preciso en el empleo de las elipsis y sucinto en la presentación de personajes, los cuales funcionan con naturalidad a pesar del molde estereotipado, equiparable a las apropiaciones cómicas y sentimentales del neorrealismo firmadas por Vittorio de Sica y sus guionistas de cabecera.

          Incluso en terrenos manifiestamente más tópicos o ingenuos, como los de la frustración personal y la realización emocional -entendida no obstante como parte indisociable del discurso político de la película-, Gutiérrez Alea admite la artificiosidad ‘telenovelística’ de su concepción y, en ocasiones, logra hábilmente redireccionarla de nuevo hacia la crítica del sistema y sus creaciones propagandísticas, como los omnipresentes murales o el adoctrinamiento del denominado comunismo científico.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 7.

A Swedish Love Story

21 Jul

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Año: 1970.

Director: Roy Andersson.

Reparto: Rolf Sohlman, Ann-Sofie Kylin, Bertil Nörstrom, Margreth Weivers, Lennart Tellfeit, Maud Backéus, Anita Lindblom, Lennart Tollén, Björn Andrésen.

Tráiler

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          Admirador del Gordo y el Flaco y de Luis Buñuel, rastreador de la pintura en busca de inspiración y comparado con Ingmar Bergman en su introspección existencialista, aunque filtrada en esta ocasión desde el humor patético y estoico del slapstick de Buster Keaton, que a su vez se traduce al celuloide con la parquedad rítmica de Alain Resnais y el transitar hacia la nada del teatro del absurdo. Roy Andersson es un especimen único del cine que irrumpió en el largometraje con A Swedish Love Story, una película engañosamente realista. Esto es, dentro del clasicismo de su argumento -el romance de una pareja de adolescentes que escapan de la opresión del mundo adulto a través del amor- se percibe ya la visita del insólito universo -triste y lánguido hasta la caricatura abstracta, si bien extrañamente humano, tierno, cómico y hasta tenuemente optimista- que se irá configurando y consolidando en su obra posterior, donde apenas figuran otros cuatro largos y un puñado de cortos.

          A Swedish Love Story narra con calidez y emoción este rito de paso, universal y reconocible a lo largo del desarrollo del cortejo y del idilio juvenil. Pero, en definitiva, lo inserta en el marco de una fallida sociedad sueca donde los adultos ejercen como auténticas criaturas inmaduras e incompletas. Caprichosos, frustrados, cínicos, crueles, incapaces de aguantarse a sí mismos, estos oponen una claustrofóbica barrera de niebla frente a los rayos de luminosidad, a las promesas de esperanza, que Pär y Annika encuentran en un amor sincero y cándido, presente e inmediato, durante el cual, gracias a que la corrupción espiritual de la madurez aún no ha hecho mella en ellos, ni siquiera poseen las artimañas suficientes para imitar los juegos de humillación y desprecio de sus progenitores. El carácter rebelde, genuino y soleado del romance, y la belleza sensible, cotidiana y natural de sus fotogramas, parece conectar incluso con otros amantes proscritos como los de Malas tierras -tres años posterior-, marginales en un mundo deshumanizado y desnaturalizado que no puede comprender ya, ni transigir, con la pureza y la intensidad de sus sentimientos.

         No obstante, el avance de la miseria adulta en el último tercio del filme no es menos interesante, por lo desconcertante de esta expresión insospechadamente satírica de un entorno terrible en su mezquindad, su violencia -moral y física- y su ridiculez.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7.

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