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La cosa (El enigma de otro mundo)

8 Jul

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Año: 1982.

Director: John Carpenter.

Reparto: Kurt Russell, Wilford Brimley, Keith David, David Clennon, Richad Dysart, Donald Moffat, Richard Masur, T.K. Carter, Charles Hallahan, Peter Maloney, Joel Polis, Thomas G. Waites.

Tráiler

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         La cosa es una muestra de pasión que John Carpenter rinde a una de las películas fundamentales de su cinefilia, El enigma de otro mundo, producida -y según algunos filmada- por uno de sus grandes ídolos del cine, Howard Hawks. Aunque en realidad, La cosa puede verse como una nueva e independiente aproximación a la novela corta ¿Quién anda ahí? de John W. Campbell, punto de origen de todo esto. Aparte de prescindir de presencia femenina en el reparto de acuerdo con el texto primigenio, la razón es que, gracias a las posibilidades técnicas que proporcionaba una holgada producción, el extraterrestre que amenaza al personal de una base científica del Antártico asume su naturaleza de mutante cambia-formas, lo que añade un inquietante factor de intriga al sembrar la confusión entre quiénes forman parte del bando de los buenos y quiénes forman parte, literalmente, de un monstruo que expande su poder asimilando organismos ajenos, introduciéndose en ellos y apropiándose de su materia. Un ladrón de cuerpos, como en otra de las cintas capitales del terror de los años cincuenta y la Guerra Fría.

         La cosa es cine de terror en los tiempos del virus del Sida, en los que la corrupción y destrucción de la carne se extiende por el mundo bajo la sospecha de que, en la oscuridad y la soledad de la alcoba, cualquiera puede transmitir el agente infeccioso y fatal. También es cine de terror en los tiempos de Alien, el octavo pasajero. Hay un concepto semejante en el escenario, que se fundamenta sobre el aislamiento irreparable de las víctimas potenciales. En la Antártida nadie puede escuchar tus gritos. No es muy diferente tampoco de lo que ocurrirá poco después en las inexpugnables selvas que habita el alienígena de Depredador. Aunque, a decir verdad, coincide con numerosos de los planteamientos presentes en la filmografía de Carpenter, con un grupo que ha de resistir el asedio.

De este modo, buena parte de la tensión del filme nace de que, para sobrevivir, y a pesar de que no son gente preparada para ello -ni siquiera el militar que protege la expedición, que acostumbra a permanecer cobijado o que dimite de sus funciones en cuanto el asunto se pone feo-, el contingente se encuentra ineludiblemente obligado a enfrentarse contrarreloj a una amenaza desconocida que lo supera en mucho en capacidad homicida. Con el rotundo añadido de esa paranoia que abarca tanto a los personajes como al propio espectador -a merced siempre de descubrir demasiado tarde al agresor-, extremada por el hecho de que el escondrijo de la bestia puede ser cualquier carcasa de apariencia humana.

         El montaje, los planos y las elipsis contribuyen a impulsar estos picos de desconfianza, inquietud y pavor, en juego con otros instantes de calma desazonada. El filme se abre desde el contraste entre una aparente naturalidad destrozada por la enajenación y la locura -el helicóptero que acosa y dispara contra un hermoso husky en la inmensidad nevada-, asentando los cimientos del desconcierto. A partir de ahí, los crescendos se van puntuando de forma constante, a medida que se manifiesta una violencia que los trabajados efectos especiales convierten en especialmente repulsiva.

El aspecto físico del terror es importante en La cosa. Las masas amorfas y sanguinolentas, las formas inaprensibles y pesadillescas, la crueldad que desgarra y descompone. El impacto psicológico muta hacia el impacto visual por medio de una desasosegante evisceración de la violencia, fronteriza con el gore en su grafismo. La combinación, no obstante, no es efectista, sino que es complementaria. No está al servicio de sí misma, del lucimiento para epatar desde una exhibición visual, sino que se pone siempre al servicio de una narración con conceptos sucintos pero sólidos, al igual que unos individuos a los que Carpenter, con su sabiduría de cineasta curtido en una rebelde y autónoma la serie B, consigue dar cuerpo con un par de pinceladas seguras.

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Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 8.

El enigma de otro mundo

19 Jun

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Año: 1951.

Director: Christian Nyby.

Reparto: Kenneth Tobey, Robert Cornthwaite, Margaret Sheridan, Douglas Spencer, James Young, Dewey Martin, Robert Nichols, William Self, Eduard Franz, Sally Creighton, James Arness.

Filme

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        Uno de los cineastas más versátiles de la historia, Howard Hawks, estrenaría su propia productora, Winchester Pictures Corporation, con un género, el terror, que no tocará jamás acreditado como director. Y aun así, dejará una profunda huella en él, llevando las riendas -y según numerosas voces rodándola de forma efectiva- de una película que, posteriormente, otros realizadores, como Ridley Scott -que toma su base para Alien, el octavo pasajero– o John Carpenter -quien ya la guiñaba en La noche de Halloween y que llevará a cabo un remake de la obra- reconocerán como una de las influencias clave en sus carreras cinematográficas.

        El enigma de otro mundo no deja de ser una producción de serie B construida sobre los cimientos habituales del subgénero de invasiones extraterrestres de los años cincuenta, de probada popularidad. Así, en el sustrato de su historia confluyen, disfrazados, los grandes miedos que en aquel periodo estaban empujando a los Estados Unidos al ‘red scare‘, es decir, la tensión antisoviética en el volcánico nacimiento de la Guerra Fría y la desconfianza hacia la ciencia que había engendrado la inquietante era del átomo. El invasor y sus aliados encubiertos.

        Con las limitaciones naturales de este tipo de proyectos, El enigma de otro mundo consigue destacar en su hábil dosificación de la amenaza y la consecuente intriga, al mismo tiempo que se agradece la atención que le presta a la composición de los personajes y de sus relaciones. Destaca en este aspecto el empleo del humor para perfilar la personalidad del líder militar, sus subalternos y la chica, si bien comparece asimismo, de forma inusual, en la definición del monstruo, al que se tacha socarronamente de “zanahoria gigante” -las ‘impersonales’ formas vegetales, por cierto, cobrarán similar protagonismo en otra de las cintas fundacionales de la época, La invasión de los ladrones de cuerpos-. Este detalle, aunque nimio, permite rebajar la seriedad que se le pueda atribuir a una criatura cuya caracterización sufre, inevitablemente, el inclemente paso de las décadas.

Quizás no estén desatinados los rumores que apuntaban a que Hawks había recurrido a dos insignes amigos, Ben Hecht y William Faulkner, para darle alguna que otra solución al guion que contiene un relato que termina ajustándose a unas variables gratas al cineasta -cierto sentido de la camaradería grupal, el aguijonazo del peligro, la inquieta calma que marca la espera en el asedio-. El ritmo narrativo también muestra constantes hawksianas y deja tras de sí escenas aún de impacto como, por ejemplo, el ataque con fuego en el dormitorio.

        La Winchester Pictures Corporation solo estrenará otra película más: Río de sangre, esta sí firmada por Hawks desde la silla de director y con una mezcolanza de western y aventuras más característica del autor.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 7.

En busca del fuego

13 May

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Año: 1981.

Director: Jean-Jacques Annaud.

Reparto: Everett McGill, Rae Dawn Chong, Ron Perlman, Nicholas Kadi.

Tráiler

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         Es complicado encontrar un sentido dramático completo a las vivencias del ser humano antes de la invención de la escritura, que es la encargada de transmitir la dimensión espiritual, psicológica y emocional de unos individuos de los que nos separan centurias e incluso milenios de distancia. Quizás sea esta lejanía la que, tradicionalmente, ha convertido la prehistoria en un campo abonado para apenas espectáculos elementales que explotan una fantasía entendida desde las convenciones tópicas. Aun con su concepción desacreditada científicamente y por tanto igualmente fabulosa, En busca del fuego quizás sea la producción más madura ambientada en este vastísimo periodo. Le seguiría en esta línea otra adaptación literaria, la de la popular El clan del oso cavernario, y recientemente hay otras, como Alpha u Ötzi, el hombre de hielo, que podrían sumarse en cierta manera a su herencia.

         En busca del fuego desarrolla su relato a partir de la expedición de tres trogloditas en pos de una llama con la que reavivar el fuego comunal de la tribu, destruido por el bárbaro ataque de otros homínidos más atrasados. El filme adapta una novela de comienzos del siglo XX, como decíamos con su visión hoy en día muy desfasada del Paleolítico y del linaje homínido en general, tanto en su disposición cronológica como en sus costumbres probables. Sin embargo, hay una cierta pretensión de verosimilitud en la mímica de los distintos personajes, así como en el desarrollo del lenguaje de las tribus -que corre a cargo del literato Anthony Burgess, que ya se había inventado un idioma, el nadsat, en su más célebre novela, La naranja mecánica-.

En cualquier caso, Jean-Jacques Annaud -un cineasta frecuentemente interesado por la relación entre el hombre y la naturaleza- emplea esta base de aventura, narrada de forma realmente entretenida, para indagar en la esencia del ser humano. En busca del fuego habla así, de manera concentrada y sencilla pero suficientemente expresiva, del descubrimiento de la curiosidad, de la risa, de la fidelidad, del entendimiento, del amor. La verdadera luz en medio de la terrible oscuridad. El futuro. Además logra dotar de personalidad propia a los protagonistas para elevarlos por encima del monigote y que gocen de carisma y capacidad de generar empatía.

         “El impacto del filme de Jean-Jacques Annaud fue tremendo. Hizo más por la difusión de la prehistoria, del conocimiento de sapiens y neandertales, que muchos tratados”, aseguraba Eudald Carbonell, vicepresidente de la Fundación Atapuerca y uno de los directores de las investigaciones en el yacimiento burgalés.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7.

Triple frontera

24 Abr

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Año: 2019.

Director: J.C. Chandor.

Reparto: Óscar Isaac, Ben Affleck, Charlie Hunnam, Garret Hedlund, Pedro Pascal, Adria Arjona, Reynaldo Gallegos.

Tráiler

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          Triple frontera enclava su acción en un impreciso lugar entre Brasil, Colombia y Perú, con la selva del Amazonas a un flanco y la cordillera de los Andes al otro. Su relato, paralelamente, parece atravesar otros tres géneros o subgéneros: arranca como una heist movie protagonizada por mercenarios desencantados, se adentra luego en el western y deriva por momentos hacia una cinta de supervivencia. A lo largo de esta trayectoria, el libreto de Mark Boal se carga con la amarga mirada existencialista, herida de desilusión y absurdo, de los narradores-aventureros de las generaciones perdidas, como el Ernest Hemingway de El viejo y el mar y el John Huston de El tesoro de Sierra Madre.

          “Estos trabajos en seguida se vuelven oscuros”, reflexiona uno de los militares de vuelta de todo que regresa por sus fueros por razones en absoluto románticas. En concreto, asaltar la fortaleza de un narcotraficante para robar su dinero a espaldas de las fuerzas internacionales de la ley y de las agencias subterráneas subcontratadas por el Gobierno estadounidense para ejecutar cualquier tipo de trabajo sucio. El acercamiento que realiza Triple frontera hacia los cánones espectaculares que parecen propios de su argumento es revirada y agria, próxima incluso al bélico fangoso y desmitificado, teñido de cine criminal, de Doce del patíbulo, Mercenarios sin gloria o Los violentos de Kelly.

Los cinco veteranos se embarcan en esta misión estrictamente privada porque no podrían hacer otra cosa. Y lo hacen, por tanto, con ese cierto grado de cinismo resignado ante la dolorosa corrupción del mundo que poseían otros mercenarios, los de Los profesionales, encargados de desmontar otra revolución más con la formalidad, efectivamente, de unos profesionales.

          No obstante, el guion no trata de embaucar al espectador con coartadas falaces, aprovechándose de la empatía innata que suscita cualquier protagonista de fotogramas. La turbiedad moral del contexto se extiende así por unos personajes cargados de cicatrices y abiertos a contradicciones, flaquezas y matices -y bien interpretados por un reparto en el que hasta Ben Affleck muestra solventes prestaciones-. También a la sobria y contundente puesta en escena de J.C. Chandor, que a pesar de firmar lo que parece una película de encargo para Netflix, ya cuenta en su haber con otros largometrajes donde una serie de individuos trata de mantenerse a flote, con su integridad ética más o menos intacta, en mitad de un pantano de podredumbre, como sucede en el conglomerado de especulación de Margin Call o en los submundos mafiosos de El año más violento, dos filmes en los que costaría esfuerzo identificar cuál pertenece a una historia criminal y cual a una empresarial.

Aquí, hay dos conceptos que surgen ocasionalmente en los diálogos: el alma y el merecimiento. Los distintos puntos de vista acerca de ambos -la legitimidad de una acción ilegítima, el precio y la recompensa, los caminos de resarcimiento materiales y espirituales- son los que ofrecen tensión dramática al periplo de estos guerreros en conflicto.

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Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 5,8.

Nota del blog: 7.

Huida hacia el sol

8 Abr

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Año: 1956.

Director: Roy Boulting.

Reparto: Richard Widmark, Jane Greer, Trevor Howard, Peter van Eyck, Juan García, Margarito Luna.

Filme

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          El malvado Zaroff extraía su fuerza del carácter primigenio de su argumento, de las reminiscencias atávicas del relato impresas a fuego en la consciencia colectiva de la especie. Su carácter abstracto, que reducía al héroe a la simple condición de presa a merced de una naturaleza brutal, de la que el propio ser humano es parte ambigua, le otorgaba una potencia sobrecogedora.

          Huida hacia el sol es una variación de la historia original de Richard Connell, esta vez trasladada a las espesuras de México y con unos villanos que, por su parte, cuentan con mayores detalles biográficos, al tratarse de jerifaltes nazis -uno de ellos traidor a su patria, para más inri- que se ocultan en territorio incógnito. Esto también se aplica a la construcción de los protagonistas, un sosias de Ernest Hemingway y una reportera que pretende sacarlo de su exilio autoimpuesto, ambos con sus respectivos remordimientos a rastras y con una relación mutua que estará marcada por la inestabilidad emocional. Para ello, el filme emplea una notable cantidad de metraje y se alarga hasta la hora y media sin ser particularmente concisa.

          Paradójicamente, esta carga dramática más pronunciada -aunque no demasiado compleja a fin de cuentas-, en proporción con la acción pura, le resta expresividad simbólica a la obra.

La búsqueda de realismo en la personalidad de los perseguidores, que quizás podría aportar un matiz reflexivo importante -el peligro del hombre cualquiera para el hombre, tan mortífero como el mal absoluto-, no termina de funcionar y hace que su amenaza resulte menos terrible, menos aterradora psicológicamente por la presumible falibilidad humana de quien la ejerce. De igual manera, en definitiva, que la película es mucho más endeble que su predecesora.

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Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: 5,8.

Nota del blog: 6.

Llegaron a Cordura

3 Abr

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Año: 1959.

Director: Robert Rossen.

Reparto: Gary Cooper, Rita Hayworth, Tab Hunter, Van Heflin, Richard Conte, Dick York, Michael Callan, Robert Keith.

Tráiler

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         Llegaron a Cordura es una de esas películas con un prólogo explicativo que avanza que se trata de una obra armada con un manifiesto. En esta ocasión, el mensaje indagará en una de las obsesiones del cine tensionado por el maccarthismo en general y del western psicológico -uno de sus principales ramales- en particular: la destrucción del arquetipo de ficción, en este caso del héroe de la conquista del territorio prometido, uno de los mitos fundacionales de la nación, bajo el peso de las circunstancias que lo superan.

Es decir, que Llegaron a Cordura es otra de las numerosas variaciones que se ensayaron sobre el modelo paradigmático de Solo ante el peligro. De hecho, Gary Cooper, enfermo, frágil y de hombros cansados, vuelve a ser aquí el protagonista azorado por la huella de la cobardía, de la mano igualmente de otro cineasta de las listas negras, Robert Rossen, marcado luego por sus delaciones de compañeros ante el Comité de Actividades Antiamericanas. Si el protagonista ha de expiar la culpa que lo atormenta, Rossen también.

         Esta ascendencia personal, perceptible en sus meditaciones acerca del valor y de la presión que impone el colectivo para dar cumplimiento a estos ideales artificiosos, convierte a Llegaron a Cordura en un filme discursivo en el que los personajes están al servicio de la disertación que se expone. Y muchas veces, como en el prólogo, esta se manifestará mediante la verbalización literal, lo que le resta vivacidad narrativa, intensidad emocional y, por tanto, empatía que invite a reflexionar. 

Así, a través de estos ejemplos preconcebidos y materializados en la galería de secundarios que rodean al protagonista e impulsan su particular via crucis, Llegaron a Cordura pretende mostrar la fina línea que separa el acto heroico de la reacción de supervivencia, del golpe de buena suerte, de la banalidad de una acción que puede responder simplemente a reflejos inconscientes e incluso a crueles instintos homicidas. El héroe, pues, bien puede ser un capullo irreflexivo y violento que opera movido por una voluntad brutal o predatoria. La banda sonora es la que, de principio, hace reconocible su arrojo sobrehumano, en contraste con el resto de desafortunados soldados que caen como podían haber caído ellos mismos.

Frente a ellos se contrapone otro modelo, encarnado esta vez por una mujer de dudosa relación con el enemigo y que cuenta con la interesante presencia de una Rita Hayworth desgastada, trágica, digna.

         Rossen escenifica el drama en un escenario fronterizo y de geografía hostil, y en el marco de un cuerpo de caballería ya caduco, que además levanta su historia sobre leyendas épicas burdamente maquilladas como el descalabro del general Custer en Little Bighorn.

Pero, más aún, las alusiones a la necesidad de crear héroes reconocibles para alentar el espíritu de combate del país por medio de la concesión de medallas de honor abren asimismo una veta metalingüística acerca del papel del cine como el mayor monumento posible -el aludido empleo de la música, que diferencia claramente al triunfador del fracasado, daba pistas en este sentido-. Son abundantes los ejemplos en los que el glamour y la capacidad enardecedora del séptimo arte ha servido de eficaz vehículo propagandístico e incluso, directamente, para engrosar las listas de reclutamiento del ejército norteamericano o justificar socialmente determinadas operaciones -bien puede atestiguarlo Cooper con El sargento York, oscarizada en mitad del debate público sobre la intervención norteamericana en la Segunda Guerra Mundial-.

         Y, como con Solo ante el peligro, John Wayne manifestaría su desagrado hacia la cinta, al considerarla un atentado contra el espíritu de la Medalla de Honor y lo que representa para el país.

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Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 6.

Predators

5 Oct

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Año: 2010.

Director: Nimród Antal.

Reparto: Adrien Brody, Alice Braga, Topher Grace, Walton Goggins, Oleg Taktarov, Mahershala Ali, Louis Ozawa Changchien, Danny Trejo, Laurence Fishburne.

Tráiler

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         Ya en un lejano 1994, Robert Rodriguez, un cineasta fascinado por el cine popular y por entonces a punto de alcanzar la fama gracias a cintas como Desperado o Abierto al amanecer, había presentado un guion a la 20th Century Fox para dar continuación a la saga de Predator, una criatura convertida en icono contemporáneo de la ciencia ficción y que cuatro años atrás había estrenado su primera secuela. Aunque no será hasta su (deplorable) revitalización, enfrentado a otro célebre alienígena como el xenomorfo de Alien, cuando Rodriguez consiga por fin sacar adelante el proyecto, que no obstante dirigirá, bajo su tutela como productor, Nimród Antal. Siempre me pareció una curiosa coincidencia que una entrega sobre este extraterrestre apasionado de la caza de todo tipo de criaturas, incluidas los humanos, recayese sobre un realizador que comparte nombre con el rey mesopotámico descrito en la Biblia como “robusto cazador ante Yahvé”.

         Predators devuelve el juego a la espesura de la jungla, con un mayor número de contrincantes extraterrestres y un mayor número de representantes de la especie humana; en este caso una heterogénea galería de asesinos de todo tipo y pelaje, y con su correspondiente colección de tópicos estereotípicos, como salidos de un cómic o de una tormenta de ideas en una junta de producción de serie B.

Pero esta premisa también arroja una vertiente reflexiva, ojo, puesto que a partir de este turbulento contingente de militares, guerrilleros y homicidas, la película abunda en ese concepto tan del malvado Zaroff, el del cazador cazado, que por un lado devuelve al orgulloso ser humano a los escalafones inferiores de la pirámide predatoria y, por otro, desenmascara su condición de despiadado agente de la muerte. El monstruo ante el espejo.

         Sea como fuere, las intenciones de Predators se concentran en el entretenimiento, en la acción y el survival bajo la amenaza de terror de una amenaza que juega en casa -y que además, con la variedad de razas del extraterrestres y el uso de ‘perros’ en la montería, abre una nueva puerta mitológica que, en cierto modo, parece explorar la recientemente estrenada Predator-. En este aspecto, la acción está rodada con solvencia y, por fortuna, sin caer en las tentaciones de los espectáculos digitales del periodo -que de tan pixelados acostumbran a carecer de textura o entidad física-.

Esto contribuye a que Predators sea una cinta que se deja ver con facilidad pese a tener poca cosa que decir. De hecho, resulta extraño que esa presencia ejecutiva de Rodriguez no revista a la película de una mayor personalidad propia.

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Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: 4,8.

Nota del blog: 5,5.

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