El puente sobre el río Kwai

16 Sep

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Año: 1957.

Director: David Lean.

Reparto: William Holden, Alec Guinness, Sessue Hayakawa, Jack Hawkins, Geoffrey Horne, James Donald, André Morell, Ann Sears, Percy Herbert, Harold Goodwin, Keiichirô Katsumoto, M.R.B. Chakrabandhu, Vilaiwan Seeboonreaung, Ngamta Suphaphongs, Kannikar Dowklee, Javanart Punynchoti.

Tráiler

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         Un grupo de prisioneros entra en un campo de concetración japonés, perdido en mitad de una jungla infernal, en perfecta formación y silbando la Marcha del coronel Bogey que, desde su comienzo sin arreglos, termina resonando sinfónica mientras el coronel Nicholson permanece cuadrado frente a sus hombres. Hay un sentido de gloriosa dignidad marcial en un pelotón que se resiste a someterse moralmente al pérfido enemigo. Una batalla psicológica en la que el soldado del Imperio británico, haciendo gala de su estoica flema, debe demostrar al salvaje asiático de qué pasta está hecho. Una arrogancia que lanza su órdago definitivo al reemplazarlo en la construcción de un estratégico puente que comunique Bangkok y Rangún a través del ferrocarril.

El puente sobre el río Kwai no esconde la ironía con la que va deformando este reflejo heroico que, observado desde la suficiente altura -no por nada el filme concluye como se abría, a vuelo de pájaro sobre una selva sobrehumana-, se contempla trasnochado, racista y homicida. El mismo procedimiento se aplicará al mayor Warden, precisamente encargado, al frente de un pequeño destacamento de comandos, de volar toda la infraestructura junto con el convoy que prevé inaugurarla. Y, en su caso, esa desfiguración se produce desde su comportamiento obsesivo, que va adquiriendo tintes más oscuros y violentos a cada paso que da. Podría decirse que los paralelismos y diferencias entre ambos altos mandos son análogos a los que se trazan entre aquellos que, en contraposición, ejercen de brújulas morales del relato: el soldado estadounidense Shears, un buscavidas capaz de anteponer una cita con una muchacha a su deber militar, y el oficial médico que, sobrio y racional, admite no comprender los procederes de Nicholson, lo que se enfatizará con la idéntica réplica que, por su parte, este le dedica en los diálogos.

         El enfrentamiento dialéctico es una herramienta fundamental para establecer las posiciones de los personajes, en especial en ese duelo que libran Nicholson y su par en grado Saito, que concentrará gran parte de la fuerza dramática del filme. Las interpretaciones de Alec Guiness y Sessue Hayakawa aportan los perfectos matices para ir desarrollando la figura del primero como explotador y la del segundo como derrotado. En el clímax, David Lean lo muestra como un hombre cabizbajo que sigue al inglés en silenciosa sumisión, con el peso del harakiri sobre los hombros. Antes, la paz sobre el atardecer en el puente construido ya arrojaba sombras sobre los dos, igualados en esa sensación terminal que embarga el discurso del uno y la posición del otro. Visto el recorrido argumental y la situación histórica del momento, con los procesos de descolonización avanzados, quizás podría considerarse una imagen simbólica tanto de la defección del nacionalismo japonés como de la decadente soberbia imperial. Regresando a las actuaciones, en esta línea también destaca la de Jack Hawkins para dibujar la evolución monomaníaca de un personaje que, de primeras, aparecía afable ante el espectador.

         A diferencia de la novela de Pierre Boulle, adaptada en primera instancia por Carl Foreman y luego, tras las objeciones de Lean y el productor Sam Spiegel, reconducida por otro ‘black listed’, Michael Wilson -aunque ninguno de ellos sería acreditado por un guion que recibiría uno de los siete Óscar conquistados por la película-, la versión cinematográfica, que altera diametralmente el desenlace, redime en última instancia a los personajes -ya sea parcial o totalmente-, dejando hueco a una cierta ambigüedad que ya podía achacarse a esa amable vida del campamento de prisioneros o a algún toque triunfalista en las pequeñas victorias de Nicholson ante su oponente nipón. En cambio, el empleo de la música, a veces a contrapelo de lo que expresa la escena, contradice esta aparentemente honorable rigidez de los militares. Y, en especial, el laconismo con el que resuelve la violencia -bien fuera de plano, bien en un triste silencio- contagia de pesimismo la acción bélica más estricta que rematará en la locura, en el horror.

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Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,9.

Nota del blog: 7,5.

4 comentarios para “El puente sobre el río Kwai”

  1. Hildy Johnson 16 septiembre, 2020 a 18:17 #

    Queridísimo crítico abúlico, El puente sobre el río Kwai de David Lean es otro de los largometrajes de mi infancia…, los silbidos de la marcha del coronel Bogey están unidos siempre a esta película. Además de aparecer uno de mis actores fetiches… William Holden. Sí, y sé que los inolvidables son otros por el peso y complejidad de sus personajes, pero yo siempre me fijé en él.

    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 17 septiembre, 2020 a 17:09 #

      El papel de canallita de Holden está muy bien, porque al final, siendo outsider, es el más humano de todos los tipos presuntamente dignos y marciales que salen por aquí. Además, para mí, Holden siempre será Pike Bishop. Es decir, un gigante.
      ¡Besos!

  2. Deckard 18 septiembre, 2020 a 11:40 #

    He de decirte, Victor, que esta película nunca me llegó al corazón. Creo que solo la he visto entera una vez. “La Marcha del Coronel Bogey” es una maravilla, y el papel de Alec Guinness también, pero no sé. Me parece un poco plomiza y oscura. Por otro lado, esa arrogancia de Guinness y de algunos de los líderes aliados en películas sobre la 2ª Guerra Mundial nunca me ha resultado muy creíble. Dadas las circunstancias no creo que en los campos de prisioneros estuvieran en disposición de ponerse muy chulitos. Es algo que me chirría siempre un poco. No he leído mucha bibliografía al respecto, pero dudo mucho que esas actitudes un tanto altivas fueran habituales en la realidad. Me pasa un poco también con “Traidor en el infierno” (también con Wiliam Holden) y sobre todo con “La gran evasión.” A lo mejor debería de recuperar el clásico de Lean, pero en principio me da bastante pereza. Quizás ahora que nos la propones pueda ser un buen momento…..

    Por cierto, el puente sobre el río Kwai nunca existió salvo en la imaginación del novelista Pierre Boulle. Por motivos turísticos el gobierno tailandés en 1960 le cambió el nombre a un puente ya existente y todo el mundo se piensa que es el de la pelìcula (tengo unos amigos que estuvieron allí hace años, y se hicieron fotos en plan muy iluso, aunque he de decir, que yo, entonces, tampoco conocía este dato….).

    Bueno, y por último, os voy a hacer una propuesta. He puesto en marcha mi propio podcast cinéfilo en la plataforma de contenidos Ivoox, y si no te importa amigo, voy a incluir aquí el link, por si tú o alguno de tus seguidores tiene la amabilidad de pasarse por ahí a ver si le gusta el invento. Con tu permiso, lo incluyo. abúlico. Lo he llamado “El juguete de los Lumiére” y para el primer programa he elegido como tema “Apocalypse Now” de Coppola. Este es el link:

    https://www.ivoox.com/podcast-juguete-lumiere_sq_f11048773_1.html

    Un lugar en el que todos los cinéfilos seréis bienvenidos.

    Un abrazo.

    • elcriticoabulico 18 septiembre, 2020 a 13:39 #

      ¡Hombre, Deckard! Hacía tiempo. Precisamente esa arrogancia está tratada con mucha ironía, cuestionarla es el fondo de la cuestión. Aunque estoy de acuerdo de que su visión del campo de prisioneros quizá sea ligerita, por ahí menciono algo al respecto.
      Estaremos atentos a ese podcast, que veo que empieza fuerte.
      ¡Un abrazo!

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