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Predator

17 Sep

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Año: 2018.

Director: Shane Black.

Reparto: Boyd Holbrook, Olivia Munn, Jacob Tremblay, Trevante Rhodes, Sterling K. Brown, Thomas Jane, Keegan-Michael Key, Augusto Aguilera, Alfie Allen, Yvonne Strahovski, Jake Busey.

Tráiler

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         Shane Black parece un tipo con sentido común y que, al mismo tiempo, sabe ser divertido. Su perspectiva del cine es saludablemente lúdica, y en ella demuestra que sabe tomar distancias del material que escribe y dirige para evitar solemnidades o grandilocuencias fuera de lugar. A la hora de afrontar la resurrección de la saga Predator -en cuya entrega inaugural participó contratado para pulir el guion y, además, interpretando a un soldado con afición por los chistes malos-, Black decide no fingir la sorpresa. Todos sabemos a lo que hemos venido. Así las cosas, la secuencia inicial, narrada desde el punto de vista del extraterrestre a la fuga, pone las cartas sobre la mesa y deriva la potencial intriga, el matiz novedoso, hacia el misterioso perseguidor. El cazador cazado.

Aunque en realidad, y dado que también podía observarse a su manera en la anterior Predators, tampoco es este un factor preponderante en el relato, repleto de ironía posmoderna y sentido del cachondeo. La ocurrencia festiva es pues la protagonista; la acción, el aderezo que la complementa y completa. La síntesis de esta naturaleza y este tono argumental es que quienes tratan de sobrevivir al monstruo no son ya un escuadrón de combatientes de élite, sino un puñado de despojos de psiquiátrico castrense -lo que introduce asimismo un ambiguo y errático deje antimilitar y antibélico al asunto-; acompañados por una bióloga de armas tomar y un niño con Asperger, todos ellos igual de deslenguados. 

         Black, decíamos, no se toma demasiado en serio el asunto y, como demostraba su personaje en Depredador, en una película con esencia de serie B siempre caben unas risas -más adolescentes que adultas-. El humor -que tiene una maldad negra, incorrecta y coprolálica que, al igual que la violencia gráfica, no son demasiado frecuentes en tiempos en los que el blockbuster busca clientes en todos los rangos de edades-, aligera así un espectáculo que, de base, tenía bastantes papeletas de sonar a ya visto, incluida la inevitable ración de referencias a sus precursoras -alguna, como la de las chopper, tremendamente delirante-. Y, por añadidura, resta importancia a los baches de verosimilitud que pudieran detectarse en el libreto.

         Cierto es que veces se pasa un tanto de rosca y no todos los gags funcionan al mismo nivel, mientras que alguno de los protagonistas termina por darse demasiado de sí entre tanta irreverencia/caricaturización. Pero Predator parece ser firme heredero de ese espíritu del entretenimiento que tanto se le atribuye al cine de los ochenta -el ambiente halloweenesco de todo- y al característico estilo del propio Black.

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Nota IMDB: 6,1.

Nota FilmAffinity: 5,1.

Nota del blog: 6.

Sanjuro

10 Ago

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Año: 1962.

Director: Akira Kurosawa.

Reparto: Toshirô MifuneTatsuya Nakadai, Yūzō Kayama, Mashao Shimizu, Takashi Shimura, Kamatari Fujiwara, Takako Irie, Reiko DanYūnosuke Itō.

Tráiler

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         La espada incontenible sigue desenfundada.

El éxito de Yojimbo (El mercenario) provocaría que la productora Toho conminase a Akira Kurosawa a rodar una segunda parte del ronin anónimo y justiciero que, andando los fotogramas, serviría de base para el antihéroe canónico del spaghetti western. Kurosawa, que en principio aceptaría encargarse solo de la redacción del libreto pero que terminará por ponerse también tras las cámaras, deriva sus aventuras errantes hacia territorios todavía más marcadamente lúdicos del chambara, el subgénero de espadachines de ambientación histórica nipona.

De ritmo ágil y ligero, esta idea se manifestará en detalles como la sangrienta resolución del duelo final, plasmada con un exhibicionismo impresionista ausente en la anterior. Aunque también es verdad que, si en Yojimbo la presentación definitiva del personaje consistía en una lucha mortal contra tres jugadores, en Sanjuro se realiza mostrando su ingenio y su capacidad de desvelar el engaño, de ver más allá de la simple apariencia.

         En todo caso, no cabe descartar en Sanjuro una cierta mirada desmitificadora hacia el protagonista y hacia el resto de representaciones históricas o fantasiosas que aparecen relato por medio del recurso del humor, de la torpeza de los nueve acompañantes a los que debe sacar constantemente de apuros o de los sabios consejos -o dulces regañinas- procedentes de una anciana dama, que percibe al ronin como un insaciable agente de la muerte apenas movido por motivación alguna.

De tal modo, Toshiro Mifune intensifica sus bostezos y sus rascadas. Y, sin embargo, el samurái errante continúa demostrando su capacidad para enredarse en entuertos en los que, desde su irreparable condición marginal, tan westerniana, ha de regenerar el orden moral de una sociedad a la que jamás podrá pertenecer y que incluso lo repudia abiertamente -las incesantes dudas de sus presuntos aliados, en este caso un grupo de jóvenes que trata de desenmascarar la corrupta conspiración que pretende descabalgar del poder al chambelán local-.

         En Sanjuro repite un puñado de actores de Yojimbo -Takashi Shimura, Kamatari Fujiwara, Tatsuya Nakadai…-, con roles además relativamente semejantes. Destaca la prolongación de este último como villano, quien por su oportunismo y su perspicacia está aquí destinado asimismo a ofrecer un reflejo en negativo del antihéroe, otro de los apuntes dramáticos que se esbozan en el libreto.

En este sentido, Kurosawa mantiene su precisión compositiva para expresar por medio del plano la relación del protagonista hacia el resto de personajes y hacia su entorno -la superioridad, la igualdad, la sumisión, la reverencia…-, al mismo tiempo que obtiene detalles líricos, como el uso de las camelias.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 7,5.

Yojimbo (El mercenario)

9 Ago

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Año: 1961.

Director: Akira Kurosawa.

Reparto: Toshirô Mifune, Tatsuya NakadaiKyū Sazanka, Seizaburo KawazuEijirō TōnoTakashi Shimura, Kamatari Fujiwara, Daisuke KatōIsuzu Yamada, Hiroshi Tachikawa, Yoko Tsukasa, Yoshio Tsuchiya, Namigoro Rashomon, Ikio Sawamura, Atsushi Watanabe.

Tráiler

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         El forastero surge de espaldas en un sendero polvoriento. Se detiene y se rasca el cuello, dubitativo, al llegar a la encrucijada. Lanza un palo al aire y, de este modo, decide el camino a proseguir. Su parada, una vez más, es un poblacho sumido en la violencia y la injusticia.

Un año antes del estreno de Yojimbo (El mercenario), Akira Kurosawa había constatado con Los siete magníficos que sus samuráis legendarios, honorables justicieros sin dueño que encaran el crepúsculo de su estirpe sacrificándose altruistamente por el prójimo desvalido, estaban hechos del mismo material mitológico que los pistoleros errantes del western. Los aires agónicos de Los siete samuráis, anticipo de la evolución posclásica del cine del Oeste, quedarán ahora en Yojimbo acentuados por la estética todavía más desarrapada del protagonista, por su naturaleza antiheroica evidenciada en sus procedimientos cínicos, con una reducción abstracta que incluso le niega el nombre. Desde ahí, tres años más tarde, el samurái reaparecería todavía anónimo, con la misma barba de tres días, el mismo aire desastrado y la misma pobreza sin cuento, si bien transformado en un tipo con sombrero vaquero, poncho, puritos ensartados en una mueca desdeñosa y mirada entrecerrada. Es Por un puñado de dólares, otro hito clave en la trayectoria del western.

         Lo cierto es que el argumento de Yojimbo, ubicado en el declive del periodo Edo, puede lucir influencias de una novela fundamental de la literatura noir como Cosecha roja en su presentación de un forastero que ejerce de destructiva cuña entre los dos poderes caciquiles que tiranizan una pequeña, remota y desprotegida localidad. La familia rota por los vicios del primogénito, los gestos de desconfianza hacia el recién llegado, el silencio sepulcral del lugar y el perro que porta en las fauces una mano cercenada le sirven a Kurosawa para establecer de un plumazo el contexto dramático en el que se sumerge el ronin, quien, en paralelo al espectador, cuenta además con la guía de un lugareño atropellado por la batalla, aquí un viejo tabernero. El cineasta japonés, que de por sí era un gran admirador de la obra de John Ford, tótem del género, también admitiría haber imprimido rasgos de Solo ante el peligro y Raíces profundas, grandes cumbres del Oeste.

         La atmósfera desapacible de este relato, en el que la amenaza es incesante, se plasma en la lluvia torrencial, en la polvareda huracanada. El ronin baila constantemente sobre el alambre, mientras uno de los villanos, que aparece armado precisamente con un revólver, ejerce de elemento disruptor o extravagante que azuza, con su temperamento imprevisible, el peligro alrededor del cual danza el protagonista. Los caracteres están compuestos asimismo con el molde del arquetipo, ya sea por su ferocidad, por su ignorancia, por su pusilanimidad, por su cobardía o por su entereza. En ellos se evidencia esta apropiación de un mundo que, en este caso, se encuentra en el Lejano Este, pero siempre desde un punto de vista inequívocamente japonés.

La banda sonora supone igualmente una ruptura de ascendencia foránea, con intervenciones de orquesta que rechazan la ambientación historicista. Tampoco se descartan las irrupciones de un humor de tono patético. Pero, por el contrario -o en la misma línea-, la expresión de la violencia tiene un tono desangelado -prácticamente sin cortes, en planos amplios donde se agitan los actores-, en cierto modo anticlimático a pesar de que, a través de ella, se da a conocer el protagonista, profundizando en la turbiedad de su esencia ambigua y misteriosa, apenas aclarada.

         En combinación con el resto de factores, de ahí mana una tensión dramática, reciamente sostenida por la realización de Kurosawa, que llevará al samurái sin nombre a convertirse en un personaje carismático y de gran popularidad, lo que fructificaría en una continuación facturada tan solo un año después que la presente.

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Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 8,1.

Nota del blog: 8.

Planet Terror

30 Jul

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Año: 2007.

Director: Robert Rodriguez.

Reparto: Freddy Rodríguez, Rose McGowan, Bruce Willis, Marley Shelton, Josh Brolin, Naveen Andrews, Michael Biehn, Jeff Fahey, Michael Parks, Fergie, Quentin Tarantino, Tom Savini, Rebel Rodriguez, Electra Avellán, Elise Avellán.

Tráiler

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         Lo cierto es que, antes de que ambos materializaran su sesión doble de Grindhouse, Robert Rodriguez había afrontado la revisión del exploitation y de la serie Z de forma más decidida que su amigo Quentin Tarantino, y además de una manera más próxima a la naturaleza desaforadamente lúdica del submundo, con menos atención a la revisión erudita, posmoderna y cierto modo distanciada de su compañero de afición y aventuras. Abierto hasta el amanecer podía ser el emblema de ello: una mezcla de acción y terror vampírico, sabor tex-mex marca de la casa e ironía autoconsciente de estos nuevos tiempos. También su decisión posterior de hacer realidad Machete, uno de los paródicos tráilers filmados ex-profeso para esta producción compartida, e incluso de entregar una secuela de la misma.

         Siguiendo con esta premisa, la mitad que Rodriguez aporta a Grindhouse, Planet Terror, tiene la textura nostálgica que también exhibe, sobre todo en su primera parte, Death Proof. Esto es, los entrañables defectos o las estridencias de la fotografía, el montaje, el sonido y, por supuesto, el guion, incluidos aquí deficiencias deliberadas como una oportuna bobina de metraje perdida. La cutrez lavada, reensamblada y perfeccionada con el amor de un fan, aunque, quizás un tanto cínicamente, desde un talento y unos medios mayores.

Pero, en cualquier caso, la atención del realizador texano se centra más en el despendole argumental y la vorágine de acción de este survival apocalíptico con zombis, conspiraciones militares, pistoleros mexicanos mitológicos, violencia gore, erotismo soft y amor por la barbacoa.

         En consecuencia, Planet Terror no luce la fuerza visual de Death Proof ni busca dar un paso cinematográfico más allá a partir del añorado material de base, pero a fin de cuentas se mantiene como un entretenimiento simpático con un buen sentido del delirio y un apropiado tempo narrativo acorde a la libertad total para disfrutar, que es lo que Rodriguez y Tarantino tratan de reivindicar, cada uno a su manera, de este microuniverso perdido, queriblemente imperfecto.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 6.

Death Proof

20 Jul

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Año: 2007.

Director: Quentin Tarantino.

Reparto: Kurt Russell, Sydney Tamiia Poitier, Vanessa Ferlito, Jordan Ladd, Tracie Thoms, Rosario Dawson, Zoë Bell, Mary Elizabeth Winstead, Rose McGowan, Monica Staggs, Marcy Harriell, Eli Roth, Quentin Tarantino, Michael Parks, James Parks, Marley Shelton, Jonathan Loughran.

Tráiler

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         Cuando Quentin Tarantino queda para ir al cine con un amigo, no lo hace como usted o como yo. Él llama a Robert Rodriguez y juntos se fabrican su propia sesión doble de cine de ‘grindhouse‘, aquel que al parecer devoraban en su adolescencia en programas delirantes de violencia, terror, sexo, estilazo setentero e ínfimo presupuesto -e incluso talento- cinematográfico. Un entretenimiento fetichista a medida. Porque ellos pueden. Con tráilers y todo de futuras películas como Machete o Hobo with a Shotgun.

         La aportación de Tarantino se concentrará en una golosina cocinada a fuego lento, enriquecida a través del cultivo de una atmósfera de fondo y formas setenteras -la trama correosa, el erotismo desinhibido, la estética del escenario y del vestuario, el celuloide sucio, la sabrosa fotografía, la cuidada banda sonora…-, así como de las conversaciones triviales marca de la casa abundantes en alusiones a la cultura pop y en el volcado de mil y una referencias que van desde clásicos ‘trash’ del periodo hasta onanistas autocitas. Con este material, el cineasta se sumerge en una producción que, al igual que el spaghetti western, hibrida homenaje y parodia; eso sí, siempre con devoción de sacerdote iniciado en el culto de una religión olvidada.

         En este camino, el goce de Tarantino alcanza cotas formalistas, más atento al estilo evocador -sobre todo en la primera mitad- que a las consideraciones del argumento, pues en su condición de fan mayor sabe que esto último es un aspecto que redondea el atractivo del conjunto, preferiblemente con importantes notas de color, pero que tampoco es prioritario. De ahí que, en esta pausada y concienzuda elaboración, similar a la del camarero que para desesperación del cliente se pasa media hora encorvado en posturas extrañas mientras añade los más insólitos aderezos a un gin tonic, a veces parezca que se ha olvidado de narrar su historia y que simplemente ha dejado en piloto automático su desarrollo para retormarla finalmente cuando ha pasado un tiempo suficiente para alcanzar el minutado de un largometraje.

         Pero quizás este detallista aspecto formal, que cambia abruptamente entre una parte y otra del filme -y que de en sí mismo resulta bastante estimulante-, pueda ser en realidad la pista para un análisis discursivo rematado por las diferentes conclusiones de cada segmento del relato. ¿Es esto una reflexión acerca de la evolución del papel de la mujer en el cine y, por extensión en la sociedad?

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7.

Capitán América: El soldado de invierno

14 Jul

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Año: 2014.

Directores: Anthony Russo, Joe Russo.

Reparto: Chris Evans, Scarlett Johansson, Anthony Mackie, Samuel L. Jackson, Robert Redford, Sebastian Stan, Maximiliano Hernández, Frank Grillo, Cobie Smulders, Emily VanCamp, Toby Jones, Hayley Atwell.

Tráiler

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         En la tercera entrega de las aventuras de Iron Man, el superhéroe que configuró la marca cinematográfica de Marvel, el correspondiente villano, un terrorista iluminado y oriental que respondía al nombre de El Mandarín, se revelaba finalmente como un truco de distracción promovido por poderes fácticos en la sombra, más reales y terribles. Aunque la remodelación de este personaje desconcertaría e irritaría a los fanáticos del cómic original -espacio artístico secundario a estas alturas de la industria-, la maniobra de Shane Black serviría para dotar al blockbuster de un acidísimo contenido crítico respecto de la política exterior estadounidense.

Siguiendo esta línea subversiva, Capitán América: El soldado de invierno sitúa al protagonista, que no deja de ser un veterano de la Segunda Guerra Mundial, en un thriller de espionaje ambientado en la paranoia posterior al 11-S, el espionaje masivo de la Agencia Nacional de Seguridad y la vulnerabilidad de la información privada de los usuarios de internet y las redes sociales en todo el mundo. Sus lecturas, a pesar de cierta ambigüedad final en la comisión de investigación -un apunte hacia las posibilidades de corrección del sistema, el reciclaje parcial de las manzanas sin pudrir en las viejas instituciones a las que precisamente se aludía, la defensa del superhéroe vigilante que no obstante queda desterrado al margen de lo establecido-, son tremendamente contundentes: el siglo XXI como un libro digital abierto al poder y del que éste se sirve para espolear el fascismo que se esconde en medidas presuntamente patrióticas que defienden, cueste lo que cueste, conceptos como la seguridad nacional. Y, frente a ello, propone recuperar el espíritu honesto y entregado de la mitificada ‘mejor generación’, cuya memoria, como parece indicar la enfermedad de la anciana agente Carter, pende al borde de su desaparición definitiva.

         De este modo, Capitán América: El soldado de invierno trasciende el sencillo espectáculo superheroico de su primer capítulo para combinar un entretenido ejercicio de intriga -de giros bastante previsibles, en cualquier caso- con una mirada crítica que aporta discurso y mensaje a la diversión palomitera, la cual esta vez queda ligada a unas escenas de acción que no poseen el corte clasicista de Capitán América: El primer vengador, sino que toman la cinética dinámica y el nervio inquieto del estilo coreográfico de las artes marciales mostrado, como ejemplo popularizador, en El caso Bourne.

Por tanto, la cinta conecta con esa sensación de desencanto y conspiranoia, capaz de emparentar los turbulentos años setenta con este comienzo del milenio, que también barniza otro producto Marvel como es la serie The Punisher. Se podría decir que, en cierta forma, Capitán América: El soldado de invierno está casi más cerca de Los tres días del Cóndor -sirva de conexión la presencia en el reparto de Robert Redford, uno de los adalides de la izquierda hollywoodiense- que de una película de superhéroes al uso, tal es la desprotección que muestra el supersoldado Steve Rogers frente a una compleja trama que, a priori, sobrepasa sus capacidades, como si se tratase prácticamente de otro individuo común.

Y, al igual que en Los tres días del Cóndor, el aspecto íntimo de la película -la deuda, la redención y la duda-, aporta un elemento dramático menos interesante que lo anterior.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7.

Capitán América: El primer vengador

13 Jul

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Año: 2011.

Director: Joe Johnston.

Reparto: Chris Evans, Hugo Weaving, Hayley Atwell, Tommy Lee Jones, Sebastian Stan, Stanley Tucci, Toby Jones, Dominic Cooper, Neal McDonough, Kenneth Choi, Derek Luke, Richard Armitage, Natalie Dormer, Samuel L. Jackson.

Tráiler

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           Todas las películas de Marvel terminan con un “en el próximo episodio…”. A pesar de la apariencia autoconclusiva de cada entrega, todo filme de la factoría se encuentra encadenado a un engranaje de producción en el que, más que un fin en sí mismo, parece un medio que alimenta el consumo de las obras venideras. Fórmula que forma parte de una fórmula amplia, férreamente controlada por los agentes que se encuentran por encima de los directores, en una estructura no demasiado alejada, por así decirlo, del esquema futbolístico de entrenador -el realizador de turno-, director deportivo -un tipo que marca las pautas artísticas del conjunto y su futuro, como Joss Whedon– y presidente -el todopoderoso Kevin Feige-.

De este modo, en ocasiones estas cintas tienen un deje de tráiler alargado, con mayor o menor fortuna. Escasa, por lo general, en los capítulos de apertura, puesto que presentar las características, los prodigios, las motivaciones y los conflictos del héroe es, a pesar de sus frecuentes convenciones, un lastre importante para la agilidad de la narración. Capitán América: El primer vengador es buena muestra de ello.

           Por más que Joe Johnston trate de retrotraer la película a una atmósfera añeja que en cierto modo recuerda a la de su art déco RocketeerCapitán América: El primer vengador es un producto más académico que clásico, protagonizado por un superhéroe relativamente plano -el supermán de los pobres, nacido como humano y transformado en un supersoldado que enarbola los valores fundacionales y benignos de los Estados Unidos-, el cual se enfrenta a un villano estereotipado con la ayuda de unos personajes secundarios en su mayoría irrelevantes -apenas la agente Carter de Hayley Atwell le aporta carisma y presencia al asunto, lo que le valdrá luego para liderará su propia serie-.

           El nimio peso del héroe, de su antagonista y sobre todo de la aventura, provocan que en Capitán América: El primer vengador se acentúe esa citada sensación de simple trámite adornado con referencias para iniciados -en los cómics o en la saga cinematográfica de Los Vengadores-. Una sensación, pues, de rutinaria apertura funcionarial de un acta que, como consuelo, cuenta con una secuela netamente superior.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 5,7.

Nota del blog: 4,5.

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