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Renacimiento (Renaissance)

28 Dic

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Año: 2006.

Director: Christian Volckman.

Reparto (V.O.): Patrick Floersheim, Laura Blanc, Virginie Mery, Gabriel Le Doze, Marc Cassot, Marc Alfos, Bruno Choel, Jerome Causse.

Tráiler

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            El noir es un mundo de sombras cuya ambigüedad se manifiesta en la lucha entre la luz y las tinieblas que concita su fotografía. De ahí el poder que tiene el blanco y negro para invocar este universo que parece tan característico de las décadas de los cuarenta y cincuenta, turbulentos y dudosos. La animación de Renacimiento (Renaissance) bebe de estas fuentes al transformar una estética propia del cómic, con un entintado que en efecto es todo contraste entre el blanco y el negro, en imágenes en movimiento bajo las que se concita un París futurístico, fechado en el año 2054, donde un detective desengañado y solitario, que se mueve al margen de la sociedad, se convierte en la salvaguarda de los últimos resquicios de la humanidad durante la investigación del secuestro de la joven y eminente científica de una todopoderosa y omnipresente compañía.

            Una megalópolis claustrofóbica, tortuosa y desigual en la que yacen atrapados unos habitantes que viven en dos niveles de realidad -la prosperidad y la miseria absoluta, la superficie y lo subterráneo-; un protagonista de dualidad atormentada -nacido en la casbah de los malhechores, reconvertido en bastión de la justicia-; una trama criminal que recorre la retorcida estructura de una sociedad en la que nada es lo que parece, donde lo que está arriba es en verdad lo más bajo; una dama rubia y otra morena. Es decir, la forma expresa un fondo donde comparecen todos los ingredientes -y todos los clichés- tradicionales del género.

Al mismo tiempo, la convergencia de Renacimiento con la ciencia ficción permite deslizar determinadas reflexiones críticas -la gran corporación como poder sustitutivo del Estado, la decantación de una sociedad a dos velocidades- y existenciales -la pérdida de valor de la vida frente a una inmortalidad que pasaría a ser otra potestad de los privilegiados-, las cuales sin embargo, sobre todo en el caso de esta última, quedan en simple excusas sin especial desarrollo.

            Porque, a fin de cuentas, recargada hasta alcanzar un punto de exceso, la estética termina devorándolo prácticamente todo, en buena medida porque ese cimiento argumental sobre el que se alzan las imágenes es más bien esquemático dentro de su también tradicional enrevesamiento noir. Y es además una estética que entrega alguna composición visualmente poderosa pero cuya ascendencia de papel queda finalmente deslucida por la fealdad de los trazos y la pedestre cinética de la animación digital, pobre en comparación con la de Sin City, estrenada un año antes, o la de otras traslaciones de novela gráfica posteriores como Alois Nebel.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 4,5.

Aquaman

25 Dic

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Año: 2018.

Director: James Wan.

Reparto: Jason Momoa, Amber Heard, Patrick Wilson, Willem Dafoe, Nicole Kidman, Yahya Abdul-Mateen II, Temuera Morrison, Michael Beach, Dolph Lundgren, Sophia Forrest, Graham McTavish, John Rhys-Davies, Djimon Hounsou, Julie Andrews.

Tráiler

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         Aquaman, mestizo entre humano y atlante, está llamado a ser el puente de unión entre dos mundos -el marino y el terrestre- que en realidad son uno solo -el planeta Tierra-. También se lo podría reclamar como punto de acercamiento en esa disyuntiva entre DC -el tormento interior aparejado a la oscuridad exterior- y Marvel -el superhéroe desenfadado y autoconsciente-, porque sus chascarrillos macarras de descastado, opuestos a los delirios genocidas de su hermanastro de sangre pura, priman sobre sus remordimientos por la desaparicion de su madre, divinidad trágicamente encadenada a las servidumbres de su condición superior.

         Los ingredientes dramáticos de Aquaman, así como su trasfondo crítico -ecologismo, multietnicidad, belicismo- son apenas alusiones que se encuentran por completo licuadas dentro de una vorágine de tópicas intrigas palaciegas -con una estrategia tremendamente cuestionable por parte de los pacifistas, en vista de la cruenta guerra que llevan a cabo para dar un golpe de Estado que establezca cierta concordia-. En su transcurso, siguiendo una de las ramas tradicionales del viaje del héroe, el marginal debe descubrir y revelar su inesperada naturaleza mayestática.

         La narración avanza sin tregua y sin dejar poso alguno en una sucesión de imágenes orgullosamente horteras, hasta lo confuso o lo ininteligible por esa falta de textura tangible, de difuminación por chroma del diseño de producción. Por momentos, entre coloridos imposibles, efectos cuestionables y ritmos intrépidos, Aquaman se acerca a un videoclip de música techno de principios de los dosmiles. Cuando la acción parece desarrollarse de manera más física, como el duelo en un patio siciliano entre Aquaman y Black Manta -un pobre villano de relleno-, se percibe cierto feísmo o cutrez próxima al tokusatsu -es decir, ese género fantástico japonés del que nacen cosas como Power Rangers-.

En parte, esta suicida desinhibición kitsch le aporta un punto entrañable -ese combate gladiatorio de serie B con un pulpo a los timbales, medusas por focos y cartas de presentación propias de la MMA- que se combina con la presencia carismática de Jason Momoa.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 5,7.

Nota del blog: 4.

Ned Kelly

4 Nov

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Año: 1970.

Director: Tony Richardson.

Reparto: Mick Jagger, Clarissa Kaye-Mason, Mark McManus, Ken Goodlet, Diane Craig, Martyn Sanderson, David Copping, Bruce Barry, Tony Bazell, Frank Thring.

Tráiler

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         El forajido Ned Kelly constituye una figura principal en la mitología popular australiana, en cierta manera encarnación del espíritu forjador del país, en esta ocasión en alzamiento contra la autoridad colonial británica. Y es crucial no solo en su tradición histórica, sino también cultural, puesto que, en 1906, en The Story of the Kelly Gang, será el objeto de una de las películas fundacionales del cine de Australia, que curiosamente había obtenido su independencia cinco años antes, casi al mismo tiempo que el nacimiento del cinematógrafo.

         Equiparable en esencia a las leyendas del western estadounidense como Jesse James, enfrentadas enconadamente contra las injerencias de un poder opresor, Ned Kelly será recuperado a lo largo de los años en diversas producciones -la última, La verdadera historia de la banda Kelly, estrenada de prácticamente de soslayo este verano-. En el caso que aquí nos ocupa, se trata de una cinta dirigida por Tony Richardson, uno de los nombres propios del Free cinema británico que, después de encadenar una serie de fracasos, llegaba desde la metrópoli para releer el mito en clave pop y, además, coetánea, ya que la revuelta del fuera de la ley en el territorio de Victoria encuentra paralelismos -incluidas alusiones directas a los unionistas- con el comienzo de The Troubles en Irlanda del Norte.

En refuerzo de esta idea, será Mick Jagger quien encarne al bandido de ascendencia irlandesa, como equiparando esa rebeldía contra la Corona condenada de antemano a la horca -el filme comienza de hecho por el ‘The End’- al cautivador malditismo de la estrella rock. Los ídolos del pueblo. Hasta, de inicio, tenía cabida en el reparto Marianne Faithfull, por entonces pareja del ‘frontman’ de los Rolling Stones -quienes por lo visto renunciaron a participar en el festival de Woodstock a causa de este trabajo actoral de Jagger-, si bien hubo de ser reemplazada debido a sus problemas con la droga.

         Richardson, que en su día ya había entregado una relectura iconoclasta de Tom Jones, cuenta las andanzas de Kelly y su grupo desde un estilo cercano al western sucio que, por aquellas fechas, realizaban cineastas como Sam Peckinpah -hay un juego pretendidamente cómico con el ritmo de la imagen que se veía en La balada de Cabel Hogue, estrenada ese mismo 1970, aunque también con antecedentes precisamente en Tom Jones-. Una irreverencia que se traslada a una narración informal, de montaje anárquico, que a la postre sume el relato en un evidente caos en el que resulta desastrosamente complicado identificar qué ocurre, quiénes están implicados y qué es lo que se pretende.

A la par, de la mano de la presencia de un astro musical en el elenco y del empleo de cantantes a modo de bardos elegíacos en la banda sonora, Ned Kelly también se emparenta con esa sensibilidad contemporánea, pop como decíamos, que se abría paso en Dos hombres y un destino y que cuenta con ejemplos posteriores como Los vividores o, volviendo a Peckinpah, Pat Garrett y Billy the Kid, la cual tenía su propia estrella invitada, Bob Dylan. Sin embargo, la elección aquí de dos cantantes de country estadounidense, Shel Silverstein y Waylon Jennings, juega contra la idiosincrasia de la obra.

Asimismo, Ned Kelly asume ese aire lisérgico que flotaba en el ambiente de la época, desde la marciana interpretación de Jagger hasta, anclándose en la historia, ese desenlace alucinado donde el ‘bushranger’ y sus acompañantes combaten a la policía enfundados en armaduras metálicas de aspecto medieval, lo que al menos entrega una escena ciertamente singular.

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Nota IMDB: 5,1.

Nota FilmAffinity: 4,3.

Nota del blog: 4,5.

RocknRolla

7 Oct

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Año: 2008.

Director: Guy Ritchie.

Reparto: Gerard Butler, Tom Wilkinson, Thandie Newton, Mark Strong, Idris Elba, Tom Hardy, Karel Roden, Toby Kebbell, Jeremy Piven, Ludacris, Gemma Arterton, Jimi Mistry, Matt King, Geoff Bell, Michael Ryan, Dragan Micanovic, Nonso Anozie.

Tráiler

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          Con sus adeptos y sus detractores, Guy Ritchie se convertiría en uno de los directores más influyentes del cine criminal de comienzos de milenio gracias a Lock & Stock y Snatch. Cerdos y diamantes. Películas de peligrosos y excitantes bajos fondos retratados con potentes dosis de humor negro e ironía en el lenguaje y la trama, que las acercan a un tebeo filmado a ritmo de videoclip y poblado por personajes fulleros y carismáticos entre los que un grupo de amigotes persigue un macguffin imposible que les permitiría salir de la miseria para alcanzar esa idea de éxito que, precisamente, podría extraerse de los vídeos musicales o los anuncios de publicidad. Un mundillo cochambroso y cool a la par. Glamour barriobajero. Más emparentado con el Danny Boyle de Trainspotting que con el revisionismo pop de Quentin Tarantino.

Pero, después de inscribir su nombre con firmeza en la industria, Ritchie se la pegaría sonoramente con Barridos por la marea -el presunto regalo cinematográfico que le haría a su pareja, Madonna– y con la enrevesada y delirante Revolver. Quizás por ello, regresaría a sus fueros con el rabo entre las piernas, dispuesto a lamerse las heridas aplicando, una vez más, la fórmula ganadora.

          RocknRolla reproduce fielmente el esquema macarra de Lock & Stock y de Snatch tanto en lo visual -montaje dinámico, sobreimpresiones en los fotogramas, aderezos sonoros, banda sonora cañera…- como en lo argumental -incluidos los personajes pintorescos sacados de la mitología urbana, el argot y la coprolalia desatada; los pequeños conflictos entre colegas, aquí con la homosexualidad de uno de ellos en este universo tópicamente viril…-. Si en la primera era una timba de póquer la que destrozaba los sueños y metía en serios apuros a los protagonistas, malandros de poca monta, en esta lo será un intento de operación inmobiliaria. Ambas son partidas amañadas.

Estamos en el Londres de los pelotazos urbanísticos y el auge de la City, en el momento álgido de ostras, champagne y chanchullos previo al descalabro de la crisis financiera global de 2008. También en época de magnates exsoviéticos metidos a nuevos dueños del deporte inglés por excelencia, el fútbol, como Roman Abramovich, a quien se caricaturiza para dar forma a uno de los villanos de la función. No corren buenos tiempos para la vieja escuela. La antigua e imperial Britannia ya no es lo que era.

          Ritchie iguala y conecta ambos mundos como distintas escalas de un mismo juego -probablemente su nota más destacada- en el que los participantes emprenden una carrera contrarreloj con varios objetivos a conseguir y distintos premios en liza. RocknRolla se mantiene como una cinta divertida pero, a estas alturas, la baraja está ya bastante sobada y se conoce cuáles son las cartas marcadas.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog. 6,5.

Aliens: El regreso

12 Sep

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Año: 1986.

Director: James Cameron.

Reparto: Sigourney Weaver, Michael Biehn, Carrie Henn, Paul Reiser, Lance Henriksen, Bill Paxton, William Hope, Jenette Goldstein, Al Matthews, Mark Rolston, Ricco Ross, Colette Hiller, Daniel Kash.

Tráiler

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         La continuación de Alien, el octavo pasajero es el tránsito de una película con espíritu de serie B lustrosa a un blockbuster espectacular. Al frente de esta evolución en la saga se hallaba James Cameron, avalado por otro clásico moderno de la ciencia ficción, Terminator, del cual importaría a los actores Lance Henriksen, Bill Paxton y Michael Biehn. Si en la primera son un puñado de camioneros del espacio los que deben hacer frente a una amenaza sobrehumana, en Aliens: El regreso serán unos marines galácticos los que, con sus músculos definidos por el sudor, sus grandes cañones y sus chascarrillos cuartelarios, tengan la misión de borrar al monstruo de la faz del universo. El terror atmosférico de espacios angustiosos y oscuros, donde el mal acecha escondido, deja su lugar a una sinfonía de explosiones, ametrallamientos y lanzallamas con los que atajar a las hordas enemigas.

         La relativa naturalidad de esos personajes abandonados en un entorno extraño y hostil, que era uno de los principales puntos fuertes de la primera, se pierde en favor de unos caracteres más convencionales pero que se ajustan a las necesidades de esta variación en el tono. Cameron trata de asimilar al espectador a los soldados con una cámara que, en escenas de tensión como la entrada al nido, opera como si fuese un integrante del pelotón, así como con las tomas que proceden de los cascos de los marines, que refuerzan ese punto de vista subjetivo. No obstante, permanece esa noción de que, a la postre, la criatura más peligrosa es el ser humano. “Ellos no se putean los unos a los otros a cambio de un porcentaje”, se llega a sentenciar, en reproche a la personificación de esta multinacional que, en la inauguración, conformaba un abstracto villano de fondo.

En parte, desde ese punto de vista de territorio fronterizo -la colonización espacial- y con la recuperación del tema del asedio que ya establecía conexiones hawksianas en la anterior, Aliens: El regreso conserva lejanas notas de western futurista en una cinta que no trata de reincidir tramposamente en las claves del original, sino en buscar nuevos caminos por los que abrirse paso. Con ellos, se da su forma definitiva a la mitología de la serie, con un desarrollo de la naturaleza del xenomorfo. De hecho, a modo de muestra, es aquí donde se emplea el término por primera vez.

         La acción de corte bélico ochentero, en definitiva, reemplaza a la inquietud constante, a la par que la salvación de una niña ofrece la medida del drama. Sigue manteniendo una espectacularidad visual que evita que se note demasiado la hipertrofia de la narración, rematada con un hiperbólico duelo de reinas, mano a mano, pasado de rosca. El estrépito contradice la posibilidad de lo onírico, puesto que el argumento nace con Ripley como una bella durmiente -las alusiones a los cuentos tradicionales continuarán luego cuando se le llame sarcásticamente “Blancanieves”, aunque no venga precisamente de convivir con siete enanitos en la Nostromo, y con la conversación con su protegida sobre los relatos de monstruos-. Una bella durmiente que, además, se deshace en pesadillas.

La caracterización de Sigourney Weaver, con el cabello más corto, el rostro más duro y empuñando armatostes militares para emprender el contraataque, evidencia también los cambios entre una y otra entrega, con un proceso que hasta anticipa al que Cameron aplicará a la Sarah Connor de Terminator -confianza en los androides incluida, por cierto, en la presente estará interpretado, y con mucho tino, por Lance Henriksen, un experto en papeles de malo-.

         El éxito en la taquilla propiciaría el rodaje de nuevas continuaciones.

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Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 6,5.

Tenet

7 Sep

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Año: 2020.

Director: Christopher Nolan.

Reparto: John David Washington, Robert Pattinson, Elizabeth Debicki, Kenneth Branagh, Dimple Kapadia, Aaron Taylor-Johnson, Clémence Poésy, Himesh Patel, Yuri Kolokolnikov, Michael Caine.

Tráiler

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         Christopher Nolan suele cubrirse siempre las espaldas, explicar cada cosa que va a ocurrir para que nadie se pierda en el laberinto. En Tenet, lanza una advertencia por boca de la científica encargada de instruir al protagonista en los rudimentos de la inversión de la entropía de los objetos: “Mejor no trates de pensarlo; siéntelo”. Es decir, que primero construye un planteamiento fundado sobre las insondables complejidades de la física para, finalmente, apelar al puro y ancestral instinto. A la emoción humana como clave para desentrañar y superar todos estos desafíos de magnitud cósmica. “El mundo tal y como lo conocemos será aniquilado”, le informan por su parte a la apesadumbrada víctima de la película, la mujer en apuros cuya salvación individual es equiparable a la salvación de la humanidad al completo, amenazados ambos por un archivillano de manual -exsoviético, para mayor estereotipación-. “Incluido mi hijo”, acierta a concluir ella con gesto compungido.

Ese es el nivel de Nolan en este campo de lo emocional. El brochazo grueso sobre un fondo de concienzudo hiperrealismo, la palada de azúcar sobre el café gourmet con granos importados desde el último confín virgen del planeta. Al fin y al cabo, el británico es un cineasta que recurre a lustros de amnesia, seis capas oníricas o cuatro dimensiones para expresar la pérdida traumática. Solo un pequeño apunte al terminar el estruendo, con guiño a Casablanca incluido, permite percibir que hasta podía haber en Tenet una relación con genuino potencial que, por desgracia, se ha desaprovechado en favor de otra más trillada y, aun así, pobre.

         Dentro de la ambición de su juego, Nolan combina la sofisticación conceptual con la explosiva mezcla de géneros populares, como ocurría en Origen y las posibilidades para ello que le proporcionaba cada sueño. Tenet es un megathriller de espías donde las ambigüedades y misterios intrínsecos de un micromundo cimentado sobre la mentira y el engaño quedan reemplazados por los enigmas y paradojas de los viajes en el tiempo que a decir verdad, en el fondo, no dejan de ser una anécdota vistosa. El inestable factor humano sustituido por el inestable factor físico. De la misma manera, sus herramientas para tocar al espectador son también sensoriales, no sentimentales. Su estrategia es avasallar mediante el movimiento y el sonido. Tenet no se detiene, enredada en un constante clímax de acción que riza el rizo en lo técnico con escenas que van tanto hacia adelante como hacia atrás, unas posibilidades escherianas que había explorado como elemento escénico con mayor capacidad de sugestión precisamente en Origen y que, al igual que en lo narrativo, no pasan de ofrecer una intrépida curiosidad que tiene unos resultados visuales que ni siquiera funcionan del todo bien -y, sin embargo, probablemente sea el introductorio asalto a la ópera, aún en cronología convencional, la que está plasmada de forma más confusa-.

Esto no tiene por qué entenderse como una intención de distraer la mirada cuando el mago ejecuta su truco. Aunque todavía no encuentre respuesta a detalles como que el personaje de Elizabeth Debicki esté exento de utilizar mascarilla, probablemente Nolan, minucioso en la documentación -el reconocimiento de los astrónomos a Interstellar es notorio- y el armado de sus rompecabezas, no haya dejado cabos sueltos, desde los palíndromos diseminados para hilar teorías hasta cada inversión espaciotemporal desplegada. Pero el problema es que tanto importa que los conceptos científicos sean fidedignos o que la narración haya respetado su lógica interna. Qué más da lo que suceda si los muñecos que lo sufren carecen de la suficiente entidad como para percibirse como personas, para tener interés propio. Son simples sombras. En su inagotable carrera hacia un futuro pasado, las imágenes y los argumentos de este móvil perpetuo no dan tregua, pero tampoco dejan poso, si bien es posible que, si ese movimiento eterno se detuviese, la función colapsara, absorbida por el vacío, por un agujero negro. Como advierte Nolan, es mejor no tratar de pensarla.

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Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 4.

Capricornio uno

2 Sep

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Año: 1978.

Director: Peter Hyams.

Reparto: Elliott Gould, James Brolin, Brenda Vaccaro, Hal Holbrook, Sam Waterston, O.J. Simpson, Karen Black, Telly Savalas, David Huddleston, James Karen, David Doyle, Robert Walden, Norman Bartold.

Filme

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          El director de asignaciones del periódico pone como ejemplo de periodismo de investigación a Carl Bernstein y Bob Woodward, quienes desvelaron el caso Watergate que terminaría llevándose por delante la presidencia de Richard Nixon, a la vez que reprocha a su reportero díscolo sus presuntas exclusivas acerca de un segundo tirador en el asesinato de John Fitzgerald Kennedy o sobre el paradero de Patty Hearst tras su secuestro por el Ejército Simbiótico de Liberación. Capricornio uno -que de hecho tiene en el elenco a Hal Holbrook, James Karen y Robert Walden, participantes un par de años atrás en Todos los hombres del Presidente– es una película de tiempos convulsos, de paranoia, mientras que, en ella, la prosperidad del American Way of Life queda manifestada por medio de un entorno tan estandarizado y aséptico como un Holiday Inn, que no deja de ser un decorado carente de personalidad y de verdadera calidez humana; una estéril emulación del confort producida en cadena.

          Sobre estas aguas turbulentas, Peter Hyams, en funciones de guionista y director, concibe un futuro inmediato en el que la llegada del ser humano a Marte no es sino un simple producto televisivo, grabado en un hangar secreto del ejército. Ni siquiera, como la célebre teoría sobre la llegada a la Luna, Stanley Kubrick estará ahí para otorgarle credibilidad a las imágenes. En realidad, el del programa Capricornio uno puede considerarse incluso un engaño barato, resuelto con un chantaje bruto y tres tomas de estudio.

Porque, en el fondo, los motivos que llevan a este aparatoso montaje ni siquiera son grandilocuentes, sino bastante miserables y, por ello, veraces: todo se trata de una maniobra de los lobbys implicados en la carrera espacial ante la amenaza de que los copiosos fondos destinados a ella queden reconducidos hacia asuntos terrenales, como las desigualdades sociales o la lucha contra el cáncer, por ejemplo. En la misma línea, el personaje sobre el que recae el papel de villano de la función es un tipo amable pero desesperado, cuyo idealismo y bonhomía han sido destrozados por los mazazos de los cálculos políticos. Interpretado por Holbrook, actor de aspecto nada amenazador, parece un hombre arrastrado por las circunstancias. Casi una víctima más.

          La introducción ya había deslizado subrepticiamente este apunte cercano a la sátira. La actitud despreocupada y bromista de los astronautas restaba épica al histórico acontecimiento, lo que se subrayará con el rápido, hábil y afilado retrato de los políticos invitados al palco de honor, que muestran una personalidad absolutamente corriente -gorrones, salaces, enredados en pequeñas cuitas-. El libreto contiene buenos retratos de caracteres y unos ingeniosos y trepidantes duelos dialéctivos entre los habitantes del mundillo de la prensa.

En cambio, Hyams -que posteriormente sí saldrá al espacio exterior en Atmósfera cero, la relectura cósmica de Solo ante el peligro, y 2010: Odisea dos, la continuación de 2001: Una odisea del espacioquizás no esté tan afinado a la hora de reflejar el atroz maquiavelismo de quienes mueven los hilos sin rastro de piedad. El plan de los conspiradores da la sensación de dejar muchos cabos sueltos, aunque es cierto que la improvisación es un rasgo mucho más habitual de lo que se presupone. Pero hay pistas demasiado forzadas, como la de Flat Rock, y sorprende la inconstante vigilancia que se practica sobre los hombres clave que pueden tirar por tierra el asunto.

En cualquier caso, Capricornio uno filtra una interesante crítica hacia la ruindad con la que se gestionan los proyectos públicos y sobre la capacidad manipulativa del cine y la televisión, medios de masas, para fijar una verdad conveniente. Curiosamente, en otra de sus incursiones en la ciencia ficción, Permanezcan en sintonía, Hyams dejará al ciudadano medio literalmente atrapado por la televisión.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 7.

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