Tag Archives: Futuro

Matrix Revolutions

17 Ago

.

Año: 2003.

Directoras: Lilly Wachowski, Lana Wachowski.

Reparto: Keanu Reeves, Laurence Fishburne, Carrie-Anne Moss, Hugo Weaving, Harold Perrineau, Jada Pinkett-Smith, Harry Lennix, Clayton Watson, Nona Gaye, David Roberts, Nathaniel Lees, Ian Bliss, Anthony Zerbe, Mary Alice, Helmut Bakaitis, Collin Chou, Tanveer K. Atwal, Bernard White, Tharini Mudaliar, Lambert Wilson, Monica Bellucci, Bruce Spence.

Tráiler

.

         Todo lo que tiene un principio tiene un final -mientras no lancen una nueva secuela o un reboot-, y el de la trilogía Matrix fue de ruido y furia. Lanzada apenas seis meses después de Matrix Reloaded, Matrix Revolutions se estrenó simultáneamente en más de 20.000 salas de 50 países, entre ellos, por primera vez en un evento semejante, China. Aparte de suscitar una espectación de por sí desaforada, el objetivo era evitar el pirateo informático de la película, una auténtica curiosidad para un relato protagonizado por un hacker devenido en salvador de la humanidad.

         A partir de lo sembrado en la anterior entrega, Matrix Revolutions se ve obligada a saldar la saga en un enfrentamiento épico que, a la postre, reduce su apelotonado repaso filosófico-espiritual a un duelo entre el mesías y su némesis, entre el yin y el yang, entre el bien y el mal. Un cuello de botella que, con no pocas contradicciones, filtra el conflicto entre la máquina y el ser humano acercando las posturas entre ambos -los sentimientos compartidos, como el amor, la solidaridad o la esperanza-.

Si algo destaca en el discurso de Matrix Revolutions como elemento esencial de la existencia humana es la fe. Depositar ciegamente toda esperanza de futuro en algo ajeno a uno de lo que no hay prueba empírica. A golpe de pura insistencia, el concepto alcanza su cima en este desenlace, con cotas de verdadero anuncio religioso. Como en Matrix Reloaded, Neo sigue vistiendo negra sotana mientras sus acólitos le profesan reverencia. Brazos en cruz, el Elegido, que ya encarnaba el universal anhelo del tipo corriente de descubrir que en realidad es un ser providencial llamado a grandes hazañas, inspira definitivamente a los habitantes de Zion para que cumplar su destino legendario -al que llegan paradójicamente por su elección particular, si atendemos al mensaje del filme-. Venida la hora, todos pueden ser héroes. Todos somos Neo, una vez más.

         Matrix Revolutions es una película narrativamente poco consistente y, sobre todo, escasamente imaginativa -cabría rescatar acaso la estación de metro o detalles como la lluvia sobre fondo verde que remite al código de la simulación-. La mitología de la serie, que a fin de cuentas es bastante sencilla, no da para más. Su argumento es el preámbulo, desarrollo y resolución de la batalla definitiva -mil veces vista-, la cual se libra desde lo cósmico -Neo contra Smith- hasta lo común y colectivo -Zion contra la invasión de las máquinas-. No es de extrañar que el relato continuase a través del videojuego, que después de esta conclusión semejaba su prolongación natural. Como si la hubiese contaminado el agente Smith, Matrix era ya mero espectáculo visual. Una pantalla en verde, vacía realmente de sustancia alguna.

.

Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 4.

Matrix Reloaded

15 Ago

.

Año: 2003.

Directoras: Lilly Wachowski, Lana Wachowski.

Reparto: Keanu Reeves, Laurence Fishburne, Carrie-Anne Moss, Hugo Weaving, Harold Perrineau, Jada Pinkett-Smith, Anthony Zerbe, Lambert Wilson, Monica Bellucci, Adrian Rayment, Neil Rayment, Harry Lennix, Helmut Bakaitis, Gloria Foster, Collin Chou, Randall Duk Kim, Clayton Watson, Nona Gaye, David Roberts, Nathaniel Lees, Ian Bliss.

Tráiler

.

          El boom de Matrix había sacudido inesperadamente a todo el globo, dejando una profunda huella en la manera de abordar y entender la relación entre los ciudadanos e incluso las entidades colectivas con el proceso de expansión de las tecnologias de la comunicación y la información, que colonizaban la vida privada y los espacios públicos. El fenómeno se había plasmado asimismo en los más de 450 millones de dólares de recaudación cosechados en todo el mundo. De ahí que, cuatro años después de la primera entrega, el estreno de Matrix Reloaded supusiera un auténtico acontecimiento internacional, además de una enorme presión para las hermanas Wachowski y su decisión sobre hacia dónde conducir una saga tan influyente en lo cinematográfico y lo sociológico.

          Matrix Reloaded aboga por el camino de la circunspección y la trascendencia -esto es, la pretenciosidad-, y amplía además el escenario mitológico de la serie mostrando los decorados y el funcionamiento de Zion -liderada, entre otros, por un consejero al que presta rostro Anthony Zerbe, quien ya había combatido con fuego a las máquinas en El último hombre… vivo-. Se insiste por tanto en ese existencialismo esencial que se planteaba en Matrix -el sentido de la propia vida, la discusión entre determinismo y libre albedrío, la naturaleza de la realidad-, al mismo tiempo que se consolida la configuración dual del conflicto místico -el Mesías y su Némesis; la eterna lucha entre el Bien y el Mal-, todo ello enredado en una maraña de referencias filosóficas que parecen aglomeradas de una forma un tanto difusa o arbitraria, dentro de un envoltorio de empalagosa espiritualidad cercana al new age -esa estética de la ciudad humana, la unión ecuménica de sus variopintas gentes, sus cuevas de estalactitas y estalagmitas y sus moradores vestidos con prendas de tejido orgánico y aficionados a la batukada-. Es paradigmática la conversación con el Arquitecto, donde el engolamiento y la sobreelaboración del diálogo trata de disimular la sencillez conceptual del asunto.

          En cualquier caso, este fondo trascendental aparece debidamente ribeteado, por supuesto, de un nuevo salto en la espectacularidad de una acción sustentada en buena medida en el impacto de los efectos especiales, que es la otra marca característica de la saga, a la misma altura que lo anterior y con un nivel de influencia idéntico.

Hay una evidente paradoja en la trilogía Matrix que ahora se extrema: su reflexión acerca de la progresiva virtualización de la experiencia colisiona con la intensiva digitalización de las escenas de acción y la dependencia del chroma y del ordenador para componer el fotograma. El efecto bala se redobla, las artes marciales tienen cada vez más vuelo, la persecución de la autovía sacrifica fisicidad artesanal en aras del más difícil todavía, sentando un precedente de referencia para los blockbusters de la década. Pero, ¿qué es una mierda de sicario incorpóreo al lado de la tangible rotundidad de Monica Bellucci? Ya no vale con un agente Smith, han de ser cientos. El espíritu de novelilla de ‘elige tu propia aventura’, que es lo que daba gracia al original, queda por el trayecto.

.

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 5,5.

Matrix

13 Ago

.

Año: 1999.

Directoras: Lilly Wachowski, Lana Wachowski.

Reparto: Keanu Reeves, Laurence Fishburne, Carrie-Anne Moss, Hugo Weaving, Joe Pantoliano, Gloria Foster, Marcus Chong, Matt Doran, Belinda McClory, Julian Arahanga, Anthony Ray Parker, Paul Goddard, Robert Taylor.

Tráiler

.

         Para convertirse en un auténtico fenómeno cinematográfico y sociológico, impreso a fuego en la cultura colectiva, Matrix supo rastrear y pulsar las fibras sensibles del cambio de siglo. La democratización y universalización de la tecnología; la expansión de la world wide web, las plataformas y videojuegos virtuales y el alumbramiento de una vida alternativa digital; el efecto 2000 y la amenaza del hacker en la sombra; el milenarismo, la fusión cultural en un mundo globalizado, las coreografías hongkonesas de artes marciales llevadas a un nivel poco o nunca visto anteriormente, la estética de discoteca techno que dominaba el periodo… Todo ello sobre la base de el tradicional y siempre efectivo esquema del aparente marginal -el tipo corriente de aburrida e incluso desazonadora existencia, en resumen- a quien se le revela su razón de ser como mesías providencial, lo cual entremezcla por tanto existencialismo con referencias bíblicas, filosofías orientales, clásicos literarios…

         Dos décadas después, Matrix sobrevive perfectamente como cuestionamiento del homo tecnologicus y de su experiencia de la realidad. Aunque aboga por la distopía tortuosa en lugar de por esa distopía de progreso ilusorio que parece ser la predominante –la sumisión mediante el placer superficial y no mediante la opresión brutal, como pronosticaba Aldous Huxley en Un mundo feliz-, su vigencia argumental puede considerarse reforzada incluso por el desarrollo y ampliación de la vida paralela y simulada por la vía de las redes sociales como nuevo opio en el que hasta se puede cuantificar objetivamente la gratificación obtenida -likes, matches, corazones…-; la ultraexposición de la privacidad también por el big data y los sistemas de espionaje disimulados o hasta relativamente voluntarios; la hiperconectividad y la hiperinformación como herramientas de control y confusión…

Peor fortuna corren todas las escenas que encajarían en un anuncio de batalla de djs, caso de la entrada en Matrix de la tripulación del Nabucodonosor o el imitado y parodiadísimo asalto del recibidor del rascacielos. Con todo, es imposible negar la influencia posterior de esos equilibrios coreográficos, ralentíes de cámara y trucajes visuales como el ‘efecto bala’. El catálogo de horrorosas gafas de sol no se mencionará porque volverán a estar de moda en algún momento de la próxima década.

         En definitiva, en mitad de este universo confuso e inaprensible que conspira contra él, Thomas Anderson, un perdedor cualquiera, se pregunta quién es y qué hace aquí, en un cuchitril nauseabundo, sin amigos y con cara pasmada de estar esperando no se sabe qué. Hasta que, de la nada, el conejo blanco otorga carta de validez a su alter ego Neo y le guía hasta su destino manifiesto, con una épica entre apocalíptica y salvífica a la altura de las más elevadas expectativas de su ego desencantado y doliente con la insulsa vida de todo hijo de vecino. Una alucinación en tonos verdosos o azules, según se esté a uno u otro lado de la ilusión.

Vista desde esta distancia de 20 años -y del paso de la adolescencia a la edad adulta-, se percibe con claridad, en la escena de presentación del protagonista, la construcción trascendental que configuran alrededor de él las hermanas Wachowski -por entonces eran los hermanos Wachowski, como es sabido; un conflicto de identidad que ahora puede añadir un elemento más desde el que interpretar esta temática acerca de personalidades ocultas bajo la piel impuesta a priori por la naturaleza o la sociedad, y acerca de la capacidad de decisión del individuo para conquistar su propio y espectacular sino-. “Eres mi Jesucristo personal”, “necesitas desconectarte”, “no distingo sueño de realidad”… Las claves en la primera conversación.

El fondo es menos intrincado de lo que asemeja, y es probable que las propias directoras y guionistas fueran bien conscientes de ello, porque en esta entrega inaugural de Matrix se hallan infiltrados pequeños detalles de humor y un agradecido regusto de serie B en parte de su imaginería -las torres chisporroteantes del criadero, el gancho de rescate, los enormes enchufes cerebrales, el kung fu, los guiños cinéfagos…-. Son rasgos que casan con ese espíritu de novela juvenil de ‘elige tu propia aventura’ que domina la trama del neófito Neo -arrastrado de improviso a una epopeya inesperada en la que debe ir dilucidando qué pastilla escoge o no, qué camino sigue o no, qué debe creer o no…- y que, en cierto modo, invita a participar al espectador y que resulta bastante entretenido.

.

Nota IMDB: 8,7.

Nota FilmAffinity: 7,9.

Nota del blog: 7,5.

Alphaville (Lemmy contra Alphaville)

26 Jun

.

Año: 1965.

Director: Jean-Luc Godard.

Reparto: Eddie Constantine, Anna Karina, Akim Tamiroff, László Szabó, Howard Vernon.

Tráiler

.

         Alphaville es la idea que tenía Jean-Luc Godard, autoproclamado rompedor de cadenas cinematográficas, de hacer cine de ciencia ficción en la cresta de la Nouvelle vague, esa corriente tan cinéfila como iconoclasta. Es decir, sintetizar las pulsiones del género -entremezcladas además con las del cine negro, territorio donde debutaba con Al final de la escapada, a partir del empleo del personaje pulp de ese Lemmy Caution con el sempiterno rostro ajado de Eddie Constantine y que además se enfrenta de nuevo contra su primer enemigo en el cine, Howard Vernon- para después deconstruirlas formalmente, contaminándolas de metaficción y fetichismo, y acabar finalmente poniéndolo todo al servicio de su egomanía.

         Las andanzas de un agente secreto en la capital de una galaxia lejana y deshumanizada, que curiosamente se asemeja mucho en su urbanismo y sus objetos al París de los años sesenta, se enfocan hacia la investigación de un caso existencialista. En lo profundo de la noche, en lo inhóspito de los interminables pasillos llenos de puertas, en las lóbregas calles donde tanto hace sol como nieva según el desvío que se tome, Lemmy Caution trata de escapar de los tentáculos de la máquina definitiva: Alpha 60, el paso inexorable de la evolución de la especie hacia un futuro regido por la lógica pura de la tecnología. Matemático, aséptico, libre de la intromisión de los humores, las apetencias, las emociones. Libre del sentimiento y de la ternura. Del amor.

         Hay cierto hipnotismo onírico en los escenarios que crea Godard, quien, arropado por la poderosa fotografía en blanco y negro de Raoul Coutard, consigue dotar al mundo contemporáneo de una sugerente evocación futurística por medio un montaje que traza amplios planos secuencia y extrañas y repentinas fugas; de una iluminación que ataca directamente a los ojos del espectador y de sonido que agrede sus oídos -la voz de laringófono del superordenador-.

         En esta atmósfera distópica, en esta indagación aparentemente pulp, va deslizando interrogantes filosóficos acerca de las opresiones de la vida en la sociedad coetánea, situada en mitad de la lucha entre los grandes poderes de la Guerra Fría; a propósito de la delimitación de la naturaleza humana; sobre el tiempo a la vez fijo en el presente y mortalmente inexorable en su transcurso.

Pero, en su recalcitrante insistencia en la vanguardia formal, Godard termina por ahogar todas estas cuestiones en un festival a mayor gloria de su ingenio rupturista, un asunto especialmente grave cuando, precisamente, se denuncia la carestía de emociones. El caos del cineasta francés -que también puede entenderse como una reacción propia dentro de esa denuncia contra la existencia planificada que imponen los totalitarismos de todo cuño- es un caos medido a la perfección, intelectualoide, falsamente cinéfilo, egoísta, sin empatía. Aunque tal vez sí logre apreciarse verdaderamente ese resplandor cegador del amor cuando Godard filma el rostro de su pareja, Anna Karina.

.

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 6.

Dredd

20 May

.

Año: 2012.

Director: Pete Travis.

Reparto: Karl Urban, Olivia Thirlby, Lena Headey, Wood Harris, Domhnall Gleeson, Warrick Grier, Langley Kirkwood, Rakie Ayola.

Tráiler

.

           Parece que Alex Garland se dio por vencido cuando intentaba redactar un libreto para el reboot del juez Dredd que explorase en profundidad las complejidades de un personaje que, en esencia, es una exudación satírica de las tentaciones parafascistas de unos Estados Unidos deformados desde un retrato distópico. Tras descartar hasta tres opciones previas, y con el fiasco de la adaptación cinematográfica de 1995 bien presente, el londinense escogería apenas una anécdota para lanzar las nuevas aventuras del policía, juez y ejecutor creado por John Wagner y Carlos Ezquerra, que quedan traducidas a un actioner semejante a La jungla de cristal o, mejor aún, a Redada asesina (The Raid), dado que el protagonista, acompañado de una inocente recluta, ha de abrirse camino a la fuerza en el megabloque de viviendas en que se encuentra acorralado por una mortífera dama de la droga y sus secuaces.

           La premisa no apunta alto en cuanto a posibilidades reflexivas, pero se asienta sobre una interesante e inusual ambientación futurista que en su introducción destaca, paradójicamente, por su realismo y su crudeza. Los escenarios son sobrios y reconocibles, ya que apenas se detecta en ellos la clásica estridencia con la que suele imaginarse el mañana -para luego ir sucumbiendo por el poco imaginativo paso del tiempo-. Apenas la desopilante señal luminosa del edificio de los jueces destaca en este escenario de ruinas, suciedad y pantallas que tienen su prolongación en este bloque-Estado donde se enclava la mayor parte del metraje. En contraste con esta realidad áspera y deslucida -y en un detalle significativo-, solo hay fulgor en la perspectiva alterada por los estupefacientes.

           Dredd destaca así por su contención. Hay multitud de planos lejanos -sobre todo cenitales- que presentan desde una mirada distante los sucesos que acontecen en esta megalópolis sumida en una desesperación cotidiana. La expresión de la violencia es gráfica y exagerada, acorde al espíritu original de las tintas de Ezquerra, pero también hay planos fríos en las ejecuciones que ponen en cuestión, aunque sea puntualmente, los procedimientos de los jueces y su rol dentro de esta sociedad despiadada. Frente a los bramidos de Sylvester Stallone proclamando que él es la ley, Karl Urban -que para alivio de los seguidores del cómic no se quitará jamás el casco- adopta el susurro rasposo de otro policía-justiciero, Harry, el sucio, para repartir la ley desde la punta de su Legislador. Igual ocurre con la villana, interpretada con hipnótica parquedad por Lena Headey. Los interesantes detalles de partida conducen luego a un desarrollo más rutinario de pura acción, si bien al menos solvente en su rodaje.

.

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 6,5.

Juez Dredd

15 May

.

Año: 1995.

Director: Danny Cannon.

Reparto: Sylvester Stallone, Diane Lane, Armand Assante, Rob Schneider, Max von Sydow, Jürgen Prochnow, Joanna Miles, Joan Chen, Scott Wilson, Ewen Bremner.

Tráiler

.

         Conviene tener cuidado con lo que se desea. Danny Cannon quería que actores de talla internacional se incorporaran a su proyecto de convertir Juez Dredd en una película intemporal, “en el Ben-Hur de las adaptaciones de cómic”. En pago, recibió a Sylvester Stallone para liderar el reparto. Sly, en la cumbre de su popularidad y por completo desconocedor de la historieta en cuestión, terminaría amoldando el filme a sus apetencias, dentro de una constante disputa en la que Cannon, recién llegado al sistema hollywoodiense, poco podía decir. De hecho, quedaría excluido del rodaje de las escenas de posproducción.

John Wagner, padre del juez Dredd junto al español Carlos Ezquerra, confesaría años más tarde que la historia resultante, tallada a martillazos de comedia y acción por parte de Stallone, poco o nada tenía que ver con su concepto original. Cannon juró que jamás volvería a dirigir a una estrella.

         Juez Dredd se presenta como una distopía en la que la Justicia trata de sobreponerse al caos desde una perspectiva dual que alcanza su máxima expresión en el proyecto Jano, que precisamente recibe el nombre del dios romano de las dos caras. A partir de ahí se establece como trasfondo argumental una lucha por el poder entre rigoristas draconianos y moralistas compasivos, lo que se traduce en primer plano en los apuros de Dredd, injustamente proscrito por el sistema que defiende, y su enfrentamiento contra el antagonista, Rico, movilizado por un jerifalte con tentaciones de mano dura fascista.

Es decir, que el filme posee una base rica, violenta y potencialmente compleja que, sin embargo, queda reconducida bajo el puño de hierro de Stallone hacia un simple vehículo de lucimiento dominado por la adrenalina para todos los públicos y un humor que, de tan infantil -mención especial para el secundario palizas destinado a servir de presunto alivio cómico-, parece incluso paródico.

         Esta decisión confiere un tono al filme que conduce al ridículo un buen puñado de planos, líneas de guion e interpretaciones -en concreto, aparte de la de Sylvester “yo soy la ley” Stallone, la de un psicótico Armand Assante y su kurtziano personaje, quien en su guerra contra el crimen hasta el último extremo ha abrazado abiertamente el horror moral-. En paralelo, el aceleramiento del relato, que hasta llega a dejarse por el camino partes de la narración -¿qué pasa con esos clones?-, impide que pueda asentarse cualquier poso reflexivo -que abarca por supuesto la naturaleza del propio Dredd como policía, juez y verdugo plenipotenciario-, a la vez que reduce a meros detalles algunas muestras críticas como ese laboratorio totalitario oculto dentro de la Estatua de la Libertad -un uso torcido del símbolo que se puede apreciar en otros futuros alternativos más logrados, como 1997: Rescate en Nueva York-.

.

Nota IMDB: 5,5.

Nota FilmAffinity: 4,1.

Nota del blog: 4,5.

1997: Rescate en Nueva York

4 Feb

.

Año: 1981.

Director: John Carpenter.

Reparto: Kurt Russell, Lee Van Cleef, Ernest Borgnine, Donald Pleasence, Isaac Hayes, Harry Dean Stanton, Adrienne BarbeauTom Atkins, Charles Cyphers, Frank Doubleday, Season Hubley.

Tráiler

.

          El destino de la humanidad en manos de un renegado con parche en el ojo, que escupe frases lacónicas como un Clint Eastwood recuperado del Salvaje Oeste y que opera únicamente porque su propio pellejo va, literalmente, en ello.

En 1997: Rescate en Nueva York, John Carpenter imagina un futuro próximo donde la ultraviolencia y la consiguiente reacción parafascista ha llevado a habilitar Manhattan como una isla-prisión donde volcar los despojos de la sociedad y tirar la llave. La prisión definitiva… simbólicamente vigilada desde el horizonte por la Estatua de la Libertad. Carpenter aprovechaba sus divertimentos de género no solo para componer obras de las que disfrutar con un buen puñado de palomitas y apetito cinéfilo, sino también para deslizar mensajes subversivos contra el estado de las cosas. Pongamos por caso el desenmascaramiento del gusto por la violencia del espectador al que se pone tras el antifaz del Mike Myers en La noche de Halloween o los Estados Unidos dominados por el capitalismo y el consumismo que desnudan unas simples gafas de sol en Están vivos.

En 1997: Rescate en Nueva York un escenario posapocalítico domina la megapenitenciaría, asentada sobre los cascotes de la antigua ciudad, capital oficiosa del mundo. Sin embargo, el exterior que permanece fuera de campo no es más acogedor. Es más, este sí se encuentra al borde de la hecatombe nuclear, dentro de un contexto de Guerra Fría y conflictos antiimperialistas que perduran en esta distopía de raíz ochentera. Y, desde luego, sus agentes de la ley no son menos despiadados.

          “Un poco de compasión humana”, espeta sarcásticamente el apaleado ‘Serpiente’ Plissken, que avanza entre la mugre y los escombros del país para, en un nuevo golpe de ironía, rescatar a su presidente, que se ha quedado atrapado ahí por casualidades del destino burlón. O del karma. Así, entre profecías oscuras, gamberrismo y toques de western -comparecen además viejas leyendas del género como Lee Van Cleef y Ernest Borgnine-, el amoral antihéroe debe regenerar -o no- un orden dudoso a través de una aventura nocturna, subterránea y brutal.

La narración es concisa y directa, propia de la serie B, y todo se ajusta a su funcionamiento, a pesar de las flaquezas que pueda presentar el desarrollo del relato. El diseño de producción, repleto de detalles de ingenio -como el cadillac del Duque-, asienta esta atmósfera nocturna y desolada, de constante amenaza y acción incesante, que se mueve entre lo terrorífico y lo grotesco. Entre la pesadilla y la caricatura, siempre con un equilibrio perfecto.

          Con ello, y con el protagonismo de Kurt Russell al frente de este jugoso reparto de tipos y tipas duros, 1997: Rescate en Nueva York se convierte en una obra de enorme carisma, lo que se manifiesta en el culto que le tributan abundantes guiños de la cultura popular. Además, cuenta con una secuela, un proyecto de remake y un juego de mesa.

.

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 7.

A %d blogueros les gusta esto: