Taxi Driver

13 Mar

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Año: 1976.

Director: Martin Scorsese.

Reparto: Robert De Niro, Jodie Foster, Cybill Shepherd, Harvey Keitel, Albert Brooks, Peter Boyle, Leonard Harris, Martin Scorsese.

Tráiler

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          Taxi Driver termina con un aguijonazo. No recuerdo si era Martin Scorsese o Paul Schrader quien lo definía así. Apaciguada la tempestad de ruido y furia, Travis Bickle vuelve a ser un anodino conductor de taxi. El objeto de su obsesión, Iris, comparte carrera con él, quien parece haber recobrado unos mínimos de compostura aceptables en esa Nueva York permanentemente nocturna y prograsivamente trastornada, a la cual la cámara retrata a centímetros de su pútrida piel de asfalto, de su esperpéntico maquillaje de neón, de sus supurantes alcantarillas. El saxo de la partitura de Bernard Hermann retoma una cadencia calmada, acompasada al parsimonioso transitar del coche. Pero, de repente, una imagen entrevista. Una mirada fugaz por el retrovisor. Un aguijonazo. La bestia sigue vigilante.

          Taxi Driver captura una serie de palpitaciones que permanecen agazapadas tanto en la comunidad como en el interior de uno mismo. La sociopatía de Travis Bickle acecha desde lo más oscuro, acumulando fuerzas hasta explosionar una vez más. Travis Bickle es una atmósfera social, un estado de ánimo. De ahí su vigencia a través de las generaciones, de su recurrente conexión con una realidad que parece cambiar pero en la que, quizás, nada cambia. La frustración irreparable, la soledad incurable, el desarraigo absoluto, el vacío existencial. Travis Bickle desembarcaba en el Nueva York de los años setenta tras un periodo de gestación y bautismo de fuego en el horror de Vietnam. Es la década del desconcierto, del pesimismo, del despertar tras el sueño soleado y amoroso de esa Era de Acuario que moriría ahogada en la sangre vertida por la Familia, por los magnicidios de aquellos que prometían un futuro de concordia, por su propio vómito de atracón de estupefacientes. Sobre sus cenizas volvía a resurgir la derecha parafascista de tipos como Richard Nixon. Los excesos pretéritos habían de ser combatidos a punta de Magnum 44, con los representantes de la ley virando hacia fuera de los márgenes de lo establecido para garantizar, paradójicamente, los fundamentos de lo establecido. Harry Callahan debía patear a Scorpio, tirotearlo hasta matarlo, porque era la única manera de que no escapara por entre las grietas de un sistema corrompido. Travis Bickle también compra una Magnum 44, fascinado por su poder justiciero, además de otras pistolas de cañón más corto por motivos prácticos. Verdugos del sistema que operan fuera del sistema; paramilitares de una guerra que ahora se libra en la sacralidad violada del hogar.

Travis Bickle ni siquiera tiene una placa que respalde mínimamente sus actos. Desde su taxi, patrulla las calles. Su mente, disuelta como una aspirina efervescente en un vaso de agua, identifica al enemigo. Y al enemigo se le elimina. La de Travis Bickle es, pues, una historia de los Estados Unidos y de sus contradicciones eternas, de sus conflictos inherentes. En parte, su carácter toma inspiración del Samuel Byck que había tratado de asesinar precisamente a Nixon un par de años antes del estreno del filme. Tiempos en los que el individuo se veía capaz de empuñar un arma y salir a defender su posición, sin siquiera parapetarse antes en una posición dominante. Su delirio encuentra cierta lógica en un entorno degradado que asume como propio, que lo envuelve narcotizándolo, contaminándolo.

          Tal vez el contexto histórico evolucionase en los años posteriores, pero Travis Bickle siempre permanece ahí, en su cabina, oteando la calle por los retrovisores. Puede que el último lustro haya sido el más convulso políticamente en el país norteamericano -y en el resto del mundo- desde aquellos años setenta. La polarización de la ciudadanía, al menos, alcanza cotas semejantes. Dos devastadoras crisis económicas, la de 2008 y la que trajo consigo la pandemia, diezmando las clases medias, depauperando todavía más al precariado y aumentando todas las brechas socioeconómicas imaginables. Dinamitando, pues, las perspectivas de futuro. Donde hubo detractores de la guerra frente a ultranacionalistas del ‘America love it or leave it’, ahora hay activistas de Occupy Wall Street, Me Too o Black Lives Matter frente al renacimiento de la extrema derecha, el neofascismo y el supremacismo blanco; las masas que toman al asalto el Capitolio secundando las tesis emponzoñadas de su inefable líder. En el cine, quien escudriña por el retrovisor puede que no sea Travis Bickle, pero podría ser el Joker que reimagina Todd Phillips. La herencia no solo se percibe en los fotogramas. También en los perfiles de aquellos que recurren a ambas figuras como iconos para representarse al mundo a través de las redes sociales. Tampoco suelen andar lejos quienes claman por un hombre fuerte capaz de purgar de un balazo el mal que hostiga a la sociedad, identificados nuevamente con Callahan y su revolver, descomunal símbolo fálico. No está de más aludir a la deconstrucción y las mutaciones de los paradigmas sociales, al hombre blanco de mediana edad que barrunta que está perdiendo ciertos privilegios que aparentemente estaban asegurados. Cuando estos son los últimos que quedan debido a otras circunstancias -esencialmente esa tendencia del neoliberalismo a extremar los escalafones sociales-, la situación tiende a tensarse. La frustración irreparable, la soledad incurable, el desarraigo absoluto, el vacío existencial.

          Schrader lo formulaba en su anterior Yakuza: “Cuando un americano enloquece, abre la ventana y dispara a un montón de extraños; cuando un japonés enloquece, cierra la ventana y se suicida”. Porque, aparte de social, esta angustia tienen una dimensión vital y particular; sea transitoria, por cosas de la edad, sea arraigada en lo más hondo. Hay obras capaces de, en unas circunstancias concretas, impactar como un relámpago en lo más profundo del espíritu. Taxi Driver es probablemente la película que cambió definitivamente mi percepción del cine al descubrirla a los 15 años. Toda ese interior confusamente convulso, esa sensación de extrañamiento, el desengaño constante, ese rencor inconcreto. También eso es Travis Bickle, un individuo cuya vida es un pasillo vacío, sucio y mal iluminado, desde cuyo fondo él llama sin respuesta mientras sostiene ridículamente un ramo de flores que nadie desea. Una proyección paroxísitica, una fantasía sublimada. Taxi Driver es, entre otras cosas, una película sobre la desidia, sobre la apatía, sobre una abulia que se enquista y metastatiza hasta reventar en violencia. Travis Bickle en su cubil caótico y desconchado, jugando con el equilibro del televisor donde mira sin mirar un horrible telefilme, obsceno en su falsedad, hasta alcanzar el desastre por el mero dejarse llevar por la indiferencia. Una expresión meridiana de esa sorda desesperación. Taxi Driver es una de las obras que mejor ha plasmado ese aburrimiento tóxico, reconcentrado, cuyo hedor hasta se huele y se paladea. Scorsese desmonta esa patraña de la ‘durée’ -el transmitir el aburrimiento mediante el aburrimiento en bruto- que inventaban los de la Nouvelle Vague para, en cierta manera, justificar un desprecio al empleo de recursos narrativos elementales.

Pura contradicción, la respuesta violenta de Travis Bickle –el asesinato de Palantine, falso ídolo, dueño simbólico de su anhelo romántico- se entrecruza con una misión de redención personal -el rescate de Iris, una prostituta de 12 años, del lumpen neoyorkino; la pureza inmaculada confundida por la perniciosa dialéctica de la liberación de la mujer y el new age hippie-. Un centauro del desierto definitivamente enajenado, en perpetuo galope en su búsqueda de purificar la sociedad, a sí mismo. Su locura, descrita en un discurso trabado, incoherente y delirante, es la locura de unos Estados Unidos que fantasean obcecados con salvar a una inocente que ni es inocente ni quiere ser salvada. La cara oscura de un complejo de benefactor universal pervertido en una cruzada demenciada y destructora, de igual modo que, en otros tiempos, la perversión del ideal propagandístico del sueño americano se había personificado en el gánster estelarizado por el cine de los años treinta. Que Travis Bickle se decante por uno u otro plan es cuestión azar, si bien el desenlace sería probablemente idéntico en ambas: un grotesco baño de sangre que se plasma como una alucinación malsana. A pesar de que la sociedad termine asumiéndolo como tal, Travis Bickle no es un héroe. Ni siquiera un antihéroe. Scorsese y Schrader, con un aguijonazo postrero, advierten de que su cruzada tampoco es redención. Y de que no acaba nunca.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 8,1.

Nota del blog: 10.

19 comentarios para “Taxi Driver”

  1. Deckard 14 marzo, 2021 a 11:13 #

    La mejor película de Scorsese. Sin lugar a dudas. Lo único que me chirría un poco es el epílogo. Me parece un poco pegote. Siempre pensé que fue una imposición de la productora porque, en buena medida, viene a contradecir casi todo lo que se ha contado anteriormente.

    Saludos.

    • elcriticoabulico 16 marzo, 2021 a 18:45 #

      También es mi favorita. Incluso estoy de acuerdo con su final, creo que tiene sentido esa ‘vida extra’, esa neurosis que sobrevive y se perpetua porque forma parte misma del país.
      Saludos.

  2. Manuel Pozo 14 marzo, 2021 a 20:45 #

    Vaya, este finde pegas fuerte.Me descubro ante tu comentario.

    Tengo un grupo de buenos alumnos a los que todos los días les hablo de alguna peli en los tontos minutos finales de clase. Como mencionara Taxi Driver hace mucho un chaval me vino el otro día y me dijo que la había visto. Me comentó que su sensación era rara, que no le había acabado de gustar pero que a la vez le había atraído, mientras que se lo había pasado mejor con otra, no me acuerdo cuál, actual -creo que era “El Hoyo”- pero muchísimo peor.

    Es la reacción lógica de un adolescente inteligente de hoy en día. Yo le dije algo así como “es verdad, seguro que te ha aburrido un poco, pero segurísimo que dentro de unos años querrás volver a verla y se te habrá olvidado totalmente la existencia de la otra”
    “Pues seguro que sí”, me dijo. Y es que es un chaval inteligente, pero de hoy en día.

    Te sigo leyendo

    • elcriticoabulico 16 marzo, 2021 a 18:53 #

      Supongo que a esa edad yo tenía algo de callo para ver y sentir películas anteriores a 1980 (tengo gente que en la actualidad, entrada en la treintena, se pirra por las películas y con buen gusto, pero que no aceptan nada anterior a esa fecha), igual por eso no le pegó tan duro como me pudo pegar a mí. Es decir, que más que ser de hoy en día (mi adolescencia es de los dosmiles, la película tenía cuarto de siglo cuando la descubrí), parece que es cuestión de tener cierto hábito cinéfilo para que eso que “atrae” termine de marcar a fuego.

  3. Hildy Johnson 16 marzo, 2021 a 17:33 #

    Jo, queridísimo crítico abúlico, qué textazo. Me lo he leído dos veces y más lo leeré. Está llena de frases brillantes como esta: “También eso es Travis Bickle, un individuo cuya vida es un pasillo vacío, sucio y mal iluminado, desde cuyo fondo él llama sin respuesta mientras sostiene ridículamente un ramo de flores que nadie desea”.
    Y lo más fuerte y da miedo es cómo esa película de Martin Scorsese y Paul Schrader, dirigida en 1976, se lee también hoy perfectamente y encaja en el contexto actual de un mundo polarizado y a la deriva. Muchas frases del texto dejan pensando.
    Taxi driver es de esas películas que siempre hablan y que en cada visionado ofrece lecturas tan interesantes como la que has ofrecido.
    No hace mucho volví a verla. Una de las lecturas ricas es darse cuenta de que es una adaptación muy particular de Martin Scorsese y Paul Schrader de Diario de un cura rural, y de nuevo lo que nos cuenta y cómo nos lo cuenta adquiere mil sentidos.
    Otra cosa que me ha interesado de tu crítica es marcarla como una de esas películas que una vez que las ves sabes que te marcan, y que siempre al visitarlas pervive esa sensación que causaron la primera vez que las vimos. Y se nota que supuso su visionado, algo revelador.
    No, Travis Bickle no es un héroe.

    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 16 marzo, 2021 a 19:03 #

      ¡Pues muchas gracias, Hildy! No he visto la de Diario de un cura rural, pero la última vez que volví a Taxi Driver si me pareció que Travis Bickle podía coger un caballo y lanzarse con el tío Ethan a purificar el país salvando a su sobrina de los indios… Scorsese y Schrader, como buenos cinéfilos, absorben y manejan muchas influencias. Es una película muy rica y, sí, una de las cosas más llamativas, y que más dicen de ella, es cómo sigue conectando y arrastrando sensibilidades, estados de ánimo, reacciones sociales. Eso dice mucho de su agudeza, de su potencia, de cómo capta y expresa ciertas cosas.
      ¡Besos!

      • Deckard 16 marzo, 2021 a 21:26 #

        Supongo que Hildy dice lo de “Diario de un cura rural” porque sabe que Paul Schrader era un gran admirador de Robert Bresson. Por cierto, si te interesa, el libro de Schrader “Tres maestros: Bresson, Dreyer, Ozu” está editado en castellano. Si lo lees seguro que te dará claves adicionales de interpretación.
        Saludos.

  4. ALTAICA 17 marzo, 2021 a 17:01 #

    Excelente crónica con cada vez más licencias literarias muy de agradecer. Magnífica evolución. Ya sabes que no soy un admirador de este director, al que considero una mediana efectista y artificial, pero esta es su mejor película como dice nuestro querido amigo Deckard. Aún así, un 10 se me antoja excesivo. Un fortísimo abrazo de uno que ya te ve como a un hijo.

    • elcriticoabulico 18 marzo, 2021 a 17:35 #

      Carallo, Altaica, no me digas esas cosas que soy un tío sensible, a ver si voy a acabar regalándote algo mañana por el día del padre jeje.
      Para mí Taxi Driver solo puede ser un diez. Una película que me ha marcado tanto… No deja de tener mucho de subjetivo, pero es que el cine y el arte si no se afronta y se asume desde esa subjetividad pues yo no sé…

  5. Deckard 13 abril, 2021 a 02:27 #

    Victor. Me veo obligado a hacerte una pregunta. ¿Dónde estás? Con lo prolífico que eras, llevas un mes sin publicar nada. ¿Vas a cerrar el blog o estás de vacaciones o algo así? Además, venciendo tu reticencia a hablar de “Taxi Driver·”, supongo que por miedo a no hacerle justicia, podrías sugerirnos la idea de que estás cerrando el círculo y de que ya das esto por finiquitado. ¿Podrías aclarárnoslo si es asi y dar algún signo de vida? Ya sabes que algunos valoramos mucho tus opiniones. Bueno. A ver. Saludos.

  6. Deckard 13 abril, 2021 a 02:29 #

    (Además no me había fijado antes y quería agradecerte ese enlace tan divertido que habías puesto a mi podcast. Muchas gracias, camarada. A ver si cunde….)

    • elcriticoabulico 13 abril, 2021 a 16:15 #

      Pues efectivamente, pillé ‘Taxi Driver’ para hacer despedida y cierre simbólico. El crítico abúlico se queda solo en abúlico. Y, la verdad, es que no hay más razón que esa, que yo creo que no es ni buena ni mala. Pero bueno, seguiré de cerca el podcast y algún que otro blog por ahí.
      Por cierto, quiero aclarar que ‘Taxi Driver’ puede ser la película que me marcase en cierta manera, pero no es mi película favorita. Esa es ‘El hombre que pudo reinar’.
      ¡Un saludo, Deckard!

      • Deckard 13 abril, 2021 a 21:26 #

        Qué pena, Victor. ¿Te has cansado ya? ¿Sientes que clamas en el desierto o algo así? “El hombre que pudo reinar” lo merece todo. Vamos a echar en falta tus atinadísimas reflexiones. Lo cierto es que nadie podrá acusarte de desapasionamiento o de haberte prodigado poco. En todo caso se te podría señalar por estajanovista. En fin. Es una pena, insisto. ¿La pandemia ha tenido que ver en algo con un reenfoque de tu actividad o de tu existencia? No sé. La curiosidad me pica. Aunque, lo cierto es que yo también te comprendo. La mayoría de las cosas en esta vida tienen un principio y un final, y si esto ha dejado de motivarte lo suficiente, no somos nadie para tratar de convencerte de lo contrario. Pues nada. Mucho ánimo y suerte de aquí en adelante.

        P.D: (Y si sigues mi podcast me sentiré muy honrado. Más todavía si te animas a hacer comentarios y seguimos cruzando de vez en cuando opiniones. Me jode un poco que abandones porque es difícil encontrar verdaderos contertulios de nivel. Por ahí hay mucho postureo pero escaso conocimiento. En fin….)

        Un abrazo.

        • elcriticoabulico 14 abril, 2021 a 16:49 #

          Pues no, no hay reenfoque existencial ni nada que pueda ser trascendente. Solo que ya no me apetece echarle horas y andar atento al blog, la verdad. Que oye, han sido ya unos cuantos años de dedicarle tiempo y ganas.
          Seguiremos en sintonía, Deckard. Un abrazo grande.

  7. ALTAICA 14 abril, 2021 a 03:46 #

    Pero qué coño es esto…, tú no puedes dejar este blog mientras Altaica aún esté vivo. Llevamos juntos toda la eternidad y un día y estoy muy mayor para que me abandonen. No tenerte sería terrible y me produciría un dolor insoportable. Te quiero como a un hijo. Has realizado un trabajo excepcional. Puedes descansar, pero de vez en vez sigue publicando. No puedes abandonar a tu hijo (el blog) y a tu padre (Altaica). Eso sería demoledor. Formas parte de mi vida y quiere tenerte siempre a mi lado. Prométeme que es un descanso ¿vale? El abrazo más grande del universo y para lo que necesites me tienes a tu disposición.

    • elcriticoabulico 14 abril, 2021 a 16:51 #

      jajaja Pero hombre, Altaica, que hay cosas peores, como darse con el pie descalzo contra un mueble en mitad de la noche. Y sí, esto queda por aquí abierto por si me da por volver a juntar unas letras, que nunca se sabe.
      Un abrazaco, Altaica. Han sido un placer estas discusiones y recuerda, mantente alejado de Tarantino.

      • ALTAICA 15 abril, 2021 a 16:15 #

        Te voy a echar mucho de menos. Una barbaridad. Te he tomado mucho cariño. Espero que alguna vez publiques algo. Un gran abrazo.

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