Tag Archives: Surrealismo

Inland Empire

21 Jun

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Año: 2006.

Director: David Lynch.

Reparto: Laura Dern, Justin Theroux, Jeremy Irons, Peter J. Lucas, Julia Ormond, Harry Dean Stanton, Krzysztof Majchrzak, Erik Crary, Grace Zebriskie, Karolina Gruszka.

Tráiler

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          Mientras veía de nuevo Mulholland Drive, pensaba que, para reproducir con fidelidad mis sueños, correspondería emplear la fotografía digital. No aparecen en ellos ilusiones visuales, ni juegos perturbadores con el color, ni sombras ambiguas y tétricas que den paso a pesadillas. Todo se desarrolla con un aspecto de corriente realismo donde las irrupciones de lo insólito o de lo absurdo no me generan siquiera extrañeza cuando las experimento, pues se encuadran dentro de una cierta lógica que domina el sueño y que, además, sigue unas normas relativamente veristas, por así decirlo. Es decir, cuando sueño que vuelo, la sensación y la mecánica es similar a bucear en una piscina. Como máximo, percibo la luminosidad y el sonido un tanto difusos o amortiguados, pero más allá de eso todo tiene un aspecto perfectamente prosaico. Nada pictoricista o extraordinario, al contrario que los fotogramas que compone cuidadosamente David Lynch, que se podrían calificar de mejor manera como proyecciones del subconsciente; un campo surrealista más amplio que lo estrictamente onírico.

De ahí la paradoja que me produce Inland Empire, porque quizás la escena de barbacoa con los artistas de circo es, dentro de su filmografía, la más semejante a los sueños que yo tengo. Porque, a pesar de esta cercanía, encuentro que la película es decepcionante, fundamentalmente porque su recurso a la fotografía digital, de textura deslucida y vulgar, hace imposible esa hipnosis por medio de la atmósfera que es la condición necesaria para sumergirse a fondo en el extraño e inquietante universo del director y guionista estadounidense.

Sin el arrebato estético que por ejemplo hace que Mulholland Drive sea subyugante y misteriosa, Inland Empire, que a veces ni siquiera esconde el artificio cinematográfico, termina pareciendo un experimento amateur del que, como espectador, me voy sintiendo cada vez más distanciado y apático.

          De nuevo, se repite el consejo de no racionalizar un argumento de David Lynch. El caso es que Inland Empire parece desarrollar una historia surrealista sobre numerosas figuras femeninas oprimidas, generalmente por otras figuras masculinas. Entre ellas, la protagonista no sería tanto la actriz casada con un marido con violentos celos patológicos y que progresivamente se funde con el personaje que interpreta en su nueva película -y que interpreta Laura Dern-, sino la muchacha polaca aprisionada en lo que parece una trama de mafia y prostitución y que proyecta su mente angustiada sobre la pantalla de un televisor. Esto es, la “chica perdida” que encarna Karolina Gruszka.

          La narración, fragmentada en múltiples planos y ordenada en un montaje caótico que alterna lo presuntamente real con la presunta introducción en la psique alterada de la estrella de Hollywood, maneja símbolos y conexiones entre ellas y traza líneas que recuerdan a esa especie de estructura de banda de Moebius que surge de forma puntual en el cine de Lynch, especialmente explícita en Carretera perdida. Pero también comprende insertos presumiblemente arbitrarios que proceden incluso de cortometrajes previos del cineasta, como la célebremente desconcertante ‘sitcom’ de una familia de conejos que habían centrado Rabbits -con voces de Naomi Watts, Laura Elena Harring y Scott Coffey-.

Así, intuyo que Inland Empire sería fundamentalmente una película que contempla una película dentro de una película, donde coinciden las situaciones y circunstancias adversas de unas mujeres que, al fin y al cabo, serían intercambiables en su infortunio y su dolor. O probablemente no. El asunto es que, a diferencia de las mejores obras de Lynch, en Inland Empire solo queda ordenar fría y parsimoniosamente el puzle, dado que no se ha producido el hechizo que permitiría impregnarse de las pulsiones y emociones, directamente rescatadas del subconsciente, que residen en las imágenes.

          Por desgracia, Lynch ha coqueteado con que este sea su último largometraje.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 4.

Mulholland Drive

9 Jun

Hollywood a través del espejo, a campo abierto por el subconsciente de una actriz que sueña en la fábrica de los sueños, acosada por las Furias vengadoras. Incursión en el cine moderno para Bandeja de Plata.

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La Atlántida

7 Jun

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Año: 1932.

Director: Georg Wilhelm Pabst.

Reparto (Versión en francés): Brigitte Helm, Pierre Blanchar, Jean Angelo, Tela Tchaï, Vladimir Sokoloff, Mathias Wieman.

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           La llegada del sonido al cine desencadenaría la que probablemente sea la primera gran ola de remakes del por entonces joven arte, que pretendía aprovechar este avance técnico para modernizar historias ya narradas en primera instancia. La Atlántida, adaptación de la novela de Pierre Benoit que ya había sido llevada al cine en 1921 por Jacques Feyder, es uno de estos casos, que además presenta otro de los rasgos recurrentes de este salto al sonoro: el rodaje simultáneo en diferentes idiomas -aquí francés, inglés y alemán- para adaptarse a las pantallas internacionales, ya que el lenguaje universal del silente, basado en la imagen y que tan solo exigía cambiar los carteles de los intertítulos, queda ahora reemplazado en buena medida por el poder expresivo de la palabra.

Con todo, después de que el propio Feyder descartase rehacer la obra, Georg Wilhelm Pabst, que asumiría las riendas del proyecto, despliega una estética que aún conserva notables reminiscencias del cine mudo, atento al rostro, a la gestualidad y a la capacidad atmosférica y sugestiva del fotograma. Aunque la sensación no es constante a lo largo del metraje, La Atlántida parece un ‘traum-film’, emparentado con la tradición fantástica centroeuropea, donde el relato se adentra en el terreno de lo soñado, en un universo fabuloso dominado por el influjo del eros y del tanatos.

La partida de ajedrez que diputan la reina-diosa Antinea (la icónica Brigitte Helm en las tres versiones) y el teniente Saint-Avit es pura sexualidad, amenizada por un coro de bailarinas eróticas que danzan al son de una música penetrante, ‘in crescendo’, acorde a los movimientos cada vez más rápidos de las piezas, del acoso de jaques de la mujer sobre el hombre, al que hechiza, somete y, metafóricamente, castra, domándolo como al guepardo que camina por su palacio. El episodio especialmente llamativo debido a la anticlimática ausencia de música que, en cambio, se producida en escenas pretéritas -el ataque de Tosterson-.

           En paralelo, también permanece siempre presente la ascendencia de los recuerdos y las admoniciones de una perdición inexorable, incluso heredada o predestinada de acuerdo con conexiones surrealistas -el cancán en el gramófono y en el teatro, los reflejos deformados, la sucesión de objetos tras la muerte-.

           Un triángulo amoroso, con la vampirización en uno de sus vértices y su dominación y rechazo respectivo -lo que deriva por su parte en otro hechizo a la inversa-, es el tema que se encuentra en el fondo de la aventura de La Atlántida, la cual se escenifica en un territorio legendario -o no-, oculto bajo las dunas del Sáhara -los últimos rincones del planeta inexplorados por el hombre blanco en un tiempo de inminente decadencia colonial, inmunes a su insaciable empuje conquistador-.

           Con independencia de la plasmación onírica o febril del relato -donde se admiten las abruptas elipsis, algunas de ellas subyugantes-, esta idea, al igual que el desarrollo argumental del filme en general, está construida de forma atropellada desde el guion, lo que le confiere a la película cierta irregularidad y hasta confusión narrativa. Su potencia, por tanto, procede de su inmersión en un cosmos alucinado -el carácter ambiguo y etéreo de Antinea y todo lo que se encuentra bajo su reino- y físico -la sed del desierto, la amenaza del bereber, la supervivencia, el deseo-; igualmente poético y tenebroso. El mitológico palacio de Antinea está recorrido por pasillos oscuros, todo ello dominado por su efigie omnipresente.

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Nota IMDB: 5,2.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 7.

Mimosas

9 Ene

mimosas

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Año: 2016.

Director: Óliver Laxe.

Reparto: Ahmed Hammoud, Shakib Ben Omar, Saïd Aagli, Ikram Anzouli, Ahmed el Othemani, Hamid Fardjad.

Tráiler

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          Surgido de la pujante nueva ola de cine gallego, avalado por dos reconocimientos consecutivos en el festival de Cannes, ávido de imbuirse de una autenticidad que encuentra en los márgenes de la sociedad -el resilente rural gallego, el indómito Marruecos interior- y del arte -la vanguardia, la ruptura genérica, narrativa y conceptual-, Óliver Laxe se erige en uno de los nombres propios de la creación cinematográfica actual.

Mimosas es su primer largometraje íntegramente de ficción, en el cual, no obstante, retoma los escenarios magrebíes de su galardonada Todos vosotros sois capitanes e incluso algún habitante de ella, como Shakib Ben Omar. Con todo, quedan puertas abiertas a la realidad -la coincidencia en el nombre entre actores y personajes- dentro de este viaje a lo largo de un laberinto con numerosas salidas y entradas y en el que se comunican, como parte de un único conjunto, espacios presentes y espacios atemporales, vidas prosaicas y anhelos fabulosos, verismo e ilusión, caminos terrenales y recorridos espirituales, personajes humanos y personajes alegóricos.

          Embarcado sobre un armazón que podría ser herzogiano en su naturaleza irracional, obsesiva y tendente a la abstracción -un hombre descreído que se compromete a devolver el cuerpo de un jeque a su aldea en una aventura suicida por montañas de sobrecogedora y trascendental inexpugnabilidad-, Laxe despliega un western espiritual donde confluyen ecos de Monte Hellman mestizados con el sentir antisistema con el que Pier Paolo Pasolini miraba la belleza física, la Historia y sus huellas; así como con resonancias de la fatua Jauja de Lisandro Alonso.

Esta última es su faceta menos interesante, con su parábola de deliberado cripticismo abandonado a interpretaciones y donde uno nunca termina de saber si esa manera abierta de saldar el filme es la adecuada -dejando de lado la abrupta e irregular manera en la que aquí se alcanza- o solo formula esa sobada petición a la participación del espectador como sujeto activo en la obra para, en verdad, enmascarar arteramente una incapacidad de rematar de forma satisfactoria lo comenzado -como, precisamente, se le critica al desorientado protagonista de Mimosas-. La iluminación del autor.

          Antes de ello, se percibe en Mimosas un poderoso talento visual para la narración de cine, con un rotundo empleo de la orografía del Atlas y de los rostros del reparto -paisajes fascinantes ambos- que resulta más efectivo en su exposición de este camino de fe; de la inspiración y autorrealización desde la fantasía de una oveja descarriada por la fuerza destructiva de una realidad capaz de desconchar, al igual que sucede los murales con los que se inicia el filme, hasta las más bellas ensoñaciones.

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Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 6,5.

The Neon Demon

17 Nov

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Año: 2016.

Director: Nicolas Winding Refn.

Reparto: Elle Fanning, Jena Malone, Karl Glusman, Bella Heathcote, Abbey Lee, Desmond Harrington, Keanu Reeves, Christina Hendricks, Alessandro Nivola.

Tráiler

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            Nicolas Winding Refn es fiel a sí mismo; a su concepción del autor. Ya lo demostró en Solo Dios perdona, para disgusto de muchos de los seguidores que había cosechado con Drive, la película menos representativa de su corpus -su carácter de encargo se revela en que es su único largometraje donde no combina las funciones de dirección y escritura de guion- y probablemente también la más redonda, a su pesar.

            Con The Neon Demon, el cineasta danés redobla su apuesta innegociable por explorar su universo particular, donde elevadas inquietudes existenciales y metafísicas, apegadas empero a pulsiones sórdidas y viscerales, se expresan a través del simbolismo estético, envuelto en ropajes iluminados por luces de neón -como reitera aquí precisamente el título- y música electrónica cuajada con sintetizadores.

Quién sabe si inspirado por el rodaje del anuncio de Gucci Premiere con Blake Lively, en la presente se suma además un mensaje crítico contra el sistema sociocultural y económico imperante -la competitividad exacerbada, el ser humano como pieza desechable, el culto a la belleza y la apariencia- a partir de la incursión del argumento -situado entre el thriller y el terror con base de cuento tradicional- en el mundillo de la moda, desde el que se eviscera un nuevo estudio sobre la voracidad del ‘show business’ y su afición a fagocitar cuerpos y almas -el escenario, como si de una de estas cintas metacinematográficas se tratase, también se ambienta en Los Ángeles-.

            Pero, para diseccionar el cuerpo en busca de sus tumores, Refn emplea un cuchillo de mantequilla, por más que se envuelva la mano en un guante ornado de brillantes ostentosos. La alegoría surrealista que compone a través de esta Alicia en el país de los vampiros, los sacamantecas y los monstruos -interpretada además por Elle Fanning, ya cándida princesa Disney en Maléfica-, es tan burda en su concepción, desarrollo y conclusión que anula los efectos narcotizantes que sí lograba conservar, a mi juicio, la elaborada narración visual de Solo Dios perdona, en la que sin embargo cabe reconocer que sus limitaciones como escritor eran igualmente perceptibles -como presentes estaban asimismo en obras anteriores-.

            Perdido el velo de la hipnosis formalista en gran parte del metraje, se descubre en la pantalla una exposición vulgar de un descenso a los infiernos -internos y externos, por aquello de la dualidad humana- donde la procurada abstracción se torna oquedad y la ironía ridiculez; a la par que se recorre una galería de interpretaciones estrafalarias y, por fin, la deliberada chabacanería en la que Refn inserta a sus criaturas -incluida la banda sonora de nuevo a cargo de Cliff Martínez, versión tétrica del hilo musical del Bershka- termina por volverse en contra del propio creador, revelando la debilidad de sus pretensiones autorales -entre las que no falta la siempre reprobable autocita-.

Fallida.

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Nota IMDB: 5,9.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 4,5.

El grito

28 Oct

Un alarido para abrir las puertas entre la realidad y el delirio, la razón y la locura, los terrores sobrenaturales y los terrores cotidianos. La peculiar El grito, para la sección de estrenos en DVD/Blu-ray de Cine Archivo.

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Arrebato

8 Jun

“Los espectadores de cine son vampiros callados.”

Jim Morrison

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Arrebato

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Arrebato

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Año: 1979.

Director: Iván Zulueta.

Reparto: Eusebio Poncela, Will More, Cecilia Roth, Marta Fernández Muro, Carmen Giralt, Helena Fernán-Gómez, Luis Ciges.

Tráiler

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           La supernova de Iván Zulueta, cartelista, fotógrafo, director de cine, heroinómano irreparable, solo podía tener cabida en el contexto de la Movida madrileña. En los estertores del franquismo había estrenado ya la igualmente anómala Un, dos, tres, al escondite inglés, auspiciado por José Luis Borau, a la que seguirían una serie de cortometrajes underground de gran ardor cinematográfico y alucinación parida por el consumo de estupefacientes. Sin embargo, la obra que le encumbraría como una de las enseñas del malditismo cinematográfico español, Arrebato, germina en el caldo de cultivo de este movimiento cultural emanado de la esperanzadora pero dudosa y por momentos desconcertante ruptura con cuarenta años de totalitarismo; libérrimo hasta las últimas consecuencias, hasta contra uno mismo.

           Artefacto heterodoxo, inestable y degradado por naturaleza, Arrebato surge como una película de impulsos, y no tanto narrativa. Una sucesión de ritmos viscerales y existenciales desencadenados por la heroína y la relación obsesiva, esclava y parasitaria que se establece entre el creador y su obra, siempre insatisfactoria e incompleta.

Arrebato es, por tanto, un cúmulo de fetichismos y cuelgues insuflados por la droga, por el celuloide, por la decepción y la melancolía vital. El filme, de hecho, se compone desde los códigos del cine de terror, que son aquellos con los que trata de expresarse -o incluso con los que procesa la vida- el cínico director interpretado por Eusebio Poncela.

           Nacidos y concluidos a partir de un enigma que abarca todo este conjunto de impulsos e inquietudes, los fotogramas desarrollan una poderosa experimentación con la atmósfera que recuerda a los juegos con el color y la percepción de David Lynch; más primarios y espontáneos pero no menos perturbadores, próximos al estilo de los padres próceres del giallo italiano –y que lo mismo intranquilizan que sacan de las casillas, según cada espectador-. Diálogos solapados y entorpecidos, registros sonoros invasivos y estridentes, alargados hasta el desafío; doblajes desconcertantes –la hija de Fernando Fernán-Gómez con la voz de Pedro Almodóvar-, referencias cinéfilas abruptas e incluso irónicas –de nuevo, Fernán-Gómez-, delirios visuales y conceptuales,…

Parida por un experimentador suicida, Arrebato no cierra sus puertas a nada, como tampoco buena parte de las interpretaciones –si procede- que se puedan extraer de ellas acerca de la vida y el séptimo arte.

           No obstante, frente a su potencial hipnótico, enrabietado y doliente, esa vinculación de época, desbocadamente rupturista, también irrumpe hoy inevitablemente envejecida a causa de su insistente, gráfica y epatante –para aquel entonces- plasmación del éxtasis colectivo por la droga y el sexo debocado en mil parafilias, contraste con una sociedad donde la presunta libertad ofrecida desde la política poco o nada ha saciado el apetito largamente ayunado. Obra excesiva y urgente, su mundo permanece muy anclado a un instante concreto, si bien el tiempo y las sucesivas generaciones de cineastas y cinéfilos la han ido encumbrando a un estatus de culto como a tantas otras creaciones de la época, dentro de una tendencia que también tiene mucho de nostalgia y mitificación.

           Después de volcar sus venas Arrebato, que había compuesto con cierta intención testamentaria en mitad de una de sus recurrentes crisis personales, Zulueta nunca volvería a realizar ningún largometraje.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,3. 

Nota del blog: 6,5.

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