Archive | Cine negro RSS feed for this section

Donde la ciudad termina

13 Ene

La televisión salvará a América. Donde la ciudad termina, la ópera prima de Martin Ritt como director de cine para la primera parte del especial que Cine Archivo dedica a su figura.

.

Sigue leyendo

Chicago años 30

13 Dic

Cineasta frágil, de descomunal sensibilidad y romanticismo, Nicholas Ray buscaría refugio en las majors tras una mala racha artística. A pesar de que, para su infortunio, solo encuentra un guion ya cerrado, Chicago años 30 conecta directamente con su alma desencantada aunque henchida de pasión, en perpetua huida de una sociedad hostil y violenta. Para la sección de cine clásico de Bandeja de Plata.

.

Sigue leyendo

Al borde del peligro

3 Dic

al-borde-del-peligro

.

Año: 1950.

Director: Otto Preminger.

Reparto: Dana Andrews, Gene Tierney, Gary Merrill, Bert Freed, Tom Tully, Karl Malden, Ruth Donnelly, Craig Stevens.

Tráiler

.

           Seis años después de demostrar en Laura que una mujer –o una idea de mujer- puede conducir a tres hombres a la locura, Otto Preminger volvía a reunir a Dana Andrews y Gene Tierney en una cinta de cine negro. Ya había contado con ellos por separado en ¿Ángel o diablo? y Vorágine, pero aquí comparecen ambos de nuevo para protagonizar una obra donde, como en anteriores noirs del cineasta austriaco, un caso policiaco termina convirtiéndose en una excusa para desarrollar un relato de introspección moral.

           El protagonista de Al borde del peligro (Andrews) es un hombre en conflicto. En conflicto con la sociedad que nunca duerme y en la que se esconden una legión de vicios; consigo mismo y con su sangre que porta la marca de Caín. La dualidad que mostraba ¿Ángel o diablo? en su retitulación española se materializa aquí en este detective para el que sus métodos violentos son una respuesta contra el crimen que se ampara en las grietas de un sistema ingenuo y también contra las tendencias sociopáticas que cree heredar de su padre, hampón de prestigio en los bajos fondos.

Un enfrentamiento interno que se personifica en su relación con la otra cara de la moneda, su yo al otro lado de la línea roja en cierto modo: el mafioso Tommy Scalise, interpretado por Gary Merril con un atípico atildamiento –probable y afortunado fruto de su desorientación en el papel, alimentada por los procedimientos tiránicos de Preminger en la dirección-. Y, andando los acontecimientos, se manifiesta con mayor contundencia en su doble condición de perseguidor y perseguido.

           El filme profundiza de este modo en cuestiones como la duda, los remordimientos y la naturaleza ambigua del ser humano. Por desgracia, con el objetivo de alcanzar –o de empujar- estas premisas morales, destinadas a resolverse en un simbólico –y simplista- duelo personal, el libreto –firmado originalmente por la prestigiosa pluma de Ben Hechtacostumbra a retorcer de forma demasiado evidente la trama criminal, presuntamente evasiva, sobre la que se construye la narración, provocando con ello que se pierda buena parte de la fuerza psicológica pretendida.

           En paralelo, Al borde del peligro desarrolla una visión tremendamente ácida de la acción policial, donde un teniente con agudo sentido deductivo queda culpabilizado y desacreditado en favor de la primacía de unos métodos expositivos acordes al viraje reaccionario y paranoico que emprendía la sociedad estadounidense durante la atribulada consolidación de la Guerra Fría. ¿Es esta la representación de la dualidad de todo un país? El pesimista retrato del veterano de la Segunda Guerra Mundial, desesperado, repudiado y alcoholizado bien podría responder en este sentido. En una entrevista posterior, el propio Preminger no dudaría en calificar a los agentes del orden como criminales instintivos que satisfacen su agresividad mediante la violencia legalizada.

.

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 6,5.

¿Ángel o diablo?

2 Dic

angel-o-diablo

.

Año: 1945.

Director: Otto Preminger.

Reparto: Dana Andrews, Alice Faye, Linda Darnell, Charles Bickford, Anne Revere, Percy Kilbride, Bruce Cabot, John Carradine.

Tráiler

.

           Durante el planteamiento de ¿Ángel o diablo? puede percibirse con claridad el reparto de estereotipos que prepara el argumento: desde el buscavidas desencantado y de vuelta de todo que se da de bruces con su destino porque no tiene dinero para llegar más lejos, hasta el policía veterano con el instinto curtido en mil batallas, pasando los primos que servilmente le bailan el agua a la respectiva femme fatale de este lugar dejado de la mano de Dios. No existe rastro, pues, de la dicotomía que plantea el título en español del filme –originalmente un más trágico Fallen Angel, “ángel caído”-.

Corresponde entonces al desarrollo ir desdibujando las líneas prefiguradas de los personajes hasta, curiosamente, igualarlos por el efecto pernicioso de la vampiresa, bajo cuyo influjo seductor subyace una sociedad corrompida hasta la médula.

           ¿Ángel o diablo? retrata paulatinamente las miserias de un pueblo cualquiera donde cada uno de los individuos que lo moran comparte una profunda podredumbre moral que termina exhibiendo de una u otra manera. Incluso el protagonista no duda en emplear para sus propósitos las artes propias de esa figura de femme fatale. Sin requerir siquiera del tradicional efecto opresivo de la arquitectura urbana –la de la vecina San Francisco por ejemplo, una de las capitales del noir- semejante paisaje humano se basta para degradar la atmósfera noir del filme hasta, de la mano firme de Otto Preminger, hacerla irrespirable. No solo por la villanía que se palpa en ella, sino especialmente por el descorazonador patetismo que exuda esa colección de acciones inicuas provocadas por el hechizo de una mujer con el rostro de la perdición (Linda Darnell).

           Mediante un contundente giro de guion, el conflicto criminal se torna en conflicto moral, representándose definitivamente ese dilema antes aludido en las entrañas del perdedor natural Eric Stanton (Dana Andrews), acosado por las faltas propias y el comportamiento dudoso, obsesivo o amenazador de aquellos extraños que le rodean. Ya había demostrado antes ser un playboy atípico, que juega al despiste volcando sus cartas encima de la mesa, lo que convierte en más inquietantes las reacciones que se encuentra a su jugada, sobre todo por parte de June (Alice Faye), a quien a priori le atañe personificar a la virgen inocente.

           La tensión que provoca primero el hechizo y posteriormente el enrarecido clima psicológico desencadenado permite funcionar a un engranaje argumental que presenta algunas piezas flojas y otras encajadas a la fuerza.

.

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7,5.

Vorágine

22 Nov

Otto Preminger bajo el retrato de Laura Hunt. Vorágine, ordalía de una esposa alienada para el especial del terrible austríaco en Cinearchivo.

.

Sigue leyendo

Encrucijada de odios

24 Jun

La guerra tras la guerra, el odio que no cesa. Encrucijada de odios para la sección de cine clásico de Bandeja de Plata.

.

Sigue leyendo

El demonio de las armas

20 Jun

“Mientras haya armas habrá gente que las utilizará. Para eso sirven, ¿no?, para matar. Y si en esas estamos… si se trata de matarnos, pues nos matamos. Y si no, que dejen de fabricarlas. Si hay armas, se usan. Igual que las guitarras.”

Albert Pla

.

.

El demonio de las armas

.

El demonio de las armas

.

Año: 1950.

Director: Joseph H. Lewis.

Reparto: John Dall, Peggy Cummins, Nedrick Young, Harry Lewis, Anabel Shaw, Russ Tamblyn.

.

            Un contrapicado enmarca el rostro frío pero improvistamente conmovido de ella, aunque lo que domina el plano es el revólver que sostiene con firmeza en su mano. Le contesta un contraplano de él, admirado por la visión de sus apetitos profundos: la belleza, el arma. Ella sonríe y dispara contra él, contra la cámara.

Joseph H. Lewis -que no por trabajar a destajo renunciaba a imprimir cierta calidad artística a sus cintas- sintetiza de esta forma tan expresiva el flechazo –pistoletazo, en sentido literal- que encadena las vidas de Bart y Annie, predestinados por el amor irreparable por la pólvora. El demonio de las armas recupera el modelo prefigurado románticamente en la mitología nacional por Bonnie Parker y Clyde Barrow –ya apropiados y reformulados por el cine en Solo se vive una vez y Los amantes de la noche– o los inminentes Charles Starkweather y Caril Ann Fugate; todos ellos parte esencial de un país que siente fascinación por la libertad absoluta del forajido, ajeno hasta a la última norma del Estado, a las ataduras de la sociedad establecida.

            El demonio de las armas es una película de pequeños detalles visuales que propulsan con su fuerza un paradigma que, si bien siempre atractivo, quizás cuenta con ejemplos mejores –las dos antes citadas, por ejemplo-. Probablemente esto sea debido a que la elemental composición de los protagonistas debilita el potencial del relato: mientras él es un dibujo prácticamente de una pieza, establecido en el prólogo por apuntes psicológicos y encarnado por la mirada limpia de John Dall; ella arroja una perversa ambigüedad de vampiresa –por si fuera poco es extranjera- la cual, finalmente, se resolverá con escasa credibilidad.

No por nada, el título original del filme es Deadly Is the Female –“mortal es la mujer”, en traducción cruda-, lo que parece un indicio de que, en principio, la apuesta de la producción no es por reconstruir el entorno pernicioso que crea, alimenta y destruye a ambas criaturas, sino por estimular esa versión masculina del cuento del ogro y la princesa en apuros que representan las historias de las femmes fatales. “Me siento como si no fuese yo”, reconocerá el hombre embrujado después de uno de los atracos que puntúan la espiral delictiva del matrimonio, fundado y sostenido sobre el arma -de nuevo como los propios Estados Unidos-.

            Así las cosas, sobre el libreto de Dalton Trumbo –intermediado por Millard Kaufman a causa de su marginación por la lista negra anticomunista-, las imágenes de Lewis sobresalen de la rutina y aportan chispazos de ardor visual por medio del uso del encuadre, la composición del plano o la construcción de secuencias tan nerviosas, inmediatas y modernas como las del asalto al banco rodado desde el asiento de atrás de un automóvil. El duelo de puntería como cortejo, el asesinato simbólico a través del espejo, la elipsis entre casas de empeño, el desencuadre azorado de Dall, la niebla en el pantano de cuento trágico. Los fotogramas son más elocuentes que las palabras.

.

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 6,5.

A %d blogueros les gusta esto: