Tag Archives: Secuestro

Collateral

13 May

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Año: 2004.

Director: Michael Mann.

Reparto: Michael Foxx, Tom Cruise, Jada Pinkett Smith, Mark Ruffalo, Javier Bardem, Barry Shabaka Henley, Bruce McGill, Peter Berg, Jason Statham.

Tráiler

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         Por momentos, Collateral es un viaje casi fantasmagórico y abstracto. El diablo, la muerte, en el asiento de atrás. Hay una seducción esencial en el sicario que interpreta Tom Cruise, enzarzado en un duelo dialéctico con el taxista al que ha obligado a conducirlo en su sangriento recorrido. Las conversaciones, más extensas y violentas que las ejecuciones -resueltas con una extraordinaria precisión expositiva cuando aparecen en pantalla-, dan vueltas en torno a la naturaleza de una ciudad, una sociedad y un mundo indiferentes, deshumanizados, que corren hacia el precipicio enloquecidos por una prisa y una ambición sin cuento. Desde un argumentado nihilismo, el diablo trata de someter al hombre justo.

         El taxi era hasta entonces prácticamente un santuario. Un santuario, no obstante, mancillado por el hecho de ser compartido con otros trabajadores con menos respeto con esa burbuja de aislamiento que, contradictoriamente, sirve para transportar, prácticamente hombro con hombro, a otras personas. El asunto es que, cuando aparece la chica, la atmósfera cambia. La música, la iluminación y el color se tornan cálidas, la noche da amparo y la intimidad se extiende suavemente por el interior del vehículo. El contraste con la entrada de Cruise es evidente. A él se le refleja con una luz dura, fría, con colores verdosos, incluso con la fealdad de la fotografía digital acentuada. Su posición en el plano puede situarse incluso detrás del conductor, fuera del alcance de su vista y de su retrovisor. Al fondo, la ciudad parece incluso difuminarse, concentrándolo todo, la vida y la muerte, la esperanza y el fatalismo, en la cabina del taxi.

         Como elemento de suspense, incluso mediante amenazas veladas -la mención a los sucesos de Oakland-, Collateral también explora esa vertiente del thriller de supervivencia que consiste en arrojar al ciudadano corriente contra una trama de película que, a priori, supera en buena medida sus capacidades. Ahí se incluye la cuestión de la suerte, de lo incontrolable, como factor determinante en la vida. Y también se aborda -de forma no demasiado convincente- la mímesis o la contaminación entre el tipo común y el asesino despiadado -el convencional careo con el mafioso, la apropiación de sus sentencias-. Por su parte, aunque concentrado, Cruise no termina de dar el pego en un rol tan contundente, por más que se le tiñan el pelo y las cejas para darle cierta rotundidad. El enfrentamiento directo entre el taxista y el sicario se antoja igualmente algo más trillado, si bien Michael Mann, especialista en duelos, lo resuelve con una tensión y firmeza marca de la casa.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7,5.

Calles de fuego

20 Abr

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Año: 1984.

Director: Walter Hill.

Reparto: Michael Paré, Diane Lane, Amy Madigan, Rick Moranis, Willem Dafoe, Deborah van Valkenburgh, Richard Lawson, Rick Rossovich, Bill Paxton, Stoney Jackson, Elizabeth Daily, Lee Ving.

Tráiler

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            Calles de fuego es un cuento de caballeros andantes, princesas en peligro y malvados monstruos que quieren poseerlas. Calles de fuego es también un western donde el pistolero errante se enfrenta al cacique de la ciudad para salvar a la chica en apuros. Calles de fuego es una película ambientada en los años cincuenta, pero también en los ochenta y, de paso, en un futuro inconcreto. Calles de fuego es una fábula del rock and roll.

            Entre el pulp, el cómic y el fantástico, Walter Hill recoge arquetipos tradicionales para arrojarlos a un universo donde la noche se enfrenta a la luz de neón, cuya tonalidad y cromatismo procede de la frontera con lo onírico, con lo irreal. Dentro de esta estética y esta atmósfera, orgullosamente artificial, coquetamente atractiva, tiene cabida el romanticismo arrebatado que demanda la historia. Épica urbana que, dentro de la filmografía del cineasta, entronca en espíritu con la de Los amos de la noche (The Warriors) en su ejemplo más evidente. Son ingredientes que se encuentran pues al filo de lo imposible, en el límite de lo directamente kitsch, pero que entregan una obra que seduce y deja recuerdo de su carisma.

Las tribus de este mundo salvaje, lideradas por Willem Dafoe y su rostro vampiresco, atentan contra la estrella que lo ilumina, una rock star de regreso a casa que luce la dulce belleza de Diane Lane. Como de regreso a casa, retornado de un limbo de dolor y endurecimiento, está también el héroe, impasible ante cualquier adversidad y con el que Michael Paré reparte tiros sin mudar el gesto, todo autoconfianza, arrastrando palabras con melancólica desgana, como si fuera John Wayne -quien también había retornado misterioso de la nada para completar una misión de rescate en Centauros del desierto-.

            Acorde al palpitar del relato, Calles de fuego exhibe una potente banda sonora, capaz de contagiar su energía juvenil incluso a un tipo relativamente alérgico a la música ochentera como servidor. Por supuesto, su ritmo electriza el montaje del filme -más allá de escenas que son auténticos videoclips-, impregnado este también de sabores urbanos como esas cortinillas que imitan el paso de un vagón de tren o de metro.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7,5.

Brawl in Cell Block 99

3 Ene

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Año: 2017.

Director: S. Craig Zahler.

Reparto: Vince Vaughn, Jennifer Carpenter, Don Johnson, Marc Blucas, Udo Kier, Geno Segers, Victor Almanzar, Tom Guiry, Mustafa Shakir, Willie C. Carter, Fred Melamed, Clark Johnson.

Tráiler

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          La sorpresa que supuso su debut, Bone Tomahawk, a pesar de haberse estrenado en contadas salas, no le valió sin embargo a S. Craig Zahler para conseguir la distribución en España de su segundo largometraje, Brawl in Cell Block 99, que prosigue su camino por un cine de género donde la sanguinolenta crudeza de su argumento y sus imágenes convive con un tratamiento de fondo condicionado por un irreverente humor negro.

Es decir, un producto orgullosamente pulp que, al igual que la anterior, narra un descenso a unos infiernos que parecen literales, allí escenificados en las cavernas de unos trogloditas caníbales en plena conquista del Oeste, aquí en una sucesión de prisiones donde el protagonista ha de purgar los pecados que le impone el fatalismo que carga a las espaldas -común al del pequeño currito en tiempos de crisis económica- y, a golpe y porrazo, liberar a su esposa e hija nonata del castigo que les ha contagiado, en una clásica paradoja, por atenerse a su código ético incluso en el delito criminal.

          El viaje por los círculos del averno se tornará, por supuesto, más salvaje a cada paso, de igual manera que Zahler oscurece la fotografía, la iluminación y el vestuario de los enemigos. La de Brawl in Cell Block 99 es una narración rotunda, que trata de hacer del esquematismo abstracción y, de la tosquedad de recursos lingüísticos, brutalidad. En parte se logra de la mano de ese espíritu de serie B correosa que se divierte retomando y remodelando los clichés de este universo particular -si bien, como ocurre en sus hasta el momento tres películas, sin importarle nada la concisión narrativa de la que disfrutaban este tipo de producciones pírricas, lo que en este caso deja un relato de estructura algo irregular-.

Así, la penitenciaría de máxima seguridad a donde va a dar con sus huesos el infortunado reo es prácticamente una fortaleza distópica comandada por el villano totalitario de turno, para el que el cineasta recupera a Don Johnson -¿hay algo más serie B que recuperar a viejas glorias para dar lustre a personajes delirantes?-. Hasta los efectos especiales, basados en los trucajes físicos y desacomplejados, remiten a la exploitation de los años setenta -al igual que hace, de forma todavía más evidente, la música escogida para la banda sonora diegética-. Es otro elemento visual, de grafismo impúdico y próximo al gore, que acrecienta el impacto de la rebeldía del protagonista, un imponente Vince Vaughn que se levanta a puñetazos, pisotones y fracturas de huesos contra un porvenir que conspira contra él y se ríe en su cara.

          Zahler, en definitiva, confirma una personalidad intransferible -pese a los ecos que pueda contener el filme no estamos ante un imitador nostálgico ni ante un sampleador que fabrica juguetes únicos, como Quentin Tarantino-. La corroborará, más pulida, en su tercera entrega, Dragged Across Concrete.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 6,5.

Bone Tomahawk

30 Dic

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Año: 2015.

Director: S. Craig Zahler.

Reparto: Kurt Russell, Patrick Wilson, Matthew Fox, Richard Jenkins, Lili Simmons, David Arquette, Evan Jonigkeit, Kathryn Morris, Fred Melamed, Sean Young, Sid Haig, Geno Segers.

Tráiler

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         Hasta entonces músico de heavy metal y escritor, S. Craig Zahler arrancaba su filmografía a machete. Literalmente. Tras el zumbido sucio de una mosca que se agita en el negro primigenio, surge una ejecución criminal que se recrea en la agresividad visual y sonora, en la sordidez escatológica y en el sacrilegio barbárico para aglutinar un conjunto en el que la crueldad deshumanizada y el absurdo humano se tocan a través de una masa de humor negro, violencia desaforada y trivialidad cotidiana.

         El prólogo de Bone Tomahawk, con David Arquette y Sid Haig, advierte también de que este cineasta debutante es un adicto al cine de género que, sobre un decorado de western, va a componer una obra de terror con incisiones gore que puede verse perfectamente como una reinterpretación tan bruta como en el fondo gamberra del Devoradores de cadáveres de Michael Chrichton, llevada al cine -con remate final a la desesperada del propio literato- en El guerrero nº 13.

Quizás no esté de más comparar con el estilo de Quentin Tarantino esas largas escenas de conversaciones aparentemente azarosas que, en realidad, van componiendo con cuidado, paciencia y mala baba la naturaleza de los personajes y del escenario donde se sumergen en una aventura suicida y delirante, cuya cadencia calmosa se rompe en estallidos de atroz ferocidad. Es verdad también que, con ellas, Zahler parece caer en cierto ensimismamiento, sin perjuicio de que la obra se alargue ampliamente por encima de las dos horas.

         Las raíces cinéfilas de Bone Tomahawk -con premisas argumentales que podrían llevar el rastro hasta un Centauros del desierto o un Río Bravo pasados por el tamiz de la serie B, con sus tipos, arquetipos y espíritu- no son precisamente reverentes ni tratan con melancolía los territorios por los que transita, a juego con la esencia de la función. ¿Hay mayor sátira que, en pleno Oeste, los intrépidos buscadores tengan que desplazarse a pie?

De ahí la fuerte personalidad y la sabrosa autenticidad que destila Zahler ya en su ópera prima.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7.

Monos

11 Nov

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Año: 2019.

Director: Alejandro Landes.

Reparto: Sofia Buenaventura, Moises Arias, Julianne Nicholson, Karen Quintero, Laura Castrillón, Deiby Rueda, Paul Cubides, Sneider Castro, Juan Giraldo, Wilson Salazar, Jorge Román.

Tráiler

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          La cabeza de un cerdo ensartada en un poste pone a las claras las referencias. Monos se aproxima a El señor de las moscas poniendo el foco sobre un comando guerrillero infantil en las profundidades de un país latinoamericano. Es el tercer largometraje del colomboecuatoriano Alejandro Landes y el primero que puede considerarse plenamente de ficción. Aunque, como en las precedentes Cocalero y Porfirio, no falte en él compromiso con la realidad.

          No obstante, a diferencia del primero -una obra documental- y del segundo -un documental representado desde el hiperrealismo por sus propios protagonistas-, Landes encara esta realidad conflictiva desde una tendencia a la abstracción a la que apunta ya esa ausencia de nombres y enclaves concretos, y en la que el realizador profundiza a través de la composición estética. Los niños que conforman este destacamento -los Monos que dan título a la cinta- aparecen aislados en paisajes sobrecogedores. En la montaña nebulosa primero, en la impenetrable jungla después.

Es decir, un escenario que parece desgajado casi de cualquier anclaje reconocible, lo que le sirve a Landes para dar pie a una intensa e hipnótica atmósfera que se adentra en un estadio primitivo, delimitado por unas férreas normas tribales y en el que el contacto con la problemática de fondo -el secuestro, el enfrentamiento armado- se manifiesta con tonalidades alucinadas. Las imágenes y el sonido juegan con lo lisérgico, con lo absurdo, rastreando en estas sensaciones la esencia que, de fondo, rige la situación.

          Con estas poderosas formas, Landes busca más la experiencia sensorial y subconsciente que el análisis sociopolítico, en cuyos orígenes, causas o razones no se profundiza, como tampoco se hará en el desarrollo de unos personajes perfilados desde el arquetipo. Monos contrapone en igualdad de condiciones el juego y la guerra, la inocencia y la crueldad, como preguntándose si la primera tiene cabida, o es siquiera posible, en semejante contexto. Con todo, podría entenderse que esta apuesta sugerente e inmersiva entraña una contradicción en un remate que, al igual hacía en Porfirio, termina buscando los ojos del espectador, interpelándolo frontalmente, denunciando hechos concretos con una mirada que grita.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7,5.

El infierno del odio

1 Nov

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Año: 1963.

Director: Akira Kurosawa.

Reparto: Toshirô Mifune, Tatsuya Nakadai, Tsutomu Yamazaki, Yutaka Sada, Kyôko Kagawa, Tatsuya Mihashi, Isao Kimura, Kenjirô Ishiyama, Takeshi Katô, Jun Tazaki, Nobuo Nakamura, Yûnosuke Itô, Toshio Egi, Masahio Shimazu, Takashi Shimura.

Tráiler

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           Desde la atalaya donde mora el acaudalado hasta los bajos fondos donde los heroinómanos se pudren en vida, El infierno del odio recorre la ciudad al completo. Sus estratos evidentes, sus vergüenzas ocultas.

           Tomando como punto de partida un texto original de Evan Hunter, Akira Kurosawa realiza una tortuosa radiografía social que se vertebra mediante dos partes diferenciadas: un intenso drama psicológico y un tenso policíaco.

La primera pivota sobre el infortunado dilema de un alto ejecutivo situado en la encrucijada entre su carrera empresarial y el rescate del hijo de su chófer, secuestrado por error. La premisa inicial, acaso un tanto forzada, se plantea desde un clima de competitividad homicida, a partir de un tono de conspiración en el que bien se pueden trazar equivalencias con las célebres adaptaciones shakesperianas del autor japonés. Es una pieza casi teatral, escenificada exclusivamente en las aparentemente inexpugnables y soberbias alturas desde donde el poderoso contempla la urbe indiferente, atareada en sus ritmos y quehaceres diarios. Un castillo, pues, que termina tornándose opresivo y asfixiante bajo el asedio de un captor sin rostro, que todo lo observa sin que nadie lo detecte. El manejo de la atmósfera es esencial, al igual que la intensidad de la interpretación de Toshirô Mifune, que consigue exudar la angustia de una trama a contrarreloj que lo apremia y oprime.

La resolución de este relato moral, que para lo posterior dejará al protagonista empequeñecido en el plano, es la que desencadena después el cambio de tercio y de punto de vista hacia una película detectivesca que destaca por la rigurosidad en su reflejo de la ardua y laboriosa investigación de la Policía. Esta solidez en la plasmación del imprescindible y antiépico trabajo de campo de los agentes otorga una poderosa veracidad a la intriga, sin que esta deje de ser absorbente y fascinante, impulsada además por un ejemplar tempo narrativo.

           El infierno del odio prosigue así, lanzado a las calles de la ciudad, con su virulento retrato de caracteres. Con pesimismo, los desplazados se igualan en mezquindad con los privilegiados. Paso a paso, la historia conduce hacia rincones desesperados, capturados con una fotografía de trágico contraste. Una tenebrosidad cercana al expresionismo dentro de la cual se coquetea incluso con detalles fantásticos u oníricos -la danza macabra del síndrome de abstinencia, el impactante empleo de las gafas de sol-. Hasta entonces, en unos fotogramas en severo blanco y negro, el único e insólito trazo de color había servido como alerta para delatar una culpabilidad. En su última escena, El infierno del odio aparece ya transformada en una auténtica obra de terror.

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Nota IMDB: 8,5.

Nota FilmAffinity: 8,4.

Nota del blog: 9.

Semáforo rojo (Cani arrabbiati)

5 Jul

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Año: 1974.

Director: Mario Bava.

Reparto: Riccardo Cucciola, Maurice Poli, Lea Lander, Don Backy, George Eastman.

Tráiler

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         Semáforo rojo (Cani arrabbiati) tardó 23 años en estrenarse. No por la crudeza de su relato -un tipo común secuestrado en su coche por una banda de ladrones a la que se le ha torcido al huida- o la violencia de su expresión, sino porque la muerte de uno de sus productores condujo el proyecto a una situación de quiebra que paralizó su distribución. No sería hasta 1997 cuando una de sus protagonistas, Lea Lander, la rescatase del olvido y patrocinase su lanzamiento en DVD. Con todo, el hijo del director Mario Bava, Lamberto, descontento con cómo había quedado el filme tras su resurrección, volvió a reeditarlo en 2002.

         Semáforo rojo -que renuncia a la traducción literal del “perros rabiosos” original- se ancla en el florecimiento de un cine criminal italiano que, impulsado por la turbulenta inestabilidad sociopolítica del país, escarbaba en sus reductos más violentos y despiadados, que medraban entre las grietas de la sociedad para desamparo y paranoia del ciudadano de a pie. Esta es precisamente la esquemática premisa argumental sobre la que se asienta este viaje desesperado, agresivo y delirante donde los tres secuestradores someten a un constante hostigamiento -agresivo, sexual, maníaco- al vulnerable y estoico conductor, al crío que lleva consigo en el vehículo y a otra chica a la que los malvados han raptado como escudo humano.

         Semáforo rojo es una película de sudor, de picores, de agobio. Aunque Bava no se muestra ducho en la acción -sobre todo por el burdo empleo del montaje, en el que influye también las pírricas condiciones de rodaje-, la cámara, empotrada dentro del atestado vehículo, se adosa en primeros planos a los viajeros, de lo que consigue extraer una atmósfera de sofocante y volátil febrilidad, a merced de los erráticos impulsos homicidas de los bandidos. En este escenario se desarrolla el via crucis del apocado protagonista, que a duras penas ha de contener el avance de la mecha hasta el polvorín y mantener una integridad no solo física, sino también moral, en una situación en la que todo parece jugar en su contra, incluso los destellos de esperanza -la posible intervención de terceros en su socorro-.

De este modo, Bava ejecuta un espectáculo tortuoso, hábil en explotar la incomodidad y la humillación -con ejemplo álgido en el plano donde concluye la persecución en el maizal- hasta conducir el asunto hasta un turbio giro final que, a la postre, revela sin paños calientes una concepción tremendamente pesimista. La estética sucia y fea, llevada en ocasiones a lo grotesco, termina jugando a su favor en este sentido.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 6,5.

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