Tag Archives: Científico

La mosca

6 Jun

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Año: 1986.

Director: David Cronenberg.

Reparto: Jeff Goldblum, Geena Davis, John Getz.

Tráiler

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          La repulsión que me produjo en su momento La mosca ha hecho que tardase alrededor de una década en volver a verla. Un tiempo semejante al que dejé correr para atreverme de nuevo con Terciopelo azul. Los gustos evolucionan, no me atrevo a decir si a mejor o a peor. Cambian en cualquier caso. Si recordaba con reparos la película de David Lynch y ahora considero que alguna de sus escenas no se me van a ir jamás de la cabeza, con la de David Cronenberg me ocurre un poco lo contrario.

Permanecían vivas y entre escalofríos determinadas imágenes de La mosca, especialmente la del parto, tan del cineasta canadiense y su predilección por los misterios del interior del cuerpo, de la genética, de las mutaciones físicas como evidencia de una perturbación psicológica. Pero otras, como las transformaciones del protagonista -un Jeff Goldblum con rostro de insecto de por sí y además con una buena dosis de gesticulación-, las encuentro hoy con tantas ganas de provocar repelencia -una oreja que se cae como quien no quiere la cosa- que me producen el efecto contrario -algo parecido, pues, a lo que sucedía con la sobrecarga de intensidad que destruía la malsana atmósfera de la precedente Cromosoma 3-. Dentro de que, aun con su explicitud desaforada, repugnantes son un rato. Pero en las grandes obras de Cronenberg, la opresión proviene de la atmósfera creada, de las implicaciones morales y mentales de su relato.

          El asunto es que, a pesar de su condición de remake y de filme de encargo -para el que también se había pensado en Tim Burton como director-, en La mosca se rastrean palpitantes las citadas obsesiones de Cronenberg y sus preceptos de la ‘nueva carne’: la modificación de la naturaleza física y psicológica del ser humano. La penetración más allá de la carne, la reconstrucción del cuerpo y de la mente desde la primigenia primavera del plasma. Su narración es concisa, de un minimalismo casi de serie B, como el original.

Y siempre se agradecen las obras concisas, aunque en esta ocasión quizás un tempo más pausado le hubiera ayudado a dar mayor solidez a una serie de interesantes planteamientos, como a las alusiones religiosas del científico -que en cierto punto pretende conformar un ser que es uno y trino-, a la descomposición -en todos los sentidos- de Seth Brundle o al estudio de su personalidad, ya que no se trata de un ‘mad doctor’, al uso, sino que, con su torpeza emocional y su soledad contemporánea, no deja de representar a un tipo aparentemente normal -si bien es el artífice del proyecto, se dedica poco menos que a ensamblar piezas ajenas- que se encuentra de repente con un poder extraordinario -capaz de vencer en pulso a un matón, de follar durante horas-, sin saber que, lo importante, ya era capaz de lograrlo -la chica, claro-.

A fin de cuentas, el impacto de La mosca se centra prioritariamente en las posibilidades perturbadoras del maquillaje y los trucos visuales, que tal vez resistan peor el paso del tiempo.

          Sea como fuere, La mosca supuso por aquel entonces todo un éxito para Cronenberg, lo que le facilitaría una cómoda posición en la industria estadounidense para llevar a cabo proyectos con los que calmar -o alimentar- sus particulares inquietudes.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 6,5.

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El profesor chiflado

23 Oct

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Año: 1963.

Director: Jerry Lewis.

Reparto: Jerry Lewis, Stella Stevens, Del Moore, Kathleen Freeman, Med Flory, Howard Morris, Elvia Allman, Buddy Lester.

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         El profesor chiflado es la síntesis del deseo del nerd, del inadaptado, del perdedor. Esto es, la realización romántica en un mundo en el que el atractivo físico se encuentre relegado como un factor secundario respecto de otras virtudes y habilidades -a no ser que seas mujer, claro: aquí Stella Stevens, que había sido portada de Playboy-. La fórmula mágica que destila el protagonista ejerce sobre el fracasado común una transformación semejante a la de Clark Kent: no hay más que desprenderse de las gafas, lucir un peinado arrogante, mudar de vestuario y corregir el lenguaje corporal para pasar de ser un don nadie a un, a priori, auténtico superhéroe. Por encima de cualquier consideración, el genio intelectual también busca completar su vida a través de la conquista sexual.

         El profesor chiflado es también la quintaesencia del cine de Jerry Lewis en su papel de niño-hombre y agente involuntario del caos que, milagrosamente, supera sus trabas amorosas innatas para llevarse a la chica tradicionalmente destinada al héroe impecable. El argumento del filme se percibe no tan episódico como en obras precedentes -en las que parecía dirigir una serie de sketches más o menos encadenados- y un tanto más desarrollado y coherente en lo narrativo. A través de una relectura del clásico El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde -máximo exponente de la dualidad que anida el ser humano-, Lewis satiriza los tópicos del cortejo humano y las imposiciones del machismo idealizado que están presentes en la sociedad, encarnadas aquí por el despreciable Buddy Love, el macho alfa absoluto que se esconde detrás del pusilánime -y enamoradizamente salaz, tampoco hay que olvidarlo- profesor Julius Kelp.

La transformación en monstruo puede producirse bajo múltiples formas.

         El contraste entre ambas figuras, mamada entre la asunción de su propio tópico y de la observación de sus contrapartidas artísticas de antaño –Dean Martin, por ejemplo- le sirve a Lewis para desplegar su característico festival de humor físico, que se combina además con otros gags que juegan con el lenguaje cinematográfico y un inesperado, elaborado y surrealista sentido del absurdo, demostración del conocimiento y la creatividad del cómico en sus funciones de director.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7.

Un método peligroso

8 Abr

“Admiro a Freud. Es un gran artista, su mitología es maravillosa y muy fuerte, pero no creo que sea una visión auténtica de la realidad.”

David Cronenberg

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Un método peligroso

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Un método peligroso

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Año: 2011.

Director: David Cronenberg.

Reparto: Michael Fassbender, Keira Knightley, Viggo Mortensen, Sarah Gadon, Vincent Cassel.

Tráiler

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            Bien conocida es la fascinación de David Cronenberg por las ideas de Sigmund Freud acerca de la psicología humana y la concordancia de éstas con la atracción que el cineasta canadiense experimenta hacia las desviaciones y patologías del interior profundo del ser humano contemporáneo, frecuentemente somatizadas en deformaciones exteriores intermediadas por la injerencia de la tecnología omnipresente. El psicoanálisis, de hecho, ha dejado una impronta evidente en su obra a través de cintas como Spider.

            Continuadora de esa línea narrativa en apariencia más clásica y realista y menos tortuosa y reconcentrada que Cronenberg encadena precisamente desde el estreno de Spider, Un método peligroso vuelve la mirada al periodo de nacimiento del psicoanálisis por medio de la indagación en los vínculos profesionales y afectivos que unen a tres investigadores decisivos en la conformación y consolidación del corpus teórico de esta ciencia: Carl Jung (Michael Fassbender), Sigmund Freud (Viggo Mortensen) y Sabina Spielrein (Keira Knightley).

Bien documentada por parte del director y guionista, Un método peligroso, realizada con una formulación estética extremadamente austera, casi académica en apariencia, se diría por momentos un instructivo simposio acerca de las posturas en constante influencia y confrontación de estos tres individuos adelantados y providenciales –así como, de manera secundaria, de otro cuarto, Otto Gross (Vincent Cassel)-, quienes desarrollan a su modo lo que podría ser perfectamente el argumento de una película aventuras. Al fin y al cabo, los protagonistas son científicos que se adentran en la frontera de lo desconocido, a tientas, escudados en la fuerza de su determinación y su talento analítico, rodeados de peligros, amenazas y traiciones.

Entrelazada a esta inmersión en la oscuridad ignota de la mente humana, Un método peligroso expone unas relaciones personales que se hallan también envueltas en una turbulenta y constante transformación –el transcurso de paciente a sanadora pasando por amante que ejerce Spielrein; la amistad y tutoría que desempeña Freud degenerada progresivamente en rivalidad científica y distanciamiento personal- y donde destacan las entonadas interpretaciones de Fassbender y Mortensen.

            Así pues, la vertiente didáctica del filme, muy interesante para cualquier aficionado a la psicología, se entrevera y equilibra con el drama que sirve este apasionado triángulo psicológico-sentimental y el cual, en contraste con las contradictoriamente bucólicas y soleadas Zurich y Viena, pero en consecuencia con la inestabilidad afectiva y científica que se cierne sobre los personajes, posee latentes unas terribles y enfermizas sombras –la sexualidad y el deseo carnal en contraste con las represiones sociales, el ego y la notoriedad, la morbidez, la deformación de los lazos familiares,…- que, una vez más, conectan con la sensibilidad de Cronenberg y sintetizan en la práctica las hipótesis atesoradas sobre el terreno por esta revolución en ciernes de la cura mental (e incluso la liberación íntima) mediante el poder palabra.

            Es decir, como si de una inversión temporal se tratase, Un método peligroso presenta un melodrama de época que esconde, larvadas en su seno, a punto de reventar, esparcirse y sumergir en la noche a ese bucólico escenario centroeuropeo –¿la peste a la que alude Freud a su llegada a América?-, las pulsiones fantásticas y aberrantes que Cronenberg había vertido en gran parte de su filmografía precedente.

 

Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 7,5.

Ex Machina

11 Mar

En Ultramundo, la versión original, maquetada y decoradita, de este replicante descafeinado de Blade Runner.

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The Mad Ghoul

16 Ene

Después de resucitar una vez más al bueno de Boris Karloff, doctores locos y zombis melodramáticos para cerrar esta nueva sesión doble de terror de Atelier 13. En Cine Archivo.

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Life Aquatic

18 Mar

“Me encanta la forma en la que escribe Wes Anderson. Me gusta mucho la manera que tiene de rodar, y me gusta ÉL. Me encanta la forma en la que trabaja y la pasión que pone en su vida. Es una lección para todos: coger lo se ama y trasladarlo de la forma en la que se vive consigue repartir amor por el mundo.”

Bill Murray

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Life Aquatic

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Life Aquatic.

Año: 2004.

Director: Wes Anderson.

Reparto: Bill Murray, Owen Wilson, Cate Blanchett, Anjelica Huston, Willem Dafoe, Jeff Goldblum, Michael Gambon, Seymour Cassel.

Tráiler

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            No cuesta imaginar a Wes Anderson como alguien que, a través de una ficción diseñada a medida, intenta proteger su inocencia infantil frente a una realidad exterior hostil y malencarada, ávida destructora de su bondadosa (y un tanto engreída) ingenuidad de buen salvaje. No por nada, el entusiasta y obcecado protagonista de Academia Rushmore poseía una carga autobiográfica en absoluto desdeñable.

            Confirmado oficialmente como una de las grandes promesas surgidas del cine indie de los noventa gracias a la nominación a mejor guion original por Los Tenenbaums. Una familia de genios -firmado junto a su amigo y colaborador Owen Wilson-, Wes Anderson buceaba en su universo naif, surreal y colorista en búsqueda de Steve Zissou, documentalista marino en franco declive, torturado por la sangrienta muerte de un fiel amigo durante su último proyecto y supuesto padre inesperado de un señor de Kentucky aparecido de improviso.

            En cierta escena, el atribulado Zissou (Bill Murray, encarnación del estoicismo) exclama “¡Es un documental! ¡Todo esto está sucediendo en realidad!” a propósito de una toma cochambrosa y desde el obvio decorado que constituye su estrafalaria fusión de submarino y barco científico. Con Life Aquatic, Anderson se sumerge el cine de aventuras pasado por el filtro de su particular sensibilidad de autor, lo que le sirve para componer un discurso acerca de las mentiras e imposturas que dominan la vida cotidiana, factores de alienación y desencanto ante los que conviene imperiosamente despertar y liberarse –aunque sea por medio de una caída por las escaleras, al igual que el protagonista-.

Son, en definitiva, fingimientos tan burdos como esos documentales atados a un guion tan repleto de dramatismos; tan patéticos como el caricaturesco Zissou, trasunto de Jacques Cousteau, naturalista estrella con desprecio por los animales y encantado de conocerse.

Códigos sociales y convenciones cinéfilas convertidas en traviesos y melancólicos juegos y peripecias -un tono lúdico que recuerda por cierto a los safaris del ¡Hatari! de Howard Hawks-, alrededor de los cuales se reúne una galería de personajes inmersos en una obra de teatro autoconsciente, escrita con fotogramas de radiantes colores sólidos, criaturas sorprendentes, tramas estrambóticas, versiones bossa-nova de David Bowie y abundante ‘product placement’. Sujetos que necesitan aferrarse imperiosamente a su punto de vista subjetivo de la existencia para sobrevivir a la deriva en esa indiferente, aséptica y cruel realidad que se cierne entorno a ellos. Lo existencial y lo metalingüístico quedan así entreverados de manera indisociable.

            El asunto es que, por momentos, uno no sabe si sentir ternura o, una vez empalagado por tanto infantilismo artificial y redicha reflexividad cinematográfica, ensayar una imitación de lo que hiciera Gene Hackman durante el rodaje de Los Tenenbaums, agarrar por las solapas a Anderson e instarle a que deje de creerse Peter Pan y se haga adulto de una maldita vez.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 6.

Scanners

24 Ene

“El cine es una fusión entre la tecnología y la mente humana.”

David Cronenberg

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Scanners

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Scanners.

Año: 1981.

Director: David Cronenberg.

Reparto: Stephen Lack, Michael Ironside, Jennifer O’Neill, Patrick McGoohan, Lawrence Dane.

Tráiler

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          Para David Cronenberg, cuerpo y mente son un campo de batalla. Una constante recurrente en su filmografía y que en Scanners alcanzaría una de sus manifestaciones más populares, aquella que le abriría la puerta a Hollywood y le facilitaría la posibilidad de acometer unos cuantos proyectos previamente descartados por exigencias presupuestarias.

          A comienzos de la década de los ochenta, la telepatía y la telequinesia eran temas de gran ascendencia entre el público debido al éxito que Brian de Palma había alcanzado con Carrie, adaptación del debut literario de Stephen King. Cronenberg, que ya había acariciado las posibilidades de estos fenómenos parapsicológicos en su mediometraje Stereo y en un borrador de guion, Telepathy 2000, que había enviado a Roger Corman sin obtener mayor respuesta por parte del rey de la serie B estadounidense –a pesar de lo cual, dicho texto germinaría después de unas cuantas mutaciones en La carrera de la muerte del año 2000-, veía ante sí un campo abonado para dar salida a estas inquietudes gracias al apoyo financiero del equipo de productores compuesto por Victor Solnicki, Pierre David y Claude Heroux, satisfechos por el buen entendimiento y los resultados económicos favorables obtenidos por su anterior colaboración, Cromosoma 3 -filme en el que, precisamente, los delirios de una mente perturbada se materializaban en forma de criaturas aberrantes-.

          Scanners es una de las cintas de David Cronenberg que con mayor facilidad pueden encuadrarse dentro de los márgenes de la ciencia ficción pura. En ella hacen acto de presencia unas cuantas claves habituales en la obra del cineasta canadiense –el citado duelo mortal entre psique y carne, los efectos perniciosos de la experimentación, la tragedia del científico devenido en ‘mad doctor’, las siniestras y megalómanas corporaciones, la conexión fraterna- y tiene el privilegio de poseer una de las escenas más sanguinolentas y conocidas de la misma, que ya es decir –la celebérrima explosión de una cabeza-.

De tal modo, es curioso que, a pesar de ello, Scanners no sea una cinta especialmente intensa, malsana y pesimista, los rasgos que con mayor fortuna logra imprimir Cronenberg a sus criaturas, angustiosas e inmisericordes para con el espectador. En cierta manera, las pulsiones enfermizas que trata de despertar Scanners permanecen siempre en la superficie del relato, sin calar hasta los huesos y el ánimo, caso podría darse en ejemplos más o menos agraciados como Cromosoma 3, Videodrome, La mosca o Crash, donde la sensación de repulsa no provenía tanto de los impactantes efectos visuales –que también, por supuesto- sino por el trasfondo social, moral y emocional del argumento, capaz de lograr una cierta trascendencia en su mensaje y activar una cáustica mirada crítica dirigida contra la decrépita civilización occidental contemporánea.

          Scanners apunta su arsenal a la epidermis del espectador. La trama que sustenta la película es sencilla y directa: un hombre con poderes telepáticos es reclutado por el científico de una turbia institución armamentística para aprender a dominar sus descomunales cualidades innatas, adquirir la responsabilidad que exige su naturaleza extraordinaria y, con ello, derrotar a su némesis malvada, quien aspira a controlar el mundo o a arrasar con él.

Es decir, una plantilla base de la que, en realidad, podría surgir cualquier relato superheroico hollywoodiense: el enfrentamiento entre el Bien y el Mal ejecutado por las dos caras de una realidad dual, por ello mismo maniqueo y con escaso margen, poco aprovechado a su vez por el libreto, para la profundización en la psicología de los personajes –este ya sí un aspecto decididamente infrecuente en el cine de Cronenberg, de fuertes tendencias introspectivas por lo general-, cuyo desarrollo, en especial en lo que se refiere al protagonista, se podría calificar con gentileza de urgente o atropellado. Además, la inexpresividad de Stephen Lack en el papel, escogido tan solo por la singularidad de sus ojos verdes y desmesurados, supone otro impedimento añadido. No obstante, la concisión y liviandad del argumento le convierte por otro lado en un producto asequible, que goza de un solvente pulso garantizado por la pericia de Cronenberg y su fiel colaborador Ronald Sanders en la confección del montaje.

          Abundando en estas similitudes semánticas con el cine superheroico, Scanners incluye también veladas reminiscencias místicas y religiosas, evidenciadas en imágenes como el enfrentamiento final entre los dos polos opuestos, así como en poderosos giros argumentales que comprenden a la relación entre ambos y, ligada a ella, al carácter demiúrgico del doctor Paul Ruth, interpretado por Patrick McGoohan, veterano actor de carácter que, dadas sus continuas depresiones y su inclinación alcohólica y autodestructiva, supondría uno de los más sonados escollos de una producción de por sí complicada por la ausencia de un guion definitivo al comienzo del rodaje, la apremiante brevedad del mismo impuesta por los estatutos de desgravación fiscal canadiense y algunos sucesos desgraciados como el fallecimiento en un accidente de automóvil de dos mujeres del equipo de rodaje.

El científico erigido en Dios, bienintencionado en sus principios pero artífice por igual del Bien y del Mal a causa de su soberbia –en vista de su obsesión por este sugerente arquetipo, no es casual que por aquellas fechas Cronenberg se plantease filmar una adaptación del mito de Frankenstein-. Tal y como señalan certeros Jorge Gorostiza y Ana Pérez en su estudio a propósito del canadiense para la editorial Cátedra, su naturaleza dual se expresa a través hasta de su propio nombre, conformado por una parte masculina y una femenina. Es posible que, ante el esquematismo del protagonista y su decorativa partenaire (la bellísima Jennifer O’Neill), una mayor potenciación de este personaje, el más complejo de la película en su posición de creador y guía espiritual de dudosos métodos –el adiestramiento del protagonista no está exento de crueldad y cinismo por su parte-, hubiese conferido una mayor intensidad y enjundia al filme, encomendado en demasía a la espectacularidad de factores a priori triviales como las secuencias de acción y, sobre todo, los logrados efectos especiales.

          Los excelentes réditos cosechados por Scanners en taquilla propiciarían la aparición de dos secuelas y otro par de spin-offs –Scanner Cop y Scanner Cop 2-, todas ellas bajo la producción e incluso redacción y dirección de Pierre David. En España irían a parar directamente al mercado del vídeo.

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Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 6.

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