Tag Archives: Medicina

Proyecto Lázaro

26 Jun

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Año: 2016.

Director: Mateo Gil.

Reparto: Tom Hughes, Oona Chaplin, Charlotte Le Bon, Barry Ward, Julio Perillán, Rafael Cebrián, Bruno Sevilla.

Tráiler

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          Es sintomático que las imágenes con mayor potencia expresiva de Proyecto Lázaro sean, precisamente, las de una escena rescatada de La última tentación de Cristo donde el bíblico Lázaro aferra la mano del frágil y dubitativo Jesús de Martin Scorsese y lo arrastra consigo a la oscuridad de su sepulcro.

Puede que Proyecto Lázaro hubiera sido mejor libro que película. El tercer largometraje como director del canario Mateo Gil es una ambiciosa obra de ciencia ficción futurística que, a partir del caso del primer ser humano resucitado de la muerte, ahonda en preguntas existencialistas y trascendentales. Su revisión de la naturaleza humana conduce a conclusiones semejantes a las de Blade Runner, monumental reivindicación de los recuerdos y la empatía como parte esencial de lo que significa estar vivo -y además, como esta, relectura del referencial mito de Frankenstein-, puesto que el hombre que vuelve del otro lado, que ya no pertenece ni al pasado ni al presente ni al futuro, reflexiona acerca de una parte íntima e inmaterial que parece haber perdido en el proceso de laboratorio.

El alma, el espíritu, la humanidad; lo opuesto a la trivialidad de una identidad física que es pura mecánica biológica, perfectamente reemplazable y humillante en sus imperfecciones -asunto ampliamente abordado por Gil en su libreto de Mar adentro-.

          Dentro de su argumentario, el filme cuestiona paralela y puntualmente las motivaciones vitales actuales -la búsqueda imposible de la imitación de un anuncio de televisión- y deja una agria mirada acerca de la insatisfacción irreparable como otro gran elemento definitorio del individuo contemporáneo, una tesis que recientemente ponía al día Oslo, 31 de agosto, reapropiación de El fuego fatuo y su evisceración del dolor por el sentimiento de vacío existencial.

          Pero, en definitiva, el espectador percibe todo este conjunto de cavilaciones introspectivas a través de la voz en off del narrador, y no tanto de unos fotogramas que no alcanzan la altura metafísica que pretende formular el guion -también de Gil-, por más que el realizador, estableciendo un contraste con la aséptica ambientación del final del siglo XXI, quiera sublimar este horizonte de recuerdos y memorias por medio tonalidades claramente influidas por Terrence Malick, auténtico maestro en este campo e imitado hasta la saciedad en el cine de la última década -hay quien habla directamente de “epidemia” al respecto-.

En consecuencia, Proyecto Lázaro resulta una cinta discursiva y un tanto ensimismada que queda casi completamente desnuda debido a esta descompensación entre texto e imagen.

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Nota IMDB: 5,9.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 5,5.

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La hechicera blanca

19 May

 

La hechicera blanca: en misión de martirio y redención hacia el corazón de las tinieblas. 1953, un año de aventuras exóticas para la primera parte del especial que Cine Archivo dedica al compositor Bernard Herrman.

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Che: El argentino

20 Abr


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Año: 2008.

Director: Steven Soderbergh.

Reparto: Benicio del Toro, Demián Bichir, Rodrigo Santoro, Santiago Cabrera, Edgar Ramírez, Unax Ugalde, Catalina Sandino Moreno, Julia Ormond, Oscar Isaac, Yul Vázquez.

Tráiler

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            Coincidieron en la década pasada, en apenas un lustro, una serie de coproducciones con participación estadounidense que se acercaban sin prejuicios -o incluso con prejuicios positivos desde un espectro antiimperialista- hacia figuras clave de la Revolución cubana. Ahí quedan los documentales de Oliver Stone Comandante y Looking for Fidel, o el recorrido por la juventud prerrevolucionaria y de sentimiento panamericano de Ernesto ‘Che’ Guevara en Diarios de motocicleta.

Al igual que esta última, Che: El argentino -primera parte del díptico en el que Steven Soderbergh aborda la biografía guerrillera del personaje histórico- cede directamente la palabra al protagonista, pues adapta sus propias memorias del periodo. En el filme, su voz subraya el idealismo de la batalla, silenciando el ruido de la artillería y el fragor de la lucha. Debido a ello, Che: El argentino es una película que está rodada desde una perspectiva terrenal y casi se podría decir que antiépica, pero no es una obra desapasionada o huérfana de romanticismo. Más bien al contrario. Las imágenes del realizador muestran el mismo grado de entusiasmo en rodar el asalto al cuartel de Moncada que en el tesón del Che por acometer el servicio público que identifica, al mismo nivel que la confrontación armada, con los ideales revolucionarios: la educación de los compañeros iletrados, el trabajo médico en zonas abandonadas a su suerte. Todo en aras del bienestar del pueblo. Un mito en una película formalmente desmitificadora.

De hecho, dentro de este montaje fragmentado que intercala los avances del alzamiento contra la dictadura de Fulgencio Batista con el discurso del Che en la sede de Naciones Unidas en calidad de representante de la República de Cuba, es esta última reconstrucción la que parece estar infundida de una atmósfera más épica, con el político ungido por las poderosas sombras del blanco y negro, prolongando verbalmente, desde las ideas, una contienda que prosigue, esta vez orientada hacia una audiencia embelesada por su verbo, por su razón, por su carisma natural.

            Incólume en su fortaleza moral, expuesta desde una mirada que posee la lógica autocomplacencia de unas memorias bélicas, en Che: El argentino no aparecen demasiados contrastes hacia una figura tan controvertida y sobre la que es prácticamente imposible emprender una exégesis suficientemente objetiva, de tan masacrada que se encuentra por las interpretaciones extremistas. Probablemente su dimensión más prosaica se queda en los ataques de asma.

Para ejemplificar esta tesitura, valga la evolución de Benicio del Toro, encargado de interpretar al hombre, durante sus indagaciones preparatorias para el papel, que, desde una óptica influida por la monolítica tradición estadounidense de Guerra Fría -aquella pueril y maniquea que se puede apreciar precisamente en cintas pretéritas como Che!-, parte de una consideración de villano absoluto para virar de forma paulatina hacia “una mezcla de Gregory Peck y Steve McQueen“, en explicaciones del actor puertorriqueño. Es decir, un icono de cine, digno de imprimir y comercializar como logo de camiseta.

            Dejando de lado esta cuestión, pues exigirla podría pasar por quimera, como decíamos, es más reprobable que, de tanto esfuerzo de didactismo y contención, el pulso narrativo del filme se espese progresivamente, atascando en exceso el itinerario y haciendo de la toma de la ciudad de Santa Clara un episodio donde la función empieza a percibirse ya como bastante plúmbea. Un delito habida cuenta de la vigente capacidad de fascinación, tanto entre adeptos como en detractores, que suscita el Che Guevara.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 6.

La chica desconocida

13 Mar

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Año: 2016.

Directores: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne.

Reparto: Adèle Haenel, Olivier Bonnaud, Jérémie Renier, Louka Minnella, Christelle Cornil, Nadège Ouedraogo, Olivier Gourmet, Pierre Sumkay, Ben Hamidou, Marc Zinga, Fabrizio Rongione, Ange-Déborah Goulehi.

Tráiler

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           Hay un tema que aflora continuamente en la filmografía de los hermanos Dardenne: el compromiso. El compromiso social y humanístico que los Dardenne aplican en su cine es, frecuentemente, el idéntico grado de compromiso hacia los valores morales e incluso hacia uno mismo que le exigen a los personajes que pueblan sus películas. Siguiendo esta idea, a lo largo de La chica desconocida se pueden trazar numerosos puntos en común con la película inmediatamente anterior de los cineastas belgas, Dos días, una noche. Ambas están protagonizadas por dos mujeres en una búsqueda incesante, infatigable, rayana en lo obsesivo. Si en Dos días, una noche la motivación de la trabajadora al borde del despido empresarial era la desesperación de verse al filo del precipicio, la de la médica que centra aquí la acción responde a otro tipo de necesidad también acuciante, si bien en esta ocasión es de índole psicológica.

           Jenny Davin (Adèle Haenel) encarna en La chica desconocida la culpa que subyace en una sociedad empujada hacia el individualismo amoral -término pretendidamente neutro que esconde una inmoralidad práctica-, en la que cada cual realiza un frío diagnóstico acerca de sus propias necesidades vitales mientras trata de darlas cumplimiento de espaldas a las del vecino -en especial si este es percibido como el Otro por su condición marginal, su ascendencia foránea o su comportamiento anticonvencional-.

A Davin -sobre quien además, debido a su profesión, pesa la responsabilidad del juramento hipocrático, deformado por erradas premisas de desafección facultativa- este muro creado se le derrumba con la muerte de una muchacha a la que probablemente hubiera podido salvar la vida con un gesto nimio, uno de esos que cualquiera tiene en su mano realizar cada día. En sentido estricto, es un rostro el que desmorona este aislamiento antinatural. Una persona identificada con concreción, que sufre una tragedia que, entonces, se torna tangible y comprensible. Una tragedia, pues, que cobra vida y se contagia, como si de un trastorno clínico se tratase, haciendo sentir sus efectos nocivos en los otros cuerpos que la identifican y contraen.

           Esto significa, en resumen, que el argumento de La chica desconocida encierra una apelación a la solidaridad, la compasión y la empatía elemental por el prójimo que es equivalente a las que Ken Loach expone desde su Reino Unido perpetuamente sometido a la dictadura blanda del liberalismo, aunque por parte del director británico los sistemas de autodefensa colectiva -esencialmente la conciencia de clase proletaria- perviven de una manera que quizás puede llegar a entenderse como un tanto ingenua.

Menos apegados a proclamas o reivindicaciones inspiradoras, los Dardenne tienden a dudar de los tópicos y los prejuicios, sean estos positivos o negativos, y de ello nace una visión compleja, áspera de matices y no siempre cálida o satisfactoria respecto del tema o de la comunidad que observan con su cámara. Igualmente, y sin que la confusión derive en desdibujamiento, sus personajes dudan y se debaten en su interior, ya que en absoluto experimentan con nitidez los sentimientos o si acaso los ideales que les zarandean e impulsan a actuar en pos de una redención cercana a lo instintivo, a una noción de ancestral supervivencia mental.

           Siguiendo los pasos de Davin, el filme expone una investigación a la vez moral y policíaca, emprendida de forma casi compulsiva -mas siempre con credibilidad emocional- y que descubre en sus pesquisas las enfermedades éticas que aquejan a la sociedad occidental, somatizadas en forma de indigestiones, hernias, adicciones, convulsiones, mutismos patológicos… Es cierto que la idea se repite, pero no es óbice para que los Dardenne integren con sobria contención el discurso y las metáforas asociadas, evitando con ello la verbalización o el subrayado epatante.

Entre escenarios átonos, despersonalizados en todos los sentidos del término -lo que tampoco significa que los realizadores y guionistas planteen un punto de vista frío o distanciado hacia lo que ocurre, en realidad todo lo contrario-, Davin avanza formando contactos visuales -bien propios, bien los de una fotografía que ejerce de elemento interrogador y por ende perturbador-, físicos -las revisiones, los tratamiento, los apoyos…- y por último afectivos -tanto de rechazo como de aproximación-, a la espera de que sean compartidos por el espectador, si bien con el respeto de no forzar con insistencia o chantajes su voluntad.

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Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7,5.

Hasta el último hombre

12 Dic

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Año: 2016.

Director: Mel Gibson.

Reparto: Andrew Garfield, Teresa Palmer, Hugo Weaving, Rachel Griffiths, Sam Worthington, Vince Vaughn, Luke Bracey

Tráiler

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          Desterrado del Olimpo pagano de Hollywood a causa de su inflamado fanatismo cristiano, Mel Gibson abandona la agresividad de la espada para orientar su prédica hacia la identificación de Dios y el amor. A la espera de ver los derroteros que toma la continuación de la acusatoria La pasión de Cristo, todo tormento y culpa, Hasta el último hombre expone un nuevo testamento en el que un individuo común queda libre de pecado a través de hacer el Bien. En esta alegoría protagonizada por un santo cuya bondad es incomprendida en tiempos de la peste, como si de una segunda venida del Salvador se tratase, Gibson escoge la hagiografía del soldado Desmond D. Doss -el primer objetor de conciencia en cumplir la paradoja de obtener una Medalla de Honor por su heroismo en el campo de combate, del que rescató de la Parca a más de medio centenar de compañeros-, para pregonar un mensaje acerca de la preponderancia de la conciencia cristiana y humanística por encima de las turbulencias de lo temporal, producto de la corrupción de la carne.

A tal fin, presenta el conflicto de un puritano inquebrantable que ve cuestionado su credo en el Infierno en la Tierra; atrapado en un lugar donde no parece haber Dios y en el que los hombres niegan su sagrada palabra, entregándose a la perdición. Por ello, Hasta el último hombre abre sus fotogramas en los abismos de la razón, la batalla de Hacksaw Ridge en la cruenta campaña del Pacífico de la Segunda Guerra Mundial, donde el hombre se ha entregado al homicidio de su par. No obstante, el soldado Doss (el cándido Andrew Garfield, que siendo Spiderman aprendió que todo héroe carga con un gran responsabilidad), experimentará dos cruzadas a lo largo del metraje: una ideológica, en la que lucha por la prevalencia de su moral en medio de los ataques de los incrédulos, y otra ya estrictamente bélica, donde con su sacrificio demuestra a los hombres de poca fe la verdad que descansa en la observación del mandato divino.

          Así pues, al estilo de la propagandística El sargento York, en la primera se reproduce el debate moral entre los límites de la conciencia y el deber patriótico del ciudadano, con incisión en conceptos como el mal mayor y la justificación de la violencia ante situaciones flagrantemente injustas o como simple reacción de supervivencia.

Y, como aquella, Hasta el último hombre tampoco es exactamente una película pacifista, a pesar de invocar el compromiso ético de este ser extraordinario y el sustrato firmemente cristiano del que procede. Tras las sucesivas pruebas de fe y su propia reinterpretación de las dudas de Jesús en el Getsemaní, la purificación de Todd -lastrado él también por el pecado original que encarna su padre y materializado en el trauma del atentado pseudocainita contra su mismísimo hermano-, es la purificación del Ejército en su conjunto, bendecido y legitimado por el mártir que vela por ellos, de rezo y de obra, por más de que hasta entonces se haya insistido en que del frente solo retornan cadáveres, sea en caja de roble, sea con monstruosas cicatrices físicas, sea con todavía peores huellas psicológicas, caminando pero con el interior desgarrado en jirones irreparables.

De igual manera, el enemigo japonés está construido con características que bordean lo sobrenatural y lo abstracto, surgido en legión del averno subterráneo, entre la ira y el fuego. Satán se le denomina en el guion; su dogma es la muerte. Muerte en la victoria y muerte en la derrota. Apenas se le personaliza, si bien la reverencia con la que Gibson filma un seppuku podría considerarse por su parte una cierta muestra de reconocimiento e incluso respeto hacia otra creencia, esta vez rigurosamente marcial y terrible.

          Tratada la angustia y el dilema del hombre como ente espiritual frente a la barbarie deshumanizada de la guerra con mayor profundidad y lirismo en La delgada línea rojaHasta el último hombre se emplea por su parte con inmisericorde crueldad en el retrato de las miserias bélicas, llevando un paso más allá el sanguinolento hiperrealismo de Salvar al soldado Ryan para arrojar contra el espectador pasivo un diluvio de vísceras y miembros cercenados.

No es una truculencia inadecuada en vista del discurso que esgrime el cineasta, que necesita mostrar el calvario para enaltecer el coraje de su héroe y que sutileza intelectual tiene poca. Pero otros planos épicos de contrapicados con música a juego o las conclusiones verbalizadas del desenlace sí resultan más pueriles en este aspecto, en especial si se comparan con la fuerza narrativa que posee el preludio del horror -representada mediante rostros desencajados, miradas vacías e inmundicia terrenal- y la fuerza temática que aporta al relato esa figura ambigua, tempestuosa y patética del progenitor.

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Nota IMDB: 8,6.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 6,5.

El árbol del ahorcado

20 Feb

“El Oeste –palabras que van directas a ese lugar del corazón donde los americanos sienten el orgullo de su herencia del espíritu del Oeste- significa el triunfo de la voluntad personal sobre cualquier obstáculo, natural o humano.”

John Wayne

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El árbol del ahorcado

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El árbol del ahorcado

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Año: 1959.

Director: Delmer Daves.

Reparto: Gary Cooper, Maria Schell, Ben Piazza, Karl Malden, George C. Scott, Karl Swenson, Virginia Gregg.

Tráiler

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             “Parece que llegamos a la civilización”, espetaba ante la visión de un ahorcamiento Clarke Gable, abriendo así Los implacables. En el western, la justicia y sus símbolos cobran una tajante radicalidad, que expresa de este modo las condiciones que gobiernan el escenario. La reacción impulsiva de uno de los mineros del yacimiento de oro recién abierto en la Montana indómita donde transcurre la acción de El árbol del ahorcado, disparando con su rifle a un ladrón de pepitas, no es más que una prolongación de este concepto de justicia directa e implacable, propia de unos tiempos forjados por el hombre a tumba abierta, sin la intermediación de instituciones colectivas que configuren un marco regulativo común, frío y razonado, capaz de imponerse sobre las apetencias de la víscera.

             El árbol del ahorcado plantea una situación esencial en el género, como es la confrontación entre esta corriente salvaje y las tendencias civilizadoras, encarnadas aquí por otro ejemplo ordenador, el médico, que se contrapone a la ley de la horca y, directamente, a la influencia supersticiosa y atávica del curandero. Un conflicto desarrollado en paralelo a otro traumático proceso de civilización alegórica que, en este caso, compete al interior del protagonista –la conquista de sus remordimientos, el dominio de la violencia que brota en él a causa de sus pecados pretéritos-.

A medida que avanza el metraje se impone esta segunda vertiente más psicológica y melodramática, encauzada a través de la tortuosa relación de sanación y dominio que se establece entre el enigmático Joseph Frail (Gary Cooper, protagonizando su último western) y la cándida forastera Elizabeth Mahler (la austríaca Maria Schell), quizás en ligero detrimento de ese violento contexto social que enmarca la obra, tan prometedor en su contundencia y brutalidad –aunque, para ser justos, no menos brutal que la intrigante ambigüedad que embarga la figura del personaje principal-.

             Delmer Daves –que debido a una enfermedad tuvo que ser temporalmente reemplazado en la silla de director por Karl Malden- consigue que ambos dramas convivan equilibrando el interés de la cinta hasta que, por las chispas de ese roce, el argumento se inflame en un incendio de enorme simbolismo.

El árbol del ahorcado es una película narrada con eficiencia y bien interpretada por un reparto donde el clasicismo y la elegancia de Cooper y Schell confluyen y chocan asimismo con la intensidad de Malden o del debutante George C. Scott. Por su parte, el cineasta sabe aprovechar la opresión soterrada que crea ese pueblecito accidental y encerrado en sí mismo -a pesar de enclavarse en un espectacular escenario natural- y capturar en los fotogramas los pavorosos fantasmas que acompañan en su deriva al atormentado doctor.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7,5.

La fuente de la vida

19 Sep

“La muerte no es más que otra etapa.”

Greta Garbo

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La fuente de la vida

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La fuente de la vida.

Año: 2006.

Director: Darren Aranofsky.

Reparto: Hugh Jackman, Rachel Weisz, Ellen Burstyn, Mark Margolis, Stephen McHattie, Fernando Hernández, Cliff Curtis, Sean Patrick Thomas, Donna Murphy, Ethan Suplee.

Tráiler

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            Emulando el hastío de Andrei Tarkovsky, materializado en Solaris, Darren Aranofsky, a quien nunca han importado las acusaciones de pretenciosidad, concebiría La fuente de la vida con el ambicioso objetivo de crear una película de ciencia ficción que no dependiese de parámetros como la tecnología y los escenarios futurísticos, sino que abordase cuestiones íntimas y eternas como la relación del ser humano con la muerte y lo trascendente.

            La fuente de la vida plantea el secular e infinito enfrentamiento entre el hombre y la muerte y el poder del amor como antídoto contra este destino inapelable. Su discurso se organiza a través de tres planos paralelos: un conquistador español en busca del árbol de la vida bíblico, un alquimista cósmico y un oncólogo del presente. En efecto, las tres son solo emanaciones fantásticas de esta última dimensión, protagonizada por el investigador Thomas Creo (Hugh Jackman) y su búsqueda a contrarreloj de una cura para el cáncer terminal que amenaza a su esposa (Rachel Weisz). 

En realidad, este intrincado esquema, más sencillo de lo que aparenta, se apropia, enrevesa y barniza de inciensos y pachuli el argumento y la estructura de Las tres luces, primer gran éxito de la descomunal filmografía de Fritz Lang donde una desafortunada mujer batallaba por librar al ser amado de la guadaña de la Parca a lo largo de tres relatos distintos.

            La fuente de la vida cuenta con una factura visual poderosa que contribuye a suplir parte de la intensidad que no logra alcanzar su guion, desbordado de espiritualidad y misticismo new age. Y es que, para tratarse de un tema capital, compuesto a partir de claves antagónicas y universales -el egoísmo y la generosidad, el remordimiento y la redención, la rebeldía y la asunción, la pasión y la razón, la vida y la muerte- el filme tampoco conmueve lo que uno desearía. En cualquier caso, en este terreno emocional pocas películas le deben tanto a su banda sonora, una partitura épica, palpitante y arrolladora firmada por Clint Mansell.

            Sin embargo, por encima de esta amplia lista de defectos, hay algo irresistible en el atrevimiento casi suicida y la falta de complejos de Aranofsky a la hora de plantear a pecho descubierto esta película que siempre se encuentra a un solo paso del ridículo; excesiva y grandilocuente pero al mismo tiempo honesta y visceral.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 7.

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