Tag Archives: Francia

Loving Vincent

17 Ene

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Año: 2017.

Directores: Dorota Kobiela, Hugh Welchman.

Reparto: Douglas Booth, Robert Gulackzyk, Jerome Flynn, Saoirse Ronan, Helen McCrory, Chris O’Dowd, Aidan Turner, Eleanor Tomlison, Cezary Lukaszewicz, John Sessions, Martin Herdman, Bill Thomas, Piotr Pamula.

Tráiler

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         La pintura es una de las madres del cine, amén de un espejo en el que este aún se mira con atención. Alguno de los cineastas que impulsan la configuración de un lenguaje puramente visual, libre de las servidumbres del texto escrito, como forma de expresión identitaria del séptimo arte, caso de Peter Greenaway o David Lynch, proceden o poseen fuertes vínculos con la pintura. Son cientos los cuadros que muy diversos cineastas han homenajeado o emulado en sus planos. Incluso determinados filmes, con ejemplos recientes como El molino y la cruz con la obra de Pieter Brueghel el Viejo o Shirley: Visiones de una realidad con la de Edward Hopper, han tratado de fundir en uno ambos artes.

Loving Vincent lleva la apuesta un paso más allá y constituye el primer largometraje de la historia narrado exclusivamente mediante pintura al óleo, con 65.000 fotogramas que, a partir de un rodaje con actores en escenarios físicos, están ilustrados por más de un centenar de artistas que reproducen en sus imágenes el estilo y la técnica de Vincent van Gogh, estandarte del postimpresionismo.

         Aunque el pintor holandés es un personaje grato para el cine gracias a su leyenda de excentricidad, interpretado en diferentes producciones por Kirk Douglas -la popular El loco del pelo rojo-, Tim RothVan Gogh (Vincent y Theo)-, Tchéky KaryoVincent y yo-, Jacques DutroncVan Gogh– o hasta Martin Scorsese en la capitular Los sueños de Akira Kurosawa; Loving Vincent intenta seguir los postulados del propio retratado y conferirle voz a través de sus lienzos, por lo que se aproxima más a las intenciones del documental Van Gogh, de Alain Resnais, y sobre todo a Vida y muerte de Van Gogh, donde las cartas a su hermano Theo también desempeñan un papel fundamental, al igual que ocurría en el docudrama Van Gogh: Painted with Words.

De esta manera, la cinta alterna la perspectiva del pintor, en la que se animan escenas y personajes extraídos de su corpus, con especulaciones en un blanco y negro casi fotográfico donde se imaginan pasajes de sus vivencias y que, a la vez, proporcionan cierto descanso visual frente a los colores intensos y las pinceladas marcadas que caracterizan la estética del neerlandés.

         Para reconstruir la personalidad Van Gogh y los últimos instantes de su vida, el libreto se decanta por el tópico de la investigación personal, en la que un tercero, que representa al espectador anhelante por resolver el misterio de una biografía intrigante y excepcional, se adentra en la búsqueda azarosa de la verdad sobre el investigado, que se desvela paulatinamente por medio de entrevistas que arrojan una semblanza caleidoscópica, compleja y aun así todavía difusa o contradictoria, tal y como canonizaba Ciudadano Kane. La fórmula, pues, no es nueva, ni Dorota Kobiela y Hugh Welchman, en su doble función de directores y guionistas, intentan darle otra vuelta de tuerca, lo que provoca que esta constante intercalación de flashbacks componga un relato que termina por anquilosarse.

         Pero, en cualquier caso, cabe valorar Loving Vincent como una hermosa declaración de amor al arte, aspecto dentro del que cobra pleno sentido el consustancial formalismo de este filme-cuadro. Un concepto revolucionario para honrar la memoria de un revolucionario. Loving Vincent se erige entonces como una reivindicación de la persecución de la belleza como sentido de la existencia, como un elogio de la mirada diferente que se eleva sobre las limitaciones mediocridad y la convención; como una defensa de la frágil y vulnerable sensibilidad del genio visionario que descubre mundos completamente nuevos y sorprendentes.

Propósitos necesarios, loables y emocionantes frente a la pujanza del materialismo economicista como sistema regidor de la sociedad actual, y que consiguen hacer bueno el deseo de Van Gogh de que se perciba el sentimiento y la ternura de sus creaciones.

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Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7.

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Revenge

24 Nov

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Año: 2017.

Directora: Coralie Fargeat.

Reparto: Matilda Ann Ingrid Lutz, Kevin Janssens, Vincent Colombe, Guillaume Bouchède.

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          En Revenge, tres hombres corren jadeantes y sudorosos, como una jauría de lobos, tras la joven a la fuga que uno de ellos acaba de violar impunemente. Escuché recientemente, a propósito de otro filme acerca de la persistencia de las estructuras de opresión patriarcal y su estreno paralelo con el juicio a ‘la manada’ por el caso de violación en grupo a una adolescente en los Sanfermines de 2016, que en ocasiones la ficción dialoga con la realidad de forma sorprendente. Pero, en este tema particular, lo cierto es que la coincidencia no es tal. Sucede lo mismo que con las acusaciones contra Aaron Ramsey por la relación entre sus goles con el Arsenal y las inmediatas muertes de celebridades de todo tipo: no es una cuestión de casualidad, sino de probabilidad muy elevada. La sociedad actual es todavía un espacio demasiado confortable para determinada clase de monstruos.

          Con guion y dirección a cargo de la francesa Coralie Fargeat, debutante en el largometraje y premio a la mejor realización en el festival de Sitges, Revenge aborda la situación con rebeldía gamberra, recuperando las premisas clásicas de un subgénero verdaderamente correoso: el rape & revenge, el thriller de violación y venganzaLa última casa a la izquierda, La violencia del sexo, Desenlace mortal (Thriller – en grym film), Ángel de venganza, A Gun for Jennifer, Fóllame, Freeze Me…-. La inocente ultrajada que, cual ave fénix, renace de sus cenizas en forma de despiadado ángel justiciero. Tampoco es accidental que el cine de venganzas femeninas acostumbre a revolverse contra el estereotipo del macho dominante, que aquí queda encarnado por un pijo aficionado a la caza y sus dos socios de negocios, todos ellos patéticos por igual.

Entonces, la protagonista de Revenge se subleva frente a su esencia como mujer objeto -florero, trofeo…-, y de paso contra el posible prejuicio negativo del espectador -la incisión en los pálpitos machistas de la platea-, para transformarse en una fémina de presencia autónoma, rostro duro y actitud implacable. A la par, en uno de los detalles del sarcasmo insurgente de la función, Fargeat reserva la tradicional exhibición de desnudos integrales gratuitos para su rival masculino.

          Desbordada de heridas atroces, sangre de mentira y resistencia más allá del límite natural, Revenge es una película deliberadamente exagerada y grotesca, como un combate de pressing catch. También se asemeja en la sencillez nuclear de su planteamiento de base. Y, al igual que el pressing catch, sus festivos excesos alcanzan cierto punto de saturación y agotamiento.

Sin embargo, se aprecia en ella fuerza compositiva, alternada con la fisicidad de la acción -los primeros planos presuntamente sensuales o decididamente repulsivos, la carne destrozada-, amén de una ironía macarra que salpimenta la función y la hace disfrutable, divertida. Que no estoy seguro de que sean los epítetos más apropiados cuando se toca un asunto tan peliagudo como el que nos referíamos al principio.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 5,5.

Un sol interior

21 Nov

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Año: 2017.

Directora: Claire Denis.

Reparto: Juliette Binoche, Xavier Beaubois, Nicolas Duvauchelle, Laurent Grévill, Alex Descas, Valeria Bruni Tedeschi, Gérard Depardieu.

Tráiler

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         “No existe ese príncipe azul de Walt Disney, ni el de ahora de las sombras de Grey“, afirmaba en una entrevista la actriz y escritora Mar Regueras. Uno de los estereotipos más frustrantes y nocivos de las fantasías románticas, potenciadas especialmente por el cine, es la idea de la realización amorosa predestinada y correspondida.

La protagonista de Un sol interior vaga por París hecha un paño de lágrimas en busca de su amor verdadero y definitivo. En su camino, tan solo se cruza con empresarios sinvergüenzas, artistas intensitos, oportunistas carroñeros, intelectuales pagados de sí mismos e idilios irremediablemente marchitos.

         Esta es la película romántica de Claire Denis, un género apenas transitado de forma frontal –Viernes noche– por esta cineasta con querencia por argumentos recios, hasta con un punto de sordidez. Y, en efecto, por medio de las peripecias de la despechada, fracasada y solitaria Isabelle (Juliette Binoche), tomadas de una novela de Roland Barthes, la directora y coguionista hace escarnio de las películas románticas al mismo tiempo que arremete contra los códigos que falazmente han implantado en la concepción amorosa extracinematográfica. 

Por el camino, invalida asimismo los consejos existencialistas de tres al cuarto e incluso, en el genial equívoco final -que por medio de su interesante inserción en los títulos de crédito se erige a la vez en resumen y anticipo de un relato inconcluso y acaso irredimible-, las teorizaciones psicoanalíticas del cortejo y el enamoramiento humano. Sin embargo, y a pesar de todo, pervive en ella una pequeña y cálida sensación de esperanza, quizás meramente ilusoria. 

         Un sol interior no es una película clemente hacia sus personajes, ni siquiera hacia una Isabelle inconstante, contradictoria y muy, muy despistada. Pero más cruel es en el retrato masculino, poblada por galanes lamentables, estúpidos, atolondrados o simplemente egoístas. Denis abre el filme con su protagonista al desnudo, aunque el contacto que la ofrece se asemeja más una embestida que una muestra de cariño o, cuanto menos, de deseo. La caricia -de haberla- es un sobeteo burdo, las conversaciones apenas transmiten nada y el desamparo de la mujer se acentúa poco a poco, encuentro a encuentro, desencanto a desencanto. 

El tono narrativo, de paladeable acritud y acidez, tarda un tanto en asentarse, por lo que la empatía hacia la función va en línea ascendente, toda vez que se comprende y se acepta el agreste y común ridículo en el que vive y se desespera Isabelle, que tiene rasgos perfectamente reconocibles para todo aquel que no sea un absoluto triunfador en los amores.

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Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7.

Barbara

19 Nov

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Año: 2017.

Director: Mathieu Amalric.

Reparto: Jeanne Balibar, Mathieu Amalric, Vincent Peirani, Aurore Clément, Lionel Sorce.

Tráiler

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          Es probable que para acometer Barbara el actor y realizador Mathieu Amalric tomase buena nota del planteamiento y la dirección de Roman Polanski en La venus de las pieles, donde, a través de una ruptura metaficcional, la película engendraba dentro de sí, hibridándose y dialogando con ella, otra película.

Es grato que Amalric se atreva a buscar nuevas fórmulas para el biopic, género frecuentemente encajonado en la simple acumulación cronológica de hechos; aunque también debe reconocerse que el potencial de esta estructura tiene sus limitaciones, algunas de las cuales se manifestarán en esta aproximación a la vida de la icónica cantante Barbara, emprendida a través de la vivencia de la actriz que la encarna en el rodaje que contiene en su argumento este filme metacinematográfico.

          Barbara habla de la estrecha relación entre el cineasta y su musa inspiradora; su ambición, incluso egoísta y frustrante, de equiparar su arte con el alumbramiento o la resurrección; del poderoso influjo y la frágil intimidad de la artista carismática, sea esta música o actriz.

Por medio de la gramática cinematográfica, el estilo visual y la entonada interpretación de Jeanne Balibar -expareja de Amalric, otro elemento más del juego propuesto-, la realidad y la ficción, la experiencia existencial y creadora de ambas mujeres, se enfrenta, se mimetiza y se funde, en ocasiones prácticamente sin solución de continuidad. Ora se difuminan, ora se reflejan los límites entre los documentos sobre la vida de la cantante y su reproducción en una filmación inventada en la que, a su vez, se derriban las barreras entre la puesta en escena de Amalric en su función dual como director y director-personaje.

          De este modo, se obtiene una obra sugerente, que navega por momentos entre la ensoñación obnubilada por la musa y el fantaseo obsesivo o fetichista. Pero es también una cinta en la que el artificio está siempre presente. Notorio y restrictivo a su manera.

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Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7.

Madame Hyde

18 Nov

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Año: 2017.

Director: Serge Bozon.

Reparto: Isabelle Huppert, Adda Senani, Romain Duris, José García, Roxane Arnal, Angèle Metzger.

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          En realidad, la dualidad del doctor Jekyll y Míster Hyde que expone el relato de Madame Hyde no apunta tanto hacia la protagonista -una maestra hundida en el fracaso y la mediocridad que tras un accidente de laboratorio se transforma ocasionalmente en un cuerpo incandescente- como hacia la sociedad francesa, representada a partir de un tremebundo sistema escolar. Es la Francia de la libertad, igualdad y fraternidad que colisiona violentamente contra la Francia de la marginación mediante el banlieue, la asmietría de oportunidades y la renuncia a la respuesta integrada de su multiculturalismo. La Francia presidida por un director de instituto de discurso petulante, inconexo y vacío que, en su tremenda torpeza e insensibilidad -amén de por su estética extravagante-, parece un villano de dibujos animados.

          Debajo de su esencia de comedia absurda, guiada por una Isabelle Huppert perfecta en la encarnación de una mujer anodina repleta de ira contenida y que ni siquiera parece hallar el camino cuando es tocada por lo extraordinario –cosechó premio en el festival de Locarno-, Madame Hyde oculta venenosos dardos en contra de un sistema que también disfraza su monstruosidad con ropajes vulgares, aceptados desde argumentaciones elitistas, mezquinas, conformistas.

El filme también posee detalles hilarantes en su presentación de la naturaleza y las circunstancias de la profesora -el material con el que se conforma la personalidad-, así como en su juego con el tópico del docente carismático que motiva y redime a las ovejas descarriadas, aquí de la mano de una renovada energía que es, literalmente, incendiaria. Porque la búsqueda de la fórmula de la enseñanza es el otro pilar maestro de la cinta.

          Pero el desarrollo de Madame Hyde es cuanto menos desconcertante. No por los hechos sobrenaturales o simplemente excéntricos que rompen con el verismo ligeramente caricaturizado de su retrato sociocultural, o por la transgresión de los códigos de géneros como el drama social y el fantástico -el filme ni es ni quiere ser lo uno o lo otro… y es los dos al mismo tiempo-, sino porque la narración de Serge Bozon -que arrastra e ironiza con su propio trauma como exprofesor de filosofía- avanza dando bandazos, de forma dispersa, confusa e incluso contradictoria, con vocación anticlimática, casi desinteresada por el aspecto interior de los personajes y muy irregular en cualquier otra lectura que pueda hacerse de ella.

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Nota IMDB: 5,7.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 6.

Claire’s Camera

17 Nov

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Año: 2017.

Director: Hong Sang-soo.

Reparto: Kim Min-hee, Jun Jin-young, Chang Min-hee, Isabelle Huppert.

Tráiler

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           Hong Sang-soo parece uno de esos cineastas que filma porque vive y vive porque filma. De obra con gran contenido metaficcional e inspiración autobiográfica, en La caméra de Claire el realizador surcoreano aprovecha su paso por la edición de 2016 del festival de Cannes para rodar un coqueto divertimento -apenas 70 minutos de duración, estrenado de manera prácticamente simultánea con The Day After y En la playa sola de noche– en el que aborda, con agradable sencillez e ironía, las vivencias de la empleada de una empresa de distribución de películas, su jefa, el director de cine con el que conforman un triángulo amoroso y, como elemento disruptivo que introduce un simpático toque de misterio en la trama, una profesora parisina de visita en la ciudad, cámara Polaroid en ristre.

           Con estos mimbres, de nuevo ambientados en un universo metacinematográfico, Hong trenza una historia en la que afloran elementos personales como su relación con la joven actriz Kim Min-hee -a la sazón protagonista-, la cual inserta en un retrato satírico de los caprichos románticos, entre inseguros, egoístas e hipócritas, del artista y, por extensión, de la tesitura de la mujer en una sociedad de arraigado componente machista. A ello se unen pequeñas chanzas en el juego entre la realidad exterior y la ficción interna, como esa “primera vez” de Isabelle Huppert en Cannes.

           Son elementos que se conjugan perfectamente con ese estilo entre naif y juguetón que se aprecia en muchas producciones de Hong, en las que la realidad -las situaciones cotidianas, el escenario a pie de calle invadido por la actividad urbana en curso- queda teatralizada desde una aproximación con un aire engañosamente ingenuo -los zooms notorios, la interpretación de los actores, los encuentros de los personajes y la forma en la que se expresan sus sentimientos-.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,3. 

Nota del blog: 7.

120 pulsaciones por minuto

15 Nov

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Año: 2017.

Director: Robin Campillo.

Reparto: Arnaud Valois, Nahuel Pérez Biscayart, Antoine Reinartz, Adèle Haenel, Ariel Borenstein, Félix Maritaud, Aloïse Sauvage, Simon Bourgade, Médhi Touré, Catherine Vinatier, Théophile Ray, Saadia Bentaïeb

Tráiler

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          120 pulsaciones por minuto es una reivindicación del activismo en la que el pasado cercano -el comienzo de la década de los noventa- establece un diálogo firme con el presente, en el que el avance de los movimientos ciudadanos de protesta ha encontrado una decepcionante respuesta en la nueva primavera del nacionalismo ultraconservador, que en Francia se corresponde con la potencia del Frente Nacional, formación política que llegó a disputar la segunda vuelta de las elecciones presidenciales galas de 2017

          120 pulsaciones por minuto reconstruye los pasos de la agrupación local de ACT UP, organización de acción directa para la concienciación sobre el virus del SIDA, el incentivo de investigaciones con resultados públicos y la actuación del Estado contra la expansión de una plaga desatendida por el carácter marginal de sus principales víctimas -homosexuales, drogadictos, prostitutas, extranjeros….-. Para ello, la película de Robin Campillo -que junto con el coguionista Philippe Mangeot bebe de sus propias experiencias- viaja desde lo general -la crónica del movimiento y sus actuaciones de presión- hasta lo particular -el romance de dos de sus miembros y la agonía de uno de ellos-.

En esta primera faceta, el director filma desde el realismo, aunque sin apostar por el estilo documental, con un discurso que es debidamente crítico pero que elude el victimismo y que muestra a una comunidad compleja, con sus debates y contradicciones internos. En este sentido, asimila con naturalidad el valor de la fiesta y del sexo, del disfrute vitalista, como otra forma más del compromiso del colectivo, que el guion trata igualmente de inscribir en la Historia mediante un paralelismo alusivo a las corrientes revolucionarias de 1848 que, en el país, dieron lugar a la instauración de la Segunda República Francesa. No obstante, también se percibe cierta redundancia que posteriormente conformará uno de los factores que contribuyen a desequilibrar el conjunto.

          En una determinada escena, ambientada bajo el influjo del crepúsculo parisino, uno de los personajes que se desgaja de este retrato coral, Sean (el argentino Nahuel Pérez Biscayart), hace mofa de la poesía elegíaca y, por extensión, de los clichés sentimentalistas del cine, esos que podrían atribuirse a aproximaciones al tema como Philadelphia, basadas en el impacto emocional. Pero, a pesar de ello, 120 pulsaciones por minuto también pretende reflejar el desgarro de una lucha que, literalmente, es a muerte.

Ahí es donde entra el juego esta segunda vertiente personal, que consigue acertados contrapuntos de dolor -la manifestación luctuosa tras la pérdida de otro compañero- y momentos que cosechan una notable intimidad -las confesiones en las que logra aislar a los amantes del ruido circundante-; además de que Campillo hace gala de talento narrador y expresivo en la introducción de los recuerdos -los flashbacks integrados en la secuencia en curso, sin abandonarla-. 

          La combinación de estas dos dimensiones encaja con adecuada complementariedad, aunque a la larga terminan por descompensarse un tanto, lo que se evidencia asimismo en el excesivo metraje de la función. Campillo, desde el dolor propio, trata de no recrearse en la tragedia, si bien tampoco consigue esa contundencia emocional que repudia de las obras populares de Hollywood, por lo que, en este aspecto, queda un poco entre dos aguas.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7.

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