Tag Archives: China

Sombra

3 Jun

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Año: 2018.

Director: Yang Zhimou.

Reparto: Deng Chao, Sun Li, Ryan Zheng, Guan Xiaotong, Wang Qianyuan, Wang Jingchun, Hu Jun, Lei Wu.

Tráiler

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          El wuxia contemporáneo, el que traspasa las fronteras chinas para adentrarse en las salas extranjeras, ajenas a este subgénero histórico, caballeresco y de artes marciales aun a pesar del éxito de Tigre y dragón y alguna de sus sucesivas importaciones -y del fracaso de otras, como La gran muralla-, parece ser un asunto estético. En el caso de Sombra, entre los rasgos que destacan a primera vista, ese cromatismo exhacerbado que Zhang Yimou aplicaba a Hero o La casa de las dagas voladoras queda filtrado hasta reducirse a un insondable blanco y negro. Es estética, pero también argumento.

          Al igual que Este contraveneno del Oeste, una de las primeras enseñas de esta corriente internacionalizada y de autor, Sombra es una obra que se adentra en un juego de duplicados y de contrarios: el comandante y su doble; el reino Pei y el reino Yang; las acciones a la vista y los planes ocultos; el hombre y la mujer -lo que da pie a un apunte de reivindicación feminista acorde a los tiempos, tanto en la influencia de los personajes femeninos para el triunfo como en su dimensión dramática dentro de la confluencia de entramados-… La luz y la oscuridad; el Bien y el Mal. Todos ellos, radios de una rueda donde quedan encadenados los destinos de unos personajes movidos por unas pasiones -la reivindicación del yo y el regreso al hogar; el amor imposible, la venganza enquistada, la ambición desaforada, la rebeldía irreprimible…- que conforman una amalgama inflamable preparada para estallar por los aires en un desenlace de sanguinolenta tragedia shakesperiana. El plano final condensa esa idea de hado irreparable, circular.

          El cinesta chino, que dirige y escribe la función, dispone con suma paciencia las piezas sobre el diagrama del yin y el yang que preside filosóficamente el relato. Quizás con demasiada parsimonia, ya que la dilatada introducción queda un tanto descompensada, también por una narración que no termina de ser ni demasiado limpia ni demasiado elegante, en ocasiones teatral hasta lo caricaturesco, centrada en sublimar esa atmósfera de tonalidad dual, extensible a los paneles y telas que traban el encuadre con unos motivos caligráficos que, asimismo, plasman conceptos en negro sobre blanco.

Sea como fuere, la plasticidad de los fotogramas alcanza su esplendor durante ese crescendo en el que converge todo, envuelto en la batalla, la violencia y la barbarie. Ahí, las coreografías en la lluvia entregan imágenes verdaderamente ocurrentes, de poderosa fuerza visual.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 6,5.

Largo viaje hacia la noche

28 Nov

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Año: 2018.

Director: Bi Gan.

Reparto: Huang Jue, Tang Wei, Lee Hong-Chi, Luo Feiyang, Sylvia Chang, Meng Li, Chen Yongzhong.

Tráiler

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          La muerte de su padre lleva a Luo Hongwu a regresar a Kaili, su ciudad natal, de donde se había marchado tras la muerte de su mejor amigo. Una vez allí, le sobreviene el recuerdo de la mujer que amó, y a la que rastrea ahora. La mujer de sus sueños, literalmente.

Largo viaje hacia la noche es una búsqueda onírica. El protagonista se hunde en lisergias, los relojes están detenidos. El tempo narrativo avanza según una cadencia amortiguada, que es la que marcará el lánguido goteo de un plano continuo, donde apenas hay cortes de montaje -de hecho, ninguno durante casi la última hora de película, rodada para su pase en 3D-. El pasado se confunde con el presente y, por consiguiente, el recuerdo con la imaginación y el sueño, dentro de una investigación que, a juego, transita por lugares invadidos por la tiniebla, por lo surrealista. Ciudades olvidadas, habitaciones donde llueve, cines desvencijados. Todo es óxido y ruinas. Peligro y deseo. Eternidad y fugacidad. El tono, que mana como narcotizado, es pesaroso y melancólico, como derrotado de antemano ante la profunda incertidumbre que entraña esta aventura interior.

          El filme se rige por la lógica del sueño, que no es arbitraria aunque no siga un patrón convencional. Las idas y venidas del protagonista responden a una pista intuida, incluso en los desvíos de su objetivo a priori -el aparente propósito de venganza se pierde en el camino, el rostro del amor es dudoso y mutable-, si bien estas inconstancias pueden asimismo ponerse en tela de juicio. Las rimas, desdobles y contrastes simbólicos son constantes, diseminados como señales por el recorrido que Luo Hongwu traza a tientas, con la razón nublada, guiado por el subconsciente liberado, visceral pero nebuloso, que exarcerba el romanticismo que le bulle dentro, como una necesidad que ha de saciar. Aunque este es un romanticismo doliente, frustrado.

          Largo viaje hacia la noche no es fácil de seguir y hay pasajes que parecen haber quedado desgajados del hilo del relato en relación con su punto de vista -los fragmentos del joven Gato Salvaje, por ejemplo-, supeditados a la apuesta por construir una experiencia sensorial más que narrativa. Bi Gan se adentra con notable autenticidad en este mundo alternativo del sueño que, paradójicamente, nos es casi tan cotidiano y frecuente como la vida lúcida. Resulta clave en este aspecto la sobriedad del cineasta chino para no dejarse llevar por exóticos elementos de fantasía -incluso las supuestas secuencias de vuelo están plasmadas de forma hipnótica pero sin énfasis alguno, dentro de esa lógica irreal pero asumida con naturalidad-. Bi Gan chino convoca una atmósfera densa y subyugante -el encuadre, la textura, el color, la iluminación, la sombra…-, donde demuestra su talento compositivo desplegando una apabullante capacidad plástica, rayana en el esteticismo.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7,5.

Una aventura en Macao

16 May

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Año: 1952.

Director: Josef von Sternberg.

Reparto: Robert Mitchum, Jane Russell, William Bendix, Brad Dexter, Gloria Grahame, Thomas Gomez, Philip Ahn, Vladimir Sokoloff, Don Zelaya.

Tráiler

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          Al cine siempre le han sido gratas las localizaciones ambiental y sexualmente calurosas, ya que exaltan las pasiones. Principalmente, claro, las denominadas bajas pasiones. También sitúan al espectador en un contexto exótico, fascinante e inquietante a partes iguales, donde la amenaza parece ir indisociablemente unida a ese mismo bochorno. Una aventura en Macao -o Una aventurera en Macao, depende del cartel- escoge como escenario la entonces colonia portuguesa en China; un lugar que, al igual que la Casablanca del clásico, emerge como un oasis amoral y alegal, refugio de desclasados, forajidos y buscafortunas. Sin embargo, ya no hay una Segunda Guerra Mundial de fondo que los pueda redimir.

          Aunque el director titular de la cinta es un ya veterano Josef von Sternberg -esta sería el antepenúltimo filme acreditado del vienés y el último vinculado a la industria de Hollywood-, el jefe de producción de la RKO terminarían pidiéndole a Nicholas Ray que realizara unas cuantas escenas que pusieran un poco de orden en la narración, según recordará posteriormente el guionista Walter Newman. Algunas de ellas estarían escritas, de hecho, por Robert Mitchum, protagonista de la cinta junto a Jane Russell.

Y aun así, lo cierto es que, tal y como intuían desde la productora, el libreto es uno de los grandes lastres de Una aventura en Macao, quizás porque el mandamás Howard Hughes estaba más interesado en controlar el vestuario de su voluptuosa estrella femenina -cuyos pechos le habían obsesionado célebremente en El forajido– y porque el set de rodaje se había convertido en una lucha de poderes entre las maneras totalitarias de Von Sternberg hacia el reparto y el equipo y la canallesca indolente de Mitchum.

          En consecuencia, a pesar de que la cínica buscavidas que interpreta Russell goza de sonoras líneas de diálogo, se perciben serias lagunas en la trama criminal y en la construcción y motivación de los personajes -el de Gloria Grahame es un ejemplo palmario de esta falta de dibujo, cuestión que no podría siquiera arreglar su marido Ray-. Demasiadas como para que Una aventura en Macao se sostenga adecuadamente en pie.

En cualquier caso, se agradece cierta textura brumosa y sombría en los fotogramas, y la confrontación carnal que, bajo la molicie de los vapores de este presunto trópico de estudio, se establece entre Mitchum y Russell.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 5,5.

Confucio

16 Abr

“Estudia el pasado si quieres pronosticar el futuro.” 

Confucio

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Confucio

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Confucio

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Año: 2010.

Director: Hu Mei.

Reparto: Chow Yun-Fat, Jianbin Che, Lu Yao, Xun Zhou, Yanjun Bi, Huichun Wang, Wenbo Li, Ma Quiang.

Tráiler

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            Personalidad decisiva en la historia y la cultura de China, la figura de Confucio a priori no resulta en exceso cinematográfica, puesto que su legado es casi estrictamente filosófico y moral, asociado a una extensiva labor educativa que, en cierto modo, es la prolongación de su fulgurante carrera administrativa durante el convulso y fragmentado cambio del siglo VI a.C. al V a.C. bajo la dinastía Zhou -el periodo de las Primaveras y Otoños, precisamente nombrado así a partir de una crónica que se le atribuye: Anales de primavera y otoño-. Una herencia intelectual plasmada a través de unas enseñanzas literarias que han trascendido las centurias al estilo de lo que, en Occidente, podría significar la doctrina de Jesucristo. De hecho, apenas existen películas sobre la vida de Confucio, si acaso la desconocida Kong Fuzi, producción china del año 1940.

            Así, surgía a principio de la presente década este filme en el que una de las mayores estrellas de la región, Chow Yun-Fat, le prestaría rostro y cuerpo al también conocido como Maestro Kong. Se trata de una superproducción alentada por el potencial creciente de la industria china del cine y por la popularidad local y el cierto prestigio internacional de las películas recreación histórica, revestida además de una intencionalidad política clara en el momento en el que el gigante asiático emprendía un turbulento giro hacia el turbocapitalismo globalizado.

            De esta manera, Confucio se adentra en los principales hitos biográficos del hombre trascendental, desgranados con didácticos subtítulos que aportan insistentes pistas acerca del contexto geopolítico de la escena y de los personajes que irrumpen en ella, estén o no mencionados ya por los diálogos o hayan o no quedado suficientemente explícitos por las imágenes.

Mascada con fruición, la obra se amolda a las convenciones universales del género, incluido el cuantioso esfuerzo de ambientación, y desarrolla de forma absolutamente plana –en lo argumental y lo visual- las escenas de esta vida ejemplar, despojando por tanto, como acostumbra en exceso a suceder, de verdadera dimensión al mensaje de su protagonista: un hombre providencial destinado a propagar un subversivo ideal de humanidad contra un mundo gobernado por la barbarie, la superstición y la mezquindad.

            El relato luce todavía cierta garra cuando, en su primera mitad, se encuentra sumido las conspiraciones palaciegas que dominan las relaciones entre reinos y ducados chinos, en medio de las cuales Confucio lucha por no convertirse en una simple herramienta del poder. Pero la cinta se acaba desinflando inevitablemente en la molicie durante el tiempo de exilio, ahogado por la impersonalidad, el lugar común y la absoluta ausencia de profundidad o de complejidad en el estudio, mera relación de hechos deformados por las crónicas posteriores y casi inconexos entre sí –la relación con la influyente concubina Nanzi en el reino de Wei; los personajes que transitan los fotogramas puntualmente y sin dejar ningún tipo de huella-.

En consecuencia, en vez de revalidarse, el corpus filosófico y espiritual del confucianismo se disuelve en la irrelevancia, tratado con la superficialidad de la mera cita o el aforismo, e incapacidad de reconstruir su esencia inspiradora.

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Nota IMDB: 6,2.

Nota FilmAffinity: 5,4.

Nota del blog: 3,5.

The Assassin

23 Nov

“El auténtico creador desdeña la técnica entendida como un fin, y no como un medio.”

Charles Chaplin

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The Assassin

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The Assassin

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Año: 2015.

Director: Hou Hsiao-Hsien.

Reparto: Shu Qi, Chen Chang, Satoshi Tsumabuki, Shao-Huai Chang, Nikki Hsin-Ying Hsieh, Fang-yi Sheu, Yun Zhou.

Tráiler

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            Confluyen abruptos contrastes en The Assassin, la incursión en el wuxia del respetado autor taiwanés Hou Hsiao-Hsien, premio al mejor director en el último festival de Cannes. La recreación de las cortes chinas del siglo IX resplandece con esa magnificencia tan fantasiosa y cinematográfica que caracteriza a este género histórico de lucha y batalla. Pero, por otro lado, Hou despoja a sus fotogramas de otra de las características de este particular universo fílmico, como es su exaltado aliento épico, puro movimiento. También estética, desde su apropiación artística por cineastas como Wong Kar WaiEste contraveneno del Oeste (Ashes of Time)-, Ang LeeTigre y dragón– o Zhang YimouHero, La casa de las dagas voladoras-.

En The Assassin, Hou narra las aventuras y desventuras de Yinniang (Shu Qi), asesina entrenada para erradicar a cuchillo las insurgencias políticas dentro del convulso periodo de decadencia de la dinastía Tang, con un estilo pudoroso e íntimo. Huye de los primeros planos y del montaje febril para, en cambio, componer los lances desde cierta lejanía, reduciendo a los combatientes en medio de sobrecogedores parajes, sin apenas cortes y con escaso respaldo de la música –si acaso, más se acercaría a lo tradicional el breve duelo entre alumna y maestra-. La banda sonora, de hecho, es casi testimonial durante toda la función –luctuosos tambores de guerra, puntuales melodías de época-, reemplazada por la preeminencia del sonido ambiente, dominado por el canto de los pájaros y el arrullo de los insectos.

            Siguiendo esta línea, el ritmo al que avanza el metraje parece reproducir el de la vida; dueño de un naturalismo contemplativo que imprime a la cinta un ritmo desafiante. En exceso, si se tiene en cuenta la recompensa que, a la postre, entrega un argumento minimalista dentro de la embrollada y violenta situación política la que se mueven los diferentes caracteres. Y más aún cuando este contexto conspiratorio resulta tremendamente arduo de seguir debido a las numerosas facciones y personajes sin apenas presentación a la que atenernos como guía, aunque principalmente a causa del empleo de las elipsis y el montaje que aquí sí aplica el realizador, que en su extremada delicadeza termina por sembrar una injustificable confusión a la trama.

            En cualquier caso, de fondo prosigue el juego de atracción y separación personalizado en Yinniang y el dirigente de la poderosa provincia de Weibo, su primo Tian Ji’an (Chen Chang), a quien debe ejecutar. Este dilema entre un amor cercenado y el imperativo del magnicidio se prolonga asimismo en el combate entre la letalidad aprendida y la compasión natural que se libra en el interior de la joven, quien se acomoda al subyugante decorado, de gran talento compositivo, como una perenne sombra de muerte. Suya, en muchas ocasiones, es la mirada distante que adopta la cámara, intermediada por velos y sedas suntuosos, atenta a los personajes pero siempre a una dolorosa distancia de ellos.

Sin embargo, inundado de estilo y esteticismo, y en apariencia vacío en lo demás, el relato se ahoga sin remedio pese a la capacidad de fascinación que pueda legar algunas de las imágenes propuestas.

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Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 4.

Mountains May Depart

11 Nov

“El peor enemigo de la revolución es el burgués que muchos revolucionarios llevan adentro.” 

Mao Zedong

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Mountains May Depart

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Mountains May Depart

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Año: 2015.

Director: Jia Zhang-ke.

Reparto: Zhao Tao, Zhang Yi, Liang Jin Dong, Dong Zijian, Sylvia Chang.

Tráiler

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             La filmografía de Jia Zhang-ke compone un fresco colosal sobre la China contemporánea y su ciclópea escalada a la cúspide del poder mundial. Es sin embargo un retrato disidente, que con innegociable coherencia sospecha del entusiasmo generalizado y, en cambio, se detiene a analizar con lucidez y profundidad las transformaciones, o no, que experimenta de la sociedad sometida a sus efectos. Como buen observador, Jia Zhang-ke es escéptico hacia los milagros, que siempre requieren un sospechoso acto de fe y la voluntad colectiva de comulgar con ruedas de molino. Sus anotaciones son, por supuesto, aplicables tanto para éste como para otros volátiles prodigios económicos del mundo actual.

             Jia Zhang-ke avanza con Mountains May Depart en su crónica social, cultural y económica del gigante asiático vertebrando su discurso a través de una cronología que encadena, rima y hace dialogar el pasado, el presente y el futuro del país. Desde la moribunda y eternamente empobrecida clase proletaria, depredada por el capitalismo arrogante e insaciable, hasta la progresiva pérdida de la identidad nacional y el imperativo retorno a las raíces que el autor prevé para un provenir inmediato, a diez años vista.

             No le falta ambición a la propuesta, a pesar de que, sin renunciar a la exploración formal –la inserción de fotogramas documentales de siniestro patetismo- y del abundante empleo de símbolos y alegorías como recurso expresivo, quizás sea una obra relativamente sencilla, concisa y en definitiva asequible dentro de la trayectoria de Jia Zhang-ke.

Con un esquema semejante al que había planteado en Platform, su tercer largometraje, Mountains May Depart engarza tres episodios –pasado, presente y futuro- en el que cada protagonista, cada tono narrativo y cada formato de imagen sirve para definir su respectivo contexto. Así, el filme parte desde un triángulo amoroso escenificado en la provincia natal del director, la humilde Shanxi, y en el que las inesperadas notas de comedia romántica se van agriando a medida que los tres vértices del mismo –un empleado de la mina de carbón, una vitalista muchacha y un enriquecido hombre de negocios- se desequilibran, deformando la figura y todo lo que viene a continuación. Que, en concreto, será un drama familiar acerca del irreparable distanciamiento entre generaciones en medio de un ambiente de opulencia propio de nuevos potentados y, por último, una reflexión a propósito de la despersonalización instigada por la globalización, de la irrelevancia moral de la riqueza y del imperativo de la libertad.

Son las tres visiones y alegorías manifiestas de la realidad china, acaso demasiado tópicas ya en este tercer capítulo de la función, ambientado en Australia –el desarraigo literal, puesto que además está protagonizado por hijos de emigrantes que asisten a clases para reaprender su idioma y su cultura, entre otras cosas- y que es el que peor funciona de todos ellos, más plano, menos convincente y menos poderoso que sus antecesores.

             Según avanza el metraje y China se regodea en los dólares del turbocapitalismo -como es supuesta obligación de cualquier otro Estado próspero y feliz que dese cumplir el sueño marcado por el sistema hegemónico-, Mountains May Depart se impregna de un melancólico pesimismo que, de acuerdo con el cuaderno de ruta de Jia Zhang-ke, es la parada a la que conduce el camino emprendido tiempo ha, en la última primavera del siglo anterior.

De tal manera que, volviendo la vista atrás, indagando con independencia y espíritu crítico en la actualidad e intuyendo con sentido común las probabilidades del futuro por venir, uno puede descubrir que el descuartizamiento, subasta y desaparición de las ilusiones de un pueblo bien caben entre dos coreografías antagónicas del Go West –ve al Oeste, conviértete en el Oeste- de los Pet Shop Boys.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7.

Un toque de violencia

5 Mar

Un servidor se encarga de inaugurar el octavo especial de cine asiático organizado por Ultramundo. Y así, la primera en la frente: Un toque de violencia.

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