Tag Archives: China

El embrujo de Shanghai

8 May

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Año: 1941.

Director: Josef von Sternberg.

Reparto: Gene Tierney, Walter Huston, Ona Munson, Victor Mature, Phyllis Brooks, Clyde Fillmore, Albert Bassermann, Eric Blore, Rex Evans, Mike Mazurki, Maria Ouspenskaya.

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         Después de El embrujo de Shanghai, Josef von Sternberg no volvería a completar otra película como director, despedido como sería luego de Una aventura en Macao y Amor a reacción. Y ya llegaba a El embrujo de Shanghai con la carrera muy tocada. Experto en historias sórdidas, marginales y retorcidas, le había afectado bastante el endurecimiento de la censura moral sobre el cine entrados los años treinta. Incluso había somatizado la presión en crisis nerviosas, en males de salud. Sin embargo, el productor Arnold Pressburger lo recuperaría para rodar la adaptación de una obra de teatro que, precisamente, había sembrado el escándalo en Broadway en 1926. Su autor era John Colton, que ya había vivido la polémica con otra pieza anterior, Rain, que había sido llevada al cine por Lewis Milestone en Bajo la lluvia, que al igual que la presente contaba con Walter Huston en el reparto.

         Las dificultades para sacar adelante un relato de decadencia y depravación como este -tarea que ya había intentado en vano Cecil B. DeMille anteriormente-, trufado de sexualidad y drogas, conllevará decenas de reescrituras del libreto, hasta transformar el burdel de shanghaiano de Madre Goddamn -una maldición anglófona- en el casino de Madre Gin Sling -un nombre de cóctel-.

Ambientado “fuera del tiempo”, según reza el cartel introductorio, Sternberg sumerge los fotogramas en una atmósfera nebulosa, casi soñada, donde los decorados babélicos del casino conviven con abundantes primeros planos sublimados con un arrebatado sentido romántico. El embrujo de Shanghai conserva esa mezcla narcotizante de exotismo y degradación en la espectacularidad escénica de este dantesco establecimiento. Las rotundas líneas de guion, afiladas y sonoras, redondean un delirante paisaje humano determinado por vicios primarios, ajeno a la moral. Un microuniverso donde, bajo el reinado de hierro de una mujer-dragón de sangre fría, se sobrevive a base de juego y alcohol. Una fabulosa ciénaga donde moran y medran tipos tan dudosos como un poeta sardónico que se arroga el título de ‘doctor’ al igual que el propio Sternberg se colocaba el nobiliar ‘von’ delante de su apellido.

         El argumento es de por sí exagerado, con una atroz y despiadada venganza en la que, de forma melodramática, se condenan unos terribles pecados pretéritos, una negra mancha en el pasado que marca el destino de los personajes implicados, incluso en aquellos que creen dominar sus propios designios por fuerza del poder -Madre Gin Sling- o el dinero -sir Guy Charteris-.

Sin embargo, hay una profunda descompensación en esa espiral maldita que debería ir in crescendo. En su alucinada fastuosidad -expresada en último término por la fantasiosa caracterización de la simbólica monarca, prácticamente una medusa mitológica-, el casino hipnotiza en mucha mayor medida que los mecanismos trágicos activados tanto por los personajes como, en paralelo, con su propio juego, por el destino. De este modo, a la par que algunos personajes se vacían por el camino -en especial los añadidos ex profeso en la adaptación: el doctor Omar y una vulgar corista neoyorkina que nunca termina de pintar demasiado en todo esto-, El embrujo de Shanghai se va diluyendo hasta morir en un desenlace tan tajante como poco convincente.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7.

Callejón sangriento

9 Mar

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Año: 1955.

Director: William A. Wellman.

Reparto: John Wayne, Lauren Bacall, Paul Fix, Mike Mazurki, Joy Kim, Henry Nakamura, Berry Kroeger, Anita Ekberg.

Tráiler

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         Quizás el mayor interes de Callejón sangriento sea ver a John Wayne enfundado en un uniforme soviético o hablando chino mandarín. Curiosamente, se trata de una cinta de la Batjac, la productora cofundada por el Duque para su lucimiento personal. Aunque lo cierto es que en un principio no iba a ser él, sino Robert Mitchum, quien pusiera rostro al viejo lobo de mar encargado de liderar el éxodo de una aldea al completo que anhela fugarse de la opresión del comunismo maoísta. Sin embargo, el comportamiento díscolo de la estrella derivaría finalmente su despido. Los reparos de Gregory Peck para encabezar una película marcadamente anticomunista y el alto precio que ponía a su trabajo Humphrey Bogart, marido de la protagonista femenina, Lauren Bacall, obligaría a Wayne a interrumpir su luna de miel para asumir las letras grandes de los créditos. También extrañaba que Bacall, cuyas tendencias políticas de izquierdas eran análogas y tan conocidas como las de Peck, hubiera aceptado participar en la cinta, tanto o más cuando Wayne, orgulloso reaccionario, había de ser su compañero. Finalmente, la neoyorquina elogiaría la caballerosidad de Wayne, mudo en asuntos políticos durante el rodaje, y ambos mantendrían una buena relación que, aunque no fructifica en una química precisamente arrolladora, sí permite disfrutar de su enorme presencia en pantalla.

         Por lo demás, Callejón sangriento -título que no hace referencia a escenarios de cine negro, sino al peligroso Estrecho de Formosa por donde debe navegar a ciegas el cochambroso ferry- se muestra como un filme al que le pesan los años. Más allá de lo estrambótico del plan que se plantea, esto se debe no solo a la simplonería propagandística de fondo -que en la actualidad entra además en conflicto por esa especie de ‘welcome refugees’ que exalta-, sino sobre todo a su desinhibida tendencia al estereotipo. Es decir, que aparte del enemigo comunista -especialmente bobo pese a su fama de lavar cerebros-, el vergonzoso anacronismo en el retrato del pueblo chino afecta también a los compañeros de epopeya, a quienes debe salvar otro personaje tópico: el occidental descreído que reencuentra sus ideales y su humanidad ayudando al prójimo desvalido en una misión suicida que revela su naturaleza oculta de héroe. El capitán y el barco, pues, son la misma cosa: campechanos y desastrados pero americanos y, por lo tanto, indomables y grandiosos. A modo de puntilla se añade la tradicional y envejecidísima convención de transformar en presuntos lugareños a orientales tan improbables como Mike Mazurki o Anita Ekberg.

         Al menos, cuando comienza verdaderamente la aventura marina, estás caracterizaciones se diluyen en una acción ligera y efectiva, narrada con pulso y gusto por un William A. Wellman alejado de sus mejores obras. Aquí, la limitación de los decorados se suple en parte con una bonita fotografía.

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Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 5.

El lago del ganso salvaje

2 Feb

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Año: 2019.

Director: Diao Yinan.

Reparto: Hu Ge, Gwei Lun-Mei, Liao Fan, Regina Wan, Zeng Meihuizi, Qi Dao, Huang Jue.

Tráiler

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         Por arquetipos -dos marginales, un criminal forajido y una prostituta, en busca de una redención agónica e improbable- y por resortes dramáticos -el fatalismo, la cara oculta de la ciudad y el submundo del hampa como variación corrompida del sistema oficial-, El lago del cisne salvaje podría estar ambientada perfectamente en el Nueva York, el Chicago o el San Francisco de los años cuarenta. Sin embargo, su retrato social se ajusta a la explosión macroeconómica de una China factualmente capitalista, al mismo tiempo que expone una discreta pero rotunda reivindicación femenina en un argumento y una sociedad férreamente masculina.

         Diao Yinan asume los códigos del noir para reinventarlos a su manera, transformados además por una estética donde el elaborado trabajo con la iluminación, el color del neon, las múltiples sombras y la noche convocan una atmósfera de texturas oníricas, casi irreales -análoga a escenarios como el lago y su entorno, la plaza, el zoo o el bloque de apartamentos-. Bajo su influjo se desarrolla esta inesperada vinculación entre dos seres desesperados, al límite, enredados por una turbulenta trama de guerras tribales, despiadadas traiciones, huidas hacia adelante, resarcimientos del pasado y reparaciones del presente. La sombra, que es un elemento formal patrimonio del género, representación simbólica de la dualidad del individuo y de la comunidad, encuentra también ecos románticos, en ocasiones animadas sobre la pared en lo que podrían considerarse evocaciones del Wong Kar-Wai de Deseando amar (In the Mood for Love), lo que podría confirmar la simultaneidad de Bengawan Solo en la banda sonora.

         Esta hipnótica estilización visual, que logra componer imágenes fascinantes -y conjugada con un pausado tempo narrativo, aun así poblado de tensas escenas, con la de la plaza como principal ejemplo-, se confronta con la sequedad con la que se expresa la violencia -hasta coquetear con lo grotesco, como en el uso del paraguas-, así como con la sordidez, la degradación e incluso la ruina de unos ambientes ubicados en los bajos fondos de una Wuhan donde ni siquiera se habla mandarín normativo, sino turbio dialecto. Los contrastes de una ciudad, de un país, rápida y desequilibradamente hipertrofiados.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7,5.

Sombra

3 Jun

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Año: 2018.

Director: Yang Zhimou.

Reparto: Deng Chao, Sun Li, Ryan Zheng, Guan Xiaotong, Wang Qianyuan, Wang Jingchun, Hu Jun, Lei Wu.

Tráiler

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          El wuxia contemporáneo, el que traspasa las fronteras chinas para adentrarse en las salas extranjeras, ajenas a este subgénero histórico, caballeresco y de artes marciales aun a pesar del éxito de Tigre y dragón y alguna de sus sucesivas importaciones -y del fracaso de otras, como La gran muralla-, parece ser un asunto estético. En el caso de Sombra, entre los rasgos que destacan a primera vista, ese cromatismo exhacerbado que Zhang Yimou aplicaba a Hero o La casa de las dagas voladoras queda filtrado hasta reducirse a un insondable blanco y negro. Es estética, pero también argumento.

          Al igual que Este contraveneno del Oeste, una de las primeras enseñas de esta corriente internacionalizada y de autor, Sombra es una obra que se adentra en un juego de duplicados y de contrarios: el comandante y su doble; el reino Pei y el reino Yang; las acciones a la vista y los planes ocultos; el hombre y la mujer -lo que da pie a un apunte de reivindicación feminista acorde a los tiempos, tanto en la influencia de los personajes femeninos para el triunfo como en su dimensión dramática dentro de la confluencia de entramados-… La luz y la oscuridad; el Bien y el Mal. Todos ellos, radios de una rueda donde quedan encadenados los destinos de unos personajes movidos por unas pasiones -la reivindicación del yo y el regreso al hogar; el amor imposible, la venganza enquistada, la ambición desaforada, la rebeldía irreprimible…- que conforman una amalgama inflamable preparada para estallar por los aires en un desenlace de sanguinolenta tragedia shakesperiana. El plano final condensa esa idea de hado irreparable, circular.

          El cinesta chino, que dirige y escribe la función, dispone con suma paciencia las piezas sobre el diagrama del yin y el yang que preside filosóficamente el relato. Quizás con demasiada parsimonia, ya que la dilatada introducción queda un tanto descompensada, también por una narración que no termina de ser ni demasiado limpia ni demasiado elegante, en ocasiones teatral hasta lo caricaturesco, centrada en sublimar esa atmósfera de tonalidad dual, extensible a los paneles y telas que traban el encuadre con unos motivos caligráficos que, asimismo, plasman conceptos en negro sobre blanco.

Sea como fuere, la plasticidad de los fotogramas alcanza su esplendor durante ese crescendo en el que converge todo, envuelto en la batalla, la violencia y la barbarie. Ahí, las coreografías en la lluvia entregan imágenes verdaderamente ocurrentes, de poderosa fuerza visual.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 6,5.

Largo viaje hacia la noche

28 Nov

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Año: 2018.

Director: Bi Gan.

Reparto: Huang Jue, Tang Wei, Lee Hong-Chi, Luo Feiyang, Sylvia Chang, Meng Li, Chen Yongzhong.

Tráiler

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          La muerte de su padre lleva a Luo Hongwu a regresar a Kaili, su ciudad natal, de donde se había marchado tras la muerte de su mejor amigo. Una vez allí, le sobreviene el recuerdo de la mujer que amó, y a la que rastrea ahora. La mujer de sus sueños, literalmente.

Largo viaje hacia la noche es una búsqueda onírica. El protagonista se hunde en lisergias, los relojes están detenidos. El tempo narrativo avanza según una cadencia amortiguada, que es la que marcará el lánguido goteo de un plano continuo, donde apenas hay cortes de montaje -de hecho, ninguno durante casi la última hora de película, rodada para su pase en 3D-. El pasado se confunde con el presente y, por consiguiente, el recuerdo con la imaginación y el sueño, dentro de una investigación que, a juego, transita por lugares invadidos por la tiniebla, por lo surrealista. Ciudades olvidadas, habitaciones donde llueve, cines desvencijados. Todo es óxido y ruinas. Peligro y deseo. Eternidad y fugacidad. El tono, que mana como narcotizado, es pesaroso y melancólico, como derrotado de antemano ante la profunda incertidumbre que entraña esta aventura interior.

          El filme se rige por la lógica del sueño, que no es arbitraria aunque no siga un patrón convencional. Las idas y venidas del protagonista responden a una pista intuida, incluso en los desvíos de su objetivo a priori -el aparente propósito de venganza se pierde en el camino, el rostro del amor es dudoso y mutable-, si bien estas inconstancias pueden asimismo ponerse en tela de juicio. Las rimas, desdobles y contrastes simbólicos son constantes, diseminados como señales por el recorrido que Luo Hongwu traza a tientas, con la razón nublada, guiado por el subconsciente liberado, visceral pero nebuloso, que exarcerba el romanticismo que le bulle dentro, como una necesidad que ha de saciar. Aunque este es un romanticismo doliente, frustrado.

          Largo viaje hacia la noche no es fácil de seguir y hay pasajes que parecen haber quedado desgajados del hilo del relato en relación con su punto de vista -los fragmentos del joven Gato Salvaje, por ejemplo-, supeditados a la apuesta por construir una experiencia sensorial más que narrativa. Bi Gan se adentra con notable autenticidad en este mundo alternativo del sueño que, paradójicamente, nos es casi tan cotidiano y frecuente como la vida lúcida. Resulta clave en este aspecto la sobriedad del cineasta chino para no dejarse llevar por exóticos elementos de fantasía -incluso las supuestas secuencias de vuelo están plasmadas de forma hipnótica pero sin énfasis alguno, dentro de esa lógica irreal pero asumida con naturalidad-. Bi Gan chino convoca una atmósfera densa y subyugante -el encuadre, la textura, el color, la iluminación, la sombra…-, donde demuestra su talento compositivo desplegando una apabullante capacidad plástica, rayana en el esteticismo.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7,5.

Una aventura en Macao

16 May

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Año: 1952.

Director: Josef von Sternberg.

Reparto: Robert Mitchum, Jane Russell, William Bendix, Brad Dexter, Gloria Grahame, Thomas Gomez, Philip Ahn, Vladimir Sokoloff, Don Zelaya.

Tráiler

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          Al cine siempre le han sido gratas las localizaciones ambiental y sexualmente calurosas, ya que exaltan las pasiones. Principalmente, claro, las denominadas bajas pasiones. También sitúan al espectador en un contexto exótico, fascinante e inquietante a partes iguales, donde la amenaza parece ir indisociablemente unida a ese mismo bochorno. Una aventura en Macao -o Una aventurera en Macao, depende del cartel- escoge como escenario la entonces colonia portuguesa en China; un lugar que, al igual que la Casablanca del clásico, emerge como un oasis amoral y alegal, refugio de desclasados, forajidos y buscafortunas. Sin embargo, ya no hay una Segunda Guerra Mundial de fondo que los pueda redimir.

          Aunque el director titular de la cinta es un ya veterano Josef von Sternberg -esta sería el antepenúltimo filme acreditado del vienés y el último vinculado a la industria de Hollywood-, el jefe de producción de la RKO terminarían pidiéndole a Nicholas Ray que realizara unas cuantas escenas que pusieran un poco de orden en la narración, según recordará posteriormente el guionista Walter Newman. Algunas de ellas estarían escritas, de hecho, por Robert Mitchum, protagonista de la cinta junto a Jane Russell.

Y aun así, lo cierto es que, tal y como intuían desde la productora, el libreto es uno de los grandes lastres de Una aventura en Macao, quizás porque el mandamás Howard Hughes estaba más interesado en controlar el vestuario de su voluptuosa estrella femenina -cuyos pechos le habían obsesionado célebremente en El forajido– y porque el set de rodaje se había convertido en una lucha de poderes entre las maneras totalitarias de Von Sternberg hacia el reparto y el equipo y la canallesca indolente de Mitchum.

          En consecuencia, a pesar de que la cínica buscavidas que interpreta Russell goza de sonoras líneas de diálogo, se perciben serias lagunas en la trama criminal y en la construcción y motivación de los personajes -el de Gloria Grahame es un ejemplo palmario de esta falta de dibujo, cuestión que no podría siquiera arreglar su marido Ray-. Demasiadas como para que Una aventura en Macao se sostenga adecuadamente en pie.

En cualquier caso, se agradece cierta textura brumosa y sombría en los fotogramas, y la confrontación carnal que, bajo la molicie de los vapores de este presunto trópico de estudio, se establece entre Mitchum y Russell.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 5,5.

Confucio

16 Abr

“Estudia el pasado si quieres pronosticar el futuro.” 

Confucio

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Confucio

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Confucio

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Año: 2010.

Director: Hu Mei.

Reparto: Chow Yun-Fat, Jianbin Che, Lu Yao, Xun Zhou, Yanjun Bi, Huichun Wang, Wenbo Li, Ma Quiang.

Tráiler

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            Personalidad decisiva en la historia y la cultura de China, la figura de Confucio a priori no resulta en exceso cinematográfica, puesto que su legado es casi estrictamente filosófico y moral, asociado a una extensiva labor educativa que, en cierto modo, es la prolongación de su fulgurante carrera administrativa durante el convulso y fragmentado cambio del siglo VI a.C. al V a.C. bajo la dinastía Zhou -el periodo de las Primaveras y Otoños, precisamente nombrado así a partir de una crónica que se le atribuye: Anales de primavera y otoño-. Una herencia intelectual plasmada a través de unas enseñanzas literarias que han trascendido las centurias al estilo de lo que, en Occidente, podría significar la doctrina de Jesucristo. De hecho, apenas existen películas sobre la vida de Confucio, si acaso la desconocida Kong Fuzi, producción china del año 1940.

            Así, surgía a principio de la presente década este filme en el que una de las mayores estrellas de la región, Chow Yun-Fat, le prestaría rostro y cuerpo al también conocido como Maestro Kong. Se trata de una superproducción alentada por el potencial creciente de la industria china del cine y por la popularidad local y el cierto prestigio internacional de las películas recreación histórica, revestida además de una intencionalidad política clara en el momento en el que el gigante asiático emprendía un turbulento giro hacia el turbocapitalismo globalizado.

            De esta manera, Confucio se adentra en los principales hitos biográficos del hombre trascendental, desgranados con didácticos subtítulos que aportan insistentes pistas acerca del contexto geopolítico de la escena y de los personajes que irrumpen en ella, estén o no mencionados ya por los diálogos o hayan o no quedado suficientemente explícitos por las imágenes.

Mascada con fruición, la obra se amolda a las convenciones universales del género, incluido el cuantioso esfuerzo de ambientación, y desarrolla de forma absolutamente plana –en lo argumental y lo visual- las escenas de esta vida ejemplar, despojando por tanto, como acostumbra en exceso a suceder, de verdadera dimensión al mensaje de su protagonista: un hombre providencial destinado a propagar un subversivo ideal de humanidad contra un mundo gobernado por la barbarie, la superstición y la mezquindad.

            El relato luce todavía cierta garra cuando, en su primera mitad, se encuentra sumido las conspiraciones palaciegas que dominan las relaciones entre reinos y ducados chinos, en medio de las cuales Confucio lucha por no convertirse en una simple herramienta del poder. Pero la cinta se acaba desinflando inevitablemente en la molicie durante el tiempo de exilio, ahogado por la impersonalidad, el lugar común y la absoluta ausencia de profundidad o de complejidad en el estudio, mera relación de hechos deformados por las crónicas posteriores y casi inconexos entre sí –la relación con la influyente concubina Nanzi en el reino de Wei; los personajes que transitan los fotogramas puntualmente y sin dejar ningún tipo de huella-.

En consecuencia, en vez de revalidarse, el corpus filosófico y espiritual del confucianismo se disuelve en la irrelevancia, tratado con la superficialidad de la mera cita o el aforismo, e incapacidad de reconstruir su esencia inspiradora.

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Nota IMDB: 6,2.

Nota FilmAffinity: 5,4.

Nota del blog: 3,5.

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