Tag Archives: Redención

Lawrence de Arabia

15 Ago

El hombre que mira la llama y contempla su destino. T.E. Lawrence, Lawrence de Arabia, el puzle, el enigma sin resolver. Para la sección de cine clásico de Bandeja de plata.

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Una historia verdadera

12 Jul

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Año: 1999.

Director: David Lynch.

Reparto: Richard Farnsworth, Sissy Spacek, James Cada, Harry Dean Stanton.

Tráiler

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            Es lógico pensar que, para el James Stewart de Marte, filmar una película de encargo basada en hechos reales y filmarla en orden cronológico, siguiendo el auténtico recorrido del retratado, bien valía el calificativo de su película “más experimental”. Una historia verdadera es el único largometraje de David Lynch en la que el autor no participa en el guion -aunque sí lo hace Mary Sweeney, su pareja y montadora de unas cuantas de sus obras- y que adquirió el calificativo “para todos los públicos”. Las localizaciones en el rural norteamericano, el corazón mismo de los Estados Unidos, no guardan sórdidos misterios como los de Terciopelo azul o Twin Peaks, ni el final del camino conduce a destinos metafísicos como en Carretera perdida -si bien la conclusión insólita es un rato-.

Aunque, quizás como hacía Luis Buñuel en cintas de presunto realismo como Los olvidados -donde infiltraba insospechados cabeceros de bronce u orquestas tocando en edificios vacíos-, en Una historia verdadera sí podría intuirse la influencia solapada de Lynch, heredada ya sea de forma directa o indirecta. Su mezcla de lo aberrante con una negra ironía puede palparse en detalles del relato como las premoniciones que formuladas acerca del devenir del viaje, o en los castigos mitológicos que parecen manifestarse en forma de atropellos de ciervos, de incendios en la nada, de motores inoportunamente humeantes o de tractoristas providenciales.

Pero hasta ahí, por más que algunos quieran entender el argumento de este anciano que, consciente del acecho de la muerte inexorable -el desplome tras una ventana oscura a la que se llega con un plano secuencia como el que llegaba a la oreja de Terciopelo azul, el desprecio a los tratamientos de salud, los socarrones truenos condenatorios…-, emprende un viaje extraordinario a lomos de su cortadora de césped para tratar de reconciliarse con su hermano tras dos décadas de hostilidad muda.

            “Me he enamorado de una historia sencilla y directa, , llena de corazón y humanidad, que me ha parecido que merecía la pena contar y lo he hecho lo mejor que he podido. No soy tan lúgubre y morboso y Una historia verdadera lo demuestra […] Estoy abierto a todo, a cualquier historia que sea buena y aporte algo sobre lo que somos los hombres”, declararía el propio autor en una entrevista. De la colisión entre la imagen cándida y la visión tortuosa de los Estados Unidos que aflora en su cine convocando sensaciones profundamente desasosegantes, esta vez Lynch se queda exclusivamente con la primera, aunque solo para establecer el tono de la narración. Porque, a lo largo del trayecto de Alvin Straight, se registran desgarradores dramas nacionales y universales. Tragedias familiares -la fuga de casa, la pérdida de seres queridos o incluso su arrebatamiento-, las humillaciones de la decadencia física, los demonios de la posguerra.

            El cineasta, que pone su talento expresivo al humilde servicio de la historia, plasma estos puntos del itinerario con emoción pero sin sentimentalismo, a juego con la entrañable interpretación de un Richard Farnsworth que, por desgracia, sufre un funesto paralelismo con aquel a quien encarna. Con un doloroso avance de la metástasis del cáncer, como Straight presiente ya el aliento de la muerte, y como a él esta le llegaría poco tiempo después de concluir esta aventura. En virtud de la experiencia vital y del fatalismo cierto, los ojos de Farnsworth/Straight permanecen siempre atentos a la maravilla cotidiana, a la belleza olvidada por la vida desatenta y acelerada del presente.

            Hay un eco fordiano en la mirada cálida y melancólica que Lynch imprime al relato crepuscular de Alvin Straight. Una elegíaca sensación de pérdida y de dignidad indeleble; de lirismo humanista y de necesidad de pertenencia. Es una road movie calmada y reflexiva, con el ritmo apacible y anacrónico que por ejemplo se apreciaba en la arcadia sureña, derrotada y extinta pero y orgullosa y auténtica, que Ford evocaba en parte de su filmografía. La partitura de Angelo Badalamenti también convoca tonalidades nostálgicas, con toques country, ajustadas a un paisaje dorado de campos inabarcables, benefactores en su producción de grano, y a moradores que acogen al forastero errante, conscientes de que la historia del país es una historia forjada por el individuo y forjada sobre la cabalgada, sobre la carretera, sea cual sea la montura escogida.

No obstante, el viaje de Straight no es tanto un recorrido de búsqueda como un regreso. El retorno al sancta sanctorum del hogar, que la memoria y el afecto no sitúan en un territorio determinado, sino junto a una persona concreta, mirando a las estrellas. Al cielo cuajado de constelaciones que abre y cierra el camino.

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Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 8.

Alois Nebel

28 Jun

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Año: 2011.

Director: Tomas Lunák.

Reparto (V.O.): Miroslav Krobot, Marie Ludvíková, Karel Roden, Leos Noha, Alois Svehlik, Tereza Vorísková.

Tráiler

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          Una luz se abre paso entre la oscuridad. Ilumina la pantalla y devora al protagonista. Alois Nebel, personaje y película, camina pues entre la luz y la oscuridad mientras se ve atrapado en una espesa niebla -nebel, en alemán- que lo encadena a un recuerdo fijo, traumático e insuperable: la expulsión de la población germana de su pueblo, en la frontera checoslovaca de los Sudetes, tras la derrota del Reich en la Segunda Guerra Mundial, 44 años atrás.

          Basada en una novela gráfica repartida en formato de trilogía, Alois Nebel explora las cicatrices del pasado y la descomposición que mana de ellas en el presente, que se ubica en 1989, en plena demolición del Telón de acero y la disolución de un país entero. Su escenario es, por tanto, un campo de tinieblas, expuesto sobre el crudo contraste entre el blanco y el negro de una animación de trazo sólido, minimalista y preciso, y que recurre al rotoscopio para dotar a los personajes de la fluida e hipnótica movilidad que otorga esta técnica, fundada sobre una realidad que, camuflada, también aparece como parte del decorado en determinadas imágenes.

          Silenciosa, apesadumbrada y abstraída como su protagonista, hombre preso en una crisis muda, la película juega con las repeticiones en su arranque -la llegada del tren como un pequeño terremoto, la iluminación invasiva, la relación de horarios ferroviarios a modo de mantra…- para componer una atmósfera obsesiva y atormentada que se canaliza paralelamente por medio de una advertencia inicial: en una tierra hostil que no admite la soledad, el mudo regresó solo para vengarse.

De esta forma, las evoluciones personales del ferroviario Nebel, aparentemente arbitrarias e intrascendentes, y la amenaza latente de una vendetta sangrienta, avanzan envolviendo al espectador y confluyen hacia una catársis redentora, privada y nacional, toda una, dibujada en mitad del diluvio.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 7.

L.A. Confidential

23 Jun

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Año: 1997.

Director: Curtis Hanson.

Reparto: Russell Crowe, Guy Pearce, Kim Basinger, Kevin Spacey, James Cromwell, Danny DeVito, David Strathairn, Ron Rifkin, Graham Beckel.

Tráiler

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          En la última escena de L.A. Confidential, previa al prólogo que cierra definitivamente la función, uno de los personajes principales se mira en el espejo. Es la imagen reflejada de un hombre que, según el ángulo desde el que se mire, es un héroe o un villano.

L.A. Confidential está vertebrada por esta estructura especular a través de la cual se ofrece el retrato en negativo de la tierra prometida, de la fábrica de los sueños. El moho que mancilla el dorso de las letras del cartel de Hollywood. Desde la sarcástica descripción que un periodista amarillo hace de la ciudad en la introducción de la película, el relato muestra una cara B social y policial marcada por la violencia, la inmoralidad y la desesperación. Es la diferencia entre las películas -entre la propaganda- y la realidad.

No obstante, esta última procede de una de las novelas del L.A. Quartet con el que James Ellroy hacía crónica novelada de los callejones oscuros del Los Ángeles de las décadas cincuenta -como en este caso- y sesenta, fundadas todas ellas sobre abundantes hechos documentados que el guion del presente filme, firmado por Brian Helgeland, admirador del literato, entreteje con solvencia a través de una narración verdaderamente entretenida que no olvida la construcción de caracteres, si bien el peso de la función se decantará hacia la intriga pura a medida que se avanza hacia el desenlace.

          Esta dicotomía entre ficción y realidad hollywoodiense -que arroja por tanto una lectura acerca de la doble moral de la sociedad estadounidense y su irreparable decadencia- se sirve aun así por medio de una atmósfera tradicional de cine negro, rodada desde una realización clásica aunque no amaneradamente nostálgica, ajustada pues a una sensibilidad propia y contemporánea, lo que se percibe en elementos como la iluminación o el montaje. De este modo, a esta coctelera ‘neonoir’ se agregan detectives atropellados por el paso a procedimientos más científicos -el ambicioso y resbaladizo policía que interpreta Guy Pearce podría encontrar ciertas equivalencias con J. Edgar Hoover-; tramas mafiosas con heroína de por medio, prostitución con meretrices que imitan a las estrellas del séptimo arte -otro reflejo oscuro más-, odio racial y variadas corruptelas institucionales.

          Sobre este cieno en descomposición, L.A. Confidential entrecruza tres vertientes de redención personal de tres modelos de policías -el bruto honesto, el ambiguo moralista, el cínico arrepentido- que convergen además en un vértice femenino que, forzosamente, encarna en sí misma esta dualidad que domina el discurso.

Lynn Bracken, la prostituta que se parecía a la trágica Verónica Lake, es la figura con mayor magnetismo de la obra y supondría además la recuperación para la gran pantalla, por todo lo alto –Óscar a la mejor actriz secundaria incluido– de Kim Basinger. Lo insólito de su elección -una actriz ya madura, de mayor edad que sus pretendientes- y el buen trabajo de Basinger -cautivadoramente melancólica, serena y fuerte ante las crueldades del juego- redondean la excepcionalidad del personaje.

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Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 7.7.

Nota del blog: 7,5.

El caso Sloane

23 May

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Año: 2016.

Director: John Madden.

Reparto: Jessica Chastain, Mark Strong, Gugu Mbatha-Raw, Alison Pill, Michael Stuhlbarg, Sam Waterston, David Wilson Barnes, Chuck Shamata, John Lithgow, Jake Lacy.

Tráiler

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           El guion de El caso Sloane se cuida mucho de mencionar en sus líneas de diálogo las ansias de victoria que mueven a la protagonista: la estratega de un lobby que se comporta como una auténtica yonki de su trabajo -una yuppie de finales de los ochenta, una ‘workaholic’ en términos más recientes-. Miente, manipula y actúa compulsivamente para obtener aquello que desea, aquello que es lo único por lo que se siente gratificada.

El caso Sloane, pues, es principalmente la historia de una adicción y de los intentos de una adicta por regenerarse, enmarcados además en una batalla política que es en esencia moral: el enfrentamiento entre estos grupos de presión que habitan las cloacas aéticas y amorales -un eufemismo para referirse a conductas  inéticas e inmorales- de la política estadounidense, la más influyente del mundo, para desde esa larvada oscuridad reconducir las decisiones de los representantes del pueblo en dirección a sus intereses privados. En concreto, para regular o mantener intacta la permisiva normativa de adquisición de armas de fuego en el país, fuente de numerosas muertes violentas en los Estados Unidos –donde la tasa de mortalidad por esta causa equivale a 27 personas al día, según señalaba The New York Times en junio de 2016– y, al mismo tiempo, principio nacional defendido por la Segunda Enmienda a la constitución.

           Desde una mirada exterior, que es la de un director y sobre todo un guionista británicos -este último abogado de profesión y debutante en la escritura de libretos-, El caso Sloane se sumerge en tres fenómenos problemáticos de la idiosincrasia estadounidense. Un arco temático tripartito -la cultura del éxito convertida en obsesión, el soterrado poder de los lobbies, la adoración del arma de fuego- que mediante una equilibrada exposición garantiza la agilidad y el ritmo de una película de notable metraje -cerca de dos horas y cuarto- y que se desarrolla fundamentalmente a través de conversaciones. Éstas se encuentran marcadas por un perfil elaborado y torrencial que recuerda al de los guiones de Aaron Sorkin, aunque la estructura de la obra, que es puro thriller criminal, parece extraída -si bien con menor carga de ácida ironía- de un ‘heist film’ de otro guionista estrella, también posicionado intelectual y políticamente, como David Mamet, al estilo de una cinta enrevesada y llena de anticipaciones, giros y contragiros como El último golpe.

De hecho, tanto Sorkin como Mamet ya habían explorado la tramoya política estadounidense. El primero, con series como El ala oeste de la Casa Blanca -referencia fundamental en la materia- y The Newsroom -dos de sus actores aparecen aquí: Alison Pill y Sam Waterston-, así como con películas como La guerra de Charlie Wilson o El presidente y Miss Wade -simple base, eso sí, para una comedia romántica entre opuestos, esta vez una lobbista de la ecología y el mismísimo presidente del país-. El segundo, con largometrajes como Hoffa, un pulso al poder o La cortina de humo.

           El caso Sloane se une a esta corriente y presenta un argumento equiparable al que planteaba Lincoln con su discusión entre los medios y el fin respecto de una causa eminentemente justa -allí, la abolición de la esclavitud en el contexto de la Guerra de secesión-. Sin embargo, los resabios de optimismo capriano que pudieran albergar potencialmente las premisas que maneja El caso Sloane -ese concepto de redención del sistema a partir de la redención del individuo que lo sostiene- quedan empañados por la descripción de un entorno irremediablemente corrompido, donde, en lo tocante al lobby, el texto no se ahorra establecer comparativas un tanto efectistas con la prostitución.

De igual manera, la realización clásica de John Madden, eficiente y sin caer en una funcionalidad académica, ajusta el mecano articulado por Jonathan Perera para conferir credibilidad a las sorpresas que, en un gesto de honestidad con el espectador, anticipaba la protagonista con una declaración de intenciones inicial que interpelaba directamente al patio de butacas, mirando a la cara al público. Por ello, más rechinan otros elementos discursivos como la siempre evitable alegato final de conclusiones.

           Teleología, deontología y bien mayor, enzarzados en una vibrante intriga que orquesta y conduce, en solitario, una mujer de retrato complejo y ambiguo, y cuyos matices quedan excepcionalmente incorporados por Jessica Chastain, una de las mejores actrices de su generación -es llamativa la hornada de pelirrojas talentosísimas de Hollywood, en la que se encuentran también Amy Adams y Emma Stone-. La interpretación de Chastain devora la pantalla cuando habla, cuando maquina -únicamente rivalizada por el Mark Strong, otro actor de talla-. Pero destaca aún más por lo que calla, por cuando tiembla y se muestra frágil. Recordemos la marcada línea expiatoria de fondo.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7,5.

La hechicera blanca

19 May

 

La hechicera blanca: en misión de martirio y redención hacia el corazón de las tinieblas. 1953, un año de aventuras exóticas para la primera parte del especial que Cine Archivo dedica al compositor Bernard Herrman.

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Un revólver solitario

12 May

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Año: 1956.

Director: Harry Horner.

Reparto: Anthony Quinn, Katy Jurado, Peter Whitney, Douglas Fowley, Whit Bissell.

Filme

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          Un hombre comparte su almuerzo con un perro callejero. Mira con desconfianza a los jinetes que se aproximan. “¿Quién es ese que está a las puertas de la taberna?”, pregunta el primero. “Solo un hombre. ¿A quién le importa?”, responde el otro.

Un revólver solitario explora el Oeste desde una perspectiva escéptica y agria, donde los mitos caen derribados por tipos que han aprendido a usar la pistola cinco años atrás y solo con el propósito de vengarse por unos hechos que ni siquiera se revelan, o que el propio finado ni siquiera parece recordar. Es un western donde el sheriff es un pobre diablo que carga con la placa a su pesar, donde los villanos crepusculares son tenderos ambiciosos y fanfarrones, y donde los pistoleros de ágiles muñecas solo aspiran a matarse ahogándose en whiskey. Un western donde el héroe, mexicano errante, naufraga entre la simplicidad, la timidez y la ebriedad, pues ni es pistolero ni es civil. Incluso aparecen ciertas alusiones temáticas a Los siete samuráis en el papel que desempeñan los aldeanos del villorrio decandente donde tiene lugar la acción, incapaces de afrontar sus miedos y desconfiados hacia quienes sí logran blandir un arma en su defensa.

          Lindante con la vertiente psicológica del género, en boga en la desquiciada década de los cincuenta -Katy Jurado bien lo sabía tras participar en la enseña de la corriente, Solo ante el peligro-, el de Un revolver solitario es, pues, un Oeste sumido en sombras de desencanto, desmitificación, amargura y desesperación. Después de la extraña presentación del protagonista, el linchamiento del sheriff lo confirma de la peor de las maneras con una escena de enorme agresividad por su sinrazón y por el patetismo de sus participantes.

          Película de serie B, el realizador de origen bohemio Harry Horner -padre del compositor James Horner y cuya carrera en el séptimo arte está más ligada al diseño de producción, cargo desde el que participa en otras obras turbulentas como El buscavidas o Danzad, danzad malditostraslada estas penumbras psicológicas al escenario ayudado por el director de fotografía Stanley Cortez, quien había creado un cuento expresionista con ellas en La noche del cazador. Un escenario que, además, filma generalmente mediante planos enteros y americanos.

          La estrechez de recursos y la distancia hacia los personajes confiere a la obra un aire un tanto estático o teatral. Un ambiente seco, hostil y aislante donde comparecen los conflictos internos de los personajes, relacionados también con estas sensaciones. El contrapunto lo ofrece el personaje de Jurado en un papel de mujer madura, fuerte y potencialmente redentora que, a pesar de esta solidez de base, posee una evolución un tanto más desdibujada. Aunque no es la mejor interpretación de Quinn, la bastedad, la ternura y la desorientación que despierta su rostro, sus gestos, su tozudez y su determinación, sustentan un argumento que en ocasiones echa en falta mayor firmeza narrativa, pues parece caer en redundancias y vacíos a pesar de sus breves 80 minutos de función.

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Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 5,7.

Nota del blog: 6,5.

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