Archivo | marzo, 2012

Incidente en Ox-Bow

31 Mar

“La masa no piensa. Carece de mente propia.”

Joe Wilson (Furia)

 

 

Incidente en Ox-Bow

 

Año: 1943.

Director: William A. Wellman.

Reparto: Henry Fonda, Dana Andrews, Harry Morgan, Marc Lawrence, Frank Conroy, William Eythe, Harry Davenport, Paul Hurst, Jane Darwell, Leigh Whipper, Anthony Quinn.

Tráiler

 

 

            La noche, un claro perdido en una garganta recóndita, tres acusados, veintiocho jueces furiosos y tres sogas pendiendo de un árbol.

El western se hacía adulto, y no precisamente con buen humor. El homenaje a los pioneros y la epopeya de la génesis de un país dejaba paso a complejos y oscuros valles en los que se ocultan dramas, dilemas y tragedias humanas universales.

Un taciturno proceso de cambio que encontrará en Incidente en Ox-Bow una de sus piedras angulares. En una tierra sin ley, ruda y colérica, que, como sostenía Ángel Fernández Santos en su imprescindible Más allá del Oeste, entraba a tientas en una titubeante civilización y en la que la cotidiana ritualización de la muerte había dejado a esta vacía de significado, se desvelaba por primera vez una de las cartas más negras de esta cosmogonía: la ciega justicia de la masa, el linchamiento, primer y primitivo bosquejo de ley colectiva en el Salvaje Oeste.

La caza del hombre por el hombre.

            William A. Wellman procedía a trasladar a la pantalla la novela homónima de Walter Van Tilburg Clark, confeso objeto de su admiración, para filmar un western que contradice su habitual querencia por los grandes espacios abiertos. Incidente en Ox-Bow es una cinta turbia, nocturna, claustrofóbica y gélida, de tensión contenida pero penetrante.

Fonda –quien ya se había visto, en un papel más activo, frente a turbamultas ávidas de linchamiento en El joven Lincoln, como esta, también escrita por Lamar Trotti– llega a su villorrio natal sin nada en mente, tan solo con el sueño tenue de recuperar a su amor de juventud. En mal momento. La tensión acumulada por los constantes robos de reses se desborda ante el rumor del asesinato de un ganadero local. El populacho se organiza para dar rienda suelta a sus ansias de justicia. Una justicia homicida en la que las endebles instituciones poco pueden decir frente al poder del revolver y la soga.

Una ley impulsada por el valor de la masa, el deseo impotente de venganza, la insatisfacción y el traspaso de pecados de cobardía. La muerte como solución a sus problemas. Y para la muerte cualquier excusa es buena, cualquier desconocido es sospechoso.

            Es este un filme firmemente posicionado a favor del respeto a los valores humanos -quizás de esta postura decidida y firme surja un cierto exceso de explicitud, mucho más matizada en el libro-, con todo lo que ello implica en este juicio tenebroso parido ya infecto por la atroz justificación de una malentendida racionalidad y que se adentra a machetazos en el infierno denso y viciado de la sinrazón colectiva e individual, alentada por los demonios particulares de cada uno.

Intenso western psicológico.

 

Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 8.

Nota del blog: 8.

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Bronson

30 Mar

“¡Voy a empezar a partir cuellos! ¡Soy el rey de los secuestradores! ¡Quiero un avión que me lleve hasta Cuba, dos ametralladoras Uzi, 5000 balas y un hacha!”

Michael Peterson, alias Charles Bronson

 

 

Bronson

 

Año: 2009.

Director: Nicolas Winding Refn.

Reparto: Tom Hardy, Matt King, Juliet Oldfield, Jonny Phillips.

Tráiler

 

 

           Comentaba Santiago Segurola en la Gazzetta dello Sport que la fascinación que provoca y, por ende, el poder de José Mourinho emanaba de unos medios de comunicación siempre predispuestos a fabricar ídolos de masas a partir de actitudes ególatras y contaminantes pero estruendosas y llamativas. La agitación como mensaje; arrancar la emoción, da igual si buena o mala, como fin.

Nada más lejos de mi intención comparar al estratega de Setúbal con el delincuente más famoso del Reino Unido. Pero este ejemplo supone una pequeña muestra de lo que, sobredimensionado, puede dar de sí una sociedad que acostumbra por norma a repudiar lo exigente y, con ello, frecuentemente, lo intelectual, lo sutil o lo original.

Tampoco pretende esto ser un alegato intelectualoide sobre los vicios y males contemporáneos. En mi opinión, es esta una actitud inherente al ser humano, cuyo estado natural es la tendencia infraesfuerzo como medio de maximizar los recursos vitales, tanto a la hora de proveerse alimentos como para un ocio que acepta de buen grado cualquier cosa que se le eche gratuitamente.

Sin embargo, el conformismo y el todo vale que propone la espectacularización mediática del vacío y la mediocridad en esta cultura del entretenimiento produce monstruos. Ya reflexionaba sobre ello Oliver Stone, con todos sus excesos y defectos, en Asesinos natos.

Pero metámonos en harina.

            Michael Peterson, criminal ultraviolento británico, decidió cumplir su sueño de ser un bufón de la sociedad de su tiempo. Como esta figura cortesana, Peterson es un ser deforme –en lo moral, más que en lo físico-, que despierta tanta repulsa como morbosa intriga. Representa la seducción de lo extraño o lo malvado, la llamada de un animal que todo el mundo carga en su más profundo interior, sometido a las cadenas del civismo, la ética y la razón, pero que aún clama, quedamente o a gritos, según cada cual, por ser liberado.

Bronson, película que recoge en el título su seudónimo, adoptado de sus tiempos de boxeador en peleas clandestinas e inspirado en el pétreo actor americano, presenta a la estrella desde el punto de vista de la estrella. Un recorrido a modo de epopeya operística por las aventuras y desventuras de un ser marginal nacido y crecido para el disfrute de los muchos. Un payaso nihilista, divertido y trágico.

           Por supuesto, durante el visionado acuden reminiscencias de Chopper, cinta australiana que parte del mismo punto de origen, estructura e intenciones, donde la figura de Mark Brandon Read, también dueño de la coletilla “el criminal más sanguinario de”, cobraba visos de trasnochado héroe del pueblo y referente socio-cultural de apocalíptico fin de milenio.

           No obstante, la primera aventura internacional del prometedor realizador danés Nicolas Winding Refn, se aboca a la incontinencia de su personaje. El dominio de la técnica que luce su director lega imágenes y secuencias poderosas, si bien acaba por caer en demasiadas ocasiones en el esteticismo gratuito, mientras que el relato parece someterse casi en todo momento a un segundo plano.

La mente alucinada de Bronson –interpretado por un Tom Hardy todo voluntad-, sin duda lejos de ser un ejemplo de coherencia, da lugar a una película a ratos surrealista, a ratos grotesca y cómica, a ratos eléctrica y terrible, pero sobre todo irregular y excesiva, hasta aburrida por puro agotamiento. Quizás como el mismo protagonista.

Desperdiciada.

 

Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 4,5.

Glory to the Filmmaker!

29 Mar

“El arte es autobiográfico, del mismo modo que la perla es la autobiografía de la ostra.”

Federico Fellini

Glory to the Filmmaker!

Año: 2007.

Director: Takeshi Kitano.

Reparto: Takeshi Kitano.

Tráiler

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            Después de lograr uno de los mayores triunfos de crítica y público de su carrera con su revisión personal y rubia de Zatoichi, personaje esencial del chambara, el cine de samuráis, género tradicional y popular de su país, Takeshi Kitano proponía un giro radical en el devenir de su obra con Takeshis’, cinta en la que exponía a través de un simbólico desdoblamiento de personalidad, con abundante carga de surrealismo, un cierto repaso autobiográfico por sus sentimientos hacia el cine y su propia figura de estrella.

            Con Glory to the Filmmaker, Kitano abundaba en esa introspección surrealista y atormentado autoanálisis, centrándose esta vez en mayor medida en su labor de creador de películas. Aunque ya había surgido la comparación durante esa Takeshis’, Glory to the Filmmaker! se aproximaba aún más a ese modelo de inspiración que es Fellini, ocho y medio. De hecho, el irónico subtítulo de la película no es sino un extraño Opus 19/31.

Comparte así con el realizador italiano esa autorreferencial desolación del autor por la crisis de la página en blanco. Esterilidad creativa que Kitano somatiza en su propia imagen: un fardo también propiedad de la productora, vestido como él y con el mismo hieratismo expresivo.

            Todo ello sirve de justificación para que el tokiota desarrolle un satírico, gamberro y hastiado despliegue de posibles, de abortos de malas historias, de refritos y tópicos repudiables, parejos a una industria tan agotada como su mente, en la que ya no hay lugar para la magia. Ya se ha hecho todo, es imposible innovar.

Es esta una antipelícula sobre películas, quizás un poco también al modo de aquel ensayo godardiano de Pierrot, el loco, si bien compuesto directamente desde la concepción directa de un autor que habla por él mismo como origen e hilo conductor del fondo.

Por medio de una presentación en voz en off más hilarantemente reflexiva y autocrítica que documental, Kitano encadena ocurrencias y absurdos, un jugueteo irónico, perezoso y humorísticamente desencantado a través el proceso creativo. Con poco orden y concierto.

Kitano descerraja un cajón de sastre, con la imprescindible ayuda de sus amigos y colaboradores habituales –Susumu Terajima, Ren Ohsugi, Kayoko Kishimoto, Tetsu Watanabe,…- en el que caben desde ejercicios de estilo sobre el realismo de Ozu, hasta parodias sobre Zidane en trasnochados planteamientos de ciencia ficción.

            Ante la irritación y decepción por el vacío artístico, Kitano opta por divertirse. Lástima que el espectador no lo consiga del mismo modo, sometido a un filme irregular y abotargado desde su concepción, con algún momento simpático gracias al particularísimo sentido del humor el realizador, pero en definitiva extenuante.

Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 4,5.

Viridiana

28 Mar

“Hago películas para mostrar que este no es el mejor de los mundos posibles.”

Luis Buñuel

 

 

Viridiana

 

Año: 1961.

Director: Luis Buñuel.

Reparto: Silvia Pinal, Francisco Rabal, Fernando Rey, Margarita Lozano, José Calvo, Luis Heredia.

Tráiler

 

 

           En 1960, después de veinticuatro años de exilio y naturalizado mexicano desde 1950, país donde se había labrado una gran reputación como director de cine, Luis Buñuel retornaba a España. Además, obtendría el patrocinio de productoras nacionales, con el indispensable auspicio del régimen de Franco, para rodar un nuevo proyecto, Viridiana. Desde el otro lado del charco, la comunidad de exiliados españoles tachó a Buñuel de vendido al fascismo. Sin embargo, el de Calanda, siempre fiel a sus ideales y obsesiones, procuraría despacharse a gusto, de nuevo, contra la más tradicional España Negra, terca superviviente a lo largo de los siglos.

            Asociado con Juan Antonio Bardem, conocido opositor del Régimen, Buñuel compone la historia satírica, vitriólica y negrísima de Viridiana (Silvia Pinal, popular cantante y actriz mexicana), una joven y atractiva novicia que se verá forzada a cambiar sus planes de vida de clausura en el monasterio por la reclusión en la amplia y decadente mansión familiar. Un castigo de obligada penitencia por la indecorosa muerte de su tío, un individuo otoñal y patético sobre el que el parecido de su sobrina con su difunta esposa había hecho aflorar reprimidas fijaciones fetichistas e irrefrenables instintos necrófilos.

En cierta manera, ambos son actos de contrición por un muerto, tan solo escenificados en espacios distintos.

            La incapacidad de otorgar el perdón -el gran valor cristiano-, que posteriormente se revelaba póstumo, se compagina con las infructuosas tendencias quijotescas de esta sincera aspirante a santa, abnegada pero incapaz de percatarse de la inutilidad de unos actos de caridad y redención católicos –equivalente a la metafórica compra por misericordia del perro del arriero por su primo– en beneficio de unos pobres que ni desean, ni casi merecen ser salvados, quintaesencia de la impenitente, existencialista, anárquica y libre picaresca hispánica.

Temas que se entremezclan con la representación irreverente de esa España cejijunta de boina y mondadientes entregada a la superchería y la incultura, de esa beatería improductiva y su trasfondo hipócrita y dominador, de la aristocracia hidalga y decrépita; todo ello amalgamado por el sexo latente pero palpable que desprende inconscientemente la figura de la joven religiosa, toda una mujer cuyo influjo seductor trata torpemente de ocultar un triste hábito.

            Buñuel reducía la carga de surrealismo –puntualmente corporeizado por el sonambulismo de Viridiana, o verbalizado por algún personaje-, no así el de un simbolismo abundante, rotundo y mordazla última cena interpretada por esos reprobables mendigos, el trasfondo salaz de la partida final de cartas-.

            El Vaticano acusaría a Viridiana de blasfema. Su estreno en España permanecería prohibido hasta 1977. El Festival de Cannes la concedería la Palma de Oro.

 

Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 8,1.

Nota del blog: 8.

She, la diosa del fuego

27 Mar

“La única posibilidad de descubrir los límites de lo posible es aventurarse algo más allá de ellos, hacia lo imposible.”

Arthur C. Clarke

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She, la diosa del fuego

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Año: 1935.

Director: Lansing C. Holden, Irving Pichel.

Reparto: Randolph Scott, Helen Mack, Nigel Bruce, Helen Gahagan.

Tráiler

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            Cuenta la leyenda que la última y perdida copia de She era propiedad del mismísimo Buster Keaton, quien la rescató de entre los bártulos almacenados en el garaje de su residencia para hacerla pública de nuevo, a través del historiador de cine Raymond Rohauer.

            Estrenada en 1935, esta era ya la quinta versión cinematográfica de la novela de H. Ridder Haggard, el conocido creador de las aventuras de Allan Quatermain, icono del género. Esta nueva adaptación nace de la ambiciosa iniciativa del productor Merian C. Cooper, antiguo aviador militar, uno de esos tipos que comprendía el cine como espacio y, además, como instrumento para la aventura, ejemplificado por obras como los documentales sobre pueblos exóticos, muy de moda entonces, como Hierba y Chang, y las películas Las cuatro plumas, versión de 1929, y el primer y mítico King Kong como director, ambas en colaboración con su gran aliado artístico, Ernest B. Schoedsack, junto con otras muchas en su labor de productor.

Sus exigentes aspiraciones, salvaguardadas por el éxito de sus películas precedentes, pasaban por un lujoso diseño de producción, con grandes decorados y ambientación lujosa diseñada para una fotografía a color. Finalmente, la RKO rebajaría la financiación y las pretensiones de Cooper. No sería hasta años más tarde cuando Ray Harryhausen, el gran creador de efectos especiales de stop-motion y amigo personal de Cooper, se decidiese a colorear, por iniciativa propia y con ayuda de la productora Legend Films, los fotogramas de la película.

            En cuanto a lo argumental, She expone varios paradigmas clásicos de la narrativa de aventuras: las confesiones póstumas, la carga del legado familiar, la búsqueda del tesoro y la predestinación. En este caso, un americano (un jovencito Randolph Scott) se reencuentra con sus raíces para heredar la búsqueda de la llama sagrada de la inmortalidad en el ignoto Polo Norte.

Rasgos fundamentales del género de aventuras, cuyo auge pertenece a unos tiempos en los que la técnica hacía el mundo cada más pequeño, revelando sus secretos más escondidos. Una visión a la vez positiva –el conocimiento- y negativa –la posible destrucción latente en ese conocimiento, un hecho a partir de 1914-.

            Dentro de esa concepción grandilocuente de inicio, She posee un desarrollo argumental caracterizado por un aire más bien ingenuo, con personajes planos, acordes a un nivel interpretativo bastante limitado, y situaciones previsibles, caracterizado por el enfrentamiento algo ñoño entre lo glorioso y cegador y lo sencillo y salvador. El ritmo, no obstante, se mantiene fresco durante la mayoría del metraje, hasta que llega al excesivo intento de lucimiento espectacular en la presentación de los cruentos pero vistosos ritos de la civilización perdida, nominada al entonces existente Oscar a la mejor coreografía.

            Todo ello se traduce en ciertas ocasiones en un agradable encanto de divertimento sin pretensiones, mientras que en otras deja en el paladar un sabor demasiado añejo.

Finalmente, esa She epónima (Helen Gahagan, estrella de los escenarios de Broadway), la reina-diosa del mundo olvidado, terrible y trágica, esclava de su trono, encadenada a una historia condenada a repetirse durante su dolorosa inmortalidad, se alza como lo más destacable de la función.

 

Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 5,5.

XXY

26 Mar

“En la adolescencia me llevó mucho tiempo ser consciente de mi feminidad. He parecido un chico durante mucho tiempo. Ahora me siento una mujer.”

Kristen Stewart

 

 

XXY

 

Año: 2007.

Director: Lucía Puenzo.

Reparto: Inés Efron, Martín Piroyansky, Ricardo Darín, Valeria Bertuccelli, Germán Palacios, Carolina Pelleritti, Luciano Nóbile, Ailín Salas.

Tráiler

 

 

            La adolescencia. Ese mar de dilemas, rebeldía, problemas, caos y decisivas decisiones que tomar con la cabeza caliente y las hormonas en plena ebullición. El tiempo en el que uno define cómo ser a partir de una mezcla de aspiraciones personales más o menos confusas, presión familiar y genética y deseos de agradar.

Todo hijo de vecino padeció el drama, indefectiblemente ligado a frustraciones sobredimensionadas por el pavo, de decidirse entre rubias y morenas, los amigos o la novia, hacer caso a esos padres que no te comprenden o a unos amigos que parecen saber mucho de todo y poco de nada; hacer lo que crees que quieres, lo que realmente quieres o lo que dicen que debes,…

            Si esto era de todo menos sencillo, imagínense ahora pasar la adolescencia con el cuerpo de un hermafrodita de quince años. La sobredimensión máxima del problema común de la búsqueda de identidad trasladado a la ineludible elección de reafirmase como hombre o como mujer. La duda entre si esa tercera Y cromosómica es una X truncada o una Y de la que pende un colgajo mínimo.

Un tema extraño, espinoso y, cuanto menos, difícil de tratar sin caer en lo grotesco o lo involuntariamente cómico.

            La guionista bonaerense Lucía Puenzo daba el salto a la dirección sin renunciar a la escritura del libreto, basado en el cuento corto Cinismo de Sergio Bizzio. Y consigue superar el escollo de la inexperiencia tras las cámaras por medio de una historia que explora con seriedad y sensibilidad, contada con respeto y corrección, sin panfletismos, sensacionalismos o maniqueísmos, las tenues fronteras que separan el sexo biológico, división más ligada al estereotipo social que a un imperativo de la Naturaleza, sobre todo en un mundo en el que la ciencia del ser humano ha vencido barreras biológicas preestablecidas como la enfermedad, la selección natural evolutiva ligada a ella, etcétera.

            Así, es Álex (Inés Efron), nombre deliberadamente ambiguo, el personaje que toma decisiones, que se atreve y que experimenta tratando de encontrarse a sí mismo tal y como es, enfrentado a una realidad incómoda con esa mezcla de candor y agresividad propia de una época de desorientación, contradicciones, sonrisas y lágrimas. Sobre todo en comparación con Álvaro, su contrapartida, un joven retraído e inseguro, incapaz de asumir riesgos. Un personaje este mucho más desdibujado, protagonista de un poco original viaje iniciático –la madurez alcanzada con la salida de casa, el conocimiento y la vivencia de lo especial-. Una contradicción entre actitudes atribuidas tradicionalmente al sexo opuesto al que encarnan y que finalmente se convierte en torpe con el posterior desarrollo de la subtrama sobre la orientación sexual del chaval.

Lo menos creíble, incluida la impostada conversación última con su progenitor, de una película que en general destaca por su buen manejo de los personajes, de su mundo interior. Veraces, razonables, despiertan empatía con facilidad por su logrado reconocimiento e identificación por parte del espectador, que asume con asombrosa naturalidad la diferencia incluso tras el impacto de ciertas escenas –en ese rasgo de extremación, los clásicos momentos de vergüenza juvenil son aquí especialmente bochornosos-.

            En el fondo, insistimos, XXY no deja de ser una película que lleva al extremo el tópico de la difícil madurez del adolescente, por definición visto a sí mismo como un ente extraño, lo sea o no. Un canto a aceptar la diferencia, a valorarla, aún siendo parte de uno mismo. Y por otro lado, es también, como no podía ser menos, el problema asunción del cambio inevitable por sus padres. Ya nunca serán sus pequeños.

Un mundo en mutación, acertadamente ambientado en el entorno hostil que ofrece la desapacible costa uruguaya, envuelta en una fotografía plomiza, grave.

Y claro, está el empaque que Ricardo Darín le aporta a cualquier cosa en la que aparezca.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7.

Estación Comanche

25 Mar

“Los buenos westerns le pueden gustar a cualquiera. Frente a la debilidad natural del ser humano, todo el mundo quiere ver a gente buena, a grandes héroes.”

Akira Kurosawa

 

 

Estación Comanche

 

Año: 1960.

Director: Budd Boetticher.

Reparto: Randolph Scott, Nancy Gates, Claude Akins, Richard Rust, Skip Homeier.

Tráiler

 

 

            Tocaba a su fin la colaboración de siete películas entre la Ranown, fundada por el productor Harry Joe Brown y Randolph Scott, que sería la principal estrella de la misma, y el director Budd Boetticher, cineasta que solía someter, sin caer nunca en el academicismo, la expresión de posibles rasgos de autoría a la pasión lisa y llana de narrar historias. De hecho, la desaparición definitiva de la Ranown significaría el retiro casi total para Scott, solo recuperado años después por Sam Peckinpah en su magnífico western crepuscular Duelo en la Alta Sierra.

            En Estación Comanche, Cody (Scott) es un hombre en eterna búsqueda. La búsqueda de su propia mujer, secuestrada durante una razzia de los indios comanches años atrás, somatizada en su empleo de rescatador de mujeres blancas robadas.

Un artífice de finales felices que nunca serán el suyo.

            De nuevo, elementos recurrentes en la obra de Boetticher. La carga de un pasado sin cicatrizar se entremezcla con el de la soledad incurable, sobre la que la recién recuperada señora Lowe (Nancy Gates) quizás podría arrojar algo de luz, como gesto de justicia de la Providencia. Siempre, claro, que se sobreviva a la vuelta a casa, acosados por el Indio y por la cuadrilla de deshechos humanos que comparten su incierta travesía: un viejo conocido del ejército y sus dos jóvenes acompañantes, uno representación de quien hace el mal pues se ha habituado a ello empujado por las circunstancias; otro, inquieto, dubitativo y por ello más trágico, en el que aún pesa la moral antigua, ya desterrada, inculcada por sus antecesores, desaparecidos sin remedio.

Seres acaso demasiado similares a él mismo, supuesto héroe. Caras de una misma moneda diferenciados en el control o no de sus impulsos, su uso resguardado o no en cierta moralidad o justificación.

            En unos tiempos en los que se anunciaba ya el ocaso del que posiblemente era el género más estrictamente cinematográfico de todos, sin apenas relevancia en otras expresiones artísticas, Estación Comanche ofrecía su particular acercamiento al fin de una forma de entender la existencia, servida por uno de los elementos que, del mismo modo que el ferrocarril o el telégrafo, significaba su extinción, su paso a la estabilidad sedentaria, la ley y la civilización: la mujer, elemento siempre extraño en el Salvaje Oeste, generalmente todavía un accidente aislado, tasable elemento de riqueza y disputas, como las reses. Boetticher muestra a hombres hablando de ella. En un detalle que evidencia tanto su calidad como director como estas premisas antifemeninas –más que machistas-, la cámara no revela su misma presencia, conscientemente ignorada, hasta que terminan.

            Es este un filme parco en medios y sencillo en sus premisas pero honesto, bien planteado y acometido. Boetticher muestra un gran trabajo y un absoluto respeto por sus personajes, positivos y negativos, bien trazados, sin abandonarlos en el arquetipo.

La acción transcurre con fluidez, sólida, sin concesiones a la galería en el fondo o la forma, siempre sometida a la historia, expresiva, con inteligencia y habilidad.

Pequeño pero más que recomendable western.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7,5.

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