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La tía Tula

11 Dic

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Año: 1964.

Director: Miguel Picazo.

Reparto: Aurora Bautista, Carlos Estrada, Carlos Sánchez Jiménez, Mari Lali Cobo, Irene Gutiérrez Caba, Laly Soldevilla, Enriqueta Carballeira, Paul Ellis, José María Prada.

Tráiler

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         Poco había avanzado la sociedad española entre 1907, fecha en la que Miguel de Unamuno escribe La tía Tula -que no se publicará hasta catorce años después- y 1964, fecha de estreno de su adaptación cinematográfica. Más bien al contrario. La tragedia de amor maternal y virginal del emblemático personaje podía quedar ahora, de manera todavía más turbulenta, envuelto en un maremágnum de machismo autoritario, represiones sexuales contra la mujer y religiosidad formal al servicio de un régimen tiránico, retrógrado, violento y férreamente patriarcal.

La tía Tula reconstruye el entorno nocivo para la mujer que representaba el franquismo, orgulloso potenciador de las esencias más reaccionarias de la cultura española; un aspecto en el que, por ejemplo, ya había indagado con crudeza Juan Antonio Bardem en Calle Mayor. Retratada con tanta mesura como rotundidad por el debutante Miguel Picazo, en esta atmósfera asfixiante vive Tula, una soltera que pretende mantener su autonomía y su dignidad frente a los embates del hombre -sus pretendientes, su cuñado-, a la vez que desea cumplir con el anhelo maternal que siente ante sus sobrinos.

         Comedido en su desarrollo pero cargado de electricidad estática, el relato juega con esa confrontación, azuzada por las pulsiones sexuales que afloran en la estrecha convivencia en el apartamento familiar y manifestadas en el carácter predatorial del macho de la casa, sobre el que recae un retrato fundamentalmente negativo, culminado con una agresión animal.

Frente a la naturaleza instintiva y primaria de Ramiro (Carlos Estrada, con una adecuada combinación de físico dominante y expresión anodina), infantilizado incluso por momentos, se opone la entereza maternal y piadosa, aunque estricta e inflexible, de Tula (Aurora Bautista, estrella de las producciones de posguerra y de gran presencia en los fotogramas). Uno se ocupa de las reprimendas por las transgresiones eróticas del hijo, la otra de calmar las necesidades sentimentales de la hija. Y, entre medias de ellos, restallan elementos religiosos -el sororato, la figura de la Virgen como madre también inmaculada-, lo que provoca cierta ambigüedad en la protagonista -la inmediata sustitución de su difunta hermana con la alimentación del sobrino y el arreglo de la chaqueta de su cuñado; su ascendencia y sus alusiones eróticas; la indecisión entre las dos vías que le plantea la situación, las dudas acerca de sus motivaciones, la preeminencia de su concepción subjetiva frente a las imposiciones de la realidad, la mirada cambiante hacia Ramiro-. Además, una ambivalencia semejante a la de Tula se observa en la independencia que muestran las integrantes del círculo femenino, felices y activas en la ausencia de los hombres aunque con el matrimonio, el emparejamiento y el sexo también como motivos centrales de sus conversaciones e inquietudes, con el velo añadido de la Iglesia como fondo de esta asociación.

De este contraste se genera un contacto explosivo entre ambos, incómodos al compartir el encuadre, distanciados en ocasiones, violentos en la aproximación. Se trata de una confrontación idéntica a la que se da a través del vestuario, en el choque del negro luctuoso de Tula en el blanco y negro de los fotogramas, que recuerda al del Neorrealismo y el cine italiano, repleto de mujeres fuertes que tratan de redimir a la sociedad e, igualmente, de figuras femeninas acosadas por el machismo mediterráneo.

         Los avatares sentimentales de Tula conservan su fuerza en el presente. Si bien sus aspiraciones de virtuosismo religioso son ya caducas, su defensa del respeto hacia sí misma y de su autosuficiencia no pierde vigencia en un contexto familiar y sexual cambiante pero que, por desgracia, mantiene como común denominador una posición de la mujer todavía no plenamente igualitaria.

Pieza clave del Nuevo Cine Español, sometida a la tijera de la censura por su contenido contrario a la doctrina moral y política, La tía Tula sería galardonada en el festival de San Sebastián con el premio al mejor director y a la mejor película de habla hispana.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 8.

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El reino de los cielos

6 Oct

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Año: 2005.

Director: Ridley Scott.

Reparto: Orlando Bloom, Eva Green, Liam Neeson, Marton Csokas, Edward Norton, David Thewlis, Jeremy Irons, Brendan Gleeson, Alexander Siddig, Ghassan Massoud, Kevin McKidd, Michael Sheen, Martin Hancock, Nathalie CoxNikolaj Coster-Waldau, Iain Glen.

Tráiler

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         Durante la primera década del siglo XXI, las superproducciones de entretenimiento de Hollywood aparecían atravesadas por el trauma que supusieron los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Esto se percibe principalmente en la emulación de las imágenes del terror experimentado -la profanación del hogar por un enemigo indetectable, el desplome de los edificios, las huidas desconcertadas entre nubes de polvo…-, pero también, de manera más solapada, en el argumento de filmes como El reino de los cielos, una aproximación a las aventuras de las cruzadas que se lee en clave contemporánea.

En su interacción entre Occidente y Oriente, en su discurso acerca del respeto entre culturas por encima del enquistamiento de dramas históricos heredados, El reino de los cielos dialoga con un presente que, en la fecha del estreno, se encontraba ya inmerso en la invasión estadounidense de Irak como (presunta) represalia a la amenaza del yihadismo global, nuevo oponente destinado a devolver al escenario geopolítico internacional a la polaridad de la Guerra Fría apenas clausurada una década atrás -un escenario sobre el que el director Ridley Scott y el guionista William Monahan reincidirán tres años después en Red de mentiras-. Por seguir con la premisa inicial, El reino de los cielos es la antítesis de la violenta y racista visión que arroja 300, un año posterior.

         El protagonista del filme, que en su tosca y tópica construcción psicológica mezcla los remordimientos familiares junto con un idealismo propio del Príncipe Valiente, se embarca rumbo a Jerusalén para sumergirse en la lucha dual y eterna del ser humano, entre las corrientes destructoras y las corrientes constructoras que anidan en la especie. Esto es, el enfrentamiento entre el Bien y el Mal -eso sí, no repartido entre rivales maniqueos- aplicado a una escala épica, pero humana, no fantástica.

De ahí que, en consonancia de nuevo con esta conexión analítica con los conflictos actuales, se observe con escepticismo todo lo relacionado con el sentimiento religioso. No obstante, sí se puede percibir en la imagen el peso de una noción de divinidad -igualadora, distanciada de las cuitas humanas-, que se manifestaría en los cielos prodigiosos y de exaltado cromatismo pictórico que plasma Scott, en la sobrecogedora monumentalidad de los paisajes desérticos o en algún plano cenital que convierte a los combatientes enzarzados en una masa uniforme de entes insignificantes.

También dentro de esta construcción alegórica puede incluirse la misma idea del reino de los cielos -otra concepción utópica y metafórica, la de erigir el reino de Dios sobre la Tierra- como tierra prometida y de las oportunidades, semejante en sus valores al sueño americano e igualmente acechado por la iniquidad de los villanos materialistas o fanáticos.

         Aparte del poderoso e interesante empleo del escenario natural y los colores de la fotografía, de los notables movimientos de masas y del solvente rodaje de las batallas -contrapuesto por otro lado a la insistencia en el uso del ralentí como marca de la casa del cineasta-, el asunto es que este planteamiento está desarrollado de forma plana e ingenua, con un relato disperso en su extenso metraje -suele advertirse de que la versión del director, que lleva a la función a superar las tres horas, ofrece una narración más sólida, aunque todo lo que puedo decir con el recuerdo lejanísimo del montaje estrenado en cines es que no agrava ninguno de sus defectos-. 

Asimismo, el interés decae por momentos debido a la escasa entidad de su personaje principal, alrededor del cual se difuminan unas circunstancias con potencial de aprovechamiento. Además, es harto difícil sostener una película así sobre los hombros de Orlando Bloom, tan inexpresivo como falto de carisma. No hay más que compararlo con la presencia de su partenaire romántica, la francesa Eva Green, o con alguno de los eficientes secundarios que dan lustre al reparto.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 5,5.

Incierta gloria

20 Mar

Incierta gloria

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Año: 2017.

Director: Agustí Villaronga.

Reparto: Marcel Borrás, Núria Prims, Oriol Pla, Burna Cusi, Luisa Gavasa, Fernando Esteso, Terele Pávez, Juan Diego.

Tráiler

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          Aunque ambientada en la Guerra Civil española, no hay (casi) disparos en Incierta gloria, si bien abundan en ella los frentes abiertos y volátiles. Son trincheras íntimas, que atruenan en las entrañas de personajes en conflicto, divididos entre el elemental sentido de la humanidad y un instinto de supervivencia contra el horror que, en realidad, parece más orientado hacia las generaciones futuras -sus hijos- que hacia la propia, ya arrasada y dada por perdida sin remedio. Desgarros viscerales que arrecian dentro de un escenario exterior reducido al absurdo por la supresión de la razón y la moral, y que en conclusión podría ser España como cualquier otro lugar desertificado por el odio y la furia.

          Basada en la extensa y compleja novela de Joan Sales, él mismo combatiente en Aragón, y que ha sido también llevada a la radio y el teatro, Incierta gloria se constituye en un filme descompensado e irregular, con una introducción excesivamente dilatada o lánguida en comparación con el atropellado desenlace y en el que, cuando el relato amenaza con estancarse en cierta indolencia, el pulso dramático y narrativo se recupera con un crescendo de intensidad que camina a la par del descubrimiento de las cicatrices del pasado en las que se siembra el presente. Por desgracia, las revoluciones vuelven a decaer a partir de la reunión familiar en el frente de Teruel y solo se recuperarán, con chispazos fogosos e incluso conmovedores, en el momento de saldar definitivamente las cuentas.

Al respecto, se le puede imputar que los hechos comienzan a encadenarse a empellones y de manera un tanto forzada, expuestos con diálogos a los que en momentos clave parece faltarles por pulir su ascendencia literaria. Pero la principal causa es que, dentro de esta encrucijada de dramas, los desorientados vaivenes sentimentales del último moralista (Marcel Borràs) no poseen tanto magnetismo como las historias de personajes más ambiguos o problemáticos como la Carlana (Núria Prims, la fuerza de la mirada), condenada por propios y extraños a ejercer de trágica femme fatale, y Juli (Oriol Pla), el soñador que, hastiado de la vida envenenada de los hombres, ha abrazado un absurdo donde las únicas verdades tangibles que subsisten -y por tanto el único posicionamiento personal ineludible- proceden de las emociones puras -en todos los sentidos del término- y no del intelecto, tanto o más cuando éste se halla enajenado por la desesperación de las circunstancias.

Son los asideros terminales de la humanidad contra el avance inexorable del nihilismo que trae consigo la absoluta destrucción -material y metafísica- de la guerra.

          Y ante estos lazos y motivaciones viscerales tampoco encuentran sentido las posturas maniqueas -solo se le podría imputar a Agustí Villaronga el empleo de clichés en el barbarismo de los anarquistas, la presentación del sargento fascista o la caracterización del alcalde nacional-; aunque, de nuevo, conducen a otra trinchera, en este caso ocupada por dos amigos que parecen compartir intereses románticos, tal y como remitiría entonces el título, tomado de Los dos hidalgos de Verona.

Una cita literaria a William Shakespeare que también fue empleada en su día en su epígrafe anglosajón -si bien con un sentido bastante alejado del aquí expuesto- por Tres días de gloria, por su parte ambientada en la Segunda Guerra Mundial, otra catástrofe que asomaba asimismo sus garras en la Guerra Civil, tajando sus primeras heridas. Una piedra más, pues, que se sumaría -desde fuera de la película- a ese subtexto acerca del engendramiento del pecado y la herencia de la desgracia.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 6,5.

Cartas a Iris

20 Feb

Después de abordar la ópera prima de Martin Ritt, Donde la ciudad termina, en la primera parte del especial de Cine Archivo dedicado a su figura, en esta ocasión corresponde acometer el cierre de una filmografía que jamás perdió de vista su compromiso con la sociedad de su tiempo. Cartas a Iris, la despedida de un cineasta concienciado para Cine Archivo.

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El romance de Murphy

8 Feb

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Año: 1985.

Director: Martin Ritt.

Reparto: Sally Field, James Garner, Brian Kerwin, Corey Haim.

Tráiler

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            Si el concepto de sueño americano posee la misma mecánica que la lotería -la falaz ilusión de que a cualquiera de nosotros puede tocarnos-, las películas de segundas oportunidades en el país de las oportunidades equivaldría entonces a jugar el reintegro. Martin Ritt, cineasta del compromiso, aplicará esta premisa en sus dos últimas películas románticas, El romance de Murphy y Cartas a Iris, las cuales adquieren por tanto un cariz un tanto más convencional y conformista que los triunfos de otros personajes de su obra, caso del presunto pirómano Ben Quick de El largo y cálido verano o de la intrépida trabajadora del algodón Norma Rae, ambos erigidos contra las imposiciones de lo establecido.

            La historia de una mujer hecha a sí misma -otra más dentro de la feminista filmografía de Ritt- que trata de labrarse un nuevo porvenir en un decrépito rancho de caballos ofrece de este modo un filme amable, que pese a los aguijonazos concienciados del director neoyorkino -respaldado por sus habituales guionistas Harriet Frank Jr. e Irving Ravetch-, tampoco desea buscar líos, de igual forma que Murphy Jones se descalará el sombrero vaquero de su posición agresiva para acomodarlo en cambio a una más satisfecha y apacible. Su objetivo, en definitiva, es narrar con calidez y simpatía este potencial amor maduro entre solitarios -el viudo y la forastera- que se desarrolla a la par de la reconquista laboral de la protagonista.

            El romance de Murphy no es una cinta en absoluto sorprendente -como mucho cuando se detecta el micrófono de pértiga sobrevolando las cabezas de los actores en un par de escenas, quizás un símbolo apropiado de la falta de fuerza del cineasta-, ni muestra demasiada mordiente en la exposición de conflictos sociales y personales, pero sí resulta bastante agradable.

Le ayuda a ello el equilibrio entre comedia costumbrista y drama sentimental, la cuidadosa construcción de caracteres -presentada con gran conocimiento de la narración de cine- y la buena química establecida en el reparto, encabezado por el galán otoñal James Garner –nominado al Óscar al mejor actor principal por este papel- y Sally Field -que precisamente había conseguido su primera estatuilla como mejor actriz protagonista por Norma Rae-.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 5,7.

Nota del blog: 6,5.

John Wick (Otro día para matar)

1 Feb

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Año: 2014.

Directores: Chad Stahleski, David Leitch.

Reparto: Keanu Reeves, Michael Nyqvist, Alfie Allen, Willem Dafoe, Dean Winters, Adrianne Palicki, John Leguizamo, Bridget Moynahan, Ian McShane, Lance Reddick, Clarke Peters.

Tráiler

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          Media HBO sale en John Wick (Otro día para matar). Suele ocurrir en ciertas películas, supongo que porque comparten representante, tienen conexiones con ciertos agentes de cásting o por algún asunto relacionado con las productoras. Un pequeño detalle para disfrute de seriéfilos, en todo caso, que alegra el esquema férreamente de serie B del filme, que recoge la premisa del ultraprofesional de la violencia o de la muerte, zen, estilizado y letal, que se encuentra atrapado por un pasado o por unas circunstancias fatales que le impiden regenerarse, al estilo de lo que en tiempos actuales, con gran éxito, ha ensayado el francés Luc Besson, en calidad de productor, en su trilogía Venganza, con el gigante norirlandés Liam Neeson al frente como fuerza desencadenada.

Un cine espartano que, en Estados Unidos, sirve de refugio para estrellas en decadencia como Nicolas Cage, Mel Gibson o, en esta ocasión, Keanu Reeves.

          Viudo compungido que, tras el robo de su coche y del asesinato de su inocente perrito, está dispuesto a reventar la ciudad y la mafia que la rige desde la oscuridad de la noche, John Wick se apropia entonces del espíritu de violencia nihilista del Parker de Donald Westlake -que por cierto había encarnado Gibson en Paybacky lo aplica con un estilo que navega a medio camino entre un cómic de abundante entintado negro -los tradicionales tonos azulados y las sombras del thriller mezclados con el chroma de los efectos especiales- y el videojuego de disparos en primera persona -a los que de hecho cita confesamente y con cierta ironía-, salpicado con las elaboradas coreografías de origen asiático y estandarizadas en Hollywood desde El caso Bourne.

          Un continuo de movimiento, en definitiva, en el que la única línea maestra del guion consiste en seguir adelante sin hacer prisioneros entre una miríada de secuaces que tan solo ejercen de mobiliario dentro del decorado, y donde el estatismo del rostro de Reeves, eterno hombre triste, se contrapone a la acción torrencial que se desencadena a su paso, filmada con cierta soltura por dos directores que, originalmente, son de oficio especialistas: Chad Stahleski y David Leitch.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 5,5.

Julieta

30 Dic

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Año: 2016.

Director: Pedro Almodóvar.

Reparto: Emma Suárez, Adriana Ugarte, Daniel Grao, Darío Grandinetti, Inma Cuesta, Rossy de Palma, Michelle Jenner, Priscilla Delgado, Blanca Parés, Pilar Castro, Nathalie Poza, Tomás del Estal.

Tráiler

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          “Es la peor recepción comercial que he tenido nunca”, se lamentaba Pedro Almodóvar por los resultados que cosechó el estreno de Julieta en la taquilla española. Quizás la aparición de su nombre en el escándalo de los papeles de Panamá alimentó una animadversión popular hacia el cineasta manchego y su cine que, en el plano artístico, parece poco justificada en este caso, más allá de la tradicional antipatía que, entre los sectores más reaccionarios de la sociedad, despiertan los abanderados del séptimo arte estatal que se han significado públicamente en favor de la izquierda política durante los últimos años -véase por ejemplo el reciente boicot ‘patriótico’ a Fernando Trueba-.

Porque no hay Julieta la estridencia provocativa de las obras iniciales del director, ni los tópicos que acusan a su obra de inquietudes obsesivas por la sexualidad anticonvencional, ni del modernismo combinado con el costumbrismo para crear una mezcla petarda, ni de la acumulación desbocada de citas y referencias. Julieta es una película libre de excesos, más allá del tremendo melodrama que habita su protagonista. Pero la contención y el grito reprimido son los rasgos que dominan este relato de desgarros que no cesan, de una turbulenta sucesión de pérdidas y culpa que agostan la vitalidad de una mujer a lo largo de su existencia.

          Almodóvar se basa en una serie de textos de Alice Munro para reconstruir, con voz en primera persona, una personalidad femenina despedazada por el trauma. Así, el relato que se desgrana dentro del relato nace de la muerte, pero se enhebra a través del amor para describir un futuro siempre incierto en el que, al igual que le sucede a cada uno de nosotros, resulta imposible averiguar de qué lado caerá la suerte cada vez, independientemente del fatalismo que parecen cargar las decisiones vitales de Julieta (Emma Suárez y Adriana Ugarte). No por nada, ella lee a sus alumnos de literatura clásica un pasaje de la Odisea -el libro primigenio, el gran viaje de vivir- en el que el héroe prefiere escoger la aventura inescrutable -la esencia de la vida- a la inmortalidad encerrada los brazos de Calipso.

          Entre los paralelismos que la memoria y el dolor trazan a lo largo de la historia, entre los contrastes del desaliento y la esperanza, Almodóvar moldea la semblanza de una mujer en la que refleja con gran sensibilidad la fragilidad y la desesperación, sometida a los castigos de la conciencia propia y ajena, inmersa en un universo reconcentrado donde los males de las entrañas o se purgan o se heredan. Desde la realización, la perspectiva personal de la protagonista-narradora se desborda en un halo onirismo a través una puesta en escena muy estilizada donde el tratamiento del color en el vestuario, los objetos y el decorado cobra especial relevancia para estimular sensaciones de pasión, de abatimiento o de ofuscación. Contribuye también a ello, no sé si voluntaria o involuntariamente, el formalismo literario de los diálogos y su apariencia de estar dictados y luego enunciados.

          Sea como fuera, esta fuga de tenue surrealismo le sienta bien a la película para aliviar el recargamiento trágico en el que podría encallar el libreto y termina de pulir este camino de curvas inseguro y hechizante.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 8.

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