Tag Archives: Política

Rutas infernales

28 Oct

.

Año: 1940.

Director: Bernard Vorhaus.

Reparto: John Wayne, Sigrid Gurie, Charles Coburn, Spencer Charters, Trevor Bardette, Russell Simpson, Roland Varno.

.

           Se cuenta que, en 1936, rodando Dusty Ermine en la frontera alpina entre Austria y Alemania, Bernard Vorhaus y su equipo tuvieron un enfrentamiento con soldados germanos que, a tiro limpio, le exigieron que entregaran a su autoridad a unos guías que los acompañaban y a los que acusaban de actividades contrarias al régimen nazi. Aunque consiguieron salir bien parados del trance, el violento episodio impulsaría la convicción del director para embarcarse él mismo en círculos antifascistas. Rutas infernales puede considerarse parte de esta militancia.

           El filme se aproxima a la figura de un prestigioso podólogo vienés y su hija en su búsqueda de refugio político en los Estados Unidos, lo que les llevará a ejercer la medicina en un recóndito y abandonado pueblecito de Dakota del Norte. En su discurso, Rutas infernales hace un recordatorio de la historia del país como tierra de promisión para los exiliados de toda causa, iguala las circunstancias de los recién llegados con las de los pioneros que pasaron calamidades para conquistar su anhelada libertad y prosperidad, y advierte a los ciudadanos contemporáneos, aún ajenos a la guerra en marcha en Europa, de que esta es una situación que bien puede repetirse en cualquier momento debido a las vicisitudes políticas, económicas o cualquier otra adversidad imprevista.

En su camino, a pesar de romper con ironía la postal idealizada -las esperanzas traicionadas con el paisaje, el tren que nunca llega puntual, el revisor borrachín, la inhóspita bienvenida…-, Vorhaus también traza un retrato épico del país a partir de sus esforzados agricultores, recortados en contrapicado contra el cielo sudando la gota gorda u organizados en coreografías colectivas para tratar de someter bajo su arado a la tierra hostil. Porque, en realidad, los protagonistas huyen de una guerra solo para toparse con otra, esta vez librada contra la naturaleza salvaje, que se manifiesta en fenómenos tan aterradores como el Dust Bowl que inundó de polvo y miseria las grandes llanuras norteamericanas.

           En línea con su fondo, Rutas infernales recupera el tema esencial del western como relato en el que el ser humano se impone sobre el territorio indómito. De hecho, llegará a equipararse la columna de automóviles, emulación modernizada de las caravanas de carretas que antes que ellos se abrieron paso por el Oregon Trail, con los movimientos de un ejército. Pero este ejército tan solo pretende proporcionar un lugar donde vivir a unas familias de expatriados en su propio país, liderados por un tipo comprometido en lograr el bien común. Un contexto social, argumental y geográfico que serviría para emparentar la cinta con una obra maestra estrenada ese 1940, Las uvas de la ira -a lo que cabe añadir además la presencia en el reparto de un fordiano actor de carácter como Russell Simpson-.

Dentro de su concienciado mensaje, toda la historia de Rutas infernales, con sus constantes reveses del destino cruel, posee un aire folletinesco que resta relieve a los personajes, en especial al de la joven. Por momentos, sus intensas pasiones parecen trasladarse a los arrebatos de la naturaleza, lo que, en el caso de las tormentas de arena, remite a la magnífica El viento, de Victor Sjöström. Con todo, la dignidad que transmite Charles Coburn desde su personaje, y lo certero de sus diagnósticos acerca de la ideología del odio, hacen buenas las intenciones.

           Pero Vorhaus no sería tan visionario como el viejo doctor. El advenimiento del mccarthismo terminaría dando con su nombre entre las listas negras de Hollywood como sospechoso de afiliaciones comunistas. Efectivamente, el destino podía ser cruel y sarcástico. El cineasta habría de exiliarse a Reino Unido, donde podría prolongar su carrera en el cine.

.

Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 5,8.

Nota del blog: 6,5.

Llanto por un bandido

5 Oct

.

Año: 1964.

Director: Carlos Saura.

Reparto: Francisco Rabal, Lea Massari, Philippe Leroy, Lino Ventura, Antonio Prieto, Fernando Sánchez Polack, Manuel Zarzo, José Manuel Martín, Rafael Romero, Agustín González.

.

           Llanto por un bandido es el primero de lo que Carlos Saura vendrá a llamar sus “ensayos sobre personajes”, obras que se aproximan a figuras como el bandolero José María ‘El Tempranillo’ en esta, Lope de Aguirre (El Dorado), San Juan de la Cruz (La noche oscura), Francisco de Goya (Goya en Burdeos), Luis Buñuel (Buñuel y la mesa del rey Salomón) o Wolfgang Amadeus Mozart (Io, don Giovanni).

Precisamente, el cineasta invita a participar a sus dos compatriotas aragoneses en el filme. El primero, simbólicamente, a través de una reproducción de su Duelo a garrotazos. El segundo, de cuerpo presente, ya que realiza aquí un cameo como verdugo en una introducción que sería cercenada por la censura franquista y luego recuperada en 2018, es decir, 44 años después del estreno del filme. Junto a él, leyendo solemnemente la sentencia, aparece Antonio Buero Vallejo, quien llegó a ser condenado a muerte en las postrimerías de la Guerra Civil española y sufrió presidio y censura bajo la dictadura.

           En Llanto por un bandido subyace una evidente carga política. Dentro de estas referencias podría aventurarse una muerte a manos de la caballería del absolutista Fernando VII que parece emular la Muerte de un miliciano, de Robert Capa. En este contexto, El Tempranillo, en busca de conquistar el tratamiento de ‘don’, trata de mantenerse ajeno a los vaivenes de una España volátil, encaramado en las cumbres de la Sierra Morena desde donde cree haberse adueñado de un paisaje romántico, todo ruinas de poderosos castillos y eternos olivares en lontananza. Pero el retrato épico que pretende encarnar el bandolero es pura apariencia. No está subido a un caballo, sino sentado sobre un mísero tronco. Todo es política y, aunque El Tempranillo la rehúya, esta le dará pronto alcance.

Si bien esta última transición dramática -una toma de conciencia traducida en sacrificio redentor- se desarrolla de forma precipitada -tanto como las tajantes elipsis que hacen avanzar el relato, confiriéndole un aire de precariedad a la obra que se refuerza en las escenas de batalla-, Saura ya había diseminado antes elementos discursivos como el planteamiento del bandolerismo a modo de lucha de clases entre los desposeídos labriegos y los señoritos de cortijo, o el imperativo de la rebeldía contra las traiciones del poder establecido -ese Rey Felón que ajusticia a aquellos que le habían devuelto el trono combatiendo contra el Francés en la Guerra de la Independencia española-. El libreto, firmado por Mario Camus y el propio director, contiene pasajes elocuentes en el retrato social y personal, como el de los comensales de la venta.

           En unos tiempos en el que las producciones europeas empezaban a convertir Andalucía en un salvaje oeste alimentado de spaghetti, Llanto por un bandido comparte ese gusto por los rostros sucios y sufridos, incluso para los papeles protagonistas, con la contundencia de Paco Rabal y, en un papel más breve, Lino Ventura. No obstante, luce a la par composiciones pictóricas -esa cita a Goya, la visión romántica de la serranía andaluza, la estancia nupcial, las tétricas plañideras y el Cristo velado de la ejecución a garrote vil…- y un sentido lírico que arraiga en el dibujo de este bandolero sentimental, cuya visceralidad se acompaña desde los temas de la banda sonora, que son lamento racial.

.

Nota IMDB: 6.

Nota FilmAffinity: 5,8.

Nota del blog: 6,5.

La mafia ya no es lo que era

30 Sep

.

Año: 2019.

Director: Franco Maresco.

Tráiler

.

         La mafia ya no es lo que era podría calificarse como un manifiesto de la indignación y el pesimismo de Franco Maresco, extravagante antropólogo de su Sicilia natal, que aborda aquí la celebración del veinticinco aniversario del asesinato de los jueces antimafia Giovanni Falcone y Paolo Borsellino.

Narrador prominente, va relatando con irónico engolamiento, musicalizado con un jazz que le acerca en cierta manera a la voz en off de Woody Allen, su recorrido por las calles palermitanas, invadidas por estudiantes festivos o sumidas en una pobreza endémica, acompañado bien de Letizia Battaglia, comprometida fotógrafa de la crónica negra local, bien de Ciccio Mira, dudoso organizador de modestos espectáculos callejeros al mejor postor, quien ya había comparecido en su anterior Belluscone. Una storia siciliana y, testimonialmente, en Lo zio di Brooklyn.

         Maresco no pretende revelar al espectador una verdad oculta. Más bien subrayar la obviedad que aprecia en sus conciudadanos en su posicionamiento respecto de la Cosa Nostra y su persistente influencia. Su posición es agresiva. Volcado en especial sobre el tratante de cantantes neomelódicos, sumido en un perpetuo blanco y negro, invade a sus entrevistados; los arrincona y ridiculiza. Afirma traicionarlos mediante cámaras ocultas y pone el montaje en su contra. Hasta los insulta directamente. Y eso a pesar de que alguno de ellos no está en condiciones de defenderse, lo que podría servir para cuestionar moralmente al director.

La mala baba rezuma, aunque como reacción airada contra el hartazgo y la tristeza. La mafia ya no es lo que era martillea a sus personajes, delirantes y toscos, hasta obtener un retrato grotesco y deforme. Uno llega a preguntarse, de hecho, si no todo esto no es un mockumentary satírico. El público de los conciertos es igualmente feo, hortera, vulgar. Pero, antes, Maresco ya había mostrado a la juventud congregada en el homenaje a los mártires de la lucha contra la mafia como una caterva de pijos preocupados por bailar y grabar la experiencia con sus móviles. Es decir, la síntesis de la frivolización y el vaciado de significado que la posmodernidad acostumbra a aplicar a cualquier cosa que pueda traducirse en consumo.

         ¿Está justificado el cabreo de Maresco? Probablemente. Quién sabe. Servidor, que vivió en Sicilia durante un curso académico, recuerda la ambigua relación, desde el veleidoso orgullo localista hasta el púdico gesto torcido, ante las menciones del tema. Al menos, siendo él palermitano, no se le puede acusar de regodearse en una mirada de obsceno y condescendiente pintoresquismo. En esta línea, no es particularmente explicativo o siquiera demasiado considerado hacia el espectador foráneo en bastantes detalles.

         En cualquier caso, La mafia ya no es lo que era es tan realista como Crónicas marcianas podría serlo en un ensayo sobre España. El emblema de lo que empezaba a tacharse de telebasura también era, a su modo, un retrato de una España. Por cierto, llevándolo al terreno cinematográfico, un puñado de sus frikis y sus colaboradores terminarían apareciendo a lo largo de la saga de Torrente, que por su parte se anclaba en otra excrecencia de otra sociedad mediterránea, esta vez la nostalgia del nacionalcatolicismo franquista en un ambiente tan depauperado como el que captura el cineasta sículo.

Pero, devolviendo los paralelismos a Italia, también podría decirse que La mafia ya no es lo que era es al realismo prácticamente lo que películas como Feos, sucios y malos son al neorrealismo de Ladrón de bicicletas. Un paso divergente, entre furibundo y apesadumbrado, o incluso torcido, dentro de la evolución de ese cine nacional que escarbaba en las crudezas y las falencias del país.

.

Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 6.

Capricornio uno

2 Sep

.

Año: 1978.

Director: Peter Hyams.

Reparto: Elliott Gould, James Brolin, Brenda Vaccaro, Hal Holbrook, Sam Waterston, O.J. Simpson, Karen Black, Telly Savalas, David Huddleston, James Karen, David Doyle, Robert Walden, Norman Bartold.

Filme

.

          El director de asignaciones del periódico pone como ejemplo de periodismo de investigación a Carl Bernstein y Bob Woodward, quienes desvelaron el caso Watergate que terminaría llevándose por delante la presidencia de Richard Nixon, a la vez que reprocha a su reportero díscolo sus presuntas exclusivas acerca de un segundo tirador en el asesinato de John Fitzgerald Kennedy o sobre el paradero de Patty Hearst tras su secuestro por el Ejército Simbiótico de Liberación. Capricornio uno -que de hecho tiene en el elenco a Hal Holbrook, James Karen y Robert Walden, participantes un par de años atrás en Todos los hombres del Presidente– es una película de tiempos convulsos, de paranoia, mientras que, en ella, la prosperidad del American Way of Life queda manifestada por medio de un entorno tan estandarizado y aséptico como un Holiday Inn, que no deja de ser un decorado carente de personalidad y de verdadera calidez humana; una estéril emulación del confort producida en cadena.

          Sobre estas aguas turbulentas, Peter Hyams, en funciones de guionista y director, concibe un futuro inmediato en el que la llegada del ser humano a Marte no es sino un simple producto televisivo, grabado en un hangar secreto del ejército. Ni siquiera, como la célebre teoría sobre la llegada a la Luna, Stanley Kubrick estará ahí para otorgarle credibilidad a las imágenes. En realidad, el del programa Capricornio uno puede considerarse incluso un engaño barato, resuelto con un chantaje bruto y tres tomas de estudio.

Porque, en el fondo, los motivos que llevan a este aparatoso montaje ni siquiera son grandilocuentes, sino bastante miserables y, por ello, veraces: todo se trata de una maniobra de los lobbys implicados en la carrera espacial ante la amenaza de que los copiosos fondos destinados a ella queden reconducidos hacia asuntos terrenales, como las desigualdades sociales o la lucha contra el cáncer, por ejemplo. En la misma línea, el personaje sobre el que recae el papel de villano de la función es un tipo amable pero desesperado, cuyo idealismo y bonhomía han sido destrozados por los mazazos de los cálculos políticos. Interpretado por Holbrook, actor de aspecto nada amenazador, parece un hombre arrastrado por las circunstancias. Casi una víctima más.

          La introducción ya había deslizado subrepticiamente este apunte cercano a la sátira. La actitud despreocupada y bromista de los astronautas restaba épica al histórico acontecimiento, lo que se subrayará con el rápido, hábil y afilado retrato de los políticos invitados al palco de honor, que muestran una personalidad absolutamente corriente -gorrones, salaces, enredados en pequeñas cuitas-. El libreto contiene buenos retratos de caracteres y unos ingeniosos y trepidantes duelos dialéctivos entre los habitantes del mundillo de la prensa.

En cambio, Hyams -que posteriormente sí saldrá al espacio exterior en Atmósfera cero, la relectura cósmica de Solo ante el peligro, y 2010: Odisea dos, la continuación de 2001: Una odisea del espacioquizás no esté tan afinado a la hora de reflejar el atroz maquiavelismo de quienes mueven los hilos sin rastro de piedad. El plan de los conspiradores da la sensación de dejar muchos cabos sueltos, aunque es cierto que la improvisación es un rasgo mucho más habitual de lo que se presupone. Pero hay pistas demasiado forzadas, como la de Flat Rock, y sorprende la inconstante vigilancia que se practica sobre los hombres clave que pueden tirar por tierra el asunto.

En cualquier caso, Capricornio uno filtra una interesante crítica hacia la ruindad con la que se gestionan los proyectos públicos y sobre la capacidad manipulativa del cine y la televisión, medios de masas, para fijar una verdad conveniente. Curiosamente, en otra de sus incursiones en la ciencia ficción, Permanezcan en sintonía, Hyams dejará al ciudadano medio literalmente atrapado por la televisión.

.

Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 7.

La red Avispa

5 Ago

.

Año: 2019.

Director: Olivier Assayas.

Reparto: Edgar Ramírez, Penélope Cruz, Wagner Moura, Gael García Bernal, Ana de Armas, Leonardo Sbaraglia, Osdeymi Pastrana, Tony Plana, Nolan Guerra.

Tráiler

.

          Olivier Assayas aparca el cine de corte más autoral para regresar al thriller político basado en hechos reales que ensayó con Carlos, en la que exploraba la figura del terrorista venezolano Ilich Ramírez Sánchez, Carlos ‘el Chacal’. Al igual que en aquella, repartida en tres episodios, en La red Avispa contará con el protagonismo de Edgar Ramírez para encabezar un relato que, de la misma manera -aunque quizás se trate de un prejuicio por ser una cinta que viene de la mano de Netflix-, parece contener material a desarrollar más bien en una serie de varios capítulos.

Y es que la infiltración del cineasta francés en la red contraterrorista cubana desplegada en el Miami de los años noventa -cuando la dictadura castrista y la sociedad cubana capeaban con las dificultades políticas y económicas sobrevenidas por el hundimiento de la Unión Soviética, crucial sostén financiero del país- se desarrolla a partir de un libreto bastante irregular que entremezcla, de forma descompensada e incluso caprichosa, las historias de varios de los integrantes de este equipo de espionaje, hasta el punto de que algunos de ellos -en especial los interpretados por Wagner Moura y Ana de Armas- terminan por resultar accesorios. El complejo entramado no está bien recompuesto.

Moura ejemplifica asimismo uno de los peajes de cásting que propicia esta producción multinacional, puesto que, si ya hay que hacer un esfuerzo para no sorprenderse viendo a Penélope Cruz como sufrida esposa cubana -acaso otro prejuicio infundado como espectador español, porque probablemente sea el personaje y el trabajo más destacable de la función-, el acento del actor brasileño sigue siendo tan dudoso como cuando encarnaba a Pablo Escobar en la popularísima Narcos, de la misma casa.

          La red Avispa posee dos mitades diferenciadas: la aparente traición del protagonista con su huida a los Estados Unidos y la revelación del plan de la inteligencia castrista, que proporciona un giro de 180 grados a lo visto hasta el momento, marcado por una escena que, además, irrumpe con cierto estilo de thriller tarantiniano que también rompe formalmente con lo anterior. No obstante, como suele suceder en los productos de Netflix, no hay grandes señas de distinción autoral en el aspecto visual de una obra que, eso sí, se mueve entre ambos frentes políticos con relativa equidistancia. Si en el planteamiento se percibe la imposibilidad de vivir en este escenario manteniendo el idealismo -la represión cubana por un lado; los vínculos con el narcotráfico y el terrorismo de las organizaciones en el exilio por el otro-, el desenlace sitúa al individuo como víctima permanentemente machacada, o como carne de cañón reemplazable, de este pulso absurdo entre la recalcitrante dictadura comunista y el obcecado bloqueo neoimperialista, haciendo indistinguibles los espías de los espiados.

          El filme va avanzando en el tiempo a través de una sucesión de escenas prácticamente estancas que se enhebran mediante fundidos. La celeridad de la narración es uno de los factores que provoca que apenas se logre profundidad personal o quede poso emocional de lo que ocurre, en un abrupto contraste con la intimidad y la introspección de las últimas películas de Assayas, Después de mayo, Viaje a Sils Maria, Personal Shopper y Dobles vidas. Pero La red Avispa tampoco invoca el desencanto del espía, como podría ocurrir en una de las misiones de George Smiley, o su tortura interior en un mundo donde la moral y las virtudes de la humanidad se pierden por la cloaca, como podría haber escrito Graham Greene. Su recopilación de hechos, formulada de un modo tan sintético como desapasionado, deja tras de sí una historia plana y distante.

.

Nota IMDB: 5,8.

Nota FilmAffinity: 5,7.

Nota del blog: 5,5.

De Mayerling a Sarajevo

3 Ago

.

Año: 1940.

Director: Max Ophüls.

Reparto: Edwige Feuillère, John Lodge, Aimé Clariond, Jean Worms, Jean Debucourt, Raymond Aimos, Gabrielle Dorziat, Henri Bosc, Gaston Dubosc, Marcel André.

Tráiler

.

         La denominada como Tragedia de Mayerling, el pacto de suicidio con el que en 1889 habían resuelto su amor desgraciado Rodolfo de Habsburgo, heredero del Imperio austrohúngaro, y la baronesa de Vetsera, ya había sido llevado al cine cuatro años antes en otra producción francesa, Sueños de príncipe -la historia se recuperará por cierto en 1949 en El secreto de Mayerling y, en su versión más rutilante, en 1968, con Omar Shariff, Catherine Deneuve, James Mason y Ava Gardner-. En De Mayerling a Sarajevo, Max Ophüls toma esta referencia inicial -invocada incluso en los diálogos- para abundar en los dramas románticos de la corte austrohúngara, esta vez a partir de la figura de otro heredero, Francisco Fernando, y su matrimonio con la condesa checa Sofía Chotek, desaprobado por la monarquía imperial y destrozado finalmente por el magnicidio de Sarajevo que serviría de pistoletazo de salida para la Primera Guerra Mundial. Unos hechos que el cineasta alemán expone para vincularlos, en tono de denuncia, a una intolerancia y opresión que, en el momento del estreno del filme, se materializaban en una nueva y aún más terrible guerra mundial.

         En De Mayerling a Sarajevo hay una idealización romántica de los protagonistas, modernos, hermosos y en pugna no solo por su amor, sino también por el de todos sus súbditos, respetando su autonomía política y nacional avant la lettre. Aunque ello no evita que se introduzcan matices que cuestionan su posición, como la observación de la hija de ambos calificando de “cuento” esa idea utópica de transformar el vetusto imperio centroeuropeo en unos actualizados Estados Unidos de Austria.

Por oposición, Ophüls dibuja un ácido retrato de la vida cortesana, casi caricaturesco, de la mano de personajes como el cínico príncipe de Montenuovo, muchas veces envuelto en sombras, o el de por sí achacoso emperador Francisco José. Estos son los principales artífices de un sistema de tradiciones, protocolos e imposiciones que convierte en prisioneros y niegan la felicidad a los protagonistas, por su parte identificados como los primeros de unos ciudadanos con el deber de aclamar ciegamente al soberano y cuyo derecho a opinar se paga con la vida. No por nada, el punto de vista de la introducción parte de los siervos de palacio, quienes trasladan por tanto una mirada desde la desmitificadora cotidianeidad hacia los fastos imperiales y a sus gentes, la cual, inevitablemente, los reduce al absurdo. Tan feos en realidad, detrás de su deslumbrante esplendor, como las estatuas de indiferente piedra erigidas en su honor.

         Así pues, desde esa presentación que con total honestidad renuncia a la fidelidad histórica para buscar en ella el sentido humano de un pasado y un presente terribles, el romance entre Francisco Fernando y Sofía de Hohenberg comparece en pantalla henchido de un fatalismo que, conocidos de antemano los acontecimientos por venir, posee asimismo el acicate de una intriga política que hace de ellos víctimas por partida doble. A pesar de lo manida que pueda parecer la tragedia sentimental o folletinescos sus amantes, es siempre interesante cómo se da pie a una tesis acerca del respeto de la identidad del individuo y de las relaciones personales como indicativo y a la postre desencadenante de los grandes sucesos históricos.

         Reafirmando que la crítica no era ociosa, la ocupación alemana de Francia provocaria la prohibición de la película y Ophüls, que se había exiliado en el país galo durante el ascenso del nazismo al poder, tendrá que volver a escapar de su amenaza.

.

Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7.

Excelentísimos cadáveres

19 Jun

.

Año: 1975.

Director: Francesco Rosi.

Reparto: Lino Ventura, Tino Carraro, Luigi Pistilli, Paolo Bonacelli, Renato Salvatori, Fernando Rey, Max von Sydow, Alain Cuny, Charles Vanel.

Filme

.

            “La verdad no es siempre revolucionaria”, sentencia en la última escena un burócrata profesional para apuntillar una trama de poder, ambición y oscurantismo. En Excelentísimos cadáveres, Francesco Rosi, que entendía el cine como una investigación documentada, siempre enfocada desde un firme compromiso político, pone al inspector Rogas (Lino Ventura) a perseguir fantasmas, sombras y reflejos difusos a través de la Italia de los años de plomo y la ‘strategia della tensione’, un polvorín a punto de reventar en mil pedazos. Su inspiración es un escritor, Leonardo Sciascia, que también hizo de la cara oculta de la sociedad italiana, especialmente concentrada en su Sicilia natal, su terreno de juego.

            El filme comienza en las catacumbas de Palermo, entre momias de notables conservadas a lo largo de los siglos, y concluye en el Museo Nacional Romano, entre conmemorativas estatuas de mármol. El poder que se perpetúa generación tras generación, como un ente que va más allá de lo terrenal, esculpido en el tiempo. Entre un escenario y otro, queda un reguero de cadáveres de fiscales, procuradores y jueces que hace temblar el frágil equilibrio del país. El avezado inspector busca explicaciones que no se reduzcan a la cómoda hipótesis del loco homicida, pero el precio es sumergirse progresivamente en una paranoia por donde asoma una conspiración.

En su camino, Rogas viaja desde los defenestrados por el sistema hasta las altas esferas de la sociedad, desde la indagación a pie de calle hasta los asépticos laboratorios de la policía política y sus sórdidas mazmorras de interrogatorio. Palacios, rincones y escondrijos que llegan a descubrirse hasta de forma un tanto gratuita, destinada a subrayar ciertas consideraciones. El aplomo que tan bien encarna Ventura se va desarmando paso a paso.

            Las pistas confluyentes que persigue Rogas no acaban de congeniar dentro de un relato que da la sensación de no estar del todo bien estructurado, con una trama en la que la tensión de la intriga termina siendo bastante irregular y que se dirige hacia un remate no demasiado creíble en su formulación. El argumento resulta confuso incluso más allá de esa idea conceptual que puede formar parte del fondo que expresa Rosi, tan turbio -o enturbiado por una terrible ambigüedad moral y política- que es prácticamente imposible entrever qué ocurre entre esas sangrientas bambalinas. Tan opaco que el excluido ciudadano común, por muy comprometido y tenaz que sea, se encuentra desprotegido ante su poder. Un poder que atraviesa indemne los siglos, perpetuándose.

.

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 6.

A %d blogueros les gusta esto: