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La isla de las almas perdidas

20 Ago

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Año: 1932.

Director: Erle C. Kenton.

Reparto: Richard Arlen, Charles Laughton, Kathleen Burke, Leila Hyams, Arthur Hohl, Bela Lugosi, Stanley Fields, Paul Hurst, Tetsu Komai, Hans SteinkeGeorge Irving.

Tráiler

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         En los años treinta, aún quedaban islas remotas donde el orgulloso hombre occidental podía caer bajo el influjo de misterios olvidados y peligros ancestrales. Un mal naufragio y uno podía dar con sus huesos, por ejemplo, en los dominios de King Kong, del malvado conde Zaroff o del delirante doctor Moreau; monstruos y villanos ajenos a las leyes de la civilización que garantizan el confort universal del ciudadano colonial. Aunque quizás estos no fuesen más que intuiciones atemorizadas acerca de un mal latente y extremadamente inquietante: con un poco de paciencia, el doctor Moreau bien hubiera encontrado acomodo en la vieja Europa a sus experimentos genéticos, a la par de otros insignes científicos como Josef Mengele. “¿Acaso no somos hombres?”, proclama el Predicador de la Ley de La isla de las almas perdidas en una sentencia que podría encontrar su réplica en el “si esto es un hombre” de Primo Levi.

         La isla de las almas perdidas es la primera adaptación al cine de la novela La isla del doctor Moreau de H.G. Wells, quien por cierto no quedaría demasiado satisfecho por unos resultados en los que, a su juicio, primaban lo lúdico y lo terrorífico sobre lo reflexivo, lo alegórico y lo filosófico. La resonancias del argumento, no obstante, terminarían llegando con el transcurso de la historia, como decíamos.

Lo cierto es que La isla de las almas perdidas se acoge a su espíritu de producción de serie B para desarrollar en 70 minutos un relato directo, ligero y sin pausa en el que el tipo común se enfrenta a una amenaza inimaginable entre notas de seducción aventurera, favorecidas por unos tiempos en los que el pacato Código Hays no era un mandamiento inexcusable.

El impoluto traje blanco del malvado en mitad de la selva, el refinamiento de un Charles Laughton ora infantil, otra terrible; el complejo de divinidad que sobrevuela sus proyectos y el consecuente castigo bíblico que se barrunta para sus fechorías; la sensualidad de la “mujer perfecta” en contraste con la brutalidad de los engendros… Detalles que logran concitar atmósfera dentro de la concisa liviandad de la narración -aunque algunos quedan desaprovechados en el escaso metraje, los personajes están bien definidos-.

         Mientras se debate entre el estatismo teatral propio de principios del sonoro y la tendencia ocasional a escapar hacia un mayor dinamismo de las imágenes, la puesta en escena de Erle C. Kenton -que dentro del género de terror también ofrecería El fantasma de Frankenstein, La zíngara y los monstruos y La mansión de Dráculadesliza ciertas reminiscencias expresionistas para bañar en tinieblas la estampa nívea de Moreau. Esa tenebrosidad también contribuye a que el maquillaje, propio de la época, no quede por completo en evidencia e incluso pueda resultar fiero.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 6,5.

Planet Terror

30 Jul

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Año: 2007.

Director: Robert Rodriguez.

Reparto: Freddy Rodríguez, Rose McGowan, Bruce Willis, Marley Shelton, Josh Brolin, Naveen Andrews, Michael Biehn, Jeff Fahey, Michael Parks, Fergie, Quentin Tarantino, Tom Savini, Rebel Rodriguez, Electra Avellán, Elise Avellán.

Tráiler

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         Lo cierto es que, antes de que ambos materializaran su sesión doble de Grindhouse, Robert Rodriguez había afrontado la revisión del exploitation y de la serie Z de forma más decidida que su amigo Quentin Tarantino, y además de una manera más próxima a la naturaleza desaforadamente lúdica del submundo, con menos atención a la revisión erudita, posmoderna y cierto modo distanciada de su compañero de afición y aventuras. Abierto hasta el amanecer podía ser el emblema de ello: una mezcla de acción y terror vampírico, sabor tex-mex marca de la casa e ironía autoconsciente de estos nuevos tiempos. También su decisión posterior de hacer realidad Machete, uno de los paródicos tráilers filmados ex-profeso para esta producción compartida, e incluso de entregar una secuela de la misma.

         Siguiendo con esta premisa, la mitad que Rodriguez aporta a Grindhouse, Planet Terror, tiene la textura nostálgica que también exhibe, sobre todo en su primera parte, Death Proof. Esto es, los entrañables defectos o las estridencias de la fotografía, el montaje, el sonido y, por supuesto, el guion, incluidos aquí deficiencias deliberadas como una oportuna bobina de metraje perdida. La cutrez lavada, reensamblada y perfeccionada con el amor de un fan, aunque, quizás un tanto cínicamente, desde un talento y unos medios mayores.

Pero, en cualquier caso, la atención del realizador texano se centra más en el despendole argumental y la vorágine de acción de este survival apocalíptico con zombis, conspiraciones militares, pistoleros mexicanos mitológicos, violencia gore, erotismo soft y amor por la barbacoa.

         En consecuencia, Planet Terror no luce la fuerza visual de Death Proof ni busca dar un paso cinematográfico más allá a partir del añorado material de base, pero a fin de cuentas se mantiene como un entretenimiento simpático con un buen sentido del delirio y un apropiado tempo narrativo acorde a la libertad total para disfrutar, que es lo que Rodriguez y Tarantino tratan de reivindicar, cada uno a su manera, de este microuniverso perdido, queriblemente imperfecto.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 6.

Death Proof

20 Jul

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Año: 2007.

Director: Quentin Tarantino.

Reparto: Kurt Russell, Sydney Tamiia Poitier, Vanessa Ferlito, Jordan Ladd, Tracie Thoms, Rosario Dawson, Zoë Bell, Mary Elizabeth Winstead, Rose McGowan, Monica Staggs, Marcy Harriell, Eli Roth, Quentin Tarantino, Michael Parks, James Parks, Marley Shelton, Jonathan Loughran.

Tráiler

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         Cuando Quentin Tarantino queda para ir al cine con un amigo, no lo hace como usted o como yo. Él llama a Robert Rodriguez y juntos se fabrican su propia sesión doble de cine de ‘grindhouse‘, aquel que al parecer devoraban en su adolescencia en programas delirantes de violencia, terror, sexo, estilazo setentero e ínfimo presupuesto -e incluso talento- cinematográfico. Un entretenimiento fetichista a medida. Porque ellos pueden. Con tráilers y todo de futuras películas como Machete o Hobo with a Shotgun.

         La aportación de Tarantino se concentrará en una golosina cocinada a fuego lento, enriquecida a través del cultivo de una atmósfera de fondo y formas setenteras -la trama correosa, el erotismo desinhibido, la estética del escenario y del vestuario, el celuloide sucio, la sabrosa fotografía, la cuidada banda sonora…-, así como de las conversaciones triviales marca de la casa abundantes en alusiones a la cultura pop y en el volcado de mil y una referencias que van desde clásicos ‘trash’ del periodo hasta onanistas autocitas. Con este material, el cineasta se sumerge en una producción que, al igual que el spaghetti western, hibrida homenaje y parodia; eso sí, siempre con devoción de sacerdote iniciado en el culto de una religión olvidada.

         En este camino, el goce de Tarantino alcanza cotas formalistas, más atento al estilo evocador -sobre todo en la primera mitad- que a las consideraciones del argumento, pues en su condición de fan mayor sabe que esto último es un aspecto que redondea el atractivo del conjunto, preferiblemente con importantes notas de color, pero que tampoco es prioritario. De ahí que, en esta pausada y concienzuda elaboración, similar a la del camarero que para desesperación del cliente se pasa media hora encorvado en posturas extrañas mientras añade los más insólitos aderezos a un gin tonic, a veces parezca que se ha olvidado de narrar su historia y que simplemente ha dejado en piloto automático su desarrollo para retormarla finalmente cuando ha pasado un tiempo suficiente para alcanzar el minutado de un largometraje.

         Pero quizás este detallista aspecto formal, que cambia abruptamente entre una parte y otra del filme -y que de en sí mismo resulta bastante estimulante-, pueda ser en realidad la pista para un análisis discursivo rematado por las diferentes conclusiones de cada segmento del relato. ¿Es esto una reflexión acerca de la evolución del papel de la mujer en el cine y, por extensión en la sociedad?

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7.

La mosca

6 Jun

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Año: 1986.

Director: David Cronenberg.

Reparto: Jeff Goldblum, Geena Davis, John Getz.

Tráiler

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          La repulsión que me produjo en su momento La mosca ha hecho que tardase alrededor de una década en volver a verla. Un tiempo semejante al que dejé correr para atreverme de nuevo con Terciopelo azul. Los gustos evolucionan, no me atrevo a decir si a mejor o a peor. Cambian en cualquier caso. Si recordaba con reparos la película de David Lynch y ahora considero que alguna de sus escenas no se me van a ir jamás de la cabeza, con la de David Cronenberg me ocurre un poco lo contrario.

Permanecían vivas y entre escalofríos determinadas imágenes de La mosca, especialmente la del parto, tan del cineasta canadiense y su predilección por los misterios del interior del cuerpo, de la genética, de las mutaciones físicas como evidencia de una perturbación psicológica. Pero otras, como las transformaciones del protagonista -un Jeff Goldblum con rostro de insecto de por sí y además con una buena dosis de gesticulación-, las encuentro hoy con tantas ganas de provocar repelencia -una oreja que se cae como quien no quiere la cosa- que me producen el efecto contrario -algo parecido, pues, a lo que sucedía con la sobrecarga de intensidad que destruía la malsana atmósfera de la precedente Cromosoma 3-. Dentro de que, aun con su explicitud desaforada, repugnantes son un rato. Pero en las grandes obras de Cronenberg, la opresión proviene de la atmósfera creada, de las implicaciones morales y mentales de su relato.

          El asunto es que, a pesar de su condición de remake y de filme de encargo -para el que también se había pensado en Tim Burton como director-, en La mosca se rastrean palpitantes las citadas obsesiones de Cronenberg y sus preceptos de la ‘nueva carne’: la modificación de la naturaleza física y psicológica del ser humano. La penetración más allá de la carne, la reconstrucción del cuerpo y de la mente desde la primigenia primavera del plasma. Su narración es concisa, de un minimalismo casi de serie B, como el original.

Y siempre se agradecen las obras concisas, aunque en esta ocasión quizás un tempo más pausado le hubiera ayudado a dar mayor solidez a una serie de interesantes planteamientos, como a las alusiones religiosas del científico -que en cierto punto pretende conformar un ser que es uno y trino-, a la descomposición -en todos los sentidos- de Seth Brundle o al estudio de su personalidad, ya que no se trata de un ‘mad doctor’, al uso, sino que, con su torpeza emocional y su soledad contemporánea, no deja de representar a un tipo aparentemente normal -si bien es el artífice del proyecto, se dedica poco menos que a ensamblar piezas ajenas- que se encuentra de repente con un poder extraordinario -capaz de vencer en pulso a un matón, de follar durante horas-, sin saber que, lo importante, ya era capaz de lograrlo -la chica, claro-.

A fin de cuentas, el impacto de La mosca se centra prioritariamente en las posibilidades perturbadoras del maquillaje y los trucos visuales, que tal vez resistan peor el paso del tiempo.

          Sea como fuere, La mosca supuso por aquel entonces todo un éxito para Cronenberg, lo que le facilitaría una cómoda posición en la industria estadounidense para llevar a cabo proyectos con los que calmar -o alimentar- sus particulares inquietudes.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 6,5.

Sucesos en la cuarta fase

4 May

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Año: 1974.

Director: Saul Bass.

Reparto: Michael Murphy, Nigel Davenport, Lynne Frederick.

Tráiler

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          Saul Bass, el diseñador gráfico con mayúsculas del séptimo arte, autor de una revolución de forma y fondo en la cartelería y los títulos de créditos del cine, también se atrevería a dirigir él mismo un único largometraje. Una cinta que se inscribiría en el cine de género pero que apostaría por desarrollar una estética propia, vanguardista e innovadora aun a pesar de jugar con cánones y tópicos de dicha circunscripción, imbricados a través de un sencillo esquema argumental -tan minimalista como sus creaciones publicitarias, centradas en el poder expresivo de lo visual-.

Sucesos en la cuarta fase es un ecoterror protagonizado por hormigas, pariente por tanto de La humanidad en peligro, Cuando ruge la marabunta o El imperio de las hormigas, producciones que en algunos casos se inscriben en el cine de terror propio de la Guerra Fría, donde los insectos -desindividualizados, jerarquizados y disciplinados- constituyen una visión alegórica del potencial invasor comunista. No es este el terreno en el que se moverá el filme de Bass, que establece un potente duelo físico y mental entre humanos y hormigas, dentro del cual las caracterizaciones a priori se diluyen y las tornas se intercambian a medida que avanza el contacto entre ambas partes. La visión del hombre científico -frío, arrogante, obcecado, sin empatía… -¿que lo encarne el inglés Nigel Davenport es otra alegoría política, en este caso acerca del Imperio británico y la descolonización?- se contrapone con unas criaturas que parecen mostrar clemencia e incluso llorar a sus muertos.

          Bass dota a las imágenes de una textura onírica, que refuerza las resonancias sobrenaturales e incluso esotéricas del relato. Los segmentos de narración objetiva, la banda sonora, el punto de vista de las hormigas, el paisaje desolado y opresivo, la ondulación de una fotografía sometida a las inclemencias del entorno… Los protagonistas de Sucesos en la cuarta fase permanecen aislados en una instalación científica que se asemeja a una nave espacial aterrizada en un planeta extraño que son los eriales de Arizona. Del mismo modo, la introducción se detenía a retratar con cuidado a las hormigas, dotándolas de personalidad y relevancia, casi como si se tratase de unas entidades inteligentes llegadas -o descubiertas en este caso- a la Tierra. La apuesta del artista neoyorkino, pues, no es por el terror epidérmico, sino psicológico. La reclusión, la incomunicación, la deshumanización, el sometimiento, la insignificancia, la desesperación.

          En este sentido, uno diría entrever reminiscencias de 2001: Una odisea del espacio. Los monolitos en la nada, la tecnología, los interrogantes y el cuestionamiento de la humanidad, el desenlace en forma de experiencia extrasensorial. Este aparece como descerrajado a bocajarro. Pero es la consecuencia de la ciega tijera de los productores. El remate original de Bass son cinco minutos de fascinante delirio formal y conceptual que hubieran supuesto un memorabilísimo colofón a la obra. Lástima.

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Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 7.

Madre!

2 Oct

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Año: 2017.

Director: Darren Aronofsky.

Reparto: Jennifer Lawrence, Javier Bardem, Ed Harris, Michelle Pfeiffer, Domhnall Gleeson, Brian Gleeson, Jovan Adepo, Kristen Wiig, Stephen McHattie.

Tráiler

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           Veo a Darren Aronofsky recorriendo arriba y abajo la Quinta Avenida, en pelota picada y con una pancarta de cartón que reza “El Apocalipsis va a llegar”. Y esto sucede porque el director habrá comprobado, trémulo de sorpresa e indignación, que muchos de los espectadores de Noé no escarmentaron y no se convirtieron al veganismo sostenible. Pero aun así, Aronofky, iluminado, concede al género humano una segunda oportunidad de enmendar su impía iniquidad y les entrega Madre!, una relectura personal de la Biblia que, además, conecta con los desmanes que actualmente asolan el mundo para lanzar un alarido admonitorio acerca del desastre que se nos viene encima a nosotros, pecadores irredentos.

           En Madre! se plantea una confrontación eterna y sin cuartel entre las fuerzas benefactoras/creadoras y las fuerzas maléficas/destructoras del cosmos. La lucha de la fecundidad, la inspiración y la vida, en definitiva, contra la enfermedad, la esterilidad y la muerte. En su relato hay un Dios demiurgo que crea a través de la palabra, un Adán y una Eva que invaden el Edén y transgreden sus prohibiciones, un Abel, un Caín, masas de idólatras inmorales que merecen un buen diluvio… y, como contrapunto de distinción, una deidad femenina; una Gaia poderosa, generosa, sensual y amantísima que engendra la vida física, que regenera la desolación e intenta contrarrestar abnegada el desastre a la que le abocan.

Aronofsky subraya su composición alegórica empleando, entre codazos de prevención, un amplio muestrario de retórica y simbología judeocristiana, a lo que se suman alusiones a plagas contemporáneas como la depredación irresponsable de recursos, la sobrepoblación, el calentamiento global, la hecatombe ecológica, la colonización o aniquilación del prójimo…

También, de soslayo, habla del proceso de creación artística, que al fin y al cabo es otra forma de generar vida, aunque sea en un plano alternativo a la realidad.

           La fábula se sostiene, pasando por ingenua, mientras la narración mantiene un perfil relativamente contenido de cine de terror psicológico y claustrofóbico, gracias a que el realizador neoyorkino es hábil transmitiendo la incredulidad, la incomodidad, el agobio y la sensación de inminente e incesante amenaza que padece la protagonista. Luego, de improviso, pierde los estribos y se entrega a un delirio que uno no sabe si es divertido o enervante por su apoteósico desenfreno. Lo que queda claro es que la metáfora se hace ya sonrojante. Pero el cineasta tampoco parece temer tal consideración, lo que no deja de ser valiente.

           Sea como fuere, advertidos quedan, dice Aronofsky. Que no tenga que haber un tercer aviso.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 4.

Alien: Covenant

5 Jun

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Año: 2017.

Director: Ridley Scott.

Reparto: Michael Fassbender, Katherine Waterston, Billy Cudrup, Danny McBride, Demián Bichir, Amy Seimetz, Carmen Ejogo, Jussie Smollett, Callie Hernandez, James Franco, Guy Pearce.

Tráiler

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           El inglés Ridley Scott podría personificar el erial de ideas que parece asolar el cine comercial de Hollywood, entregado a las trilogías, las sagas, las secuelas, las precuelas, los crossovers. los remakes, los reboots y la nostalgia como producto de mercadotecnia. Otrora director de prestigio, en los últimos años su concurrencia en el séptimo arte viene ligada de la recuperación de Alien, el octavo pasajero y Blade Runner, dos piezas que justifican por sí solas una carrera y, por lo visto, a cuya mítica estela está decidido entregar este tramo final de su filmografía. O no solo a ella, porque rizando el rizo incluso ha planteado la posibilidad de resucitar -esta vez literalmente- al Máximo Decimo Meridio de Gladiator, ídolo popular. 

           Alien: Covenant no solo subvierte la premisa original de distanciar la nueva serie iniciada con Prometheus de la saga precedente de Alien -una decisión cuyo cumplimiento era ya bastante cuestionable en la anterior-, sino que profundiza en las fallidas intenciones filosóficas de su antecesora inmediata hasta conformar una especie de híbrido de, precisamente, Blade Runner. En ella, el androide David replica definitivamente al rebelde, reflexivo y agónico Roy Batty -guiños directos incluidos-; si bien el romántico Nexus-6, aparte de ser una mezcla de superhombre y monstruo de Frankenstein que repudiaba a su frío creador, amaba empáticamente la vida sobre todas las cosas, a diferencia de este ciborg que insiste en proclamarse el Ángel Caído que reina sobre el paraíso perdido de John Milton.

           La búsqueda del sentido de la vida a través del encuentro con el demiurgo -principal leit motiv de Prometheus-, de nuevo la tentación de jugar a ser Dios y sus implicaciones morales -obviamente con música de Richard Wagner para aludir a las filiaciones nietszcheanas y nazis del debate-, la dualidad espiritual -aunque sea dentro de una carcasa sintética-, la tensión psicológica que propicia el conflicto entre la fe -el Destino manifiesto que reproducen estos colonos de una nueva frontera- y el azar como explicación potencial de la existencia y de los hechos que ocurren. El argumento de Alien: Covenant es ambicioso. Sin embargo, ni el texto ni Scott desde la imagen encuentran la clave para dotar de trascendencia a la obra, que se limita a lanzar sentencias rimbombantes al vacío, desligadas de un empaque verdadero.

           Es de agradecer que el libreto no sea el desastre lógico que hundía Prometheus y que la narración esté articulada con fluidez. Pero aun así, la parte más lúdica del filme, su componente de terror en el espacio, de la supervivencia en la caza del ser humano retrotraído a los escalafones inferiores de la cadena trófica, no deja de ser la repetición de unos sustos bien conocidos y suficientemente explotados en todas las entregas precedentes. En este aspecto, funcionan mejor cuanto más ‘artesanales’ son. Esto es, cuando la realización cruda, la presencia gótica y las sensaciones físicas priman sobre el equilibrismo digital. 

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Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 5,9.

Nota del blog: 6.

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