Tag Archives: Alien

Alien: Resurrección

14 Sep

.

Año: 1997.

Director: Jean-Pierre Jeunet.

Reparto: Sigourney Weaver, Winona Ryder, Ron Perlman, Dominique Pinon, Gary Dourdan, J.E. Freeman, Brad Dourif, Dan Hedaya, Michael Wincott, Kim Flowers, Leland Orser, Raymond Cruz.

Tráiler

.

         Alien³ había sido una producción calamitosa, pero la película que había salido de ella -una buena idea que degeneraba en collage caótico resuelto a trancas y barrancas- dio lo suficiente de sí en taquilla como para arriesgarse a una cuarta entrega que, en cualquier caso, debía apostar por un truco espectacular para romper el círculo que se había cerrado con un plano que regresaba, con lejana voz en off y en una doliente oscuridad, a la sala de estasis donde amanecían las recurrentes pesadillas de Ellen Ripley, enredada en un juego de ataques y contraataques con su antagonista, el monstruo, hasta quedar fundidos ambos -tanto en sentido orgánico como industrial- en un solo ser, en una dualidad.

Así pues, Alien: Resurrección parte de este concepto final para, en un nuevo salto temporal y tecnológico, recuperar a la sufrida teniente por medio de una clonación que, entre otros frutos, deja fusionadas la genética de la mujer con la del xenomorfo. Esa lectura temática acerca de la sexualidad y el parto que rondaba Alien, el octavo pasajero y se prolongaba en Alien³ se encuentra aquí materializada de forma explícita, desde el cordón umbilical de la cría y la placenta que envuelve a la protagonista resurrecta, hasta el alumbramiento intercambiable -el nacimiento vivíparo de la definitiva criatura híbrida, de aspecto y funcionamiento bastante grotesco, a decir verdad-. Del hijo de Kane, como lo llamaba el androide Ash, al hijo de Ripley, integrada ya en el linaje de los monstruos que combate para defender a la humanidad y, de hecho, metamorfizada en el arma definitiva contra ellos. Asimismo, se reedita la maternidad adoptiva que en Aliens: El regreso se enfocaba hacia esa pequeña cuya salvación significaba la salvación de la especie, aquí enfocada, paradójicamente, sobre una joven sintética que, citando a Blade Runner, es “más humana que los humanos”.

         En este sentido, Ripley vuelve a fundirse con el xenomorfo, aunque esta vez no en una cuba de plomo incandescente, sino succionada por una masa palpitante de aliens, donde se deja tragar con los ojos cerrados, relajada, con cierta sensualidad. En un vistazo general, el planteamiento es coherente con el arco total del personaje, si bien mirándolo más de cerca durante el camino, por momentos parece desquiciarlo, sin saber muy bien cómo darlo continuidad de manera natural, más allá de dejándose llevar por el delirio en el que se sume todo.

Aunque lo cierto es que, en cada secuela, Ripley nunca es la Ripley del Nostromo. En Aliens: El regreso despertaba del hipersueño 57 años después del trauma, lejos de su tiempo y de su vida, reservando además cierto margen para el campo de lo onírico que podría renovarse en Alien³ como una nueva pesadilla a la que despierta de golpe, en un nuevo círculo del infierno. En un acto de sinceridad, Alien: Resurrección reconoce verbalmente esta situación: que esta Ellen Ripley ya no es Ellen Ripley, sino otra cosa. No es una oficial de un carguero comercial -es decir, un camión con ínfulas-, sino una entidad sobrehumana que viaja por el tiempo y el espacio. Superheroica, podría decirse, puesto que, al igual que muchos de los superhéroes, es una mutación.

         Con guion de Joss Whedon -que andando el tiempo se convertiría en el gran revisor y actualizador del relato superheroico con su trabajo en la división cinematográfica de Marvel-, Alien: Resurrección marca un abrupto cambio de tono respecto a la degradada y terminal Alien³ y, de paso, frente al resto de la serie. De tan alocada, es festiva. El humor posmoderno y la violencia frívola del dibujo animado -así como un abuso de la permisividad lógica vinculado a esta esencia comiquera medianamente irreverente- vibran en las imágenes que entrega Jean-Pierre Jeunet, quien ya había creado mundos fantasticos tan tétricos como farsescos en Delicatessen y La ciudad de los niños perdidos. En esta, las sombras deforman los rostros no para acentuar su dualidad y su conflicto, sino para volverlas máscaras cómicas, bizcas, ridículas. También induce a ello la selección de actores, en los que el francés recupera rostros tan peculiares como los de Ron Perlman y Dominique Pinon para interpretar personajes más bien estrafalarios.

         Dando la espalda a buena parte de la mitología de la saga -en especial la siniestra compañía Weyland-Yutani-, Alien: Resurrección da de sí el círculo hasta cerrarlo en un punto que ni siquiera aparecía en el original: el regreso a la Tierra. Por ahora, tras dos precuelas para asentar los orígenes del ciclo –Prometheus y Alien: Covenan– y con otra nueva secuela estancada en el rumor, ahí queda la historia.

.

Nota IMDB: 6,2.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 6.

Alien³

13 Sep

.

Año: 1992.

Director: David Fincher.

Reparto: Sigourney Weaver, Charles S. Dutton, Charles Dance, Ralph Brown, Brian Glover, Danny Webb, Paul McGann, Pete Postlethwaite, Niall Buggy, Vincenzo Nicoli, Philip Davis, Paul Brennen, Holt McCallany, Lance Henriksen.

Tráiler

.

          En Aliens: El regreso poner a salvo a una niña equivalía a salvar a la humanidad en su conjunto de las garras del monstruo, fuese este una encarnación literal del mal -el xenomorfo- o más esquinada -la gran corporación, la Weyland-Yutani, que rige los designios de los personajes-. Frente a ello, Alien³ es una continuación que, desde los títulos de crédito, cercena de raíz esta esperanza, humillada salvaje y siniestramente en un grito congelado. También desguazará la dirección a la que James Cameron había encaminado la saga.

          Alien³ regresa al terror gótico de Alien, el octavo pasajero, si bien aterrizando en un ambiente extraño, delirante e infernal. En una cárcel y campo de trabajo donde los presos son, al mismo tiempo, esclavos de la empresa y monjes que buscan lavar sus pecados mediante la entrega a las labores materiales mientras lidian con la carestía y las plagas. Es, en el fondo, otra pesadilla del hipersueño de Ripley donde los seres humanos son material de reemplazo. Hay un pálpito medieval y milenarista, una atmósfera de culpa y redención, que impregna un escenario, construido mediante un encomiable diseño de producción, que no es sino la deformación de la idea original de Vincent Ward, quien había imaginado un planeta-monasterio sobre el que liberar a Ripley y el alien, es decir, la presencia perturbadora de la mujer y del diablo.

Sin embargo, el proyecto del cineasta neozelandés naufragaría en el cruce de intereses comerciales y artísticos de la productora, que la refundiría con otras aportaciones previas y posteriores que terminarían por sembrar un caos que, a la postre, se traduciría en un argumento en el que permanecen deshilachados conceptos, secuencias y esa multitud de personajes a los que se reduce a carne de cañón para el monstruo. A David Fincher, recién llegado de la publicidad -como en su día Ridley Scott- y el videoclip, el encargo le quedaría grande, ya que las imposiciones de arriba frustrarían su trabajo hasta casi hundir su aún inexistente carrera en el cine.

          Pero eran ideas suficientemente potentes para, en buena medida, capear el desastre. Volviendo al relato sobreviviente, el elemento de desasosiego sexual, que en la primera se personificaba en un extraterrestre que invade y revienta los cuerpos, es aquí la viajera errante que ha ido a parar a una prisión de criminales que tratan de reprimir a duras penas su abyección -y que da pie a una excelente selección de secundarios británicos de aspecto patibulario, lo que sumado a la estética de derribo industrial bien podría equivaler a una alucinación apocalíptica de Ken Loach-. Un subtexto que se subrayará definitivamente con el giro en la relación particular que une a Ripley con el alien.

A la vez, en esta tercera entrega Ripley ya ha completado su metamorfosis de víctima a guerrera. Recibe tratamiento de teniente y su percepción está agudizada hasta presentir la amenaza -la inyección- o la muerte -el suceso del ventilador-. Si en Aliens se le recortaba el pelo para endurecer los rasgos angulosos de Sigourney Weaver, en Alien³ la actriz luce rapado.

          El planteamiento y la ambientación suman un gran atractivo a una cinta que, a la postre, quiere regresar al slasher de Alien, el octavo pasajero. Una deriva que deteriora la cinta conduciéndola a un plan confuso que se resuelve a través de confusas carreras entre pasillos, y donde la imagen de la nueva criatura -hibridada con un perro en la versión estrenada en salas y con un buey en la reedición de 2003- hacen lamentar que esa batalla que arrancaba entre los efectos prácticos y los digitales se resolviera en favor de los segundos.

.

Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 5,9.

Nota del blog: 6,5.

Aliens: El regreso

12 Sep

.

Año: 1986.

Director: James Cameron.

Reparto: Sigourney Weaver, Michael Biehn, Carrie Henn, Paul Reiser, Lance Henriksen, Bill Paxton, William Hope, Jenette Goldstein, Al Matthews, Mark Rolston, Ricco Ross, Colette Hiller, Daniel Kash.

Tráiler

.

         La continuación de Alien, el octavo pasajero es el tránsito de una película con espíritu de serie B lustrosa a un blockbuster espectacular. Al frente de esta evolución en la saga se hallaba James Cameron, avalado por otro clásico moderno de la ciencia ficción, Terminator, del cual importaría a los actores Lance Henriksen, Bill Paxton y Michael Biehn. Si en la primera son un puñado de camioneros del espacio los que deben hacer frente a una amenaza sobrehumana, en Aliens: El regreso serán unos marines galácticos los que, con sus músculos definidos por el sudor, sus grandes cañones y sus chascarrillos cuartelarios, tengan la misión de borrar al monstruo de la faz del universo. El terror atmosférico de espacios angustiosos y oscuros, donde el mal acecha escondido, deja su lugar a una sinfonía de explosiones, ametrallamientos y lanzallamas con los que atajar a las hordas enemigas.

         La relativa naturalidad de esos personajes abandonados en un entorno extraño y hostil, que era uno de los principales puntos fuertes de la primera, se pierde en favor de unos caracteres más convencionales pero que se ajustan a las necesidades de esta variación en el tono. Cameron trata de asimilar al espectador a los soldados con una cámara que, en escenas de tensión como la entrada al nido, opera como si fuese un integrante del pelotón, así como con las tomas que proceden de los cascos de los marines, que refuerzan ese punto de vista subjetivo. No obstante, permanece esa noción de que, a la postre, la criatura más peligrosa es el ser humano. “Ellos no se putean los unos a los otros a cambio de un porcentaje”, se llega a sentenciar, en reproche a la personificación de esta multinacional que, en la inauguración, conformaba un abstracto villano de fondo.

En parte, desde ese punto de vista de territorio fronterizo -la colonización espacial- y con la recuperación del tema del asedio que ya establecía conexiones hawksianas en la anterior, Aliens: El regreso conserva lejanas notas de western futurista en una cinta que no trata de reincidir tramposamente en las claves del original, sino en buscar nuevos caminos por los que abrirse paso. Con ellos, se da su forma definitiva a la mitología de la serie, con un desarrollo de la naturaleza del xenomorfo. De hecho, a modo de muestra, es aquí donde se emplea el término por primera vez.

         La acción de corte bélico ochentero, en definitiva, reemplaza a la inquietud constante, a la par que la salvación de una niña ofrece la medida del drama. Sigue manteniendo una espectacularidad visual que evita que se note demasiado la hipertrofia de la narración, rematada con un hiperbólico duelo de reinas, mano a mano, pasado de rosca. El estrépito contradice la posibilidad de lo onírico, puesto que el argumento nace con Ripley como una bella durmiente -las alusiones a los cuentos tradicionales continuarán luego cuando se le llame sarcásticamente “Blancanieves”, aunque no venga precisamente de convivir con siete enanitos en la Nostromo, y con la conversación con su protegida sobre los relatos de monstruos-. Una bella durmiente que, además, se deshace en pesadillas.

La caracterización de Sigourney Weaver, con el cabello más corto, el rostro más duro y empuñando armatostes militares para emprender el contraataque, evidencia también los cambios entre una y otra entrega, con un proceso que hasta anticipa al que Cameron aplicará a la Sarah Connor de Terminator -confianza en los androides incluida, por cierto, en la presente estará interpretado, y con mucho tino, por Lance Henriksen, un experto en papeles de malo-.

         El éxito en la taquilla propiciaría el rodaje de nuevas continuaciones.

.

Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 6,5.

Alien, el octavo pasajero

11 Sep

.

Año: 1979.

Director: Ridley Scott.

Reparto: Sigourney Weaver, Tom Skerritt, John Hurt, Yaphet Kotto, Veronica Cartwright, Harry Dean Stanton, Ian Holm, Bolaji Badejo, Helen Horton.

Tráiler

.

         A finales de los setenta, la era de lo taquillazos se abría paso dejando tras de sí un tentador reguero de dólares. Se suelen citar dos películas icónicas para ilustrar este amanecer, Tiburón y La guerra de las galaxias. Episodio IV: Una nueva esperanza. Alien, el octavo pasajero posee un depredador letal que opera igual que el asesino implacable de un slasher -otro género que arrasaba entre el público- en un entorno donde el ser humano se encuentra en inferioridad de condiciones, el espacio exterior, uno de los escenarios privilegiados por ese tirón popular de la ciencia ficción. No es de extrañar que, en este momento determinado y luciendo semejantes ingredientes -que entroncan además con clásicos del género como El enigma de otro mundo, que en este tiempo también se reeditaría con La cosa-, la primera irrupción del xenomorfo en el cine sentara las bases de una saga de culto.

Estas corrientes cinematográficas vendrían de la mano de auténticos cineastas cinéfilos. John Carpenter, devoto del cine de género, sería precisamente quien actualizaría El enigma de otro mundo. Provenía de la Universidad de California, de donde salió con un irreverente proyecto de ciencia ficción, Estrella oscura, armado junto a Dan O’Bannon. Responsable de buena parte de las ideas del desenfadado guion y del diseño de unos descaradamente estrafalarios efectos especiales, en esta cinta O’Bannon se las hacía pasar canutas al sargento Pinback poniéndolo a perseguir a su mascota extraterrestre por los pasillos de la nave Dark Star que daba nombre al filme. Es decir, una semilla que, desnudada de comedia paródica, germinaría en Alien, el octavo pasajero, también con la participación en la escritura de Ronald Shusett -con quien O’Bannon colaborará posteriormente en otro conocida producción del género, Desafío total-, amén de posteriores retoques a cargo de Walter Hill, David Giler y Gordon Carroll, propietarios de los estudios Brandywine y que velarían, de aquí en adelante, por la coherencia de los siguientes capítulos de la serie.

         En realidad, el armazón argumental de Alien, el octavo pasajero se puede encuadrar perfectamente dentro de la serie B por su sencillez conceptual y su concisión narrativa -luego, paradójicamente, inflada de filosofía mística en el devenir de la franquicia, en especial en las pretenciosas entregas actuales con las que Ridley Scott se empeña en rebuscar las monedas que hayan podido quedar olvidadas en viejos cajones-.

Por aquellas fechas, Scott, que traía el bagaje de una prolija carrera en la publicidad, trataba de consolidar su nombre como director de cine, después de llamar la atención con Los duelistas. Alien, el octavo pasajero lo consagraría como uno de los nombres a seguir. Sus imágenes llevarían a buen puerto la creación de atmósfera que invoca un soberbio diseño de producción en el que H.R. Giger consigue uno de los trabajos más celebrados del séptimo arte. El director, por su parte, dominará el terror mediante el tempo de la escena. Las explosiones de violencia gráfica abren la veda para dejar claro al espectador lo que se le viene en cima -y, según la conocida anécdota, también a un reparto que no sabía lo que iba a acontecer sobre la mesa donde se retorcía la víctima-; pero a la postre son contadas. Un páramo de oscuridad, niebla y desolación; una tensa espera entre estancias lóbregas, la asfixia claustrofóbica de un túnel donde se avanza con torpeza con un tosco lanzallamas, las sombras que se manifiestan desde la nada, cegadoras luces estroboscópicas… Los formatos con los que provocar inquietud son variados y estimulantes.

         En cualquier caso -y de nuevo al igual que el desenlace de Tiburón-, esos mimbres narrativos servirían para conectar otra vez con Howard Hawks -quien se dice que dirigió buena parte de El enigma de otro mundo-, y por consiguiente a un admirador suyo como Carpenter, a partir de un relato de supervivencia extrema en el que se observa el comportamiento de un grupo humano sometido a un asedio homicida. Y, como los personajes hawksianos, los de Alien, el octavo pasajero son personajes vivos, con personalidades definidas con tanta concreción como eficacia. En contraste con la aparatosa ingeniería espacial -no siempre sofisticada, no obstante-, la tripulación del carguero comercial Nostromo está conformada por currelas que hacen coñas durante el almuerzo, protestan por el reparto de tareas, discuten por la paga extra y se enfrentan como buenamente pueden -esto es, a trancas y a barrancas, con una desesperación que poco ayuda a encauzar una actuación colaborativa- contra una entidad que no solo sobrepasa sus capacidades de lucha, sino que además cuenta con el traicionero respaldo de la empresa.

La identificación por estos sufridos empleados de multinacional, prescindibles a ojos de sus jefes y abandonados de la mano de Dios -aquí Madre, la personificación de la tecnología que gobierna la nave-, es de una importante efectividad. A ello contribuye asimismo una acertada elección del reparto, alejada de prototipos artificiales en su edad y su aspecto, acaso coletazos de ese Nuevo Hollywood que declinaba arrasado precisamente a mamporros de blockbuster. En este contexto, adquiere pleno sentido la prosaica sordidez de ese componente sexual que arraiga en el terror de Alien -y que irá más allá en entregas posteriores-, con el desasosegante e invasivo abrazacaras, la explícita alusión al “hijo” de Kane, las insinuaciones fálicas en una de las muertes y, por último, ese tradicional enfrentamiento entre la bestia y una doncella que, en esta ocasión, y aun estando en paños menores, será de armas tomar.

.

Nota IMDB: 8,4.

Nota FilmAffinity: 8.

Nota del blog: 8.

Alien: Covenant

5 Jun

.

Año: 2017.

Director: Ridley Scott.

Reparto: Michael Fassbender, Katherine Waterston, Billy Cudrup, Danny McBride, Demián Bichir, Amy Seimetz, Carmen Ejogo, Jussie Smollett, Callie Hernandez, James Franco, Guy Pearce.

Tráiler

.

           El inglés Ridley Scott podría personificar el erial de ideas que parece asolar el cine comercial de Hollywood, entregado a las trilogías, las sagas, las secuelas, las precuelas, los crossovers. los remakes, los reboots y la nostalgia como producto de mercadotecnia. Otrora director de prestigio, en los últimos años su concurrencia en el séptimo arte viene ligada de la recuperación de Alien, el octavo pasajero y Blade Runner, dos piezas que justifican por sí solas una carrera y, por lo visto, a cuya mítica estela está decidido entregar este tramo final de su filmografía. O no solo a ella, porque rizando el rizo incluso ha planteado la posibilidad de resucitar -esta vez literalmente- al Máximo Decimo Meridio de Gladiator, ídolo popular. 

           Alien: Covenant no solo subvierte la premisa original de distanciar la nueva serie iniciada con Prometheus de la saga precedente de Alien -una decisión cuyo cumplimiento era ya bastante cuestionable en la anterior-, sino que profundiza en las fallidas intenciones filosóficas de su antecesora inmediata hasta conformar una especie de híbrido de, precisamente, Blade Runner. En ella, el androide David replica definitivamente al rebelde, reflexivo y agónico Roy Batty -guiños directos incluidos-; si bien el romántico Nexus-6, aparte de ser una mezcla de superhombre y monstruo de Frankenstein que repudiaba a su frío creador, amaba empáticamente la vida sobre todas las cosas, a diferencia de este ciborg que insiste en proclamarse el Ángel Caído que reina sobre el paraíso perdido de John Milton.

           La búsqueda del sentido de la vida a través del encuentro con el demiurgo -principal leit motiv de Prometheus-, de nuevo la tentación de jugar a ser Dios y sus implicaciones morales -obviamente con música de Richard Wagner para aludir a las filiaciones nietszcheanas y nazis del debate-, la dualidad espiritual -aunque sea dentro de una carcasa sintética-, la tensión psicológica que propicia el conflicto entre la fe -el Destino manifiesto que reproducen estos colonos de una nueva frontera- y el azar como explicación potencial de la existencia y de los hechos que ocurren. El argumento de Alien: Covenant es ambicioso. Sin embargo, ni el texto ni Scott desde la imagen encuentran la clave para dotar de trascendencia a la obra, que se limita a lanzar sentencias rimbombantes al vacío, desligadas de un empaque verdadero.

           Es de agradecer que el libreto no sea el desastre lógico que hundía Prometheus y que la narración esté articulada con fluidez. Pero aun así, la parte más lúdica del filme, su componente de terror en el espacio, de la supervivencia en la caza del ser humano retrotraído a los escalafones inferiores de la cadena trófica, no deja de ser la repetición de unos sustos bien conocidos y suficientemente explotados en todas las entregas precedentes. En este aspecto, funcionan mejor cuanto más ‘artesanales’ son. Esto es, cuando la realización cruda, la presencia gótica y las sensaciones físicas priman sobre el equilibrismo digital. 

.

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 5,9.

Nota del blog: 6.

Prometheus

8 Ago

“Es absurdo pensar que estamos solos en el universo.”

Ridley Scott

 .

 .

Prometheus

 .

Año: 2012.

Director: Ridley Scott.

Reparto: Noomi Rapace, Michael Fassbender, Charlize Theron, Idris Elba, Logan Marshall-Green, Guy Pierce.

Tráiler

 .

 .

            Es quizás su irregular trayectoria reciente la que le haya llevado a Ridley Scott a echar la vista atrás e intentar reverdecer los viejos laureles de quien otrora fuera uno de los más importantes y mejores renovadores de la ciencia ficción gracias a títulos como Alien: el octavo pasajero y Blade Runner.

Un retorno al pasado –recurso en alza en estos tiempos de sensibilidad ochentera y escasez de ideas y originalidad- en el que, no obstante, Scott tira de orgullo y no renuncia a la autoría por medio del reciclaje de una serie agotada, un intento de desmarcarse del monstruo creado con una reconversión hacia terrenos más trascendentes, tomando como punto de partida aquel enigmático space jockey que a tantas cábalas ha dado lugar entre los apasionados de la saga.

Nobles, arriesgadas e interesantes intenciones -tambien imbricadas en esa molesta y obviamente comercialista tendencia de otorgar explicaciones prosaicas a conceptos sugerentemente abstractos-, pero que luego hay que cumplir.

            Si la expedición del Nostromo se adentraba en el infierno, localizado en los confines del Universo, la nave Prometheus lo que aspira es a encontrar el cielo, dialogar con el sumo hacedor y conocer los secretos de la existencia.

Sin embargo, Prometheus –el titán que, en la mitología griega, creó e igualó a los hombres con los dioses entregándoles el fuego- no logra alzar el vuelo como película de ciencia ficción reflexiva, filosófica o metafísica como, proponiendo un modelo lejano, podría ser 2001: Una odisea del espacio o el introspectivo viaje espacial del Solaris de Tarkovski. Más bien acaba recordando de nuevo, quizás sin quererlo o simplemente resignándose a ello, a uno de aquellos filmes de terror fantacientífico que se quisieron ver como influencia del primer Alien, como la italiana Terror en el espacio.

Esa mirada pesimista hacia el propio ser humano, un demiurgo en sí mismo -una vertiente dentro de la cual se retoma además el tema de la maternidad traumática y aberrante de la saga original-, acaba por carecer de garra. Se acaricia en varios tramos sin incidir nunca en profundidad, mientras que otros cabos quedan sueltos por torpezas de un guion poco atrevido a la hora de la verdad -ese concepto de mensaje prehistórico de ‘llamada al planeta’ no parece tener demasiado sentido- y que, desde esta perspectiva espiritual, apuesta como asunto central por una poco convincente defensa de la fe como motor existencial.

            De la misma manera, esta superficialidad se extiende a un reparto poblado de personajes en general poco trabajados –a excepción, en parte, de aquellos encarnados con notable corrección por Noomi Rapace y el hiperactivo Michael Fassbender, que continúa labrándose un nombre importante-, desaprovechados o decorativos –como caso más flagrante, el de Charlize Theron, esa mujer descorazonada más androide que los androides-, o directamente imbéciles -el científico que se lanza a explorar un planeta sin escafandra y a lo loco; el biólogo que mete la mano en la boca de una especie desconocida-. Estos últimos son plaga, capaces de destruir cualquier credibilidad que pudiera tener un relato de por sí engoladamente rimbombate y terminan por provocar la sensación de que se merecen cualquier atrocidad que les ocurra. Siguiendo esta línea, se suma el total absurdo de maquillar a un actor joven con el único fin de encarnar a un anciano –¿no hay en todo Hollywood septuagenarios de garantías en activo?-, si bien, al parecer, es una estrategia para introducir flashbacks o pasajes sobre el pasado de la siniestra compañía Weyland finalmente perdidos en el olvido.

             Por lo menos, apoyado en un fabuloso escenario natural, aún permanece el talento técnico de Scott en una factura visual apabullante, demostrando ser un cineasta a priori perfectamente capaz de sacarle todo el jugo a un recurso todavía en pañales como es el 3D, y, más comedidamente, su nervio en la dirección –la película se podría calificar más como insípida que como aburrida-.

 .

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 4,5.

A %d blogueros les gusta esto: