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Moon

6 Mar

“There is no dark side of the Moon really. As a matter of fact it’s all dark.” /
“En realidad, no existe el lado oscuro de la Luna. De hecho, todo es oscuridad.”

Pink Floyd (Dark Side of the Moon)

Moon

Moon

Año: 2009.

Director: Duncan Jones.

Reparto: Sam Rockwell, Kevin Spacey, Dominique McElligott, Kaya Scodelario.

Tráiler

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             Configurando una imagen esclarecedora, el epicentro de la utopía que abre Moon se encuentra en el lado oscuro de la Luna, receptáculo de la energía solar destinada a paliar las necesidades -y con ello las tensiones socioeconómicas- de tres cuartas partes de la sobrepoblada e insaciable Tierra.

             En su debut en el largometraje, Duncan Jones escoge un marco sideral –cosa que hubiera hecho las delicias de alguna de las encarnaciones de su célebre progenitor, David Bowie– para ambientar una reflexión sobre el estatus contemporáneo del hombre, reducido a simple pieza intercambiable en el engranaje del gran capitalismo -aquel que conmemora a diario suntuosos sacrificios cruentos a los insaciables dioses del beneficio-, y, en menor medida, sobre la incomunicación en la era de las comunicaciones –en este sentido, el único interlocutor inicial del protagonista será una máquina con una pequeña pantalla para mostrar emoticonos, dadas las inconexas, descontextualizadas y frustrantes comunicaciones que realiza con su hogar y con los directivos de su empresa-.

             Así pues, Moon, en vez de revelar una engañosa utopía desde la grandilocuencia, a nivel planetario, opta por descubrir el lado oscuro que oculta la quimera desde la óptica intimista y personal del solitario operario encargado de materializar esta realidad ideal desde su remota base, sita en el invisible envés del satélite.

Incluso su aparición, esprintando sobre una cinta de correr, parece querer componer una metáfora de cómo él solo, con su esfuerzo, es el que proporciona la energía de manera directa. Una imagen simbólica a la que habría que añadir para otro mensaje más relevante en lo posterior: el que aparece en logo de su camiseta, “Wake Me Up”, una necesidad de despertar, de abrir los ojos a su verdadera y descorazonadora condición, de atreverse a mirar a ese reverso tenebroso indisociable de la realidad.

              De nuevo, el futuro ofrece la lupa con la que observar de cerca al presente –necesidad acentuada ante la aterradora y prácticamente unánime imposición de mensajes neoconservadores y ultraliberales- y los problemas existenciales del hombre.

Un paso más, por tanto, en la indagación del proceso de deshumanización de la sociedad contemporánea, de la pérdida del derecho a sentir y experimentar emociones como fin existencial, por parte de una película que sabe recoger el testigo de algunos presupuestos ya tratados con mayor o menor detenimiento en otras cintas precedentes, con Tiempos modernos a la cabeza y con la mención especial, dado el argumento del filme, de Blade Runner y sus tan sentimentales replicantes.

             Beneficiado por el buen hacer de Sam Rockwell -solista de la película, a excepción del acompañamiento mecanizado de ese entrañable ayudante mecánico con la voz, en versión original, de Kevin Spacey- y el oficio de Clint Mansell a los mandos de la partitura, Jones da muestras de un prometedor talento en la realización con la construcción de una atinada y rotunda alegoría en la que sostiene con admirable pulso -y no era tarea sencilla- la mezcla de drama e intriga, perfectamente hibridados con las formas de ciencia ficción del relato.

Su labor de dirección, contenida, firme, reconfortantemente clásica pese a las carencias presupuestarias y a tratarse de una opera prima, queda apoyada sobre un guion, también firmado por él mismo, que resulta inteligente e imaginativo, sin estridencias innecesarias o facilonas pese a su contexto futurístico y dramático; una combinación gracias a la cual Moon consigue presentarse como una obra fresca y original, dotada de un contenido sorprendente, sustancioso y atinado.

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Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 8.

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