Blade Runner

27 Nov

“Al público le gusta ver películas sobre seres humanos.”

Richard Gere

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Blade Runner

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Blade Runner.

Año: 1982.

Director: Ridley Scott.

Reparto: Harrison Ford, Rutger Hauer, Sean Young, Edward James Olmos, Daryl Hannah, Brion James, Joanna Cassidy, William Sanderson, Joe Turkel, M. Emmet Walsh.

Tráiler

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            A orillas de un bucólico lago, el monstruo, una criatura abominable creada por el hombre para vergüenza del hombre, acepta con delicadeza el ramo de margaritas que le tiende una pequeña niña, quien ha leído la inocencia y la sensibilidad que resplandecen en su corazón.

El ser humano siempre ha encontrado una enorme dificultad para definir las fronteras de su propia humanidad. O, más bien, para reconocer al “diferente”, al “extranjero”, al “otro” como perteneciente a ella misma. Si Frankenstein difuminaba y retorcía hasta dejar irreconocibles las líneas que separaban a humano y monstruo, Blade Runner -adaptación libre de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick y en buena medida una revisión de ese mito del homo sapiens elevado a Demiurgo-, replantea de nuevo las dudas existenciales del hombre desnudo ante el espejo a través del enfrentamiento irreconciliable entre el ser biológico (el ‘blade runner’) y el ser tecnológico (el replicante).

            Ejemplo paradigmático del potencial filosófico de la ciencia ficción -aquel que había servido para que 2001: Una odisea del espacio y El planeta de los simios elevaran este género cinematográfico menor a la categoría de arte que ya ostentaba en la literatura-, Blade Runner explora cuestiones tan enjundiosas y complejas como el cuestionamiento de los límites de lo humano, el irracional desprecio del prójimo, el choque entre progreso científico y ética, la sacralidad de la vida, el imperecedero temor a la muerte o la existencia misma de la realidad y de la identidad.

Material reflexivo de primer orden, expresado en fotogramas imbuidos de fuertes reminiscencias religiosas –el infierno en la Tierra, el hijo pródigo, el ángel caído, la muerte de Dios, el clavo atravesando la mano, el superhombre nietzscheano según algunas interpretaciones- así como de una sugerente y manifiesta filiación noir –el entorno urbano degradado y opresivo, el fatalismo irreparable y la ausencia de futuro, el antihéroe cínico y decepcionado-.

            Los Ángeles nunca había sido un territorio tan angustioso y pesimista, tan tecnificado y tan atávico al mismo tiempo; plagado de orgullosos rascacielos huecos, ciclópeas estructuras piramidales, fuegos inextinguibles, deslumbrantes neones; basura, polvo y miseria. Una inmensa Babel derrumbada sobre sí misma, con las vías de escape selladas.

La construcción de atmósfera de Ridley Scott, amparado en el monumental diseño artístico de Syd Mead, influencias tan distantes como el Noctámbulos de Edward Hopper o las ilustraciones de Moebius, y el apoyo musical de la excepcional partitura de Vangelis, adquiere la categoría de auténtica obra maestra. El realizador británico, que venía con las mieles de rodar un clásico Alien: el octavo pasajero y las hieles del fracaso en su proyecto de llevar a la gran pantalla Dune, encuentra el escenario perfecto para ambientar un drama cargado de apabullante intensidad trágica y trascendente, camuflada tras este telón de fondo futurístico-distópico amalgamado con los códigos tradicionales del cine negro.  

            El desconcertante contraste entre la máquina -un perfecto maremágnum de emociones consciente de su ser y de su finitud- y el hombre -un ente agónico que recibe con conformista abulia su propia decadencia-, coloniza un relato abisal que sugiere, perturba y descerraja incertidumbres y dilemas morales a partes iguales. La evolución de Rick Deckard (quizás la mejor actuación de Harrison Ford), descreído asesino de replicantes, a lo largo del contacto íntimo con esos mismos objetos a los que se encarga de dar caza sin cuartel, desborda la pantalla en un crescendo de sentimientos encontrados, destinados a explosionar y dejar definitivamente sin asideros al espectador por medio de uno de los monólogos más célebres de la historia del cine, soliloquio memorable acerca un tema eterno y universal: el tiempo que todo lo devora.

            Recuerdos y empatía. Un clásico posmoderno con mayúsculas.

 

Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 8,2.

Nota del blog: 10.

26 comentarios to “Blade Runner”

  1. E. J. Castroviejo 27 noviembre, 2013 a 17:07 #

    Qué película, y qué manía la tienes a Dune. Escuché por ahí que el personaje de Harrison Ford era otro robot, ¿tiene sentido? Extraordinario el discurso existencialista del robot al final (¿quiénes somos? ¿De dónde venimos?): yo he visto cosas que vosotros no creeríais…

    • elcriticoabulico 27 noviembre, 2013 a 17:12 #

      No le tengo manía a Dune, hombre. Solo conozco su adaptación al cine, y es verdad que sí me parece muy imperfecta. En cuanto al dilema sobre Harrison, solo puedo decir que en la versión estrenada en 1982 se intuye por dónde puede ir su naturaleza, mientras que en la versión del director, la respuesta es bastante más clara.

    • Walder Messin 29 noviembre, 2013 a 01:37 #

      Deckar es efectivamente un Replicante sugiero leer este interesante articulo: http://planetasprohibidos.blogspot.com/2010/11/es-deckard-un-replicante-blade-runner.html y como bien dice elcritico en la versión “Director” del 2007 se resuelve este eterno dilema. Sobre la película en sí decir que no me interesó en demasía, claramente no es la mítica panacea de la filosofía “scifi” y “noir” como he leído por allí en los últimos años. ¿Sobrevalorado director-film?

      • elcriticoabulico 29 noviembre, 2013 a 12:48 #

        Es un gran artículo el que enlazas, sin duda. Yo no lo considero sobrevalorado. De hecho, este visionado (¿el cuarto quizás?) era para constatar que su genio permanecía inalterable pese a las críticas a Scott. Imagino que, por los pecados del cineasta británico, también se empezará a cuestionarla dentro de poco, pero por lo que a mí respecta, sigue siendo una peli cojonuda.

  2. antoniomartingarcia 27 noviembre, 2013 a 18:10 #

    Sin duda, uno de los hitos de la ciencia-ficción cinematográfica de todos los tiempos. ¡Cuánto talento derrochó Ridley Scott en sólo cinco años y tres películas! “Los duelistas”, “Alien” y Blade Runner” del tirón, y míralo ahora…

  3. Dessjuest 27 noviembre, 2013 a 23:43 #

    Yo iba a decir lo mismo que Antonio, ahora es un Spielberg de la vida, ambos comenzaron cojonudamente y van de mal en peor, pero Ridley aun se suelta un “Gladiator” que es todo un peliculón, el otro moñada tras moñada.

    Sobre la peli poco que añadir, un clásico en toda regla.

    • elcriticoabulico 27 noviembre, 2013 a 23:53 #

      Hay que decir que a Spielberg por lo general se le suele tener más respeto.

      • Dessjuest 28 noviembre, 2013 a 00:05 #

        Cosa injusta para mí, que ya sé que todo es cuestión de gustos, “La Lista de Shindler” es una gran película, “Salvar al moñas de Ryan” también me gusta mucho, las cosas como son, pero Ridley dista mucho de caer tan bajo como con “El caballo WARro y gafe”.

        Ridley podrá ser aburrido, falto de ideas y lo que quieras, ahora digo, pero desde luego no me parece tan Disney Channell como el tito Spielberg.

      • elcriticoabulico 28 noviembre, 2013 a 00:15 #

        A Spielberg se le reconoce el valor de Lincoln, por ejemplo. Y la verdad es que Ridley lleva unas cuantas últimas películas que… Además está el descaro ese de querer revivir laureles haciendo modificaciones de sus propios éxitos, como Robin Hood, o recuperando sin vergüenza alguna sagas intocables como Alien e incluso Blade Runner. No me encuentro entre sus detractores, que andan soltando mucha bilis últimamente, pero se ha ganado a pulso buena parte de su desprestigio.

  4. altaica 28 noviembre, 2013 a 21:55 #

    Otra crónica excepcional y enorme. Es una auténtico placer leerte siempre, pero cuando tienen entre manos algo especial, el derroche de talento es primoroso.

    De la película poco más se puede decir después de leerte, salvo que es precisamente ese lirismo de los replicantes lo que la hace única y especial. Y lo es por la magistral forma con la que nos cuenta el eterno dilema del hombre en su búsqueda de lo inmortal representado por esos replicantes que con independencia de lo que circule por sus ausentes venas con capaces de sentir. ¿Es el hombre humano por lo que está construido?, huesos, sangre, piel y carne, o ¿es hombre por lo que es capaz de sentir, de amar, de percibir, de admirar, de adorar?

    Puede que algunos de esos replicantes, en su lucha por prolongar más su fecha de caducidad, sean capaces de amar más la vida que nosotros mismos, y por ello en esa secuencia que forma ya parte de los anales del cine, él, la máquina salva al humano, dejando prueba evidente de que él, la máquina, es mas humana que Decard, el humano. Y es por ello que al comienzo de la película Decard deja perfectamente marcado el camino filosófico de la obra, “yo soy un ex-policía, un ex-asesino”. Por eso, cuando en la segunda versión del director, que nada aporta y mucho quita, se produce la nefasta idea de dejar ausente la voz en of, se comete un craso error, mal que le pese a los que consideran dicho recurso un ejemplo de limitación narrativa.

    Del bueno de Spielberg se pueden decir muchas cosas, buenas y malas, pero el cine le debe mucho, tal vez más en ámbitos no estrictamente eruditos, pero sí técnicos y de entretenimiento. Y habrá que reconocer que algunas de sus películas son magistrales (ya sabéis lo que opino de la magistral “Salvar al soldado Ryan”), otras notables y muchas suficientes e insuficientes. Pero ya que estamos en esto de la anticipación, a mi me gustó, por ejemplo, más la revisión que hizo de “La guerra de los mundos” que su original de 1953.

    • elcriticoabulico 29 noviembre, 2013 a 12:44 #

      ¡Gracias Altaica! A mí no me parece mal la supresión de la voz en off, que era más bien redundante. Sobre el distinto final y la explicitud de la naturaleza de Deckard, es verdad que puede restar trascendencia a la comparación entre humano y máquina. Pero bueno, dentro de ese mundo tan ambiguo, en el que todas las líneas quedan borrosas (como en el buen noir).

  5. Dessjuest 28 noviembre, 2013 a 23:29 #

    Yo he de decir que “Lincoln” me pareció un coñazo insoportable, de hecho no logré a verla entera ni por asomo, en ese caso tiene más delito ya que tocaba un tema que particularmente me atrae mucho.

    Yo de Spielberg no espero nada ya, cierto que de Ridley tampoco, pero del primero menos, si hasta lo que toca en la tele, “Falling Skies” resulta ser truñaco de primera 🙂

    • elcriticoabulico 29 noviembre, 2013 a 12:45 #

      Hombre Dessjuest, siempre que ando con ganas de ponerme Lincoln de una vez por todas aquí apareces para desanimarme jaja. No te digo ya la del caballo.

      • Dessjuest 29 noviembre, 2013 a 13:14 #

        Pues ve antes la del caballo, que al menos es entretenidilla, la otra es discurso tras discurso, acaban y otro sale a dar otro discurso, la réplica y contraréplica, van a comer y nuevo discurso 😀

        Ves la sesión de control a Rajoy, te los imaginas con barba y a correr.

      • elcriticoabulico 29 noviembre, 2013 a 15:34 #

        Trataré de respetar el orden cronológico entonces.

  6. plared 29 noviembre, 2013 a 03:43 #

    La voz en off le queda realmente bien. Ya que enfatiza su carácter de noir de siempre. Y si, aunque sea una del espacio…. En realidad es cine negro en estado puro,adrezado con pinceladas de existencialismo galáctico.

    Una búsqueda del origen cuando el tiempo se acaba. Una fabula del cazador cazado y ante todo una disertación sobre la propia existencia. Donde los sentimientos mas humanos curiosamente vienen dados por quien no lo son..

    Película que crea un ambiente único. Imitado mil veces posteriormente. Que reinventa el cine del espacio dándole ese toque de calidad que el faltaba. Dotada de una música en la que un saxo llora y queda grabada al igual que la mas humana de las replicantes. Cuya solo presencia ilumina la pantalla.

    Magistral Ford como detective en horas bajas. Magistral Young como promesa con fecha de caducidad. Y por supuesto increíble Rutger Hauer,en un monologo que eriza la piel y la eleva a las cotas mas altas.

    Imprescindible y obra cumbre de un genero que precisamente si de algo anda escaso es de obras maestras. Esta sin duda….Lo es. Cuidaros campeones

    • elcriticoabulico 29 noviembre, 2013 a 12:50 #

      Decía Scott que era algo muy noir que el cazador estuviera cazando a algo que, en realidad, era él mismo. Como vas desgranando, es una película que acumula virtudes desde todos los planos (dirección, interpretación, estética, música,…). Un gran trabajo, demonios. Un abrazo, Plared.

  7. ALTAICA 29 noviembre, 2013 a 09:38 #

    No,Deckar no es un replicante, en caso de serlo toda la obra no tendría sentido y su mensaje interior quedaría huérfano del lirismo y la concepción del mismo de la que hablo. Pero claro, las obras de culto son reinterpretadas de mil maneras. Me gustaría entrar en debate sobre ello y que surgar argumentos que lo justifiquen. Hablo de la versión primera y no de la última, que no me interesa nada, pues ya sabemos como muchos cineastas destrozan sus propias obras por sus ansias de “vivier del pasado” o el concepto tantas veces debatido sobre la finalización de una obra de arte.

    • elcriticoabulico 29 noviembre, 2013 a 12:53 #

      En la primera versión, se duda. En la segunda (que es la que aquí se comenta, por fortuna o por desgracia), la cosa es clara. No recuerdo con suficiente exactitud la película de 1982 como para razonarte el asunto, Altaica. Eso lo dejaré a alguien que sepa precisarlo mejor. La serie de artículos a propósito de Blade Runner que aparecen en la página que enlaza Mersin quizás puedan darte material para debate. Un abrazo.

  8. altaica 29 noviembre, 2013 a 23:03 #

    Acabo de leer el magnífico artículo de Messin y sigo sin estar en absoluto conforme, siempre refiriéndome a la primera y original versión. Veamos.

    Argumentar que en ese mundo distópico, como en cualquier otro, la especie humana deambula carente de principios, ideales, ética o sentimientos es inherente a la propia antiutopía. Pero es que todo el argumentario se derrumba desde su origen, pues en la propia presentación del personaje de Deckar, él a modo de ingreso de principios morales se define como “un ex policía, un ex asesino”. Esto es, asistimos al dibujo de un hastiado policía que a lo largo de sus múltiples y exitosas misiones de eliminar a replicantes, ha decidido abandonar el cuerpo, pues hastiado de tales empresas sugiere una introspección personal que le lleva a reflexionar sobre la ética de eliminar a sujetos que han sido capaces de desarrollar afectos, sentimientos y sentido de la finitud.

    Claro que hay en toda la película, como en todas las obras donde las máquinas adquieren capacidad sentimental, una delgada linea que separa lo humano de la máquina, faltaría más. Esa es la premisa y ahí mora la obra.

    Cuando el inspector deposita el unicornio sobre la mesa a modo de mensaje para Deckar, le está diciendo que su amada es una replicante única, unicorniana, pues no tiene fecha de caducidad, y también, en gran medida, Olmos muestra su humanidad, pues se perfila como un personaje en la sombra que atesora una capacidad de compasión manifiesta. El hecho de que los humanos estén desnaturalizados, no significa que todos, absolutamente todos, estén ya carentes de humanidad frente a unos replicantes, solo los de última generación, que han sido capaces de desarrollar afectos. Igualmente, no todos los humanos son fríos y calculadores, pues el personaje del creador de juguetes se configura igualmente como un elemento reflexivo sobre la afectividad y humanización.

    En relación a los test que se realizan a los replicantes, sería un truco algo bastardo que un replicante-policía fuese capaz de realizar dichos análisis psicológicos siendo una máquina y que al haber dejado el cuerpo de policía no hubiese sido igualmente eliminado después de cumplido sus misiones ejecutoras o de eliminación. ¿Porqué se le hubiese dejado vivir cuando ya no ejercía como máquina-policía? ¿No estaría entonces el guión trucando el discurso tal que premisa de engaño argumental? ¿Cual es el motivo por el que dos replicantes se dirijan al final de la película para las colonias exteriores, donde los replicantes son utilizados como esclavos?

    En cuanto a la transformación que todos los personajes de la películas desarrollan son la propia esencia de la misma. No existiría Blade Runner sin dicha metamorfosis, pues es en ella donde se articula su fundamento, en tanto que humanos y replicantes navegan hacia una mixtura existencial y de imbricación, de fusión y deslinde. El hecho de que algunos elementos jueguen a la miscelánea, no es más que médula del edificio. Qué de ahí se puedan extrapolar posibilidades como hace el magnífico artículo, es del todo oportuno, faltaría más, pero me inclino más una ambigüedad intrínseca y no exclusivamente causal, propia y no inexcusable. En todo caso, los mil laberintos de una obra maestra apasionante.

    Quiero creer que la grandeza de Blade Runner no estriba en que el replicante salve a otro replicante, radica en que Hauer da toda una lección ética y lírica al amar tanto la vida que salva la vida de su posible ejecutor humano. El que a tantos otros de su “especie” cibernética ha eliminado, entre ellos a su amada, a la replicante diseñada para el placer, Hannah. Sin dicho discurso la secuencia famosa y en realidad todo la obra queda huérfana del alegato y de la oda poética que la inunda. Si así fuera, perdería considerando y génesis. Que el director en una segunda revisión introduzca perfiles que a él le hubiese gustado que quedaran explicitados en la versión original, solo demuestra que a Scott no se le debe de dejar excesiva rienda suelta y a las pruebas me remito. Y aquí volvemos al eterno debate sobre los directores y los productores, cuando muchas veces éstos últimos dejan las cosas en su sitio.

    • elcriticoabulico 30 noviembre, 2013 a 15:07 #

      Hombre, en la versión del director ese unicornio es ya un sueño recurrente de Deckard, o sea que el hecho de que Olmos le deje por ahí un unicornio de papel albal (igual que la gallina cuando rechaza el trabajo o el hombre empalmado cuando se siente atraído por Rachel, como dice el artículo) indica que tiene un conocimiento externo pero exacto de su interior. Vamos, que se sabe su programación al dedillo. Pero es cierto, a cambio de este giro, el guion incurre en incoherencias. Y también es cierto que, a pesar de las numerosas tropelías que también realizan en aras de la comercialidad, los productores introducen muchas veces en la película un punto de sentido común.

  9. kaldina 26 octubre, 2014 a 04:10 #

    Madre mia!! Nunca te había visto un 10 diez!! Ya la tengo cargando… Por cierto, me encantó aquello de “El ser humano siempre ha encontrado una enorme dificultad para definir las fronteras de su propia humanidad” (Chisme extra… copié la estructura que aplicas en tus reseñas para una clase y la llevo en 5 así… Gracias :P)

    • elcriticoabulico 26 octubre, 2014 a 15:01 #

      Pues hay unos cuantos dieces por ahí. Explora la etiqueta de obra maestra. No recuerdo si la licencia creative commons del blog permite su aplicación en clases escolares, ¿eh? jeje, Muy honrado porque lo tomes como ejemplo.

      • kaldina 26 octubre, 2014 a 15:13 #

        Pero ome, si hasta citas textuales y referencias hago de ti en mis trabajillos!! y gracias a ti por este espacio 😉

      • elcriticoabulico 26 octubre, 2014 a 15:22 #

        jajaja ¡Me sonrojo!

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