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El hotel a orillas del río

8 Sep

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Año: 2018.

Director: Hong Sang-hoo.

Reparto: Gi Ju-bong, Kim Min-hee, Kwon Hae-hyo, Song Seon-mi, Yu Jun-sang.

Tráiler

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         La nieve llega a transformar los fotogramas de El hotel a orillas del río en un lienzo en blanco. Apenas hay escenario tras los personajes. Las estancias de ese no-lugar que es el hotel, la ribera con una difusa ciudad al fondo, un par de calles entrevistas, nocturnas y prácticamente vacías. El autor también desliza sugerencias oníricas durante las vivencias de los protagonistas, concentradas en unas pocas horas y organizadas a través de dos núcleos -el padre que se encuentra con sus dos hijos presintiendo el final del camino; las dos amigas que lidian con el desengaño amoroso de una de ellas; uno masculino y el otro femenino- que se intercalan hasta terminar, inevitablemente, interrelacionándose.

         El minimalismo poético de Hong Sang-soo, que procede también del carácter espartano y libre de proyecto, con ese toque casi de orgullosa instintividad, amateurismo e inmediatez que podría entroncar con la autónoma Nouvelle Vague francesa, escribe con atención caligráfica sobre ese lienzo en blanco sobre el que se reúnen los personajes. Esta austeridad sirve también para convocar una atmósfera de cercanía entre el espectador y los personajes -incluso con recursos propios de la mirada, como el barrido de cámara que se alterna con los planos fijos para filmar las conversaciones-, y eso a pesar de la distancia inicial que parecían marcar unos títulos de crédito atípicamente locutados.

         Así pues, sobre estos fundamentos estéticos, el cineasta surcoreano incide en el retrato de estas criaturas y sus circunstancias emocionales y existenciales por medio del diálogo. Con su estilo habitual, con naturalismo y fina sutileza -quizás demasiada para servidor-, casi como quien no quiere la cosa. Puntuado ocasionalmente con un no menos vaporoso sentido del humor, el melodrama se va desplegando a cuentagotas, con esa desafiante paciencia de Hong, que expone situaciones cotidianas que parecen de baja intensidad, en las que no ocurre nada, pero que en realidad contienen abundantes emociones soterradas -el amor, la distancia, la soledad, la melancolía, el deseo de reconciliación, las pulsiones de muerte, el duelo romántico…-.

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Nota IMDB: 6,8.

Nota FimAffinity: 6,7.

Nota del blog: 6,5.

Detroit

16 Sep

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Año: 2017.

Directora: Kathryn Bigelow.

Reparto: John Boyega, Will Poulter, Algee Smith, Jacob Latimore, Jason Mitchell, Hannah Murray, Jack Reynor, Kaitlyen Dever, Ben O’Toole, John Krasinski, Anthony Mackie, Nathan Davis Jr., Peyton ‘Alex ‘ Smith, Malcolm David Kelly, Joseph David-Jones, Jeremy Strong, Gbenga Akinnagbe.

Tráiler

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          Algo hay que lamentar en los Estados Unidos cuando su cine recupera episodios históricos de la lucha contra el racismo y los movimientos por las libertades sociales para hacerlos dialogar con un presente en el que recobran una descorazonadora vigencia, tanto desde la reconstrucción ficcionada –Selma, Figuras ocultas, El mayordomo, 42, Loving…- como desde el terreno puramente documental –The Loving Story, I Am Not Your Negro, Enmienda XIII (13th)La violación de Recy TaylorBurn Motherf**ker, Burn!…-. Algo ocurre en la realidad del país norteamericano cuando se resquebraja su fachada extraordinariamente propagandística y es precisamente el cine, uno de los mayores contribuidores en la creación y promoción de esta imagen idealizada y falaz, la que reacciona en su contra, intentando erigirse en arma de denuncia y en agitador de la conciencia social frente a un atropello prácticamente endémico, manifestado en violentas explosiones cíclicas que constatan el fracaso, o el mero desinterés, en la búsqueda de soluciones.

          Precisamente, Detroit intercala con fluidez fragmentos de realidad -terribles fotografías, dramáticos segmentos de noticieros- en su recreación de los disturbios raciales desatados en la ciudad del motor en julio de 1967 -que se saldaron con 43 muertos y más de 2.000 heridos- y, en particular, de la tortura y asesinato de tres jóvenes afroamericanos en el hostal Algiers presuntamente a manos de la policía local.

Kathryn Bigelow continúa trazando su crónica de los Estados Unidos en conflictoEn tierra hostil (The Hurt Locker), La noche más oscura (Zero Dark Thirty)-, ya que, como se exponía antes, este capítulo de hace exactamente medio siglo encuentra sonoros ecos en la rabiosa actualidad, sembrada de escenas de brutalidad policial injustificada, en ocasiones mortales, y de la persistencia de un racismo estructural en la sociedad estadounidense, frente al que se alzan movimientos como el Black Lives Matter.

Siguiendo esta línea, el filme arranca con una estética de apariencia urgente e inmediata, próxima de este modo al documental, para condensar la naturaleza quasibélica de los acontecimientos. El planteamiento logra asentar las crispadas e inquietantes bases de lo que, en adelante, se transformará en una película de terror escenificada en el recibidor del edificio en cuestión. Aunque puede que sea una situación un tanto extensa y reiterativa -cabe reconocer que los hechos son los hechos, unos extraídos del acta judicial y otros completados mediante testimonios-, la cineasta demuestra pulso para invocar una sesión inmersiva, para hacer palpable la tensión y el nerviosismo de una asfixiante situación de estricta supervivencia. La indefensión, la injusticia, se siente.

          Pero lo que funciona a la perfección en un aspecto estrictamente cinematográfico, quizás de cara a la composición de este discurso de denuncia no lo haga de forma tan absoluta, probablemente a causa de errores de cásting como el de Will Poulter, un actor cuyos rasgos de por sí caricaturescos redundan en un villano excesivo, un simple psicópata con aspecto de poder unirse incluso a los sádicos allanadores de Funny Games, y que se contrapone a unos melodramas igualmente elementales -en especial el del aspirante a estrella de la Motown-.

Son factores relevantes que, sumados a otros detalles resueltos de forma bastante tosca -el rol de la policía estatal, por ejemplo-, provocan que las posibilidades de un retrato coral pierda complejidad y por ende fuerza y capacidad de convicción, a la par que el resto del metraje -un juicio en el que se desinfla la potencia narrativa e indignante previamente exhibida- se resiente y deja tras de sí cierta sensación de irregularidad.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 6,5.

Anomalisa

26 Mar

“Todos somos científicos locos y la vida es nuestro laboratorio.”

David Cronenberg

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Anomalisa

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Anomalisa

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Año: 2015.

Directores: Charlie Kaufman, Duke Johnson.

Reparto: David Thewlis, Jennifer Jason Leigh, Tom Noonan.

Tráiler

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            La humanidad y la sociedad retratadas por Charlie Kaufman, ya sea como guionista o también como director, están dominadas por el desconcierto y el desencanto frente a las normas establecidas, el trazado de hipersensible de relaciones anticonvencionales y complejas, y la permanente búsqueda del sentido de ese enigma sorprendente y aterrador que supone el hecho de estar vivo.

Anomalisa, su segunda película para el cine como realizador después de la ambiciosísima Synecdoche, New York –una pretensión de capturar el milagro mismo de la vida entremezclada con la fantasía metaficcional-, parte de un escenario sonoro que se hace materia a través de marionetas y animación stop motion gracias a la colaboración de Duke Johnson. Una significativa metáfora de base –no maneja alegorías sutiles el filme, quizás por ese origen limitado a los sonidos-, adelantada en ejemplos precedentes de su filmografía –Cómo ser John Malkovich– y sobre la que se narra la imposible huida frente a todo de un experto en motivación y autoayuda que, paradójicamente, es incapaz de sacarse a sí mismo del oscuro pozo psicológico en el que pena sus días.

            El Michael Stone de Anomalisa (David Thewlis) es un extranjero en medio de sus congéneres, muy semejante al Bob Harris de Lost in Traslation, una cinta donde el exotismo marciano de Japón potenciaba la profunda sensación de aislamiento, alienación y desarraigo del protagonista. Pero el lugar es indiferente, porque bien valdría para ambientar la obra la Suecia sombría de Ingmar Bergman. En Anomalisa no hace falta recurrir a los neones y los karaokes de Tokio, sino que el argumento está ambientado en Cincinnati, de por sí una localización anodina. O, más en concreto, en un no-lugar por antonomasia: un hotel, aséptico y homogeneizado para el confort impersonal de una clientela indefinida.

            Esta idea de gente sin rostro –o con la máscara uniformadora que impone la vida en comunidad- y que solo habla por hablar –todos con la misma voz, todos uno-, es una de las principales premisas con las que Anomalisa arremete contra una sociedad contemporánea estandarizada, deshumanizada, limitadora y castradora que rechaza de pleno la divergencia crítica y voluntaria, así como la búsqueda de caminos alternativos hacia la realización personal –la pesadilla-. Un concepto que quedará plasmado en la inexpresiva sencillez de las facciones de los muñecos y en la subactuación de voz de Tom Noonan, igualadora para todos ellos independientemente de su sexo o su condición.

De este modo, Kaufman prepara un terreno grisáceo, monocorde y depresivo donde la voz de Lisa, prestada por Jennifer Jason Leigh, penetra como un resplandeciente y revolucionario rayo de sol: la necesidad de una anomalía idealizada que remueva el interior marchito, manifestado en secuencias cargadas de electricidad emocional, caso de una sorprendentemente conmovedora interpretación del Girls Just Want To Have Fun de Cyndi Lauper, nada menos, y sus secuelas posteriores.

            Sin embargo, Kaufman no crea un discurso victimista o que se regodee en la autoconmiseración del marginal vulnerable e incomprendido por el resto de borregos que, considera, son sus compañeros de especie. La desesperada mirada del filme pertenece a su protagonista en exclusiva, sí, pero asimismo se le cuestiona –el eterno desengaño romántico, el diálogo con la esposa, el cambio de perspectiva que arroja la última escena-. Por más que uno pueda percibir e incluso compartir con plenitud el hastío de su espíritu, repleto de miedo, frustración y soledad, éste no tiene por qué estar en lo cierto. Depende de cada cual indagar en pos de respuestas propias, si acaso las hubiera, dentro de este misterio abisal que es la existencia.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8.

Mystery Train

23 Feb

Jim Jarmusch peregrina al corazón cultural de América, Memphis, patria de Elvis, oronda deidad. Y en ella encuentra templos en ruinas, repleta de cochambre y viajeros perdidos en la nada, pero todavía con cierto romanticismo ‘cool’ que sobrevive en forma de ecos lejanos. Mystery Train, cuarta toma de Jim Jarmusch para Ultramundo.

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La juventud

26 Ene

“No hay un final. No hay un principio. Solo existe la infinita pasión por la vida.”

Federico Fellini

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La juventud

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La juventud

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Año: 2015.

Director: Paolo Sorrentino.

Reparto: Michael Caine, Harvey Keitel, Rachel Weisz, Paul Dano, Jane Fonda, Alex Macqueen, Roly Serrano, Madalina Ghenea.

Tráiler

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            La vejez, la soledad, el remordimiento, la ilusión, el desencanto, la trascendencia tras la muerte. Paolo Sorrentino prosigue el itinerario existencialista que, a tientas pero con honestidad –otra cosa son sus resultados-, traza desde Un lugar donde quedarse, prolongado a continuación por su exitosa La gran belleza. Obviamente ya poblaban su filmografía precedente personajes en eterna duda, como el mortecino Titta di Girolamo de Las consecuencias del amor, quien se dejaba arrastrar por la vida hasta que, inesperadamente, encontraba en el amor el deseo redivivo de luchar por sí mismo.

            El director de orquesta Fred Ballinger (Michael Caine) y el director de cine Mick Boyle (Harvey Keitel), protagonistas de La juventud, son, al igual que los anteriores, personajes inmersos en las garras de la crisis existencial, encerrados en una especie de bucólico purgatorio de los Alpes suizos donde, de mejor o peor gana, agonizan a la espera de sus respectivos dos metros de tierra, sea con el anhelo de dejar algo tras de sí a modo de testamento –le importe a alguien o no- sea en cambio con la desidia de quien, como Di Girolamo -que también agostaba sus días en un hotel-burbuja-, afronta vacío de emociones y entusiasmos el otoño de una vida que quizás no haya tenido sentido ninguno, por más que pareciera por momentos capaz de intuirse como una hermosa sinfonía.

El arte, el sexo, el intelecto, los lazos sentimentales, la huella creada en el prójimo, la discreta alegría de la frivolidad. Ballinger y Boyle repasan su hoja de servicio, filtrada por una memoria que no se sabe si es olvidadiza, prejuiciosa o sabia, y tratan de evaluar qué cosa de todo ello aporta, al menos mínimamente, cierta satisfacción en el proceloso mar de incertidumbres, cierto orden dentro del caos más desalentador, cierto consuelo contra la arbitrariedad del cosmos.

            La exploración que traza La juventud es más interesante -o, dicho de otra forma, está planteada con mayor refinamiento y sensibilidad- que la de La gran belleza, una obra tendente a la obviedad en los aparatosos retablos con los que se ilustraba el retorno de Gambardella a su Rosebud perdido y ansiado –el romance límpido y juvenil como esencia de la vida, en aquel caso-. La cinta arranca con determinación, excelentemente envuelta en una niebla de melancolía, desengaño, tristeza y vulnerabilidad, apuntando asimismo certeras y conmovedoras ideas en el paso de los fotogramas, y todo ello potenciado por la colosal interpretación de Caine.

Pero, andando el metraje, en vez de profundizar o despegar definitivamente –como le sucede simbólicamente al descontento actor que encarna Paul Dano-, el drama tiende a la redundancia, a dar vueltas en círculo en su recorrido desorientado. Da la impresión de que no es tanto una reproducción de los palos de ciego de los personajes –dueños de inquietudes y terrores universales que abarcan desde el individuo más insignificante hasta un orondo y falible dios sobre la Tierra como Diego Armando Maradona-, sino más bien por la impotencia para alzar la vista por encima de las descomunales montañas que encierran el balneario y aprisionan a los dos amigos, presos también de un sinfín de achaques físicos o espirituales. Entonces, la pesadumbre se torna pesadez; la aventura introspectiva, ensimismamiento; las ideas entreveradas, explosiones de explicitud verbal; el vigor, flaccidez.

            Probablemente se le pueda imputar aquí a Sorrentino, quien aún no alcanza los 45 años, la falta de una necesaria experiencia vital propia –acusación que bien valdría, reconozcámoslo, para un servidor en su cometido de comentar la propuesta-. El cineasta napolitano se muestra expresivo en la puesta en escena, elocuente y elaborada. Es hasta más precisa dentro de ese onirismo felliniano que, no obstante, todavía tiene mucho de autocomplaciente y con cuya exhibición orgullosa evidencia filiaciones evidentes y trata de impulsar esa concepción mediterránea –y con ello concupiscente, circense y voluptuosa- de la existencia –en este sentido, no hay más que contraponerla por ejemplo con la asexualidad y la asepsia afectiva de los pavorosos intelectuales del nórdico Ingmar Bergman-.

Pero divaga sin concisión, abandonando a la orfandad personajes y caminos, y deambulando al albur de la ocurrencia y sus limitaciones por un terreno que se siente siempre importante, elevado y grandilocuente y donde el autor, cuando no encuentra la salida dentro del misterio en el que ha osado penetrar –cosa natural, imposible de echársela en cara a nadie-, lanza a bulto, en un torpe intento de escape, un par de frases de autoayuda acerca del deseo –otra demostración de la cojera del personaje-observador de Dano, puesto que la idea ya había quedado sintetizada de manera mucho más contundente, que no elegante, por la lubricidad de Madalina Ghenea-. Eso sí, ya con consciencia y dignidad recobradas, Sorrentino se repliega luego para no ofrecer más respuestas groseras, concediendo al espectador ese margen de maniobra imprescindible para que él también emprenda por su cuenta una posible autorreflexión.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 6.

Fuerza mayor

2 Ene

“Tengo la sensación de que el género masculino está en decadencia absoluta.”

Jonás Trueba

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Fuerza mayor

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Fuerza mayor

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Año: 2014.

Director: Robert Öslund.

Reparto: Johannes Kuhnke, Lisa Loven Kongsli, Vincent Wettergren, Clara Wettergren, Kristofer Hivju, Fanni Metelius, Karin Myrenberg.

Tráiler

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           “El enemigo son las historias de héroes”, trata de conciliar verborréica y torpemente el amigo del protagonista de Fuerza mayor, un padre de familia quien, ante la amenaza de una avalancha de nieve y esclavo a sus pulsiones instintivas, prefirió salvar su smartphone y huir despavorido antes que proteger a sus dos hijos de una inminente muerte bajo el hielo.

           Fuerza mayor retrata la desacreditación, decadencia y destrucción del macho alfa, víctima de un estereotipo falaz que le señala como presunto líder imperturbable de la manada familiar, bastión rocoso frente a las adversidades del entorno y guardián invulnerable ante los ataques de las gentes malas del exterior. Un John Wayne, un Humphrey Bogart o un Steve McQueen, por ejemplo, si nos circunscribimos a la mitología contemporánea. Las espurias servidumbres socioculturales también existen para ellos.

En efecto, uno de los grandes dramas que acechan a muchos representantes del género masculino es la imperativa necesidad de llenar los zapatos de un héroe de ficción para, en cambio, tropezar patéticamente contra las limitaciones físicas y psicológicas que impone una realidad inmisericorde frente a las eventuales comparativas con constructos fantasiosos. Y el drama que propone el director y guionista Robert Öslund en su filme es un drama sobre la cobardía del individuo común, que reacciona como buenamente puede contra un universo hostil que supera ampliamente sus capacidades. Porque, al fin y al cabo, para desgracia suya, uno termina pareciéndose más a los personajes de los Coen, humorísticos a su pesar, que a Clint Eastwood escupiendo frases lapidarias tras su enorme magnum .44.

           El cineasta sueco plantea así un auténtico tour de force donde un vigoroso ejemplar de varón –guapo, atlético, triunfador- sufrirá, como si de un asedio bélico se tratase –las constantes salvas de cañón-, las consecuencias de sus pecados involuntarios. Un calvario este que, ensamblado en un sarcástico esquema de caída y redención, evoluciona con desarmante mala leche desde la tragedia íntima con notas de Michael Haneke –el empleo de la inquietante y atronadora música clásica en situaciones cotidianas y aparentemente inocuas- y tendencias un tanto discursivas hasta embarrancar en un desenlace de comedia patética.

Con tino y férreo control narrativo, la voluntaria artificiosidad de estas conclusiones devuelve sin piedad al hombre, inmerso en el engaño, a su condición de preso de unos arquetipos inexistentes que solo pueden conducir al desastre más absoluto –o, como poco, más bochornoso-.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7,5.

Langosta

18 Nov

“Y recordé aquel viejo chiste, aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: ‘Doctor, mi hermano está loco, cree que es una gallina’. Y el doctor responde: ‘¿Pues por qué no le mete en un manicomio?’ Y el tipo le dice: ‘Lo haría, pero necesito los huevos’. Pues eso más o menos es lo que pienso sobre las relaciones humanas, saben, son totalmente irracionales y locas y absurdas, pero supongo que continuamos manteniéndolas porque la mayoría necesitamos los huevos.”

Alvy Singer (Annie Hall)

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Langosta

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Langosta

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Año: 2015.

Director: Yorgos Lanthimos.

Reparto: Colin Farrel, Rachel Weisz, Léa Seydoux, Ariane Labed, John C. Reilly, Ben Whishaw, Angeliki Papoulia, Michael Smiley, Jessica Barden, EmmaEdel O’Shea, Ashley Jensen, Olivia Colman, Garry Mountaine.

Tráiler 

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            La coexistencia en pareja es uno de los grandes misterios que, dentro de la vida contemporánea en sociedad, ha de –o cuanto menos tiende a- afrontar el ser humano. Y casi siempre por su cuenta y a tientas, con la insuficiente ayuda de los antecedentes familiares, de sus allegados próximos y, desgraciadamente, de la ficción literaria y cinematográfica –dentro de la que se incluye la ficción religiosa y la de los manuales de conducta moral tradicionales, obviamente-.

Este último es el único de entre estos múltiples y frágiles soportes que, sin remedio, resulta por completo contraproducente a la hora de aportar guía y confort íntimo a la persona debido a su falaz síntesis de unos modelos presuntamente ideales que, por costumbre –y aquí nos referimos en especial al género romántico, claro-, dejando de lado la enajenación mental transitoria que constituye el breve periodo de enamoramiento -un estado irracional y alucinado-, poco o nada tiene que ver con la realidad, siempre tan prosaica, complicada, desmitificadora y frustrante ella.

            Pasada por un crudelísimo tamiz de surrealismo, Langosta podría ser considerada como una anticomedia antiromántica, tremendamente satírica y despiadada en su visión de las confusas relaciones humanas, determinadas por las circunstancias privadas y ajenas, la inexorable finitud y, sobre todo, la incertidumbre. La singularidad indómita frente a las estructuras preestablecidas y convencionales, en conclusión. Con ella, Yorgos Lanthimos arroja contra la cara del espectador una brutal y expresiva distopía kafkiana donde el individuo no combate estérilmente contra la alienante maquinaria del Estado omnímodo, sino contra la necesidad de encontrar un compañero sentimental, condición literalmente impuesta por el sistema para vivir en sociedad.

Escogiendo un contradictorio y afortunado tono de fábula humorística para diseñar una narración visceralmente inquietante, dentro de una línea a la que se suma también el empleo paródico de recursos cinematográficos como la banda sonora, el cineasta griego disecciona este conflicto entre la naturaleza humana y este catálogo de relaciones funcionales, tradicionales y artificiales, promovidas mediante un delirante hotel de reeducación para tullidos sentimentales –viudos, separados, solteros, tímidos, acomplejados- en el que, con 45 días de plazo, deben encontrar esta imprescindible media naranja so pena de, en caso contrario, ser transformados en animal. El que desee el huésped, eso sí.

            Langosta expone con fiereza disfrazada de humor negro y absurdo la doble faceta del denominado “amor” –esto es, la pareja-, que puede ser bien castrador y enajenante, bien liberador y realizador, acompañándolas asimismo de una estimulante descripción metafórica y caricaturizante de los respectivos procesos y estadios que atraviesa una relación de semejante calibre. Es cierto que la segunda mitad del filme pierde algo de fuelle y que al conjunto le sobran minutos, pero en cualquier caso no se desvirtúan los valores de esta irreverente y lúcida aproximación al inabarcable universo de las relaciones sentimentales del ser humano, rematada además con un desenlace apropiadamente interrogativo.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8,5.

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