Tag Archives: Maltrato

Un asunto de familia

12 Nov

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Año: 2018.

Director: Hirokazu Koreeda.

Reparto: Jyo Kairi, Sakura Andô, Lily Franky, Kirin Kiki, Mayu Matsuoka, Miyu Sasaki.

Tráiler

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         Hirokazu Koreeda comienza a transitar entre la autoría especializada, que se manifiesta en variaciones que ofrecen distintos matices sobre un mismo tema que le obsesiona -en este caso la manera en la que se fundan y perpetúan los lazos familiares-, y el apoltronamiento en una zona de confort -la redundancia en una materia que le es grata y rentable como cineasta-.

Como su propio título avanza, Un asunto de familia reincide en esta exploración de las filiaciones y fidelidades que componen la argamasa de este núcleo de cálido y afectuoso que, al menos en teoría, es el hogar; un marco reflexivo en la que el realizador se mueve también por un confeso interés personal. Y, en su filmografía, apenas hay espacio para la familia convencional. En este caso, es un auténtico puzle cuyas heterogéneas piezas se han encajado entre ellas de forma prácticamente voluntaria, si bien a partir de un denominador común marcado por una condición marginal que les viene impuesta por las circunstancias, pero sobre todo por la naturaleza de la sociedad.

         Koreeda ya había indagado en cintas como Nadie sabe en la desestructuración del Japón contemporáneo, que acostumbra a encontrar sus principales víctimas en los colectivos más débiles: los niños. Este espíritu de denuncia se recupera aquí con la ‘adopción’ de la hija de un matrimonio que convive en el maltrato y el desamor, aunque se extiende a todo el grupo de trileros que comparten techo bajo los auspicios de una anciana viuda poco menos que repudiada por los suyos, amenazada además por la presión urbanística del barrio, que da un impulso literal a esta idea de desplazamiento forzoso. Desde este enfoque, pues, el discurso dramático invita también a cuestionar los modelos y los prejuicios socioeconómicos.

         El tokiota es un autor que siente aprecio hacia sus criaturas, y no duda en mostrarlo para tratar de que el espectador se contagie de él. Su mirada es cariñosa, comprensiva y cercana a los personajes, dotada de una ternura tiznada ocasionalmente de simpático humor blanco que contrasta, un poco a lo Chaplin, con las posibilidades trágicas del argumento en el que viven.

Es cierto que, desde la dirección y el guion, por lo general suele contener con relativa solvencia el potencial tremendista de estas premisas melodramáticas, pero también es verdad que, en el último tramo de su obra, la finura en el retrato sociológico cae en detrimento de la apuesta emocional. En sus textos recientes puede apreciarse una tendencia a la simplificación y al efectismo que, a veces, deriva en chantajes y trampas, como ocurría de forma flagrante en De tal padre, tal hijo con el desequilibrio entre las dos familias antagonistas en su aproximación al dilema moral que compartían por igual. En Un asunto de familia, esto ocurre en que, a pesar de que Koreeda deja asomar una sombra verdaderamente truculenta en el pasado de los protagonistas, en el relato solo los enfrenta a las consecuencias que podrían considerarse moralmente positivas de sus actos, con una entonación justificatoria de discutible aceptabilidad.

         Palma de oro en el festival de Cannes.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 6,5.

Quién te cantará

29 Oct

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Año: 2018.

Director: Carlos Vermut.

Reparto: Najwa Nimri, Eva Llorach, Carme Elías, Natalia de Molina.

Tráiler

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         Dos mujeres atrapadas. El éxito y el fracaso como fronteras antojadizas y, sobre todo, dudosas. Lila y Violeta, dos nombres que designan prácticamente el mismo color. Resuenan ecos de Persona y Mulholland Drive en la relación privada de las protagonistas de Quién te cantará: una diva que ha perdido la memoria y una madre cuya vida hace aguas. Su melodrama tiene asimismo un deje almodovariano en su posmodernidad pop y su fascinación por la tragedia de alma femenina. Pero el conjunto es un pedazo más del universo de Carlos Vermut, que sigue madurando como un joven autor con voz propia y reconocible, definida a través de elaboradas apuestas cinematográficas.

         En Quién te cantará las personalidades de las dos mujeres, que de por sí tienen mucho de constructo ficticio, se emparentan y se difuminan a través de constantes simetrías de texto y de puesta en escena. Desde esta dualidad permanente se trasluce un minucioso trabajo en la articulación de la estructura argumental y en la correspondiente composición de las imágenes, con lo que puede pesar la sensación de ser una película cerebral, algo efectista en su insólita asociación de dos existencias angustiadas, y que incluso su dimensión simbólica y el discurso aparejado es en ocasiones un tanto evidente o no especialmente complejo, con la turbulenta relación maternofilial como ejemplo más notorio.

Son rasgos que ya estaban presentes en Magical Girl, pero Quién te cantará muestra a mi juicio progresos para atenuar la frialdad que puede derivarse de este detallismo de la autoría. Podría decirse que Vermut se adentra en un mayor clasicismo. No guarda tanto las distancias hacia sus personajes. Encuadra, desencuadra y deja fuera de campo; aproxima la cámara y siente su tacto, recorre su piel y descubre, íntimo, lo que miran, cómo miran y qué perciben.

         El cineasta madrileño expresa con gran fuerza visual y narrativa las aflicciones de sus criaturas: el peso de la fama que emana de un retrato que parece sacado de la señora de Rebeca frente a la pureza transitoria de la retratada; lo caprichoso y lo banal del triunfo; la ausencia de romanticismo que también posee la vida del fracasado; la profunda cicatriz que deja la frustración de la vocación y las ilusiones;  la marca análoga que procede de vivir sin estar de acuerdo con uno mismo; la proyección de la imagen personal en modelos ajenos; la construcción de personajes para adecuarse a las relaciones con los otros y los deseos impuestos por estos… Es decir, los fundamentos de la identidad, de quién somos de verdad cada uno cada uno, y de si esta cuestión capital está en nuestras manos o no.

         En un movimiento que es igualmente útil para disimular los equilibrios del libreto, Vermut dota a la atmósfera de una textura por momentos onírica, que a pesar de esa atención a lo sensitivo no es exactamente real, sino casi propio de un encantamiento que puede romperse con solo pronunciar el hechizo. De ahí mana el hipnotismo y el misterio de esas personalidades que, de tan interrelacionadas, parece que van a colisionar la una contra la otra. Y de este territorio también se extraen las lecturas más oscuras acerca de la naturaleza de ambas, como madres y como hijas, como fuerzas creadoras incluso -de vida, de arte-. Para ello, la elección del reparto es acertada, con ese aire etéreo de Najwa Nimri en contraste con la potencia de la mirada de Eva Llorach -un descubrimiento-, o la elegancia de la veterana Carme Elías en contradicción con la violencia posadolescente de Natalia de Molina.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7,5.

La próxima piel

31 Oct

la-proxima-piel

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Año: 2016.

Directores: Isaki Lacuesta, Isa Campo.

Reparto: Àlex Monner, Emma Suárez, Sergi López, Bruno Todeschini, Igor Szpakowski, Greta Fernández.

Tráiler

           La sinopsis de La próxima piel invita a adentrarse en una estructura de thriller; un formato que serviría para sumarse a la resolución del misterio que da lugar al filme: la desaparición de Gabriel, un chaval de 9 años en un aislado pueblo pirenaico, reconstruida desde su inesperada vuelta a casa ocho años después.

La investigación que se desarrolla, sin embargo, es dramática e introspectiva, y sigue sus pesquisas a través de las relaciones familiares que van aflorando a partir de la presencia perturbadora del recién llegado, quien debido a su amnesia disociativaloable y fidedignamente abordada de acuerdo con expertos consultados, aunque en último término tampoco es un punto excesivamente interesante y deja cierta sensación de reiteración- debe emprender su autorretrato mediante descripciones ajenas, recogiendo fragmentos que o parecen completar partes difusas del cuadro, o parecen no encajar en el puzle, en ambos casos a causa de este sesgo subjetivo –el cual, en definitiva, es lo que resultará revelador sobre la verdad que se intenta recomponer a lo largo de la función-.

           Gracias al calculado sostenimiento de la ambigüedad, la duda sobre la identidad –esa gran cuestión existencial que compete a cada uno de nosotros y que no tendrá respuesta cierta para la mayoría- permanece siempre presente en la narración, tanto para los personajes como para el espectador. La puesta en escena busca profundizar en esta relación igualitaria a uno y otro lado de la pantalla empleando recursos naturalistas como el plano secuencia y una estética de apariencia inmediata en aras de potenciar la autenticidad del relato y la identificación con quien lo protagoniza; también en detrimento de convenciones formales propias de géneros relacionados centrados en una intriga criminal. Los experimentos con el montaje que aparecen en la introducción se desechan pronto, dejándolos un tanto descolgados.

A su vez, las emociones y los encuentros de estas criaturas mutiladas –el olvido, el remordimiento, la deuda, los dilemas, el miedo al ayer y al mañana,…- bullen y colisionan, ardientes, en contraste con el paisaje helado de la montaña, hermoso pero desapacible y azotado por la nieve, el abandono, la desidia y la opresión que mana de una convivencia constreñida por férreas convenciones internas y exteriores. Códigos, tradiciones y constructos que se imponen sobre la naturaleza emocional del ser humano, con sus correspondientes secuelas, y que acostumbran a magnificarse literariamente en comunidades pequeñas y cerradas en sí mismas como la que ejemplifica el pueblecito montés donde se escenifica La próxima piel.

           La evolución intimista del filme queda enhebrada por este juego con la dualidad y el contraste, que va oscilado y decantándose a partir de las inmensas necesidades vitales de los protagonistas, auténtico objeto de estudio de la obra. Y, de este modo, avanza a medida que se descongelan las capas de hielo que mantenían paralizado un trauma pasado en un insostenible instante presente, destinado a estallar en mil pedazos ante el violento cambio que se produce con el retorno de Gabriel -esa evidente metáfora del deshielo que trae el pasado hasta el presente que, por cierto, remite a otra cinta cercana sobre catástrofes sentimentales: la soberbia 45 años-.

           Por encima incluso del desarrollo de las acciones -orientadas a una catarsis de iracundo simbolismo que según cada cual puede percibirse bien inevitable y coherente, bien manido y rudimentario-, la solidez y la credibilidad en el tratamiento de los personajes principales –a partir del terapeuta suizo que acaba sumido en la irrelevancia, los secundarios quedan más desdibujados cuanto más alejados del foco están- permite a la película provocar una notable intensidad emocional sorteando al mismo tiempo su caída en los territorios sensacionalistas del telefilme, aquellos en los que terminaba por abocarse La habitación, otra apuesta reciente por esta premisa del trauma no de una desaparición, sino de una reaparición. De la imposible regeneración de una normalidad inexistente, que se desvela por tanto como puro artificio social.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7.

Aflicción

13 Oct

Aflicción, el perro apaleado de Dios. El triunfo de Paul Schrader como director, conectado troncalmente con la línea de su obra, para el especial que le dedica Cine Archivo.

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Tommy

25 Abr

Maltratos familiares, discapacidad psicosomática, ídolos de barro, efervescencia hippie y música pop. Ken Russell y The Who unen sus fuerzas para llevar al cine la ópera rock Tommy. Análisis para la sección Films de culto del siglo XX de Cine Archivo.

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The King of Pigs

9 Mar

“La educación es la mejor vacuna contra la violencia.”

Edward James Olmos

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The King of Pigs

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The King of Pigs

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Año: 2011.

Director: Yeon Sang-ho.

Reparto (V.O.): Yang Ik-Jooun, Oh Jong-se, Kim Hye-na, Kim Kkot-bi, Park Hee-von.

Filme 

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           Existe un momento capital en la vida de una persona en el que, más que en cualquier otro instante, todo acontecimiento que le suceda puede engrandecer o arruinar su vida futura. La primera etapa de la adolescencia es un trance donde la vorágine del cambio –el afloramiento de las hormonas en la pubertad, el afloramiento y la asunción de la propia sexualidad, el paso a una enseñanza superior, la adquisición de responsabilidades, la búsqueda de un lugar propio dentro una sociedad que se percibe hostil- puede arrastrar al individuo, especialmente frágil y modelable, hacia caminos insospechados que en adelante serán decisivos en su configuración como adulto.

           Desde una perspectiva adulta marcada por un estrepitoso fracaso –la presentación de los protagonistas, antiguos amigos, los muestra alucinando ante un cadáver femenino y pateando a su novia por una cuestión de celos, respectivamente-, The King of Pigs rastrea en este rito de paso determinante, compartido y traumático para hallar las razones que conducen a este presente descorazonador.

Por medio de una serie de flashbacks que se encadenan a lo largo de la inesperada conversación entre los dos personajes, el filme descubre a dos muchachos que, empujados al límite de su resistencia psicológica, tratan de rebelarse contra la rígida sociedad surcoreana de los ochenta, condensada en un instituto donde los estamentos de poder se encuentran rígidamente delimitados por la edad, la fuerza y, especialmente, por la ascendencia familiar y económica, siempre con la violencia como herramienta de control y conservación, en paralelo a la de un país oprimido y empobrecido por la dictadura militar.

De esta manera, intermediado por la figura carismática de Chul, un chaval que decide combatir a los animales adoptando el papel de monstruo –es decir, superándolos en ferocidad-, The King of Pigs plantea un agrio combate interno entre el Bien y el Mal; entre la resistencia pasiva y la rebelión agresiva contra el eterno rasero que, ahora y luego, discrimina a los perdedores de los ganadores.

           Yeon Sang-ho, uno de los estandartes en el todavía incipiente género de la animación de la joven y pujante industria del cine de Corea del Sur, compone una película oscura y hostil en el que los trazos ásperos y feístas -que salen a relucir sobre todo en las escenas cargadas de rabia emocional-, punteados asimismo por intromisiones de lo fantástico, se fusionan con un trasfondo temático hostil que se torna más pegajoso e incómodo a medida que avanza el metraje y la virulencia que envuelve los dilemas que asaltan a los dos compañeros de infortunio adolescente.

No obstante, la densidad llega a tal punto que puede resultar agotadora y, quizás, siguiendo esta deriva, el libreto también fuerce en exceso la perturbadora sordidez de la aproximación, en especial de cara a componer un desenlace catárquico más tremendista –e incluso extraño- que efectivo en sus intenciones.

 

Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 6,5.

Lunas de hiel

17 Dic

“Siento decir que una emoción tan noble como el amor es responsable de mucha más violencia que la pornografía.”

Milos Forman

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Lunas de hiel

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Lunas de hiel.

Año: 1992.

Director: Roman Polanski.

Reparto: Peter Coyote, Emmanuelle Seigner, Hugh Grant, Kristin Scott Thomas.

Tráiler

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            Muchos son los literatos –Ernest Hemingway, Francis Scott Fitzgerald,…- que cita como referencia Oscar (Peter Coyote), escritor que compensa su falta de talento disfrutando de los placeres de París, condensados todos ellos en una mujer, la fascinante Mimi (Emmanuelle Seigner). Muchos para que, al final, sus memorias, relatadas a un pacato británico (Hugh Grant) de crucero con su esposa (Kristin Scott Thomas), terminen asemejándose a un melodrama sureño del atosigante Tennessee Williams festoneado con fuegos artificiales de sadomasoquismo.

            Roman Polanski arremete en Lunas de hiel contra el matrimonio tradicional desvelando la crueldad mutua que pueden ejercer, el uno sobre el otro, dos seres que se quieren hasta la desesperación, al mismo tiempo que, de paso, representa lo ridícula que es en realidad la arcaica figura del macho (supuestamente) dominante. El problema es que para tal fin se sirve de una historia bullente de excesos y de personajes de cartón piedra.

El mensaje es palmario, pero dentro de este descenso a los infiernos de la pareja -consumado por degradaciones amorosas, sexuales y morales que dan lugar a un destructivo entramado de traiciones, venganzas y humillaciones-, es difícil creerse a los implicados, comprender qué les pasa y por qué y, en consecuencia, interesarse por ellos o sentir en la propia piel lo que parecen estar sintiendo sobre el escenario.

Tampoco ayuda la pesadez de la estructura, fundamentada sobre recuerdos que se manifiestan en forma de sucesivos flashbacks y la continua voz en off de narrador omnisciente, interrumpidos para mostrar cómo su conocimiento perturba y atrae a partes iguales al oyente de turno que, aquí, ejerce como traslación del propio espectador, ciudadano de a pie de ética corriente y, presumiblemente, sin vicios reseñables. En definitiva, la exposición del mórbido poder de seducción de la oscuridad, de la mujer fatal, de la vampiresa –incluso la succión de sangre es literal en cierta escena-.

            Espesa y excesivamente voluminosa, destaca de Lunas de hiel la enfermiza atmósfera de sus fotogramas, viciada y extenuante, así como el juego sádico con los puntos de vista respecto del reparto de taras y culpabilidades, que concierne tanto en la relación depravada y obsesiva de Oscar y Mimi como al impecable matrimonio británico, que dista de ser idílico bajo su enamorada superficie –los filtreos, los pequeños reproches, la conversación sobre los hijos-.

Virtudes insuficientes, no obstante, para soportar 140 minutos de metraje y para lo que puede exigirse de un autor como Polanski.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 4,5.

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