Tag Archives: Recuerdos

Mulholland Drive

9 Jun

Hollywood a través del espejo, a campo abierto por el subconsciente de una actriz que sueña en la fábrica de los sueños, acosada por las Furias vengadoras. Incursión en el cine moderno para Bandeja de Plata.

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La Atlántida

7 Jun

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Año: 1932.

Director: Georg Wilhelm Pabst.

Reparto (Versión en francés): Brigitte Helm, Pierre Blanchar, Jean Angelo, Tela Tchaï, Vladimir Sokoloff, Mathias Wieman.

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           La llegada del sonido al cine desencadenaría la que probablemente sea la primera gran ola de remakes del por entonces joven arte, que pretendía aprovechar este avance técnico para modernizar historias ya narradas en primera instancia. La Atlántida, adaptación de la novela de Pierre Benoit que ya había sido llevada al cine en 1921 por Jacques Feyder, es uno de estos casos, que además presenta otro de los rasgos recurrentes de este salto al sonoro: el rodaje simultáneo en diferentes idiomas -aquí francés, inglés y alemán- para adaptarse a las pantallas internacionales, ya que el lenguaje universal del silente, basado en la imagen y que tan solo exigía cambiar los carteles de los intertítulos, queda ahora reemplazado en buena medida por el poder expresivo de la palabra.

Con todo, después de que el propio Feyder descartase rehacer la obra, Georg Wilhelm Pabst, que asumiría las riendas del proyecto, despliega una estética que aún conserva notables reminiscencias del cine mudo, atento al rostro, a la gestualidad y a la capacidad atmosférica y sugestiva del fotograma. Aunque la sensación no es constante a lo largo del metraje, La Atlántida parece un ‘traum-film’, emparentado con la tradición fantástica centroeuropea, donde el relato se adentra en el terreno de lo soñado, en un universo fabuloso dominado por el influjo del eros y del tanatos.

La partida de ajedrez que diputan la reina-diosa Antinea (la icónica Brigitte Helm en las tres versiones) y el teniente Saint-Avit es pura sexualidad, amenizada por un coro de bailarinas eróticas que danzan al son de una música penetrante, ‘in crescendo’, acorde a los movimientos cada vez más rápidos de las piezas, del acoso de jaques de la mujer sobre el hombre, al que hechiza, somete y, metafóricamente, castra, domándolo como al guepardo que camina por su palacio. El episodio especialmente llamativo debido a la anticlimática ausencia de música que, en cambio, se producida en escenas pretéritas -el ataque de Tosterson-.

           En paralelo, también permanece siempre presente la ascendencia de los recuerdos y las admoniciones de una perdición inexorable, incluso heredada o predestinada de acuerdo con conexiones surrealistas -el cancán en el gramófono y en el teatro, los reflejos deformados, la sucesión de objetos tras la muerte-.

           Un triángulo amoroso, con la vampirización en uno de sus vértices y su dominación y rechazo respectivo -lo que deriva por su parte en otro hechizo a la inversa-, es el tema que se encuentra en el fondo de la aventura de La Atlántida, la cual se escenifica en un territorio legendario -o no-, oculto bajo las dunas del Sáhara -los últimos rincones del planeta inexplorados por el hombre blanco en un tiempo de inminente decadencia colonial, inmunes a su insaciable empuje conquistador-.

           Con independencia de la plasmación onírica o febril del relato -donde se admiten las abruptas elipsis, algunas de ellas subyugantes-, esta idea, al igual que el desarrollo argumental del filme en general, está construida de forma atropellada desde el guion, lo que le confiere a la película cierta irregularidad y hasta confusión narrativa. Su potencia, por tanto, procede de su inmersión en un cosmos alucinado -el carácter ambiguo y etéreo de Antinea y todo lo que se encuentra bajo su reino- y físico -la sed del desierto, la amenaza del bereber, la supervivencia, el deseo-; igualmente poético y tenebroso. El mitológico palacio de Antinea está recorrido por pasillos oscuros, todo ello dominado por su efigie omnipresente.

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Nota IMDB: 5,2.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 7.

Narciso negro

18 Abr

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Año: 1947.

Directores: Michael Powell, Emeric Pressburger.

Reparto: Deborah Kerr, David Farrar, Kathleen Byron, Sabu, Jean Simmons, Judith Furse, Flora Robson, Jenny Laird, May Hallatt, Eddie Wahlley Jr., Esmond Knight.

Tráiler

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          El purgatorio de las monjas es un serrallo indio aislado en el Himalaya, poblado por objetos y lenguas paganas, ornado con pinturas eróticas, enfrentado a una diosa desnuda y a un santón de trascendencia inexpugnable, resonante de ecos de misterios ancestrales, a las puertas de los placeres de la carne, situado al borde del abismo.

Narciso negro es una película compuesta a través de terribles duelos: la mujer reprimida contra el hombre desengañado, el cristianismo contra las divinidades exóticas y arcanas; la fragilidad humana contra la hostil naturaleza que se manifiesta en los elementos y la orografía; la capacidad personal contra la presión del deber, la devoción contra la tentación, las cárceles psicológicas contra las liberaciones espirituales, las monjas contra sus jerarquías de poder y sus deseos enfrentados; cada una de ellas contra sí misma.

          Michael Powell y Emeric Pressburger, The Archers, componen con extraordinaria hermosura y con punzante profundidad la atmósfera del palacio donde cinco monjas pretenden levantar una escuela, un hospital y un convento. “No es lugar para fundar un monasterio”, les advierten. Los cineastas construyen para ellas un escenario de sobrecogedor poder telúrico y de desconcertante exuberancia, creación de deidades superlativas a las que nada interesa el recogimiento, el sacrificio y la contrición; sino que se regodean en la belleza natural y humana, en el deseo satisfecho, en la expresión desatada de los potenciales y las emociones.

Un universo desconocido y deslumbrante de luz, color y pureza en comparación con los tenebrosos muros donde las religiosas acostumbran purgar su vida terrenal al servicio de Dios. The Archers ponen a prueba la firmeza de sus convicciones infiltrando signos infieles en sus hábitos cotidianos, con frescos hindúes y campanas budistas. Atruenan los estímulos de vida ante la mirada de unas religiosas sometidas a un examen espiritual que se torna gradualmente en existencial, a medida que se presentan los fantasmas del pasado, de las ilusiones rotas, de las oportunidades aún posibles. Cada mañana, una de ellas ha de tañir la campana a los pies del colosal precipicio.

          Con idéntica habilidad expresiva, Powell y Pressburguer cultivan y espolean la tensión del drama, abonada por esta sucesión de dilemas íntimos y colectivos, desencadenados por la pérdida de las referencias de una vocación obsesivamente abnegada que esconde traumas enquistados de tiempos pretéritos, enterrados pero no muertos.

En el encierro todo se magnifica. Especialmente en una celda desbordada de pasiones y gozos ante los que solo cabe ignorarlos, abstrayéndose en una búsqueda metafísica, o entregarse a su llamada primaria y visceral. Un lápiz de labios contra una Biblia.

El elemento sobrenatural palpita en este mundo fascinante y perturbador que la hermana superiora Clodagh es incapaz de comprender y frente al que no sabe reaccionar -algo semejante a lo que le ocurrirá de nuevo a Deborah Kerr en Suspense, donde encarna a otra mujer piadosa recluida en compañía de fuerzas irracionales y desasosegantes-. Ya se le percibía durante la presentación de la cuidadora del gineceo, quien aparece en perfecta conexión con los misterios naturales, precedida por el viento, en comunicación con las aves. También en el incesante azote de las corrientes que descienden desde las montañas. Pero con los ojos como espejo del alma -y con algunos planos realmente impactantes todavía hoy-, su clímax se alcanza en el desenlace, narrado con la gramática propia de un filme de terror, y luego ratificado de nuevo por la influencia de los fenómenos atmosféricos -la niebla, la lluvia-.

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Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 8.

En el corazón del mar

7 Abr

En el corazón del mar

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Año: 2015.

Director: Ron Howard.

Reparto: Chris Hemsworth, Benjamin Walker, Cillian Murphy, Tom Holland, Brendan Gleeson, Ben Whishaw, Michelle Farley, Frank Dillane, Osy Ikhile, Gary Beadle, Joseph Mawle, Paul Anderson, Charlotte Riley.

Tráiler

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            No deja de resultar paradójico el planteamiento de En el corazón del mar, que parece aspirar a encontrar la realidad detrás de la historia concebida en Moby Dick -relato fundamental de la literatura estadounidense y universal-, pero al mismo tiempo termina por entregarse a lecturas alegóricas y trascendentales semejantes a las de una novela ubérrima en interpretaciones morales y merafísicas.

            La traducción del mito literario a realidad factual -bastante similar esas innecesarias precuelas que buscan la recomposición psicológica de personajes populares concebidos prácticamente desde la abstracción-, se orienta en En el corazón del mar hacia la exposición de un mensaje de actualidad -la superposición del beneficio económico sobre cualquier otra consideración, la rebeldía que supone regresar a valores humanísticos y ecológicos-, en el que el elemento precipitador es, de nuevo, una ballena de proporciones y comportamiento sobrenaturales -el acecho sigiloso como un monstruo de cine de terror, su contacto sensorial y casi místico con el protagonista, su identificación con la tormenta como instrumentos de la voluntad, las admoniciones y las enseñanzas de fuerzas superiores al hombre-.

            Aunque narrada con pulso solvente -a pesar de decisiones estéticas cuestionables en algunos primerísimos planos de fotografía demasiado digital o con exceso de añadidos veristas- esta situación deja al filme navegando entre dos aguas y sin terminar de adentrarse en ninguna de ellas, puesto que ni es una película de aventuras marinas y supervivencia particularmente vibrante -le falta fisicidad, sensación de sufrimiento entre tanto trabajo de ordenador- ni su faceta reflexiva y/o espiritual posee demasiado calado -también con tópicos del género como el duelo en cubierta entre personalidades antagónicas-.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 6.

El asesino

17 Mar

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Año: 1961.

Director: Elio Petri.

Reparto: Marcello Mastroianni, Salvo Randone, Micheline Presle, Cristina Gaioni.

Tráiler

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          “Podría haber sido cualquiera”, repiten recurrentemente los personajes de El asesino esgrimiendo la frase tanto a modo de excusa como a modo de acusación. En efecto, la intención de Elio Petri es apuntar indiscriminadamente su mazo de juez hacia todo habitante de Italia -y por extensión de Occidente-, argumentando que, al contrario que sucederá con el omnipotente inspector de homicidios de Investigación de un ciudadano libre de toda sospecha, son individuos merecedores de toda desconfianza. No es casual que, en una escena de interrogatorio, el flexo hostigador no apunte hacia el protagonista, sino que parezca romper la cuarta pared para clavar su inquisitivo y deslumbrante haz de luz en los ojos del espectador congestionado al otro lado del fotograma.

          Hasta entonces guionista y auxiliar de dirección, Petri tomaba por fin las riendas de un proyecto cuya base ideará junto a Tonino Guerra y que emplea una coartada policíaca -el asesinato de una mujer- como herramienta con la que desnudar las circunstancias, la inmoralidad y la mezquindad del burgués italiano, que aquí posee el rostro formal y elegante de Marcello Mastroianni. Y, tras contemplar ante el espejo semejante cuerpo en cueros, el realizador novel asumirá que el tono farsesco es el que mejor le conviene al asunto. De hecho, será la clave que predomine a lo largo de su comprometida carrera como director.

          El asesino somete a examen a su protagonista a través de una indagación en tiempo presente -su asunción de sus numerosas y variopintas culpabilidades- en la que hábilmente se intercalan delatores testimonios provenientes del pasado, de la memoria culpable. Se compone así una semblanza que es personal y social al mismo tiempo, puesto que los comportamientos descritos son también producto de la acción o cuanto menos de la mentalidad colectiva -la maquiavélica corrupción como forma de entender el negocio o la promoción en la comunidad, la nueva legitimación del fascismo, la volubilidad del juicio público, la carencia de empatía hacia el prójimo-.

          De esta manera, y aunque quizás le queda por compensar un punto más de profundidad dentro del aun así poliédrico y agrio desencanto que subyace en la narración, la acidez del humor de El asesino corroe uno por uno los disfraces de respetabilidad que esconden a un ente caricaturesco, patético en su indefendible miseria moral.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7,5.

Julieta

30 Dic

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Año: 2016.

Director: Pedro Almodóvar.

Reparto: Emma Suárez, Adriana Ugarte, Daniel Grao, Darío Grandinetti, Inma Cuesta, Rossy de Palma, Michelle Jenner, Priscilla Delgado, Blanca Parés, Pilar Castro, Nathalie Poza, Tomás del Estal.

Tráiler

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          “Es la peor recepción comercial que he tenido nunca”, se lamentaba Pedro Almodóvar por los resultados que cosechó el estreno de Julieta en la taquilla española. Quizás la aparición de su nombre en el escándalo de los papeles de Panamá alimentó una animadversión popular hacia el cineasta manchego y su cine que, en el plano artístico, parece poco justificada en este caso, más allá de la tradicional antipatía que, entre los sectores más reaccionarios de la sociedad, despiertan los abanderados del séptimo arte estatal que se han significado públicamente en favor de la izquierda política durante los últimos años -véase por ejemplo el reciente boicot ‘patriótico’ a Fernando Trueba-.

Porque no hay Julieta la estridencia provocativa de las obras iniciales del director, ni los tópicos que acusan a su obra de inquietudes obsesivas por la sexualidad anticonvencional, ni del modernismo combinado con el costumbrismo para crear una mezcla petarda, ni de la acumulación desbocada de citas y referencias. Julieta es una película libre de excesos, más allá del tremendo melodrama que habita su protagonista. Pero la contención y el grito reprimido son los rasgos que dominan este relato de desgarros que no cesan, de una turbulenta sucesión de pérdidas y culpa que agostan la vitalidad de una mujer a lo largo de su existencia.

          Almodóvar se basa en una serie de textos de Alice Munro para reconstruir, con voz en primera persona, una personalidad femenina despedazada por el trauma. Así, el relato que se desgrana dentro del relato nace de la muerte, pero se enhebra a través del amor para describir un futuro siempre incierto en el que, al igual que le sucede a cada uno de nosotros, resulta imposible averiguar de qué lado caerá la suerte cada vez, independientemente del fatalismo que parecen cargar las decisiones vitales de Julieta (Emma Suárez y Adriana Ugarte). No por nada, ella lee a sus alumnos de literatura clásica un pasaje de la Odisea -el libro primigenio, el gran viaje de vivir- en el que el héroe prefiere escoger la aventura inescrutable -la esencia de la vida- a la inmortalidad encerrada los brazos de Calipso.

          Entre los paralelismos que la memoria y el dolor trazan a lo largo de la historia, entre los contrastes del desaliento y la esperanza, Almodóvar moldea la semblanza de una mujer en la que refleja con gran sensibilidad la fragilidad y la desesperación, sometida a los castigos de la conciencia propia y ajena, inmersa en un universo reconcentrado donde los males de las entrañas o se purgan o se heredan. Desde la realización, la perspectiva personal de la protagonista-narradora se desborda en un halo onirismo a través una puesta en escena muy estilizada donde el tratamiento del color en el vestuario, los objetos y el decorado cobra especial relevancia para estimular sensaciones de pasión, de abatimiento o de ofuscación. Contribuye también a ello, no sé si voluntaria o involuntariamente, el formalismo literario de los diálogos y su apariencia de estar dictados y luego enunciados.

          Sea como fuera, esta fuga de tenue surrealismo le sienta bien a la película para aliviar el recargamiento trágico en el que podría encallar el libreto y termina de pulir este camino de curvas inseguro y hechizante.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 8.

La llegada

27 Nov

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Año: 2016.

Director: Denis Villeneuve.

Reparto: Amy Adams, Jeremy Renner, Forest Whitaker, Michael Stuhlbarg, Mark O’Brien, Tzi Ma

Tráiler

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           Resulta curioso que en La llegada las naves alienígenas parezcan emular el enigmático monolito de 2001: Una odisea del espacio -el punto de inflexión de la ciencia ficción cinematográfica debido a su adentramiento en el universo filosófico posible- y, sin embargo, su utilización dramática se asemeja en mayor medida a la del planeta que era capaz de destripar la mente de los astronautas en Solaris -la contestación humanística y metafísica del soviético Andrei Tarkovski a este género que, en manos de los americanos, consideraba que se reducía a imágenes vistosas aunque vacías de alma-.

           La odisea que propone La llegada, pues, se orienta de nuevo hacia el interior del ser humano, y no hacia el exterior del cosmos. Protagonizada por una lingüista a la que se encarga establecer contacto con los extraterrestes, a partir de un armazón espectacular -la intriga acerca de las intenciones de los viajeros cósmicos, la tensión política que provoca su presencia extraña-, el filme explora una cuestión existencialista con toques místicos -la asunción estoica del Destino ligada al carpe diem, al aprovechamiento del camino a pesar del fatalismo inexorable que implica vivir-.

           Así las cosas, el libreto -tomado del relato corto La historia de tu vida, de Ted Chiangno se decide a reducir a los extraterrestres a lo que son, un mcguffin -trascendente en todas sus acepciones, pero mcguffin al fin y al cabo-, y monta alrededor de ellos un circo de tres pistas. El problema es que la viga maestra que sostiene las carpas de este circo es una paradoja tremendamente frágil porque depende de una dudosísima transgresión de las leyes espaciotemporales -elemento siempre propenso a crear contradicciones lógicas- y por la incoherencia que, a la postre, infunde a las acciones de los heptápodos -es difícil encontrar congruente su inteligencia precognitiva con sus procedimientos de contacto con la humanidad, o darle sentido último a su misión-.

Además, en el recorrido quedan subtextos interesantes, caso de la sempiterna y problemática relación entre el Nosotros y el Otro -los recurrentes términos de corte belicista o heterófobo, la igualación entre el helicóptero militar y la nave espacial, las referencias históricas y actuales al colonialismo…- o de la reflexión filológica a propósito la conexión entre lenguaje, comunicación y esquemas socioculturales -articulado primero mediante conceptos expuestos a las bravas, con crudos discursos teóricos, y luego finiquitado a salto de mata-.

           A uno le queda la sensación de presenciar un conjunto desequilibrado. De que el despliegue de medios técnicos y argumentales es exageradamente aparatoso para que, finalmente, el mensaje se reduzca a unas conclusiones filosóficas e intimistas abordadas con tanta superficialidad -y hasta cursilería-. De que son muchas alforjas para tan poco camino. De que La llegada es más Contact o Interstellar que Solaris.

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Nota IMDB: 8,4.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 5.

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