El secreto de sus ojos

18 Nov

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Año: 2009.

Director: Juan José Campanella.

Reparto: Ricardo Darín, Soledad Villamil, Guillermo Francella, Pablo Rago, Javier Godino, José Luis Gioia, Mario Alarcón, Mariano Argento, Carla Quevedo.

Tráiler

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          Alfred Hitchcock abogaba por desencorsetar la narración de las estrictas servidumbres de lógica en favor de buscar la emoción pura. No sé si, con esta afirmación, el maestro del suspense se refería exactamente a películas como El secreto de sus ojos, pero la ganadora del Óscar a la mejor película de habla no inglesa bien puede ajustarse a sus términos. Porque, en ella, la trama policíaca alrededor del asesinato y violación de una joven maestra ofrece una excusa atractiva, aunque enhebrada por un par de casualidades flagrantes -la identificación del sospechoso por medio de las fotos, su localización en el abarrotado estadio de Huracán, que no obstante entrega una poderosa escena de rastreo y persecución en plano secuencia-, para hablar, en el fondo, de la pérdida del amor.

Pero, a decir verdad, incluso estas casualidades, cuyo coqueteo con la inverosimilitud reconoce honestamente el propio guion, poseen perfecto sentido con lo que en realidad se cuenta, con ese melodrama de emociones cercenadas en unos tiempos violentos y miserables -una premisa, cabe reconocer, muy propia del superventas literario contemporáneo, con frecuencia repescado luego en formato de largometraje o serie-. Y es que el punto de vista de El secreto de sus ojos lo sirve un narrador que no es completamente fiable: se trata de un oficial del juzgado de instrucción de Buenos Aires que, de regreso del exilio en su propio país tras la jubilación, intenta recrear en palabras y sentimientos esa investigación y ese romance que condicionaron traumáticamente su existencia. La escena inicial es un vaporoso pedazo de memoria al que se pretende aprehender antes de que se esfume definitivamente, darle cuerpo para poder afrontarlo antes de que sea demasiado tarde. Es decir, que esa evocación también tiene algo de creación, de autoficción visceral, en la que se trazan reflejos y equivalencias entre la evolución del caso policíaco y la del romance entre el protagonista y su jefa de departamento, una mujer de otro rango profesional, otra clase social y con un compromiso matrimonial en la mano.

          Así pues, vinculado a este juego de paralelismos, se puede entender que asuntos como el de la mirada que se clava furtivamente en la amada en unas fotografías o encontrar la aguja en un pajar humano son una forma en la que el oficial Benjamín Espósito trata de transmitir sus sentimientos a flor de piel, de expresar lo que aún no sabe verbalizar. La entrega absoluta congelada en una imagen, la necesidad de perseguir e incluso, quizás, llegar a materializar lo imposible. “Lo único que nos queda son recuerdos… que al menos sean lindos”, reflexiona el viudo de la víctima. Con este argumento, el drama de El secreto de sus ojos queda canalizado en su desenlace hacia la enmienda del pasado, hacia el resarcimiento desesperado y postrero, con los personajes simultáneamente encuadrados entre rejas, atrapados en una vida que ha quedado sumida en la nada.

          El libreto, en el que Eduardo Sacheri adapta su propia novela junto al director, Juan José Campanella, está cuidado al detalle, pues, como se comentaba antes, hasta es consciente y reconoce sus potenciales abusos hacia la credulidad del espectador. El interés de los creadores recae sobre los personajes y sus relaciones, trazados con esmero tanto desde las soberbias frases que contienen los diálogos como por la tensión invisible que llena una atmósfera cargada de electricidad estática; de pasión y de melancolía. Elementos dramáticos que culminan a la perfección los actores encargados de interpretarlos. Por destacar los papeles principales -aunque secundarios como Mario Alarcón dejan también sonoras muestras de talento-, Ricardo Darín es un tipo creíble en prácticamente todos sus papeles, Soledad Villamil es conmovedora revelando los vibrantes secretos que esconden los ojos del título -es, inevitablemente, una película de miradas expresivas-; Guillermo Francella desborda rigor y carisma de auténtico robaplanos, y sobre el español Javier Godino leí en su día sorprendidos elogios desde Argentina por su emulación del acento de Chivilcoy.

La complejidad y la atención de la trama les pertenece fundamentalmente a ellos, por encima incluso de los terribles hechos con los que les bombardea una realidad hostil, despiadada, mezquina. Pertenece a sus emociones.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 8,1.

Nota del blog: 8,5.

4 comentarios para “El secreto de sus ojos”

  1. Sam Simon 18 noviembre, 2020 a 19:59 #

    Vaya peli, me afectó mucho cuando la vi… Ahora que he leído tu reseña, tengo ganas de volver a verla. Gracias!

    • elcriticoabulico 20 noviembre, 2020 a 14:38 #

      Pues hacía un montón que no la veía y me ha aguantado más que bien. Ya me contarás.
      ¡Un saludo, Sam!

  2. Hildy Johnson 21 noviembre, 2020 a 19:35 #

    Me gustó cuando la vi por primera vez y en las demás revisiones. Sobre todo esa historia de amor contenida y el personaje de Guillermo Francella. Tiene un punto excesivo sobre todo en la resolución final del misterio que, sin embargo, no desentona. Al fin y al cabo el secreto está en los ojos. Puede ser uno de amor, de amistad o de venganza.
    La verdad es que conecto con las historias de Juan José Campanella.
    Empezó con una peli que me impresionó en su momento, cuando la estrenó (no he vuelto a verla), pues me pareció dura: El niño que gritó puta. Curiosamente el tono de aquella película debut nada tiene que ver con su cine posterior.
    Luego me enamoré de El hijo de la novia y Luna de avellaneda, lo que me hizo buscar El mismo amor, la misma lluvia. Me lo ha hecho pasar divinamente con lo último que ha hecho en cine, un remake: El cuento de las comadrejas, aunque me han dado ganas de recuperar el original. Aquí da rienda suelta a un humor negro genial.

    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 23 noviembre, 2020 a 13:51 #

      Campanella sabe contar historias, hacer que los personajes importen, lo cual allana el camino para querer la película. Fíjate que le tenía perdida la pista y ni me enteré de esta El cuento de las comadrejas. Ni aún he visto Metegol. Lo último suyo con lo que me he encontrado son los capítulos que dirigió de Halt and Catch Fire, una serie que me encantó.
      ¡Besos!

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