La condesa descalza

25 May

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Año: 1954.

Director: Joseph L. Mankiewicz.

Reparto: Ava Gardner, Humphrey Bogart, Edmond O’Brien, Warren Stevens, Marius Goring, Rossano Brazzi, Valentina Cortese, Elizabeth Sellars.

Tráiler

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         La condesa descalza ofrece una de las maneras más hermosas y elocuentes de expresar la fascinacion que posee una estrella, una de esas personas dotadas de un carisma sobrenatural capaz de imantar la mirada y las emociones de aquel que se encuentre en su presencia. Se trata de una escena de varios minutos en la que el personaje, la bailaora madrileña María Vargas, queda retratado no por sus actos o su imagen, sino por las reacciones del público que contempla su fulgor. La cámara va saltando de mesa en mesa, de rostro en rostro, registrando cada uno de los sentimientos que despierta su arte, su magnetismo, su aura… dentro de un crescendo que, en algunos casos, conduce al éxtasis. Es una presentación maravillosa.

         La condesa descalza es un punto de giro en la carrera de Joseph L. Mankiewicz. Es la primera película que llevará a cabo con su propia compañía, Figaro -respaldada financieramente y en la distribución por la United Artist, eso sí-, desempeñando los cargos de productor, director y guionista de la obra. Es, además, su estreno en el color, acompañado por la fotografía de todo un experto como Jack Cardiff, que imprimirá ese cromatismo exacerbado, completamente fabuloso, que había llevado a sus cotas más altas al servicio de The Archers: Michael Powell y Emeric Pressburger. No deja de ser paradójico el empleo de esta fotografía romántica, que recuerda al pintado a mano de los fotogramas, mientras que, en el guion, el veterano y decadente realizador que interpreta Humphrey Bogart insista a los insensibles productores que su nueva estrella ha aparecer en pantalla con la mayor limpieza posible, prácticamente sin maquillaje, con vestuario sencillo, sin nada que disfrace o nuble ese hechizo innato que posee. E igual ocurre con los emperifollados ropajes que luce Ava Gardner.

El asunto es que los contrastes forman parte del fondo de La condesa descalza. Es un filme que arroja oscuras sombras contra las deslumbrantes luces del éxito, que sirve perdices podridas al final del cuento de hadas. La Cenicienta se convierte en una referencia recurrente en los diálogos y la historia, pero La condesa descalza comienza in extremis. Y lo hace en un funeral, bajo una lluvia torrencial que, como observa el realizador, es la atmósfera adecuada para ilustrar la vida de una mujer transformada en estatua de mármol, como si se tratase de una condena mitológica que certifica su destino irreparable. Los episodios de su vida los narrarán tres hombres que creyeron conocerla -e incluso muy brevemente y con intermediario, en una sola escena clave, por ella misma-.

         La condensa descalza es un filme profundamente triste, protagonizado por criaturas asustadas y perdidas, a pesar del boato, el glamour y la riqueza que los rodea e ilumina. Apenas hay refugios íntimos y tranquilos, como ese delicado oasis que construyen el director y la actriz, y en el que Bogart y Gardner muestran química -a pesar de las críticas del primero hacia las cualidades de quien por entonces había puesto uno de sus múltiples finales a su inestabe relación con Frank Sinatra, amigo suyo-.

En el texto, Mankiewicz insiste hasta la saciedad en contraponer los caminos del cine más tópico y su divergencia frente a las decisiones de las personas “reales”, pero al mismo tiempo no rehusa de aspectos melodramáticos e incluso tremendistas del cuento tradicional, aunque sea para subvertirlos. Como esa Cenicienta que se niega a que nadie le calce el zapatito de cristal. Y, sin embargo, conmueve comprender que, en este turbio y a veces tremendamente sarcástico paisaje que Mankiewicz dibuja desde el conocimiento y una inteligente y afilada escritura -es probable que esa conquista de la independencia le facilitase saldar cuentas con las frustraciones del negocio-, hay una sentida autenticidad en este retrato recurrente, que podría ser el de la propia Gardner -lo que redobla la emoción de su papel- como el de cualquier otra gran sex-symbol de la industria de los sueños.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 8.

8 comentarios to “La condesa descalza”

  1. Hildy Johnson 26 mayo, 2020 a 10:17 #

    Qué hermoso texto sobre La condesa descalza.
    Para mí es una película que no solo no me canso nunca de verla, sino que siempre me muestra nuevos recovecos en cada visionado.
    En el último que realicé para poder escribir un análisis en otro blog (que no el personal), me gustó centrarme en una de las frase que suelta Bogart: «Un guion debe tener sentido; la vida, no». Porque Joseph L. Mankiewicz logra plasmar esas vidas, que no siguen un guion, y a veces carecen de sentido y lógica… como la de María Vargas.
    Por cierto, qué maravilloso monumento al kitsch esa Ava deslumbrante con el niqui amarillo bailando no sabemos qué en un improvisado campamento. Es una de esas secuencias que nunca olvido.

    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 27 mayo, 2020 a 13:45 #

      La verdad es que esa es una idea que maneja… quizás con demasiada insistencia. Tanta que incluso termina por subrayarme un efecto contrario. Puede que incluso esa sea la intención, porque si Bogey no repite la frase cinco o seis veces… Y sí, ese kitsch entre carromatos gitanos representa todo el kitsch de Hollywood en cuanto sale de Hollywood jeje. Una fantasía.
      ¡Besos!

  2. Deckard 27 mayo, 2020 a 01:52 #

    Una joya. Hace poco la pusieron en La 2 pero no pude volver a verla entera. Ya toca. Efectivamente, esa maravillosa frase de Mankiewicz que menciona Hildy (“Un guión debe tener sentido; la vida no”), ya por sí justificaría el visionado de este clásico, y vale por decenas de películas de directores mediocres. El talento de uno de los grandes.

    Siempre pensé que si esta película se hubiera hecho a finales de los 60 o principios de los 70 hubiera podido ser más explícita. Porque se nota que Mankiewicz se muere de ganas de darle carga sexual a la historia, pero por cosas de la época, tiene que hacerlo con alusiones veladas o a veces quizás excesivamente sutiles. Claro que entonces la protagonista no hubiera podido ser Ava Gardner (se podría jugar a imaginar un cásting alternativo, pero es casi imposible: las cosas son como son). Y la verdad, es que es difícil imaginar a una mujer que no fuera Ava interpretando este papel. Entre otras cosas porque este papel tiene rasgos marcadamente autobiográficos. Como todos sabemos, Ava Gardner vivió muchísimos años en España y casi se la podría considerar una compatriota más, por la manera en la que se identificaba con nuestra idiosincrasia y por su erotismo y fogosidad equiparables a nuestro temperamento latino. Pero es que, además, al igual que Maria Damata, Gardner no se encontraba a gusto en ese ámbito de frivolidad que representaba Hollywood y por eso emigró a nuestro país. Ella estaba a gusto entre la gente humilde y sin pretensiones, (algo que le honra, pero que seguro que le trajo alguna vez alguna que otra complicación, porque no dejaba de ser un ídolo de masas de la pantalla….). También veo que Maria Damata tiene rasgos muy en común con Rita Hayworth (MargaRita Cansino para los amigos), por sus orígenes en el mundo del baile y las danzas populares. Uno no puede dejar de pensar si Mankiewicz también le propuso a Rita el papel. Aunque la película probablemente hubiera sido muy diferente. Gardner y Hayworth eran buenas amigas. Hay testigos y fotos de como ambas disfrutaban a tope de la noche madrileña. No obstante, la Hayworth tenía una vida privada más discreta y menos juerguista, y como no era una morenaza de manual daba menos el tipo de latina que Ava pese a tener sangre española. El juego de espejos (realidad-ficción) daba más juego con la Gardner, clarísimamente. Y buena prueba de ello es el magnífico resultado final (aunque hace un par de semanas le escuché a Jose Luis Garci que pensaba que esta no era tan “redonda” como otras del director norteamericano)

    Un saludo.

    • elcriticoabulico 27 mayo, 2020 a 13:51 #

      Como le digo a Hildy, la frase está muy bien, pero no sé si le gustaría tanto a este Mankiewickz independiente del sistema que le lleva a repetirla hasta la saciedad. La carga sexual sí que puede apreciarse en ese primo de Gardner que parece estar en todas partes sin estarlo, es posible que más adelante podría haber desarrollado el concepto con mayor picante, pero creo que se resuelve bien. Me encanta esa Gardner crepuscular (pronto empezó a percibirse como tal) que interpreta a mujeres vapuleadas por la vida, hay mucha verdad en ese cansancio suyo en el que, sin embargo, sigue brillando un magnetismo excepcional. Me pasa también con La hora final. Y sí, Hayworth debía de ser la inspiración principal para el personaje. Hollywood es un monstruo que exige el permanente sacrificio de vírgenes para colmar sus ansias.

      • Deckard 27 mayo, 2020 a 18:22 #

        Vírgenes ahí me parece que hay pocas…

        • elcriticoabulico 27 mayo, 2020 a 19:06 #

          En sentido figurado, en sentido figurado.

          • Deckard 27 mayo, 2020 a 20:44 #

            Ni en sentido figurado. Pero entiendo lo que quieres decir. Hollywood es una pira incendiarias en la que arde hasta el más mínimo indicio de ingenuidad. Y para corromperse, muchas veces hay que estar muy dispuesto a dejarse corromper…..
            No obstante, Ava Gardner nunca pretendió ser sor Teresa. Era una mujer bastante honesta. Vividora pero no especialmente cinica….

            • elcriticoabulico 29 mayo, 2020 a 14:13 #

              Tiene toda la pinta de ser un territorio en el que es muy complicado sobrevivir… sobre todo saliendo indemne de la aventura.

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