Tag Archives: Escandinavia

A Swedish Love Story

21 Jul

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Año: 1970.

Director: Roy Andersson.

Reparto: Rolf Sohlman, Ann-Sofie Kylin, Bertil Nörstrom, Margreth Weivers, Lennart Tellfeit, Maud Backéus, Anita Lindblom, Lennart Tollén, Björn Andrésen.

Tráiler

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          Admirador del Gordo y el Flaco y de Luis Buñuel, rastreador de la pintura en busca de inspiración y comparado con Ingmar Bergman en su introspección existencialista, aunque filtrada en esta ocasión desde el humor patético y estoico del slapstick de Buster Keaton, que a su vez se traduce al celuloide con la parquedad rítmica de Alain Resnais y el transitar hacia la nada del teatro del absurdo. Roy Andersson es un especimen único del cine que irrumpió en el largometraje con A Swedish Love Story, una película engañosamente realista. Esto es, dentro del clasicismo de su argumento -el romance de una pareja de adolescentes que escapan de la opresión del mundo adulto a través del amor- se percibe ya la visita del insólito universo -triste y lánguido hasta la caricatura abstracta, si bien extrañamente humano, tierno, cómico y hasta tenuemente optimista- que se irá configurando y consolidando en su obra posterior, donde apenas figuran otros cuatro largos y un puñado de cortos.

          A Swedish Love Story narra con calidez y emoción este rito de paso, universal y reconocible a lo largo del desarrollo del cortejo y del idilio juvenil. Pero, en definitiva, lo inserta en el marco de una fallida sociedad sueca donde los adultos ejercen como auténticas criaturas inmaduras e incompletas. Caprichosos, frustrados, cínicos, crueles, incapaces de aguantarse a sí mismos, estos oponen una claustrofóbica barrera de niebla frente a los rayos de luminosidad, a las promesas de esperanza, que Pär y Annika encuentran en un amor sincero y cándido, presente e inmediato, durante el cual, gracias a que la corrupción espiritual de la madurez aún no ha hecho mella en ellos, ni siquiera poseen las artimañas suficientes para imitar los juegos de humillación y desprecio de sus progenitores. El carácter rebelde, genuino y soleado del romance, y la belleza sensible, cotidiana y natural de sus fotogramas, parece conectar incluso con otros amantes proscritos como los de Malas tierras -tres años posterior-, marginales en un mundo deshumanizado y desnaturalizado que no puede comprender ya, ni transigir, con la pureza y la intensidad de sus sentimientos.

         No obstante, el avance de la miseria adulta en el último tercio del filme no es menos interesante, por lo desconcertante de esta expresión insospechadamente satírica de un entorno terrible en su mezquindad, su violencia -moral y física- y su ridiculez.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7.

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El otro lado de la esperanza

11 Abr

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Año: 2017.

Director: Aki Kaurismäki.

Reparto: Sherwan Haji, Sakari Kuosmanen, Simon Al-Bazoon, Ilkka KoivulaJanne Hyytiäinen, Nuppu Koivu, Niroz Haji.

Tráiler

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           Aki Kaurismäki es un desencantado con esperanza, aunque cada vez parezca que le cuesta más esfuerzo sostener esa línea de defensa terminal frente a las tendencias de la sociedad occidental, en los últimos tiempos sometidas a la destrucción de los equilibrios sociales a causa de la crisis económica -el hundimiento de la clase media, el nacimiento de redes de solidaridad popular, los crecientes desajustes nacidos de los privilegios y elitismos económicos-, los dilemas y paradojas de la convivencia multicultural -la aceptación del inmigrante, la competencia social, el choque de costumbres, la paranoia del terrorismo islamista- y la estridencia del resurgir de movimientos políticos de ultraderecha.

A pesar de que, con extraordinario juicio, el autor finlandés siempre cita a Charles Chaplin como el ideal del séptimo arte, su cine tiene algo de Buster Keaton. Y no solo en el estatismo de sus imágenes, análogo a la cara de palo de Keaton y utilizado con similares efectos cómicos, como si fuese una metáfora de su estoicismo frente a los vaivenes del porvenir. También porque, desde ese mismo estoicismo, sus personajes sacan fuerzas de la flaqueza y tratan de sobreponerse a las circunstancias que los asedian. Son serios en su naturaleza patética, pues la tienen asumida y, con técnica de expertos judocas, hasta la pueden utilizar en su favor.

           La situación social y geopolítica de Europa y el mundo no ha progresado en nada desde el estreno de El Havre hace seis años, último largometraje dirigido en solitario por Kaurismäki -entre medias se encuentra su respectivo episodio en la película coral Centro histórico– y en el que, con tierno optimismo, consideraba que aún podían obrarse milagros en un Viejo Continente cada vez más enfermo de insolidaridad -especialmente desde un punto de vista institucional-.

Así las cosas, Kaurismäki toma el pulso de nuevo al paciente y no lo encuentra en mejores condiciones; más bien al contrario. El drama de la emigración se ha recrudecido, incluso. En El otro lado de la esperanza, Khaled no llega a costas finesas solo en busca de un futuro mejor, sino que es refugiado de la guerra Siria. Y quienes lo hostigan en esta nueva tierra -aparte de la sempiterna Administración, deshumanizada hasta el ridículo- no son un vecino desaprensivo, como aquel que delataba al pequeño Idrissa por pura malicia, sino jaurías de neonazis entregados a una xenofobia sin cuento, totalmente lamentable en sus motivaciones. “¡Maldito judío!” le espetará uno de ellos en cierta escena dejando tras de sí la más negra muestra del lacónico y corrosivo sentido del humor del cineasta nórdico. Será porque, como observa uno de los refugiados iraquíes, conviene siempre tener una disposición alegre, puesto que a los tristes son los primeros a los que repatrian. Haremos bromas, pero bromas tristes; aunque solo sea por sobrevivir al desastre.

Quizás por todas estas cuestiones, el retrato humano que compone El otro lado de la esperanza posee menor grado de calidez, o de abierta ternura, que el que arrojaba la reconfortante El Havre. En Finlandia el sol luce menos que en la costa normanda.

           Pero, contra viento y marea, contra las soberanas palizas que traen consigo los acontecimientos, Kaurismäki, como haría Keaton, persevera. Maestro de la composición de atmósfera y tono narrativo, en El otro lado de la esperanza la melancolía fluye a ríos, impulsada por la decepción, si bien la corriente impacta ocasionalmente contra rocas o, mejor dicho, contra objetos absurdos anclados en el cauce, y que son dueños de una comicidad insospechada, que salpica y refresca momentáneamente. En El otro lado de la esperanza chocan entre sí la huida hacia adelante de Khaled y la huida hacia delante de sí mismo que emprende Wikström, un comercial de camisas hastiado de su trabajo y de su matrimonio, y que entrega al simple azar su reconversión en empresario de la hostalería. Otro desheredado de la tierra, por otros motivos distintos.

De esta forma, el filme traza un encuentro semejante al que protagonizaban el viejo limpiabotas Marcel Marx y el joven Idrissa, arrinconados en unos márgenes donde, rebelde, se ha conformado una especie de comunidad de parias, último refugio de los que no tienen nada. Aquí, esa comunidad se concentrará en un bar-restaurante de ánimo tan desorientado como su gerente, que solo pretende hallar su sitio en medio de toda esta farsa tragicómica.

“Amo Finlandia, pero si sabes cómo puedo salir de aquí, avísame”, dice Khaled. La felicidad es un derecho negado para un inmigrante, para un nativo y para un extranjero que desea naturalizarse. Es un problema todavía más grande, de orden universal, parece insistir el realizador y guionista, quien lleva décadas sumergido en las ruinas de la clase proletaria. Y, sin embargo, Kaurismäki no desiste de cerrar la función con una sonrisa, aunque esté bañada en amargura.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8.

El manantial de la doncella

12 Abr

“El arte debe hacer preguntas y no avanzar respuestas, que siempre me parecen sospechosas, incluso peligrosas.”

Michael Haneke

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El manantial de la doncella

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El manantial de la doncella

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Año: 1960.

Director: Ingmar Bergman.

Reparto: Max von Sydow, Birgitta Valberg, Gunnel Lindblom, Birgitta Peterson, Axel Düberg, Tor Isedal, Ova Porath, Allan Edwall, Axel Slangus.

Tráiler

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            Es curioso cómo los caminos del cine conducen a que un cineasta intelectual como Ingmar Bergman sea considerado una suerte de precursor de una vertiente del cine de explotación como es el ‘rape and revenge’ –es decir, las cintas de violación y venganza sangrienta-, cuyos cánones quedarán delimitados a grandes rasgos con el estreno en 1972 de La última casa a la izquierda, cinta directamente influida por la presente. No obstante, aunque en El manantial de la doncella comparecen los mimbres argumentales de este subgénero, el filme es en realidad un nuevo paso en la búsqueda del sueco en torno a la existencia y la naturaleza de Dios.

            Tomada la historia de una canción folclórica sueca del siglo XIII, Töres döttrar i Wänge, los personajes de El manantial de la doncella se debaten en pasiones humanas que, a la postre, les hacen cuestionarse la existencia de la divinidad, inmersos además como están en un universo donde el paganismo y el cristianismo se encuentran todavía violentamente mezclados en otra lucha antagónica –las plegarias a Odín y el hombre tuerto de la cabaña; la visión necesariamente martirológica del sentimiento religioso, el repudio a poner la otra mejilla iniciado con una especie de ancestral rito de purificación-.

La envidia, la bondad, el amor, la lujuria, la avaricia, la generosidad, la ira, la compasión. Dilemas y contradicciones. Impulsos y remordimientos.

A través de sus emociones y sus acciones, Bergman inunda a estos frágiles y desconcertados individuos de interrogantes religiosos y existenciales, que son por supuesto los suyos propios. ¿Acaso puede haber un Dios en un mundo donde se permite el ultraje absoluto de la inocencia? ¿Responde la divinidad a las atronadoras preguntas de sus criaturas? ¿Aporta consuelo? ¿Acaso debería hacerlo? Como había evidenciado en El séptimo sello, para el autor sueco las preocupaciones profundas de la humanidad son las mismas en el medievo que en la actualidad postcontemporánea.

            Bergman rueda la controvertida escena de la violación con un temple y una crudeza inusual para la época, pero su contraste con la cuidada estética que domina sus planos no es tampoco excesiva. Todo es parte de una misma unidad, de potente expresividad. El desenlace, si bien contundente en su simbolismo, no deja tras de sí unas conclusiones tan cristalinas como aparenta. Así, es significativo que en los tres años siguientes a El manantial de la doncella -y solo intermediada por la también religiosa El ojo del diablo se agrupe la conocida como Trilogía del silencio de Dios, conformada por Como en un espejo, Los comulgantes y El silencio.

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Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,9.

Nota del blog: 7,5.

Noche en la Tierra

3 Mar

Jim Jarmusch entraba en la década de los noventa como había dejado la de los ochenta: con una película fragmentaria y capitular que, en este caso, dibuja la realidad del urbanita contemporáneo a través de nexos en común que encuentran su lugar común en la noche y en la cabina de un taxi. Noche en la Tierra, cuarta toma de Jim Jarmusch para Ultramundo.

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Fuerza mayor

2 Ene

“Tengo la sensación de que el género masculino está en decadencia absoluta.”

Jonás Trueba

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Fuerza mayor

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Fuerza mayor

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Año: 2014.

Director: Robert Öslund.

Reparto: Johannes Kuhnke, Lisa Loven Kongsli, Vincent Wettergren, Clara Wettergren, Kristofer Hivju, Fanni Metelius, Karin Myrenberg.

Tráiler

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           “El enemigo son las historias de héroes”, trata de conciliar verborréica y torpemente el amigo del protagonista de Fuerza mayor, un padre de familia quien, ante la amenaza de una avalancha de nieve y esclavo a sus pulsiones instintivas, prefirió salvar su smartphone y huir despavorido antes que proteger a sus dos hijos de una inminente muerte bajo el hielo.

           Fuerza mayor retrata la desacreditación, decadencia y destrucción del macho alfa, víctima de un estereotipo falaz que le señala como presunto líder imperturbable de la manada familiar, bastión rocoso frente a las adversidades del entorno y guardián invulnerable ante los ataques de las gentes malas del exterior. Un John Wayne, un Humphrey Bogart o un Steve McQueen, por ejemplo, si nos circunscribimos a la mitología contemporánea. Las espurias servidumbres socioculturales también existen para ellos.

En efecto, uno de los grandes dramas que acechan a muchos representantes del género masculino es la imperativa necesidad de llenar los zapatos de un héroe de ficción para, en cambio, tropezar patéticamente contra las limitaciones físicas y psicológicas que impone una realidad inmisericorde frente a las eventuales comparativas con constructos fantasiosos. Y el drama que propone el director y guionista Robert Öslund en su filme es un drama sobre la cobardía del individuo común, que reacciona como buenamente puede contra un universo hostil que supera ampliamente sus capacidades. Porque, al fin y al cabo, para desgracia suya, uno termina pareciéndose más a los personajes de los Coen, humorísticos a su pesar, que a Clint Eastwood escupiendo frases lapidarias tras su enorme magnum .44.

           El cineasta sueco plantea así un auténtico tour de force donde un vigoroso ejemplar de varón –guapo, atlético, triunfador- sufrirá, como si de un asedio bélico se tratase –las constantes salvas de cañón-, las consecuencias de sus pecados involuntarios. Un calvario este que, ensamblado en un sarcástico esquema de caída y redención, evoluciona con desarmante mala leche desde la tragedia íntima con notas de Michael Haneke –el empleo de la inquietante y atronadora música clásica en situaciones cotidianas y aparentemente inocuas- y tendencias un tanto discursivas hasta embarrancar en un desenlace de comedia patética.

Con tino y férreo control narrativo, la voluntaria artificiosidad de estas conclusiones devuelve sin piedad al hombre, inmerso en el engaño, a su condición de preso de unos arquetipos inexistentes que solo pueden conducir al desastre más absoluto –o, como poco, más bochornoso-.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7,5.

The Salvation

24 Dic

“El Oeste nunca cambia, lo que otorga una gran libertad al director.”

Jean Renoir

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The Salvation

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The Salvation

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Año: 2014.

Director: Kristian Levring.

Reparto: Mads Mikkelsen, Eva Green, Jeffrey Dean Morgan, Jonathan Pryce, Éric Cantona, Mikael Perstbrand, Alexander Arnold, Douglas Henshall, Nanna Øland Fabricius.

Tráiler

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            El western, decía Clint Eastwood, es una de las escasas aportaciones culturales genuinas de los Estados Unidos al mundo. Su lenguaje y su temática, heredera en el mejor de los casos de las grandes tragedias griegas, es comprensible en cualquier lugar, por cualquier individuo. En el peor, ofrece al menos un microcosmos de fantasía bien pautado en el que, a partir de unos arquetipos bien definidos, poder componer obras igualmente universales, como se pudo comprobar en la miríada de westerns europeos –spaghetti westerns, chucrut westerns, chorizo westerns,…- que proliferaron como sucedáneo a medio camino entre el homenaje y la caricaturización, siempre demostrando una idiosincrasia particular y con un empleo característico de los tópicos, de un género colosal inmerso en una agonía que se prolonga, con apenas repuntes de vigor, hasta el presente.

            The Salvation es uno de estos westerns europeos y europeizados, pero situado completamente fuera de su tiempo, con uno de esos repartos marcianos que solo podían juntar este tipo de aventuras enloquecidas –un héroe rugoso del viejo continente como Mads Mikkelsen, estrellas invitadas desde otra dimensión como Éric Cantona y Oh Land, un cañón de mujer como Eva Green, veteranos de todo tipo de batallas como Jonathan Pryce-. Intérpretes a cargo de arquetipos, cabalgando sobre la paradigmática violencia de este reducto cinematográfico –directa a la frente, sin miramientos- a lo largo de un argumento tradicional de destrucción y redención traumática del protagonista –la violación de la paz, el guerrero que no puede escapar de la guerra, la venganza sangrienta para restaurar quizás el equilibrio-, rastreando por el camino tenues evocaciones de tótems como Jesse James.

Pero además, esta producción danesa agrega a la coctelera notas de velado exotismo –el paisaje sudafricano como sosias colorido de los desiertos tejanos, como otrora hiciera por ejemplo Almería- y chispazos de electricidad moderna –un empleo del chroma para completar el escenario, que dota a los fotogramas de cierto regusto a viñeta-. Tan nueva, tan antigua.

            Adaptado a estos cánones aunque sin ceder a una nostalgia que a estas alturas no procede, Kristian Levring sabe ser apropiadamente conciso y concreto en la narración a pesar de, por otro lado, exhibir desagradable tendencia a mover la cámara sin necesidad y sin demasiado sentido, a modo de contraproducente concesión al sello personal. Es decir, que The Salvation, apoyada especialmente por el carisma primitivo de Mikkelsen, es mejor cuanto mejor asume su esencia de serie B y más correosa se muestra, desde un convencionalismo bien entendido y representado.

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Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 5,5.

Una paloma se posó en una rama para reflexionar sobre la existencia

23 Dic

“Se nace sin objeto, se vive sin sentido… y al morir, no queda nada.”

Ingmar Bergman

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Una paloma se posó en una rama para reflexionar sobre la existencia

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Una paloma se posó en una rama para reflexionar sobre la existencia

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Año: 2014.

Director: Roy Andersson.

Reparto: Holger Andersson, Nils Westblom, Charlotta Larsson, Jonas Gerholm, Ola Stensson, Lotti Törntos, Oscar Salomonsson, Viktor Gyllenberg, Roger Olsen Likvern.

Tráiler

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            Si William Shakespeare le hacía decir al trágico Macbeth que la vida es “un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no tiene ningún sentido”, Roy Andersson, alcanzada la conclusión de su trilogía existencialista que había iniciado con Canciones del segundo piso y La comedia de la vida, parece opinar que la vida es en cambio un poema desvencijado, compuesto y recitado por una cría con discapacidad intelectual.

            En Una paloma se posó en una rama para reflexionar sobre la existencia Andersson, tan incisivo e inclemente como sarcástico en su exploración de las cuitas del ser humano contemporáneo, arroja contra la cámara una colección de viñetas cuyo patetismo desnuda el absurdo inherente a la existencia de cada uno de nosotros, pobres diablos. Con un plano fijo para cada una, siempre a distancia teatral de sus personajes, colores pastel apagados en contraste con la piel cerúlea y el cabello coloreado de sus tristes personajes, inconmovible laconismo en los diálogos y un desconcertante sentido de la tensión narrativa y visual, el cineasta sueco vuelca el proverbial pesimismo existencialista nórdico –que en el cine tiene como nombre mayúsculo a su compatriota Ingmar Bergman-, si bien tratándole con absoluta irreverencia.

            Entre equívocos ilógicos, marginadas en pantalla a espaldas de otros presuntos protagonistas de nada, en la intimidad del recuerdo perdido, en medio de un pastiche de ferocidad irracional, envueltas en inopinadas escenas musicales,… Andersson encadena sus instalaciones de mohíno grand-gignol a través de pequeñas rimas tan aparentemente sin sentido como en realidad demoledoramente reveladoras –el “me alegro de que estés bien” como muletilla vacía de significado-, así como por la repetición de algunos actores/personajes y la confección de cierto hilo dramático en un par de ellos, en especial la lamentable pareja de vendedores de artículos de broma que “solo quieren que la gente se divierta” y que, no obstante, personifican esa continua decepción de vivir que ya encarnaban sus colegas protagonistas de Salesman, plasmación del deprimente desencanto hacia el falaz sueño americano.

Sin embargo, puntean la función ciertas secuencias más luminosas -y por ello no menos absurdas- como la de la madre que hace carantoñas a su bebé en un parquecillo, la pareja de amantes que se magrea en la playa o esa grandiosa canción coral en el bar de Lotta ‘la Coja’, que encontrará una especie de correspondencia ulterior –esas rimas aludidas- precisamente en otro bar por donde, caprichos del libreto, atraviesan las tropas del rey Carlos XII en los momentos previos y posteriores a la decisiva batalla de Poltava, acontecida en ¡1709! y punto final de la condición de Suecia como potencia europea.

            Pero Andersson no se ríe por reír. A fuerza de encadenar el absurdo de la existencia, el autor también lanza con el filme unas atronadoras advertencias a propósito de la naturaleza del homo sapiens, con sus presuntos valores éticos, morales y filosóficos degenerados por la sinrazón a la que mueven las costumbres del presente –“¡No serán cosas para discutirlas en medio de la noche, que mañana hay gente que tiene que ir a trabajar!”, le descerrajaran a un personaje que por fin se detiene a cuestionarse la sociedad y su propio ser-. Una degeneración que, en consecuencia, es capaz de corromper sin remedio cumbres del ingenio de la especie como la ciencia –la investigadora que habla del tiempo en mitad de un cruel experimento- o el arte –el perturbador concierto colonial-.

Desconcertante, hilarante y aterradora.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 8,5.

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