Tag Archives: Investigación

El beso mortal

9 Jul

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Año: 1955.

Director: Robert Aldrich.

Reparto: Ralph Meeker, Maxine Cooper, Gaby Rodgers, Cloris Leachman, Albert Dekker, Nick Dennis, Wesley Addy, Paul Stewart, Mort Marshall, Jack Lambert, Jack Elam, Strother Martin, Marian Carr, Fortunio Bonanova, Percy Helton.

Tráiler

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         En El beso mortal, el detective privado Mike Hammer no se atiene a los viejos códigos de honor que, tras su mueca de hastiado cinismo, respetaban Sam Spade o Philip Marlowe. Mike Hammer (perfecto Ralph Meeker) avanza con sonrisa suficiente y métodos canallescos en una Los Ángeles enrarecida, a la que saca provecho desde sus contactos con las alcantarillas de la ciudad y a través de estratagemas y acciones por momentos inmorales. Desde el filo mismo de la muerte, la chica a la que rescata lo describe como un tipo pagado de sí mismo, que en las relaciones se limita a recibir y nunca a dar. Mantiene a su secretaria y amante prácticamente prostituida para sacar adelante bochornosos casos de adulterio, en realidad negociados como un chantaje.

Este dudoso antihéroe es, en manos de Robert Aldrich, un cuerpo extraño dentro de un cine negro que evoluciona a la par, entre escenarios crudos, planos cerrados sobre los rostros, picados y contrapicados, imágenes oblicuas, entorpecidas, oscuras o acechantes, y otras rupturas formales como unos títulos de crédito montados a la inversa enmarcados en una desapacible combinación de líricos lamentos musicales y descarnados gimoteos.

         Los rótulos, decíamos, avanzan al revés, como también equivocados parece que están los arquetipos femeninos, con la anticanónica belleza de Maxine Cooper como contrapunto de lucidez y sacrificio del protagonista; la femme fatale con la aparente estupidez -¿intencional, involuntaria?- que proporciona la interpretación de Gaby Rodgers, o la víctima inocente que, independiente y contestataria, escruta con afilado tino el alma de su fortuito compañero de desventura. El erotismo que despiertan es físico, basado en el contacto directo, en las feromonas irresistibles del sudor.

El villano es, igualmente, una sombra refinada sometida a un desenlace desarmante. Pero el mayor revés lo recibe el detective, cuya fantasía de tipo duro se derrumba superado por los acontecimientos, que lo convierten en un agente mortífero para propios y extraños, y por el contexto, que lo minimiza. 

Desbocado ya en la frontera del cine de terror, el desenlace estrenado originalmente en los Estados Unidos -opuesto al que se enviará a otros países y revisado definitivamente en 1997- era todavía más inclemente hacia él. La Comisión Kefauver tacharía El beso mortal como una película “diseñada para corromper a los jóvenes espectadores”.

         Llevando el argumento desde el submundo mafioso hasta el periodo del temor rojo y la paranoia maccarthista -de donde surgían asimismo otras piezas del género alegóricas o directas como Pánico en las calles, Manos peligrosas o su anterior World of Ransom-, Aldrich desmontaba el noir clásico para entregar una película de un hipnotismo febril, pesadillesco, tremendamente sugestivo. Está trenzado por medio de una narración enrevesada en la que en ocasiones resulta arduo trazar las líneas de las relaciones entre personajes y trama, y a partir de ahí se compone el retrato de una sociedad desorientada y moralmente degradada, de ambiciones narcisistas, espurias y violentas. Mike Hammer, pues, no era más que el mejor de entre ellos. Y, a la vez, un don nadie impotente ante las fuerzas destructivas hacia las que conduce la leviatanesca dinámica que lo rodea.

Desde el mismo título, El beso mortal desprende un hedor apocalíptico que afecta a la historia, primero, y a la lectura metacinematográfica después. Estamos a solo tres años de que Orson Welles entregue Sed de mal, célebremente señalada por Paul Schrader como el fin de los tiempos del cine negro.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8,5.

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Muerte de un corrupto

27 Jun

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Año: 1977.

Director: Georges Lautner.

Reparto: Alain Delon, Ornella Muti, Maurice Ronet, Stéphane Audran, Meirelle Darc, Michel Aumont, Jean Bouise, Daniel Ceccaldi, Julien Guiomar, François Chaumette, Klaus Kinski.

Tráiler

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-El clima político actual es malo. Los documentos publicados perjudican a su país.

-Mi país a usted le importa una mierda

-Cierto. Los demás países también. No manda la internacional proletaria sino la del dinero, Es algo más serio, créame. Beligerantes, aliados… ya no tiene sentido. Ya no tenemos amigos sino socios. Ya no tenemos enemigos sino clientes. El capital ya no tiene fronteras.

-La corrupción tampoco.

-La publicación no cambiará nada. Yo y algunos políticos tenderemos que dimitir. Usted irá a la cárcel, pero nada cambiará.

-Desestima a la opinión pública.

-Su honradez está pasada de moda. Ya no significa nada. De Gaulle llamó a los franceses “becerros”. ¿Qué le importa a un becerro si un ministro se enriquece de repente? ¿Eso afectará a la situación económica? Claro que no. Lo importante es construir, producir, para que los becerros puedan comer, beber, follar. Irse de fin de semana y esquiar en invierno.

         El diálogo pertenece a Muerte de un corrupto, película de 1977 que incuso por su título parece anclada en una realidad presente. Muy presente en España, además, donde el escándalo que espolea la trama -motivado por los documentos de contabilidad en B de un partido político francés que son empleados tanto en forma de herramienta de ataque como de defensa-, no puede dejar de relacionarse con los célebres papeles de Bárcenas y el Partido Popular. Hay quien podría ironizar incluso con la decena de fallecimientos inesperados que se han producido desde la apertura de la Gürtel en 2009 entre personas vinculadas con presuntos casos de corrupción asociados a la formación.

Pero quizás esta proximidad a una realidad sobradamente conocida también puede ejercer como punto flaco del filme, porque, vista de cerca, la arena política suele tender a parecerse más a la que reflejaba La escopeta nacional que a la de House of Cards, la serie que barniza de sensual glamour los movimientos cicateros, mezquinos y charcuteros del alcantarillado político. Esos que sí comparecen con toda su esencia miserable y antirromántica en obras de extraordinaria madurez como The Wire o Show Me a Hero. Por más que la política de la época sea convulsa, parece más ajustado a lo verosímil que los poderes fácticos acudan a recursos más discretos e igualmente eficaces -una campaña de descrédito, una filtración interesada, un retiro generosamente retribuido vía puerta giratoria- en lugar de a una estrepitosa defenestración literal de su objetivo.

         Por otro lado, esta violenta tendencia deja tras de sí unos cuantos agujeros de lógica en el desarrollo argumental, que trata de exudar con demasiado esfuerzo un pesimismo que parece subrayarse con la insistente presencia del saxofón, uno de los muchos detalles ambientales que acercan a Muerte de un corrupto a una estética más norteamericana que francesa, un tanto postiza y no demasiado afortunada, al igual que ciertos detalles horteras de la realización que encuentran su punto álgido en una tosquísima escena en plano subjetivo.

Para este propósito de formular un desencanto acre bien se bastaba la interesante descripción de un sistema putrefacto, endogámico y autorenovable, alimentado por el constante flujo de dinero y capitalizado por entidades sin rostro humano -grupos de inversiones, asociaciones de intereses, holdings y trusts multinacionales…-, para nada alejadas de la aséptica Corporación que antagoniza las novelas criminales de Donald Westlake -por entonces ya llevadas al cine en A quemarropa y La organización criminal– y que someten al individuo como simple pieza del engranaje de mayor o menor entidad -el intermediario, el títere, el secuaz, el primo…-. Porque el verdadero sustento de esta cleptocracia no es un sistema político, sino la hegemonía sobre todas las cosas de un determinado sistema económico y su correspondiente ideología y escala de valores.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 6,5.

El Cairo confidencial

5 Abr

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Año: 2017.

Director: Tarik Saleh.

Reparto: Fares Fares, Mari Malek, Yasser Ali Maher, Ahmed Selim, Hania Amar, Mohamed Yousri, Hichem Yacoubi, Ger Duany, Slimane Dazi.

Tráiler

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          El noir es un estado de ánimo colectivo. Es un retrato social que lanza sus pinceladas desde el ángulo menos favorecedor. Es simultáneamente un producto y una crónica -negra- de un tiempo y de un lugar concreto.

Por acudir a ejemplos locales y recientes, es la historia de la última España que Alberto Rodríguez escribe a través de La isla mínimaEl hombre de las mil caras y Grupo 7. El director sueco Tarik Saleh, por su parte, encuentra su material en enero de 2011, en el inminente florecimiento de la primavera árabe en Egipto, su país de ascendencia.

          El Cairo confidencial es un preludio de tormenta. La atmósfera del filme, reflejada en el caos de la capital egipcia, está totalmente saturada, contiene un aire inflamable. Es atosigante y turbadora, hasta provocar dolor de cabeza, irritabilidad y desespero. Como buen noir, El Cairo confidencial halla su ecosistema narrativo en la megalópolis corrompida física y moralmente, un escenario aberrante e hipertrofiado donde la desprotección del individuo es absoluta, incluso si viste la coraza de acero del cinismo o si cree estar de lado de los poderes que la someten a sus antojos. Organizada en tres estratos, los prohombres de la nación -el tirano, el plutócrata- vigilan desde descomunales carteles a ras de cielo, como si los gángsteres de los años treinta hubieran visto cumplido su sueño de coronarse como reyes del mundo. Y, bajo ellos, la miseria en sus distintas gradaciones.

El caso criminal que sirve la trama de El Cairo confidencial mana igualmente de esta férrea jerarquización social, de la misma manera que la investigación del policía Noredin Mustafa surge como una inopinada reacción contra el status quo imperante, instintiva y visceral. Una nueva grieta en la colosal presa del faraón, a punto de reventar en mil pedazos.

          La fuerza de la obra se origina y se aglutina en torno a la plasmación de todo este contexto, en su captura por medio de las actitudes asumidas de los personajes y de sus movimientos entre la enmarañada arquitectura urbana y humana. En la apropiación, en definitiva, de los fondos temáticos del género. Por encima, pues, de la intriga policial en sí misma. De hecho, la película pierde sabor e incluso intensidad cuando el relato se concentra exclusivamente en el desarrollo del suspense, como en el tramo de la relación entre el detective y la cantante, apunte ambiguo de femme fatal menos logrado.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7.

Terciopelo azul

21 Mar

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Año: 1986.

Director: David Lynch.

Reparto: Kyle MacLachlan, Isabella Rossellini, Dennis Hopper, Laura Dern, Dean Stockwell, George Dickerson, Hope Lange, Brad Dourif, Jack Nance, Priscilla Pointer, Frances Bay, Dick Green.

Tráiler

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          En Lumberton todas las televisiones emiten una película de intriga. Una escena en la que un hombre avanza empuñando una pistola, otra en la que asciende sigiloso por unas escaleras. El joven Jeffrey descubre una oreja cercenada y en su rostro se ilumina el deseo del misterio, la tentación irresistible de una femme fatale en azul y rojo, todo contrastes escarpados, que canta Blue Velvet con voz de terciopelo. Qué director de musicales sería David Lynch. Desde la chica del radiador de Cabeza borradora hasta Rebekah del Río llorando en el Club Silencio de Mulholland Drive, pasando por Julee Cruise en Twin Peaks: fuego camina conmigo. Inmersiones en la última capa del subconsciente, de la alucinación absoluta. El material más puro de los sueños, de las pesadillas, sigue las notas de una canción hipnótica. Dennis Hopper entrando en erupción con el amable falsete de Roy Orbison en In Dreams.

          Lynch se adentra en el corazón de América y muestra que su propio corazón es, a su vez, un nido de insectos ponzoñosos. Prefigurando el universo de Twin Peaks, el autor se adentra en el envés de la postal, en el míster Hyde del ciudadano corriente, en el reverso oscuro del sueño. La cara oculta de América es escabrosa, coprolálica, enfermizamente violenta y sexualizada. “Creo que ya no estamos en Kansas”, dice sin decir esta Dorothy. Los anhelos profundos que se agazapan, al acecho, detrás de la represión de las convenciones sociales de una cultura esencialmente puritana. Pero, por su parte, el pozo de sordidez también tiene su propio dorso desconocido, y este se define por la inocencia, por la noble fidelidad que se encuentra amenazada por un mal sublimado. El mundo tras la cortina de terciopelo azul.

          La intriga a la que se enfrenta el joven Jeffrey es tan exagerada e irónica como el idilismo con el que, previamente, se había caracterizado a este pueblecito cualquiera de los Estados Unidos. La realidad es un elemento difuso, e incluso despreciado, en el cine onírico de Lynch. Siempre hay un elemento discordante en el escenario, sea evidente, velado o atmosférico. La manguera a punto de reventar, el vecino que pasea al perro de noche con gafas de sol, gente que asegura gustarle beber Heineken, las esquinas oscurecidas de los fotogramas, la capa de sonido desapacible que domina el apartamento de la mujer, mostrando su naturaleza inestable e inquietante. Las pulsiones sexuales sufren mil transformaciones, con distinto grado de perturbación, en apenas minutos. El terrible villano le advierte al héroe digno “eres como yo”.

          Terciopelo Azul parece trazar un recorrido circular de regeneración. La ruptura de un denso hechizo, una salida de la pesadilla para recuperar el sueño. La manifestación de ambos, decíamos, está cubierta por un idéntico velo de ficción, de impostura. Como en un cuento moral, como en un anuncio publicitario. Azul o rojo, todo es dual, todo está abruptamente enfrentado con su opuesto. Un muñeco de petirrojo que aprisiona un insecto en su pico.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 9,5.

Los archivos del Pentágono

29 Ene

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Año: 2017.

Director: Steven Spielberg.

Reparto: Meryl Streep, Tom Hanks, Bob Odenkirk, Sarah Paulson, Tracy Letts, Bradley Whitford, Bruce Greenwood, Matthew Rhys, Allison Brie, Carrie Coon, Jesse Plemons, David Cross, Michael Stuhlbarg.

Tráiler

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         No semeja casualidad que, en un presente en el que el presidente de los Estados Unidos ha encontrado en la prensa uno de los principales objetivos de sus invectivas públicas, Steven Spielberg reivindique el papel y la dignidad del periodismo como cuarto poder del Estado retrotrayéndose a otra administración, la de Richard Nixon, que estuvo igualmente caracterizada por su tendencia a la autocracia y su confrontación con los medios de comunicación, cuyas investigaciones, de hecho, destaparon tramas ilícitas que terminaron conduciendo al fin de su mandato en medio de un escandaloso proceso de impeachment.

         Con guiño final incluido al caso Watergate -conservado en fotogramas para la posteridad por Todos los hombres del presidente-, Los archivos del Pentágono se sumerge en una caza periodística -la salida a la luz de unos informes confidenciales acerca de la preparación, la declaración y el desarrollo de la traumática Guerra de Vietnam– que el libreto va enhebrando a través, por un lado, de la persecución de dicha información y, principalmente, del dilema personal de la directora de The Washington Post, Katharine Graham, a partir del cual se aborda otro tema por desgracia hoy candente como es el de la sumisión femenina en un mundo estrictamente masculino, cuyas conclusiones también concienciadas llegan incluso a subrayarse.

         A menudo, el director dispondrá y hasta contrapondrá estas dos vertientes por medio de un montaje paralelo, lo que refuerza el vigor de una intriga y una tensión que posee múltiples facetas: la historia periodística pura en su sacrosanta labor de control del poder, la disputa entre la verdad oficial, las presuntas obligaciones de Estado y la necesidad de transparencia; la discusión entre la dimensión de servicio público de la cabecera y su dimensión economicoempresarial; la intromisión de lo privado en el deber público de la profesión…

Aparte de contribuir a que el ritmo, propio de un thriller, nunca decaiga, son elementos que ayudan a componer un retrato amplio, atento a la significación histórica pero también a las personas que forman parte e influyen decisivamente el episodio -de nuevo la fuerza del individuo como agente activo del cambio social, una premisa manifiesta en las anteriores La lista de Schindler, Amistad o El puente de los espías, si descontamos la posición privilegiada de Abraham Lincoln en Lincoln-. Todo ello permite asimismo trascender su ubicación temporal concreta para, como decíamos, hacerse tangible en la actualidad, si bien sin abonarse tampoco a lecturas catastrofistas del sistema, por más que este tipo de fallas y corruptelas parezcan ser endémicas en la estructura y procedimiento político del país.

         Spielberg maneja con gran habilidad el pulso narrativo, exponiendo el relato desde un estilo clásico que, no obstante, no cae en la excesiva corrección o academicismo que, por ejemplo, lastraba el potencial de la premiada Spotlight, otra reivindicación reciente de la importancia de una prensa libre, comprometida y de calidad. La realización es discreta, fielmente apegada a lo que cuenta, pero el cineasta sabe expresarse con enorme elocuencia y transmitir mediante la puesta en escena y la construcción de atmósfera las sensaciones, vibraciones y conflictos que experimentan sus personajes -que como en Lincoln dependen más del verbo y lo intelectual que de la acción-, aunque también deja en el desenlace soluciones más manidas en su afectado entusiasmo, cuyo envejecimiento se acentúa además por el uso de la meliflua banda sonora de John Williams.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 8.

Tres anuncios en las afueras

19 Ene

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Año: 2017.

Director: Martin McDonagh.

Reparto: Frances MacDormand, Woody Harrelson, Sam Rockwell, Peter Dinklage, John Hawkes, Lucas Hedges, Abbie Cornish, Caleb Landry Jones, Samara Weaving, Sandy Martin, Željko Ivanek, Clarke Peters, Amanda Warren, Darrell Britt-GibsonBrendan Sexton IIIKathryn Newton.

Tráiler

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          Hay quien advierte un aroma coeniano en Tres anuncios en las afueras. La localización en uno de esos pueblos de interior que vienen a representar el corazón de los Estados Unidos, el inmisericorde humor negro que juega con el contraste entre el costumbrismo del escenario y la sordidez de los actos humanos; el empleo de la banda sonora de Carter Burwell, la presencia de Frances MacDormand al frente del reparto…

Pero hay un elemento decisivo que aleja al filme de Martin McDonagh -quien posee también voz perfectamente definida y talentosa- de la obra de los hermanos Coen: sus criaturas no son víctimas de su propia estupidez, sino de circunstancias externas, al menos desde el terrible punto de partida de la narración, establecido por la violación y asesinato simultáneo de una adolescente. Su evolución, aunque en este caso sí se vea influida por su comportamiento -condicionado de antemano, recordemos-, seguirá asimismo un trayecto diferente, el cual en el fondo es más benévolo que el que los Coen, despiadados hasta las últimas consecuencias, acostumbran a infligir a la mayoría de sus personajes.

          Por este motivo, Tres anuncios a las afueras provoca que las acciones de sus protagonistas compongan un retrato ácido de la sociedad estadounidense, pero al mismo tiempo sean dignas de lástima. En este sentido, el tercer largometraje del dramaturgo y cineasta angloirlandés, autor procedente del teatro de la crueldad, destaca por un soberbio dibujo de personajes, perfectamente cuidado desde el primero al último de los que aparecen en pantalla; amén de por el trabajo en unos diálogos chispeantes y punzantes, con un tempo preciso que se combina con una contundencia feroz.

Gracias a esto, mientras se despellejan vivas las miserias del colectivo -el racismo, la brutalidad, la insolidaridad…-, se indaga en las complejidades, matices y contradicciones de unos seres devastados por el dolor -la culpa ante una pérdida atroz, la muerte que acecha, el fracaso personal…-, que se erige en el tema central de la obra.

          Para ello, McDonagh emplea precisamente esta elaborada construcción de caracteres. Sus paradojas, sus dobleces y dudas; sus autoreivindicaciones, sus mezquindades, sus virtudes… La actitud escasamente razonable de Mildred Hayes -consecuencia del atropello sufrido, que por tanto la incapacita como parte en el enjuiciamiento de los hechos- contrasta con la empatía y compasión que demuestra en la evidente secuencia inicial con el insecto o ante el esputo de sangre. De esta manera, el director y guionista expresa que su lucha no es personal, aunque lo parezca. O, mejor dicho, lo es, pero contra sí misma.

En paralelo, la perspectiva del sheriff Bill Willoughby (Woody Harrelson) está autorizada por la iluminación, la dignidad y en definitiva la paz que parece aportarle la consciencia de su destino inmediato, por más que este sea funesto. De ahí su capacidad para discriminar la distinta relevancia de los asuntos terrenos y su percepción para anticipar las reacciones emocionales y físicas de sus paisanos, e incluso giros forzados de la trama, que, a poco que uno haya seguido algún mediático caso criminal o de desaparición, observará que no van del todo desencaminados, por lo que, aun reconociéndolos como hartamente improbables, se tornan algo más admisibles.

          McDonagh maneja con maestría la tensión entre comicidad y tragedia, desde el texto de base hasta la puesta en escena y el ritmo narrativo. Las vivencias de esta particular mujer, que aporta una estrambótica vuelta de tuerca al arquetipo de madre coraje, despiertan la risa, pero también perturban y conmueven, pues envuelven un negro halo de remordimientos que se hace cada vez más palpable por debajo de la excentricidad que muestra la flora y fauna de Ebbing, Misuri, un lugar como cualquier otro.

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Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 8.

Loving Vincent

17 Ene

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Año: 2017.

Directores: Dorota Kobiela, Hugh Welchman.

Reparto: Douglas Booth, Robert Gulackzyk, Jerome Flynn, Saoirse Ronan, Helen McCrory, Chris O’Dowd, Aidan Turner, Eleanor Tomlison, Cezary Lukaszewicz, John Sessions, Martin Herdman, Bill Thomas, Piotr Pamula.

Tráiler

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         La pintura es una de las madres del cine, amén de un espejo en el que este aún se mira con atención. Alguno de los cineastas que impulsan la configuración de un lenguaje puramente visual, libre de las servidumbres del texto escrito, como forma de expresión identitaria del séptimo arte, caso de Peter Greenaway o David Lynch, proceden o poseen fuertes vínculos con la pintura. Son cientos los cuadros que muy diversos cineastas han homenajeado o emulado en sus planos. Incluso determinados filmes, con ejemplos recientes como El molino y la cruz con la obra de Pieter Brueghel el Viejo o Shirley: Visiones de una realidad con la de Edward Hopper, han tratado de fundir en uno ambos artes.

Loving Vincent lleva la apuesta un paso más allá y constituye el primer largometraje de la historia narrado exclusivamente mediante pintura al óleo, con 65.000 fotogramas que, a partir de un rodaje con actores en escenarios físicos, están ilustrados por más de un centenar de artistas que reproducen en sus imágenes el estilo y la técnica de Vincent van Gogh, estandarte del postimpresionismo.

         Aunque el pintor holandés es un personaje grato para el cine gracias a su leyenda de excentricidad, interpretado en diferentes producciones por Kirk Douglas -la popular El loco del pelo rojo-, Tim RothVan Gogh (Vincent y Theo)-, Tchéky KaryoVincent y yo-, Jacques DutroncVan Gogh– o hasta Martin Scorsese en la capitular Los sueños de Akira Kurosawa; Loving Vincent intenta seguir los postulados del propio retratado y conferirle voz a través de sus lienzos, por lo que se aproxima más a las intenciones del documental Van Gogh, de Alain Resnais, y sobre todo a Vida y muerte de Van Gogh, donde las cartas a su hermano Theo también desempeñan un papel fundamental, al igual que ocurría en el docudrama Van Gogh: Painted with Words.

De esta manera, la cinta alterna la perspectiva del pintor, en la que se animan escenas y personajes extraídos de su corpus, con especulaciones en un blanco y negro casi fotográfico donde se imaginan pasajes de sus vivencias y que, a la vez, proporcionan cierto descanso visual frente a los colores intensos y las pinceladas marcadas que caracterizan la estética del neerlandés.

         Para reconstruir la personalidad Van Gogh y los últimos instantes de su vida, el libreto se decanta por el tópico de la investigación personal, en la que un tercero, que representa al espectador anhelante por resolver el misterio de una biografía intrigante y excepcional, se adentra en la búsqueda azarosa de la verdad sobre el investigado, que se desvela paulatinamente por medio de entrevistas que arrojan una semblanza caleidoscópica, compleja y aun así todavía difusa o contradictoria, tal y como canonizaba Ciudadano Kane. La fórmula, pues, no es nueva, ni Dorota Kobiela y Hugh Welchman, en su doble función de directores y guionistas, intentan darle otra vuelta de tuerca, lo que provoca que esta constante intercalación de flashbacks componga un relato que termina por anquilosarse.

         Pero, en cualquier caso, cabe valorar Loving Vincent como una hermosa declaración de amor al arte, aspecto dentro del que cobra pleno sentido el consustancial formalismo de este filme-cuadro. Un concepto revolucionario para honrar la memoria de un revolucionario. Loving Vincent se erige entonces como una reivindicación de la persecución de la belleza como sentido de la existencia, como un elogio de la mirada diferente que se eleva sobre las limitaciones mediocridad y la convención; como una defensa de la frágil y vulnerable sensibilidad del genio visionario que descubre mundos completamente nuevos y sorprendentes.

Propósitos necesarios, loables y emocionantes frente a la pujanza del materialismo economicista como sistema regidor de la sociedad actual, y que consiguen hacer bueno el deseo de Van Gogh de que se perciba el sentimiento y la ternura de sus creaciones.

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Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7.

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