Tag Archives: Dilema

Los archivos del Pentágono

29 Ene

.

Año: 2017.

Director: Steven Spielberg.

Reparto: Meryl Streep, Tom Hanks, Bob Odenkirk, Sarah Paulson, Tracy Letts, Bradley Whitford, Bruce Greenwood, Matthew Rhys, Allison Brie, Carrie Coon, Jesse Plemons, David Cross, Michael Stuhlbarg.

Tráiler

.

         No semeja casualidad que, en un presente en el que el presidente de los Estados Unidos ha encontrado en la prensa uno de los principales objetivos de sus invectivas públicas, Steven Spielberg reivindique el papel y la dignidad del periodismo como cuarto poder del Estado retrotrayéndose a otra administración, la de Richard Nixon, que estuvo igualmente caracterizada por su tendencia a la autocracia y su confrontación con los medios de comunicación, cuyas investigaciones, de hecho, destaparon tramas ilícitas que terminaron conduciendo al fin de su mandato en medio de un escandaloso proceso de impeachment.

         Con guiño final incluido al caso Watergate -conservado en fotogramas para la posteridad por Todos los hombres del presidente-, Los archivos del Pentágono se sumerge en una caza periodística -la salida a la luz de unos informes confidenciales acerca de la preparación, la declaración y el desarrollo de la traumática Guerra de Vietnam– que el libreto va enhebrando a través, por un lado, de la persecución de dicha información y, principalmente, del dilema personal de la directora de The Washington Post, Katharine Graham, a partir del cual se aborda otro tema por desgracia hoy candente como es el de la sumisión femenina en un mundo estrictamente masculino, cuyas conclusiones también concienciadas llegan incluso a subrayarse.

         A menudo, el director dispondrá y hasta contrapondrá estas dos vertientes por medio de un montaje paralelo, lo que refuerza el vigor de una intriga y una tensión que posee múltiples facetas: la historia periodística pura en su sacrosanta labor de control del poder, la disputa entre la verdad oficial, las presuntas obligaciones de Estado y la necesidad de transparencia; la discusión entre la dimensión de servicio público de la cabecera y su dimensión economicoempresarial; la intromisión de lo privado en el deber público de la profesión…

Aparte de contribuir a que el ritmo, propio de un thriller, nunca decaiga, son elementos que ayudan a componer un retrato amplio, atento a la significación histórica pero también a las personas que forman parte e influyen decisivamente el episodio -de nuevo la fuerza del individuo como agente activo del cambio social, una premisa manifiesta en las anteriores La lista de Schindler, Amistad o El puente de los espías, si descontamos la posición privilegiada de Abraham Lincoln en Lincoln-. Todo ello permite asimismo trascender su ubicación temporal concreta para, como decíamos, hacerse tangible en la actualidad, si bien sin abonarse tampoco a lecturas catastrofistas del sistema, por más que este tipo de fallas y corruptelas parezcan ser endémicas en la estructura y procedimiento político del país.

         Spielberg maneja con gran habilidad el pulso narrativo, exponiendo el relato desde un estilo clásico que, no obstante, no cae en la excesiva corrección o academicismo que, por ejemplo, lastraba el potencial de la premiada Spotlight, otra reivindicación reciente de la importancia de una prensa libre, comprometida y de calidad. La realización es discreta, fielmente apegada a lo que cuenta, pero el cineasta sabe expresarse con enorme elocuencia y transmitir mediante la puesta en escena y la construcción de atmósfera las sensaciones, vibraciones y conflictos que experimentan sus personajes -que como en Lincoln dependen más del verbo y lo intelectual que de la acción-, aunque también deja en el desenlace soluciones más manidas en su afectado entusiasmo, cuyo envejecimiento se acentúa además por el uso de la meliflua banda sonora de John Williams.

.

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 8.

Anuncios

El sacrificio de un ciervo sagrado

16 Dic

.

Año: 2017.

Director: Yorgos Lanthimos.

Reparto: Colin Farrell, Barry Keoghan, Nicole Kidman, Raffey Cassidy, Sunny Suljic, Bill Camp, Alicia Silverstone.

Tráiler

.

          Mientras su carrera se internacionaliza a cada paso, el ateniense Yorgos Lanthimos se pone ‘nacionalista’ y prosigue su hostil disección de la sociedad poscontemporánea retrotrayéndose esta vez a la tragedia griega, seminal laboratorio de análisis de los conflictos de la condición humana, repleta de dilemas entre las pulsiones personales, las responsabilidades colectivas y los condicionantes externos.

          Desde un título que remite a Eurípides -subrayado más tarde en un diálogo-, poeta fascinado por las pasiones, las virtudes y las dobleces del hombre, El sacrificio de un ciervo sagrado se sirve de un elemento desestabilizador -una figura primero incómoda y luego amenazadora, que adquiere un aura casi sobrenatural-, para encaminar a sus protagonistas y al espectador hacia una encrucijada cuyo camino proviene de un pecado del pasado y que se enfrenta a una disyuntiva terrible en forma de ofrenda de sangre redentora.

Lanthimos envuelve su tragedia en una atmósfera aséptica y mortecina, acorde a la trivialidad vacía de los diálogos, al escaso contacto emocional de sus personajes -médicos que paradójicamente se dedican al análisis, la evaluación y la intervención literal en las entrañas- y a las cualidades interpretativas (Colin Farrel) o la apariencia física (Nicole Kidman, Barry Keoghan) del elenco; con escenarios colosales de una simetría marcadamente simétrica y regular, y una partitura musical que apenas son registros sonoros.

          El sacrificio de un ciervo sagrado es como una pesadilla fría, un planteamiento irracional que hace aflorar las miserias de estas criaturas desorientadas y de la comunidad en la que viven -la depredación, la imposición o la irresponsabilidad hacia el prójimo, incluso dentro de la propia familia; el simple instinto de supervivencia-, desde una escritura conceptual que, en su misterio metafísico y su tono de thriller, recuerda en cierta manera a la que empleaba Michael Haneke en Caché (Escondido), si bien con palpables dosis de ironía y patetismo.

Cáustica y terrible en su mirada hacia el individuo actual como ser presuntamente gregario -desde el compañerismo profesional hasta la institución familiar-, el surrealismo de Lanthimos provoca que una sensación malsana domine por completo el metraje. Pero, por otro lado, también se muestra un tanto ensimismado y hace que la evolución del argumento se espese o redunde en demasía.

.

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 6,5.

La tía Tula

11 Dic

.

Año: 1964.

Director: Miguel Picazo.

Reparto: Aurora Bautista, Carlos Estrada, Carlos Sánchez Jiménez, Mari Lali Cobo, Irene Gutiérrez Caba, Laly Soldevilla, Enriqueta Carballeira, Paul Ellis, José María Prada.

Tráiler

.

         Poco había avanzado la sociedad española entre 1907, fecha en la que Miguel de Unamuno escribe La tía Tula -que no se publicará hasta catorce años después- y 1964, fecha de estreno de su adaptación cinematográfica. Más bien al contrario. La tragedia de amor maternal y virginal del emblemático personaje podía quedar ahora, de manera todavía más turbulenta, envuelto en un maremágnum de machismo autoritario, represiones sexuales contra la mujer y religiosidad formal al servicio de un régimen tiránico, retrógrado, violento y férreamente patriarcal.

La tía Tula reconstruye el entorno nocivo para la mujer que representaba el franquismo, orgulloso potenciador de las esencias más reaccionarias de la cultura española; un aspecto en el que, por ejemplo, ya había indagado con crudeza Juan Antonio Bardem en Calle Mayor. Retratada con tanta mesura como rotundidad por el debutante Miguel Picazo, en esta atmósfera asfixiante vive Tula, una soltera que pretende mantener su autonomía y su dignidad frente a los embates del hombre -sus pretendientes, su cuñado-, a la vez que desea cumplir con el anhelo maternal que siente ante sus sobrinos.

         Comedido en su desarrollo pero cargado de electricidad estática, el relato juega con esa confrontación, azuzada por las pulsiones sexuales que afloran en la estrecha convivencia en el apartamento familiar y manifestadas en el carácter predatorial del macho de la casa, sobre el que recae un retrato fundamentalmente negativo, culminado con una agresión animal.

Frente a la naturaleza instintiva y primaria de Ramiro (Carlos Estrada, con una adecuada combinación de físico dominante y expresión anodina), infantilizado incluso por momentos, se opone la entereza maternal y piadosa, aunque estricta e inflexible, de Tula (Aurora Bautista, estrella de las producciones de posguerra y de gran presencia en los fotogramas). Uno se ocupa de las reprimendas por las transgresiones eróticas del hijo, la otra de calmar las necesidades sentimentales de la hija. Y, entre medias de ellos, restallan elementos religiosos -el sororato, la figura de la Virgen como madre también inmaculada-, lo que provoca cierta ambigüedad en la protagonista -la inmediata sustitución de su difunta hermana con la alimentación del sobrino y el arreglo de la chaqueta de su cuñado; su ascendencia y sus alusiones eróticas; la indecisión entre las dos vías que le plantea la situación, las dudas acerca de sus motivaciones, la preeminencia de su concepción subjetiva frente a las imposiciones de la realidad, la mirada cambiante hacia Ramiro-. Además, una ambivalencia semejante a la de Tula se observa en la independencia que muestran las integrantes del círculo femenino, felices y activas en la ausencia de los hombres aunque con el matrimonio, el emparejamiento y el sexo también como motivos centrales de sus conversaciones e inquietudes, con el velo añadido de la Iglesia como fondo de esta asociación.

De este contraste se genera un contacto explosivo entre ambos, incómodos al compartir el encuadre, distanciados en ocasiones, violentos en la aproximación. Se trata de una confrontación idéntica a la que se da a través del vestuario, en el choque del negro luctuoso de Tula en el blanco y negro de los fotogramas, que recuerda al del Neorrealismo y el cine italiano, repleto de mujeres fuertes que tratan de redimir a la sociedad e, igualmente, de figuras femeninas acosadas por el machismo mediterráneo.

         Los avatares sentimentales de Tula conservan su fuerza en el presente. Si bien sus aspiraciones de virtuosismo religioso son ya caducas, su defensa del respeto hacia sí misma y de su autosuficiencia no pierde vigencia en un contexto familiar y sexual cambiante pero que, por desgracia, mantiene como común denominador una posición de la mujer todavía no plenamente igualitaria.

Pieza clave del Nuevo Cine Español, sometida a la tijera de la censura por su contenido contrario a la doctrina moral y política, La tía Tula sería galardonada en el festival de San Sebastián con el premio al mejor director y a la mejor película de habla hispana.

.

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 8.

Madame Hyde

18 Nov

.

Año: 2017.

Director: Serge Bozon.

Reparto: Isabelle Huppert, Adda Senani, Romain Duris, José García, Roxane Arnal, Angèle Metzger.

.

          En realidad, la dualidad del doctor Jekyll y Míster Hyde que expone el relato de Madame Hyde no apunta tanto hacia la protagonista -una maestra hundida en el fracaso y la mediocridad que tras un accidente de laboratorio se transforma ocasionalmente en un cuerpo incandescente- como hacia la sociedad francesa, representada a partir de un tremebundo sistema escolar. Es la Francia de la libertad, igualdad y fraternidad que colisiona violentamente contra la Francia de la marginación mediante el banlieue, la asmietría de oportunidades y la renuncia a la respuesta integrada de su multiculturalismo. La Francia presidida por un director de instituto de discurso petulante, inconexo y vacío que, en su tremenda torpeza e insensibilidad -amén de por su estética extravagante-, parece un villano de dibujos animados.

          Debajo de su esencia de comedia absurda, guiada por una Isabelle Huppert perfecta en la encarnación de una mujer anodina repleta de ira contenida y que ni siquiera parece hallar el camino cuando es tocada por lo extraordinario –cosechó premio en el festival de Locarno-, Madame Hyde oculta venenosos dardos en contra de un sistema que también disfraza su monstruosidad con ropajes vulgares, aceptados desde argumentaciones elitistas, mezquinas, conformistas.

El filme también posee detalles hilarantes en su presentación de la naturaleza y las circunstancias de la profesora -el material con el que se conforma la personalidad-, así como en su juego con el tópico del docente carismático que motiva y redime a las ovejas descarriadas, aquí de la mano de una renovada energía que es, literalmente, incendiaria. Porque la búsqueda de la fórmula de la enseñanza es el otro pilar maestro de la cinta.

          Pero el desarrollo de Madame Hyde es cuanto menos desconcertante. No por los hechos sobrenaturales o simplemente excéntricos que rompen con el verismo ligeramente caricaturizado de su retrato sociocultural, o por la transgresión de los códigos de géneros como el drama social y el fantástico -el filme ni es ni quiere ser lo uno o lo otro… y es los dos al mismo tiempo-, sino porque la narración de Serge Bozon -que arrastra e ironiza con su propio trauma como exprofesor de filosofía- avanza dando bandazos, de forma dispersa, confusa e incluso contradictoria, con vocación anticlimática, casi desinteresada por el aspecto interior de los personajes y muy irregular en cualquier otra lectura que pueda hacerse de ella.

.

Nota IMDB: 5,7.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 6.

Demasiado cerca (Tesnota)

12 Nov

.

Año: 2017.

Director: Kantemir Bagalov.

Reparto: Darya Zhovnar, Atrem Cipin, Olga Dragunova, Veniamin Kac, Nazir Zhukov.

Tráiler

.

         No corren buenos tiempos para ser un espíritu libre. La tendencia a una polarización cada vez más extrema entre el Nosotros y Ellos que se percibe tanto en las relaciones geopolíticas como en la opinión pública general conforma una pinza opresiva para cualquier individuo de conciencia crítica, celoso de su autonomía singular.

En Demasiado cerca (Tesnota), un documento real, reproducido en VHS, ejerce como punto de inflexión de la historia: la ejecución a cuchillo de varios presos de guerra rusos en el Daguestán por guerrillas locales de corte islamista. El visionado de las grabaciones, que el espectador comparte en crudo con la protagonista, con el tiempo dolorosamente sostenido, trastoca la dimensión de todo lo que ha ocurrido antes y de la trama que queda por recorrer. Ni siquiera un acto terrible como el secuestro de una joven pareja había provocado semejante mazazo de realidad.

         Revelando el pavoroso contexto hasta entonces solo sugerido, estos atroces hechos, producto de un mundo enfrentado a muerte y sin cuartel entre dos facciones aparentemente irreconciliables, reacondicionan por tanto las vivencias de Iliana, una joven judía que trata de labrar su propio camino en las tumultuosas entrañas del Cáucaso, donde ha emigrado su familia. Es el descubrimiento que despoja de cualquier rastro de inocencia que pudiera quedar hasta entonces en un relato que, en su introducción, apuntaba hechuras de drama de autoafirmación femenina mediante la emancipación frente a los usos y costumbres heredados de la sociedad, escenificado en un entorno costumbrista y familiar, e incluso de un incipiente romance entre unos Julieta y Romeo que adaptan el tópico a la situación de este territorio a la espalda de los grandes focos internacionales.

Precisamente, su ambientación a finales de los noventa comporta una advertencia añadida en la proyección global de unos hechos aún aparentemente localistas y exóticos. Ajenos.

         Amparado por el cineasta Aleksandr Sokúrov -productor del proyecto-, una de las virtudes que hay que atribuirle a Kantemir Bagalovcabardiano él mismo, debutante en el largometraje a sus apenas 26 años y coautor del guion- es que este atentado contra la ficción vía videocasete y televisor no desnaturalice o desvalide sin remedio la narración que le sigue. Parte de ello se debe a la fuerza interpretativa de la también primeriza Darya Zhovner. Pero, desde luego, a una rotunda labor de dirección, en la que, como indica el título de la obra, desempeña un papel fundamental el juego con el espacio, manifiesto en la estrechez del formato de los fotogramas, casi cuadrado, y las relaciones a las que somete a los personajes.

La fluidez con la que se mueven en el plano el padre y la hija, comprensivos y complementarios el uno con el otro, y la intimidad sin barreras que se establece entre los dos hermanos, son así opuestas -como luego se recalcará con el filtro de color de las ventanillas del coche- a la serie de contactos que emergen ante la figura materna, que en cierto modo ejerce como personificación de la tradición judía. Vigilante y severa, la madre no sacude el pelo, sino que borra y despersonaliza el rostro; no acaricia la boca, sino que la silencia; no abraza, sino que asfixia y ahorca.

         A partir de este entorno opresivo, enrarecido y amenazador, en medio de la huida de todo y de todos que anhela la veinteañera Ilana, Demasiado cerca plantea y afronta turbulentos conflictos morales en los que unos personajes creíbles en sus dudas, contradicciones y fidelidades humanas se reencuentran con la tragedia griega en su violenta confrontación entre el individuo y la comunidad; entre el sacrificio personal cierto y un bien colectivo bastante difuso; entre la diferencia y la pertenencia.

Premio Fipresci en la sección Un certain regard del festival de Cannes.

.

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 8.

Amante por un día

10 Nov

.

Año: 2017.

Director: Philippe Garrel.

Reparto: Esther Garrel, Louise Chevillotte, Éric Caravaca, Paul Toucang, Félix Kysyl.

Tráiler

.

          Aparte del nostálgico blanco y negro de la fotografía, y de esa voz en off de tono neutro tan inconfundiblemente francesa, que en su omnisciencia hasta se sobrepone a las conversaciones de los personajes, Amante por un día posee evocaciones del cine de Éric Rohmer en las geometrías del romance que dibuja, repletas de triángulos conflictivos, círculos constantes y líneas convergentes, tangenciales y paralelas. Pero, especialmente, recuerda a Rohmer en el aspecto de que los protagonistas son seres inconstantes y contradictorios, ni honestos ni mentirosos, y que no son capaces -o incluso ni siquiera pretenden realmente- de cumplir aquello que afirman con rotundidad acerca de un tema tan complejo, volátil e inabarcable como es el amor.

          Una veinteañera despechada, su padre profesor universitario que ha reencontrado el amor en una de sus estudiantes y ésta última chica, que disfruta de la carta libre de una relación abierta, dan vueltas y vueltas alrededor de los conceptos de enamoramiento, fidelidad y realización romántica. Con elegancia y sin ánimo de desacreditar con crueldad a sus criaturas, ni de ofrecer tampoco categóricas lecciones existenciales, Philippe Garrel contrapone los rectos ensayos de la teoría contra los problemáticos laberintos de la práctica, a la vez que construye con delicadeza los vínculos de complicidad, lealtad y cooperativismo que existen o se crean entre los protagonistas. El cineasta participa en la firma del guion junto a su pareja, Caroline Deruas -treinta años menor que él-; una colaboradora de cabecera como Arlette Langmann, experta en el terreno, y otro clásico como Jean-Claude Carrière. Hay conocimiento de causa.

En su expresión, se trata de una película de aliento lírico pero también generosa en diálogo, y que posee ese aire de distanciamiento un tanto estirado y artificioso que a veces afectaba a la Nouvelle Vague. Teniendo en consideración el cine galo -supongo que sobre todo sus retratos de la burguesía local-, hay quien ironiza con que es que los franceses sienten así.

          Esquiva al tópico, Amante por un día desarrolla un relato en el que las mujeres -las mujeres jóvenes- aspiran a desempeñar un rol activo en sus amoríos y, más aún, en el dominio de su sexualidad, si bien, como es natural, no siempre sepan hacia dónde dirigirla y por qué. Ni falta que hace; la torpeza es una constante en las relaciones sentimentales humanas. En este sentido, su confusión es semejante a la de sus pares masculinos, con la diferencia de que la postura de estos es de un simplismo autoengañoso -los acuerdos, las negociaciones y los ultimátums que establecen para con sus amantes- o es simplemente cínica -el seductor empedernido-. Pero, al menos, ellas parecen adquirir consciencia de que el amor es un estado de imbecilidad transitoria. Aunque todos podamos caer en sus redes, lo queramos o no.

.

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 7.

Siempre llueve en domingo

1 Nov

.

Año: 1947.

Director: Robert Hamer.

Reparto: Googie Withers, Patricia Plunkett, Edward Chapman, Susan Shaw, David Liney, John Slater, Sydney Tafler, Betty Ann Davies, Jimmy Hanley, John Carol, Alfie Bass, Jack Warner, John McCallum.

Tráiler

.

          ‘Kitchen sink films’, películas del fregadero de la cocina. Este será uno de los sobrenombres que recibe la corriente del Free Cinema, que irrumpirá a finales de los años cincuenta clamando por la restauración de la realidad, la autenticidad y el compromiso en un cine británico adocenado y burgués. Sin embargo, este grupo de Angry Young Men no partía de la nada. El documental de corte social poseía un profundo arraigo en las islas y, además, algunas producciones de décadas anteriores se habían afirmado ya sobre el empedrado húmedo de las aceras del país, entre sus pubs y sus fábricas, para trazar historias con las que el ciudadano común pudiera identificarse. Siempre llueve en domingo, por ejemplo, transcurre precisamente en buena medida en la cocina de una ama de casa que atiende la comida dominical, friega y zurce los calcetines de su esposo al mismo tiempo que oculta en el dormitorio a un preso fugado en recuerdo de su antiguo amor.

          Es decir, que en este modulado melodrama social y criminal de loes estudios Ealing -propulsores de un estilo realista-, heredado de una novela de Arthur La Bern -también escritor del Frenesí que adaptará Alfred Hitchcock-, se combina la ambientación cruda con el cliché cinematográfico para componer una especie de retrato coral, entre el costumbrismo y el ‘spiv film’ -el cine criminal del estraperlo de posguerra, de alientos tan crudos como líricos-, del que se extrae unas conclusiones que aspiran al verismo en su pesimista galería de personajes resignados a la rutina, escarmentados por el hecho de que elementos arquetípicos que acostumbran a engendrar las historias del cine -la pasión del romance, la adrenalina de la delincuencia- son en verdad desalentadoramente corrientes e improductivos. El contexto podría equipararse, a su manera, al neorrealismo menos estricto de Vittorio de Sica.

          Pese a estos recursos clásicos de la ficción -el forajido a la huida, el idilio dramáticamente mutilado, los triángulos amorosos-, la película ofrece, paradójicamente, un relato siempre apegado a la cotidianeidad de la clase trabajadora que puebla en East End londinense posterior a la Segunda Guerra Mundial, con sus aprietos ordinarios y sus relajos triviales, tan mundanos, intrascendentes o hasta decepcionantes como que, en efecto, siempre llueva en domingo. Al contrario que otros ejemplos más noir de la época, como Larga es la noche, más próxima al realismo poético francés, la participación del prófugo en los acontecimientos es prácticamente un mcguffin destinado a impulsar los sentimientos reprimidos del principal personaje femenino. Atenta a los ritmos y a la vida de las calles, la esencia romántica del séptimo arte solo pertenece a los pósters que cuelgan en la pared de las habitaciones de las jovencitas.

          A partir de ahí, Siempre llueve en domingo desarrolla una narración coral en la que trata de exponer un discurso moralista que se configura mediante una gradación ética de los personajes -la ambigüedad, la hipocresía, la atracción por la vida fácil como recurso de escape de la pobreza, la honestidad y el esfuerzo…- que se plantea incluso en el seno de una familia alrededor del cual gravita la acción y de otros núcleos secundarios -los judíos Hyams-. Hay una irregularidad en el recorrido y una previsibilidad de este cúmulo de subtramas, que no obstante queda suplido por su madura falta de condescendencia, por esa notable atmósfera general, en definitiva, adolorida y fatigada por la dura labor de la semana, desengañada por las crudezas de una vida que en absoluto es de cine.

.

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7.

A %d blogueros les gusta esto: