Tag Archives: Cacique

Keoma

1 May

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Año: 1976.

Director: Enzo G. Castellari.

Reparto: Franco Nero, Olga Karlatos, William Berger, Woody Strode, Orso Maria Guerrini, Joshua Sinclair, Antonio Marsina, Donald O´Brien, Leonardo Scavino, Gabriella Giacobbe.

Tráiler

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          Keoma es un western, pero podría estar ambientada indistintamente en un poblado europeo del año 1348 o en una comunidad de un mundo posapocalíptico. Su escenario, dominado por las ruinas y la desolación -material y moral-, se encuentra envuelto en una permanente nube de polvo donde las sombras del pasado se extienden hasta el presente y, más aún, marcan la ruta que se ha de seguir hacia un destino inapelable.

Una bruja shakesperiana lanza admoniciones al protagonista basándose en su turbulenta naturaleza, en el conflicto que cabalga siempre junto a él, tanto en su interior -la necesidad de encontrar un sentido a su existencia, las vías del amor y de la redención que se le insinúan- como en el exterior -su condición errante y marginal, manifestada en último término en el desprecio que le profesan sus tres hermanastros a causa de su origen mestizo-. La banda sonora, como si de un coro griego se tratase, comenta los avatares del héroe revelando su psicología.

          Keoma es un spaghetti western con notas de una trascendencia bíblica y alucinada, fronteriza incluso con el surrealismo en su empleo de los símbolos en contraste con la sordidez terrenal. Un Cristo que, tras llamar a revelarse contra el codicioso poder temporal, termina su calvario crucificado en una rueda de carromato -reminiscencias cristianas que, sumadas al protagonismo de Franco Nero, podrían trazar puntos de conexión con el célebre Django-.

Enclavando la acción en un escenario terminal, donde un cacique terrible somete al territorio mediante una muerte enfermiza que de nuevo es tanto física como moral, Enzo G. Castellari desarrolla un relato áspero en el que, no obstante, irrumpen sonoros detalles visuales propios de esta libertina apropiación mediterránea del género -la comunión con el padre mediante balazos que descubren su figura, el emparejamiento de proyectiles y objetivos antes del duelo a muerte-, que se suman a otros sorprendentes recursos estilísticos como las elipsis que funden el ayer con el hoy sin solución de continuidad o un montaje que, en algunos momentos, es delirante hasta lo irreal.

          Inevitablemente irregular, a través de todo ello Keoma dibuja un círculo irrompible y viciado; un eterno retorno marcado por la ignominia y la masacre del débil que comprende tanto al mestizo en sí -la repetición de su historia particular, su envejecimiento aparente debido a la polvareda- como a una visión extremadamente agria de la historia de los Estados Unidos.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 7.

Sanjuro

10 Ago

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Año: 1962.

Director: Akira Kurosawa.

Reparto: Toshirô MifuneTatsuya Nakadai, Yūzō Kayama, Mashao Shimizu, Takashi Shimura, Kamatari Fujiwara, Takako Irie, Reiko DanYūnosuke Itō.

Tráiler

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         La espada incontenible sigue desenfundada.

El éxito de Yojimbo (El mercenario) provocaría que la productora Toho conminase a Akira Kurosawa a rodar una segunda parte del ronin anónimo y justiciero que, andando los fotogramas, serviría de base para el antihéroe canónico del spaghetti western. Kurosawa, que en principio aceptaría encargarse solo de la redacción del libreto pero que terminará por ponerse también tras las cámaras, deriva sus aventuras errantes hacia territorios todavía más marcadamente lúdicos del chambara, el subgénero de espadachines de ambientación histórica nipona.

De ritmo ágil y ligero, esta idea se manifestará en detalles como la sangrienta resolución del duelo final, plasmada con un exhibicionismo impresionista ausente en la anterior. Aunque también es verdad que, si en Yojimbo la presentación definitiva del personaje consistía en una lucha mortal contra tres jugadores, en Sanjuro se realiza mostrando su ingenio y su capacidad de desvelar el engaño, de ver más allá de la simple apariencia.

         En todo caso, no cabe descartar en Sanjuro una cierta mirada desmitificadora hacia el protagonista y hacia el resto de representaciones históricas o fantasiosas que aparecen relato por medio del recurso del humor, de la torpeza de los nueve acompañantes a los que debe sacar constantemente de apuros o de los sabios consejos -o dulces regañinas- procedentes de una anciana dama, que percibe al ronin como un insaciable agente de la muerte apenas movido por motivación alguna.

De tal modo, Toshiro Mifune intensifica sus bostezos y sus rascadas. Y, sin embargo, el samurái errante continúa demostrando su capacidad para enredarse en entuertos en los que, desde su irreparable condición marginal, tan westerniana, ha de regenerar el orden moral de una sociedad a la que jamás podrá pertenecer y que incluso lo repudia abiertamente -las incesantes dudas de sus presuntos aliados, en este caso un grupo de jóvenes que trata de desenmascarar la corrupta conspiración que pretende descabalgar del poder al chambelán local-.

         En Sanjuro repite un puñado de actores de Yojimbo -Takashi Shimura, Kamatari Fujiwara, Tatsuya Nakadai…-, con roles además relativamente semejantes. Destaca la prolongación de este último como villano, quien por su oportunismo y su perspicacia está aquí destinado asimismo a ofrecer un reflejo en negativo del antihéroe, otro de los apuntes dramáticos que se esbozan en el libreto.

En este sentido, Kurosawa mantiene su precisión compositiva para expresar por medio del plano la relación del protagonista hacia el resto de personajes y hacia su entorno -la superioridad, la igualdad, la sumisión, la reverencia…-, al mismo tiempo que obtiene detalles líricos, como el uso de las camelias.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 7,5.

Yojimbo (El mercenario)

9 Ago

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Año: 1961.

Director: Akira Kurosawa.

Reparto: Toshirô Mifune, Tatsuya NakadaiKyū Sazanka, Seizaburo KawazuEijirō TōnoTakashi Shimura, Kamatari Fujiwara, Daisuke KatōIsuzu Yamada, Hiroshi Tachikawa, Yoko Tsukasa, Yoshio Tsuchiya, Namigoro Rashomon, Ikio Sawamura, Atsushi Watanabe.

Tráiler

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         El forastero surge de espaldas en un sendero polvoriento. Se detiene y se rasca el cuello, dubitativo, al llegar a la encrucijada. Lanza un palo al aire y, de este modo, decide el camino a proseguir. Su parada, una vez más, es un poblacho sumido en la violencia y la injusticia.

Un año antes del estreno de Yojimbo (El mercenario), Akira Kurosawa había constatado con Los siete magníficos que sus samuráis legendarios, honorables justicieros sin dueño que encaran el crepúsculo de su estirpe sacrificándose altruistamente por el prójimo desvalido, estaban hechos del mismo material mitológico que los pistoleros errantes del western. Los aires agónicos de Los siete samuráis, anticipo de la evolución posclásica del cine del Oeste, quedarán ahora en Yojimbo acentuados por la estética todavía más desarrapada del protagonista, por su naturaleza antiheroica evidenciada en sus procedimientos cínicos, con una reducción abstracta que incluso le niega el nombre. Desde ahí, tres años más tarde, el samurái reaparecería todavía anónimo, con la misma barba de tres días, el mismo aire desastrado y la misma pobreza sin cuento, si bien transformado en un tipo con sombrero vaquero, poncho, puritos ensartados en una mueca desdeñosa y mirada entrecerrada. Es Por un puñado de dólares, otro hito clave en la trayectoria del western.

         Lo cierto es que el argumento de Yojimbo, ubicado en el declive del periodo Edo, puede lucir influencias de una novela fundamental de la literatura noir como Cosecha roja en su presentación de un forastero que ejerce de destructiva cuña entre los dos poderes caciquiles que tiranizan una pequeña, remota y desprotegida localidad. La familia rota por los vicios del primogénito, los gestos de desconfianza hacia el recién llegado, el silencio sepulcral del lugar y el perro que porta en las fauces una mano cercenada le sirven a Kurosawa para establecer de un plumazo el contexto dramático en el que se sumerge el ronin, quien, en paralelo al espectador, cuenta además con la guía de un lugareño atropellado por la batalla, aquí un viejo tabernero. El cineasta japonés, que de por sí era un gran admirador de la obra de John Ford, tótem del género, también admitiría haber imprimido rasgos de Solo ante el peligro y Raíces profundas, grandes cumbres del Oeste.

         La atmósfera desapacible de este relato, en el que la amenaza es incesante, se plasma en la lluvia torrencial, en la polvareda huracanada. El ronin baila constantemente sobre el alambre, mientras uno de los villanos, que aparece armado precisamente con un revólver, ejerce de elemento disruptor o extravagante que azuza, con su temperamento imprevisible, el peligro alrededor del cual danza el protagonista. Los caracteres están compuestos asimismo con el molde del arquetipo, ya sea por su ferocidad, por su ignorancia, por su pusilanimidad, por su cobardía o por su entereza. En ellos se evidencia esta apropiación de un mundo que, en este caso, se encuentra en el Lejano Este, pero siempre desde un punto de vista inequívocamente japonés.

La banda sonora supone igualmente una ruptura de ascendencia foránea, con intervenciones de orquesta que rechazan la ambientación historicista. Tampoco se descartan las irrupciones de un humor de tono patético. Pero, por el contrario -o en la misma línea-, la expresión de la violencia tiene un tono desangelado -prácticamente sin cortes, en planos amplios donde se agitan los actores-, en cierto modo anticlimático a pesar de que, a través de ella, se da a conocer el protagonista, profundizando en la turbiedad de su esencia ambigua y misteriosa, apenas aclarada.

         En combinación con el resto de factores, de ahí mana una tensión dramática, reciamente sostenida por la realización de Kurosawa, que llevará al samurái sin nombre a convertirse en un personaje carismático y de gran popularidad, lo que fructificaría en una continuación facturada tan solo un año después que la presente.

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Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 8,1.

Nota del blog: 8.

La mujer de fuego

15 Jun

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Año: 1947.

Director: André de Toth.

Reparto: Joel McCrea, Veronica Lake, Don DeFore, Donald Crisp, Preston Foster, Arleen Whelan, Charles Ruggles, Lloyd Bridges, Nestor Paiva, Ray Teal, Wally Cassell, Ian MacDonald.

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         La mujer de fuego es el debut de André de Toth en el western, uno de los géneros capitales de su filmografía. También es la primera película que rueda junto a Veronica Lake después de casarse con ella, en lo que será el comienzo de un turbulento matrimonio. Y será su personaje el encargado de dictar destinos y fortunas en este género a priori eminentemente masculino. Sin embargo, De Toth, un tipo independiente y esquinado, sumerge en la ambigüedad las motivaciones psicológicas de esta mujer ultrajada, rebelde y con ansias de libertad, pero también caprichosa, vengativa y maquiavélica. Prácticamente una femme fatale que no recurre a las armas de fuego para imponer su voluntad.

         El retrato de caracteres de La mujer de fuego parece más próximo al cine negro que al western, como ocurrirá con frecuencia en futuras entregas del cineasta húngaro. Los personajes enredados en la trama acostumbran a ser dudosos. El protagonista, interpretado por Joel McCrea -asociado por lo general a papeles heroicos y honestos-, carga con el estigma y la humillación de su alcoholismo, que a su vez es producto de sus heridas abiertas, por lo que su proceder recto posee incluso cierta sombra obsesiva. Su principal aliado en su lucha contra el cacique ganadero que domina el villorrio es, por su parte, una especie de forajido fiel pero amoral, comprometido pero volátil. Frente a la mujer de fuego del título español también se levanta, en una estrategia puramente noir, la mujer tranquila que encarna el remanso de redención. Es interesante el tratamiento que se le da a la figura del sheriff y su posición, firme aunque en ocasiones impotente, ante los desmanes de los poderes fácticos.

         La fotografía es acorde a esta atmósfera opresiva, enrarecida por la enmarañada madeja de alianzas y traiciones que da lugar a un argumento donde poseen gran ascendencia la violencia y la sexualidad. Su narración es un tanto confusa por momentos, quizás fruto igualmente de personajes de paja desubicados o desdibujados, como el del padre de la muchacha y socio del malvado. En La mujer de fuego hay espacio asimismo para escenas tan tensas como poéticas, caso de la inmolación en la montaña, resuelta con el contraste de dos toscos cañonazos. De igual manera, el duelo final resulta casi anticlimático, y deja tras de sí un regusto acre para revelar dónde se halla la verdadera victoria de esta guerra patética en su mezquindad.

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Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7.

Terror en una ciudad de Texas

13 Sep

Un hombre, un arpón, un duelo y una muchedumbre que observa. Los artesanos de la serie B saben cómo gestionar una expectativa. Terror en una ciudad de Texas, Joseph H. Lewis se despide del largometraje para la gran pantalla en la sección de cine clásico de Bandeja de Plata.

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The Salvation

24 Dic

“El Oeste nunca cambia, lo que otorga una gran libertad al director.”

Jean Renoir

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The Salvation

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The Salvation

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Año: 2014.

Director: Kristian Levring.

Reparto: Mads Mikkelsen, Eva Green, Jeffrey Dean Morgan, Jonathan Pryce, Éric Cantona, Mikael Perstbrand, Alexander Arnold, Douglas Henshall, Nanna Øland Fabricius.

Tráiler

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            El western, decía Clint Eastwood, es una de las escasas aportaciones culturales genuinas de los Estados Unidos al mundo. Su lenguaje y su temática, heredera en el mejor de los casos de las grandes tragedias griegas, es comprensible en cualquier lugar, por cualquier individuo. En el peor, ofrece al menos un microcosmos de fantasía bien pautado en el que, a partir de unos arquetipos bien definidos, poder componer obras igualmente universales, como se pudo comprobar en la miríada de westerns europeos –spaghetti westerns, chucrut westerns, chorizo westerns,…- que proliferaron como sucedáneo a medio camino entre el homenaje y la caricaturización, siempre demostrando una idiosincrasia particular y con un empleo característico de los tópicos, de un género colosal inmerso en una agonía que se prolonga, con apenas repuntes de vigor, hasta el presente.

            The Salvation es uno de estos westerns europeos y europeizados, pero situado completamente fuera de su tiempo, con uno de esos repartos marcianos que solo podían juntar este tipo de aventuras enloquecidas –un héroe rugoso del viejo continente como Mads Mikkelsen, estrellas invitadas desde otra dimensión como Éric Cantona y Oh Land, un cañón de mujer como Eva Green, veteranos de todo tipo de batallas como Jonathan Pryce-. Intérpretes a cargo de arquetipos, cabalgando sobre la paradigmática violencia de este reducto cinematográfico –directa a la frente, sin miramientos- a lo largo de un argumento tradicional de destrucción y redención traumática del protagonista –la violación de la paz, el guerrero que no puede escapar de la guerra, la venganza sangrienta para restaurar quizás el equilibrio-, rastreando por el camino tenues evocaciones de tótems como Jesse James.

Pero además, esta producción danesa agrega a la coctelera notas de velado exotismo –el paisaje sudafricano como sosias colorido de los desiertos tejanos, como otrora hiciera por ejemplo Almería- y chispazos de electricidad moderna –un empleo del chroma para completar el escenario, que dota a los fotogramas de cierto regusto a viñeta-. Tan nueva, tan antigua.

            Adaptado a estos cánones aunque sin ceder a una nostalgia que a estas alturas no procede, Kristian Levring sabe ser apropiadamente conciso y concreto en la narración a pesar de, por otro lado, exhibir desagradable tendencia a mover la cámara sin necesidad y sin demasiado sentido, a modo de contraproducente concesión al sello personal. Es decir, que The Salvation, apoyada especialmente por el carisma primitivo de Mikkelsen, es mejor cuanto mejor asume su esencia de serie B y más correosa se muestra, desde un convencionalismo bien entendido y representado.

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Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 5,5.

Kaos

22 Dic

“La madre tierra que quita y da la vida, esta es la Sicilia de Pirandello, isla fabulosa y real que alberga una variedad inimaginable de tipos, de caracteres, de mentalidades, además de dialectos, debido a la diversidad de pueblos invasores que se han acercado a ella en el tiempo.”

Luigi Pirandello

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Kaos

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Kaos

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Año: 1984.

Directores: Paolo Taviani, Vittorio Taviani.

Reparto: Margarita Lozano, Claudio Bigagli, Enrica Maria Modugno, Massimo Bonetti, Franco Franchi, Ciccio Ingrassia, Maria Lo Sardo, Biagio Barone, Salvatore Rossi, Pasquale Spadola, Omero Antonutti.

Tráiler

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            Sicilia, tierra desbordada por la tragedia, el trauma, la pobreza y lo mágico. Alejado en cierto modo del realismo documental de otro canto a la naturaleza tumultuosa y fascinante de la isla mediterránea como el que Francesco Rosi ensayaba en Salvatore Giuliano, los hermanos Paolo y Vittorio Taviani se sumergen en Kaos en la particularísima obra del literato sículo Luigi Pirandello para iluminar los cuatro relatos cortos más un epílogo escogidos de Cuentos para un año, publicado en 1933, un año antes de su conquista del premio Nobel de las letras.

            El protagonista de estos cinco fragmentos, pues, es este territorio sobrecogedor y caótico, al que se invoca a través de un paisaje que parece determinar la suerte de sus moradores; del vuelo de un cuervo que desde el cielo observa el devenir del hombre siciliano; de la ascendencia de lo atávico manifestada en la pervivencia en ruinas de los monumentos de la antigüedad clásica. Son así cinco historias que, contextualizadas y enclavadas a esta tierra de llanto, fecunda y destructiva, retratan la violenta colisión y la inseparable convivencia de la existencia prosaica, severa y visceral con las poderosas resonancias de lo sobrenatural y la inexorable influencia de un fatalismo eterno.

La pervivencia del pasado doliente en L’altro figlio y Mal di Luna; el influjo fantástico que envuelve esta última y La giarra; el permanente conflicto entre dominantes y dominados que desequilibra la sociedad insular en ésta y la siguiente Requiem. Al igual que la goma milagrosa del alfarero que protagoniza La giarra, la estructura de la narración parece ensamblar con inconmovible firmeza cada uno de los segmentos, conformando ese conjunto que reconstruye la cosmogonía de Sicilia, su idiosincrasia, su folclore particular y su dura realidad presente –es interesante en este punto la repetición de algunos actores en varios cuentos-.

            Filme monumental, de metraje incontenido y arduo –superior a las tres horas-, Kaos acomete el reto de plasmar en imágenes la prosa rica y compleja del autor agrigentino. Los Taviani tratan de construir fotogramas rotundos y poderosos, que unas ocasiones se encuentran con las dificultades de la producción –una fotografía poco lucida, principalmente- o con el característico estilo directo y aquí inconvenientemente verista de los cineastas, mientras que en cambio en otras sí se ven favorecidos por la comparecencia tiránica del escenario –la barroca Ragusa, las hostiles montañas, los resecos páramos, la costa prometedora, la áspera y ensoñada Lípari-, así como por la fuerza colosal de las canciones tradicionales de la banda sonora, verdadera emanación de la virulenta mitología local.

Aquí, quizás el pasaje onírico del colofón, Colloquio con la madre, protagonizado por una proyección del propio escritor, intermediado por el rostro de Omero Antonutti, sea el más logrado estéticamente en comparación con el resto de episodios, en los cuales la sensibilidad artística de los hermanos cineastas no termina de corporeizar con la suficiente contundencia una atmósfera definitoria.

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Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7.

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