Crimen al atardecer

26 Feb

“Era una chica negra que creció en un barrio de blancos y siempre me sentía como si no encajase. Como si no fuese tan buena como los demás, o tan inteligente o lo que fuera.”

Halle Berry

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Crimen al atardecer

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Crimen al atardecer

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Año: 1959.

Director: Basil Dearden.

Reparto: Nigel Patrick, Michael Craig, Yvonne Mitchell, Paul Massie, Bernard Miles, Olga Lindo, Earl Cameron, Gordon Heath, Harry Baird, Yvonne Buckingham.

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            En Escupiré sobre vuestra tumba, una de mis novelas negras favoritas por su violencia y nihilismo descarnados, un hombre de raza negra pero por azares de la genética de aspecto caucásico, aprovecha su ‘impoluta’ imagen para infiltrarse como uno más en la sociedad blanca norteamericana y, de este modo, proceder a vengar con la mayor virulencia el asesinato racista de su hermano, éste sí negro a todos los efectos. Aparte de descerrajar un ejercicio de rabia incontenida, Boris Vian paga con su misma moneda el desgarrador absurdo que se enquista en los Estados Unidos segregacionista y recalcitrante.

            Aunque ambientado al otro lado del Atlántico, en un Reino Unido quizás un tanto menos estridente en estos conflictos raciales que el Deep South, el filme Crimen al atardecer –estrenado precisamente el mismo año que la primera adaptación al cine del libro de Vian-, expone un relato que, en cierta manera, recorre el camino adverso para finalmente alcanzar una semejante conclusión de fondo.

Aquí, una chica mestiza pero de impoluta piel blanca y cabello pelirrojo muere asesinada por motivos que, progresivamente, parece apuntar hacia el odio racial. Si en Escupiré sobre vuestra tumba el as oculto en la manga del negro-blanco es empleado para dinamitar con ira cualquier tipo de conciliación racial, en Crimen al atardecer esta conciliación es igualmente imposible –o por el momento improbable, indicará el hermano negro de la víctima, un doctor tan paciente como escarmentado- puesto que, como muestra el primer fotograma de la película, el ‘engaño’ acaba descubierto, repudiado y, en consecuencia, limpiado con sangre.

A su modo, no camina por tanto demasiado lejos de lo ya planteado por El color de la sangre, cinta estadounidense basada esta vez en un texto de no ficción.

            Como se colige de los párrafos anteriores, Crimen al atardecer coincide con cierto despertar de la conciencia occidental hacia un grave e inhumano problema de integración, el racismo, que por desgracia todavía hoy se encuentra lejos de una resolución por completo satisfactoria. Con escasos antecedentes en el reflejo de este rechazo hacia la población negra como la vanguardista película inglesa Límite (Borderline) y la americana Clamor humano -ambientada en el frente de una guerra por la libertad y la concordia como la Segunda Guerra Mundial-, no es hasta las inmediaciones de los años sesenta cuando aparecen obras que, en mayor o menor medida, bien destinadas a elaborar un análisis riguroso o bien plantándola como aliciente conflictivo a una trama un tanto más lúdica, hacen hincapié en esta polémica por entonces candente, a un solo paso de estallar definitivamente en Estados Unidos. Son ejemplos como Una isla al sol, Fugitivos, El mundo, la carne y el diablo, la japonesa Kiku to Isamu, Un lunar en el sol, las bélicas El paso de la muerte y El sargento negro, la también británica Flame in the Streets, El intruso (The Intruder) y, por supuesto, la emblemática Matar un ruiseñor.

            En Crimen al atardecer, Basil Dearden, cineasta proclive a sumergirse en los conflictos sociológicos de su país –su siguiente película, Víctima, con Janet Green de nuevo en el libreto, explorará la hostilidad inglesa hacia la homosexualidad a partir de otro homicidio- y que ya había acariciado las espinas de tan peliagudo tema en Pool of London, de 1951, se sirve de una estructura policíaca que no deja respiro en su arrollador desarrollo para descubrir las diferentes culpabilidades de una sociedad marcada a fuego por un profundo clasismo y, por ende, en la que el racismo supone nada más que otro de sus inefables componentes.

La ambigüedad de la fallecida desvela entonces las ambivalentes reacciones internas de los personajes y su posicionamiento respecto del crimen y la variopinta galería de sospechosos –el contraste entre el mesurado subinspector y su prejuicioso ayudante-. Siguiendo esta idea, el libreto procede a tomar el pulso de la calle de manera incluso directa y ejemplificada mediante opiniones seleccionadas de estereotipos –la huida de Johnny Bailón y los ciudadanos que se cruza en su carrera-.

No obstante, Crimen al atardecer sortea el exceso de discurso que afectaba a otras obras sociológicas del director, compensado con alusiones más sutiles –la comparación con el nefasto matrimonio de una mujer hostil que, además, posee rasgos marcadamente semíticos; la amiga liberal pero aún hipócrita, la forma en la que un médico llama estúpido al inspector-, al mismo tiempo que aúna con notable eficiencia el puro entretenimiento con una valiosa y valiente denuncia adelantada a su época.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7,5.

2 comentarios to “Crimen al atardecer”

  1. E. J. Castroviejo 26 febrero, 2015 a 19:06 #

    Grandísimo libro el que mencionas, si la película es comparable debe ser digna de prestarle atención, el debate que dices propone siempre será recomendable (en los 50 debió de ser radical, para los de siempre). Abrazos.

    • elcriticoabulico 27 febrero, 2015 a 17:02 #

      Igualarse a Escupiré sobre vuestra tumba es mucho, mucho decir; pero la película merece la pena.

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