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12 años de esclavitud

20 Feb

“La esclavitud es parte de nuestra historia y debemos saber que está ahí. Pero, ¿cómo puede uno creer que somos un buen país cuando, como nación, hemos hecho esas putadas? ¿Cómo puedes asumir tu pasado y seguir sintiéndote bien? Yo, cuando tenía ocho años, le enseñé el pene a una niña con síndrome de Down que vivía en mi calle y tengo que ir por ahí conviviendo con ello todos los días. Si lo hubiese hecho ayer se consideraría aún peor, pero todavía soy el tipo que hizo eso. Era solo un niño, pero éste todavía es el pene que le enseñé a una niña con síndrome de Down junto al contenedor que hay detrás del Kentucky Fried Chicken. Así pasó. Esos eran mis valores con ocho años… Sé que es algo delicado compararlo con la esclavitud en América, pero son una cosa parecida. Porque esa puta mierda pasó aquí.”

Louis C.K. (Louie)

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12 años de esclavitud

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12 años de esclavitud

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Año: 2013.

Director: Steve McQueen.

Reparto: Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Lupita Nyong’o, Sarah Paulson, Benedict Cumberbatch, Paul Dano, Paul Giamatti, Brad Pitt.

Tráiler

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           Casi a modo de prolongación de su trayectoria como creador audiovisual de arte y ensayo, Steve McQueen debutaba en los circuitos generalistas del cine con Hunger, un filme que, en cierta manera, reducía la lucha a muerte del activista norirlandés Bobby Sands a un ejercicio de estilo cuestionablemente esteticista. Habida cuenta del carácter de esta osada opera prima y de la arrolladora combinación de forma y fondo que el cineasta ya exhibía en su segundo largometraje, la perturbadora Shame, resulta entonces extraño comprobar la escasa incidencia de la vocación autoral de Steve McQueen en la narración de un tema todavía más espinoso y acaso, debido a su ascendencia, más personal que en las anteriores: la esclavitud de los africanos en los Estados Unidos del siglo XIX.

Quizás esa preocupación por contar adecuadamente un mensaje de semejante trascendencia privada y universal, a lo que podría sumarse o superponerse las enormes presiones de afrontar lo que, al fin y al cabo, es una superproducción hollywoodense –y de prestigio, además-, sea precisamente lo que, en conjunto, ha contribuido a que McQueen rebaje su presencia y se decante por un estilo formal más sencillo y asequible –valga como ejemplo de esta influencia “desde arriba” el favorecedor papel que se reserva para sí mismo el productor Brad Pitt, conocido por su compromiso político-.

           Sea como fuere, 12 años de esclavitud tampoco llega a ser la típica cinta academicista de recreación histórica, ni mucho menos. Queda espacio en ella para componer fotogramas de notable elegancia plástica e imágenes poderosas, como aquella del ahorcado agonizante e ignorado en medio de una vida que continúa a golpe de miedo; del no ver, no hablar, no oír como técnica imprescindible de supervivencia –aunque luego se acabe subrayando en exceso-. El asunto es que no se puede calificar a 12 años de esclavitud como una mala película: lo que se cuenta es relevante e importa, su ritmo es fluido, el diseño de producción es lustroso y los actores fiables.

Sin embargo, sí cabría afirmar que se echa algo en falta en el filme: rabia, garra, verdadera mala leche –cosa que no solo se consigue desollando una espalda a latigazos-. Un poco más de alma, en definitiva.

           Y es que la decisión de ceder por completo la voz a los escritos del protagonista Salomon Northup es perfectamente legítima, pero posee una serie de debilidades intrínsecas que, finalmente, acaban lastrando las posibilidades de la obra. Todo relato, por definición, contiene una parte de espectáculo puro. Y en 12 años de esclavitud, la determinación de ajustarse sin más a filmar la crónica de las desventuras de Northup restringe la función a un simple espectáculo del horror.

Debido a ello, la propuesta renuncia a (o no consigue) explorar en profundidad las terribles y complejas sombras de la sobrecogedora problemática del racismo y la esclavitud –polémicas, por cierto, sin resolver en la sociedad norteamericana contemporánea-; mientras que, por otro lado, tampoco desarrolla un dibujo demasiado elaborado de caracteres, trazados a grandes rasgos. Así, los personajes no revisten apenas relieve, desde los secundarios de una pieza –la repetición de estereotipos cae en una ligera redundancia, sobre todo aquellos más crueles y extremos- hasta el propio protagonista, en quien una experiencia tan traumática como la que vive no se ve reflejada en un recorrido y una transformación interna en idéntica proporción.

           12 años de esclavitud no se despega de ser una buena historia de supervivencia física y psicológica; de la revisión humanista del santo Job con unas insuficientes gotas de adquisición de conciencia de raza –que un negro que vive como un blanco caiga en la cuenta, de primera mano, en el evidente horror que a mediados de hace dos siglos sufrían sus semejantes-. Por este motivo, las emociones que expresan son, en buena medida, bastante convencionales, desaconsejablemente próximas en ocasiones al típico (y caduco) melodrama histórico en búsqueda y captura de premios.

Es decir, que 12 años de esclavitud se ve con facilidad e interés, su factura es refinada y se debe loar su encomiable pretensión de ajustar las cuentas no saldadas de un país que se proclama paladín de la libertad. Pero no deja la huella que debiera.

 

Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7.

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