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Walkabout

15 Feb

“Lo más interesante del cine es la posibilidad de relacionar y confrontar el presente con el pasado, la realidad con el sueño.”

Louis Delluc

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Walkabout

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Walkabout

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Año: 1971.

Director: Nicolas Roeg.

Reparto: Jenny Agutter, Luc Roeg, David Gulpilil, John Meillon.

Tráiler

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           Algo se movía en el cine australiano en la naciente década de los setenta. Con el generoso respaldo económico de la Australian Film Institute, la industria cinematográfica de las antípodas se desperezaba y asistía a la eclosión de una talentosa camada de creadores y de un cine pleno de personalidad propia. Uno de los géneros más representativos de este vivero que prolongaría su desarrollo en la siguiente década –también progresivamente absorbido o depredado por el gigante americano-, sería un cine fantástico que parece conectar estrechamente, de manera orgánica e instintiva, con el espíritu de un territorio mítico que ejerce a la vez de escenario, personaje, emanación esotérica y, en su condición mutante y sugerente, de fuente de metáforas del país. La saga Mad Max establecería su cima de popularidad a nivel internacional.

           Adrián Esbilla, el hombre a quien hay que acudir en lo que a asuntos australianos se refiere, atribuye la paternidad de este nuevo cine fantástico a dos películas, Walkabout y Despertar en el infierno, las cuales, como detentadoras de esta progenitura compartida, arrojan múltiples paralelismos entre sí. Ambas, estrenadas en 1971, son adaptaciones de sendas novelas que relatan el periplo de extranjeros sometidos a los misterios, asombros y puniciones de un espacio extraño: el Outback profundo y atávico, terrible y seductor, que tiene tanto de este mundo terrenal como del otro.

           En cierta manera, Walkabout arraiga en esa intransferible esencia local desde una introducción que presenta al filme como la crónica de un rito de paso aborigen que determina la transición a la edad adulta a través de una experiencia de supervivencia en solitario en la inmensidad del desierto. Pero también se entreveran en él algunos elementos de ascendencia europea, caso de ese tópico del cuento tradicional de los niños abandonados a su muerte en el bosque –desierto aquí, pues-, cuyas reminiscencias se prolongan en parte en decisiones artísticas como la sucesión de elipsis plasmadas mediante el pasar de las hojas de un libro y, especialmente, por la presencia amenazadora y siniestra de la naturaleza –los reptiles, serpientes e insectos de formas alucinadas y crepitar enardecido por el técnico de sonido-, análoga a aquella que podría rastrearse en Occidente en cintas tan emblemáticas como La noche del cazador –el descenso nocturno en río-.

           Como muestra esta apertura, las lecturas que pueden extraerse de Walkabout, primera película en solitario del director londinense, son abundantísimas a causa de la proliferación del simbolismo y del surrealismo, que se incrementan a medida que avanzan los fotogramas y que descubren el carácter libre y anárquico de una obra caleidoscópica.

A lo largo de los minutos y del caminar de los dos hermanos ingleses perdidos en la inmensidad de la nada y del todo, el argumento se diluye en la abstracción hasta confrontar al hombre contemporáneo con su estado salvaje y definiéndole por pulsiones de sexo y muerte, siempre bajo la eterna e inescrutable mirada del paisaje, de su sugerencia sobrehumana, de su halo místico. Así, la alegoría y el montaje dialéctico –la alternancia de planos de caza del canguro con el despiece de en una carnicería, por ejemplo- conquistan mayor espacio en los fotogramas, abriendo el abanico de sus interpretaciones.

Y es que, por otro lado, quizás se puede extraer de este peregrinaje vital desorientado, transformador y decisivo una solapada parábola del devenir histórico de Australia: los extranjeros en pos de hallar las riquezas escondidas en la tierra –el padre y sus informes sobre minerales-, el abandono a la fuerza delos  foráneos en un nuevo y desconocido mundo, la paulatina conquista de la naturaleza guiados por los conocimientos ancestrales de los lugareños –la irrupción del chico negro, los planos de animales más amables-, la posterior depredación y destrucción de ambos –la caza indiscriminada-, el surgimiento de relaciones de sometimiento, desprecio y colonización –la fábrica de productos ‘made in Australia’, el distanciamiento en la casa, el aprendizaje del inglés del chico negro-.

           Acaso abusiva en el recurso a este citado simbolismo –capaz de restar parte de ese poder telúrico y hechizante exhibido en el más visceral comienzo-, e incluso un tanto tosca en su realización a causa de la carestía de medios, Walkabout constituye en perspectiva uno de los hitos en la historia del cine austral e, individualmente, una película-experiencia rica en sustratos y emanaciones, repleta de ingenio, atrevimiento y fascinación.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8.

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