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La escapada

10 May

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Año: 1962.

Director: Dino Risi.

Reparto: Vittorio Gassman, Jean-Louis Trintignant, Catherine Spaak, Luciana Angiolillo.

Tráiler

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          El milagro económico italiano, exultante llegando a la década de los sesenta después de las penurias y las contriciones de posguerra, conduce a toda máquina un Lancia Aurelia B24 Spider, materialización del progreso industrial, tecnológico, energético y pecuniario del país. De copiloto viaja un ciudadano común de clase media, concienciado con sus deberes y con su responsabilidad social, aunque distanciado por igual de los nuevos ricos y del proletariado rural. Y, en un plano personal, a causa de este mismo sentido de la obligación y la necesidad, cohibido para la satisfacción de sus deseos más hedonistas y primarios.

        Dos años antes, La dolce vita empleaba ya el esquema de la odisea para descubrir y desnudar la sociedad italiana de su tiempo. En La escapada, Bruno (Vittorio Gassman) y Roberto (Jean-Louis Trintignant) se embarcan en una road movie que nace inesperadamente del vacío mágico de la Roma en Ferragosto para recorrer, con tono costumbrista y al son de los éxitos musicales del momento, el paisaje urbano y humano de una región en pleno éxodo vacacional.

        Aunque Bruno se mantiene un tanto más estereotipado, más adherido a sus funciones alegóricas, Dino Risi, que se había formado como psicólogo, consigue construir, plasmar y transmitir con gran credibilidad y potencia la naturaleza de Roberto y las emociones que atraviesa a lo largo del itinerario por las carreteras, los pueblos y los encuentros del país. Ahí aparece su incomodidad ante la presencia invasiva de su compañero de aventuras y el autocuestionamiento no solo por el modelo de triunfo social que supone este -que, irredimiblemente frívolo, se lanza y agarra cuanto se le antoja para dar cumplida cuenta de sus apetencias-, sino por las limitaciones y contradicciones que descubre en su propio carácter, a priori marcado por la responsabilidad y sobre todo la timidez. También su paulatina liberación desde las restricciones y el recelo inicial hasta el ulterior optimismo esperanzado con las vitalistas posibilidades que le ofrece el viaje.

Para aquellos que como Bruno “se pasen por ahí” los frescos históricos y sociales italianos, quizás de ese estudio de caracteres, cuya apreciación es más universal, provenga la resistencia en el tiempo de un filme de tan marcado contenido localista.

        La tragicómica convivencia -o podría decirse duelo- entre estos dos personajes antagónicos destila sentimientos enfrentados en el aspecto psicológico y, especialmente, en el idiosincrásico. El rechazo, la conexión, la prepotencia, la ternura, el descontrol, el gozo, el oportunismo, la conciencia, el machismo, el compromiso, la realización, la destrucción.

Con ello, Risi cuestiona tanto las aparentes bonanzas de la liberación económica y moral de este periodo de recién conquistada opulencia, como las pequeñas represiones internas que coartan el disfrute de la existencia de una forma de ser en exceso reconcentrada. Ambos, reflejos de una misma identidad nacional que avanza a velocidad irreflexiva, acometiendo ese ‘sorpasso’ histórico y automovilístico al que alude el título original, hacia un destino igualmente simbólico.

        La escapada se convertiría en un hito cultural de Italia.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 7,5.

Soy Cuba

19 Abr

La potencia estética es la potencia de la Revolución cubana. Soy Cuba, una obra monumental incluso en su malditismo, donde la belleza cinematográfica expresa la belleza de las ideas; un atronador rayo propagandístico en medio de la asepsia del mensaje político contemporáneo. Para la sección de cine clásico de Bandeja de Plata.

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La noche del escándalo Minsky’s

18 Mar

La vida es una obra de burlesque. La noche del escándalo Minsky’s para el especial de Cine Archivo sobre William Friedkin.

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El asesino

17 Mar

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Año: 1961.

Director: Elio Petri.

Reparto: Marcello Mastroianni, Salvo Randone, Micheline Presle, Cristina Gaioni.

Tráiler

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          “Podría haber sido cualquiera”, repiten recurrentemente los personajes de El asesino esgrimiendo la frase tanto a modo de excusa como a modo de acusación. En efecto, la intención de Elio Petri es apuntar indiscriminadamente su mazo de juez hacia todo habitante de Italia -y por extensión de Occidente-, argumentando que, al contrario que sucederá con el omnipotente inspector de homicidios de Investigación de un ciudadano libre de toda sospecha, son individuos merecedores de toda desconfianza. No es casual que, en una escena de interrogatorio, el flexo hostigador no apunte hacia el protagonista, sino que parezca romper la cuarta pared para clavar su inquisitivo y deslumbrante haz de luz en los ojos del espectador congestionado al otro lado del fotograma.

          Hasta entonces guionista y auxiliar de dirección, Petri tomaba por fin las riendas de un proyecto cuya base ideará junto a Tonino Guerra y que emplea una coartada policíaca -el asesinato de una mujer- como herramienta con la que desnudar las circunstancias, la inmoralidad y la mezquindad del burgués italiano, que aquí posee el rostro formal y elegante de Marcello Mastroianni. Y, tras contemplar ante el espejo semejante cuerpo en cueros, el realizador novel asumirá que el tono farsesco es el que mejor le conviene al asunto. De hecho, será la clave que predomine a lo largo de su comprometida carrera como director.

          El asesino somete a examen a su protagonista a través de una indagación en tiempo presente -su asunción de sus numerosas y variopintas culpabilidades- en la que hábilmente se intercalan delatores testimonios provenientes del pasado, de la memoria culpable. Se compone así una semblanza que es personal y social al mismo tiempo, puesto que los comportamientos descritos son también producto de la acción o cuanto menos de la mentalidad colectiva -la maquiavélica corrupción como forma de entender el negocio o la promoción en la comunidad, la nueva legitimación del fascismo, la volubilidad del juicio público, la carencia de empatía hacia el prójimo-.

          De esta manera, y aunque quizás le queda por compensar un punto más de profundidad dentro del aun así poliédrico y agrio desencanto que subyace en la narración, la acidez del humor de El asesino corroe uno por uno los disfraces de respetabilidad que esconden a un ente caricaturesco, patético en su indefendible miseria moral.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7,5.

A cada uno lo suyo

16 Mar

“El tiempo de los poetas pensando en las nubes ha pasado”. Elio Petri adopta un tono serio, intermediado por el cronista oficial de la Sicilia contemporánea, Leonardo Sciascia, y comenzaría a consolidar su nombre como cineasta con A cada uno lo suyo, una investigación personal en el reino de la Cosa Nostra. Para la sección de estrenos en DVD de Cine Archivo.

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La décima víctima

27 Feb

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Año: 1965.

Director: Elio Petri.

Reparto: Marcello Mastroianni, Ursula Andress, Elsa Martinelli, Luce Bonifassy, Massimo Serato, Milo Quesada, Salvo Randone.

Tráiler

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          No es extraño que uno de los primeros ejemplos de la caza del hombre convertida en pasión de multitudes -y no en afición reclusiva y solitaria, como eran las monterías del malvado conde Zaroff y parientes- provenga de Italia, territorio de origen de los juegos gladiatorios -y en buena medida de la denominada telebasura-. De hecho, esta distopía satírica de Elio Petri, autor de fuerte conciencia crítica, apunta parte de sus dardos hacia el concepto de ‘panem et circensis’ que se atribuye al narcotizante uso social de los entretenimientos de masas durante el Imperio romano, con cuyos vicios el director transalpino encuentra puntos en común en la sociedad de su época -y por extensión de la presente-.

          Antecedente por tanto de las numerosas variantes del entretenimiento futurístico violento -la antibélica The Gladiators, La carrera de la muerte del año 2000Rollerball, Roma, año 2072 D.C.: los gladiadoresPerseguido, Battle Royale, La isla de los condenados, Gamer, Los juegos del hambre…- La décima víctima se sumerge en un porvenir de aspecto inmediato en el que, con el presunto e incumplido objetivo canalizar la agresividad natural del ser humano, se organizan torneos de caza y huida a muerte entre concursantes de todo el planeta.

Si acudimos a la máxima de que las competiciones internacionales de fútbol son el sustitutivo contemporáneo de los antiguos enfrentamientos bélicos, bien vale remitirse de nuevo al caso particular de Italia por medio de las palabras de Winston Churchill, quien afirmaba que los italianos pierden guerras como si fuesen partidos de fútbol y disputan los partidos de fútbol como si fuesen guerras.

          Como ocurre en otras obras de la ácida filmografía de Petri -cuyos mejores resultados aparecen en cintas más apegadas a una realidad reconocible, caso de El asesinoLa clase obrera va al paraíso-, el realizador y guionista, que adapta aquí un relato corto de Robert Sheckley, parece quedarse limitado a una idea potente y original a la que no sabe conceder el vuelo necesario que se mantenga pujante a lo largo de todo el metraje, a pesar de exponer desde el libreto una serie de razonamientos que, desde la cáustica ironía, retratan el estado sociocultural de un Occidente de moral y humanidad corrompida, en el que se han desmoronado la intelectualidad -la literatura que se reduce al cómic, la alienación que provocan los medios de comunicación y el materialismo capitalista-, la familia -el divorcio rampante, la prostitución accesible, la promiscuidad con amantes sin rastro de amor, el arrinconamiento de los ancianos- y la espiritualidad -las creencias iluminadas en tiempos de la expansión del misticismo hippie y new age-.

          Son conceptos que están expuestos por acumulación, debido a que la narración carece de verdadera entidad y es incapaz de ir más allá del arrebato de rabia concienciada o de la curiosidad ingeniosa. El armazón narrativo que sostiene el discurso crítico hace aguas a causa de que la mecánica del juego de caza está presentada de forma ramplona en concepción y, especialmente, en estilo, por lo que una hipotética intención de distanciamiento se traduciría en falta de credibilidad. Lo mismo ocurre con la guerra de sexos que se establece entre las dos estrellas protagonistas, el nativo Marcello Mastroianni y la fastuosa invitada Ursula Andress, que muestran entre ellos una palmaria y desalentadora ausencia de química.

La conclusión, impuesta con torpeza desde la producción y que descabalga la pátina de surrealismo en giros de guion directamente inefables, termina por estropear este mecanismo que de base ya no funcionaba correctamente o, si acaso, lo hacía a tirones.

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Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 5,7.

Nota del blog: 5,5.

El rapto de Bunny Lake

9 Dic

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Año: 1965.

Director: Otto Preminger.

Reparto: Carol Lynley, Keir Dullea, Laurence Olivier, Martita Hunt, Noël Coward.

Tráiler

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          En ocasiones, el cine es víctima de la evolución de la ciencia. El género de la ciencia ficción, gracias a su componente fantasioso, no tiene por qué ser la principal víctima de estos cambios técnicos y teóricos. Su mella se hace más visible cuando ciertos conceptos científicos centran el objeto del filme.

Probablemente, su manifestación más evidente se dé en las intrigas psicológicas debido a los inexorables cambios, actualizaciones y revisiones de los paradigmas que sostienen a un campo tan vasto y complejo como este, en el que las teorías y las prácticas más firmes pueden quedar desacreditadas en apenas décadas. Recordemos, por ejemplo, que estrellas como Frances Farmer o Gene Tierney sufrieron en sus carnes los efectos de terapias psiquiátricas tremendamente erróneas y crueles como el electroshock, entre otras.

De este modo, lo que hace sesenta años podía verse como un retrato crudo y estremecedor de la enfermedad mental, en el presente se percibiría como una aproximación naif en el mejor de los casos o, por desgracia, especialmente sensacionalista e incomprensiva.

          La estrafalaria composición psicológica que resuelve el misterio de El rapto de Bunny Lake es uno de estos ejemplos. Con una interpretación a juego, igualmente extravagante y desorientada, su irrupción en la intriga afea los resultados de una cinta en la que, por otro lado, Otto Preminger había conseguido imprimir un agraciado tono que, desconcertantemente, sumía esta terrible investigación de la desaparición de una niña en el Londres de los sesenta en una especie de cuento infantil donde es difícil discernir entre realidad y fantasía, sordidez criminal e imaginación alucinada.

Hasta parece sumergirse de otro crimen sin crimen londinense, un año anterior: el de Blow-Up (Deseo de una mañana de verano) –aunque sin caer en su sopor narrativo y su afectada ansia de trascendencia-. Como en aquella, el misterio termina por constituirlo una galería de personajes extraños envueltos en circunstancias extrañas y que, cuanto más se cree conocer de ellos, más extraños resultan.

          La atmósfera onírica es por tanto la virtud más destacable de una obra donde el libreto es bastante menos convincente. Un pero que, al menos visto desde la actualidad, perjudica el impacto del desenlace, donde se llega al clímax de esa conflictiva combinación entre el juego inocente y la amenaza violenta con la tensión exacerbada por el cineasta austriaco mediante escenas calculadamente dilatadas; hipnóticas e inquietantes a partes iguales.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 6.

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