Archivo | octubre, 2011

If…

31 Oct

“No sería exagerado decir que el Free Cinema cambió por completo el modo de sentir y concebir el cine en Inglaterra por pocos pero inspiradores años, antes de que los británicos se hundieran de nuevo en la complacencia y el filisteísmo.”

Tony Richardson

 

 

If…

 

Año: 1968.

Director: Lindsay Anderson.

Reparto: Malcolm McDowell, David Wood, Richard Warwick, Guy Ross, Robert Swann, Hugh Thomas, Peter Jeffrey, Christine Noonan.

Tráiler

 

 

            En 1958, Lindsay Anderson estampaba su firma en un manifiesto junto con otros directores como John Schlesinger, Karel Reisz o Tony Richardson que definía las bases definitivas del Free Cinema británico, movimiento iniciado desde variados ámbitos de la cultura del país en los años anteriores por los denominados Angry Young Men, escritores, dramaturgos y directores de cine que denuncian la situación de un país en decadencia económica, social y moral, fruto de las penurias de posguerra y el desmembramiento del Imperio, y abogan por la creación de obras de un mayor realismo y preocupación social, lo que en el ámbito del cine se traduce, alentado y mezclado a su vez por los principios de movimientos paralelos como la Nouvelle Vague de Francia, en películas con mayor interés por el mundo obrero frente al cine precedente, considerado burgués y aristocrático, por las películas de autor realizadas al margen de las grandes productoras aprovechando las mejores técnicas para contrarrestar la falta de recursos y por una renovación de la forma menor que en la corriente francesa pero con mayor carga literaria y dramática.

             Anderson, en sus inicios periodista, crítico de cine, documentalista y director para la BBC, la televisión pública británica, uno de los principales apoyos para el génesis del Free Cinema, destaca entre estos autores por sus despiadadas sátiras contra el conservadurismo de las instituciones británicas, como el mundo de los negocios, los hospitales o, en el caso del presente If…, el sistema educativo.

             Seis años antes Tony Richardson había denunciado en La soledad del corredor de fondo -película notable con uno de los finales más sublimes y satisfactorios del cine- la tradicional educación británica, opresiva del individuo, anuladora de su personalidad en conjunto con una sociedad desestructurada e inhumana. If… explora de nuevo el mismo contexto pero desde un colegio elitista en vez de un reformatorio, con influencias del Cero en conducta de Jean Vigo, uno de los autores de cabecera de Anderson, y con un menor peso del estilo neorrealista y melodramático que se podía rastrear en la anterior.

             If… recorre en capítulos la vida del estudiante británico desde la perspectiva de un joven rebelde (Malcolm McDowell, debutante en pantalla) en un rígido internado inglés que podría erigirse como representación de toda la sociedad. Un entorno endogámico, clasista, rancio y decadente poblado por sádicos, degenerados e hipócritas, destinado a la fabricación en cadena de masa humana –o monstruos, como producto defectuoso de su maquinaria- que perpetúe ese mismo putrefacto sistema, al que solo se puede combatir dando rienda suelta a los apetitos naturales de la edad: el deseo de hacer el amor a todas, de hacer la guerra a todos.

             Anderson ensaya al mismo tiempo un nuevo desmarque del Free Cinema en lo artístico, con un mayor riesgo y alejamiento de formas estrictamente realistas que regala al espectador imágenes de enorme potencia y capacidad sugestiva –el encuentro en el bar, por ejemplo- y un final que opta por el simbolismo y la farsa destroyer, sin embargo un tanto chirriante respecto al tono del filme y de menor interés.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7.

Odio en las entrañas

25 Oct

“En realidad no tenía intención de ser actor. Más bien caí en ello. Luego he tenido una buena carrera, he conseguido hacer reír mucho. No sé si eso es como para estar satisfecho, pero desde luego ha sido mejor que picar carbón en la mina.”

Harry Morgan

 

 

Odio en las entrañas

 

Año: 1970.

Director: Martin Ritt.

Reparto: Richard Harris, Sean Connery, Samantha Eggar, Frank Finlay, Anthony Zerbe, Anthony Costello.

Tráiler

 

 

            Martin Ritt había dado comienzo a una prometedora carrera como realizador en la televisión norteamericana en la década de los cincuenta hasta que la caza de brujas del senador McCarthy consideró pernicioso para el país su militancia izquierdista, lo que le llevó a ser incluido en una de las tristemente famosas listas negras –hecho que más tarde trasladaría a la pantalla en La tapadera-. Con el tiempo, la ignominia acabó por sucumbir ante su propio peso y el cine de Hollywood vio nacer a una nueva hornada de autores procedentes de ese mundillo televisivo, conscientes de su capacidad para defender con su obra las libertades sociales esenciales de un país que había puesto en cuestionamiento y perseguido su esencia misma. Es la denominada generación de la televisión o generación del compromiso. Ritt sería uno de sus miembros más destacados.

A pesar de que aún en los sesenta su cine iría más ligado a encargos y adaptaciones literarias, en la década posterior Ritt empezaría a cimentar las bases de una sólida carrera en la que su compromiso social, firmemente posicionado en un discurso de izquierdas, comprometido con cuestiones como las injusticia y desigualdad o el racismo, en clave presente o histórica, sería una de las claves de su obra.

             Precisamente Odio en las entrañas abre su filmografía en los setenta, una cinta que refleja los conflictos mineros de la Pennsylvania del siglo XIX desde el punto de vista de un detective de la policía de origen irlandés (Richard Harris)  que ha de desemboscar a la banda de los Molly Maguires, inmigrantes irlandeses que actúan con el sentido original de la mafia: como una organización que vela por una población indefensa ante el sistema, garante de su seguridad incluso con métodos que violan lo legal controlando todo, desde el voto común o la solidaridad comunitaria hasta su protección física frente a los abusos. Un conflicto minero que tenía precedentes cinematográficos en el incipiente y truncado cine social norteamericano de los cuarenta (Qué verde era mi valle, ambientada en terreno británico, eso sí) y aún durante los tiempos más crudos del mccarthismo (La sal de la tierra, de las películas más valientes de la historia desde su misma concepción).

             Odio en las entrañas juega con esas dos vertientes, la de las duras condiciones de unos inmigrantes que conforman la esencia de un país de aluvión y que han visto frustrado una y otra vez esa promesa de sueño americano –el personaje de Harris representa plenamente esta idea, parte de un sistema que solo le ha aportado decepciones y que le exige la traición a sí mismo, a lo que es, como única esperanza de progreso-, junto con la premisa de la sacrificada y escasamente recompensada vida de unos mineros explotados para arañar el carbón de las entrañas de la tierra, unas condiciones que solo pueden derivar en la rabia más profunda, en la cólera y el rencor ante ese mismo sistema indiferente en el que no se reconocen ni la justicia ni ningún otro valor que merezca llamarse humano, personificado en unos esbirros –la policía- igual de deshumanizados, sin empatía hacia sus semejantes.

             No es este un filme que caiga en las redes fáciles del infiltrado que acaba compartiendo lucha con aquellos que estaba consignado a detener, sino que maneja hábilmente, sin caer en el artificio barato, las emociones y circunstancias de sus personajes, que evolucionan sin traicionarse, con una narración sin aspavientos, rodada con buen pulso y elegancia e impulsada por las grandes actuaciones de dos actores del tamaño de Richard Harris y Sean Connery, quien comenzaba a despegarse de James Bond.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7,5.

Where the Buffalo Roam

24 Oct

“El mundo sigue siendo un sitio raro pese a mis esfuerzos por clarificarlo y darle sentido.”

Hunter S. Thompson

 

 

Where the Buffalo Roam

 

Año: 1980.

Director: Art Linson.

Reparto: Bill Murray, Peter Boyle, Bruno Kirby.

Tráiler

 

 

            No es fácil llevar a la pantalla, al libro, al artículo de periódico o al folleto publicitario la vida –siquiera parte de ella- de Hunter S. Thompson sin caer en la farsa. Aun teniendo muy en cuenta que la historia supera a la ficción en la existencia de todo un personaje, delincuente juvenil, creador del gonzo, corriente periodística que se pasaba por el forro cualquier principio de subjetividad e, incluso, de realidad en la narración, consumidor de todas las drogas inventadas por la naturaleza y la mente humana, apasionado de las armas de fuego, candidato a sheriff de Aspen, enconado enemigo de un conservadurismo político que tomaba cuerpo en Richard Nixon. Genio, farsante, rebelde, loco. Decidió volarse la tapa de los sesos en una más bien aburrida tarde de domingo de 2005.

El legado de sus escritos alcanza su máxima popularidad en el cine con la adaptación de su novela Miedo y asco en Las Vegas por Terry Gilliam en la película del mismo nombre, donde Johnny Depp encarnaba a Thompson –que a su vez regalaba un cameo- en su lisérgico viaje para cubrir una carrera de motos en el desierto de Nevada. Una excusa cualquiera para que Gilliam despliegase su barroco talento visual al servicio de la recreación de la mente drogada y semiinconsciente del periodista. Visualmente alucinante y alucinada, argumentalmente escasa y muy aburrida.

Por otro lado, próximo se encuentra el estreno de un tercer acercamiento de su figura con Los diarios del ron, la particular visión de su desordenada y desastrosa corresponsalía en Puerto Rico, de nuevo con Johnny Depp como alter ego.

            Tercero porque es esta menos conocida Where the Buffalo Roam la primera cinta que indaga en la vida y obra de Thompson, en la que se llevan a la gran pantalla varios de sus artículos: The Banshee Screams for Buffalo Meat –de donde se obtiene parte del título-, el obituario dedicado a su amigo, el abogado y activista mexicano Oscar Zeta Acosta (“the brown buffalo”, llamado Carl Lazlo en esta, Dr. Gonzo en la de Gilliam), también todo un personaje, junto con extractos de otros reportajes como Strange Rumblings in Aztlan, Fear and Loathing on the Campaign Trail ’72 o The Great Shark Hunt, siempre a cabalo entre realidad y ficción psicodélica, enhebrados por el guionista John Kaye bajo la supervisión del propio Thompson como consultor ejecutivo. En esta ocasión sería Bill Murray –popular por su participación como cómico recurrente en Saturday Night Life y que había debutado como protagonista en cine el año anterior en Los incorregibles albóndigas-, quien lo interpretase, después de haber convivido durante meses con el propio Thompson, impregnándose de su vida hasta casi hacerla la suya misma.

            El libreto no es ningún prodigio. Hunter S. Thompson renegaría de la película, los críticos la ningunearon y la productora la retiraría pronto de las salas. Quizás no consiga reflejar visualmente esa mente perturbada como lo hace Gilliam, pero lo que sí es cierto es que esa estructura en capítulos es efectiva, aligerando una locura que puede acabar fatigando como sucede en Miedo y asco en Las Vegas, sobre todo a los profanos de las drogas alucinógenas. Bill Murray y Peter Boyle funcionan en sus papeles de Thompson y Acosta, su relación de surrealista amistad convence y resulta simpática y Neil Young pone música a la cinta.

A mi juicio, el total es decente. Siempre es difícil imitar lo inimitable.

 

Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7.

Kundun

23 Oct

“Hay obras maestras que lo son por el monumental aburrimiento que provocan.”

Luis García Berlanga

 

 

Kundun

 

Año: 1997.

Director: Martin Scorsese.

Reparto: Tenzin Yehsi Paichang, Gyurme Tethong, Tencho Gyalpo, Tenzin Thuthob Tsarong, Tulku Jamyang Kunga Tenzin.

Tráiler

 

            En el ocaso de los noventa, Hollywood se entregaba al budismo como nueva moda espiritual, desbancando incluso a la cienciología. El premio Nobel de la paz recibido por el Dalai Lama en 1989, la promoción por artistas populares como Richard Gere o el éxito de películas como Pequeño Buda y Siete años en el Tibet evidenciaban una tendencia al acercamiento a una religión en el exilio que proclamaba a los cuatro vientos su sosiego espiritual y su pacifismo.

Martin Scorsese, un cineasta que, por otro lado, suele ir por libre en una carrera variada en formas y fondos, dentro de unos rasgos reconocibles, se salía por la tangente tras el éxito de Casino –con su temática más habitual de mafia, bajos fondos, ascensos, caídas y redenciones- y aportaba su granito de arena a la causa con Kundun, biopic sobre la infancia y juventud del decimocuarto Dalai Lama –aún vigente en el cargo-, desde su proclamación hasta el comienzo de su exilio.

            Kundun, presencia sagrada, es uno de los apelativos que recibe el máximo líder religioso y espiritual de la rama tibetana del budismo. Como en la entonces reciente y exitosa El último emperador, Kundun es una película río que recorre los primeros años de Tenzin Gyatso, decimocuarto Dalai Lama. Es el punto de vista de una persona, atravesando todas las fases de crecimiento y formación como individuo, sobre la propia vida –no muy diferente a la de cualquier otro, pese a la importancia de su cargo-, existencia paralela a una época convulsa para su país, la de los años de invasión y ocupación de por China comunista –hechos, por cierto, también recogidos en la anteriormente mencionada-. Primero con los ojos y las impresiones de un niño ante una solemnidad que no alcanza de comprender del todo y que aborda como un juego mientras va descubriendo los pequeños y grandes misterios de la vida; más tarde la adquisición de responsabilidades, el conocimiento de las circunstancias y consecuencias de nuestros actos, las grandes decisiones y su trascendencia, la pérdida, la muerte. Un mundo que se va haciendo cada vez más complejo, donde se descubre que el maniqueísmo que enseñaban las viejas leyendas y tradiciones no es tal, sino que todo es de un gris inclasificable y el lobo suele vestir piel de cordero, que no todo es belleza y alegría. El peso de liderar a un pueblo, de guiar una religión. La soledad del poder.

             Grandes temas que surgen en la vida, un compendio demasiado ambicioso para un filme biográfico que trata de abarcar más de lo que puede, por lo que cae en la superficialidad, los personajes resultan planos. Se suceden en pantalla imágenes bellísimas y acontecimientos íntimos e históricos que deberían resultar apasionantes, pero ya poco importan, carecen de emoción, el espectador se ha empachado de budismo y de la exhibición de poderío escénico y del excesivo formalismo que propone Scorsese.

Un aburrimiento de proporciones bíblicas.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 2,5.

Open Range

22 Oct

“Hollywood nos ha transmitido la imagen cowboy continuamente metido en tiroteos. La poesía del cowboy en cambio recuerda una tradición de la vida en el oste marcada por la mugre y el polvo, el calor y el aburrimiento, las caídas del caballo y las cabalgadas en tempestades de viento.”

Angela Urbano

 

 

Open Range

 

Año: 2003.

Director: Kevin Costner.

Reparto: Kevin Costner, Robert Duvall, Anette Bening, Michael Gambon, Diego Luna, Abraham Benrubi.

Tráiler

 

 

             Kevin Costner alcanzaba el cénit de su popularidad en 1990 con el éxito de crítica y público de Bailando con lobos, el debut con buen pie como director de uno de los revienta taquillas del momento, que se atrevía nada menos que a recuperar el género posiblemente más glorioso y propiamente cinematográfico, entonces moribundo: el western.

Trece años después, con el enorme fracaso de su segundo proyecto tras las cámaras, El mensajero del futuro, que no era otra cosa que una película del Oeste trasladada a un futuro postapocalíptico, y una cada vez más minada popularidad como intérprete, Costner decidía recuperar cotas de carisma retornando al Oeste en su pureza, el de los ganaderos itinerantes, los grandes espacios abiertos y los tiroteos contra los malvados.

             Es de agradecer que Costner demostrara de nuevo que su acercamiento al western no se basa en el homenaje ñoño o la copia indisimulada de unos tópicos, códigos y unas imágenes características, sino que sabe construir una película con sabor clásico pero con personalidad propia –con sus aciertos y sus errores-, sin amaneramientos, ni sabor a refrito cinéfilo mal digerido. Los personajes de Open Range, sin duda lo mejor de un filme bastante decente por lo general, no son émulos de nadie, tienen una vida intransferible y están bien dibujados, son creíbles y consecuentes en sus actos y, además, están bien interpretados. A modo de familia atípica –como tres generaciones de antepasados distintos-, construida con los lazos de la confianza mutua, de la solidaridad y el respeto fundamental entre seres humanos, más que en la comunicación superficial, el grupo de Jefe Spearman (Robert Duvall) atraviesa las planicies del país con sus reses. Son seres que buscan en el Oeste ese sentido de sueño americano, de oportunidad para volver a empezar de cero, en este caso en su sentido más espiritual, para dejar atrás un pasado que aún les quema las entrañas. En su camino, habrán de cruzarse con los representantes del nuevo y más prosaico Oeste, el civilizado Oeste, donde los mismos cuatreros de antaño se dedican ahora a continuar lucrándose resguardados en la racional legalidad de la ley pasando por encima de sus semejantes, a costa de quien o de lo que sea.

Buscando paralelismos, como en Pasión de los fuertes el asesinato a traición, en superioridad numérica, con nocturnidad y alevosía, de un miembro de esa familia-grupo desencadena el compromiso que, como verdaderos hombres, Jefe y Charley White (Costner) han de afrontar. El deber del honor, de los códigos de humanidad que rigen su vida, que definen su renacer y su curación de las viejas heridas, la expiación de algún arcaico pecado.

Elementos en cierto modo fordianos, de sacrificio inútil o no, según la catadura moral de quien lo mira, por los deberes morales del humanismo más elemental pero cada vez más marginal.

            Costner dirige con bríos y elegante factura un western que avanza calmado, trasluciendo con cada vez mayor claridad la tensión latente que lleva a un tiroteo final narrado con una más que destacable contundencia, si bien al final acaba por perder frescura por alargarse demasiado –parece evidente que el control de la duración es el punto más mejorable de las cintas de Costner-, el uso poco lucido de la cámara lenta y una coralidad algo cursi, así como por su parte mucho más rutinario y bastante mal tratado se muestra el desenlace último.

            De todas maneras, Open Range resulta en conjunto una más que aceptable recuperación de un género que legó numerosos días de gloria al Séptimo Arte.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 6,5.

Sin retorno

21 Oct

“Una injusticia hecha al individuo es una amenaza hecha a toda la sociedad.”

Montesquieu

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Sin retorno

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Año: 2010.

Director: Miguel Cohan.

Reparto: Leonardo Sbaraglia, Martin Slipak, Federico Luppi, Luis Machín, Bárbara Goenaga, Ana Celentano.

Tráiler

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            Argentina es, probablemente, una de las industrias cinematográficas más pujantes de la actualidad, productora de obras de enorme interés en terrenos tan variados como la comedia, el drama más puro o uno que parecía coto vedado, con contadas excepciones, de los Estados Unidos: el thriller. Una intriga siempre con un notable componente idiosincrásico, reflejo de un país ciclotímico en lo social y en lo pasional, y no pocas veces metáforas del mismo, lo que deriva en un componente dramático más potente, que se erige tan importante o más que la acción. Así, surgen cintas tan interesantes como Nueve reinas, Un oso rojo o El secreto de sus ojos, que con su Oscar supuso su reconocimiento definitivo en el panorama internacional.

En época de bonanza, es consecuencia que se animen a surgir nuevos autores con ganas de aportar su visión propia, apoyados en una cada vez mayor inversión extranjera que ve el negocio tras el arte. Es el caso de Miguel Cohan, director novel que, con financiación argentina y española, debuta en la gran pantalla con Sin retorno.

            El libreto de Sin retorno, escrito a cuatro manos junto a su hermana Ana Cohan, introduce al espectador en un mundo donde el azar cruza la suerte y la vida de tres personas: el joven Matías (Martin Slipak), un niño bien que ha de dar el paso de adolescente a adulto, a afrontar sus decisiones y consecuencias como un hombre, de manera abrupta tras atropellar a un ciclista y darse a la fuga. Una víctima cuyo padre, Víctor Marchetti (Federico Luppi), buscará justicia de entre las piedras, tratando de alcanzar una paz imposible que ya no tendrá en sus últimos días, quizás aliviada en cierto modo por el procesamiento de Federico Samaniego (Leonardo Sbaraglia), padre de familia, otra víctima del accidente, luego también hombre a la caza de justicia particular, atado a una condena que va más allá de la pena de cárcel.

            Sin retorno es una cinta que habla de la responsabilidad social del individuo, de los dilemas éticos entre el deber para con la familia y con la justicia, de la búsqueda y necesidad de justicia personal, de la verdadera utilidad o no de la misma.

No juzga a sus personajes, tampoco los disculpa; son seres humanos contradictorios, no siempre acertados, frecuentemente justificados, con miedos, obsesiones, egoísmos, obligaciones morales,…

            Cohan demuestra personalidad al otro lado de la cámara, manejando bien los tiempos de la película, con algún deje de director novato como unos saltos temporales poco elegantes o no haber exprimido más a personajes en la encrucijada como el de Luis Machín, notable actor, pero con la suficiente gallardía como para apostar por un final que no cede ante el espectáculo catártico gratuito, sino que es comedido, acaso por ello más duro con sus personajes en el fondo.

Interesante opera prima avalada por la Espiga de Oro en la Seminci.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7.

Hércules en el centro de la Tierra

20 Oct

“Mi sueño era emigrar a América, convertirme en el mejor culturista de todos los tiempos y conseguir lo que Reg Park había conseguido con las películas de Hércules.”

Arnold Schwarzenegger

 

 

Hércules en el centro de la Tierra

 

Año: 1961.

Director: Mario Bava, Franco Prosperi.

Reparto: Reg Park, Christopher Lee, George Ardisson, Leonora Ruffo.

 

 

 

            La mitología clásica, qué apasionante temática, qué colección de buenas historias y qué poca justicia se le ha hecho desde el cine –salvo contadas excepciones-.

Este recurso a los mitos, dioses y héroes griegos y romanos será uno de las principales fuentes del peplum, género de denominación de origen italiano, del mismo modo que el western lo es estadounidense, como representación de las raíces de la idiosincrasia cultural y nacional.

            En decadencia desde los cuarenta, a partir de mediados de la década siguiente el ciclo mitológico del peplum despierta de nuevo con grandes coproducciones italianoeuropeas, con participación incluso de actores de renombre como Kirk Douglas (Ulises), fastuosos decorados y acciones de masas. El desgaste de un género eminentemente populista, explotado hasta la saciedad, es evidente pocos años después, con unos forzudos míticos (Hércules, Maciste, Sansón, Ursus,…) que luchaban contra todo aquello que estuviera de moda en la filmografía procedente del otro lado del Atlántico, como dinosaurios, robots, demonios, jeques árabes, mongoles, rusos zaristas, tribus africanas, el Zorro, Totó, entre ellos, contra sí mismos…

De este modo, lo que estaba de moda a inicios de los sesenta eran los vampiros de la Hammer. Y Christopher Lee era el monstruo hecho actor.

            Bajo estos parámetros, Mario Bava, una de las más eminentes figuras de la exploitation de sello itálico, tomaba un batiburrillo de referencias mitológicas unidas sin demasiada relación para filmar una cinta a mayor gloria del culturista británico Reg Park -que con su aspecto de leñador canadiense haría un par de veces el papel de Hércules y alguna más de Maciste en lo sucesivo, más descuidado que Steve Reeves y su legendaria barba perfilada con tiralíneas y tupé de mármol-, con un libreto que sigue un esquema tópico en este tipo de películas. El héroe errante llega a una región extranjera, en este caso a la ciudad de su amada Deianira, donde reina un tirano usurpador coronado tras oscuras intrigas palaciegas y con una población sumida en el terror. Aquí, el rey es un Christopher Lee en alianza con las tinieblas del averno, lugar hacia donde hace descender con engaños al buen Hércules, prometiéndole la curación de su amada y vampirizada esposa.

            El sencillo guion se ciñe y rinde a unos primeros planos de músculos bien tonificados, a los decorados que son un homenaje a la industria del cartón piedra y la épica de folletín, trenzado con poca coherencia, pobre rodaje de la acción, interpretaciones de saldo y con un entusiasmo que va en decadencia progresiva hacia un final más bien poco meditado y trabajado, eso sí, con sentencia final sobre el amor incluida que bien vale un nick de Tuenti.

Aunque no es un género muy florido en estos tiempos, las hay mucho más disfrutables.

 

Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 5,4. 

Nota del blog: 3.

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