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Che: El argentino

20 Abr


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Año: 2008.

Director: Steven Soderbergh.

Reparto: Benicio del Toro, Demián Bichir, Rodrigo Santoro, Santiago Cabrera, Edgar Ramírez, Unax Ugalde, Catalina Sandino Moreno, Julia Ormond, Oscar Isaac, Yul Vázquez.

Tráiler

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            Coincidieron en la década pasada, en apenas un lustro, una serie de coproducciones con participación estadounidense que se acercaban sin prejuicios -o incluso con prejuicios positivos desde un espectro antiimperialista- hacia figuras clave de la Revolución cubana. Ahí quedan los documentales de Oliver Stone Comandante y Looking for Fidel, o el recorrido por la juventud prerrevolucionaria y de sentimiento panamericano de Ernesto ‘Che’ Guevara en Diarios de motocicleta.

Al igual que esta última, Che: El argentino -primera parte del díptico en el que Steven Soderbergh aborda la biografía guerrillera del personaje histórico- cede directamente la palabra al protagonista, pues adapta sus propias memorias del periodo. En el filme, su voz subraya el idealismo de la batalla, silenciando el ruido de la artillería y el fragor de la lucha. Debido a ello, Che: El argentino es una película que está rodada desde una perspectiva terrenal y casi se podría decir que antiépica, pero no es una obra desapasionada o huérfana de romanticismo. Más bien al contrario. Las imágenes del realizador muestran el mismo grado de entusiasmo en rodar el asalto al cuartel de Moncada que en el tesón del Che por acometer el servicio público que identifica, al mismo nivel que la confrontación armada, con los ideales revolucionarios: la educación de los compañeros iletrados, el trabajo médico en zonas abandonadas a su suerte. Todo en aras del bienestar del pueblo. Un mito en una película formalmente desmitificadora.

De hecho, dentro de este montaje fragmentado que intercala los avances del alzamiento contra la dictadura de Fulgencio Batista con el discurso del Che en la sede de Naciones Unidas en calidad de representante de la República de Cuba, es esta última reconstrucción la que parece estar infundida de una atmósfera más épica, con el político ungido por las poderosas sombras del blanco y negro, prolongando verbalmente, desde las ideas, una contienda que prosigue, esta vez orientada hacia una audiencia embelesada por su verbo, por su razón, por su carisma natural.

            Incólume en su fortaleza moral, expuesta desde una mirada que posee la lógica autocomplacencia de unas memorias bélicas, en Che: El argentino no aparecen demasiados contrastes hacia una figura tan controvertida y sobre la que es prácticamente imposible emprender una exégesis suficientemente objetiva, de tan masacrada que se encuentra por las interpretaciones extremistas. Probablemente su dimensión más prosaica se queda en los ataques de asma.

Para ejemplificar esta tesitura, valga la evolución de Benicio del Toro, encargado de interpretar al hombre, durante sus indagaciones preparatorias para el papel, que, desde una óptica influida por la monolítica tradición estadounidense de Guerra Fría -aquella pueril y maniquea que se puede apreciar precisamente en cintas pretéritas como Che!-, parte de una consideración de villano absoluto para virar de forma paulatina hacia “una mezcla de Gregory Peck y Steve McQueen“, en explicaciones del actor puertorriqueño. Es decir, un icono de cine, digno de imprimir y comercializar como logo de camiseta.

            Dejando de lado esta cuestión, pues exigirla podría pasar por quimera, como decíamos, es más reprobable que, de tanto esfuerzo de didactismo y contención, el pulso narrativo del filme se espese progresivamente, atascando en exceso el itinerario y haciendo de la toma de la ciudad de Santa Clara un episodio donde la función empieza a percibirse ya como bastante plúmbea. Un delito habida cuenta de la vigente capacidad de fascinación, tanto entre adeptos como en detractores, que suscita el Che Guevara.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 6.

The Hunted (La presa)

17 Abr

Benicio del Toro también comería cosas que harían vomitar a una cabra. El síndrome posbélico se perpetúa en The Hunted (La presa), dentro de la segunda entrega del especial de Cine Archivo sobre William Friedkin.

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Your Name

10 Abr

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Año: 2016.

Director: Makoto Shinkai.

Reparto (V.O.): Ryûnosuke Kamiki, Mone Kamishiraishi, Ryô Narita, Aoi Yuki, Nobunaga Shimazaki, Kaito Ishikawa.

Tráiler

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            El amor es superior al destino; es una fuerza redentora frente a cualquier tragedia o cataclismo. En Las tres luces, Fritz Lang plasmaba la odisea de una mujer por salvar a su amado de la guadaña de la Parca, que le concedía insólitamente tres oportunidades de librarle del fatal destino que pesa inexorablemente sobre la existencia humana. Emociones que son más grandes que la propia vida, que se encuentran en sintonía con el universo mismo.

Algo de ello hay en Your Name, que parece arrancar bajo la premisa cómico-romántica del intercambio de cuerpos -aquí una muchacha que reside en un aislado pueblecito y un joven natural de Tokio- para, paulatinamente, adentrarse en cuestiones místicas, adscritas a una cosmovisión sintoista, que empujan al argumento hacia un territorio en el que el destino de estos dos adolescentes se entrelaza a través del tiempo y el espacio en una trama de salvación que es, al mismo tiempo, sentimental y literal -la caída de un meteorito-.

            A pesar de tamaña complejidad -o de tamaño popurrí temático- el cóctel logra funcionar durante buena parte del metraje, con una evolución en la que no se aprecia impostura dentro de la notable ambición filosófica y poética que subyace en el texto. Deja gotas de humor que se incorporan con eficiencia al desarrollo, sin que entren en contradicción con el afloramiento de las lecturas espirituales y trascendentes de la historia, o con la dimensión onírica, fantástica e incluso astral en la que se mueve la película, a la vez tan apegada al paisaje natural y urbano del país -con su belleza particular, con sus paradojas, con su nostalgia y sus cambios presentes- como a elementos intangibles y misteriosos -el crepúsculo como seno de todos ellos-. Y, asimismo, aunque con menor fortuna, hace concesiones populares por medio de una estridente banda sonora de notas pop, esta sí bastante chirriante.

Son puertas que se cierran y que se abren, lazos trenzados que se extienden por aquí y por allá, uniendo o distanciando el relato vital de los seres humanos.

            Pero es en el desenlace, cuando las vidas paralelas de los personajes comienzan a confluir, cuando Your Name pone el filme a unas revoluciones tan excesivas, exige tanta atención para los giros espaciotemporales y recurre a tantas repeticiones verbales y visuales para clarificar el discurso, que la parte emocional de la función, que debería explosionar en este clímax trepidante, termina resintiéndose, ahogada en la agitación.

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Nota IMDB: 8,6.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 6.

Mi gran noche

9 Abr

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Año: 2015.

Director: Álex de la Iglesia.

Reparto: Raphael, Pepón Nieto, Blanca Suárez, Carlos Areces, Jaime Ordóñez, Mario Casas, Marta Guerras, Marta Castellote, Tomás Pozzi, Hugo Silva, Carolina Bang, Carmen Machi, Luis Callejo, Santiago Segura, Carmen Ruiz, Enrique Villén, Ana Polvorosa, Luis Fernández, Antonio Velázquez, Terele Pávez, Daniel Guzmán, Toni Acosta, Eduard Casanova, Ignatius Farray.

Tráiler

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           Apenas median seis años entre El ángel exterminador y El guateque, estrenadas en 1962 y 1968, respectivamente. Pero, más allá de satisfacer sus pulsiones cinéfilas, Álex de la Iglesia parece exponer en Mi gran noche que la sociedad occidental -sea mexicana, estadounidense o española- apenas ha avanzado cuatro décadas después, ya que continúa siendo igual de absurda y padeciendo el mismo patetismo.

           Las variables coyunturales, no obstante, también afloran en este retrato de farsesca festividad de la España contemporánea, definida por uno de los eventos más casposos, falsos y desopilantes que sobrevive a gastos pagados generación tras generación: una gala de Nochevieja grabada en octubre y donde salen al escenario los protagonistas del presente nacional. Esto es, la precarización laboral, la rampante esclavización del ciudadano común, la sustitución de referentes morales por ídolos frívolos, la corrupción generalizada, la incultura del pelotazo, la degradación educativa, la desgraciada tramoya de la supuesta magia de la televisión que ya aparecía en Muertos de risa… Y, mientras, la ciudadanía queda reducida a simple figurante -aunque eso en el mejor de los casos, visto alguno de los ejemplos anteriores-.

           De la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría emplean una coralidad azconiana para recomponer este puzle que, como la fiesta que ejerce de decorado, parece asentarse en el pasado, el presente y probablemente el futuro. De esta manera, pueden encadenar una multitud de tramas sin que haya que decantarse por una en concreto que posea un mayor peso argumental y, por ende, exija un mayor desarrollo. Gracias a ello no aflora del todo uno de los principales defectos que acompañan a la trayectoria del director y guionista vasco: el agotamiento de un planteamiento ocurrente. Así las cosas, Mi gran noche resulta una película relativamente más equilibrada que otras como Balada triste de trompeta, si bien puede deberse asimismo a que en ningún momento alcanza cotas de genialidad -en la anterior los títulos de crédito, una obra maestra en sí misma, fijaban un listón inalcanzable para el resto del metraje-.

           En Mi gran noche se observan de nuevo detalles de notable comicidad -ese Raphael rebautizado como Alphonso y villanizado en un trasunto de Darth Vader, la casquivana estrella juvenil de la que Mario Casas saca buen partido- en tanto que otras no funcionan a igual nivel o no terminan de explotarse del todo ante la avalancha de idas y venidas del relato que, por momentos, parece aquejada de los mismos males que una gala de Nochevieja -o una Enrique Cerezo Pictures-; atropellada, sainetera, ciclotímica, inocua en su orgulloso exceso.

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Nota IMDB: 5,9.

Nota FilmAffinity: 5,1.

Nota del blog: 6,5.

En el corazón del mar

7 Abr

En el corazón del mar

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Año: 2015.

Director: Ron Howard.

Reparto: Chris Hemsworth, Benjamin Walker, Cillian Murphy, Tom Holland, Brendan Gleeson, Ben Whishaw, Michelle Farley, Frank Dillane, Osy Ikhile, Gary Beadle, Joseph Mawle, Paul Anderson, Charlotte Riley.

Tráiler

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            No deja de resultar paradójico el planteamiento de En el corazón del mar, que parece aspirar a encontrar la realidad detrás de la historia concebida en Moby Dick -relato fundamental de la literatura estadounidense y universal-, pero al mismo tiempo termina por entregarse a lecturas alegóricas y trascendentales semejantes a las de una novela ubérrima en interpretaciones morales y merafísicas.

            La traducción del mito literario a realidad factual -bastante similar esas innecesarias precuelas que buscan la recomposición psicológica de personajes populares concebidos prácticamente desde la abstracción-, se orienta en En el corazón del mar hacia la exposición de un mensaje de actualidad -la superposición del beneficio económico sobre cualquier otra consideración, la rebeldía que supone regresar a valores humanísticos y ecológicos-, en el que el elemento precipitador es, de nuevo, una ballena de proporciones y comportamiento sobrenaturales -el acecho sigiloso como un monstruo de cine de terror, su contacto sensorial y casi místico con el protagonista, su identificación con la tormenta como instrumentos de la voluntad, las admoniciones y las enseñanzas de fuerzas superiores al hombre-.

            Aunque narrada con pulso solvente -a pesar de decisiones estéticas cuestionables en algunos primerísimos planos de fotografía demasiado digital o con exceso de añadidos veristas- esta situación deja al filme navegando entre dos aguas y sin terminar de adentrarse en ninguna de ellas, puesto que ni es una película de aventuras marinas y supervivencia particularmente vibrante -le falta fisicidad, sensación de sufrimiento entre tanto trabajo de ordenador- ni su faceta reflexiva y/o espiritual posee demasiado calado -también con tópicos del género como el duelo en cubierta entre personalidades antagónicas-.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 6.

Traffic

1 Abr

Traffic

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Año: 2000.

Director: Steven Soderbergh.

Reparto: Michael Douglas, Benicio del Toro, Catherine Zeta-Jones, Don Cheadle, Jacob Vargas, Tomas Milian, Luis Guzmán, Miguel Ferrer, Caroline Wakefield, Topher Grace, Albert Finney, James Brolin, Steven Bauer, Dennis Quaid, Clifton Collins Jr., Viola Davis, John Slattery, Benjamin Bratt.

Tráiler

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           A poco que uno se documente, no es difícil superar el corte mínimo con una crónica del narcotráfico, tal es la fascinación que provoca este sistema en negativo donde convergen la iniciativa empresarial, la corrupción moral, la amenaza sangrienta y el atractivo del fuera de la ley. Hay ejemplos recientes y populares de ello, como la novela El poder del perro -en la que un escritor mediocre no logra estropear unos hechos absorbentes- o la serie Narcos -donde el simpar imperio de la cocaína de Pablo Escobar está reconstruido mediante fórmulas y trucos gastadísimos que parecen sacados del thriller más convencional de hace por lo menos dos décadas-.

Algo semejante ocurre en Traffic, flamante ganadora de cuatro Óscar y nominada a la estatuilla a mejor película. Apropiación de la miniserie británica Traffik, esta es, sin duda, una película ambiciosa que emplea el recurso narrativo de las vidas cruzadas -por aquellos años de notable prestigio, como demuestran los premios y elogios cosechados por filmes como Happiness, Magnolia, Ciudad de Dios, Crash (Colisión) o las primeras obras de Alejandro González Iñárritupara condensar el problema del contrabando y consumo de drogas entre Estados Unidos y México. Desde la volátil trinchera de Tijuana -reproducida en fotogramas de penetrantes tonos amarillos, de grano duro y movimiento incierto- hasta la torre de marfil que habitan las altas esferas judiciales y políticas de Washington D.C. -en acerados tonos azules y planos más estáticos-, con toda una gradación de estratos, estilos y colores entre medias.

           El problema es que para ello pergeña una serie de dramas que acuden a estereotipos didácticos simples y forzados -la hija díscola del fiscal antidroga-, a segmentos superficiales y apresurados -la ciudadana de clase alta que descubre y asimila sus inesperados vínculos con el crimen- o a relatos de una increíble ingenuidad -el propio fiscal-, más grave aún debido a que este último es a través del cual se articula un discurso político determinado -o, mejor dicho, la falta de él, expresado en una rueda de prensa final que huele a topicazo mal desarrollado-.

Lo inverosímil del desconocimiento que muestra un cargo de tamaña importancia -y que podría interpretarse como una postura cercana a lo exculpatorio- revela una mala elección para intermediar, hasta con entrevistas enmascaradas, el punto de vista del espectador, quien, de la mano del fiscal, toma consciencia de los mecanismos sobre los que se asienta todo este terrible tinglado, a cuya carencia de escrúpulos explícitos, por omisión o por hipocresía -recordemos las palabras del indómito narco cambadés del hachís Laureano Oubiña sobre su intención de demandar al Estado por un delito contra la salud por su control del comercio del tabaco y el alcohol-, le acompaña una colección de consecuencias y costes.

           Las mejores tramas tampoco destacan por su credibilidad o por su complejidad, y de hecho acumulan sus propios clichés -la pueril composición del villano de opereta al otro lado de la frontera-, pero al menos poseen una tensión y un músculo cinematográfico que sacan a flote un conjunto nutrido principalmente, decíamos, por el interés que suscita un mundo subterráneo y a la vez tangible.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 6.

El rastro de la pantera

28 Mar

El rastro de la pantera

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Año: 1954.

Director: William A. Wellman.

Reparto: Robert Mitchum, Teresa Wright, Diana Lynn, Tab Hunter, Beulah Bondi, Philip Tonge, William Hopper, Carl ‘Alfalfa’ Switzer.

Tráiler

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          La comunión entre la literatura de Walter van Tilburg Clarke y el cine de William A. Wellman se traduce en la conversión del Oeste de los espacios abiertos y los héroes morales y épicos en un escenario estrecho hasta límites teatrales, donde los personajes quedan enclaustrados junto a sus dudas, sus complejos y sus temores existenciales. Westerns psicológicos en toda regla.

Si Incidente en Ox-Bow reflexionaba acerca del embrutecimiento de la sociedad cuando esta se torna simple masa, en El rastro de la pantera el colectivo a examinar es más reducido, pero no menos crucial. El filme explora las cicatrices de una familia que representa a los pioneros fundadores de la nación, a los conquistadores del territorio por medio del esfuerzo, el arrojo y la sangre, que tras la adrenalina de la colonización se encuentran ahora sedentarios en un rancho que, de tan basto que ha logrado ser, ejerce sobre ellos un efecto aislante y reconcentrador.

          Empleando como precipitante dramático la perturbación de la amenaza exterior -la pantera, que a la postre asume características alegóricas, históricas e incluso esotéricas- el argumento procede a la destrucción sistemática de los principios regidores del género -el territorio abierto encajonado por macizos inexpugnables, la unidad familiar como centro de conflicto y no de refugio, la dominación del país a costa de depredar a los pueblos nativos, el hombre intrépido como ser frágil y atormentado tras su fachada impetuosa y bravucona-.

          Decididamente trágico, El rastro de la pantera posee una puesta en escena de marcada ascendencia dramatúrgica. En la representación, centrada prácticamente en las estancias de una casa -vértice donde convergen las tumultuosas relaciones de los protagonistas-, cobra una gran relevancia el fuera de campo y la información que procede de él mediante el sonido -las risas, los rugidos, el viento incesante-, así como el uso de la palabra a través del diálogos e incluso el monólogo -el macho alfa enfrentado a sus flaquezas íntimas en la cruda soledad de la montaña-.

Sus intenciones de profundización, no obstante, quedan en parte restringidas por este excesivo estatismo teatral, al igual que por su cierta tendencia a la verbalización o a la redundancia conceptual -el insistente plano sobre la cordillera nevada-.

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Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 6,5.

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