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Arizona

29 Jul

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Año: 1939.

Director: George Marshall.

Reparto: James Stewart, Marlene Dietrich, Charles Winninger, Brian Donlevy, Mischa Auer, Una Merkel, Samuel S. Hinds, Irene Hervey, Jack Carson, Lillian Yarbo, Tom Fadden.

Tráiler

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          James Stewart admitía que, aunque el público se identificase con su imagen -también idealizada- de ciudadano ejemplar, en realidad soñaban con ser John Wayne, es decir, un hombre capaz de imponer sin fisuras su voluntad mediante los puños. Stewart se estrenaba en el western con Arizona. Es un debut tremendamente significativo, por completo insólito a una frontera donde la virilidad resulta esencial para sobrevivir en la ley del más fuerte. No comenzaría a encarnarlo hasta concluir Caballero sin espada, un título español que, curiosamente, en esta cinta podría readaptarse como Sheriff sin pistola. Un personaje, pues, que conecta a través de las décadas con el peregrino Ransom Stoddard que, en El hombre que mató a Liberty Valance, sellaba, utilizando libros y palabras a modo de armas, el fin del Salvaje Oeste, enterrado junto a la tumba del Tom Doniphon que, precisamente, tenía el rostro de Wayne.

          El hombre que mató a Liberty Valance dejaba una célebre sentencia, “cuando la leyenda se convierte en un hecho, se publica la leyenda”. En Arizona, la misión del Thomas Jefferson Destry Jr. de Stewart, convocado por su dipsómano tío para ayudarle a hacerle frente al cacique local, es desmontar el mito. Dinamitar el romanticismo del forajido, de los duelos de revólver, del relato heroico de su propio padre. Hay una escena que podría sintetizar simbólicamente esta idea: en su cara a cara con la cabaretera que domina subrepticiamente el pueblo, le insta a que se desmaquille.

Es este un conflicto que afecta a otros habitantes del lugar, como un inmigrante ruso bajo la alargada sombra del difunto marido de su señora o un vaquero que busca resolverlo todo a golpe de gatillo desde una percepción alejada de sus posibilidades reales. Por su parte, Destry también juega con este asunto de moldes y prejuicios. Astutamente resignado, a su llegada al villorrio consiente que los lugareños lo califiquen de “afeminado” y se carcajeen a mandíbula batiente de que irrumpa esgrimiendo tan solo un canario, un parasol y modales perfectamente calmados. Su método se basa más en la anécdota ejemplar que en la intimidación, como si uno de esos campechanos personajes que Will Rogers había hecho junto a John Ford materializara su influencia en la comunidad ostentando una estrella de sheriff. Sin embargo, desde ese primer instante ya no llama a engaños la autoconfianza que demuestra Destry y la determinación de su mirada, o el ímpetu con el que defiende verbalmente su visión de la ley y el orden establecido sin violencia, no solo por idealismo, sino también por pura practicidad. La interpretación de Stewart es ligeramente exagerada, pero ello también contribuye a aportar carácter y vehemencia al personaje.

          Arizona tampoco es, por concepción y tono, una película reverente. Está bañada de un humor que por momentos coquetea con la parodia -y que es un tanto anticuado, como se percibe en una extensa pelea de chicas a tirones de pelos y arañazos-. O, mejor dicho, únicamente es devota hacia un mito, el de Marlene Dietrich, a quien le concede un puñado de planos y un par de números musicales para su exclusivo lucimiento. Mujer o demonio se titularía el filme en Latinoamérica. Como si fuera una especie de Cristo, trabajar en la redención de esta pretendida femme fatale -condición que su compañerismo hacia su criada negra, su nostalgia sureña y sus apuros de superviviente pondrían en duda- es uno de los puntales de la estrategia de Destry. Stewart sería suficientemente persuasivo en la tarea, ya que durante el rodaje viviría un conocido amorío con la diva alemana.

          El camino que sigue la narración prevé un crescendo que amenaza con traicionar su sorprendente planteamiento, pero aun así concluye con cierta rebeldía intacta, a tenor de quién se arroga el protagonismo en el clímax e incluso, en una singular lectura política, por el remate del ruso contra el antiguo régimen.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7,5.

Desmontando a Harry

3 Jul

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Año: 1997.

Director: Woody Allen.

Reparto: Woody Allen, Elisabeth Shue, Billy Crystal, Judy Davis, Amy Irving, Julia Louise-Dreyfus, Richard Benjamin, Kristie Allen, Demi Moore, Stanley Tucci, Tobey Maguire, Hazelle Goodman, Bob Balaban, Eric Lloyd, Caroline Aaron, Eric Bogosian, Shifra Lerer, Hy Anzell, Robin Williams, Julie Kavner, Mariel Hemingway, Tony Sirico, Jennifer Garner, Paul Giamatti.

Tráiler

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         Martin Scorsese sostenía acerca del cine de Ingmar Bergman que sus películas del eran una conversación consigo mismo. El esquivo autor escandinavo no escondía el peso autobiográfico y autoanalítico que sustentaba su obra. Woody Allen, devoto admirador y probablemente el más digno heredero del sueco, también emplea esa introspección para indagar en su inestabilidad emocional, su deriva amorosa, el sentido de su propia existencia. En Desmontando a Harry, el neoyorkino se apropia de las Fresas salvajes de Bergman para, a lo largo de un viaje por carretera y de un recorrido por la literatura del protagonista, viviseccionar la personalidad y las inquietudes de un hombre que vive a través de su obra, tal es su inadaptación a la vida. Aunque es evidente asimismo la influencia del de Federico Fellini y, siguiendo esta huella, en cierta manera podría considerársela una remodelación de su anterior Recuerdos.

         La confrontación entre la autoficción y la realidad de Harry Block depara un juego que, como señala el propio investigado, es tan triste como divertido. El de Desmontando a Harry es un retrato despiadado sobre un tipo tan hecho trizas como su camiseta interior, presa de un aterrador vacío afectivo que deriva en un aterrador bloqueo creativo. Allen expone la mezquindad con la que el personaje resuelve su hiperactividad sexual, castigada al obligarlo a ir rogando de forma lamentable que alguien le acompañe al homenaje que le rinde esa misma universidad que años atrás lo expulsó por inútil. Pero, por mor de la debida complejidad, también hace empatizable su desesperación frente el abismo y destaca su capacidad para transformar toda esta mierda privada en oro, en arte que puede incluso ser terapéutico para sus semejantes, bien como entretenimiento bien como herramienta para entender mejor la existencia.

         Allen rompe en parte con el sobrio clasicismo que suele caracterizar su gramática. Refleja la perspectiva fragmentada e inquieta del protagonista desde el montaje -los cortes, los flashbacks-, aunque sobresale especialmente, con gran sentido cómico, esa manifestación del mundo creativo de Harry Block mediante una puesta en escena cinematográfica. Es decir, la representación de la vida hecha representación de cine, con sus actores, su fantasía y, por supuesto, su innegociable subjetividad. Una traducción o más bien adaptación -e incluso sublimación- de la propia vida frente a la que el creador rinde cuentas literalmente, pues sus criaturas se alzan en rebeldía para replicarle. Y le replican tanto a Block -un escritor que plasma su biografía ligeramente disimulada- como a Allen, por tanto, pues las grandes motivaciones temáticas de sus obras son compartidas: los inexplicables deseos del corazón y el camino de rosas y espinas que arrastran tras ellos; el desasosiego ante un mundo agresivo y hostil; el temor hacia la mortalidad pese a una vida agridulce y desencantada; la búsqueda permanente de consuelo y realización…

         Puede que Desmontando a Harry sea una de las películas más afinadas de Allen. Es una crítica, afilada, profunda y honesta -a la par que ingeniosa e hilarante- exploración de un artista y su relación con la realidad y con su obra. Agridulce, rica en matices. Madura y contundente.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 9.

El viaje a ninguna parte

26 Jun

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Año: 1986.

Director: Fernando Fernán Gómez.

Reparto: José Sacristán, Fernando Fernán Gómez, Juan Diego, Gabino Diego, Laura del Sol, Nuria Gallardo, María Luisa Ponte, Simón Andreu, Miguel Rellán, Emma Cohen, Agustín González, Carmelo Gómez.

Tráiler

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          El viaje a ninguna parte es el crepúsculo del hijo de un semidiós menor y olvidado. “¡Hay que recordar!”, sentencia el hombre abatido, mientras Los Panchos le aconsejan que es preferible olvidar que se sufrió. El viaje a ninguna parte es un acto de amor a un oficio, engastado en una historia que, como las piezas que representan los actores, es tan auténtica como fantasiosa. “Una de esas comedias que hacen llorar”, se deja caer en cierta escena. La representación como sublimación de una realidad hostil y despiadada. La función de la vida. “El único error de Dios fue no haber dotado al hombre de dos vidas: una para ensayar y otra para actuar”, que lamentaba Vittorio Gassman. Las mejores interpretaciones que evoca el histrión se sitúan fuera de ese escenario montado con cuatro sillas y un decorado roído sobre las tablas de cualquier bar, cualquier círculo de villorrio, cualquier cuadra.

          El viaje a ninguna parte recorre unas memorias tan sentimentales como poco fiables. Fernando Fernán Gómez, autor del serial radiofónico original, de la novela posterior, del guion adaptado y de la dirección de la película, amén de secundario destacado y líder espiritual de un reparto sabio y preciso -a excepción del bisoño y disonante Gabino Diego-, expresa este desconcierto y contradicción mental mediante caótica música jazz. Su estridencia se contrapone con esos recuerdos plasmados en fotogramas crepusculares, de ocres suaves y apagados; tan mortecinos como los pueblos castellanos que transita, casi vagabundea, una troupe de actores itinerantes que es tan compañía artística como familia literal, tan pobre como esa tierra agotada y mezquina de posguerra. Y hablan de la miseria con cierta melancolía, con el inevitable dolor por un pasado que se fue. La voz de la sangre apagada a hambre y palos, desterrada por otros entretenimientos quizás superiores técnicamente, pero menos humanos, menos personales en su disfrute. “¡Me cago en el padre de los hermanos Lumière!”, se maldice frente al rival, que luce sobrenombre de archivillano de folletín: El Peliculero.

          Hay una empatía elemental en su relato tierno, doliente y agónico. Carlos Galván, hijo y nieto de Galvanes, es, como mucho, un extra supernumerario dentro de la gran obra del mundo. Los protagonistas de esta se cuentan con los dedos de las manos, y son divas también desbordadas por sus propias flaquezas humanas. “¿Por qué no sueñas, no tienes ilusiones?”, le reprocha sorprendido a su amante. El único refugio es mentir, fabular, interpretar, frente a una realidad que amenaza con aplastarnos. Todos emprendemos un viaje a ninguna parte, pues la existencia, como reflexionaba Hamlet -a quien Galván nunca encarnó-, no es más que un cuento contado por un necio, lleno de ruido y de furia, que no significa nada.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 8.

Human Nature

22 Jun

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Año: 2001.

Director: Michel Gondry.

Reparto: Patricia Arquette, Tim Robbins, Rhys Ifans, Miranda Otto, Mary Kay Place, Robert Forster, Rosie Perez, Miguel Sandoval, Peter Dinklage, Toby Huss, Hilary Duff.

Tráiler

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          En Human Nature hay un batiburrillo de conceptos que aúnan el grito de auxilio de una persona que se siente inadaptada en una sociedad que es represión, coacción y prejuicio. Desde los abusones que oprimen al diferente hasta las normas de convivencia que acondicionan la libertad del individuo. Pero el elogio del buen salvaje que escribe Charlie Kaufman -que había consolidado su nombre tras conseguir sacar adelante la sorprendente Cómo ser John Malkovich– y dirige Michel Gondry -recién llegado del vídeo musical y los anuncios comerciales, con notable prestigio acumulado- es engañoso, pues queda rematado por una puntilla entre cínica y pesimista.

          El camino que se recorre hasta ahí, no obstante, se emprende a través de una caricatura naif, aunque con puntuales detalles sórdidos -la violencia, el sexo-. La sensibilidad que muestra Gondry desde la realización es análoga, con fugas creativas -el cambio de formato y textura de los recuerdos, la sátira disneyniana- de aspecto inocente en su surrealismo, pero bajo las que subyace una realidad conflictiva.

          En lo argumental, este retrato deformando que dibuja Human Nature -en el que se confronta a una mujer marginada por su vello corporal, un científico de psicología acomplejada y un hombre criado en lo salvaje- no resulta demasiado afilado en su indagación en la pérdida de empatía y naturalidad del ser humano, un tanto reiterativo en determinadas ideas y con una irregular afinación cómica que va desde escenas originales y mordaces a otras pobremente ejecutadas que terminan por provocar cierto sonrojo.

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Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 5,5.

Día de fiesta

27 May

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Año: 1949.

Director: Jacques Tati.

Reparto: Jacques Tati, Guy Decomble, Paul Frankeur, Santa Relli, Maine Vallée, Delcassan, Roger Rafal, Jacques Beauvais.

Tráiler

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         Después de entregar un par de cortos, Jacques Tati decidiría dar el salto al largometraje con Día de Fiesta, que en parte es una ampliación de uno de estos primeros ensayos cómicos, Escuela de carteros. Así pues, el torpe y bonachón cartero François -interpretado por el propio director- ejercerá de figura central e improvisado -y cariñosamente ridiculizado- pilar de la comunidad concentrada en torno a un pueblecito francés, Sainte-Sévère-sur-Indre, que es donde el cineasta en ciernes había capeado la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial. De hecho, el grueso del reparto lo conformarán sus lugareños.

         Día de fiesta prefigura la comedia de Tati. Hay una fuerte raigambre en el slapstick del cine mudo, donde el dominio de la habilidad física, el tempo del gag y el trasfondo absurdo conspiran para hacer reventar la carcajada. Es un humor propiciado por un personaje que nunca parece saber bien dónde se encuentra, estampa que Tati perfeccionará, incluso con una sorprendente utilización del espacio arquitectónico, con el señor Hulot.

Son ambos prototipos característicos de un mundo en extinción, que amenaza con sucumbir bajo el empuje de una átona, insensible y deshumanizada modernidad. Frente a los tiempos propios del rural -el paso de la anciana, las ocas del camino, el cliclo de las estaciones y de la fiesta anual del pueblo- se contrapone el parisino motorizado o, en último término, la delirante proyección sobre el correo postal estadounidense que, a la postre, motivará una desternillante apoteosis final en su apropiación a la francesa. Hay un leve tono de melancolía crepuscular en la mirada de Tati. Pero este surge sin perjuicio de un poderoso vitalismo, de una joie de vivre contra viento y marea que resulta tremendamente contagiosa.

         Parte de las ocurrencias de Tati, probablemente las más creativas, bien podrían emparentarse con esta alegría eufórica, con este esplendor que proviene de un verano luminoso, de una cosecha generosa, de un día de fiesta. Los relinchos de los caballos de madera anticipan que esta no es una jornada cualquiera, que todo puede pasar en ella, que hay un halo mágico que envuelve el ambiente. Siguiendo con este empleo surrealista del sonido, la conversación entre los amantes, elevada por los diálogos de película que se solapan, confirman esta sensación única. La vida sublimada.

         Filmada en color más una copia de seguridad en blanco y negro, los problemas en la postproducción obligaron a estrenar esta última versión. En los noventa, Día de Fiesta sería restaurada con el cromatismo que Tati la había concebido.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 8.

El golpe

24 Abr

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Año: 1973.

Director: George Roy Hill.

Reparto: Robert Redford, Paul Newman, Robert Shaw, Charles Durning, Eileen Brennan, Dimitra Arliss, Charles Dierkop, Ray Walston, Harold Gould, Dana Elcar, John Heffernan, Jack Kehoe, Robert Earl Jones.

Tráiler

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         El golpe ofrece todo lo que se le puede pedir a una gran producción del Hollywood de las estrellas. El glamour de dos astros plenos de fotogenia, una historia tan inteligente como divertida y una atmósfera atractiva y estimulante. Hasta con cierto aire de autohomenaje en esa apropiación del estilo visual de las películas de gángsteres de los años treinta, desde el logo de la Universal hasta las portadas de los capítulos, pasando por los recursos empleados para la transición entre escenas.

         Es decir, que El golpe es una película que invita al espectador a dejar atrás su grisácea vida cotidiana para viajar a través de los fotogramas a otra época y otro mundo, y participar así con dos pillos encantadores en el espectacular timo a un villano que, por violento y cruel, bien se lo tiene merecido. Esa hermandad de los buenos ladrones, constituida en industria seria, posee la fascinación que se desprende observar cómo unos especialistas hacen su trabajo de forma impecable. Con camaradería, con dignidad; valores que suscitan empatía frente a la brutalidad de ese irlandés que ni bebe, ni fuma ni va con mujeres. Humildes proletarios en un terrible contexto de Gran Depresión, en el que las promesas de prosperidad del país de las oportunidades han quedado desmentidas. Si acaso, solo puede aspirarse a ellas desde fuera de los cauces de este sistema que, al fin y al cabo, está igualmente amañado.

         Hay un sentimiento de entretenimiento en toda la trama que se reconoce abiertamente y se abraza. Los estafadores hablan de sus planes bajo el término ‘play’, que es el mismo que se utiliza tanto para definir el acto de jugar como las obras de teatro. Y es que, en el fondo, todo lo que hacen es un teatrillo, una representación. Tanto de cara al malvado Doyle Lonnegan como para el público al otro lado de la pantalla, a quien se puede decir que también le está reservado algún truco propio del oficio.

La belleza, el encanto y la química de Robert Redford y Paul Newman también está ahí para satisfacernos, para darnos el gusto -y, por qué no, para deslumbrar al igual que lo hace la ayudante de un mago-. George Roy Hill, clásico sin sacrificar el halo romanticismo, se entromete lo justo para afinar la orquesta y que todo suene bien. Sabe que no le corresponde demasiada cuota de protagonismo y se dedica a plasmar con perfecto saber hacer -elegante saber hacer- el relato. A gestionarlo con pulso, a que la tensión de la intriga quede bien distribuida y no decaiga nunca. A salvaguardar la autenticidad tanto del complot de los buenos como de la película que nos regalan.

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Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 8,6.

Nota del blog: 9.

Historias de Filadelfia

17 Abr

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Año: 1940.

Director: George Cukor.

Reparto: Katharine Hepburn, Cary Grant, James Stewart, Ruth Hussey, John Howard, Virginia Weidler, Mary Nash, John Halliday, Roland Young, Henry Daniell.

Tráiler

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         En 1940, Katharine Hepburn llevaba un tiempo arrastrando la etiqueta de veneno para la taquilla de cine. Buscando refugio sobre las tablas del teatro, había triunfado protagonizando Historias de Filadelfia en Broadway, merced a un papel que su amigo Philip Barry había cosido a su medida, tomando el patrón de su personalidad independiente, decidida a romper las convenciones de género de la época, hasta el punto de resultar un tanto antipática o distante para aquellos que se sentían amenazados por su determinación transgresora. Luego, su amante por aquel entonces, Howard Hughes, compraría para ella los derechos de la obra a fin de llevarla a la gran pantalla. Además, Hepburn conseguiría un relativo control de la producción y rodearse así de gente de confianza, caso George Cukor y Cary Grant, con los que había trabajado en múltiples ocasiones anteriores. James Stewart redondearía una apuesta masculina destinada también a guardarse las espaldas en cuanto al gancho popular del proyecto se refiere.

         En efecto, Historias de Filadelfia es una comedia sofisticada de alta sociedad donde, a partir de un cuadrángulo amoroso, se pone bajo la lupa la personalidad de una mujer que, según algunos de sus pretendientes escarmentados, pertenece a una nueva estirpe, las “doncellas casadas americanas”, definidas por su orgullo, arrogancia y altivez respecto de sus deberes para con sus maridos -es decir, lo opuesto a lo que posteriormente se denominará en el guion “actuar con naturalidad” o “como un ser humano”-. El célebre plano introductorio expone la situación de un vistazo: la protagonista parte en dos los palos de golf de su esposo mientras lo fulmina con la mirada desde lo alto de la escalera. Desde este punto de partida, el libreto pone en marcha una guerra de sexos que se dedica a minar la posición de Hepburn -generalmente situada por encima de sus compañeros en el encuadre- para, adentrándose en una exploración más íntima a medida que avanza el relato, descubrir que, en el fondo, es una chiquilla vulnerable que necesita amor verdadero, no adoración reverente.

         De haberlas, las afirmaciones sobre la modernidad temática de Historias de Filadelfia convendría ponerlas, pues, entre comillas. Al fin y al cabo, los juegos con los clichés hablan directamente a la sociedad de un tiempo concreto, expuesto por tanto al paso de los años y a los cambios de sensibilidad social -y humorística-. Aquí, las posiciones iniciales de autonomía y autorrespeto femenino quedan en entredicho a cambio de unos cruces de insinuaciones pícaras y sentimentales que son el material con el que se construye el enredo, siguiendo los patrones de ese subgénero denominado ‘comedy of remarriage’, que en aquella época tenía bastante tirón, con Grant como estandarte masculino -y acompañado de Hepburn ya en ejemplos previos como La fiera de mi niña-.

Los líos de acciones y de intercambios verbales se suceden a buen ritmo, con algunas muestras de chispeante ingenio. La química entre Hepburn y Grant estaba sobradamente probada, pero destaca igualmente la afinidad que la estrella luce con Stewart, en especial en una escena nocturna y climática. A pesar de que él mismo consideraba que su elección para el personaje no era demasiado adecuada, el bueno de Jimmy también demuestra que tiene talento para encarnar a cínicos desencantados y para hipar una borrachera.

         En cualquier caso, Hepburn lograría reconducir su carrera cinematográfica, nominación al Óscar incluida.

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Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 8,1.

Nota del blog: 7.

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