Tag Archives: Costa

Dunkerque

26 Jul

.

Año: 2017.

Director: Christopher Nolan.

Reparto: Fionn Whitehead, Aneurin Barnard, Mark Rylance, Barry Keoghan, Tom Glynn-Carney, Cillian Murphy, Tom Hardy, Jack Lowden, Kenneth Branagh, James D’Arcy, Harry Styles.

Tráiler

.

         Como prestigioso director de blockbusters, el estilo narrativo de Christopher Nolan tiende al encadenamiento constante y la acumulación de escenas climáticas, a la construcción de colosales arquitecturas de montaje cuyos ramales colisionan entre sí a ritmo trepidante. El frenesí bélico, por tanto, semeja campo abonado para la aplicación de esta estructura de altas revoluciones, de tensión límite sostenida con tiralíneas.

En este sentido, Dunkerque reconstruye esta batalla y evacuación aliada en la Segunda Guerra Mundial frente al entonces imparable enemigo nazi utilizando como plantilla el esquema que Nolan aplicaba en la operación central de Origen, donde tres capas del subconsciente, desplegadas en diferentes espacios temporales, convergían a contrarreloj en dirección a un mismo objetivo. Y es similar asimismo a la que se desarrollaba a través de distintas dimensiones espaciotemporales en la todavía más ambiciosa Interstellar. Esto es, tres escenarios -el espigón de la ciudad sitiada, la travesía de una embarcación de ocio levada para el rescate del contingente y la misión de un avión de combate de la RAF; tierra, mar y aire- que avanzan de dificultad en dificultad, de peligro en peligro, de imposible en imposible, hasta el desenlace ansiado, mientras desde la banda sonora de Hans Zimmer -traductor musical del torbellino gramatical del cineasta británico- no deja de sonar el tictac del cronómetro.

         Desde el primer momento, Dunkerque apabulla al espectador y lo empuja contra la butaca. El caos, bien organizado visualmente, eleva la adrenalina a la par que el instinto de supervivencia mueve al soldado raso o que el templado aviador persigue, derriba y escapa de los stukas alemanes. El sonido es ensordecedor, los proyectiles parecen caer en la sala y las balas rebotar en sus paredes. El suelo tiembla con los estallidos y también con el ritmo y el volumen creciente de la partitura del compositor alemán. La guerra como espectáculo. Dunkerque es una película tremendamente dinámica. Nolan hace gala de su férreo dominio del tempo y el montaje, que coordina y encaja al milímetro este rompecabezas de tres caras. Su pretensión apunta a sentir la batalla, no tanto a crear un marco reflexivo entorno a ella. Quizás por esta razón, debajo del ruido y la furia -y del entretenimiento-, hay cierta sensación de vacío, de ausencia de alma.

         Si la aparatosidad formal y conceptual de Interstellar servía para exponer un discurso sensiblero, en Dunkerque el apartado humano, más allá de apuntes sobre el salvajismo del hombre reducido a bestia que intenta salvar su pellejo, es más escaso que contenido. O, mejor dicho, cuando aparece es un tanto tópico -la abnegación del piloto Farrier- o directamente pueril -el pequeño George, orgulloso de hacer algo verdaderamente grande, personificación del sacrificio civil británico en el conflicto-.

La obra agradece que, con relativa honestidad, el guion no abunde en exceso en melodramatismos heroicos -dejando de lado el enfático alegato final- y que, por encima de ello, el tercio de la playa consiga arrojar imágenes de inquietante, penetrante y fantasmagórica desesperación -el episodio del amanecer que sigue al torpedeo del barco de rescate-. Protagonizada por Fionn Whitehead -un actor que parece sacado del Free Cinema-, es esta la trama más sugerente y con mayores posibilidades -cinematográficas y filosóficas-, sobre todo en comparación con todo lo que ocurre a bordo del bote de recreo, a pesar de que cuenta aquí con la sólida presencia de Mark Rylance. Pero al compartir metraje con los otros dos segmentos, su potencial se diluye en parte y desaprovecha.

.

Nota IMDB: 8,7.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 7.

Anuncios

El Havre

27 Abr

.

Año: 2011.

Director: Aki Kaurismäki.

Reparto: André Wilms, Blondin Miguel, Kati Outinen, Jean-Pierre Darroussin, Elina Salo, Evelyne Didi, Quoc Dung Nguyen.

Tráiler

.

          Aki Kaurismäki mira a Europa y la ve enferma. Enferma de insolidaridad, de represión, de racismo. Todos síntomas de un clasismo en el que una autoridad sin rostro -o con el rostro de sicarios estúpidos y brutales- vigila por los privilegios de unos pocos en detrimento de los muchos. No obstante, aunque con una extraña pátina de melancolía patética y vitriólica que podría atribuirsele a su origen finlandés, Kaurismäki parece invocar el espíritu de artistas del claroscuro humano, de la tragicomedia expresada a través de la pantomima absurda, como son Buster Keaton y Charles Chaplin, maestros de la sonrisa y la lágrima entendidas como partes indisociables e inseparables de la existencia del hombre.

          En El Havre, el cineasta reencuentra al Marcel Marx de La vida de bohemia residiendo junto a su esposa en la ciudad portuaria normanda, cuyas calles y casas parecen sacadas de un cuadro de Edward Hopper -influencia estética manifiesta igualmente en buena parte de la filmografía del autor-. A partir de ese decorado de aparente soledad, Kaurismäki agrega pinceladas de joie de vivre, de ternura, de sarcasmo paródico, satírico y entrañable, y de ilusiones reconfortantes, que, amalgamadas, componen la atmósfera agridulce, naif y lánguida que define el filme.

          Filántropo desconfiado del género humano, antisistema que gusta de refugiarse en pequeñas comunidades idealizadas, director que rueda un presente rabioso y doliente con aspecto de pasado candoroso e inocente, Kaurismäki maneja con excelso talento el tono de este relato que gravita en torno a una tragedia terrible, la inmigración ilegal, que se ha transformado en una de las mayores vergüenzas de la historia contemporánea europea. Y habla de ella con una calidez sentimental que no renuncia a la reflexión crítica, con una huella de desilusión en la que, con todo, florecen detalles de asombrosa humanidad, inmunes a clases, fronteras y hastíos. En El Havre, el drama se entrevera con el humor, el desencanto con la esperanza.

Kaurismäki es un escéptico que todavía cree en milagros.

.

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 8.

A propósito de Elly

10 Mar

a-proposito-de-elly

.

Año: 2009.

Director: Asghar Fahradi.

Reparto: Golshifteh Farahani, Shahab Hosseini, Taraneh Alidoosti, Merila Zare’i, Mani Haghighi, Peyman Moaadi, Ra’na Azadivar, Ahmad Mehranfar, Saber Abar.

Tráiler

.

           En la vida sucede un poco como en el deporte: basta con sacar al individuo de su zona de confort -la victoria, la tranquilidad- para encontrarse con su naturaleza aplicada, ajena a cualquier discurso teórico preestablecido. En la derrota, en la situación extrema o estresante, se conocen aspectos ignotos, y tremendamente reales, de las personas. La mezquindad como reacción desesperada ante el desconcierto que produce la adversidad parece, además, un rasgo universal que no reconoce razas, culturas o religiones.

           En este sentido, el planteamiento de la iraní A propósito de Elly recuerda a una hábil mezcolanza de una obra referencial de Michelangelo Antonioni, La aventura, con una de las enseñas de Dogma danés, Celebración. La explicación es que el filme somete a un grupo de presuntamente honorables ciudadanos de clase media a un encierro en el que un factor traumático -una acusación de abusos sexuales en la escandinava; aquí una dramática desaparición, al igual que en la italiana- desvencija el marco de relaciones que se daba por garantizado entre estos mismos protagonistas.

           Su estilo narrativo, no obstante, renuncia al ensimismamiento autocomplaciente de Antonioni y rebaja el tono de farsa teatralizada de la película de Thomas Vinterberg para, por su parte, anclarse en mayor medida en el realismo, que además apuesta por una gramática clásica en su plasmación cinematográfica, la cual no descuida tampoco los rasgos más ligados al cine de género, caso del magnífico sostenimiento del suspense o la composición de una atmósfera determinada -la agitada confusión durante el rescate, la claustrofobia de los interiores-. La crueldad de su discurso, pues, no queda enfatizada por el vitrolo que arrojaba la cinta danesa -aunque cierta actitudes parezcan en ocasiones un tanto exageradas-, pero es igualmente venenosa y dibuja con rotundidad, madurez y talento un crescendo asfixiante.

           Asediada por las olas batientes del Caspio, que con su ensordecedora omnipresencia espolean progresivamente la tensión emocional y de la intriga de la función, la descomposición de la burguesía -“clase media universitaria”, especifica el director- se manifiesta en situaciones de violencia implícita y explícita. De miserables intercambios de reproches, de deudas que se aprovechan a saldar en medio del fragor del caos, de juicios apresurados que rellenan con torpeza e injusticia los vacíos insoportables para la mente, de razonamientos egoístas que abogan por el sálvese quien pueda pisoteando los cuerpos que sea necesario.

El elemento del prójimo desconocido no se refiere a la Elly epónima, invitada a una fiesta a la que no pertenece, sino que, a la par que muta el relato, se gira y apunta acusatoria y significativamente contra la comunidad de amigos, impotentes como colectivo. Las citadas pulsiones se vinculan en su mayoría a un sentir particular de cada personaje, pero también desnudan al mismo tiempo una serie de nocivos condicionantes sociales, algunos particulares del lugar y con menor interés fuera de las fronteras persas -la cuestión de la potencial infidelidad, quizás no tanto la persistente subordinación de la figura femenina- y otros reconocibles como pertenecientes a la condición humana.

.

Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7,5.

Tiburón

27 Ene

tiburon

.

Año: 1975.

Director: Steven Spielberg.

Reparto: Roy Scheider, Robert Shaw, Richard Dreyfuss, Murray Hamilton, Lorraine Gray.

Tráiler

.

           Guardo sentimientos ambiguos hacia Tiburón. Es una película que me encanta, un thriller de terror en toda regla realizado con una potencia aún vigente. Pero también es uno de los empujones de taquilla que, sumado al éxito de filmes como el primer capítulo de La guerra de las galaxias y al fracaso de otros como La puerta del cielo, contribuiría al derribo del Nuevo Hollywood, una de las más fascinantes corrientes de la Historia del cine, para dejar paso a la era de los blockbusters. Aparte, claro, de cuestiones privadas como que desde entonces tenga serios reparos en bañarme en aguas donde no hago pie -recelo que perdura hasta en la piscina- y, con mayor gravedad, por toda la leyenda negra que su popularidad ha suscitado injustificadamente en contra de los tiburones. Recordemos la sentencia que, con intencionado doble sentido, se pronunciaba en Yo, Daniel Blake: los paradisíacos cocoteros son responsables de un mayor número de muertes humanas al año que los terribles escualos.

           En el nacimiento de su estrellato y del acuñamiento de su apodo de Rey Midas, Steven Spielberg ponía en práctica lo aprendido en sus largometrajes de televisión El diablo sobre ruedas y Algo diabólico, en los que ya demostraba su talento para la narración de un terror que podía surgir de un evento cotidiano -la persecución de un camionero, aunque en realidad desempeña un rol abstracto- como de un aspecto sobrenatural -una casa encantada-. Tiburón emplea el esquema del slasher de una manera muy semejante a la de otras cintas icónicas del periodo, como La noche de Halloween, tres años posterior, e incluso en su primer ataque parece castigar moralísticamente a unos adolescentes fumados y salidos que son la tradicional carne de cañón del género.

Aquí, el asesino en serie es otro monstruo de siete metros y medio de longitud y con varias hileras de dientes afilados a modo de armas homicidas. Además, también viene precedido de una música estridente, punzante, que traza un crescendo y acelera el ritmo, enfocando la imagen desde un punto de vista subjetivo como si fuese el Norman Bates de Psicosis. La ejecución de la caza es impecable, como impecable es su transición posterior a un contraste de calma que refuerza la sensación de que uno se ha quedado en rígida posición de sentado, pero dos palmos por delante de la butaca. El hostigamiento de la banda sonora de John Williams se acompaña de la inquietante velocidad del montaje y, a su vez, del frenesí en el movimiento interno del plano con la multitud de víctimas potenciales que se agitan inconscientes -al contrario que el espectador- de que el peligro se cierne sobre ellos -o, mejor dicho, bajo ellos-. La cadencia aumenta hasta límites insostenibles, se detiene en el momento preciso, justo cuando la víctima y el público, que comparten perspectiva a ras de agua, son sabedores de un destino espeluznante ante el que son imponentes, y la pantalla explota en sangre.

           Más allá de la deslumbrante electricidad de los clímax de tensión y la creación de sustos, Spielberg consolida el filme mediante esos citados juegos de contraste que no solo se refieren a la terrible tranquilidad que siguen al horror, sino a las transiciones narrativas de la función, que lo revelan como un superdotado contador de historias. La ternura que desprende la secuencia del abatido jefe Brody junto a su hijo pequeño que imita sus gestos, la crítica costumbrista hacia el egoísmo del ciudadano común -uno de los numerosos clichés que instaura la cinta para sucedáneos posteriores, intermediado por la figura del alcalde-; la rotundidad con la que ubica a Quint en la obra, la rivalidad territorial y posterior hermanamiento entre el biólogo Hooper y este ser anacrónico que recoge la obsesiva y blasfema lucha del capitán Ahab de Moby Dick contra las fuerzas naturales y divinas superiores al hombre; las vivaces pinceladas de cine de aventuras que dominan la salida de pesca a bordo del Orca, la introducción de detalles que bordean la fantasía -los sobrecogedores atardeceres, el cielo que se desploma en estrellas fugaces- durante las treguas en el titánico duelo con la criatura.

Y, brillando entre ellas, el penetrante hipnotismo que genera el monólogo del U.S.S. Indianapolis a través de una atmósfera construida paulatinamente, dos planos fijos contrapuestos, la presencia interpretativa de Robert Shaw y el texto de un aedo de tiempos remotos como John Milius, según la leyenda dictado por teléfono al director y luego reajustado en parte por el actor británico en uno de sus escasos momentos de sobriedad.

           Ni los años ni las imitaciones hacen mella en su fuerza.

.

Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 9.

Cegados por el sol

6 May

“El cine es el proceso de inventar problemas imposibles para después fracasar tratando de resolverlos.”

John Boorman

.

.

Cegados por el sol

.

Cegados por el sol

.

Año: 2015.

Director: Luca Guadagnino.

Reparto: Tilda Swinton, Mattias Schoenaerts, Ralph Fiennes, Dakota Johnson.

Tráiler

.

          Remake con cambio de tono de la francesa La piscina, Cegados por el sol se abre en un entorno paradisíaco donde un hombre y una mujer, desnudos como Adán y Eva, disfrutan del abrazo generoso del sol siciliano y recorren las playas de la isla mediterránea en amorosa y apacible intimidad. Sin embargo, acompañada de una voz invasiva, una sombra sobrevuela el cielo y la quietud bucólica se turba. El Edén se descubre infestado de serpientes.

          En este espacio privilegiado de la naturaleza y la arquitectura, el lujo y el confort, Luca Guadagnino, realizador palermitano acostumbrado a moverse en el cortometraje y el documental –incluidas obras acerca de la aquí protagonista, Tilda Swinton, a quien también había dirigido en los largos The Protagonists y Yo soy el amor-, escenifica la lucha de tres individuos contra sus demonios, plasmados en profundas cicatrices físicas y sentimentales, y que, desde cierta lejanía afectiva, son examinados por otra cuarta persona, erigida en observadora perturbadora y ‘lolitesca’.

La presentación de los personajes, sus relaciones y las tensiones e inquietudes que los entrecruzan, conjugan concisión y expresividad con notable talento, de igual manera que el guion dosificará poco a poco, con acertado pulso, la información que se oculta tras sus miradas y sus emociones, desmontando –o más bien reconstruyendo- una imagen presente que hunde sus raíces en un pasado turbulento. Este historial, de nuevo común, se desvela paulatinamente dejando desnudos, esta vez figuradamente, a estos individuos atormentados, que apenas pueden protegerse contra las agresiones del mundo exterior y cruelmente real por medio de unas gafas de sol, una villa aislada y un bote de pastillas.

          Sin embargo, conforme transcurren los minutos, el drama se densifica y empantana. El libreto recurre a una forzada y tremendista intriga para tratar de agitar estas aguas pestilentes y reconcentradas, y despertar a la función de su marasmo. El estilo narrativo de Guadagnino, que ya había dejado dudosas decisiones estéticas en algún juego con el primer plano, incorpora ciertos rasgos que entiendo orientados a crear distanciamiento frente a la tragedia –la banda sonora, el exagerado plano cenital, la presencia sonora o visual de los inmigrantes ilegales-. Elementos que conducen, no sé si voluntariamente, a imprimir cierta sensación de patetismo sobre el relato que, a la postre, erosionan en exceso la conexión empática hacia lo que ocurre.

El apego frente a las cuitas de estas criaturas antes frágiles pero ahora tan artificiosas como la trama que les atrapa se va haciendo irremediable hasta desembocar en un desenlace poco satisfactorio.

.

Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 5,5.

La coleccionista

8 Abr

“Amigo mío, no te tomes las cosas demasiado en serio. Al fin y al cabo, la vida puede depender de una mujer que pasa.”

Marcial Lafuente Estefanía

.

.

La coleccionista

.

La coleccionista

.

Año: 1967.

Director: Éric Rohmer.

Reparto: Patrick Bauchau, Haydée Politoff, Daniel Pommereulle.

Tráiler

.

            En el tercer capítulo cinematográfico de sus Cuentos morales, el primero de ellos en color, Éric Rohmer conquistó su consagración internacional, materializada en los premios del Jurado y del público joven de la Berlinale. En la línea de esta antología temática -de la que aún quedaban por llegar otras tres entregas- La coleccionista, a partir de la irrupción subversiva de una figura femenina, se sumerge en el mar de contrastes y contradicciones, poses e instintos, vacilaciones y certezas, que dominan las relaciones de romance y atracción sexual entre hombres y mujeres, así como la consiguiente construcción de la personalidad de los implicados y el discurso retórico con el que estos tratan de explicar o justificar sus decisiones ante el mundo.

            Rohmer define con sus correspondientes prólogos, de corte vanguardista análogo al de la coetánea Nouvelle Vague –y por ende un tanto envejecidos-, los tres vértices de un triángulo amoroso e incluso existencialista que, a lo largo del filme, se encontrará en constante tensión, sometido al influjo de uno de estos tres puntos: Haydée (Haydée Politoff), una chica liberada que, a tientas, busca el amor entre una marabunta de ofertas eróticas de tres al cuarto.

Es este quizás el personaje, puro en su despreocupada imperfección, al que el autor parezca retratar con menos distancia, en especial comparado con el protagonista, Adrien (el inoperante Patrick Bauchau), un joven que se empecina en representar su papel de dandy indolente como un propósito presuntamente heroico, a imitación de las lecciones de vida que parece regalar a espuertas su amigo Daniel (Daniel Pommereulle), quien por su parte es un pintor entregado a la provocación intelectual y que parece tan pretencioso como en el fondo ocioso.

            Como es habitual en la obra del cineasta galo, de poco le servirá a Adrien llevar la voz cantante del relato desde su papel privilegiado de narrador en off, puesto que sus divagaciones y autocondescendencias chocan de pleno con el muro que, con su simple aura y presencia, planta frente a él Haydée, inmune a sus engoladas y cínicas teorizaciones acerca de la existencia de sí mismo y de los demás, lanzada ella a la vitalista exploración práctica y no a la cobardía especulativa.

Y en paralelo, tampoco le servirá a los conflictos del argumento pelear contra la innegociable austeridad realizadora del director, que asimismo se encuentra en eterno jugueteo, quizás en exceso intelectualizado, con el acercamiento y el alejamiento hacia sus criaturas.

            Así, de entre la banalidad y la indolencia estival de estos jóvenes -en ocasiones percibida muy próxima a la desidia-, desde sus desafíos y traiciones veladas o abiertas, Rohmer destila también ideas afiladas a propósito de la naturaleza de estos personajes y de esta sociedad que los abraza con sus fórmulas y convenciones, presentes hasta en las posiciones de rebeldía. Premisas en parte ligadas a su generación –atribución que pude responder acaso a esta estética y modos de vida percibidos como ajenos por el espectador contemporáneo- pero, en realidad, bien miradas, la mayoría de ellas con un evidente carácter universal.

.

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7.

El recuerdo de Marnie

4 Abr

“La ficción es mi realidad.”

Pedro Almodóvar

.

.

El recuerdo de Marnie

.

El recuerdo de Marnie

.

Año: 2014.

Director: Hiromasa Yonebayashi.

Reparto (V.O.): Sara Takatsuki, Kasumi Arimura, Nanako Matsushima, Susumu Terajima, Toshie Negishi, Ryôko Moriyama, Kazuko Yashiyuki, Hitomi Kuroki.

Tráiler

.

            En la cosmovisión del estudio Ghibli, la etapa de paso entre la infancia y la juventud acostumbra a realizarse a través de un sendero misterioso en el que sus protagonistas, femeninas en numerosas ocasiones, se adentran, como la Alicia de Lewis Carroll, en un universo paralelo de criaturas mágicas y prodigios sobrenaturales, gracias a cuya guía o a su derrota se alcanza este siguiente estadio de madurez, traumático mas inexorable.

Un mundo este que la mayor de las veces se experimenta en solitario –en el sentido de aparecer como el único ser humano del lugar- o como mucho con el apoyo distante o secundario de un fiel escudero, puesto que, en puridad, este cosmos oculto a la vista de los adultos, o vetado a ellos, está engendrado por las alegorías de la imaginación infantil -ubérrima, panteísta y caótica por definición-, desbordada asimismo por la miríada de estímulos que le arroja la vida en completo éxtasis –la naturaleza indómita y exacerbada por la primavera o el estío, otro acto cósmico de transformación a la plenitud-.

            En El recuerdo de Marnie, el realizador Hiromasa Yonebayashi –segunda película como director tras Arrietty y el mundo de los diminutos, con la que se trazan abundantes puntos en común, aunque parte del equipo de animación de obras mayores como La princesa Mononoke y El viaje de Chihirorecoge esta herencia de Ghibli para fusionarla sin solución de continuidad con un relato foráneo, creado por la ilustradora británica Joan G. Robinson, si bien avalado por el propio tótem Hayao Miyazaki en su selección de cincuenta libros recomendados para niños.

Ambas corrientes, por tanto, se amalgaman a la perfección y revelan la universalidad del proceso de crecer, en este caso con el protagonismo de Anna, una muchacha asmática –somatización de su aguda timidez- que es enviada a la casa de unos parientes de su madre de adopción para intentar que, a golpe de aire puro y con la esperanza de nuevas relaciones personales, se recupere de sus dolencias físicas y psicológicas.

            La historia retrata a una niña extremadamente frágil y aprensiva, fantasmagórica en su deseo de pasar inadvertida, y que halla en un encuentro espectral o imaginado la vía de escape, identificación y posterior solución de los graves complejos y cargas que le atenazan. El recuerdo de Marnie se desarrolla así como una cinta poblada de espíritus tutelares, transferencias de personalidad al otro lado del tiempo, el espacio y la realidad, y superación de traumas ciertos y dolorosísimos.

De este modo, en el marco de este entorno privado, tan introspectivo como fantasioso, comparecen llamadas sobrenaturales junto con herencias del pasado por redimir, las cuales no siempre terminan de maridar con fluidez, posiblemente lastradas por una formulación estética demasiado clásica en el dibujo, y que, en resumen, parecen agolparse en un todo algo embrollado que por momentos afecta al interés por sumergirse en la inocencia lacerada de Anna.

            Este interés, no obstante, se consigue, se sostiene y (cabe decir) se reconquista desde un acercamiento comprensivo al drama de la protagonista –se exponen sus justificaciones y se le hace acreedora de empatía, mientras que también se apunta hacia las dificultades sociales que sufre el ‘diferente’ con el ejemplo de los críos locales y el reservado pescador- y que, en conclusión, evita caer en la simple y lacrimógena condescendencia –el buen trato que le dispensa su entorno se refleja desde una perspectiva exterior que no es la de Anna, la cual habría deformado estos hechos para ajustarlos a su visión temerosa y trágica-.

            El calor conmovedor del desenlace lima las imperfecciones del filme y puntúa al alza los resultados de un trabajo quizás un tanto irregular pero que mantiene reconocibles las gratas señas de la casa.

.

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 6,5.

A %d blogueros les gusta esto: