Tag Archives: Inadaptado

Hombres errantes

21 Feb

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Año: 1952.

Director: Nicholas Ray.

Reparto: Robert Mitchum, Susan Hayward, Arthur KennedyArthur Hunnicutt, Frank Faylen, Walter Coy, Carol Nugent, Maria Hart, Lorna Thayer, Burt Mustin.

Tráiler

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         Una de las grandes tragedias que acostumbra a abordar el western ambientado en tiempos recientes es el de la frontera agotada, la ausencia de una nueva tierra prometida donde el desheredado pueda todavía materializar el sueño americano. Los protagonistas de cintas centradas en el mundo del rodeo como Hombres errantes o El rey del rodeo tratan de encontrar esta última frontera, el destino donde han de cumplirse los sueños, en los ocho segundos de montura sobre el caballo bronco o sobre el toro brahman, lo que significa que ahora las opciones disponibles para el descastado son morir deslomado trabajando la tierra o morir desnucado en una mala caída del animal.

Sin embargo, firmadas por autores poéticos, melancólicos y sentimentales, cada uno a su manera y desde su propio anacronismo, ambas cintas describen en realidad un repliegue al hogar. Después de una odisea de desvíos y aventuras sin par, quizás el antihéroe deba desandar el camino para hallar el destino verdadero que lo aguarda.

         En Hombres errantes, Nicholas Ray ubica a su protagonista, Jeff McCloud (Robert Mitchum), en un escenario solitario, derrotado y azotado por el viento tempestuoso. Su regreso al punto cero, su casa natal, refleja también un montón de ruinas que se pudren en un paraje cada año más seco, más yermo, más desolado. En esta ocasión, el retorno al paraíso se revela falso, imposible, desesperanzado. A partir de esta introducción, el camino de McCloud se une y se confronta con el del joven matrimonio compuesto por Louise (Susan Hayward) y Wes Merritt (Arthur Kennedy), peón de rancho y aprendiz de jinete de rodeo con el anhelo de fundar una explotación propia mediante la cual burlar su ascendencia como hijo del arroyo -otra vez el sueño americano que se renueva de generación en generación-.

         El contraste entre ambos personajes masculinos parece trazar, en cierto modo, una discusión entre el materialismo y el romanticismo como caras opuestas de la cultura estadounidense. Entre el emprendedor canónico y el ‘hobo‘ contracultural, entre el ambicioso que levanta naciones y el aventurero que se echa a la carretera para fascinarse con lo que le entregue la vida. Pero especialmente este último, encarnado por McCloud, resulta una figura un tanto más ambigua en sus motivaciones, las cuales llevan al argumento a componer un latente triángulo amoroso.

La mirada con la que Ray retrata el rodeo tampoco es romántica, ni se diría que añore unos tiempos pasados que, bien sabe, no fueron mejores. Hay secuencias briosas, de extracción documental gracias a su filmación en rodeos auténticos, pero la adrenalina de los embates no trata de ensalzarse con lirismo.

         A la vez, se establece entre los dos hombres una relación de maestro y aprendiz de evolución previsible en su función como señalizador de los peligros que aguardan detrás de la soberbia cegadora, a pesar de las admoniciones que la historia arroja en forma de tipos marcados y de mujeres abandonadas. Frente a estas andaduras más trilladas del relato -e incluso un tanto forzadas en su disposición-, el libreto, remodelado en buena medida por el propio director, deja a su paso frases poderosas, de filo tajante y precisas en su retrato de individuos y de circunstancias. 

Ray, cineasta de honda humanidad y conocedor de las fragilidades que entraña la existencia, admite la duda sobre los estereotipos de hombres duros, y se encarga de que personajes-guía como el viejo Booker Davis (Arthur Hunnicutt), molido a palos en mil batallas, expresen sus precauciones ante cada bravata. El miedo y la duda travestidos de arrogancia y arrojo. Las figuras realmente fuertes son las femeninas, acosadas de palabra y de facto en un mundo machista; una situación semejante a la que estallará dos años más tarde en Johnny Guitar.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7,5.

Turistas (Sightseers)

1 Jun

“Si matara a todas las personas de las que me quiero deshacer, me quedaría solo en el mundo.”

Woody Allen

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Turistas (Sightseers)

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Turistas (Sightseers)

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Año: 2012.

Director: Ben Wheatley.

Reparto: Alice Lowe, Steve Oram, Eileen Davies, Richard Glover, Tony Way, Jonathan Aris, Monica Dolan.

Tráiler

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           Si en Profundo carmesí Arturo Ripstein retorcía el arquetipo de amantes forajidos hasta convertirlo en una tragedia grotesca y asfixiante, el británico Ben Wheatley, cineasta acostumbrado a llevar los géneros cinematográficos a su terreno de juego particular, ensaya en Turistas (Sightseers) una nueva vuelta de tuerca sobre este paradigma para, por su parte, desprenderse de la atmósfera alucinada del mexicano y trasladar la estética del escenario a unos parámetros estrictamente reales, los cuales terminan por transformar un thriller sangriento y desesperado en incómoda comedia negra.

Un envoltorio de contradictorio verismo, en resumen, ajustado a la existencia de unos protagonistas que, de tan mediocres y miserables, ni siquiera son capaces de cumplir con su compromiso hacia los tópicos románticos que exige su aventura, ésta sí digna de un espectáculo de ficción y bañada en una violencia que no desmerece a sus homólogos de Asesinos natos.

Porque, como todos estos antecedentes fantasiosos, los personajes de Turistas desean lo que no tienen, lo que el sueño prometido les niega en la realidad inconmovible. Y contra la crueldad de la frustración responden con igual ferocidad. El aprecio de sus semejantes, el talento creativo, el éxito profesional, el prestigio social,… Placeres prohibidos para estos dos inadaptados que, cuando no reciben lo que creen que supuestamente merecen por derecho, deciden rebelarse y tomarlo por la fuerza.

           Turistas representa una proyección satírica e inmisericorde de la violencia que subyace bajo la sociedad contemporánea, que prima la competitividad sin escrúpulos del individuo contra sus congéneres. De este modo, a lo largo de una escapada -literal y alegórica- de fin de semana, los anodinos Tina y Chris (perfectos Alice Lowe y Steve Oram, confirmando el talento de Wheatley como director de actores) se liberan de las ataduras y convenciones sociales que coartan sus anhelos y, entonces, depredan con absoluta frivolidad, banalidad y virulencia todo lo que se les antoja, indiferentes a la suerte de sus víctimas. 

El relato es por completo descarnado, como es querencia del realizador, siempre encantado de desconcertar a uno y otro lado de la pantalla. Si Wheatley no hace concesiones a sus criaturas, mezquinas y profundamente egoístas dejando de lado cualquier justificación que les ha llevado hasta allí –la opresión familiar, la marginalidad afectiva, la precariedad laboral-, menos las va a tener hacia los espectadores, que son quienes deben amoldarse al juego propuesto, el cual en su truculencia grandgignolesca destila un desafiante patetismo.

           Supondría la confirmación internacional de Wheatley.

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Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 5,7.

Nota del blog: 7.

El novato

18 Abr

“La universidad es la recompensa por haber sobrevivido al instituto. La mayoría de la gente cuenta historias divertidísimas de la universidad pero historias terroríficas del instituto.”

Judd Apatow

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El novato

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El novato

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Año: 2015.

Director: Rudi Rosenberg.

Reparto: Réphaël Ghrenassia, Joshua Raccah, Géraldine Martineau, Guillaume Claude-Roussel, Johanna Lindstedt, Eythan ChicheMax Boubil.

Tráiler

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            La adolescencia es un campo minado. Nada que no sepan ustedes. Un mal paso y uno queda marcado de por vida –o, como poco, durante el espacio que abarca este periodo-. Mutaciones físicas, revoluciones psicológicas y permanentes incursiones hacia lo desconocido que siempre se desarrollan en campo abierto, desprotegido dentro de un ecosistema cruel donde los débiles pueden sucumbir bajo las garras de otros predadores desesperados por mantener su posición privilegiada en una venerada y estricta pirámide social. Generalmente, lo que desde dentro se percibe como una guerra sin cuartel, desde fuera, y especialmente con el tiempo, no deja de parecer en realidad un episodio bastante cómico, dentro del recuerdo de las dificultades superadas con mayor o menor dignidad.

Por desgracia, tal y como funciona la sociedad, la gente con sensibilidad –emocional o artística- suele sufrir una dificultad añadida para su integración en la masa humana, un animal agresivo y temeroso de las divergencias como signo de inseguridad propia. Una de las declaraciones recurrentes de las estrellas del cine suele referirse a su antigua marginalidad en el instituto. El patito feo que se ha convertido en cisne.

Pero el cine no solo sirve para reparar la autoestima de estas víctimas a este lado de la realidad. Es agradecido imaginar que tipos otrora ‘inadaptados’ son capaces de sanar sus heridas empleando como munición esta denostada creatividad, precisamente. La rebelión de los marginales adolescentes contra el entorno hostil que les acosa, ridiculiza y priva de sueños –la valoración pública, la conquista del pibón que merece toda persona- es uno de los grandes temas de la comedia adolescente o de instituto, levantada en armas en el cambio entre los años setenta y ochenta con iconos como Los incorregibles albóndigas, Porky’s o La revancha de los novatos, y renovada en la actualidad por gloriosos ejemplos como Supersalidos. Su influencia, por supuesto, se extiende por cada país de Occidente, como muestra la francesa Les beaux gosses.

            También producción gala, El novato ofrece una nueva revisión del tema y, pese estar firmemente apegada a los arquetipos del género –la chica deseada, el enemigo abusón, el amigo genuinamente friki, el consejero adulto aunque todavía más inmaduro,…-, así como a sus líneas argumentales tradicionales, el filme consigue reivindicarse con frescura debido a la autenticidad de la mayoría de sus personajes y a su agraciado sentido del humor.

Su ambientación es no obstante más joven y menos hipersexualizada que la de estos citados precedentes en los que, habitualmente, la conquista social quedaba encadenada a la conquista venérea. Quizás por ello el espectador puede sentirse identificado con mayor amabilidad y acaso precisión en las desventuras de este pobre chaval recién llegado desde Le Havre a un instituto de París, narradas con elegancia y simpatía, con liviandad pero esquivando la innecesaria hipérbole cómica o dramática.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 6,5.

El recuerdo de Marnie

4 Abr

“La ficción es mi realidad.”

Pedro Almodóvar

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El recuerdo de Marnie

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El recuerdo de Marnie

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Año: 2014.

Director: Hiromasa Yonebayashi.

Reparto (V.O.): Sara Takatsuki, Kasumi Arimura, Nanako Matsushima, Susumu Terajima, Toshie Negishi, Ryôko Moriyama, Kazuko Yashiyuki, Hitomi Kuroki.

Tráiler

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            En la cosmovisión del estudio Ghibli, la etapa de paso entre la infancia y la juventud acostumbra a realizarse a través de un sendero misterioso en el que sus protagonistas, femeninas en numerosas ocasiones, se adentran, como la Alicia de Lewis Carroll, en un universo paralelo de criaturas mágicas y prodigios sobrenaturales, gracias a cuya guía o a su derrota se alcanza este siguiente estadio de madurez, traumático mas inexorable.

Un mundo este que la mayor de las veces se experimenta en solitario –en el sentido de aparecer como el único ser humano del lugar- o como mucho con el apoyo distante o secundario de un fiel escudero, puesto que, en puridad, este cosmos oculto a la vista de los adultos, o vetado a ellos, está engendrado por las alegorías de la imaginación infantil -ubérrima, panteísta y caótica por definición-, desbordada asimismo por la miríada de estímulos que le arroja la vida en completo éxtasis –la naturaleza indómita y exacerbada por la primavera o el estío, otro acto cósmico de transformación a la plenitud-.

            En El recuerdo de Marnie, el realizador Hiromasa Yonebayashi –segunda película como director tras Arrietty y el mundo de los diminutos, con la que se trazan abundantes puntos en común, aunque parte del equipo de animación de obras mayores como La princesa Mononoke y El viaje de Chihirorecoge esta herencia de Ghibli para fusionarla sin solución de continuidad con un relato foráneo, creado por la ilustradora británica Joan G. Robinson, si bien avalado por el propio tótem Hayao Miyazaki en su selección de cincuenta libros recomendados para niños.

Ambas corrientes, por tanto, se amalgaman a la perfección y revelan la universalidad del proceso de crecer, en este caso con el protagonismo de Anna, una muchacha asmática –somatización de su aguda timidez- que es enviada a la casa de unos parientes de su madre de adopción para intentar que, a golpe de aire puro y con la esperanza de nuevas relaciones personales, se recupere de sus dolencias físicas y psicológicas.

            La historia retrata a una niña extremadamente frágil y aprensiva, fantasmagórica en su deseo de pasar inadvertida, y que halla en un encuentro espectral o imaginado la vía de escape, identificación y posterior solución de los graves complejos y cargas que le atenazan. El recuerdo de Marnie se desarrolla así como una cinta poblada de espíritus tutelares, transferencias de personalidad al otro lado del tiempo, el espacio y la realidad, y superación de traumas ciertos y dolorosísimos.

De este modo, en el marco de este entorno privado, tan introspectivo como fantasioso, comparecen llamadas sobrenaturales junto con herencias del pasado por redimir, las cuales no siempre terminan de maridar con fluidez, posiblemente lastradas por una formulación estética demasiado clásica en el dibujo, y que, en resumen, parecen agolparse en un todo algo embrollado que por momentos afecta al interés por sumergirse en la inocencia lacerada de Anna.

            Este interés, no obstante, se consigue, se sostiene y (cabe decir) se reconquista desde un acercamiento comprensivo al drama de la protagonista –se exponen sus justificaciones y se le hace acreedora de empatía, mientras que también se apunta hacia las dificultades sociales que sufre el ‘diferente’ con el ejemplo de los críos locales y el reservado pescador- y que, en conclusión, evita caer en la simple y lacrimógena condescendencia –el buen trato que le dispensa su entorno se refleja desde una perspectiva exterior que no es la de Anna, la cual habría deformado estos hechos para ajustarlos a su visión temerosa y trágica-.

            El calor conmovedor del desenlace lima las imperfecciones del filme y puntúa al alza los resultados de un trabajo quizás un tanto irregular pero que mantiene reconocibles las gratas señas de la casa.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 6,5.

Babadook

24 Mar

“Nunca he visto una película más terrorífica que Babadook.”

William Friedkin

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Babadook

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Babadook

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Año: 2014.

Directora: Jennifer Kent.

Reparto: Essie Davis, Noah Wiseman, Hayley McElhinney, Barbara West, Daniel Hensall, Cathy Adamek, Benjamin Winspear, Tim Purcell.

Tráiler

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            “¡Tu padre se murió para no tener que estar contigo! ¡Nadie te quiere!”, le grita una niña al incomprendido chaval alrededor del cual orbitan los monstruos de Babadook, obsesionado con estas amenazas imaginarias y que, para horror de los adultos, no duda en hablar de ellas con cualquier crío que se cruce en su camino. Los verdaderos monstruos y las agresiones más flagrantes, por tanto, proceden de la absoluta realidad.

            La producción australiana, una de las sensaciones de la temporada en el género, explora esta dicotomía entre la traumática realidad –la viudez, la orfandad, la marginación, la soledad- y la creación de monstruos alegóricos que no son sino la somatización psicológica de estos males cotidianos.

Babadook describe la caída a los infiernos de la locura de una madre acosada por el recuerdo de su marido, muerto en un trágico accidente, y por las dificultades de criar en solitario a un niño con serios problemas de adaptación. Interpretada por la dulce Essie Davis, su figura parece heredar la inocencia y la fragilidad de la Rosemary Woodhouse de La semilla del diablo, sin embargo combinada aquí con la percepción condicionada por la estricta moral anglicana y alterada por la perversa ambigüedad de sus pupilos que sufría la sugestionable institutriz de Suspense y el universo siniestro y amenazador que la demencia despierta en el Jack Torrance de El resplandor.

            Desde el principio, Babadook predispone al espectador a meterse en la piel de esta desdichada madre provocando cierta repelencia hacia su hijo -extremadamente irritante a pesar de su drama particular-, y gracias a esa imagen adorable y desquiciada que hace buena la atinada interpretación de Davis. Dirigida con ímpetu por Jennifer Kent, debutante como realizadora en el largometraje –la cinta prolonga Monster, un corto previo también firmado por ella-, el filme no logra en cambio crear esa ambigua atmósfera que fusione, de manera sólida e inquietante, la deriva entre la realidad y el delirio que se libra en la mente de la mujer.

De este modo, Babadook propone una interesante plasmación de cómo, a partir de situaciones comunes a la existencia de todo individuo, pueden nacer los monstruos más feroces y despiadados. Pero esta disociación demasiado evidente entre realidad y pesadilla, sumado a, de nuevo, el poco consistente personaje infantil, terminan por otorgar una inconveniente frialdad y falta de nervio a aquellas escenas climáticas que, a priori, deberían ser las más intensas, impactantes y aterradoras de la obra.

 

Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 6.

The King of Pigs

9 Mar

“La educación es la mejor vacuna contra la violencia.”

Edward James Olmos

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The King of Pigs

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The King of Pigs

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Año: 2011.

Director: Yeon Sang-ho.

Reparto (V.O.): Yang Ik-Jooun, Oh Jong-se, Kim Hye-na, Kim Kkot-bi, Park Hee-von.

Filme 

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           Existe un momento capital en la vida de una persona en el que, más que en cualquier otro instante, todo acontecimiento que le suceda puede engrandecer o arruinar su vida futura. La primera etapa de la adolescencia es un trance donde la vorágine del cambio –el afloramiento de las hormonas en la pubertad, el afloramiento y la asunción de la propia sexualidad, el paso a una enseñanza superior, la adquisición de responsabilidades, la búsqueda de un lugar propio dentro una sociedad que se percibe hostil- puede arrastrar al individuo, especialmente frágil y modelable, hacia caminos insospechados que en adelante serán decisivos en su configuración como adulto.

           Desde una perspectiva adulta marcada por un estrepitoso fracaso –la presentación de los protagonistas, antiguos amigos, los muestra alucinando ante un cadáver femenino y pateando a su novia por una cuestión de celos, respectivamente-, The King of Pigs rastrea en este rito de paso determinante, compartido y traumático para hallar las razones que conducen a este presente descorazonador.

Por medio de una serie de flashbacks que se encadenan a lo largo de la inesperada conversación entre los dos personajes, el filme descubre a dos muchachos que, empujados al límite de su resistencia psicológica, tratan de rebelarse contra la rígida sociedad surcoreana de los ochenta, condensada en un instituto donde los estamentos de poder se encuentran rígidamente delimitados por la edad, la fuerza y, especialmente, por la ascendencia familiar y económica, siempre con la violencia como herramienta de control y conservación, en paralelo a la de un país oprimido y empobrecido por la dictadura militar.

De esta manera, intermediado por la figura carismática de Chul, un chaval que decide combatir a los animales adoptando el papel de monstruo –es decir, superándolos en ferocidad-, The King of Pigs plantea un agrio combate interno entre el Bien y el Mal; entre la resistencia pasiva y la rebelión agresiva contra el eterno rasero que, ahora y luego, discrimina a los perdedores de los ganadores.

           Yeon Sang-ho, uno de los estandartes en el todavía incipiente género de la animación de la joven y pujante industria del cine de Corea del Sur, compone una película oscura y hostil en el que los trazos ásperos y feístas -que salen a relucir sobre todo en las escenas cargadas de rabia emocional-, punteados asimismo por intromisiones de lo fantástico, se fusionan con un trasfondo temático hostil que se torna más pegajoso e incómodo a medida que avanza el metraje y la virulencia que envuelve los dilemas que asaltan a los dos compañeros de infortunio adolescente.

No obstante, la densidad llega a tal punto que puede resultar agotadora y, quizás, siguiendo esta deriva, el libreto también fuerce en exceso la perturbadora sordidez de la aproximación, en especial de cara a componer un desenlace catárquico más tremendista –e incluso extraño- que efectivo en sus intenciones.

 

Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 6,5.

Moonrise Kingdom

22 Mar

“Wes Anderson es el principito de Saint-Exupéry ya crecido.”

F. Murray Abraham

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Moonrise Kingdom

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Moonrise Kingdom.

Año: 2012.

Director: Wes Anderson.

Reparto: Jared Gilman, Kara Hayward, Bruce Willis, Frances McDormand, Bill Murray, Edward Norton, Harvey Keitel, Jason Schwartzman, Tilda Swinton, Bob Balaban.

Tráiler

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            A pesar de que el singular universo de Wes Anderson se encuentra poblado por criaturas de madurez frustrada a golpe de cruel realidad y de individuos que mantienen todavía un estrecho vínculo y una intensa comunicación con su espíritu infantil, Moonrise Kingdom supone la primera inmersión pura del director en el punto de vista de la niñez.

            Como cualquier película con niños -género irregular y poco amigo de las medias tintas-, las posibilidades de éxito de Moonrise Kingdom pasan por la capacidad de identificación del espectador hacia los chavales en cuestión y por la empatía que generen sus actos y aventuras.

Al respecto, Anderson compone unos personajes genuinamente suyos, idénticos e intercambiables con cualquiera de los protagonistas de sus obras precedentes. Es decir, que ni son niños ni son adultos, aunque al menos en este caso sí se encuentren en la incierta frontera de decisiones que determinará su existencia futura. El instante clave que diferencia entre proseguir en el camino de una felicidad posible o convertirse en cambio en melancólicos juguetes rotos –disyuntiva escenificada en la confrontación especular entre el protagonista y el capitán Sharp de Bruce Willis-.

Son, en definitiva, una caricatura que entremezcla memorias privadas, la aflicción del inadaptado irreparable, el desprecio hacia las convenciones sociales y la reivindicación de una manera personal e intransferible de sentir el mundo y experimentar los sentimientos.

            El asunto es que se trata de personajes totalmente pasados de vueltas. Acordes a la pedante afición de Anderson por la artificiosidad, la deconstrucción y la autoconsciencia, son monigotes a los que se les ven los hilos y con los que es difícil inspirarse y revivir los coloridos días del primer amor que pretende al mismo tiempo evocar el filme por medio de un lenguaje visual que fusiona el recuerdo cálido e idealizado de una época, la concepción magnificada y teatral del mundo propia de un niño zarandeado por las incomprensibles y tiránicas personas mayores, los dramas sociofamiliares dickensianos, el ‘cartoon’ marca ACME y las viñetas de tebeo –de ahí los surrealistas detalles de ‘slapstick’ rayanos con la estética de Jean-Pierre Jeunet o incluso, por qué no, con la de Javier Fesser-.

En consecuencia, el romanticismo de la película parece construido con el mismo cartón piedra que la obra escolar que se representa en la iglesia del pueblo. Y esto provoca que, a fin de cuentas, a uno le traiga al pairo la osada huida amorosa de Sam Shakusky y Suzy Bishop cuando debería ser todo lo contrario.

            Moonrise Kingdom es un filme que invita a dejarse llevar por su simpatía y sus extravagantes ocurrencias, con momentos reivindicables en su frescura y originalidad –casi todo lo que implica a esa ingeniosa tropa de khaki scouts-. Pero Anderson demuestra no poseer el talento auditivo de Hayao Miyazaki para captar las peculiaridades de la infancia –no digamos ya de Yasujirô Ozu-, ni el saludable matiz siniestro de los niños trotamundos de Alexander Mackendrick, ni el adorable encanto de los exacerbados y fantasiosos recuerdos de marginalidad de Tim Burton, ni el romanticismo operístico del genial Léolo ‘Lozzone’ esculpido por Jean-Claude Lauzon. Ni alcanza, cabe decir, el desaforado, humorístico y macabro sentido del delirio de los citados Jeunet y Fesser.

            Bien es cierto que, inamovible en su atalaya autoral –mantener unas señas de identidad es algo siempre respetable-, Anderson tampoco pretende tal cosa y que, en su mayor parte, fundamenta la adscripción a la propuesta sobre la fidelidad o devoción que despierta su sensibilidad única –como dato, es probablemente la cinta que más adhesión ha generado de toda su filmografía-. Pero es lícito creer que, descargada de tanto ataque de amaneramiento y autoría, Moonrise Kingdom funcionaría mejor. Al menos para un servidor, que reconoce no comulgar en exceso con el intransferible estilo de su creador.

 

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 5,5.

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