Tag Archives: Maduración

Moonlight

2 Mar

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Año: 2016.

Director: Barry Jenkins.

Reparto: Alex R. Hibbert, Ashton Sanders, Trevante Rodhes, Naomi Harris, Mahershala Ali, Janelle Monáe, Jaden Piner, Jharrel Jerome, André Holland.

Tráiler

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           Primera producción íntegramente negra -y de temática LGBTI- en ganar el Óscar a la mejor película, Moonlight fue la triunfadora –con el archiconocido momento de suspense final– en una ceremonia que, en uno de los habituales actos de contrición de la Academia estadounidense, se volcó en esta ocasión con la comunidad afroamericana después de las acusaciones del ‘Oscar So White’ de la edición anterior y de la legitimación política de la xenofobia que supuso la elección en la presidencia del país del magnate Donald Trump. En esta tesis se puede incluir igualmente la estatuilla a mejor actor para Mahershala Ali, primer musulmán en obtener este galardón en el apartado interpretativo.

           Obra teatral en su origen a la que se suman añadiduras privadas del director y guionista Barry Jenkins -cuya propia madre sufrió la adicción a las drogas durante su infancia en Miami-, Moonlight, heredera del cine negro de autores como Charles Burnett o Spike Lee, explora los márgenes de la sociedad norteamericana a través de la reconstrucción íntima y social de un individuo que concita en su biografía asuntos todavía -o más que nunca- candentes y problemáticos, como la raza, la identidad sexual, la violencia congénita de la cultura de los Estado Unidos o la falta de oportunidades que sufren determinados colectivos, apartados de la presunta meritocracia que proclama enarbolar la nación. Un individuo atrapado, en definitiva, y que anhela conquistar su derecho a la libertad personal, simbolizada por la apertura del mar frente al concentrado espacio urbano.

           Las herramientas del filme, aunque firmemente comprometidas y también afectuosas hacia sus personajes, tienden más al tópico que a la profundidad a causa de la tosca composición psicológica del protagonista y sus circunstancias, expuestas en tres actos cuyos títulos representan la evolución del muchacho por medio de su nombre -Little, Chiron, Black- y que están cortados estos por traumas decisivos a los que les siguen elipsis temporales. No obstante, destaca el manejo de la tensión íntima del joven, con el denominador común de sus silencios y el bien empleado lenguaje gestual de los tres actores que lo encarnan, adecuadamente contenidos.

La plasmación visual, dominada por primeros planos que se concentran en los procesos emocionales de los personajes, posee momentos creativos y de grata expresividad en la puesta en escena de un argumento donde, por el contrario, la presencia de elementos recurrentes y otros abordados con ligereza resta tridimensionalidad al discurso, si bien apunta conflictos de interés a partir de la ambigüedad del traficante o, indagada a medio camino, de la madre.

           Por este motivo, la narración se mantiene en pie durante las dos primeras fases del metraje, pero en la definitiva, llamada a provocar la catarsis dramática, el salto psíquico y existencial se produce de forma demasiado brusca, lo que tiene como consecuencia que el segmento no termine de resultar todo lo creíble que debiera, tanto o más cuando, aparte del melodramático relato sentimental, existen en la cinta esas citadas pretensiones de conciencia y denuncia.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 6,5.

El porvenir

11 Oct

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Año: 2016.

Director: Mia Hansen-Løve.

Reparto: Isabelle Huppert, Roman Kolinka, André Marcon, Edith Scob, Sarah Le Picard, Solal Forte, Elise Lhomeau, Lionel Dray, Grégoire Montana-Haroche, Lina Benzerti.

Tráiler

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           El porvenir es uno de esos filmes emocionales que no buscan el impacto sobre el espectador, sino filtrarse por sus poros y su sensibilidad a través del delicado retrato de un personaje, en este caso una mujer de mediana edad, profesora de filosofía, en la encrucijada de su vida.

Es, pues, un estilo de narrar que, según cada cual, resulta honesto o anticinematográfico -para un servidor, supuso aquí contemplar los fotogramas con cierta indolencia hasta, en un inesperado instante reflexivo, quedar deslumbrado por la profundidad y la complejidad que posee el relato-. Una dicotomía esta que, por supuesto, depende en igual medida del talento del creador.

           Leída la sinopsis, el libreto de El porvenir maneja unas premisas tremendamente melodramáticas –y hasta tremendistas- en su propósito de trazar el camino de autoreconstrucción y liberación de la protagonista. Sin embargo, la elegancia, la sensibilidad y la expresividad de Mia Hansen-Løve desde la escritura y la dirección, sumada a la capacidad interpretativa de Isabelle Huppert y del resto del reparto, otorgan al drama una entereza, una credibilidad y una humanidad sentimental admirables que, casi inadvertidamente, desde la cotidianeidad y la verosimilitud de las acciones y las emociones de los personajes, va acumulando en la película posos de notable trascendencia –incluso por encima de las abundantes alusiones filosóficas, que para uno, por desgracia lego en la materia, resultan difíciles de asumir con plenitud-.         

           Aunque se suele citar a Éric Rohmer como referencia principal del filme, me recuerda enormemente a Yasujirô Ozu la naturalidad de esa tranquila desesperación con la que El porvenir refleja los traumáticos y decisivos cambios vitales de una persona. Casi nada.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 8.

Lobo

30 May

“Todos somos viajeros en el desierto de este mundo, y lo mejor que podemos encontrar en nuestros viajes es un amigo honesto.”

Robert Louis Stevenson

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Lobo

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Lobo

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Año: 2014.

Director: Naji Abu Nowar.

Reparto: Jacir Eid Al-Hwietat, Hussein Salameh Al-Sweilhiyeen, Hassan Mutlag Al-Maraiyeh, Jack Fox.

Tráiler

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          Thomas Edward Lawrence, enrolado en el departamento de inteligencia militar británico en la Primera Guerra Mundial, canaliza en Oriente Próximo los anhelos nacionalistas árabes para embarcarse en una rebelión contra el anquilosado poder otomano. La gran aventura. La fusión de espectáculo e intimidad tan ansiada por el séptimo arte, forjada en fotogramas por David Lean en Lawrence de Arabia. Gloria, sacrificio y heroísmo, pasión y dilemas.

En Lobo, la irrupción de un ser venido de otro planeta –de Inglaterra en concreto- revoluciona la vida de Theeb, tercer hijo del fallecido jeque de una recóndita tribu beduina, para arrastrarlo a una odisea en la que, rodeado por un conflicto igual de extraño que este hombre pertrechado de objetos insólitos e intrigantes, descubre a sus ojos aún sin modelar el peso de la hermandad, de la compasión, de la venganza, de la vida, de la muerte. La pequeña aventura. La intimidad encajonada en un escenario tan vasto que apenas se aprecia, incomprensible, un nimio fragmento de él. Los descubrimientos y las experiencias interiores del protagonista, no obstante, no poseen en absoluto menor relevancia que las vividas por Lawrence en un lugar tan cercano y al mismo tiempo tan lejano.

          En Lobo, la maduración de un niño a través de un traumático rito iniciático de aventura y peligro queda emparejada a la extinción de una época que, como ocurre en el western, llega transportada por la vía del ferrocarril. El metraje, no en vano, arranca ante una tumba y se desarrolla con la muerte –física o alegórica- siempre presente, si bien velada la mayor parte de las veces –los bandidos, el conflicto global-. El empleo del paisaje y de las relaciones entre personajes también posee fuertes reminiscencias de los códigos del cine del Oeste, donde cobra especial ascendencia la magistral y decisiva, pero también itinerante y fugaz, figura del extraño; del hombre perdido en la frontera entre un mundo que ya no existe y otro al que no puede pertenecer.

Es, por tanto, una obra escenificada en un periodo concreto de la Historia, pero a la vez está construida desde cierta sensación de atemporalidad, como sucede en el propio western, pura mitología moderna.

          El filme muestra un notable talento en la contención para no dejarse arrebatar por el ciclópeo ambiente bélico del entorno y, asimismo, para mantener las emociones de los personajes implosivas pero palpitantes –tanto las positivas, de fidelidad, como las negativas, de violencia-. La premisa, aunque no especialmente original o sorprendente, está narrada con solvencia, por medio de unas imágenes con fuerza poética y trascendental donde destaca el manejo de la monumentalidad del desierto jordano.

          Nominada a la mejor película de habla no inglesa, donde caería derrotada ante la superior El hijo de Saúl.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7.

Red Hook Summer

7 May

“Solo el tiempo trae consuelo.”

Roman Polanski

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Red Hook Summer

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Red Hook Summer

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Año: 2012.

Director: Spike Lee.

Reparto: Jules Brown, Clarke Peters, Toni Lysaith, Heather Simms, Thomas Jefferson Byrd, Kimberly Hebert Gregory, Nate Parker, Colman Domingo.

Tráiler

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            Parece apagarse la estela de Spike Lee, heredero de Charles Burnett en su cine de combativo compromiso hacia la comunidad negra de los Estados Unidos y convertido con el tiempo casi en una marca propia -según definición del propio Burnett-, capaz de generar atención incluso aunque sea para recibir ataques indiscriminados.

Con su cima de popularidad y prestigio alcanzada curiosamente a través de películas alejadas de su tradicional mirada hacia las tensiones étnicas del país –la magistral La última noche, la entretenida Plan oculto-, y en los últimos tiempos más citado por polémicas fuera del set de rodaje que por sus obras artísticas –sus encontronazos públicos con Clint Eastwood por la ausencia de soldados de color en Banderas de nuestros padres o con Quentin Tarantino por frivolizar con el tema de la esclavitud en Django desencadenado; su rechazo a acudir a la ceremonia de los Óscar tras acusar de racismo a la Academia norteamericana-, poco impacto han tenido sus películas personales más recientes, Red Hook Summer y The Sweet Blood of Jesus, al igual que escasa fortuna crítica cosechó su remake a sueldo de la icónica Oldboy.

            Es posible que Red Hook Summer emerja como un deseo de retornar los orígenes, de reencontrarse con uno mismo, puesto que supone el sexto capítulo de la serie de crónicas de Brooklyn del cineasta y, además, reaparecen en forma de cameos personajes de cintas previas, caso del pizzero Mookie, procedente de una de sus obras más reverenciadas, Haz lo que debas, e interpretado por él mismo.

En la película tiene lugar una triple confluencia argumental. La base del guion la conforma el paradigmático verano de maduración adolescente y reencuentro con las raíces –lo que en otros relatos comporta un viaje al campo y su estilo de vida auténtico, aquí se resuelve paradójicamente con un chaval de Atlanta que va a pasar las vacaciones a casa de su abuelo predicador en el mencionado barrio neoyorkino-. Y, paulatinamente, a ella se suma el sustrato crítico acerca de la situación minoría afroamericana, característico de Lee, y una nueva muesca en la querencia del cineasta por los temas controvertidos, que esta vez son los abusos pedófilos perpetrados por sacerdotes cristianos. Ninguna de las tres alcanza la deseable relevancia.

            Lastra a Red Hook Summer una mezcla de sensación historia sobada y de superficialidad en el abordaje de sus aspectos más espinosos, amén de decisiones estéticas cuestionables entre las que se encuentran esas declamaciones actorales no sé si pretendidamente artificiosas, como de representación escolar, o la confección de un hilo musical constante que aparece defectuosamente acoplado a la narración.

La toma de conciencia del joven burgués ‘Flik’ no posee gran interés, con un protagonista sin excesivo carisma –en realidad, ninguno de los personajes funciona con naturalidad o credibilidad- y un entorno dramático, el que proporciona su abuelo obispo (el gran Clarke Peters), que, especialmente si uno es espectador escéptico, resulta bastante fatigante entre tanto sermón exaltado y tanta invocación a Jesús –o “Yisas”, en esa pronunciación tan irritante que muestran los devotos iluminados por la luz de Dios en la nación del materialismo, el pragmatismo y la adoración de la decencia como virtud esencial-.

Por más que termine cuestionándose esta figura religiosa, incluso con la inserción con calzador de un calvario de denuncia y redención que no se sabe bien a santo de qué viene, agota este escenario tan localista y, sobre todo, insulso.

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Nota IMDB: 5.

Nota FilmAffinity: 4,9.

Nota del blog: 4.

El novato

18 Abr

“La universidad es la recompensa por haber sobrevivido al instituto. La mayoría de la gente cuenta historias divertidísimas de la universidad pero historias terroríficas del instituto.”

Judd Apatow

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El novato

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El novato

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Año: 2015.

Director: Rudi Rosenberg.

Reparto: Réphaël Ghrenassia, Joshua Raccah, Géraldine Martineau, Guillaume Claude-Roussel, Johanna Lindstedt, Eythan ChicheMax Boubil.

Tráiler

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            La adolescencia es un campo minado. Nada que no sepan ustedes. Un mal paso y uno queda marcado de por vida –o, como poco, durante el espacio que abarca este periodo-. Mutaciones físicas, revoluciones psicológicas y permanentes incursiones hacia lo desconocido que siempre se desarrollan en campo abierto, desprotegido dentro de un ecosistema cruel donde los débiles pueden sucumbir bajo las garras de otros predadores desesperados por mantener su posición privilegiada en una venerada y estricta pirámide social. Generalmente, lo que desde dentro se percibe como una guerra sin cuartel, desde fuera, y especialmente con el tiempo, no deja de parecer en realidad un episodio bastante cómico, dentro del recuerdo de las dificultades superadas con mayor o menor dignidad.

Por desgracia, tal y como funciona la sociedad, la gente con sensibilidad –emocional o artística- suele sufrir una dificultad añadida para su integración en la masa humana, un animal agresivo y temeroso de las divergencias como signo de inseguridad propia. Una de las declaraciones recurrentes de las estrellas del cine suele referirse a su antigua marginalidad en el instituto. El patito feo que se ha convertido en cisne.

Pero el cine no solo sirve para reparar la autoestima de estas víctimas a este lado de la realidad. Es agradecido imaginar que tipos otrora ‘inadaptados’ son capaces de sanar sus heridas empleando como munición esta denostada creatividad, precisamente. La rebelión de los marginales adolescentes contra el entorno hostil que les acosa, ridiculiza y priva de sueños –la valoración pública, la conquista del pibón que merece toda persona- es uno de los grandes temas de la comedia adolescente o de instituto, levantada en armas en el cambio entre los años setenta y ochenta con iconos como Los incorregibles albóndigas, Porky’s o La revancha de los novatos, y renovada en la actualidad por gloriosos ejemplos como Supersalidos. Su influencia, por supuesto, se extiende por cada país de Occidente, como muestra la francesa Les beaux gosses.

            También producción gala, El novato ofrece una nueva revisión del tema y, pese estar firmemente apegada a los arquetipos del género –la chica deseada, el enemigo abusón, el amigo genuinamente friki, el consejero adulto aunque todavía más inmaduro,…-, así como a sus líneas argumentales tradicionales, el filme consigue reivindicarse con frescura debido a la autenticidad de la mayoría de sus personajes y a su agraciado sentido del humor.

Su ambientación es no obstante más joven y menos hipersexualizada que la de estos citados precedentes en los que, habitualmente, la conquista social quedaba encadenada a la conquista venérea. Quizás por ello el espectador puede sentirse identificado con mayor amabilidad y acaso precisión en las desventuras de este pobre chaval recién llegado desde Le Havre a un instituto de París, narradas con elegancia y simpatía, con liviandad pero esquivando la innecesaria hipérbole cómica o dramática.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 6,5.

El recuerdo de Marnie

4 Abr

“La ficción es mi realidad.”

Pedro Almodóvar

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El recuerdo de Marnie

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El recuerdo de Marnie

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Año: 2014.

Director: Hiromasa Yonebayashi.

Reparto (V.O.): Sara Takatsuki, Kasumi Arimura, Nanako Matsushima, Susumu Terajima, Toshie Negishi, Ryôko Moriyama, Kazuko Yashiyuki, Hitomi Kuroki.

Tráiler

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            En la cosmovisión del estudio Ghibli, la etapa de paso entre la infancia y la juventud acostumbra a realizarse a través de un sendero misterioso en el que sus protagonistas, femeninas en numerosas ocasiones, se adentran, como la Alicia de Lewis Carroll, en un universo paralelo de criaturas mágicas y prodigios sobrenaturales, gracias a cuya guía o a su derrota se alcanza este siguiente estadio de madurez, traumático mas inexorable.

Un mundo este que la mayor de las veces se experimenta en solitario –en el sentido de aparecer como el único ser humano del lugar- o como mucho con el apoyo distante o secundario de un fiel escudero, puesto que, en puridad, este cosmos oculto a la vista de los adultos, o vetado a ellos, está engendrado por las alegorías de la imaginación infantil -ubérrima, panteísta y caótica por definición-, desbordada asimismo por la miríada de estímulos que le arroja la vida en completo éxtasis –la naturaleza indómita y exacerbada por la primavera o el estío, otro acto cósmico de transformación a la plenitud-.

            En El recuerdo de Marnie, el realizador Hiromasa Yonebayashi –segunda película como director tras Arrietty y el mundo de los diminutos, con la que se trazan abundantes puntos en común, aunque parte del equipo de animación de obras mayores como La princesa Mononoke y El viaje de Chihirorecoge esta herencia de Ghibli para fusionarla sin solución de continuidad con un relato foráneo, creado por la ilustradora británica Joan G. Robinson, si bien avalado por el propio tótem Hayao Miyazaki en su selección de cincuenta libros recomendados para niños.

Ambas corrientes, por tanto, se amalgaman a la perfección y revelan la universalidad del proceso de crecer, en este caso con el protagonismo de Anna, una muchacha asmática –somatización de su aguda timidez- que es enviada a la casa de unos parientes de su madre de adopción para intentar que, a golpe de aire puro y con la esperanza de nuevas relaciones personales, se recupere de sus dolencias físicas y psicológicas.

            La historia retrata a una niña extremadamente frágil y aprensiva, fantasmagórica en su deseo de pasar inadvertida, y que halla en un encuentro espectral o imaginado la vía de escape, identificación y posterior solución de los graves complejos y cargas que le atenazan. El recuerdo de Marnie se desarrolla así como una cinta poblada de espíritus tutelares, transferencias de personalidad al otro lado del tiempo, el espacio y la realidad, y superación de traumas ciertos y dolorosísimos.

De este modo, en el marco de este entorno privado, tan introspectivo como fantasioso, comparecen llamadas sobrenaturales junto con herencias del pasado por redimir, las cuales no siempre terminan de maridar con fluidez, posiblemente lastradas por una formulación estética demasiado clásica en el dibujo, y que, en resumen, parecen agolparse en un todo algo embrollado que por momentos afecta al interés por sumergirse en la inocencia lacerada de Anna.

            Este interés, no obstante, se consigue, se sostiene y (cabe decir) se reconquista desde un acercamiento comprensivo al drama de la protagonista –se exponen sus justificaciones y se le hace acreedora de empatía, mientras que también se apunta hacia las dificultades sociales que sufre el ‘diferente’ con el ejemplo de los críos locales y el reservado pescador- y que, en conclusión, evita caer en la simple y lacrimógena condescendencia –el buen trato que le dispensa su entorno se refleja desde una perspectiva exterior que no es la de Anna, la cual habría deformado estos hechos para ajustarlos a su visión temerosa y trágica-.

            El calor conmovedor del desenlace lima las imperfecciones del filme y puntúa al alza los resultados de un trabajo quizás un tanto irregular pero que mantiene reconocibles las gratas señas de la casa.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 6,5.

Había un padre

21 Mar

El jardín zen de Yasujirô Ozu se adentra en el campo donde encontrará su mayor fortuna: las relaciones familiares y su impacto sobre la existencia de las personas. Había un padre, para la sección de cine clásico de Bandeja de Plata.

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