Tag Archives: Maduración

Los demonios

31 Ene

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Año: 2015.

Director: Philippe Lesage.

Reparto: Édouard Tremblay-Grenier, Vassili Schneider, Sarah Mottet, Laurent Lucas, Pascale Bussières, Victoria Diamond, Yannick Gobeil-Dugas, Alfred Poirier, Bénédicte Décaty, Pier-Luk Funk.

Tráiler

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         El primer amor es una de las fantasías recurrentes de la ficción, por lo general construido desde una psicología adulta embebida de nostalgia que, además, acostumbra a ambientarla en verano, la estación del año que parece destinada a concentrar los ritos iniciáticos de la humanidad. Ahí está Verano del 42 como ejemplo diáfano en el cine, o la reciente Call Me by Your Name como muestra de la pervivencia de su éxito.

Los demonios se adentra en este tópico, pero su visión no es en absoluto idealizada. El primer amor del pequeño Felix es un asunto inconcreto, tremendamente confuso y que se afronta desde una exploración sin referentes aceptables. A tientas, repleta de incógnitas, de dudas e incluso de miedo. Por tanto, ni siquiera sus sentimientos poseen ese romanticismo cristalino que tradicionalmente se le atribuye al tema.

         La honestidad de Philippe Lesage está fuera de todo cuestionamiento. Su filme se asienta sobre la verosimilitud para que el espectador se reencuentre con emociones quizás perdidas en el olvido o que, probablemente, hayan mutado a causa de estos clichés literarios y cinematográficos que influyen en el subconsciente colectivo, así como por la noción de que cualquier tiempo pasado fue mejor, otra falacia más.

El director y guionista canadiense, debutante en el largometraje de ficción, asienta la cámara a la altura de los ojos de Felix y, desde esta perspectiva, observa con él el mundo que le rodea, prácticamente en plano subjetivo. En especial, orienta su mirada hacia las relaciones adultas, a través de las cuales perfila esta aproximación que no es tanto al amor, en un sentido naif e infantilizado, como realmente al despertar sexual.

         Lesage introduce la cuestión desde la aparición en pantalla de un cuerpo desnudo, casi gratuito y por ello igual de sorprendente para el niño y para el público. A partir de ahí, se dibuja la tensión sexual del protagonista y su respuesta a los impulsos que nacen en su interior. El misterio y la inquietud del descubrimiento laten en los fotogramas, a través de esta investigación torpona y en ocasiones humillante o dueña de remordimientos también desnortados, de nuevo producto de una falta de educación -o una mala educación- procedente del entorno -los padres que anticipan el potencial fracaso afectivo de todo enamoramiento, los adolescentes todavía tan despistados como él mismo-.

         Dentro de esta confrontación entre niñez y sexualidad, el cineasta considera oportuno ensayar una desviación hacia los delitos de pederastia, una alusión a los monstruos que habitan la realidad, que son siempre más terribles que los de las películas de terror. Pero Lesage no gestiona adecuadamente ese cambio del punto de vista, hasta entonces y posteriormente tan ligado a los ojos de Felix. Por esta causa, la subtrama encaja en el metraje entre chirridos, como una añadidura un tanto artificiosa y desde luego menos lograda, o menos interesante, que las vivencias y los sentimientos del personaje principal. De su maduración, en definitiva.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 7,5.

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Call Me by Your Name

28 Ene

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Año: 2017.

Director: Luca Guadagnino.

Reparto: Timothée Chamelet, Armie Hammer, Michael Stuhlbarg, Amira Casar, Esther Garrel, Victoire Du Bois, Vanda Capriolo, Antonio Rimoldi.

Tráiler

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          El verano es la huida de la rutina, el abrazo del calor y el color de la vida, la exploración de lo desconocido, la esperanza en la consecución de una plenitud que, sea como fuere, esta igualmente condenada a ser transitoria, ligada a la temporalidad de la estación, a la extinción inexorable que impone el paso del tiempo. Como ocurre, en cualquier caso, en la vida misma.

El cine rinde culto al verano como época decisiva en la existencia, como escenario de los rituales de paso y de las experiencias iniciáticas. El primer beso, el primer amor, están bañados en rayos de sol, en olor a fruta madura y sal marina. Call Me by Your Name se apoya en este locus amoenus estival, ubicado en una idílica villa del norte de Italia en el año 1983 -un espacio que las imágenes saben capturar sensorialmente en su belleza y voluptuosidad-, para abordar este tópico de la ficción universal que es el amor de verano.

El relato de Luca Guadagnino, sobre el guion de James Ivory y a su vez a partir de la novela homónima de André Aciman, escapa no obstante de los clichés establecidos, y no solo por extender el argumento hacia un romance homosexual, obviamente. Está ahí la perspectiva del adolescente que se ve deslumbrado por el hallazgo maravilloso que bien vale para justificar una vida entera, pero la construcción de personajes transgrede los arquetipos desde este mismo protagonista, que en lugar de ser un actor pasivo en esta aventura existencial se convierte en una pieza fundamental para su consumación y desarrollo. Atrevido hasta mostrar un punto de arrogancia, más frágil y dubitativo tras lo que aparenta esta toma de la iniciativa, el Elio de Timothée Chalamet, en una rotunda interpretación, rompe así con el cliché del maestro/aprendiz, más si cabe frente al hombre-anuncio-escultura griega al que a veces queda convertido su partenaire.

          Este diseño de caracteres, que no solo se restringe a los dos sujetos principales, sino también a los secundarios que los rodean -en especial a los padres del joven, a quienes se regala un desenlace de altura emocional- es, pues, uno de los puntos fuertes de Call Me by Your Name, el cual se antoja decisivo para que la historia tenga un recorrido más allá de la enésima reapropiación personal de otro cineasta más o de la simple variación LGTBI de un cuento mil veces contado.

Esta virtud se va haciendo patente a medida que avanza el metraje desde un inicio entiendo que voluntariamente indolente, pero también un tanto moroso o frío, y se va acompañando de otras rupturas con la idealización cinematográfica del romance -la comentada escena del albaricoque como ejemplo palmario, pero hay otros detalles más discretos e igual de efectivos, que con todo cabe decir que no rompen con la relativa amabilidad de la narración-, las cuales contribuyen a aportar naturalidad, frescura y riqueza de matices a un conjunto en el que, asimismo, se procura controlar la exaltación de las escenas climáticas. Aunque, ocasionalmente, la obra también deja traslucir un trabajo de cálculo evidente que, de nuevo, resta emoción pura a este, decíamos, tópico de la ficción universal que es el amor de verano.

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Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 7,5.

Moonlight

2 Mar

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Año: 2016.

Director: Barry Jenkins.

Reparto: Alex R. Hibbert, Ashton Sanders, Trevante Rodhes, Naomi Harris, Mahershala Ali, Janelle Monáe, Jaden Piner, Jharrel Jerome, André Holland.

Tráiler

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           Primera producción íntegramente negra -y de temática LGBTI- en ganar el Óscar a la mejor película, Moonlight fue la triunfadora –con el archiconocido momento de suspense final– en una ceremonia que, en uno de los habituales actos de contrición de la Academia estadounidense, se volcó en esta ocasión con la comunidad afroamericana después de las acusaciones del ‘Oscar So White’ de la edición anterior y de la legitimación política de la xenofobia que supuso la elección en la presidencia del país del magnate Donald Trump. En esta tesis se puede incluir igualmente la estatuilla a mejor actor para Mahershala Ali, primer musulmán en obtener este galardón en el apartado interpretativo.

           Obra teatral en su origen a la que se suman añadiduras privadas del director y guionista Barry Jenkins -cuya propia madre sufrió la adicción a las drogas durante su infancia en Miami-, Moonlight, heredera del cine negro de autores como Charles Burnett o Spike Lee, explora los márgenes de la sociedad norteamericana a través de la reconstrucción íntima y social de un individuo que concita en su biografía asuntos todavía -o más que nunca- candentes y problemáticos, como la raza, la identidad sexual, la violencia congénita de la cultura de los Estado Unidos o la falta de oportunidades que sufren determinados colectivos, apartados de la presunta meritocracia que proclama enarbolar la nación. Un individuo atrapado, en definitiva, y que anhela conquistar su derecho a la libertad personal, simbolizada por la apertura del mar frente al concentrado espacio urbano.

           Las herramientas del filme, aunque firmemente comprometidas y también afectuosas hacia sus personajes, tienden más al tópico que a la profundidad a causa de la tosca composición psicológica del protagonista y sus circunstancias, expuestas en tres actos cuyos títulos representan la evolución del muchacho por medio de su nombre -Little, Chiron, Black- y que están cortados estos por traumas decisivos a los que les siguen elipsis temporales. No obstante, destaca el manejo de la tensión íntima del joven, con el denominador común de sus silencios y el bien empleado lenguaje gestual de los tres actores que lo encarnan, adecuadamente contenidos.

La plasmación visual, dominada por primeros planos que se concentran en los procesos emocionales de los personajes, posee momentos creativos y de grata expresividad en la puesta en escena de un argumento donde, por el contrario, la presencia de elementos recurrentes y otros abordados con ligereza resta tridimensionalidad al discurso, si bien apunta conflictos de interés a partir de la ambigüedad del traficante o, indagada a medio camino, de la madre.

           Por este motivo, la narración se mantiene en pie durante las dos primeras fases del metraje, pero en la definitiva, llamada a provocar la catarsis dramática, el salto psíquico y existencial se produce de forma demasiado brusca, lo que tiene como consecuencia que el segmento no termine de resultar todo lo creíble que debiera, tanto o más cuando, aparte del melodramático relato sentimental, existen en la cinta esas citadas pretensiones de conciencia y denuncia.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 6,5.

El porvenir

11 Oct

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Año: 2016.

Director: Mia Hansen-Løve.

Reparto: Isabelle Huppert, Roman Kolinka, André Marcon, Edith Scob, Sarah Le Picard, Solal Forte, Elise Lhomeau, Lionel Dray, Grégoire Montana-Haroche, Lina Benzerti.

Tráiler

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           El porvenir es uno de esos filmes emocionales que no buscan el impacto sobre el espectador, sino filtrarse por sus poros y su sensibilidad a través del delicado retrato de un personaje, en este caso una mujer de mediana edad, profesora de filosofía, en la encrucijada de su vida.

Es, pues, un estilo de narrar que, según cada cual, resulta honesto o anticinematográfico -para un servidor, supuso aquí contemplar los fotogramas con cierta indolencia hasta, en un inesperado instante reflexivo, quedar deslumbrado por la profundidad y la complejidad que posee el relato-. Una dicotomía esta que, por supuesto, depende en igual medida del talento del creador.

           Leída la sinopsis, el libreto de El porvenir maneja unas premisas tremendamente melodramáticas –y hasta tremendistas- en su propósito de trazar el camino de autoreconstrucción y liberación de la protagonista. Sin embargo, la elegancia, la sensibilidad y la expresividad de Mia Hansen-Løve desde la escritura y la dirección, sumada a la capacidad interpretativa de Isabelle Huppert y del resto del reparto, otorgan al drama una entereza, una credibilidad y una humanidad sentimental admirables que, casi inadvertidamente, desde la cotidianeidad y la verosimilitud de las acciones y las emociones de los personajes, va acumulando en la película posos de notable trascendencia –incluso por encima de las abundantes alusiones filosóficas, que para uno, por desgracia lego en la materia, resultan difíciles de asumir con plenitud-.         

           Aunque se suele citar a Éric Rohmer como referencia principal del filme, me recuerda enormemente a Yasujirô Ozu la naturalidad de esa tranquila desesperación con la que El porvenir refleja los traumáticos y decisivos cambios vitales de una persona. Casi nada.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 8.

Lobo

30 May

“Todos somos viajeros en el desierto de este mundo, y lo mejor que podemos encontrar en nuestros viajes es un amigo honesto.”

Robert Louis Stevenson

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Lobo

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Lobo

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Año: 2014.

Director: Naji Abu Nowar.

Reparto: Jacir Eid Al-Hwietat, Hussein Salameh Al-Sweilhiyeen, Hassan Mutlag Al-Maraiyeh, Jack Fox.

Tráiler

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          Thomas Edward Lawrence, enrolado en el departamento de inteligencia militar británico en la Primera Guerra Mundial, canaliza en Oriente Próximo los anhelos nacionalistas árabes para embarcarse en una rebelión contra el anquilosado poder otomano. La gran aventura. La fusión de espectáculo e intimidad tan ansiada por el séptimo arte, forjada en fotogramas por David Lean en Lawrence de Arabia. Gloria, sacrificio y heroísmo, pasión y dilemas.

En Lobo, la irrupción de un ser venido de otro planeta –de Inglaterra en concreto- revoluciona la vida de Theeb, tercer hijo del fallecido jeque de una recóndita tribu beduina, para arrastrarlo a una odisea en la que, rodeado por un conflicto igual de extraño que este hombre pertrechado de objetos insólitos e intrigantes, descubre a sus ojos aún sin modelar el peso de la hermandad, de la compasión, de la venganza, de la vida, de la muerte. La pequeña aventura. La intimidad encajonada en un escenario tan vasto que apenas se aprecia, incomprensible, un nimio fragmento de él. Los descubrimientos y las experiencias interiores del protagonista, no obstante, no poseen en absoluto menor relevancia que las vividas por Lawrence en un lugar tan cercano y al mismo tiempo tan lejano.

          En Lobo, la maduración de un niño a través de un traumático rito iniciático de aventura y peligro queda emparejada a la extinción de una época que, como ocurre en el western, llega transportada por la vía del ferrocarril. El metraje, no en vano, arranca ante una tumba y se desarrolla con la muerte –física o alegórica- siempre presente, si bien velada la mayor parte de las veces –los bandidos, el conflicto global-. El empleo del paisaje y de las relaciones entre personajes también posee fuertes reminiscencias de los códigos del cine del Oeste, donde cobra especial ascendencia la magistral y decisiva, pero también itinerante y fugaz, figura del extraño; del hombre perdido en la frontera entre un mundo que ya no existe y otro al que no puede pertenecer.

Es, por tanto, una obra escenificada en un periodo concreto de la Historia, pero a la vez está construida desde cierta sensación de atemporalidad, como sucede en el propio western, pura mitología moderna.

          El filme muestra un notable talento en la contención para no dejarse arrebatar por el ciclópeo ambiente bélico del entorno y, asimismo, para mantener las emociones de los personajes implosivas pero palpitantes –tanto las positivas, de fidelidad, como las negativas, de violencia-. La premisa, aunque no especialmente original o sorprendente, está narrada con solvencia, por medio de unas imágenes con fuerza poética y trascendental donde destaca el manejo de la monumentalidad del desierto jordano.

          Nominada a la mejor película de habla no inglesa, donde caería derrotada ante la superior El hijo de Saúl.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7.

Red Hook Summer

7 May

“Solo el tiempo trae consuelo.”

Roman Polanski

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Red Hook Summer

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Red Hook Summer

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Año: 2012.

Director: Spike Lee.

Reparto: Jules Brown, Clarke Peters, Toni Lysaith, Heather Simms, Thomas Jefferson Byrd, Kimberly Hebert Gregory, Nate Parker, Colman Domingo.

Tráiler

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            Parece apagarse la estela de Spike Lee, heredero de Charles Burnett en su cine de combativo compromiso hacia la comunidad negra de los Estados Unidos y convertido con el tiempo casi en una marca propia -según definición del propio Burnett-, capaz de generar atención incluso aunque sea para recibir ataques indiscriminados.

Con su cima de popularidad y prestigio alcanzada curiosamente a través de películas alejadas de su tradicional mirada hacia las tensiones étnicas del país –la magistral La última noche, la entretenida Plan oculto-, y en los últimos tiempos más citado por polémicas fuera del set de rodaje que por sus obras artísticas –sus encontronazos públicos con Clint Eastwood por la ausencia de soldados de color en Banderas de nuestros padres o con Quentin Tarantino por frivolizar con el tema de la esclavitud en Django desencadenado; su rechazo a acudir a la ceremonia de los Óscar tras acusar de racismo a la Academia norteamericana-, poco impacto han tenido sus películas personales más recientes, Red Hook Summer y The Sweet Blood of Jesus, al igual que escasa fortuna crítica cosechó su remake a sueldo de la icónica Oldboy.

            Es posible que Red Hook Summer emerja como un deseo de retornar los orígenes, de reencontrarse con uno mismo, puesto que supone el sexto capítulo de la serie de crónicas de Brooklyn del cineasta y, además, reaparecen en forma de cameos personajes de cintas previas, caso del pizzero Mookie, procedente de una de sus obras más reverenciadas, Haz lo que debas, e interpretado por él mismo.

En la película tiene lugar una triple confluencia argumental. La base del guion la conforma el paradigmático verano de maduración adolescente y reencuentro con las raíces –lo que en otros relatos comporta un viaje al campo y su estilo de vida auténtico, aquí se resuelve paradójicamente con un chaval de Atlanta que va a pasar las vacaciones a casa de su abuelo predicador en el mencionado barrio neoyorkino-. Y, paulatinamente, a ella se suma el sustrato crítico acerca de la situación minoría afroamericana, característico de Lee, y una nueva muesca en la querencia del cineasta por los temas controvertidos, que esta vez son los abusos pedófilos perpetrados por sacerdotes cristianos. Ninguna de las tres alcanza la deseable relevancia.

            Lastra a Red Hook Summer una mezcla de sensación historia sobada y de superficialidad en el abordaje de sus aspectos más espinosos, amén de decisiones estéticas cuestionables entre las que se encuentran esas declamaciones actorales no sé si pretendidamente artificiosas, como de representación escolar, o la confección de un hilo musical constante que aparece defectuosamente acoplado a la narración.

La toma de conciencia del joven burgués ‘Flik’ no posee gran interés, con un protagonista sin excesivo carisma –en realidad, ninguno de los personajes funciona con naturalidad o credibilidad- y un entorno dramático, el que proporciona su abuelo obispo (el gran Clarke Peters), que, especialmente si uno es espectador escéptico, resulta bastante fatigante entre tanto sermón exaltado y tanta invocación a Jesús –o “Yisas”, en esa pronunciación tan irritante que muestran los devotos iluminados por la luz de Dios en la nación del materialismo, el pragmatismo y la adoración de la decencia como virtud esencial-.

Por más que termine cuestionándose esta figura religiosa, incluso con la inserción con calzador de un calvario de denuncia y redención que no se sabe bien a santo de qué viene, agota este escenario tan localista y, sobre todo, insulso.

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Nota IMDB: 5.

Nota FilmAffinity: 4,9.

Nota del blog: 4.

El novato

18 Abr

“La universidad es la recompensa por haber sobrevivido al instituto. La mayoría de la gente cuenta historias divertidísimas de la universidad pero historias terroríficas del instituto.”

Judd Apatow

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El novato

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El novato

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Año: 2015.

Director: Rudi Rosenberg.

Reparto: Réphaël Ghrenassia, Joshua Raccah, Géraldine Martineau, Guillaume Claude-Roussel, Johanna Lindstedt, Eythan ChicheMax Boubil.

Tráiler

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            La adolescencia es un campo minado. Nada que no sepan ustedes. Un mal paso y uno queda marcado de por vida –o, como poco, durante el espacio que abarca este periodo-. Mutaciones físicas, revoluciones psicológicas y permanentes incursiones hacia lo desconocido que siempre se desarrollan en campo abierto, desprotegido dentro de un ecosistema cruel donde los débiles pueden sucumbir bajo las garras de otros predadores desesperados por mantener su posición privilegiada en una venerada y estricta pirámide social. Generalmente, lo que desde dentro se percibe como una guerra sin cuartel, desde fuera, y especialmente con el tiempo, no deja de parecer en realidad un episodio bastante cómico, dentro del recuerdo de las dificultades superadas con mayor o menor dignidad.

Por desgracia, tal y como funciona la sociedad, la gente con sensibilidad –emocional o artística- suele sufrir una dificultad añadida para su integración en la masa humana, un animal agresivo y temeroso de las divergencias como signo de inseguridad propia. Una de las declaraciones recurrentes de las estrellas del cine suele referirse a su antigua marginalidad en el instituto. El patito feo que se ha convertido en cisne.

Pero el cine no solo sirve para reparar la autoestima de estas víctimas a este lado de la realidad. Es agradecido imaginar que tipos otrora ‘inadaptados’ son capaces de sanar sus heridas empleando como munición esta denostada creatividad, precisamente. La rebelión de los marginales adolescentes contra el entorno hostil que les acosa, ridiculiza y priva de sueños –la valoración pública, la conquista del pibón que merece toda persona- es uno de los grandes temas de la comedia adolescente o de instituto, levantada en armas en el cambio entre los años setenta y ochenta con iconos como Los incorregibles albóndigas, Porky’s o La revancha de los novatos, y renovada en la actualidad por gloriosos ejemplos como Supersalidos. Su influencia, por supuesto, se extiende por cada país de Occidente, como muestra la francesa Les beaux gosses.

            También producción gala, El novato ofrece una nueva revisión del tema y, pese estar firmemente apegada a los arquetipos del género –la chica deseada, el enemigo abusón, el amigo genuinamente friki, el consejero adulto aunque todavía más inmaduro,…-, así como a sus líneas argumentales tradicionales, el filme consigue reivindicarse con frescura debido a la autenticidad de la mayoría de sus personajes y a su agraciado sentido del humor.

Su ambientación es no obstante más joven y menos hipersexualizada que la de estos citados precedentes en los que, habitualmente, la conquista social quedaba encadenada a la conquista venérea. Quizás por ello el espectador puede sentirse identificado con mayor amabilidad y acaso precisión en las desventuras de este pobre chaval recién llegado desde Le Havre a un instituto de París, narradas con elegancia y simpatía, con liviandad pero esquivando la innecesaria hipérbole cómica o dramática.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 6,5.

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