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Nausicaä del Valle del Viento

3 Jun

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Año: 1984.

Director: Hayao Miyazaki.

Reparto (V.O.): Sumi Shimamoto, Yōji Matsuda, Goro Naya, Yoshiko Sakakibara, Ichirō Nagai, Hisako Kyōda, Iemasa Kayumi.

Tráiler

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         Nausicaä del Valle del Viento es una semilla de vida, y no solamente por su compromiso con la naturaleza y el respeto a todas las criaturas que la componen. Nausicaä del Valle del Viento es el germen del que nacería el Studio Ghibli, la casa de uno de los universos más fascinantes, emotivos e inspiradores de todo el séptimo arte, oficialmente inaugurado dos años después con El castillo en el cielo.

         En Nausicaä del Valle del Viento, Hayao Miyazaki insufla movimiento a una creación que llevaba un par de años alumbrando en forma de viñetas y hacia la que sentía una poderosa identificación personal. De hecho, su argumento consolida las líneas maestras de su cosmovisión, liderada por héroes -y en especial heroinas, como aquí- que vuelcan toda la fuerza de su idealismo y su innata conexión con todas las manifestaciones de la vida para redimir un mundo, una humanidad, que, abandonado a sus instintos más bajos, ha perdido el norte siguiendo ambiciones engañosas, espurias, predatorias.

         Ambientada en un futuro lejano, en el que el apocalipsis de la civilización industrial ha reducido la Tierra a polvo y veneno, Nausicaä del Valle del Viento establece un conflicto dual entre unos grupos con concepciones filosóficas opuestas: la coexistencia pacífica y respetuosa con el medio -una comunidad que arraiga en prácticas ancestrales y creencias animistas- o su sometimiento a su voluntad con puño de hierro -una reindustrialización y militarismo que corren de nuevo hacia el abismo-.

A pesar de su alineación con los primeros, encabezados por la princesa Nausicaä, Miyazaki tampoco establece un maniqueismo estricto, dotando de motivaciones y relieve a sus antagonistas, lo que permite que el mensaje y las capacidades conmovedoras de la historia se redondeen -un aspecto que terminará de perfeccionar en La princesa Mononoke, que comparte espíritu con esta-. La complejidad, con todo, se encontrará más desarrollada en el manga -donde el espacio, obviamente, también es mayor, ya que constará de siete volúmenes que se cerrarán en 1994, cuestión por la que también se ha planteado alguna vez la posibilidad de que se produjeran continuaciones en el cine-.

Esta personalidad se imprime igualmente en otros actores capitales en el relato: los insectos, últimos baluartes de los seres vivientes. Estos animales alcanzan un simbolismo de trazas espirituales, de igual manera que el viento se manifiesta prácticamente como un elemento divino, benéfico. Este, además, le sirve al autor japonés para dejar volar su fascinación por la ingeniería aeronáutica, que transita desde las formas orgánicas y suaves de las naves de los habitantes del Valle del Viento hasta los mamotretos blindados que pilotan los belicosos hombres de Tormekia, dotados incluso con detalles que guiñan a los modelos de la Luftwaffe de la Alemania nazi y están comandados por una mujer que es prácticamente un ciborg.

         La plasticidad del dibujo, la naturalidad y fluidez que muestra desde sus trazos limpios y sencillos, bien podría considerarse una expresión de esta esencia nuclear de Nausicaä del Valle del Viento, cuyo aire de cuento está empapado de sabor aventurero, de sentimientos intensos, de sentido de la humanidad.

         Sin conocimiento Miyazaki, Nausicaä del Valle del Viento sería tristemente mutilada, deformada e infantilizada para su distribución en Occidente, bajo el título de Guerreros del viento. Disney, que posteriormente había adquirido sus derechos, relanzaría en 2005 su versión original.

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Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 7,5.

Trinta lumes

29 Abr

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Año: 2017.

Directora: Diana Toucedo.

Reparto: Alba Arias, Samuel Vilariño, Tegra Romeo, Paula Fuentes, Amanda Arza.

Tráiler

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          Eduardo Pondal clamaba por los bardos de la nación celta para que vinieran a rescatar a Galicia de sus siglos oscuros y regresarla a un pasado de grandeza, explica la profesora sobre el poeta del Rexurdimento, clave en un periodo donde, al calor del romanticismo y nacionalismo, se va labrando la imagen mítica del país, al reclamo de un folclore y una identidad que tratan de arraigar en una construcción de tiempos mágicos, paganos, donde los espíritus de la tierra conviven con los hombres que la moran.

Algo de esta ensoñación -o mejor dicho, de la agonía de esta ensoñación- hay en Trinta lumes, donde la imaginativa mirada de una adolescente conduce en buena medida el relato. Y desde este sentimiento de estertor se retrata asimismo un rural en ruinas, que se marchita en el abandono, arrebatada la sangre joven que ha de renovarlo. No son sensaciones muy distantes a las que, en parte, se manifestarán asimismo en la exitosa O que arde. La contemplación de la naturaleza y sus fenómenos -la montaña, la lluvia, la niebla- es semejante en ambas, enclavadas como están en los montes del interior lucense, en el Caurel y los Ancares, respectivamente.

          En este sentido, a través de la realización de Diana Toucedo, Trinta lumes parece deslizarse por tres planos de la realidad. Está el plano cotidiano, capturado con una estética documental que exalta su naturalismo, al igual que ocurre con el patente amateurismo de las interpretaciones. En cambio, la naturaleza aparece portentosa y sublime, con las imponentes montañas y las hermosas fragas. La cámara ensalza el lirismo de los elementos para encontrar en ellos una vena fronteriza con lo fantástico y lo sobrenatural. Pero es en una tercera dimensión donde brota ese plano fabuloso, ese mundo de espíritus oculto y ancestral cuya presencia se revela por medio de efectos visuales y de sonido. En cierta escena, la protagonista parece acceder a ellos casi como Alicia en el país de las maravillas, atravesando una puerta ignota en una casa olvidada.

          Toucedo demuestra una notable sensibilidad expresiva para invocar estos tres planos como parte de un todo, igualando el escaldado de una gallina y el culto a los difuntos con los espíritus lares que habitan el corazón del hogar, de la aldea, del bosque. Todos ellos, arrinconados, si no condenados sin remedio, en el mundo contemporáneo. Lo etéreo y eterno junto a lo carnal y lo temporal. Las estaciones que pasan acariciando los montes y las manos de la anciana que tejen recuerdos mientras ve Land Rober en la TVG.

De hecho, semejaba innecesario -o exagerado- invocar de palabra ese deseo de un bardo que recupere la voz de un pueblo. Hasta chirría esa especie de materialización del misterio -de la desaparición también- con la historia que se enrosca en sí misma: la de la chica perdida que acontece mientras, embelesado por la hipnosis atávica del fuego, el chico narra la leyenda de la chica perdida. Con el mal sueño que, a la vez, puede contener todo ello.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 7,5.

La princesa Mononoke

6 Abr

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Año: 1997.

Director: Hayao Miyazaki.

Reparto (V.O.): Yōji Matsuda, Yuriko Ishida, Yūko Tanaka, Kaoru Kobayashi, Akihiro Miwa, Hisaya Morishige, Sumi Shimamoto, Tsunehiko Kamijō, Masahiko Nishimura.

Tráiler

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         Hay un monstruo que amenaza el mundo. Arrasa con toda vida a su paso, y el odio es el arma que le confiere un poder insaciable. Hayao Miyazaki habla de un universo maldito donde campa la muerte y la depredación -y aun así en el que anhelamos vivir-; de un diablo que todos portamos en el interior. El viaje del héroe se dirige a confrontar ese demonio interno, a tratar de redimir ese mundo donde no hay espacio para el entendimiento, para el respeto. La princesa Mononoke es una fábula que aparentemente surge de trazos sencillos, tan limpios como el dibujo del estudio Ghibli, pero que se adentra con profundidad, sinceridad y emoción en una aventura hacia la conciencia, hacia la comprensión, hacia la humanidad, hacia la armonía con la naturaleza.

         La princesa Mononoke no esquiva la violencia del conflicto que se plantea. Esta puede ser extremadamente gráfica e impactante, con miembros cercenados, decapitaciones y batallas que no hacen prisioneros. Pero es también una obra que explora las múltiples contradicciones de un ser humano que posee numerosos rostros: la chica que, como el Mowgli de Rudyard Kipling, podría establecer el último eslabón entre ambos mundos; el príncipe que se abre paso tratando de limpiar y expandir su mirada; la lideresa que dirige una civilización fabril que es polución y voracidad pero que, al mismo tiempo, procura protección, dignidad y progreso a los marginados; los cínicos que satisfacen sus anhelos materiales sin importarles la moralidad de sus actos, la sociedad guerrera que simplemente se enseñorea de todo lo que le place…

         Son numerosas las piezas desplegadas en este tablero donde la magia y lo mitológico ocupan aún -aunque ya con un irreparable sentimiento de agonía- un espacio esencial, como símbolos ciertos que revelan el significado de las cosas a unas criaturas cada vez más ciegas y más sordas, como presas de una maldición que se mide en egoísmo, gula y, consecuentemente, destrucción. Son personajes fuertes, carismáticos, que nos arrastran con ellos para vivir una historia en la que Miyazaki engarza su mensaje ecologista con un apasionante sentido de la aventura. La princesa Mononoke es un viaje fascinante, sensible y conmovedor.

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Nota IMDB: 8,4.

Nota FilmAffinity: 8.

Nota del blog: 9.

Vida oculta

10 Feb

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Año: 2019.

Director: Terrence Malick.

Reparto: August Diehl, Valerie Pachner, Maria Simon, Karin Neuhäuser, Johannes Krisch, Karl Markovics, Tobias Moretti, Franz Rogowski, Matthias Schoenaerts, Bruno Ganz, Ulrich Matthes, Michael Nyqvist, Martin Wuttke.

Tráiler

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         En La delgada linea roja, el soldado Witt, el desertor renacido a la humanidad que es devuelto a rastras al frente bélico, consigue ejercer una militante objeción de conciencia en medio de la barbarie, aun a coste de su vida. El conflicto que se le plantea al Franz Jägerstätter de Vida oculta, campesino austríaco que se niega a jurar fidelidad a Adolf Hitler y a asesinar al prójimo en defensa de su causa, se mueve en similares términos morales. De hecho, hay una estrecha similitud en la llegada de un destructor estadounidense a la isla melanesia donde se refugia Witt con el sonido de los motores de avión que invaden el bucólico valle alpino donde Jägerstätter trabaja la tierra y saca adelante a su familia junto a Fani, su mujer. Es, de nuevo, la civilización torcida que contamina el paraíso ancestral; la corrupción del buen salvaje, como se describía igualmente en El nuevo mundo con los indios algonquinos que afrontan la violenta llegada del colono europeo.

         El dilema de Vida oculta se plantea a la vez como un acto de resistencia de la dignidad humana y como una prueba de fe, análoga a la que se enfrentaba la familia de cuáqueros de La gran prueba, cuyas pacifistas convicciones religiosas quedaban confrontadas por el conflicto fratricida y sin cuartel de la Guerra de secesión. A través del martirio de un hombre justo, Terrence Malick traza múltiples paralelismos entre Jägerstätter y Jesús, entre otras lecturas cristianas, lo que también le sirve para interpelar directamente al espectador -ubicado en un presente crispado en el que rebrotan las ideologías del odio-, por boca de otro artista, un pintor que reflexiona acerca de su limitación para reproducir experiencias y ejemplos no vividos en carne propia y, además, del restringido poder de unas creaciones que son capaces de despertar simpatía y convocar admiradores, pero no verdaderos seguidores de las enseñanzas morales que residen en ellas.

         En este marco se desarrolla el sacrificio decidido -y un tanto reiterativo desde un libreto que empuja el metraje hacia las innecesarias tres horas- de Jägerstätter, tentado como Cristo en el desierto por las múltiples voces que polemizan con él, así como la crisis espiritual que, en cambio, sufre su esposa, atormentada por el silencio de Dios. Frente al pozo seco en el que se adentra ella, la visión del hombre parece reflejar esta presencia, el misterio, en las aguas que fluyen eternas, en la primavera que reverdece aun a pesar del horror en el que se ha enzarzado el ser humano; con la naturaleza como expresión inagotable e inabarcable del milagro de la vida como otro elemento estético y argumental recurrente en la obra del cineasta texano.

Así, Malick despliega su talento para capturar la sobrecogedora belleza del paisaje, en la que se incluye su sensibilidad para mostrar la ternura y la intimidad cotidiana de una existencia plena, con vínculos que arraigan en el otro y en la misma tierra, pues las conclusiones derivan el discurso hacia un amor absoluto, inmarcesible y vencedor. También es cierto que sus movimientos de cámara parecen mas impetuosos que en anteriores ocasiones, una relativa agresividad que a veces delata demasiado el aparato técnico, plastificando y por tanto restando emoción al relato.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7.

Voyage of Time: Life’s Journey

9 Nov

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Año: 2016.

Director: Terrence Malick.

Tráiler

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           En El árbol de la vida, Terrence Malick entregaba una asombrosa sinfonía de la creación que terminaba por constituir uno de los pasajes para el recuerdo no solo de la película, sino de toda su filmografía. El segmento no era fortuito: es una pieza desgajada de un proyecto en el que el cineasta texano llevaba trabajando décadas, desde sus comienzos en el séptimo arte, capturando fotogramas significativos, investigando al amparo de prestigiosos científicos, interrogándose sobre las relaciones entre el ser humano y la naturaleza, sobre el porqué de la vida y de la muerte, sobre las fuerzas que gobiernan el cosmos. Las preguntas que arden en su cine, hasta el punto de brotar literalmente a partir de hitos como La delgada línea roja.

Voyage of Time: Life’s Journey es, quizás, la culminación de este proceso artístico y personal. Un poema visual y existencialista desde el que Malick busca e incluso contempla la maravilla. Y es un poema este que parte desde el cuestionamiento, desde una sensación de orfandad y decadencia que, paulatinamente, parece irse llenando en un recorrido que conduce al amor. Al amor por la vida, al amor por el prójimo.

           Para ello, Malick camina y habla a través de la imagen y la música, de cuya combinación infiere respuestas, expresa emociones -la inquietud, la violencia, la conexión, el afecto…-. Werner Herzog, otro explorador infatigable, exponía en La cueva de los sueños olvidados que el arte es la herramienta con la que el ser humano se define y trata de indagar en su relación con todo aquello que lo rodea, lo cotidiano y lo trascendente, lo material y lo sublime. A partir de esta belleza, e interpelando a una personificación con ecos pandeístas, persigue el retrato de una madre de infinitos rostros; amante, indiferente, terrible. En cierta manera, la progenitora que interpretaba Jessica Chastain en El árbol de la vida ya mostraba determinados sesgos alegóricos que apuntaban en dirección a esa Gaia conceptual.

           En Voyage of Time: Life’s Journey hay una confrontación formal entre las imágenes asentadas y de rotunda plasticidad con las que se manifiesta el cosmos y de la vida, eternos y sobrecogedores, frente a otras urgentes, digitales e imperfectas que muestran la dimensión humana, mudable y efímera. Pero, en una simbólica maniobra, Malick acaba integrando ambas corrientes, haciendo partícipe al ser humano de ese ciclo infinito, explosivo, prodigioso. Una nota principal -por consciente, por compleja- en una fascinante sinfonía.

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Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: 5,9.

Nota del blog: 8.

Caza salvaje

13 Sep

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Año: 1981.

Director: Peter Hunt.

Reparto: Charles Bronson, Lee Marvin, Andrew Stevens, Carl Wathers, Angie Dickinson, Ed Lauter, August Schellenberg, Maury Chaykin, Scott Hylands, Amy Marie George.

Tráiler

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         Un año antes de que John Rambo regresara del Vietnam para verse convertido en una alimaña a la que acorralar, el trampero Albert Johnson ya demostraba en las inexpugnables montañas del Yukon canadiense que estaba entrenado para ignorar el dolor, las condiciones climatológicas, vivir de lo que da la tierra, comer cosas que harían vomitar a una cabra y, por supuesto, matar o morir. No por nada portará el rostro de un legendario tipo duro como Charles Bronson, imprescindible para escapar del hostigamiento del sargento de la Policía Montada Edgar Millen, que rivaliza con él en virilidad desde las curtidas facciones de Lee Marvin.

         Caza salvaje es un relato que se inspira -muy libremente, transformando la naturaleza de los personajes a su antojo- en la considerada como la mayor caza al hombre del país norteamericano, que es la que, en la década de los años treinta del siglo pasado, trató de cercar y cobrarse, perros, rifles y dinamita mediante, la cabeza del conocido como ‘El trampero loco de Rat River’.

Para narrar esta persecución feroz se había contratado a un experto en plasmar la violencia, Robert Aldrich, que ya había comandado a Bronson y Marvin en Doce del patíbulo. No obstante, terminaría renunciando a dirigir el filme por desacuerdos de producción. Lo reemplazará Peter Hunt, curtido en la edición y la realización al servicio del agente 007. Curiosamente, la carestía del proyecto se evidenciará en factores como los tosquísimos cortes del montaje, que llegan incluso a afectar al natural desarrollo de la historia.

         Al menos, esta rudeza formal concuerda con la noción de irracionalidad que preside una cacería enloquecida hasta el delirio, en la que rechina por tanto el papel del veterano Marvin y de su joven e inocente ayudante al lado de la turbamulta de garrulos y degenerados que pueblan este territorio al margen de las leyes de la civilización.

El argumento, mínimo en el fondo, avanza adusto y rocoso, con olor de testosterona revenida y con una banda sonora que hasta incorpora un crispante sonido de cuchillos amolándose. Encajonado en un decorado natural tan portentoso como hostil, el escenario es igualmente áspero y descreído -un perro moribundo es el desencadenante de la sinrazón irrefrenable; la mitad de los desdichados que buscan sus sueños en la última frontera perecen congelados, como avisa el tendero-.

         Dentro de la acción, y a través del desarrollo de personajes -a pesar de que deja descolgada como mujer florero nada menos que a Angie Dickinson y de que prestar más atención al sargento que al trampero, simple forastero westerniano-, Caza salvaje también intenta infiltrar detalles de crepuscularidad que hermanan a perseguidor y perseguido, identificados como caracteres en peligro de extinción. De ahí las similitudes que se pueden trazar -por supuesto con un lirismo mucho menor- con Los valientes andan solos, incluida la persecución aérea como signo aciago de un futuro sin honor ni humanidad.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 6,5.

En busca del fuego

13 May

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Año: 1981.

Director: Jean-Jacques Annaud.

Reparto: Everett McGill, Rae Dawn Chong, Ron Perlman, Nicholas Kadi.

Tráiler

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         Es complicado encontrar un sentido dramático completo a las vivencias del ser humano antes de la invención de la escritura, que es la encargada de transmitir la dimensión espiritual, psicológica y emocional de unos individuos de los que nos separan centurias e incluso milenios de distancia. Quizás sea esta lejanía la que, tradicionalmente, ha convertido la prehistoria en un campo abonado para apenas espectáculos elementales que explotan una fantasía entendida desde las convenciones tópicas. Aun con su concepción desacreditada científicamente y por tanto igualmente fabulosa, En busca del fuego quizás sea la producción más madura ambientada en este vastísimo periodo. Le seguiría en esta línea otra adaptación literaria, la de la popular El clan del oso cavernario, y recientemente hay otras, como Alpha u Ötzi, el hombre de hielo, que podrían sumarse en cierta manera a su herencia.

         En busca del fuego desarrolla su relato a partir de la expedición de tres trogloditas en pos de una llama con la que reavivar el fuego comunal de la tribu, destruido por el bárbaro ataque de otros homínidos más atrasados. El filme adapta una novela de comienzos del siglo XX, como decíamos con su visión hoy en día muy desfasada del Paleolítico y del linaje homínido en general, tanto en su disposición cronológica como en sus costumbres probables. Sin embargo, hay una cierta pretensión de verosimilitud en la mímica de los distintos personajes, así como en el desarrollo del lenguaje de las tribus -que corre a cargo del literato Anthony Burgess, que ya se había inventado un idioma, el nadsat, en su más célebre novela, La naranja mecánica-.

En cualquier caso, Jean-Jacques Annaud -un cineasta frecuentemente interesado por la relación entre el hombre y la naturaleza- emplea esta base de aventura, narrada de forma realmente entretenida, para indagar en la esencia del ser humano. En busca del fuego habla así, de manera concentrada y sencilla pero suficientemente expresiva, del descubrimiento de la curiosidad, de la risa, de la fidelidad, del entendimiento, del amor. La verdadera luz en medio de la terrible oscuridad. El futuro. Además logra dotar de personalidad propia a los protagonistas para elevarlos por encima del monigote y que gocen de carisma y capacidad de generar empatía.

         “El impacto del filme de Jean-Jacques Annaud fue tremendo. Hizo más por la difusión de la prehistoria, del conocimiento de sapiens y neandertales, que muchos tratados”, aseguraba Eudald Carbonell, vicepresidente de la Fundación Atapuerca y uno de los directores de las investigaciones en el yacimiento burgalés.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7.

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