Tag Archives: Naturaleza

En busca del fuego

13 May

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Año: 1981.

Director: Jean-Jacques Annaud.

Reparto: Everett McGill, Rae Dawn Chong, Ron Perlman, Nicholas Kadi.

Tráiler

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         Es complicado encontrar un sentido dramático completo a las vivencias del ser humano antes de la invención de la escritura, que es la encargada de transmitir la dimensión espiritual, psicológica y emocional de unos individuos de los que nos separan centurias e incluso milenios de distancia. Quizás sea esta lejanía la que, tradicionalmente, ha convertido la prehistoria en un campo abonado para apenas espectáculos elementales que explotan una fantasía entendida desde las convenciones tópicas. Aun con su concepción desacreditada científicamente y por tanto igualmente fabulosa, En busca del fuego quizás sea la producción más madura ambientada en este vastísimo periodo. Le seguiría en esta línea otra adaptación literaria, la de la popular El clan del oso cavernario, y recientemente hay otras, como Alpha u Ötzi, el hombre de hielo, que podrían sumarse en cierta manera a su herencia.

         En busca del fuego desarrolla su relato a partir de la expedición de tres trogloditas en pos de una llama con la que reavivar el fuego comunal de la tribu, destruido por el bárbaro ataque de otros homínidos más atrasados. El filme adapta una novela de comienzos del siglo XX, como decíamos con su visión hoy en día muy desfasada del Paleolítico y del linaje homínido en general, tanto en su disposición cronológica como en sus costumbres probables. Sin embargo, hay una cierta pretensión de verosimilitud en la mímica de los distintos personajes, así como en el desarrollo del lenguaje de las tribus -que corre a cargo del literato Anthony Burgess, que ya se había inventado un idioma, el nadsat, en su más célebre novela, La naranja mecánica-.

En cualquier caso, Jean-Jacques Annaud -un cineasta frecuentemente interesado por la relación entre el hombre y la naturaleza- emplea esta base de aventura, narrada de forma realmente entretenida, para indagar en la esencia del ser humano. En busca del fuego habla así, de manera concentrada y sencilla pero suficientemente expresiva, del descubrimiento de la curiosidad, de la risa, de la fidelidad, del entendimiento, del amor. La verdadera luz en medio de la terrible oscuridad. El futuro. Además logra dotar de personalidad propia a los protagonistas para elevarlos por encima del monigote y que gocen de carisma y capacidad de generar empatía.

         “El impacto del filme de Jean-Jacques Annaud fue tremendo. Hizo más por la difusión de la prehistoria, del conocimiento de sapiens y neandertales, que muchos tratados”, aseguraba Eudald Carbonell, vicepresidente de la Fundación Atapuerca y uno de los directores de las investigaciones en el yacimiento burgalés.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7.

La selva esmeralda

1 Mar

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Año: 1985.

Director: John Boorman.

Reparto: Charley Boorman, Powers Boothe, Meg Foster, Ruy Polanah, Dira Paes, Paulo Vinicius, Claudio Moreno, Eduardo Conde, Gracindo Júnior.

Tráiler

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          En uno de sus filmes más célebres, Defensa, el británico John Boorman enfrentaba al soberbio urbanita, que en su orgullo cree gobernar incluso la naturaleza indómita, contra su verdadero miedo y desprecio hacia el entorno rural y agreste, enclavado este en los montes Apalaches. El hombre occidental, por mucho que dicte su orgullo, se revelaba aún terroríficamente vulnerable ante la inmensidad de lo salvaje.

Este antagonismo es todavía más evidente en La selva esmeralda, una película de discurso ecologista -incluida nota de advertencia final- y humanístico en el que esta rivalidad encuentra un mediadorpara simbolizar las posibilidades de reconciliación de ambos mundos: un niño raptado, criado y asimilado por una tribu del Amazonas. Esto es, una premisa similar a la de El libro de la selva con Mowgli, también semejante a otros westerns de rostros pálidos que, acogidos por el indio, redescubren la esencia, el sabor y la verdad de la vida, como Yuma, Bailando con lobos, El último samurái o Avatar. Porque, pese a la presencia del padre desesperado por la pérdida, el punto de vista de este no es tan dominante como para constituir una revisión concienciada del tío Ethan de Centauros del desierto.

          La honestidad del posicionamiento de Boorman y su guionista, Rospo Pallenberg, se plasma en un factor inusual, como es el rodaje mayoritario no en inglés, a pesar de los actores, sino en el lenguaje de los indígenas. Este factor otorga cierta legitimidad a su acercamiento a las costumbres del buen salvaje que encuentra en los Hombres Invisibles, a quienes retrata con la misma admiración antropológica con la que captura la selva poderosa, maternal y terrible. Aunque también caben matices en la idealización de los pueblos libres a espaldas de la sociedad urbana, dado el carácter de los Hombres Feroces, que no obstante tienen querencia por establecer tratos con el invasor.

Todos ellos aparecen amenazados de muerte por la ingeniería del hombre presuntamente civilizado, que huérfano de ella ni siquiera es capaz de penetrar diez metros en la espesura, tal y como demuestra la escena de la desaparición, con la diferencia entre los movimientos de unos y de otros; en la incapacidad literal del padre para ver -al contrario que la mirada pura del niño- o en la ofuscación de su racionalidad, que le hace confundir la vida -el oxígeno- con la muerte -la putrefacción-.

          El planteamiento se desarrolla con tintes de fábula, lo que da cabida a introducir pinceladas fantásticas y sobre todo mágicas y místicas, así como a que el relato se incline en buena medida a un maniqueísmo naif, que igualmente resta crispación y entidad al drama de los progenitores en favor del canto al paraíso a punto de perderse, a la espiritualidad ancestral que agoniza, a la destrucción irremisible de una perspectiva diferente de entender la existencia -donde su sentida declaración no está sin embargo exenta de algún tópico exotista-. Esta ingenuidad conceptual se constatará especialmente en la resolución del conflicto.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 6,5.

El libro de la selva

18 Feb

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Año: 1942.

Director: Zoltan Korda.

Reparto: Sabu, Joseph Calleia, Patricia O’Rourke, Rosemary De Camp, John Qualen, Frank Puglia, Ralph Byrd, Faith Brook.

Filme

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          Los hermanos Zoltan, Alexander y Vincent Korda -realizador, productor y director artístico, respectivamente- serían los primeros en llevar a la gran pantalla los relatos de El libro de la selva, una de las obras más populares del bardo de la India colonial británica, Rudyard Kipling

Fascinado por las evocaciones fabulosas del África y la Asia remota, recurrentes en su filmografía, Zoltan Korda y sus hermanos llevarían a cabo el proyecto en Hollywood, a donde habían llegado huyendo de los bombardeos nazis del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial y donde habían completado ya otro clásico de aventuras exóticas y mitológicas, El ladrón de Bagdad, y el drama de época Lady HamiltonA instancias de Alexander, avezado y excéntrico productor, el filme se convertirá en un sueño fabuloso, donde la exuberancia de la selva oriental estalla en los intensos cromatismos del technicolor para dar cobijo a una espesura maravillosa y embriagadora, poblada de animales y fieras extraordinarios, y que hace empequeñecer el orgullo de los humanos que osan morar o adentrarse en sus misterios.

En este sentido, el texto sobre el que se construye el filme no es fiel al escrito de Kypling, pero sí al espíritu que de él emana, crítico con las voraces apetencias de la autodenominada civilización y devoto del poder sagrado, eterno, de la naturaleza, a la que reverencia con devoción. Las ruinas de Ozymandias devoradas por las higueras indómitas.

          El libro de la selva es una aventura que no especula. Está filmada desde la ingenuidad de la fábula -donde por tanto tienen cabida las arcaicas caracterizaciones embetunadas y los evidentes aunque bellos decorados pintados-, la cual en realidad es una engañosa máscara bajo la cual infiltrar dilemas trágicos y terrores abisales.

Dentro de su pasión narrativa, propia del cuentacuentos que ejerce como maestro de ceremonias de la función, la película vierte sobre la belleza deslumbrante de la jungla la dualidad humana, su combate entre su tendencia creadora y destructiva, entre su cainismo y su solidaridad con el prójimo, entre su rostro salvaje y su rostro racional; intermediadas todas ellas por una criatura entre dos mundos: Mowgli -a quien pone rostro jovial y habilidades circenses Sabu, al que los Korda habían conocido en Sabu – Toomai, el de los elefantes, otro viaje a Kypling, y a quien habían vuelto a emplear en las aventuras de Revuelta en la India y El ladrón de Bagdad-. Una dualidad siempre en conflicto, incluso en guerra abierta.

          Hay, pues, una noción trascendente en los fotogramas de El libro de la selva, en los que se cita a Juan el Bautista y a Buda y que están impregnados de un poderoso hálito animista, panteista, pagano. Un misticismo antiguo, perdido, que se ha de recuperar para orientar el curso de una humanidad enzarzada en la destrucción por su propia mano. Los animales que se comunican con el buen salvaje, que admiten y tutelan a los inocentes de corazón puro y que destierran o aniquilan a aquellos arrogantes que pretenden expoliarla saltándose sus atávicas, universales e inmarcesibles leyes morales. La virtud primigenia, el pecado original. El edén sublime donde todo es posible de nuevo, mas de nuevo frágil a la iniquidad.

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Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 5,9.

Nota del blog: 8.

Madre!

2 Oct

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Año: 2017.

Director: Darren Aronofsky.

Reparto: Jennifer Lawrence, Javier Bardem, Ed Harris, Michelle Pfeiffer, Domhnall Gleeson, Brian Gleeson, Jovan Adepo, Kristen Wiig, Stephen McHattie.

Tráiler

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           Veo a Darren Aronofsky recorriendo arriba y abajo la Quinta Avenida, en pelota picada y con una pancarta de cartón que reza “El Apocalipsis va a llegar”. Y esto sucede porque el director habrá comprobado, trémulo de sorpresa e indignación, que muchos de los espectadores de Noé no escarmentaron y no se convirtieron al veganismo sostenible. Pero aun así, Aronofky, iluminado, concede al género humano una segunda oportunidad de enmendar su impía iniquidad y les entrega Madre!, una relectura personal de la Biblia que, además, conecta con los desmanes que actualmente asolan el mundo para lanzar un alarido admonitorio acerca del desastre que se nos viene encima a nosotros, pecadores irredentos.

           En Madre! se plantea una confrontación eterna y sin cuartel entre las fuerzas benefactoras/creadoras y las fuerzas maléficas/destructoras del cosmos. La lucha de la fecundidad, la inspiración y la vida, en definitiva, contra la enfermedad, la esterilidad y la muerte. En su relato hay un Dios demiurgo que crea a través de la palabra, un Adán y una Eva que invaden el Edén y transgreden sus prohibiciones, un Abel, un Caín, masas de idólatras inmorales que merecen un buen diluvio… y, como contrapunto de distinción, una deidad femenina; una Gaia poderosa, generosa, sensual y amantísima que engendra la vida física, que regenera la desolación e intenta contrarrestar abnegada el desastre a la que le abocan.

Aronofsky subraya su composición alegórica empleando, entre codazos de prevención, un amplio muestrario de retórica y simbología judeocristiana, a lo que se suman alusiones a plagas contemporáneas como la depredación irresponsable de recursos, la sobrepoblación, el calentamiento global, la hecatombe ecológica, la colonización o aniquilación del prójimo…

También, de soslayo, habla del proceso de creación artística, que al fin y al cabo es otra forma de generar vida, aunque sea en un plano alternativo a la realidad.

           La fábula se sostiene, pasando por ingenua, mientras la narración mantiene un perfil relativamente contenido de cine de terror psicológico y claustrofóbico, gracias a que el realizador neoyorkino es hábil transmitiendo la incredulidad, la incomodidad, el agobio y la sensación de inminente e incesante amenaza que padece la protagonista. Luego, de improviso, pierde los estribos y se entrega a un delirio que uno no sabe si es divertido o enervante por su apoteósico desenfreno. Lo que queda claro es que la metáfora se hace ya sonrojante. Pero el cineasta tampoco parece temer tal consideración, lo que no deja de ser valiente.

           Sea como fuere, advertidos quedan, dice Aronofsky. Que no tenga que haber un tercer aviso.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 4.

La tortuga roja

17 Ene

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Año: 2016.

Director: Michael Dudok de Wit.

Tráiler

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          Las creaciones del estudio Ghibli entroncan con sentimientos universales, independientemente de que en sus imágenes perviva un evidente sustrato nipón en su cosmovisión y su mitología, si bien amalgamado en algunas ocasiones con imaginarios procedentes de otros lugares y otros tiempos.

Una concepción universal, pues, que en La tortuga roja se materializa por primera vez en la producción, ya que el guion del holandés Michael Dudok de Wit, director de cuatro cortometrajes previos -entre ellos Padre e hija, con el que conquistó la atención de la legendaria productora- quedó bajo la supervisión de Isao Takahata, cofundador de Ghibli y firmante de obras como La tumba de las luciérnagas o El cuento de la princesa Kaguya.

          En La tortuga roja se percibe una coherencia temática y estilística con la casa japonesa, derivada de la manera de retratar la comunión entre el hombre y una naturaleza sacralizada, de la entrañable ternura que producen los elementos secundarios -los cangrejos, que bien podrían equivaler a los duendes del polvo de Mi vecino Totoro y de la sencillez con la que profundiza en asuntos trascedentales como la necesidad del otro, la unión familiar y, en resumen, los ciclos de la existencia -estos quizás, por poner alguna objeción, un tanto agolpados en el metraje-. Sustanciales pilares temáticos desgranados, por otro lado, desde un estilo narrativo próximo al cuento tradicional en su convivencia de realidad y fantasía como parte de un mismo todo, de la propia existencia humana -los eventos prodigiosos, las ensoñaciones particulares, lo cotidiano y lo extraordinario, lo físico y metafísico reflejados ambos en los detalles de la animación-.

Pero además, en paralelo, aunque acorde con el espíritu artesanal del estudio, se percibe asimismo su raigambre europea en unas líneas de dibujo claras, gratas y expresivas que remiten a Hergé.

          Carente de diálogos, la película expone con extraordinario lirismo la vida de un náufrago bendecido con una mujer por las fuerzas sobrenaturales que moran la isla donde se encuentra atrapado -también bajo su ambigua y caprichosa influencia-. Es una sinfonía delicada, que destaca por la sensibilidad con la que, desde el humilde minimalismo, compone esta conmovedora aventura emocional y espiritual. Poderosamente combinada con la música para acentuar los clímax dramáticos de la función -en este sentido, cierra astutamente el filme con un contundente crescendo final-, se devuelve  la imagen la capacidad para expresar sentimientos que calan con enorme fuerza.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7,5.

Carga maldita

29 Jun

“No hay diversión posible haciendo una copia estricta o un remake de algo que ya existe.”

Joel Coen

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Carga maldita

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Carga maldita

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Año: 1977.

Director: William Friedkin.

Reparto: Roy Scheider, Bruno Cremer, Francisco Rabal, Amidou.

Tráiler

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           La codicia impregnaba con desesperación cada fotograma de El salario del miedo, inoculada también por la miseria que, a su vez, es la esencia del sistema capitalista: la hidra que contaminaba de fondo y por entero un escenario ponzoñoso y degradado, materializada en una plataforma petrolífera estadounidense en mitad de la selva latinoamericana.

El atractivo y la vigencia de esta obra, un prodigio de musculatura narrativa y de violencia discursiva, llevaría en los desencantados y hoscos años setenta a William Friedkin a realizar un remake, Carga maldita, en el que, como no podría ser de otra forma, se mantienen muchas de las constantes que porta consigo semejante argumento.

           Pero aquí, en el cambio más radical, el foco del relato gira desde esta angustiada ambición material del original francés hacia un conflicto más íntimo, existencial y acaso tradicional como es el de la redención. De ahí que el guion vuelque numerosos minutos en presentar a los cuatro desgraciados que protagonizarán un viaje suicida a lo largo de la espesura salvaje, con la muerte a lomos –un gángster que huye después de atracar a tiros la iglesia propiedad de un capo mafioso, un sicario con maneras de dandy, un terrorista palestino huido de la policía israelita tras el apresamiento y muerte de sus compañeros, y un nuevo rico que lo ha perdido todo, incluida su dignidad, en un caso de fraude a gran escala-. Además, en consecuencia, el escenario que les envuelve y fagocita será un infierno alegórico del que escapar, en cierto modo, purgando sus terribles pecados.

En esta misma línea, y a pesar del enigma que plantea la figura discordante dentro del grupo -el asesino a sueldo interpretado por Paco Rabal-, la tensión del filme procede no tanto de las relaciones entre personajes –la competencia entre parias; el choque entre la desconfianza natural y la necesidad de confianza generados por la situación extrema-, sino de la que mantendrán los individuos contra el entrono natural. Contra el envoltorio, en cierto sentido. Así, en lugar de una película de fuerte contenido psicológico como era El salario del miedo, que se abalanzaba con enorme virulencia sobre el desmoronamiento mental y moral de sus pobladores, Friedkin entrega una cinta de supervivencia fundamentada en la fuerza de la creación de atmósfera.

           De esta manera, Carga maldita se adentra incluso en el territorio del cine de terror -género en el que el realizador había sentado cátedra con El exorcista cuatro años atrás- a través del empleo de la puesta en escena en la sobrecogedora jungla tropical, la potencia perturbadora del sonido y el juego con la resistencia física de los actores –la evolución de sus rostros y su cadavérico aspecto final son explícitos acerca de esta idea-. Los camiones, pues, se convierten en alimañas aberrantes que caminan sobre el alambre en una naturaleza enajenada por el zumbido de los insectos y el rugido de las tormentas, embarcados en una misión alucinada donde la redención perseguida, o el dinero anhelado, parecen oasis intangibles.

           El filme, que sufriría un sonoro fracaso crítico y comercial -uno de los primeros pasos del declive del Nuevo Hollywood, estimulado en ambos aspectos por el hito coetáneo de La guerra de las galaxias-, arroja un notable ejercicio de dirección, que obtiene momentos de rotunda y febril hipnosis dentro de ese tránsito moral por averno sobre la Tierra, puede que un tanto irregular –el delirio de Schneider conduciendo en el bosque petrificado resulta algo más tópico-, pero sin duda contundente en su conjunto.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7.

Aguas pantanosas

27 Feb

Aguas pantanosas es uno de los seis o siete momentos cumbres de la obra de Renoir. El desconcierto se produce porque no se trata del comienzo de un cambio, sino de su fin. Y alguien dirá que a la salida de una curva el campeón pisa a fondo el acelerador para volver a correr a tumba abierta. Esto es lo que hace Renoir en un plano estético.”

Jean-Luc Godard

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Aguas pantanosas

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Aguas pantanosas

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Año: 1941.

Director: Jean Renoir.

Reparto: Dana Andrews, Walter Brennan, Anne Baxter, Walter Huston, Virginia Gilmore, Mary Howard, Ward Bond, Guinn ‘Big Boy’ Williams, John Carradine, Eugene Pallette, Russell Simpson.

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            Aunque oteara sus truenos entre las inconscientes frivolidades de los aristócratas de La regla del juego, la Segunda Guerra Mundial atraparía casi por sorpresa a Jean Renoir, que abandonaría el rodaje de Tosca para refugiarse en los Estados Unidos, siempre receptivo a acoger en su seno cinematográfico a los grandes talentos europeos en el exilio por uno u otro motivo.

            En Hollywood, la primera obra de Renoir sería Aguas pantanosas, una cinta a la que los historiadores de cine acostumbran a achacarle las dificultades que el cineasta galo sufrió en su adaptación a los industrializados modelos de producción de las ‘majors’ –la Fox en esta ocasión-, si bien su estreno cosecharía una notable popularidad en taquilla. Es significativo, en cualquier caso, que Renoir no apareciese acreditado en la redacción del guion, como había sido su costumbre de autor, firmado aquí en exclusiva por Dudley Nichols a partir de una novela de Vareen Bell. También que el productor Irving Pichel se hubiera de hacer con las riendas de la dirección en algunas escenas del rodaje, sin reflejar asimismo en los créditos.

En realidad, quizás sea precisamente el libreto uno de los puntos flacos de Aguas pantanosas, porque a pesar de presentar un conflicto con posibilidades el posterior desarrollo de los personajes, de las relaciones entre ellos y de la evolución de la narración no es excesivamente elaborado, ni sorprendente –no hay más que ver el rudimentario duelo paternofilial-.

En este sentido, la realización de Renoir, plástica incluso dentro de su presunto desconcierto o de los automatismos del recién llegado que pueda arrastrar, dueña de imágenes líricas y terribles por igual, potencia la atmósfera enrarecida que atenaza a este pueblo del sur recóndito, aislado por un impenetrable bayou que simboliza la perdición y el descalabro de la humanidad –omnipresente, imposible de eludir-. Una plasmación en imágenes que, en conclusión, consigue que el texto se afile y sea un tanto más incisivo.

            Vistos los tortuosos mimbres temáticos del drama que subyace bajo este escenario de aventura, cabe imaginar que no le vendría mal a Renoir su profundo conocimiento de las apariencias y los engaños que propicia la vida en sociedad –La regla del juego otra vez-, puesto que excita estas tinieblas ocultas bajo el bucolismo rural desnudando las miserias morales de una comunidad enfermiza –las traiciones emocionales, el egoísmo vanidoso, la maldad asilvestrada-, contrapuesta a los presuntos seres salvajes del relato –el forajido (el gran Walter Brennan), su indomable hija (la bella Anne Baxter)-, figuras de aspecto desastrado pero en armonía consigo mismos, honestos, naturales y libres –dicotomía eterna que se repetirá en la venidera El hombre del sur (El sureño)-.

Volviendo a Aguas pantanosas, son estas las dos corrientes, en definitiva, entre las que navega, con riesgo de ahogarse, el ingenuo protagonista (Dana Andrews), con la mente todavía de arcilla fresca.

            En 1952, Jean Negulesco dirigió una nueva revisión de la obra con Un grito en el pantano, con Brennan repitiendo papel.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7.

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