Tag Archives: Edad Media

Los invasores

13 Ago

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Año: 1963.

Director: Jack Cardiff.

Reparto: Richard Widmark, Sidney Poitier, Russ Tamblyn, Rosanna Schiaffino, Beba Loncar, Oskar Homolka, Clifford Evans, Edward Judd, Colin Blakely, Gordon Jackson, Lionel Jeffries.

Tráiler

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         Jack Cardiff algo sabía de la relación entre los hombres del norte y el séptimo arte, ya que había sido responsable de la fotografía de Los vikingos, de Richard Fleischer, estrenada un lustro atrás. Los invasores parece tratar de aprovechar el tirón aventurero de esta y otros blockbusters históricos como El Cid. De hecho, al igual que esta -una de las producciones de Samuel Bronston en España-, trasladará su set de rodaje al Mediterráneo, en concreto a otro de los escenarios que buscaban captar la atención del mundillo del cine, Yugoslavia. Sidney Poitier, enrolado como villano por su amigo Richard Widmark, afirmará que Belgrado fue la peor localización donde jamás trabajó.

         Realizada bajo bandera británica, Los invasores es, pues, una especie de variación de Los vikingos que, en esta ocasión, lleva los drekkars hasta las costas del Islam en pos de una legendaria campana de oro macizo de Bizancio. Su ambientación histórica no puede ser sino de novela barata, al igual que sus concesiones populares de la época -el saltimbanqui que luce sus habilidades físicas; el humor de escenas como la del harén, hoy de trasfondo siniestro-. Y, en el peor de los casos, un guion no especialmente desarrollado tira de convenciones poco rigurosas para hacer avanzar un relato que, aunque con personajes bien definidos y divertido en su ligereza, a veces muestra un ritmo algo irregular.

Pero, sea como fuere, Los invasores cuenta con una ventaja imprescinsible para la aventura: su protagonista es un fabulador redomado, más interesando en perseguir el mito, la ilusión del tesoro, que en el tesoro material en sí mismo. Es una visión existencialista que no se relaciona con la credulidad, pues Rolfe no profesa fe ni en dioses ni en maldiciones. Su personalidad se define en contraposición con los detentadores del poder que aparecen en la cinta, como son un rey que bajo su porte digno esconde un avaro despiadado y, sobre todo, un califa obsesionado con una ambición quimérica que pretende culminar a cualquier precio, por más que pueda perder todo por el camino. No por nada, es un cuento narrado por un contador de historias el que pone la función en marcha, y que, en un movimiento circular, deja su conclusión abierta a la imaginación.

         Cardiff dirige con solvencia una cinta en la que, no obstante, también deja huella de su gusto por el cromatismo en unos crepúsculos desaforados. Además, a buen seguro consultó también a otros de sus habituales socios artísticos, Michael Powell y Emeric Pressburger, para insuflar vida a la fantasía oriental donde transcurre una búsqueda del tesoro en la que, como en las buenas aventuras, el tesoro es lo de menos.

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Nota IMDB: 6,1.

Nota FilmAffinity: 5,8.

Nota del blog: 6,5.

El séptimo sello

27 Jul

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Año: 1957.

Director: Ingmar Bergman.

Reparto: Max von Sydow, Beng Ekerot, Gunnar Björnstrand, Nils Poppe, Bibi Andersson, Gunnel Lindblom, Åke Fridell, Inga Gill, Bertil Anderberg, Inga Landgré, Maud Hansson.

Tráiler

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         Es inevitable entrar en contacto con la fragilidad humana, chocar de improviso con la muerte. Es parte de la propia vida. Pero, al mismo tiempo, es el último y más terrible misterio.

Antonius Block compara su existencia con una búsqueda constante. En gran medida, sus temores son los de su autor, Ingmar Bergman. Es él quien se bate en duelo con una muerte que, en el oscuro siglo XIV, es dueña y señora de un mundo arrasado por la guerra, el hambre y la peste. Con todo, puede apreciarse una vocación coral, polifónica, en El séptimo sello. Al lado del caballero, comparten su camino otras gentes que ofrecen distintas aproximaciones al asunto: un descreído escudero cuya única y vitalista devoción parece ser una lujuria muy terrenal; una pareja de cómicos en comunicación con lo divino y lo humano; un predicador a quien el idealismo delirante le ha mutado en nihilismo despiadado; un pintor que trata de capturar la verdad.

         El blanco y negro de la fotografía es imponente, al igual que la tajante sobriedad de la puesta de escena, semejante a los de los ‘jidaigeki‘ de Akira Kurosawa, y que se traslada a unos diálogos tan contundentes como cargados de contenido. La angustiada mirada del caballero, vacío, en tortuosa crisis de fe, contrasta de hecho con las escenas protagonizadas por estos actores itinerantes y su hijo. Bendecidas por el sol, estas poseen un aspecto bucólico, esperanzado incluso. Aunque tampoco se encuentran libres de la irrupción de esa sordidez apocalíptica con la que el cineasta sueco expresa la desesperación de la humanidad al verse cara a cara con la Parca, la cual deja escenas, como la llegada de la comitiva de penitentes, sacadas de una película de terror. Pero hasta ellos pasan, mientras que el recuerdo de un cuenco de leche recién ordeñada, unas fresas recién cortadas, una grata compañía y un cálido atardecer puede guardarse para siempre. El séptimo sello recorre, con rotunda expresividad, desde lo espantoso hasta lo reconfortante, desde la desolación hasta, por qué no, cierto optimismo que se abre camino con duro esfuerzo.

         En este viaje, en esta búsqueda constante, Bergman arroja preguntas existencialistas y se interroga -como era especialmente recurrente en este periodo de su obra- acerca del silencio de Dios, clamoroso ante el horror que asola la Tierra. También sobre los caminos del arte y sobre su función respecto de estas cuestiones trascendentes. Su capacidad para adentrarse en las profundidades de lo metafísico y lo filosófico, su fuerza para despertar reflexiones. La resignación del pintor por su obligación de realizar frescos divertidos puede sonar a autojustificación, prorrogada acaso por ese pequeño aunque disonante tramo de comedia matrimonal asumida por un ignorante cornudo. No obstante, Antonius Block se aflige por la futilidad de la vida, si bien descubre a la par el valor tanto de los pequeños placeres como de las grandes acciones. Hay maneras quizás no de vencer a la muerte, pero sí de aceptarla con paz de espíritu, de danzar con ella, compañera inevitable, comprendiendo el miedo.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 8,2.

Nota del blog: 9,5.

El viaje fantástico de Simbad

7 Oct

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Año: 1973.

Director: Gordon Hessler.

Reparto: John Phillip Law, Tom Baker, Caroline Munro, Douglas Wilmer, Martin Shaw, Kurt Christian, Takis Emmanuel, David Garfield, Aldo Sambrell, Grégoire Aslan, Robert Shaw.

Tráiler

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          El destino es el leit motiv de El viaje fantástico de Simbad, un elemento sobrehumano capaz de igualar al héroe y al villano, guiados ambos por su sino trascendental pero, en cualquier caso, no exentos de poder para influir en su camino por medio de sus acciones.

Probablemente de ahí mane una de las grandes virtudes del relato: ese malvado trágico que, en una actitud digna de absoluta empatía, paga un precio de terribles sufrimientos y sacrificios personales para tratar de dar cumplimiento a sus sueños. Un anhelo que, precisamente, manifiesta el protagonista para seguir las premoniciones que se le aparecen desde una dimensión onírica.

          El de El viaje fantástico de Simbad -segunda entrega de la trilogía sobre el legendario marinero de Las mil y una noches confeccionada por Ray Harryhausen, quince años después de Simbad y la princesa– muestra a un aventurero más pícaro y arrojado, en constante búsqueda de la última frontera, de la experiencia más grandiosa posible, de la emoción y la gloria. Enfrente, queda un antagonista taciturno y oscuro, que ni siquiera se comporta de forma terrible hacia su entorno, sino que se esfuerza, se consume y pugna penosamente para alcanzar la meta final. John Phillip Law y Tom Baker, respectivamente, cumplen a la perfección con sus papeles. En especial el último, a quien su interpretación le abriría las puertas para convertirse en el cuarto Doctor Who.

          El viaje fantástico de Simbad posee un libreto posiblemente más consistente que el de su predecesora -a pesar de guiños a la época como ese jovenzuelo de pelo afro y gusto por el hachís y los instrumentos de cuerda que trata de ejercer de alivio cómico- y, de nuevo, las criaturas de Harryhausen cautivan la imaginación y maravillan, con ejemplos como esa hipnótica y terrible diosa Kali. Aunque más físico todavía es el poderoso erotismo que despierta Caroline Munro, enfundada en sus sensuales trajes de seda.

En cambio, la realización de Gordon Hessler es chapucera, cercana por momentos a un producto de televisión de escaso presupuesto, con horripilantes planos, zooms y tomas inestables. Un trabajo a punto de desmontar la sugerente fantasía oriental que, aun con todo, logra invocar la función.

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Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 7.

Simbad y la princesa

4 Oct

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Año: 1958.

Director: Nathan Juran.

Reparto: Kerwin Mathews, Kathryn Grant, Torin Thatcher, Richard Eyer, Alfred Brown, Harold Kasket.

Tráiler

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         Los monstruos se mueven en Dynamation. Sus movimientos titilantes y amenazadores, de una fisicidad imponente y terrible, escarban en la misma médula de la pesadilla, que no es precisamente un espacio realista, sino un mundo inquietante donde todo está sublimado en negativo, en el que la irrupción de elementos ilógicos revienta en mil pedazos los límites del confort que proporciona lo conocido, lo cotidiano, lo lúcido. Es una sensación que los cíclopes de Simbad y la princesa me dejaron impresa a fuego en las profundidades de la imaginación. Su furia, su violencia, su desesperación, sus bramidos.

         Con Simbad y la princesa, proyecto largamente acariciado, Ray Harryhausen, mago de los efectos especiales, ensayaba un giro esencial en su carrera al dejar atrás las aventuras de ciencia ficción para, en cambio, priorizar la recreación de leyendas y cuentos de la literatura universal. De hecho, esta será la primera entrega de sus hazañas sobre el intrépido marino de Las mil y una noches, a la que seguirán El viaje fantástico de Simbad y Simbad y el ojo de tigre -aparte de ese Simbad en Marte que quedaría por el camino-. Es, además, su exploración definitiva de las posibilidades del cromatismo sobre sus criaturas, puesto que es la primera película totalmente en color en la que participa.

         Aunque originalmente titulada El séptimo viaje de Simbad, el argumento toma elementos del tercero -el cíclope- y el quinto -el roc- para desarrollar esta lucha entre el bien y el mal que enfrenta al noble marinero frente al siniestro hechicero Sokurah y su ambición de poseer la lámpara maravillosa, que se halla en la misteriosa isla de Colosa. Es decir, un relato de mimbres clásicas e incluso ingenuas, como se percibe en algunas inconsistencias del guion, supeditado al avance dinámico de la trama, o en la construcción arquetípica del villano -¿cuál es su motivación última en realidad?-, el cual cuenta con la teatralidad a juego de Torin Thatcher.

A partir de ello, el filme desarrolla un poderoso sentido de la aventura y de la fantasía, impulsado, por supuesto, por la creatividad de Harryhausen para diseñar e insuflar vida a sus criaturas, aunque sin que la narración quede sometida por completo a su exhibición, como ocurre en algunas ocasiones. Nathan Juran -que ya había dirigido otra cinta con efectos del británico, El monstruo de otro planeta, y que repetirá de nuevo en La gran sorpresa– mantiene firme el pulso narrativo y Bernard Herrmann suma una atractiva y briosa banda sonora a un conjunto encantador.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7,5.

Sombra

3 Jun

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Año: 2018.

Director: Yang Zhimou.

Reparto: Deng Chao, Sun Li, Ryan Zheng, Guan Xiaotong, Wang Qianyuan, Wang Jingchun, Hu Jun, Lei Wu.

Tráiler

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          El wuxia contemporáneo, el que traspasa las fronteras chinas para adentrarse en las salas extranjeras, ajenas a este subgénero histórico, caballeresco y de artes marciales aun a pesar del éxito de Tigre y dragón y alguna de sus sucesivas importaciones -y del fracaso de otras, como La gran muralla-, parece ser un asunto estético. En el caso de Sombra, entre los rasgos que destacan a primera vista, ese cromatismo exhacerbado que Zhang Yimou aplicaba a Hero o La casa de las dagas voladoras queda filtrado hasta reducirse a un insondable blanco y negro. Es estética, pero también argumento.

          Al igual que Este contraveneno del Oeste, una de las primeras enseñas de esta corriente internacionalizada y de autor, Sombra es una obra que se adentra en un juego de duplicados y de contrarios: el comandante y su doble; el reino Pei y el reino Yang; las acciones a la vista y los planes ocultos; el hombre y la mujer -lo que da pie a un apunte de reivindicación feminista acorde a los tiempos, tanto en la influencia de los personajes femeninos para el triunfo como en su dimensión dramática dentro de la confluencia de entramados-… La luz y la oscuridad; el Bien y el Mal. Todos ellos, radios de una rueda donde quedan encadenados los destinos de unos personajes movidos por unas pasiones -la reivindicación del yo y el regreso al hogar; el amor imposible, la venganza enquistada, la ambición desaforada, la rebeldía irreprimible…- que conforman una amalgama inflamable preparada para estallar por los aires en un desenlace de sanguinolenta tragedia shakesperiana. El plano final condensa esa idea de hado irreparable, circular.

          El cinesta chino, que dirige y escribe la función, dispone con suma paciencia las piezas sobre el diagrama del yin y el yang que preside filosóficamente el relato. Quizás con demasiada parsimonia, ya que la dilatada introducción queda un tanto descompensada, también por una narración que no termina de ser ni demasiado limpia ni demasiado elegante, en ocasiones teatral hasta lo caricaturesco, centrada en sublimar esa atmósfera de tonalidad dual, extensible a los paneles y telas que traban el encuadre con unos motivos caligráficos que, asimismo, plasman conceptos en negro sobre blanco.

Sea como fuere, la plasticidad de los fotogramas alcanza su esplendor durante ese crescendo en el que converge todo, envuelto en la batalla, la violencia y la barbarie. Ahí, las coreografías en la lluvia entregan imágenes verdaderamente ocurrentes, de poderosa fuerza visual.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 6,5.

El guerrero nº 13

24 May

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Año: 1999.

Director: John McTiernan.

Reparto: Antonio Banderas, Dennis Storhøi, Vladimir Kulich, Omar Sharif, Maria Bonnevie, Neil Maffin, Daniel Southern, Clive Russell, Richard Bremmer, Tony Curran, Erick Avari, Asbjørn ‘Bear’ Riis, Oliver Sveinall, John DeSantis, Diane Venora, Sven Wollter, Anders T. Andersen.

Tráiler

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         Escritor y guionista, Michael Crichton debutaría en la dirección de cine con Westworld, almas de metal, una declaración de principios acerca de que la Historia podía entenderse o convertirse, literalmente, en un parque de atracciones para disfrute del visitante. En esta concepción puede encuadrarse El guerrero nº 13, adaptación a la gran pantalla de su novela Devoradores de cadáveres y en la que, finalmente, el propio Crichton tendrá que rodar algunas tomas de posproducción para tratar de remontar los pésimos resultados de los pases de prueba previos al estreno. Aun así, no se conseguiría evitar el estrepitoso fracaso en taquilla del filme.

         El argumento de El guerrero nº 13 parece una especie de revisión del mito de Beowulf al que se le pretende otorgar cierta pátina de fundamentos históricos, aunque paradójicamente desde una aproximación que es por completo fantasiosa. Este tono de festiva ficción se percibe asimismo en la ambientación de la película, como por ejemplo en las heterogéneas armaduras de ese irregular contingente de luchadores que, al igual que los siete samuráis de Akira Kurosawa, acude altruistamente a la llamada de socorro de un recóndito poblacho en peligro. En este caso, de una amenaza de tintes sobrenaturales, de horror ancestral.

         En realidad, nada de lo que ocurre en El guerrero nº 13 tiene demasiado sentido. La lógica del relato es bastante arbitraria y, más todavía, no duda en introducir alguna que otra trampa para hacerlo avanzar. Por fortuna, por aquellos tiempos no se consideraba que una obra de semejantes características -una epopeya fantástica orientada al consumo masivo- poseyera un volumen de metraje análogo a sus pretensiones épicas. La función apenas sobrepasa una correcta hora y media, lo que permite que el ritmo narrativo se mantenga engrasado y a punto. Y, otra señal de un estilo pasado, no se dejará llevar por el frenesí más de lo debido.

La realización es correcta en su mezcolanza de aventura y terror, aunque patina un tanto en esta segunda vertiente. Mientras que John McTiernan consigue insuflar ciertos patrones míticos desde el punto de vista del poeta árabe que interpreta Antonio Banderas -ese estoico e imponente jefe Biliwyf de Vladimir Kulich-, trasposición de la mirada ajena de un espectador ávido de fascinación, se desaprovecha en cambio formalmente la oportunidad de presentar a los wendol con un mayor impacto visual o de reforzar una abstracción que probablemente hubiera estimulado el sabor de su naturaleza misteriosa, como sí se aprecia al menos en planos clásicos con el uso de la niebla sobre el imponente paisaje.

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Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 5,7.

Nota del blog: 5,5.

El rey proscrito

25 Feb

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Año: 2018.

Director: David Mackenzie.

Reparto: Chris Pine, Florence Pugh, Aaron Taylor-Johnson, Billy Howle, Stephen Dillane, Tony Curran, Sam Spruell, Callan Mulvey, James Cosmo.

Tráiler

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            Caprichos de la industria, van a coincidir en apenas meses los estrenos de dos películas acerca de Robert the Bruce o, ajustándonos a la nomenclatura de la historiografía española, Roberto I de Escocia. La primera en llegar ha sido El rey proscrito, distribuida en streaming por Netflix. La segunda, en principio, portará el nombre del protagonista en el título, y este será interpretado por Angus Macfadyen, quien ya lo había encarnado en Braveheart, convertida ya a estas alturas en un clásico contemporáneo de la épica histórica. Es probable, además, que los medios la recuperen pronto para la actualidad, dado que ha llegado el turno de explotar hasta la saciedad la nostalgia noventera.

            En cierta manera, El rey proscrito sirve para mostrar la evolución que ha experimentado el género en esas dos décadas. Principalmente, en el sentido de que ya no tiene validez el tópico de la arenga enardecedora seguido de la batalla cruenta con ansia de realismo. “¿Decirles qué?”, se encoje de hombros Robert the Bruce cuando su lugarteniente le insta a pronunciar unas palabras que inspiren a sus soldados después de la derrota contra el Inglés. En la misma línea, antes de la batalla decisiva, su intervención como orador será manifiestamente limitada. No hay una llamada a los ideales, al “¡pero nunca nos quitarán la libertad!”. Del mismo modo, Chris Pine no es un protagonista dado a las exhibiciones de prestigio, sino un tipo sobrio al que caracteriza la economía gestual.

Así las cosas, el romanticismo literario ha quedado reemplazado por personajes a los que logra otorgárseles entidad humana, un realismo emocional que no quede sepultado bajo la fastuosidad de la recreación. No es que su comportamiento respete la fidelidad histórica, desde luego, y también se acude a clichés manidos como los de evidenciar la sencillez del personaje providencial mostrándolo enfangado en un innoble trabajo manual. Pero al menos hay una intención de que los hechos los sufran y afronten personas con reacciones y sentimientos identificables, no sublimados.

Es ahí donde mejor se mueve El rey proscrito, con ese monarca esclavo, rebelde frágil y líder corriente, secundado por heroínas de gran presencia afectiva e intelectual -Florence Pugh demuestra de nuevo que es una actriz de talento y magnetismo- y antagonistas con dobleces íntimas. La desnudez del rey es simbólica y no morbosa.

            Por su parte, esa pompa épica queda a su vez reemplazada por florituras de lucimiento visual por parte del realizador, como ese artificioso plano secuencia inicial de unos diez minutos que, cabe destacar, asienta sobre un mismo plano, y con cierta fuerza hipnótica, todo el contexto político y sus actores. En cambio, el escocés David Mackenzie no destaca en la filmación bélica y entrega choques funcionales en su coreografía y espectacularidad, a pesar de los notables medios disponibles.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 6,5.

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